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lunes, 06 octubre, 2008
Desconfianza
Aunque realmente sea una falacia algo de razón no les falta: hace falta confianza. ¡Qué palabra más bonita!, pero… ¿qué fue antes la crisis o la desconfianza?
Normalmente la desconfianza viene avalada por una mentira previa, pero en el momento actual no hay lugar a la duda. ¡Cómo van a confiar los mercados si no confían los mercaderes!
No estamos hablando de celos infundados, no estamos hablando del condenado por desconfiado, ni de las gentes de mi tierra que desconfían por herencia cultural. No, estamos hablando de señores de tirantes que se sonríen mutuamente mientras negocian con papeles sin aval, el auge de las finanzas, el mercado del humo ha llegado. Pero tal y como ha llegado ahora se esfuma, una pequeña brisa primero, después un vendaval, los papeles han volado y del humo no queda ni el olor.
La gente de la calle no confía en los bancos, los bancos no confían en la gente de la calle, las empresas no confían en sus empleados ni sus empleados en ellas. Los bancos no prestan dinero a las empresas pues dudan de su solvencia, las empresas temen la falta de liquidez de los bancos… y un largo y enrevesado etcétera. Puestos a desconfiar no hay más que ver a los líderes europeos, incapaces de ponerse de acuerdo: una opinión en Europa otro criterio en su casa.
¿Y por qué no se fían los mercaderes? Tiene su lógica, todos conocen el sistema. Al estar edificado sobre la mentira no ofrece ninguna garantía. Por eso no está funcionando el parche americano de los 700.000 millones de dólares, porque todos saben que no es más que eso, una tirita sujetando malamente una herida muy profunda. Saben que el sistema está podrido, y lo saben porque desde dentro se nota el hedor.
Sinceramente, creo que están acongojados, asustados… especialmente los políticos por haber confiado ciegamente y han picado como primos.
Ahora quieren nacionalizar, regular, inyectar, ponerle parches al capitalismo. Es para morirse de la risa. Convencimos a los rusos para que se hicieran capitalistas, lo hemos intentado con los chinos, ahogamos a los cubanos y ahora resulta que tenemos que intervenir. No sé si estoy llorando de rabia, de alegría o de miedo.
¿Está loco este mundo? Me pregunto si se le puede echar la culpa a cuatro tipos de traje por todo esto. ¿No habremos sido todos cómplices?
(La Voz de Galicia / 06-oct-2008)
(La Opinión de A Coruña / 08-oct-2008)
(El Progreso / 17-oct-2008)
Editado: viernes, 23 enero, 2009 24:55
Categorías: Opinión





