Oleada de cariño por los pueblos de España

Con la voluntad de conocer algunos de los pueblos históricos de España, los Príncipes iniciaron su luna de miel la noche del domingo posterior a su enlace en Cuenca. La pareja se alojó en el parador de la ciudad después de cenar en el 'Mesón de las Casas Colgadas'. El lunes por la mañana, tras visitar la ciudad, se trasladaron a Albarracín, donde comieron tras visitar algunos de sus monumentos y pasear por sus estrechas calles, en las que fueron vitoreados por cientos de vecinos.

A la capital aragonesa llegaron el lunes pasadas las 18.00 horas. Los Príncipes visitaron la basílica de El Pilar, a cuyas puertas les esperaban el deán del templo, Antero Hombria, el delegado de Culto, Luis Antonio Gracia, y el capellán de la Virgen, José María Bordetas. Cuarenta minutos le costó a la pareja llegar al altar donde se venera a la Virgen del Pilar, patrona de España, entre constantes muestras de afecto, jubilo y felicitaciones.

Para recibir a la pareja se colocó a la Virgen un manto que fue bordado por la propia Reina María Cristina, esposa de Alfonso XII, y fue restaurado a finales del pasado siglo XX. Es de terciopelo blanco y representa el anagrama de la Virgen con la Corona Real sobre la empuñadura de un bastón de mando. Este manto se pone el domingo de Cristo Rey y en ocasiones extraordinarias siempre relacionadas con la Familia Real, como ocurrió ayer.

Asimismo, los Príncipes escribieron unas líneas en el Libro de Oro de la Sacristía, que rubricaron, para dejar "testimonio" de "nuestra devoción a la Virgen, Patrona de España" y para "pedir ante ella por nuestro matrimonio y por todos los matrimonios". De este modo dejaron la huella de su "corta visita, improvisada y privada, además de muy emotiva", tras lo que confiaron en "volver pronto", informan fuentes de la Basílica.

La pareja pasó la noche en Sos del Rey Católico (Zaragoza), lugar que visitaron al día siguiente por la mañana. En este pueblo nació el Rey Fernando el Católico. Después, se trasladaron a Olite (Navarra), donde visitaron el Castillo de la localidad navarra.

San Sebastián fue el último destino de los Príncipes de Asturias en esta luna de miel relámpago por algunas ciudades españolas. Los recién casados pasearon por la playa de La Concha y comieron en el restaurante Arzak, cocinero que elaboró el menú de la cena de gala, han paseado por la playa de la Concha y visitaron el Museo Chillida Leku en la localidad guipuzcoana de Hernani, antes de regresar a Madrid. En todo momento han estado 'acompañados' por cientos de curiosos que aplaudieron y expresaron su cariño a la pareja.

Se trataba de la segunda visita que el Príncipe de Asturias realiza a la capital donostiarra en los últimos seis meses, ya que el pasado 21 de noviembre acudió al Palacio Miramar de San Sebastián, que perteneció a la Familia Real hasta 1972, e inauguró en el museo de San Telmo una exposición del descubridor guipuzcoano Miguel López de Legazpi.

El 27 de mayo partieron hacia Jordania para asistir a las celebraciones del enlace matrimonial del príncipe heredero, Hamzah bin al Houssein, con la princesa Noor Hamzah, en las que también estuvieron la Reina y la Infanta Cristina.

Después, y los dos solos, viajaron a Petra el 31 de mayo para admirar las maravillas de la ciudad nabatea.

Una vez concluida su estancia en la joya arqueológica del reino de Jordania, los Príncipes de Asturias partieron con destino a otros lugares, que no se dieron a conocer por parte de la Casa del Rey, por tratarse de un viaje de estricta intimidad como es un viaje de novios.

Una luna de miel para ganar proximidad

Los príncipes de Asturias sorprendieron al país iniciando su luna de miel en Cuenca, donde el pasado domingo cenaron en un restaurante del casco antiguo y durmieron en el parador nacional. La elección de Cuenca, Albarracín, Zaragoza, Sos del Rey Católico, Olite o San Sebastián no fue casual. Cuenca constituye la Castilla secular que quiere incorporarse a la modernidad, Zaragoza es la ciudad en cuya Academia Militar estudió el heredero, Albarracín supone demostrar que Teruel existe para la Corona, Sos del Rey Católico y Olite permiten recordar que la Monarquía se remonta en la historia y San Sebastián es la capital que evoca que el País Vasco no es ajeno a la Familia Real española, pues fue su residencia de verano en el pasado.

El inicio de una luna de miel tan particular no fue una decisión apresurada de última hora. Los Príncipes lo tenían decidido de antemano, en parte para corregir el impacto negativo del viaje privado al Caribe de Semana Santa, que concluyó con incidente en el aeropuerto de Miami. Pero sobre todo para ganar cercanía y proximidad con la gente, compartiendo su felicidad por el enlace. Además, el mal tiempo del día de la boda en Madrid y las extraordinarias medidas de seguridad en la capital de España impidieron que los príncipes de Asturias recibieran el calor de sus conciudadanos.

Un ex jefe de Seguridad de la Casa del Rey comentó en una ocasión que prefería las duchas a los baños de multitudes. Las localidades elegidas permitieron este contacto con la población, sin grandes tumultos. Las fotografías del periplo, con los novios en vaqueros, dieron un aire informal, pero sobre todo de normalidad democrática a la presencia de la pareja.

Las imágenes de los príncipes de Asturias mezclándose con los ciudadanos, sin huir de los reporteros, antes de partir a Jordania para asistir a las celebraciones de la boda del príncipe Hamzah, contrasta con el misterio que rodeó en su día los viajes de novios de las infantas Elena y Cristina. Hasta el punto de que los duques de Lugo desaparecieron de los Reales Alcázares de Sevilla en una furgoneta del cátering que los trasladó hasta la pista del aeropuerto para embarcar en el avión de uno de los ilustres convidados.

Sin duda, ha sido una inteligente operación de imagen que los Príncipes habían planificado con los Reyes y el hábil Alberto Aza, el fino diplomático que figura al frente de la Casa del Rey. En la Zarzuela se considera que la popularidad que la boda ha supuesto para los Príncipes debe ser aprovechada a fin de darle más contenido a las funciones del heredero, sin dar la impresión de una diarquía o jefatura de Estado. Y sobre todo, para dar a conocer a Felipe de Borbón a determinados sectores de la sociedad que no suelen figurar en los listados oficiales y hacerle ganar cercanía, especialmente entre los jóvenes.

Artículo de Màrius Carol
La Vanguardia  - 30/05/2004