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domingo, 15 junio, 2003
Soledad
Soledad del que se queda. Soledad del que se va. Aún la cálida y arropada despedida perdura. Aún la tensión y el dolor vivido atenazan mi garganta, aprietan mi pecho y me ahogan.
Cuan dolorosa se nos presenta, más si cabe por llegarnos lentamente. Siendo siempre conscientes de que llegará.
Y qué fría su sombría presencia, a pesar del abrigo familiar. Más fría si éste no se diera.
Peor por inhumana cuando llega en la asepsia torturadora de un hospital. Cuidados casi siempre superfluos que no hacen que posponer el cruel final.
Qué bonita es la vida y que forma más estúpida tenemos de dejarla correr sin darle aprecio, como agua que fluye por arte de magia al abrir la llave de un grifo, y que se pierde en la oscuridad del desagüe sin reparar sed alguna.
No sé si habrá luz más allá, al menos los recuerdos permanecen e iluminan mi alma. Los mismos que alimentan esa agridulce melancolía que me hace sonreír y llorar.
A ti José y a Mar, mi familia.
(El Semanal Digital / 15-jun-2003)
(La Opinión de A Coruña / 19-jun-2003)
(XLSemanal / 19-jul-2003)
Editado: martes, 03 noviembre, 2009 17:12
Categorías: Sentimiento
domingo, 01 junio, 2003
Pringado
Maldito país, del cual sigo sin desear partir, aunque cada vez me queden menos motivos para mantener tal criterio.
Sí, lo repito, maldito. Maldito lugar en el que las gentes llegadas de tierras lejanas para limpiar nuestra inmundicia, transcurridos los meses dejan de ser héroes y pasan a ser pringados.
No me canso, lo repito, maldito. Maldito rincón del mundo donde los políticos son mercaderes, los gobernantes caciques y el paisanaje ovejas asustadas.
Me reitero, insisto, maldito. Maldita gente, pues la tierra no es consciente, donde una persona que intenta realizar su trabajo lo mejor posible es considerado un estúpido perfeccionista. Donde los que salen a la calle a pedir explicaciones y soluciones son tomados por violentos radicales. Donde el que ayuda resulta ser un pobre payaso y el que sueña con un mundo mejor es un iluso.
Y lo grito, maldito. Maldito el individuo y no el pueblo, maldita la persona y no la sociedad. Malditos todos y cada uno de nosotros. Víctimas de nuestro estómago y olvidados del cerebro. Incultos, insolidarios e individualistas. Por eso me reafirmo y confirmo, maldito el individuo.
¿Qué decir a los que se sienten ridículos por haber creído en lo imposible? Sinceramente, muchos días me siento como un payaso, hablo en sentido literal. Un payaso cuyo trabajo consiste en hacer reír a los demás, aunque nadie entienda su discurso.
(El Semanal Digital / 01-jun-2003)
(Faro de Vigo / 17-jun-2003)
Editado: martes, 03 febrero, 2009 13:09
Categorías: Opinión





