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viernes, 31 julio, 2009

Expediente perruno

Carlos no podía creerlo, pero estaba escrito en el expediente. Su cliente denunciaba al servicio de emergencias 061 pues, al parecer, no dieron crédito a la llamada que su cachorro de caniche había realizado desde el teléfono del domicilio. Debido a esta desatención su gata persa Cuqui pereció ahogada en la piscina. Increíblemente la providencia judicial aceptaba la causa.

El juicio fue kafkiano, risas, lloros, ladridos… La astuta defensa atacó:

- ¿Disponen de flotadores en su piscina?

- Si es así, ¿por qué su caniche Paqui no le arrojo un flotador a Cuqui?

El 061 salió indemne pero Paqui paso el resto de su canina existencia entre rejas. Se había hecho justicia.

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 16:59
Categorías: Microrrelatos

martes, 30 junio, 2009

No era uno de los elegidos

La patera zozobró a la entrada de la noche, sabíamos que la costa no estaba lejos. Las luces de la orilla eran nuestra única esperanza. Quizás nadando un poco…

Algunos no sabían nadar, otros estaban demasiado cansados para intentarlo. El agua hería como una cuchilla de hielo.

Una sirena y después el ruido de un motor.

¡Salvación! No, el fin de la esperanza.

Ya en la embarcación soñé, vi mi tierra y las lágrimas de la derrota me despertaron. Estaba desparejado y repetido.

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 17:08
Editado: martes, 15 septiembre, 2009 17:23
Categorías: Microrrelatos

IN DUBIO RIDERE

Nadie imaginaba que aquel anodino abogado del turno de oficio ejercía en sus ratos libres de payaso. Era sin embargo este oficio el que le hacía sentir más útil, dado que en la mayoría de los contenciosos de su trabajo habitual su labor era meramente testimonial.

Hasta el día de aquella vista. Un nuevo juez que, saltándose todo protocolo y sin hacer uso del código, comenzó a reírse a carcajadas diciendo: "No ha lugar a la causa". El acusado sonriendo de igual modo, saltó de alegría y se abrazó a nuestro letrado.

Al salir de la sala se dirigió al baño, necesitaba refrescarse la cara. No comprendía tal mudanza, debía estar soñando o sufriendo algún tipo de enajenación mental. Entonces descubrió en el espejo que no llevaba puesta su cara de limón, sino su sonrisa de payaso.

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 17:02
Categorías: Microrrelatos