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miércoles, 27 octubre, 2004

Los dos Sires

Extraña coincidencia, los dos Sires, los dos Francis, los dos anglófilos, los dos empeñados en dominar a sus anchas la misma ciudad y las mismas costas. Aunque finalmente sólo uno lo consiguió. Supongo que éste tuvo la grandísima suerte de que en sus tiempos ya no existen mujeres, ni hombres, dignos de emprender la gesta de María Pita. Tampoco existe un pueblo mínimamente sensato capaz de identificar al enemigo.

Algunos creyentes en la reencarnación han llegado a identificar el suceso como un caso claro de transplante de almas o, simplemente, algún tipo de locura o suplantación de personalidad. Sí, como la de esos pobres enfermos que se disfrazan de Napoleón.

Lo cierto, es que al final, sea del modo que fuere las hordas inglesas han conseguido dominar la imbatible Ciudad de Cristal. Destruyendo sus pétreas murallas y mutándolas en hormigón, inundando las calles de la oscuridad producida por las sombras de los rascacielos, sustituyendo empedrados por asfalto agrietado, pensando más en el extraño que en el paisano y mil veces mil estupideces.

No seré yo quien alce el dedo acusador, pues el responsable siempre es el pueblo embrutecido o en nuestro caso adormecido. Sí, ese pueblo que aplaude obras faraónicas y no es capaz de hacer nada para mejorar los servicios sociales, la asistencia sanitaria, el transporte público, el acceso a la vivienda, etc.

Denunciemos, critiquemos, construyamos… hay medios para hacerlo, aunque para ello haya que renunciar a la comodidad del redil ovejuno.

(Noticias Galicia)

(La Opinión de A Coruña / 31-oct-2004)

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 15:10
Editado: jueves, 29 octubre, 2009 20:01
Categorías: Opinión