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sábado, 24 noviembre, 2007

Me pone triste

Sé que puede parecer una tontería, pero a mí me pone triste. Sí, me pone triste que se muera una persona que sin pretenderlo ha formado parte de mi vida, quizás de forma distante pero siempre estuvo ahí desde que yo era muy niño.

Muchos vieron en él un viejo gruñón o cascarrabias, algo de razón no les faltaba. Sin embargo, para mí, su seriedad lo hacía venerable y su aspecto de anciano eterno le aportaba ternura. No debiera alterar mi ánimo su fallecimiento, pues dicen que los individuos como él nunca desaparecen y permanecen en la historia, no obstante yo en mí ingenuidad infantil siempre lo creí inmortal y es por ello que en este momento no puedo disimular mi pena.

Su genialidad, su verbo fácil, su lucidez, su tesón y tantas otras virtudes sólo fueron pequeños dones comparados con su independencia. Daba esa imagen y quizás por eso muchos lo hemos envidiado, creo que en mi caso de forma sana.

Tengo tanto que decir, tanto que agradecer, tanto que contar... pero las palabras se agolpan en mi cabeza y no encuentran un orden para aflorar. Creo que tendré que resumir:

Gracias Fernando.

(La Opinión de A Coruña / 24-nov-2007)

(El Correo Gallego / 24-nov-2007)

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 16:14
Editado: viernes, 23 enero, 2009 1:04
Categorías: Sentimiento

viernes, 26 enero, 2007

Ese día no llegó

Nos mirábamos, siempre nos mirábamos. Daba la sensación de que ése iba a ser el momento decisivo, pero nunca sucedía nada nuevo. Como mucho una sonrisa, y otro posponer:

- Mañana tal vez será.

Timidez, miedo, ridículo exagerado… No sé… ¡Cuántos pasos maravillosos nos ahorramos! Y esa tacañería empobrecía nuestras vidas:

- ¿Y si no siente lo que yo? ¿Quizás sus ojos no dicen lo que escucho?

Era preferible no errar, contener ese impulso insoportable. No, no lo era. ¡Cómo duele el corazón al dejar pasar de largo el amor!, quizás el único amor. Después de todo ¿Qué teníamos que perder? ¿Un momento embarazoso, un malentendido…? Desilusión, sí, seguramente un duro golpe contra un muro.

Y ahora:

- ¿Dónde estás?

Ya no hay paso que andar, ni posibilidad de errar.

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 16:57
Editado: viernes, 23 enero, 2009 1:05
Categorías: Sentimiento

domingo, 15 junio, 2003

Soledad

Soledad del que se queda. Soledad del que se va. Aún la cálida y arropada despedida perdura. Aún la tensión y el dolor vivido atenazan mi garganta, aprietan mi pecho y me ahogan.

Cuan dolorosa se nos presenta, más si cabe por llegarnos lentamente. Siendo siempre conscientes de que llegará.

Y qué fría su sombría presencia, a pesar del abrigo familiar. Más fría si éste no se diera.

Peor por inhumana cuando llega en la asepsia torturadora de un hospital. Cuidados casi siempre superfluos que no hacen que posponer el cruel final.

Qué bonita es la vida y que forma más estúpida tenemos de dejarla correr sin darle aprecio, como agua que fluye por arte de magia al abrir la llave de un grifo, y que se pierde en la oscuridad del desagüe sin reparar sed alguna.

No sé si habrá luz más allá, al menos los recuerdos permanecen e iluminan mi alma. Los mismos que alimentan esa agridulce melancolía que me hace sonreír y llorar.

A ti José y a Mar, mi familia.

(El Semanal Digital / 15-jun-2003)

(La Opinión de A Coruña / 19-jun-2003)

(XLSemanal / 19-jul-2003)

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 15:21
Editado: martes, 03 noviembre, 2009 17:12
Categorías: Sentimiento

lunes, 03 febrero, 2003

Mi Amigo

Mi amigo se pasa el día a la puerta de un supermercado. Esperando a que su suerte cambie.

Jamás le he visto pedir, nada en absoluto. Aunque algunos se detienen y le ayudan, muy poca de esta “buena gente” se compromete.

Mi amigo no es un vago, ni un delincuente. Quizás la vida lo ha tratado mal o su destino ya estaba escrito mucho antes de nacer.

Intenta alcanzar nuestro mundo, desprenderse del lastre que lleva consigo. Pero lo máximo que alcanza es que le ofrezcan la descarga de un camión por cuatro duros o desatascar una cloaca por tres.

A veces su mirada de agradecimiento me hiere más que una bofetada pues, aunque sé que es sincera, me humilla por lo que yo tengo y él no.

Sus palabras se me clavan en los oídos y no puedo frenar su eco durante horas. Pues no puedo o no hago lo suficiente para traerlo a mi mundo.

Su casa es la calle, ya que ni el dinero (que no tiene) ni la buena fe (que no tenemos) le permiten mejor hogar.

Se asea como puede, se alimenta malamente y alguna que otra vez duerme en un lecho parecido al mío.

Me pregunto si alguna vez seré capaz de hacer por él mil veces lo que ahora hago. Me pregunto si ustedes tienen un amigo similar.

¿Cuántos hemos pasado a su lado sin prestarle atención, sin dedicarle ni una mirada? ¿Por qué no lo hacemos?

  • Porque nos avergonzamos de nuestra suerte.
  • Porque tememos que la pobreza se contagie.
  • Porque nos duele nuestra propia pasividad...

Y acabamos rezando una oración: “Servicios Sociales libradnos de todo mal”

Es una pena. Rezar casi nunca sirve de gran cosa.

(El Correo Gallego / 03-feb-2003)

(La Opinion de A Coruña / 16-feb-2003)

Publicado por Alejandro J. Pérez Morán a las 13:41
Editado: jueves, 29 octubre, 2009 19:53
Categorías: Sentimiento