Organología: los instrumentos de viento.

(Extracto de un artículo de Cristina Bordas).

1. INTRODUCCIÓN.
La clasificación tradicional de los instrumentos de viento diferencia a estos según el método de producción de sonido en tres categorías principales: los instrumentos de bisel, en los que la pieza de este nombre rompe la columna de aire produciendo la vibración, los instrumentos de lengüeta, en donde lo que pone en vibración el aire es la presión de éste sobre una caña, y los instrumentos de boquilla, en los que son los propios labios del intérprete los que generan el sonido por medio de su vibración.

Otra división tal vez más contradictoria, de los instrumentos de viento utilizados en la orquesta moderna, se ha realizado en lugar de analizando el método de producción de sonido, distinguiendo el material con el que estos instrumentos fueron construidos. La clasificación puede resultar confusa puesto que dentro de la división en grupos de instrumentos de madera y grupos de instrumentos de metal, existen casos sintomáticos, como el de la flauta travesera, perteneciente a la familia de las maderas pero que no posee actualmente ningún elemento constructivo de ese material.

2. La familia de las flautas.
Es, sin duda, la tipología de instrumentos de viento más extendida y con más variantes a lo largo de la historia de todas las culturas; dentro de nuestra tradición occidental, hay dos variantes de uso igualmente extendido que son: la flauta de pico y la flauta travesera.

En el dibujo aparecen desde las más pequeñas, hasta aquellos instrumentos más graves de la familia, que necesitan para su funcionamiento de un tudel similar al que hoy se ha vuelto habitual en el fagot, y de unas llaves que permitan hacer accesible los orificios más graves del instrumento, que por su distancia, son imposibles de abarcar con la extensión de la mano del intérprete. (Los ejemplos proceden del tratado de Praetorius (1614-19).
Al igual que tantos otros instrumentos, la llegada del XVII va a suponer la individualización del instrumento a partir de la creación de repertorios solísticos para él, y las principales diferencias con respecto al instrumento del siglo anterior van a tener que ver con el uso prioritario de diferentes especímenes, el soprano en Do en el XVI y el alto en Fa en los dos siglos siguientes, en la modificación del número de orificios frontales del instrumento, que pasa de siete a ocho, con una mayor extensión de registros, con una sección cónica y, como consecuencia de ello, un timbre más velado y de menor sonoridad en el instrumento barroco frente al renacentista.
Con todo, esta flauta de pico barroca va a ir perdiendo progresivamente el terreno con respecto a su hermana travesera, debido sobre todo, a la escasa versatilidad en la variación dinámica que poseía el instrumento, ya que era necesario controlar en extremo la presión del soplado para no producir desafinaciones en la emisión. Así, en los primeros años del siglo XVIII se puede dar casi por cerrado el proceso de sustitución en la práctica musical de la flauta de pico por la flauta travesera.
Durante el siglo XVIII se va a producir la evolución de la flauta travesera, sobre todo, en lo relativo al aumento del número de llaves que se van incorporando al instrumento con objeto de mejorar algunas afinaciones difíciles y para poder tocar en cualquier tonalidad. De todos modos, el avance definitivo del instrumento vino de la mano de Theobald Boehm, que diseñó una flauta cuyo modelo definitivo llegaría hacia 1838.


3. Instrumentos de lengüeta
El actual oboe, siguiendo el orden de sus tesituras, tiene su correspondiente instrumento antiguo en las chirimías y bombardas, que a pesar de tratarse de dos nombres diferentes, en realidad se refieren a instrumentos de diferente tesitura dentro de la misma familia: las chirimías eran los instrumentos soprano y alto, mientras que las bombardas se llamaba a los instrumentos tenor y bajo, si bien, al igual que ocurre con la flauta, eran todavía más los instrumentos que conformaban esta familia.

4. Instrumentos de boquilla
De todos los instrumentos de boquilla hay uno que por su estructura de configuración de tubo y posibilidades de digitación está muy cerca de aquellos de bisel y de lengüeta que se han ido viendo hasta ahora; es al tiempo, un instrumento que ha quedado limitado a repertorios antiguos por haber dejado de estar en uso desde finales del siglo XVII; se trata del cornetto, la corneta en la antigua terminología española, que constaba de una boquilla y un tubo con forma curva, aunque algunos modelos lo eran rectos, construido en madera de ébano, con orificios practicables a la manera de las flautas de pico.
Las posibilidades sonoras del cornetto le permitían una amplia gama dinámica y una extraordinaria capacidad de ejecución de pasajes veloces, en nada inferior a la del violín o cualquiera de las flautas, que lo convirtió en instrumento de amplio uso en los repertorios de sonatas barrocas italianas de la primera mitad del siglo XVII. Los cornettos constituían una familia de instrumentos con diferentes tesituras, con lo que su función, en buena medida, también era la de la sustitución de partes en la polifonía vocal o, por sus posibilidades dinámicas, la ejecución de música instrumental en espacios abiertos. La forma más característica del instrumento era la semicircular, pero no era infrecuente ver cornettos rectos, en particular el de la tesitura tenor, cornettos en forma de S o instrumentos que, para amortiguar un tanto su dinámica, se tocaban envueltos en una especie de funda de cuero, los llamados cornettos mutos.

El resto de instrumentos de boquilla que se construyen en metal, los que todavía hoy siguen en uso, tenían su principal recurso de funcionamiento en los diferentes armónicos que se podían conseguir modificando la frecuencia de soplado y el grado de tensión de los labios del instrumentista. Muchos de estos instrumentos tenían históricamente un doble uso derivado de la capacidad de sus intérpretes: o bien usos poco profesionales: para fanfarrias, músicas militares… en los que el uso del instrumento no iba más allá de los seis primeros armónicos y por tanto, sólo eran capaces de emitir las notas de un acorde en estado fundamental, o bien usos más exigentes, con intérpretes capaces de alcanzar hasta el armónico 18, y con él, la posibilidad de practicar sobre todos los grados de la escala.
Estas dificultades inherentes a estos instrumentos llevaban a la inserción de diferentes adminículos que permitiesen alargar artificialmente la longitud del tubo, y con ello, modificar la nota fundamental de emisión, con el objeto de poder practicar sobre diferentes tonalidades, por lejanas que fuesen.
De todos los instrumentos antiguos de boquilla, el único capaz de responder con soltura a las diferentes notas de una escala era el sacabuche, directo antecesor de nuestro trombón de varas, que tenía, al igual que el instrumento moderno, un tubo cilíndrico que circulaba dentro de otro, permitiendo variar la longitud efectiva del tubo sonoro en siete posiciones fundamentales, cada una de las cuales era generadora de una serie de armónicos diferentes. Por sus posibilidades, el sacabuche era, al igual que hemos visto con otros instrumentos, perfectamente capaz de doblar partes de la polifonía vocal y existía en tres tamaños diferentes que conformaban una familia: el alto, el tenor y el bajo.
El gran salto cualitativo en la funcionalidad de los instrumentos de viento tiene lugar a partir de 1815, con la invención del mecanismo de pistones. Este parece que fue obra simultánea de dos constructores diferentes: Stölzel y Blühmel; lo que se conseguía, mediante su activación, era el lograr ampliaciones ocasionales de la longitud del tubo del instrumento, modificando cada uno de ellos un semitono descendente la altura del sonido que se producía a igual frecuencia de soplado y tensión de labios.

El mecanismo de pistones se aplicó a todos los instrumentos de boquilla, así a los heredados de épocas pasadas, como la trompeta o la trompa, como a los instrumentos de invención más reciente, posteriores a los propios pistones, como la tuba, o incluso al trombón, en un período intermedio de su historia que no tuvo mayor repercusión por cuanto el sistema de barra circulante que se heredaba del antiguo sacabuche ya permitía obtener lo que ahora se lograba con el nuevo mecanismo de pistones.
Volver