« octubre 2003 | Principal | julio 2003 »

martes, 30 septiembre, 2003

Leer esto puede matar

Estoy de acuerdo fumar puede matar. No hay quien lo dude, sobre todo si se hace en exceso. Incluso puede ser perjudicial para los demás, especialmente si se es maleducado.

Pero puestos a ser saludables: ¿Qué me dicen de conducir? ¿Conducir no puede matar? Que se lo pregunten a alguien entre 18 y 25 años, por ejemplo un fin de semana. O a los que se crucen con el por la carretera después de la tercera copa. ¿Y el alcohol no mata? Pues no sé, directamente quizás no. Ahora va a resultar que nadie lo ha pensado. Alguno dirá que se me ve el plumero.

Se me podrían ocurrir cientos de cosas susceptibles de matar o de jorobar la salud, como vivir en Irak o viajar en patera. Pero todas se diferencian del tabaco claramente. ¿Saben en qué? Hasta ahora nadie ha emprendido una cruzada contra ellas, al menos yo no he visto ninguna etiqueta de advertencia en una botella de whisky o en el capó de un coche.

Sinceramente, me parece una farsa. Más viniendo de quien viene y sabiendo que llena las arcas gracias a la venta de cajetillas de veneno marcadas con su sello y gravadas con su impuesto.

¿Quieren un consejo? Dejen de fumar, pero no abandonen los buenos y aceptados hábitos como ponerse al volante después de una copiosa comida regada de alcohol o regalarle a su descerebrado hijo un deportivo con 16 válvulas.

(Noticias Galicia)

(El Semanal Digital / 02-oct-2003)

(El Correo Gallego / 03-oct-2003)

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 17:45
Editado: domingo, 17 diciembre, 2006 19:00
Categorías: Opinión

domingo, 21 septiembre, 2003

Mi nuevo Dios

Admirado estoy. En un hospital orgullo de un pueblo, símbolo de una ciudad, vanguardia de los trasplantes y cuyos accesos denotan sobrada precariedad, un paciente es dado de alta hospitalaria prescindiendo de una prueba que la condiciona y que, después de una semana de espera, no se realiza. Para mayor preocupación el paciente será convocado para realizar la citada prueba tres semanas después de haberse ido a casa, si tiene suerte claro. Y éste no es el peor de los casos, conozco muchos más.

No diré nombres ni de hospital ni de paciente, no hay porque desacreditar. Además mil de ustedes podrían contar experiencias similares. Pero si diré las causas: estupidez, caos, desorganización y sumémosle déficit cero, los nuevos dioses de nuestra perfecta sociedad.

La gente se salva gracias al trabajo vocacional de unos pocos, la insistencia de la familia y los avatares del destino. Ya sé que la regla es: “demasiada burocracia”, “poco personal”, “poco material”, “nada de espacio”… me da igual, a mí me duele el corazón. No soporto escuchar a un desconocido pidiendo agua durante horas sin hacer nada. No, tranquilos, no es misericordia. Es egoísmo. Mi egoísmo me impide sufrir por los demás, entonces actúo.

Por todo ello he decidido cambiar de Dios. No sé quién dijo: “sólo creo en lo que veo”. Pues bien, aplicando la lógica y dado que sólo veo estupidez, éste será mi nuevo Dios: ESTUPIDEZ.

(El Semanal Digital)

(El Correo Gallego / 24-dic-2003)

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 12:45
Editado: jueves, 29 octubre, 2009 19:57
Categorías: Opinión

sábado, 20 septiembre, 2003

Restos

No es un anuncio de rebajas, ni una campaña de tratamiento de residuos.

Restos son los políticos gallegos que nos llegan rebotados de Madrid, agotado ya su éxito o su fracaso. Léase nuestro actual presidente, perdedor en otro tiempo en la batalla por Madrid.

Restos son algunos artistas, cantantes, famosetes… que tras un largo periplo por la farándula española agonizan en nuestra televisión autonómica. Pensemos en aquellos que nos hartan con sus canciones “morriñentas”.

Restos son los trenes que transitan por nuestras líneas ferroviarias decimonónicas, sin electrificar y de vía única. Imagínense talgos de línea casi aerodinámica tirados por locomotoras acopladas contra natura. O mejor aún, esos famosos nueve kilómetros de vía doble por los que un TRD se tambalea como una diligencia.

Restos son los medios de salvamento marítimo de nuestros puertos y costas. Insuficientes e ineficaces cuando la realidad lo requiere.

Restos son las migajas que llegan a las arcas de la Xunta, caídas de la mesa europea en la española, y de ésta vueltas a caer en el “Finis Terrae”. Recientemente comprobado en las ayudas por el fatídico, pero al parecer no lo suficiente, desastre del Prestige.

Restos son las líneas de telecomunicaciones ahora innovadoras pero a corto plazo trasnochadas. Recordemos el intento de llevar la telefonía al medio rural, la falta de previsión y la caduca tecnología que ahora es incapaz de soportar ni el más decadente acceso a Internet.

Restos fueron en otro tiempo los autobuses urbanos de nuestras ciudades desechados de urbes mayores. Quiero dar esta práctica por desaparecida.

Restos seguiremos viendo, restos seguiremos disfrutando… mientras sigamos acomodados en nuestra desdicha.

(La Opinión de A Coruña)

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 15:19
Editado: jueves, 29 octubre, 2009 19:58
Categorías: Opinión