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martes, 30 junio, 2009

No era uno de los elegidos

La patera zozobró a la entrada de la noche, sabíamos que la costa no estaba lejos. Las luces de la orilla eran nuestra única esperanza. Quizás nadando un poco…

Algunos no sabían nadar, otros estaban demasiado cansados para intentarlo. El agua hería como una cuchilla de hielo.

Una sirena y después el ruido de un motor.

¡Salvación! No, el fin de la esperanza.

Ya en la embarcación soñé, vi mi tierra y las lágrimas de la derrota me despertaron. Estaba desparejado y repetido.

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 17:08
Editado: martes, 15 septiembre, 2009 17:23
Categorías: Microrrelatos