
Doña Letizia ofrece su ramo de novia a la Virgen de Atocha
Madrid, 22 de mayo de 2004
Los ya Príncipes de Asturias abandonaron el templo cogidos del brazo a a las 12.45. En la puerta les esperaban los compañeros de promoción del Ejercito de Don Felipe que formaron un arco de sables .
Después de una parada en el Palacio Real, los Príncipes recorrieron las calles de Madrid, en las que los más osados aguardaban su llegada. El paseo comenzó con lluvia y terminó en sol , lo que permitió que muchos madrileños y visitantes se animaran a salir a la calle para acompañar a la pareja.

Tras pasar por el 'Bosque de los Ausentes' , homenaje a las víctimas del 11-M, la pareja llegó a la Basílica de Atocha a las 13:30 horas, donde la ya esposa del heredero depositó ante la imagen de la Virgen su ramo de novia, siguiendo una tradición ancestral de la Familia Real Española.
A pesar de la lluvia, miles de ciudadanos esperaban a la pareja a la entrada de la Basílica, cuyo acceso tuvo que ser modificado a causa del mal tiempo. Así, la pareja entró al templo por la calle Julián Gayarre (entre el Paseo de Reina Cristina y la Avenida Ciudad de Barcelona), desde la que se entra directamente a la portería y claustro de la basílica en lugar de por la Avenida Ciudad de Barcelona como estaba inicialmente previsto.
El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, recibió a los Príncipes a su llegada a la Basílica, encabezando a la corporación municipal de Madrid, formada por 55 concejales, que acudió a dar la enhorabuena a los recién casados. Tras detenerse el coche en el que viajaban los ya esposos, el Príncipe descendió en primer lugar portando en sus manos el ramo de Doña Letizia, quien bajó del automóvil asistida por sus dos damas de honor.
Aprovechando la tregua que les dio la lluvia, la pareja se acercó a la puerta por la que entraron en el coche y saludaron a los ciudadanos allí congregados.
Este es el segundo lugar que la pareja visita como esposos tras contraer matrimonio en la Catedral de la Almudena, desde donde se han desplazado al Palacio Real para, posteriormente, dirigirse en un Rolls Royce a la Basílica de Atocha. Dentro del templo, les esperaban el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco y el párroco de la basílica, José Antonio Alvarez.
En el momento de la entrada de la pareja, el Coro de la Fundación Príncipe de Asturias, que ha viajado desde esta región a Madrid expresamente para acompañar a los novios y destacar su vinculación con esa tierra, les obsequió con varias composiciones marianas.
El ramo de flores nupcial, con todo el simbolismo que encerraba en sí mismo, fue entregado por Doña Letizia al prior de la basílica, José Martín Rojo, quien lo depositó sobre el altar a los pies de la talla de la Virgen de Atocha, ataviada para una ocasión tan especial con un manto de terciopelo rojo con hilos de oro, en el cual lucía la Insigne Orden del Toisón y la Real y Distinguida Orden de Carlos III.
Tras este momento de recuerdo y tradición, los recién casados, siempre con sus manos entrelazadas, escucharon visiblemente emocionados al coro. En su honor interpretaron «O Gloriosa Virginum», de Felipe Pedrell; la «Salve Montserratina», de Tomás Bretón; y la «Cantiga Rosa das Rosas», de Alfonso X el Sabio.
El cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, rezó un responso por las víctimas de los atentados del 11 de marzo en la basílica de Nuestra Señora de Atocha, donde Doña Letizia ofreció el ramo de novia a la Virgen.
"En la proximidad de la estación de Atocha, símbolo de los actos terroristas del pasado 11 de marzo, después de invocar a la Virgen María, con los Príncipes de Asturias recordamos con afecto a todas las víctimas de aquel execrable acto", proclamó Rouco-Varela. "Dales Señor el descanso eterno; y brille para ellos la luz perpetua; que sus almas y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz", rezó el cardenal arzobispo junto a los Príncipes y los asistentes al acto.

La Virgen de Atocha y la Familia Real de España
Por José Luis Sampedro Escolar, De la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía
El pueblo de Madrid tiene una gran veneración, que consta ya desde el siglo VII, por la Virgen del Atochar, es decir, de los campos de esparto, que hoy conocemos como Nuestra Señora de Atocha. Incluso durante la dominación musulmana siguió rindiéndosele culto, y cuando Alfonso VI reconquistó la Villa se inició la relación milenaria de nuestros reyes con la sagrada imagen que fue adquiriendo el carácter de patrona de la Corte, mientras que la Virgen de la Almudena quedaba como Patrona del Municipio y la de la Paloma se convertía, siglos después, en la advocación más querida del pueblo.
El rey Felipe II comenzó la tradición de presentar a los infantes recién nacidos ante esta imagen, tradición que ha continuado hasta nuestros días, pues Don Juan Carlos y Doña Sofía presentaron a sus tres retoños, Doña Elena, Doña Cristina y Don Felipe, a poco de nacer. Precisamente cuando la reina Isabel II se dirigía a la basílica de Atocha para ofrendar a la recién nacida Princesa Isabel ¬La Chata¬, sufrió un atentado de manos de un cura demente, Merino, del que salió ilesa. Para agradecer la protección de la Virgen en ese trance, la soberana mandó hacer con las piedras de su aderezo un soberbio conjunto de joyas para Nuestra señora y el Niño que, por suerte, aún podemos admirar, salvadas del saqueo que sufrió el templo en 1936, en el que además perecieron asesinados casi todos los dominicos encargados de su custodia.
Felipe IV la visitó cientos de veces, y ese es el motivo de la importancia que cobró la calle de Atocha durante su reinado, pues era la vía que comunicaba el regio alcázar con el santuario mariano. Durante el reinado del desdichado hijo de Felipe IV, Carlos II, una coplilla decía: tres vírgenes hay en Madrid, la de Atocha, la Paloma y la reina nuestra señora, aludiendo a la carencia de prole de la pareja real. Isabel II, que asistía habitualmente, como sus antepasados a la Salve, ante esta talla, la hizo llevar al Palacio Real para presidir en el Salón del Trono, entonces llamado de Embajadores, su boda y la de su hermana Luisa Fernanda, y en la basílica celebró la misa de velaciones, en 1846; años después, en 1878, su hijo Alfonso XII casó en ese escenario con su prima, la Infanta Mercedes, convertida así en efímera Reina pues fallecería 6 meses después; y al año siguiente escogió el mismo altar para contraer matrimonio con la Archiduquesa María Cristina. El 16 de abril de 1961, su bisnieta, la Princesa María Teresa de las Dos Sicilias casó en este mismo lugar con el marqués de Laula.
La vinculación entre la Virgen de Atocha y la Real Familia es, pues, constante, pero no tenemos constancia de un acto como el que se acaba de celebrar, en el que la nueva Princesa de Asturias ha ofrecido a la Virgen su ramo nupcial mientras pedía su amparo para la Dinastía de la cual se va a convertir en uno de los más importantes eslabones, como el propio Príncipe Don Felipe se encargó de recordar el día de la petición de mano. |