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domingo, 20 mayo, 2007

Casas viejas

A lo que en Galicia llamamos casas viejas en muchos sitios le llaman casco histórico, incluso patrimonio cultural. Ya lo sé, quizás exagero un poco, aunque es posible que quien me lee cambiaría de opinión si viajara un poco con los ojos abiertos.

La verdad que no me importa demasiado que ciertos promotores inmobiliarios, constructores y políticos descerebrados se estén enriqueciendo a base de cargarse nuestras costas. Tampoco me preocupa que los cascos históricos de muchas ciudades se estén repoblando de nuevos ricos, vaciándolos de sus anteriores moradores valiéndose del conocido método del abandono. No me altera un ápice el humor que el urbanismo de mi barrio, malo ya en un principio, se estropee hasta el límite de la inteligencia. Sinceramente, poco puedo hacer.

Lo que si me enerva y me inquieta es que se haga de una forma tan pornográfica y descarada. ¿Tiran una casa de dos plantas y edifican un mamotreto de siete? Nadie dice nada. A nadie le importa que el ancho de la calle sea de menos de seis metros y que la luz del sol no vuelva a bañar sus aceras. No se inmuta ningún hijo de vecino ante la falta de previsión que supone multiplicar por diez el número de habitantes de un barrio sin aumentar los servicios, los accesos, las plazas de aparcamiento, el alcantarillado, etc. No pasa nada. Cuando llegue el colapso, lloraremos, gritaremos y la culpa se la echaremos al destino.

Tiene gracia que después algún político, arquitecto o cultureta, te venga hablando del feísmo. De la idiosincrasia paleta que tenemos los gallegos. Pues a mí me parece más funcional, y si me apuran estética, una casa de piedra con tejado de Uralita que el maldito pirulí del paseo marítimo, la arielita del monte de San Pedro, las pajareras de María Pita y un sinfín de atrocidades arquitectónicas y urbanísticas que veo en Coruña. Hasta me atrevería a decir que la Domus queda como un cromo en el contexto urbanístico en que se encuentra, por mucho Arata Isozaki que la haya hecho.

Para colmo no entiendo, por más que lo intento no logro comprenderlo. Se edifican cientos de edificios, es un nunca acabar, obra tras obra, febril, casi adictivo. ¿Para quién? Aquí no hay tanta gente. ¿Tú puedes comprar uno de esos pisos? Yo no. Puesto a no poder, ni puedo alquilar un piso, no me llega con mi sueldo. Además con los contratos basura que tengo no me lo alquilarían ni borrachos, ahora te piden nóminas, avales bancarios, fianzas… ¿Piden certificados médicos? No tardarán.

Tengo el firme convencimiento de que todo esto reventará, lo malo es que los cascotes caerán sobre mi cabeza.

(La Voz de Galicia / 20-may-2007))

(El Correo Gallego / 24-may-2007)

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 7:23
Editado: jueves, 29 octubre, 2009 20:06
Categorías: Opinión