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Felipe, un Rey para el siglo XXI
En la foto de la izquierda, imagen del bautizo del Príncipe el 8 de febrero de 1968. La reina Victoria Eugenia y Don Juan de Borbón fueron sus padrinos en un día histórico pues la Reina pisaba España por primera vez después de 37 años en el exilio. En privado, pero muy, muy en privado, Felipe de Borbón, DNI 015, es uno más. Pero es un mundo al que apenas un puñado de personas tiene acceso. En el que es, simplemente, Felipe. La elección de la universidad (la Autónoma de Madrid) y la carrera (Derecho y siete asignaturas de Económicas) y posteriormente un máster en Georgetown, trajo de cabeza al grupo encargado de su formación. No había precedentes. Como en todo lo relacionado con el príncipe de Asturias, se hace camino al andar. En su educación, actividades, funciones, organización. No hay textos. Ni siquiera la historia vale. "Hace cuatro siglos, un príncipe se legitimaba por la sangre; hoy, por el ejercicio", explica un jurista cercano a La Zarzuela. Tampoco sus predecesores inmediatos sirven como referencia. Alfonso XII fue coronado a los 18 años y Alfonso XIII a los 16; don Juan de Borbón vivió 50 años exiliado como rey sin corona. Don Juan Carlos tuvo que esperar en la sombra durante décadas hasta la muerte del General Franco. En la práctica, el príncipe de Asturias es el primer príncipe de Asturias. La historiadora y mentora Carmen Iglesias explica que a la hora de aprender, el Príncipe de Asturias, "ha sido siempre una esponja" , "absorbía todo" lo que se le enseñaba. "Aunque muy joven, era de esos alumnos que se emocionan cuando descubren una nueva perspectiva en algo que ya creían sabido". Dos de las actividades con las que más se identifica son la cultura
y la economía. "Me siento cerca del mundo empresarial; es un mundo emprendedor,
dinámico, en movimiento. Es un sector que realiza algo tangible por
nuestro país. Quiero hacer todo lo que pueda por ese sector, abrir todas
las puertas que me sea posible y ser su embajador si ellos lo creen
y me siguen llamando". "Trabajar para lograr la implantación y el conocimiento
de España en el mundo es uno de mis objetivos primordiales". La imagen hierática se evapora cuando sonríe. El rostro se vuelve infantil y dulce. Aparecen unos dientes imperfectamente alineados que, junto a sendas cicatrices en la barbilla y en el labio superior y una onda rebelde en el tupé, proporcionan un reencuentro con su lado humano. Felipe de Borbón sonríe a menudo. Eso le salva. También se ríe. Fuerte, desde dentro; arquea la espalda y echa la cabeza hacia atrás. Y trae por unos segundos a la memoria una vieja foto de su abuelo paterno, don Juan de Borbón. Los cinco primeros mandamientos del Príncipe rezan así: tímido, prudente, preparado, agradable y serio.Tímido o no, poco importa. Él sabe lo que siente; la sensación que le recorre la espina dorsal en el instante en que hace su aparición, solo, como un torero, en un acto público. Si se bucea en un círculo un poco más cercano, se añaden a esta lista
los adjetivos responsable, cariñoso, sutil, curioso, reflexivo y reservado.
Una vuelta de tuerca más y aparece un testarudo, entrañable, sentimental,
romántico, tranquilo, dotado de una memoria fotográfica
y de un poco frecuente sentido común, sólido en sus convicciones, experto
contador de chistes, buen gourmet, adicto a la amistad, enormemente
celoso de su intimidad y, sobre todo, "un hombre cómodo en su papel;
se encuentra bien en su oficio, ha sabido cogerle el tono y no tiene
conflictos existenciales sobre su destino. Nunca habla si no tiene algo
que decir". La frase la pronuncian calcada uno de los corresponsales
de prensa extranjera más prestigiosos de nuestro país y un importante
hombre de negocios y ministro durante la transición. La Reina es su principal referente vital. De ella ha heredado el sentido de la responsabilidad y la prudencia. Dicen que le falta el tirón popular del
Rey; su simpatía espontánea. Sus tablas. El olfato, la inteligencia
política desarrollados tras muchos años de dificultades. Felipe de Borbón
lo suple con reflexión. Tiene su propio estilo. Ni mejor ni peor: el
suyo. Escucha. Observa. Estudia. Busca información. Pide papeles. Duerme
poco. Internet y CNN le acompañan de madrugada. Toma notas continuamente.
Luego las desarrolla. Toca y retoca los discursos que le escriben. Tacha,
añade, sube y baja, sustituye, estudia cada palabra hasta el paroxismo.
El resultado es prácticamente suyo. En sus intervenciones abunda la
palabra solidaridad.
Despacha a diario con su padre (jefe, consejero, amigo y ejemplo). "Se
especializó en lo que serán los tres ejes de su labor diplomática: Latinoamérica,
norte de África y Oriente Próximo. Hoy su conocimiento y sus contactos
en esas zonas son envidiables. Tiene información privilegiada debido
a su amistad personal con las monarquías de esas regiones. Y a que asiste
a las tomas de posesión de los jefes de Estado americanos. Está tejiendo
una red de la que muy pocos políticos pueden presumir.
Después de una breve y discreta relación, el 1 de noviembre de 2003 se anunció su compromiso matrimonial con Doña Letizia Ortiz Rocasolano, hasta el día anterior presentadora del telediario de máxima audiencia en Televisión Española. El enlace se celebró el 22 de mayo de 2004 en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. Un día antes de cumplirse los dos años del anuncio del compromiso matrimonial, nacía su hija y heredera, la Infanta Leonor y en 2007 nació su segunda hija, la Infanta Sofía.
En la celebración del 70 cumpleaños del Rey, Don Felipe le dirigió unas cariñosas palabras: "Gracias, querido patrón —como nos gusta llamarte, tal y como le llamábais los hermanos a vuestro padre, nuestro querido abuelo—, por tu permanente ejemplo de vida intensa, entregada al servicio de la Nación". "Ese es el legado que vas conformando día a día y que se convierte en "carta de navegación" fiable para los que te seguimos en la vida y damos continuidad a tu vocación, para los que te admiramos y te queremos". Con motivo de su 40 aniversario, la Casa Real ha difundido imágenes de la vida cotidiana del Príncipe donde se le puede ver preparando sus actos oficiales, enseñando a su primogénita a ir en bici o leyendo cuentos con su esposa e hijas. Al fin, una auténtica familia real en el calor del hogar.
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