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CONSEJOS PARA LA VIDA LABORAL 1


Lunes, empieza la semana, pero me fallan las fuerzas. Ayer no fue un día especialmente duro, me acosté a una hora prudente, descansé, pero al sonar el despertador una extraña fuerza me impide levantarme. Otra vez a trabajar, volver a la rutina diaria. Podría decir que no me disgusta mi trabajo, me llevo bien con los compañeros, gano un sueldo decente, pero cada lunes me pasa lo mismo. El fin de semana me impone otro ritmo, más sosegado y familiar. Diría que no ansío especialmente a que llegue, sin embargo, los domingos por la noche parecen un funeral. ¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué me cuesta cambiar de ritmo? ¿Debería cambiar de trabajo o debería cambiar mi forma de pensar?


Estoy segura de que a muchos de ustedes les pasa algo parecido y es que los lunes, son para muchos, un suplicio. Miren a sus hijos y verán cómo les cuesta levantarse y entender que hay que volver al colegio, dejando en el fin de semana los programas matutinos, los paseos con papá y mamá, las partidas con la Play… Muchos somos como niños y nos cuesta asumir los cambios de ritmo, los compromisos, el bien que nos hace el trabajo. Aún seguimos pensando “¡qué bien que sería no tener que trabajar1” “¿para qué tanto?” “¡quién inventaría el trabajo!”. A pesar de que tengamos integrada esta función en nuestra vida, a pesar de que pasamos gran parte de ella en nuestro puesto de trabajo, con nuestros compañeros, hay en nosotros resistencias inconscientes. Cuántas veces elegimos cosas que no nos convienen y cuántas otras no hacemos aquello que nos conviene. Cuánto nos cuesta hacernos un bien.


Un consejo para nuestra vida laboral, es empezar a pensar el bien que nos hace trabajar. ¿Seríamos lo que somos sin el compromiso del trabajo? ¿Has pensado alguna vez las relaciones sociales que te genera trabajar? ¿Si no fuera porque tienes que ir a trabajar, qué motivos tendrías para levantarte, para asearte, para cuidarte? ¿Si no hubiera exigencias externas, serías capaz de responder a tus propias exigencias?


Basta ya de tantas preguntas, pero tal vez nos sirvan para darnos cuenta de que el trabajo no lo es todo en nuestra vida, pero es una parcela muy importante de ella que nos genera la inteligencia que tenemos, la economía, las relaciones y, al fin y al cabo, nuestro desarrollo personal. Disfrutamos el tiempo libre, las vacaciones, los fines de semana, porque tienen un límite. Aceptar los cambios, las interrupciones, las separaciones nos hará un bien. Los lunes interrumpen el fin de semana, pero generan un comienzo. Aprendamos a amar los comienzos de semana, como ya amamos los fines de semana.

 

ALGUNOS APUNTES SOBRE LA VIOLENCIA FAMILIAR

Estamos muy acostumbrados a oír hablar de violencia de género o violencia machista. Dicha acepción nos lleva a pensar que los hombres tienen una aversión hacia las mujeres y ello motiva la agresión. Vamos a utilizar el término violencia familiar porque señala la relación existente entre los implicados en la agresión. No es cualquier hombre el que ejerce el maltrato sobre cualquier mujer, sino que es el marido, novio, exmarido, exnovio, es decir, un hombre que ha mantenido (o mantiene) una relación amorosa con la víctima, una relación familiar, el implicado en el maltrato.  


Cuando hablamos de violencia, está claro que es mucho más que dar golpes, hay muchas formas de herir a otra persona. Por violencia familiar nos referimos a la ejercida sobre los mayores, cónyuges, hijos, mujeres, hombres, discapacitados, etc. Aunque quisiéramos, es difícil precisar un esquema típico familiar, porque ocurre en todas las clases sociales, culturas y edades.


La idea común es que la familia o la pareja son los lugares en los cuales más seguros nos encontramos, sin embargo en ellos es donde se producen más abusos a la integridad física y psíquica de las personas. Está claro que tenemos que empezar a cuidarnos de las relaciones más próximas. Ciertos comportamientos que pasan inadvertidos, pueden ser considerados una conducta abusiva o violenta. Cuántos utilizan la excusa de “la educación”, “el carácter”, “la impaciencia”, “no es malo”, “está cansado” para ejercer la fuerza sobre otros más débiles.
Son varios los factores que intervienen en una situación de maltrato, entre ellos encontramos los celos,  muchas agresiones se desencadenan por el sentimiento de propiedad que muchos hombres tienen hacia sus parejas. Muchos hombres que piensan que la mujer con la que están casados, o con la que conviven, es suya, les pertenece, igual que si fuera un objeto. Y la situación es aún más grave, ya que también hay muchas mujeres hoy día que siguen pensando que pertenecen a sus maridos.


Estos celos tienen mucho que ver con una concepción del amor que sigue imperando. El amor de la media naranja, el amor de para toda la vida, el amor posesivo. Esa concepción que nada tiene que ver con la libertad y la tolerancia, un amor que vemos reflejado en las películas, genera situaciones donde las personas no toleran separarse de la otra persona y son capaces, en su desesperación, de aniquilar al otro con tal de no perderlo.


Mucho tiene que ver, también, la posición que adopte la mujer en el amor, históricamente la mujer ha sido un objeto de intercambio, no elegía a su pareja, no era el amor el que comandaba, si no que eran matrimonios de conveniencia. Luego vendría el amor cortés, donde el varón cortejaba y elegía a la dama, adoptando esta una actitud totalmente pasiva. Esta pasividad de la mujer favorece actitudes abusivas por partes del hombre, ya que se da primacía al deseo de éste por el encima del deseo de su partenaire.


El machismo también tiene su implicación en todo esto, pero no es el responsable. Una actitud machista es aquella que discrimina a la mujer, la menosprecia, o la considera inferior al hombre, pero también hay machismo en otras actitudes disfrazadas de proteccionismo. El horror a lo femenino, el desprecio a la mujer, tanto para el hombre como para la mujer, estaría en relación con la falta de “pene”, en tanto esto le recuerda al sujeto su propia castración, su mortalidad. El machismo es la vigencia de la sexualidad infantil en el adulto, se trate de un hombre machista o de una mujer machista. Todos padecemos en cierta medida de machismo inconsciente, hombres y mujeres, por lo que no es por machismo que se produce el maltrato. No es que el hombre maltrate a su pareja por ser una mujer, es que la maltrata porque es su mujer, su propiedad, y no acepta el abandono o el desamor.


Es relativamente fácil abusar de los débiles, renunciar a ello supone un paso en la civilización que no todos somos capaces de dar. Ser tolerantes, permitir la libertad, respetar, aprender a separarse son elementos necesarios para alejarnos del maltrato y el abuso. La violencia parece ser un camino para conseguir poder, pero un camino infructuoso para la convivencia, el amor, la educación y el respeto. El que agrede, no sólo agrede a otra persona, se lesiona a sí mismo.

 

TE VENDO MI VIDA

Por una módica cantidad toda vida tiene precio, o eso piensan algunos que están dispuestos a vender su intimidad y la de sus hijos al mejor postor. La telerrealidad no ha alcanzado aún su límite y si hace poco nos enterábamos que una moribunda vendía sus últimos momentos de vida, ahora la madre de octillizos norteamericana, que ya tenía seis hijos de un parto anterior, está decidida a vender su intimidad los próximos 18 años.

Una cosa fue la experiencia, hace ya bastantes años, de un primer Gran Hermano, que a todos nos sorprendió y nos llamó de una forma u otra la atención, y otra es esta escalada de realitys en los que se realiza un cambio de imagen, se adelgaza, se busca novio o novia, se sobrevive en una isla, incluso se resuelven problemas psicológicos… Hasta dónde vamos a llegar, ¿hay límites éticos? ¿todo tiene un precio? Tal vez tendríamos que preguntarnos también por qué venden tanto este tipo de programas, no en vano son algunos de los que más audiencia generan y, de ahí, su interés para las cadenas televisivas. Somos curiosos, de eso no cabe duda, las mirillas ya hacían sus estragos en otro tiempo, ahora basta con encender el televisor para ver cómo visten, piensan y viven otras personas, incluso con un sentimiento de impunidad que antes no teníamos. Ahora es normal hablar en el desayuno del programa del día anterior y si no, parece que estás fuera de onda.

Este cotilleo no es patológico o perjudicial, pero tiene que tener límites. Reconozcamos que todos nos hemos preguntado alguna vez cómo vive nuestro vecino, cómo hará el amor o si son normales algunas de nuestras costumbres en comparación con las costumbres de los demás. Todos, o casi todos, hemos leído alguna vez alguna revista rosa. Muchas veces esta curiosidad supone una prolongación de nuestra propia vida, es decir, hay cosas que nunca viviremos y verlas en otros nos hace ser partícipes de algún modo. De esta forma, tantas veces, nos sentimos identificados con alguno de estos personajillos o le apoyamos a través de llamadas o mensajes de teléfono. Recuerdo ahora el entierro reciente de una participante del Gran Hermano Británico que más parecía el funeral de un personaje de la realeza. ¿No ensalzará el pueblo a ciertos personajes por el deseo de ser él mismo el protagonista? Lógicamente es más fácil sentirse cerca de alguien como nosotros que de un príncipe o princesa.

Mirar es una pulsión que nos satisface, pero ni todo se puede ver ni es bueno que los demás sepan demasiado de uno. La vida privada es un valor que hay que preservar, ¿no les ha pasado que cuando lo conocen todo de su pareja deja de parecerle tan atractiva? Por mucha confianza que uno tenga o quiera tener, hay que mantener como propias ciertas parcelas para que no se acabe el misterio y el interés.  Nuestra vida, claro, no es un “reality show” aunque algunos pretendan hacer de ello una profesión. Con el tiempo, hemos sido testigo de la debacle de muchos de estos personajes que un día aparecieron en televisión. Han salido escasamente vestidos en revistas, se han paseado por platós de televisión, han vendido exclusivas, creyendo que podrían vivir de ese falso personaje construido sin trabajo. Al final acaban como el rosario de la aurora si no son capaces de desarrollar un proyecto diferente. Algunos, es cierto, desarrollaron una carrera artística, otros se hicieron presentadores de televisión, algunos montaron su propio negocio, pero para mantenerse han debido hacerlo compitiendo con el resto, la fama, ya sabemos, es efímera.

No sabemos aún cómo acabará esta “octomamá”, lo que está claro es que su ética está en tela de juicio y su capacidad de cuidar y educar a sus 14 hijos también. La vida es mucho más que un plató de televisión, cuando las luces se apagan, sin maquillaje, sin cámaras, cada uno debe enfrentarse a sus propias miserias. Si somos o no capaces de hacerlo muestra el tipo de persona que somos. En sus manos está ahora la vida de sus hijos, esperemos que en el futuro no le tengan que echar en cara que los tuvo para vivir a costa de ellos.

 

SE TRATA DE COMENZAR

385.- El ejercicio de un poder también puede ser el ejercicio de la cura.

Una gran tienda o un gran estado dan el mismo trabajo que una histérica pobre.

Miguel Óscar Menassa

 

No se trata de cambiar el mundo, se trata de comenzar. A veces queremos limpiar toda la miseria y lo único que hacemos es extenderla. Como si el planeta fuera una gran cloaca y nosotros una de las bestias que habitan en ella. Basta, hay que poner límites a la ambición fuera de lugar. Detente, pequeño hombre, siéntate a mi lado y habla.

Se sienta y empieza a proferir todo tipo de sonidos incomprensibles que no atino a entender, tampoco me esfuerzo. Simplemente asisto. Aún no me deja ser alguien. Permanezco a su lado, días, meses, años enteros. Él no se preocupa de mi existencia, pero me necesita para que haya encuentro. Un día, algo cambia, los sonidos van combinándose en palabras, palabras que van tejiendo sus sentidos. El hombre habla y me dirige su mirada, ¿comprendes? –me pregunta.

Yo bien no comprendo, pero hago un gesto afirmativo con la cabeza porque es lo que él espera, y sigue hablando, esta vez en un tono más pausado, como manteniendo una conversación. Ahora soy otro para él, me permite tener alguna inteligencia, que no es poco.

Algún día, tal vez, se dé cuenta de que no sólo hablando se hará inteligente. Comenzó queriendo cambiar el mundo y ahora es él el que quiere cambiar, pero no hace nada, sólo habla. La vida para él transcurre en estas cuatro pareces. Parece un filósofo, pero no escribe. Habla de amor, pero no mira a nadie a los ojos. Tiene grandes ambiciones, pero no maneja un céntimo.

Pobre, crecer no es suficiente para él, necesita vivir. Algún día, cuando me deje, se lo diré: Para vivir se necesitan palabras, pero además, las palabras necesitan vida.

 

ABSTINENCIA

“Abstinencia”, esa parece ser la solución, según las palabras del Papa Benedicto XVI a su llegada al continente africano. En el propio avión, antes del aterrizaje, aludía a la pandemia de VIH afirmando que “los preservativos no son la solución, sino la humanización de la sexualidad”. Me pregunto, ¿acaso piensa que la sexualidad que practican los africanos es poco humana o animal? No quiero tergiversar sus palabras, pero sí mostrar mi punto de vista al respecto. Plantear la abstinencia sexual y la oración como camino para luchar con una enfermedad muy grave que asola los países africanos y que afecta al resto de la humanidad, me parece una imprudencia. No quiero con ello ofender a ningún católico, pero sí plantearles que por supuesto muchos de nuestros males acabarían si dejáramos de realizar ciertas conductas. Para evitar accidentes de coche, no subir en automóvil; para no tener problemas de pareja, no tener pareja; para no ser despedido, no trabajar… Es un método bastante directo pero, a mi parecer, poco realista.

Pretender que millones de personas sean abstinentes, cuando ni muchos religiosos que deben guardar el voto de castidad pueden serlo, es como pedir peras al olmo. No espero de ninguna jerarquía religiosa que sea la voz de los avances de la ciencia, pero debido a su influencia ideológica sobre muchas personas, sería deseable que tomaran nuevos caminos más acordes con los tiempos que corren. Día a día somos testigos de múltiples incongruencias e hipocresías, tanto religiosas, como políticas o personales, a todos nos pasa que exigimos al prójimo lo que no somos capaces de hacer nosotros mismos. Pero a las instituciones deberíamos pedirles una mayor transparencia, no en vano son el espejo en el que se miran millones de personas.

Las religiones no son lo que eran hace años, irrumpió el pensamiento científico y muchos de los postulados que antaño se consideraban únicos y verdaderos, se han demostrado como falsos. No he de negar la labor del pensamiento religioso para la humanidad, el propio Freud habla de ello en sus textos. Supone un avance teórico, pero no la meta. La ciencia es un paso más al que muchas personas aún no han llegado y al que muchas religiones se niegan a llegar. Estas afirmaciones del Papa Benedicto XVI suponen un claro ejemplo, como la postura de la Iglesia Católica respecto a muchas investigaciones científicas. Parece que temen perder un poder que ya no tienen.

A los humanos nos cuesta avanzar, quisiéramos que las cosas fueran siempre iguales, nos pasa ahora con esta situación de crisis e incertidumbre económica que vivimos, parece el fin del mundo y es sólo un paso más de tantos. Ha habido muchas crisis y muchas épocas de bonanza económica, y habrá muchas más de una y de otra. Pero nos cuesta asumirlo, caemos en la desesperanza, no confiamos en nuestras propias posibilidades para transformar la situación. Afortunadamente hay quienes sí creen en sí mismos y sí quieren transformar las cosas. Ejemplo de ellos los profesionales, empresarios, trabajadores, científicos que con su trabajo incesante crean los avances de los que todos, también los religiosos, nos beneficiaremos.

LA MUJER EN EL SIGLO XXI

El pasado 8 de marzo se celebraba el Día Internacional de la Mujer, día en el que era preciso abordar uno de los retos femeninos para este siglo: su consolidación en el ámbito laboral.

Las necesidades sociales, la revolución industrial y la partida a la Primera Guerra Mundial de los hombres, que despobló las fábricas, dieron el primer empujón a la mujer para su introducción masiva en el mundo laboral. Sabemos que estas circunstancias, junto con la posibilidad de ser formada, son los pilares centrales sobre los que ha girado toda la liberación femenina.

Nadie puede dudar ya de sus conquistas laborales: aumenta el porcentaje de mujeres asalariadas, cada vez más estudiantes universitarias, empresarias, cargos políticos, etc. aún así siguen existiendo peculiaridades que establecen claras diferencias entre géneros. La realidad es que sigue habiendo una gran asimetría en el tiempo dedicado a la casa y los hijos. Las políticas de conciliación laboral no han incidido aún de forma suficiente en nuestra forma de pensar, todavía las mujeres tienden a poner en un segundo plano sus ambiciones profesionales ante el nacimiento de sus hijos y son muchas las que abandonan de forma prolongada o definitiva su vida laboral para dedicarse a la familia.

Se podría decir que el modelo ideal de mujer ya incluye la faceta profesional, sin embargo esto se corresponde con lo "políticamente correcto", porque el día a día demuestra que sigue estando mal visto que una mujer anteponga sus funciones y ambiciones profesionales a las familiares. ¿Por qué se siente como egoísmo y no como libertad de elección?  En nosotras anidan resistencias, no debemos responsabilizar siempre a nuestras parejas o maridos, a nuestros jefes o compañeros, a los organismos o Estados de impedirnos estar donde podríamos estar. Muchas veces somos nosotras o nuestras decisiones las que nos excluyen. Muchas mujeres han demostrado que están capacitadas para el desarrollo de tareas de responsabilidad, pero esas tareas exigen amplios y continuos esfuerzos, que también se exigen a los hombres que desarrollan esa labor. Ello implica ciertas renuncias a nivel personal o familiar, asumir ciertos costes personales y ciertos cambios. ¿Estamos dispuestas?

Una actitud machista es aquella que discrimina a la mujer, la menosprecia o la considera inferior al hombre, pero también hay machismo en otras actitudes disfrazadas de proteccionismo. Machistas inconscientes podríamos decir que de alguna manera, en algún momento y en alguna medida, somos todos, porque todos pasamos por un momento de menosprecio de lo femenino. Seguimos pensando en los genitales en lugar de en la capacidad de las personas. Atribuimos roles a cada sexo, en lugar de unirlos a capacidad. Lo importante es que alguien capacitado desempeñe la función, no importa si hombre o mujer.

La historia nos muestra a la mujer como mercancía, el papel de la mujer en los siglos pasados ha sido el de madre y esposa, pasando de la economía de los padres a la economía del marido. Con la incorporación al mundo del trabajo, las mujeres se enteran de que además de la familia existe el trabajo, la guerra y eso genera en ellas un conflicto entre producción y reproducción. Una mujer trabajadora quiere decir alguien que no sólo trabaja por amor o para que la amen, sino alguien que trabaja para el orden del deseo humano. Muchos pasos han sido necesarios para que la mujer pasara de mujer objeto a mujer sujeto, haciendo posible pensar una mujer que se haga responsable de su deseo, de su capacidad de gozar, de amar, de producir.

Un cambio en nuestra sociedad sólo es posible si las mujeres están dispuestas a trabajar para modificarse, es decir, si están dispuestas a abandonar la aparente protección del silencio. No pienso una mujer explotada y sometida por el hombre, sino una mujer que en ocasiones está sometida a sus propios prejuicios. Y todos los humanos padecemos de los prejuicios históricos por lo que ha pasado la sociedad en su constitución hasta la actualidad. Desde Freud, sabemos que ha sido la represión de la sexualidad lo que ha reprimido todo el pensamiento femenino, y lo que ha retrasado durante siglos la incorporación de la mujer a la Historia. El camino de la liberación de la mujer pasa por amar, trabajar, escribir, es decir, participar en la construcción de su historia. La mujer que trabaja tiene la oportunidad de encontrar nuevos caminos con creatividad, esfuerzo y amor para conciliar familia y trabajo. 

 

INFIDELIDAD

Se me paró el corazón, una rara sensación recorrió mi cuerpo cuando vi ese número en su teléfono. Mis sospechas se habían confirmado, aquellas excusas no eran más que eso, excusas. Cuánto me habría gustado creerle, pero algo me decía que me estaba mintiendo, nunca antes había comprendido aquellos retrasos, aquellas manchas en la ropa o aquel olor tan sospechoso. Llevábamos más de 11 años de relación y apenas 2 casados, todas mis ilusiones se habían cumplido al estar con él, la persona que más quería en el mundo y que ahora me estaba defraudando de esta forma.

Nos conocimos una noche en las fiestas en mi pueblo, cada año vuelvo allí para reencontrarme con mis familiares y con los amigos íntimos que aún conservo desde la infancia. Desde que comencé a trabajar me fui a vivir fuera, a la capital, pero nunca he olvidado de dónde procedo. Aquella noche era especial, había nacido mi primer sobrino y estaba exultante, quedé con mis amigos donde siempre, había que celebrarlo y puntual acudí, más guapa que nunca. Cuando llegué ellos aún no habían llegado, ya se sabe que los días de fiesta los más puntuales también se retrasan. Mientras les esperaba, pedí una cerveza en la barra y mientras tanto, bebía a pequeños sorbos y sonreía para mis adentros. Uno de los que estaban a mi alrededor empezó a fijarse en mí, al principio apenas le presté atención, iba a lo mío, pero fui dándome cuenta de que ignoraba la conversación de sus acompañantes para mirarme fijamente. Poco a poco esa situación fue incomodándome, el tiempo pasaba con demasiada lentitud y mis amigos no llegaban, nunca antes me había sentido tan observada por un desconocido.

Era un chico alto, joven, moreno, iba bien vestido y tenía pinta de no ser de la zona, tal vez un turista de los que se acercaban por estas fechas por el pueblo. Con los nervios me había terminado la cerveza y el camarero, antes de pedirle otra, ya me la había servido, le miré con extrañeza cuando me dijo que aquel chico que tanto me miraba me había invitado a la siguiente. Ante esta situación no tuve otra que agradecerle con un gesto la invitación, motivo que él aprovechó para dejar a sus amigos y acercarse, en un par de pasos, hasta mí. Comenzó a hablarme y entablamos una animada conversación, sin darme cuenta del paso del tiempo llegaron mis amigos y con ellos el motivo para irme a otro sitio. He de reconocer que ese chico, ya no tan desconocido, me atraía muchísimo, se mostraba muy seductor y apenas tímido, y la idea de ir con mis amigos había dejado de resultarme tan atractiva. No obstante, no podía echarme atrás y con dos besos nos despedimos, no sin intercambiarnos los teléfonos.

Me fui con ellos y de discoteca en discoteca pasamos la noche, cansada y sin mirar la hora, decidí irme para casa, los nervios del día, las copas y las altas horas de la madrugada habían hecho mella en mí. Tenía el teléfono en el bolso y no eché mano de él hasta llegar a casa, entonces me di cuenta de que tenía varias llamadas perdidas y un par de mensajes de Alberto, el chico que había conocido esa noche. Tras leerlos, y no sin nervios, me decidí a llamarlo, esperando que estuviera ya dormido y mi llamara no tuviera consecuencia alguna. Sin embargo poco después de los primeros tonos escuché su voz, me saludó cálidamente y me confesó no poder conciliar el sueño dándole vueltas a nuestro encuentro. Hablamos durante unos minutos cuando él, atrevido, me propuso encontrarnos en persona y seguir la conversación cara a cara. Yo ya estaba en pijama, desmaquillada y en la cama, en casa de mis padres, en la habitación de mi infancia, sin embargo no lo dudé un instante. En unos minutos me había puesto algo de ropa y estaba bajando a la calle. Allí ya estaba él, esperándome, con una sonrisa que iba de oreja a oreja. Nos dimos dos besos, pero ¡qué dos besos!

Pueden imaginarse que a ese le sucedieron otros intensos encuentros, a pesar de la distancia, pues vivíamos a más de 200 kilómetros, nos veíamos todas las semanas y hablábamos casi a diario. Él viajaba constantemente por su trabajo y yo seguía atareada con la empresa, así fueron pasando los primeros años. Nos fuimos integrando con los amigos de la otra parte y las familias acogieron muy bien la relación. A los tres años decidimos irnos a vivir juntos, no sin algún que otro problema, porque alguno de los dos tenía que cambiar de trabajo para poder llevarlo a cabo. Finalmente consiguió que su misma empresa le permitiera trabajar desde mi ciudad y de esta forma buscamos casa para compartir nuestras vidas. El comienzo de la convivencia fue bueno, como nuestros primeros viajes, nuestras primeras navidades juntos. Al principio conseguíamos ponernos de acuerdo y apenas había una palabra más alta que otra. Él continuaba viajando por su trabajo y aprovechábamos el tiempo que pasaba en casa para relajarnos, conversar y salir con los amigos. A los años, influidos tal vez por la familia, la edad, no sé por qué, decidimos casarnos y poco a poco fuimos organizando una boda que nunca me terminó de gustar. Demasiados familiares, conocidos, hasta gente que no había visto en mi vida. Llegó el día, lo disfrutamos y volvimos a casa exhaustos.

Superado ese trámite la convivencia fue cambiando, volvía distante de los viajes y apenas le apetecía que saliéramos juntos. Pasábamos el tiempo en casa, cada uno por su lado y las conversaciones muchas veces acababan en reproches. La tristeza me iba invadiendo, por las noches sentía su cuerpo distante y las relaciones sexuales muchas veces quedaban sólo en eso, sexuales, faltaba el cariño, la pasión de antaño. Hacía cómplice de mis dudas y desvelos a alguna amiga, pero no quería hacer caso a sus consejos, me negaba a pensar mal de él y pensaba que alguna preocupación del trabajo era la causante de nuestra distancia. Hoy, sin embargo, todo lo que no había querido ver se ponía frente a mis ojos, acababa de descubrir que Alberto llevaba casi dos años con otra mujer, el tiempo que llevábamos casados.

Cuando vi esas llamadas de teléfono y ese número que tanto se repetía comencé a investigar, llamé a algunos compañeros de trabajo y a su jefe para preguntarle por sus viajes, por el trabajo, me confirmaron que Alberto hacía bastante tiempo que no tenía que viajar tanto, había ascendido y ahora podía llevar el trabajo desde el propio ordenador de casa. Una de nuestras amigas, que conocía a Alberto desde hacía muchos años, me comentó en una ocasión algo que en aquel momento no entendí y por eso decidí llamarla y contrastar con ella mis interrogantes. Al principio quiso ser prudente, pero no pudo callar por más tiempo sus fundadas sospechas, en una ocasión pilló a Alberto saliendo de una discoteca con una chica en actitud más que sospechosa, fue atando cabos hasta que descubrió que su amigo no era tan sincero como ella pensaba. Me ayudó a descubrir quién era la chica, conseguimos su número de teléfono, que era el de las facturas, su dirección y hasta pude verla en alguna ocasión.

Durante un tiempo actué con Alberto como si nada, quería tener las cosas claras antes de soltarle toda la verdad. Me costaba reprimir mi dolor, lloraba a escondidas, por las noches me volvía en la cama para evitar estar cerca de él. Una mañana, cuando todo estaba más claro que el agua, me levanté antes que él, fui a hacerme un café y cuando iba a darse una ducha lo llamé desde la cocina. Al verme empapada en lágrimas y con la cara desencajada se quedó frío, como fría me había quedado yo aquel día. Me preguntó qué me pasaba y entonces fui enumerándole todos mis descubrimientos a los que él, en lugar de negarlos, acompañó con un profundo silencio. Quería separarme, poner distancia a ese dolor y olvidar a esa persona que me estaba haciendo tanto daño. Él se negaba, no quería romper lo nuestro, pero estaba claro que así no podíamos seguir. Me ofreció la opción de ir a terapia, era la única forma de que yo pudiera volver a confiar en él y de que aquello que un día fue una relación idílica, volviera a serlo.

Desde entonces han pasado varias semanas y sigo muy distante, pero comenzamos a ir a terapia de pareja, dejándome llevar, tal vez, por lo mucho que le quiero. Por el momento dormimos en camas separadas y no he querido volver a acostarme con él, aunque siempre he deseado mucho el contacto físico con su cuerpo. Pasa más tiempo en casa y apenas viaja, dando fe de que puede trabajar desde su propio ordenador. Ha hablado con la chica con la que me era infiel y ha puesto las cosas claras, han dejado de verse. Alberto nunca ha sido una mala persona, tiene multitud de amigos y sus compañeros y clientes le aprecian muchísimo, a mi  me enamoró locamente aquella noche y durante años hemos disfrutado juntos. Es cierto que en los últimos tiempos la cosa había cambiado y esta infidelidad ha sido una gran traición, es lo último que me esperaba de él. Hemos vuelvo a almorzar juntos, salimos a pasear cuando los ánimos me lo permiten y ha vuelto a confiarme sus pensamientos más íntimos. No sé qué pasará con nosotros, no sé si podré olvidar y si volveremos a ser cómplices. La verdad es que las sesiones me están ayudando mucho y creo que a él también, es cierto que en las relaciones acaban descuidándose cosas muy importantes y a veces no sabe uno con quién está viviendo realmente. Si hablamos dentro de un tiempo ya les contaré, por el momento le he dado una oportunidad a nuestra vida juntos. Si esto se rompe reconozco que también podré seguir adelante.

 

UN POQUITO DE PICANTE…

Entre tantos asuntos serios, ¿qué les parece si ponemos a este día un poquito de picante? Lo digo porque la noche del lunes 4 de agosto hablé de las fantasías sexuales en el programa NUESTRO VERANO de Canal Málaga. ¿Quién no se ha abstraído más de una vez en sus fantasías eróticas? ¿Quién no siente alguna atracción por lo nuevo y lo desconocido? No todos los días habla una de estos asuntos, aunque cada vez haya una mayor libertad de expresión y las cuestiones sexuales se banalicen, tal vez demasiado, no siempre conocemos la verdadera naturaleza de las fantasías que todos y todas tenemos.  

Si nos preguntamos por su origen tendríamos que situarlo, aunque les sorprenda, en la más temprana niñez. La ocupación favorita y más intensa del niño es el juego. El juego de los niños es regido por sus deseos o, más rigurosamente, por aquel deseo que tanto coadyuva a su educación: el deseo de ser adulto. No tiene motivo alguno para ocultar tal deseo y lo muestra naturalmente ante los adultos. Con el crecimiento, el hombre que deja de ser niño cesa de jugar, y en lugar de jugar, fantasea. Hace castillos en el aire; crea aquello que denominamos ensueños o sueños diurnos. El fantasear de los adultos es menos fácil de observar que el jugar de los niños, el adulto sabe que de él se espera ya que no juegue ni fantasee, sino que obre en el mundo real; y, además, entre los deseos que engendran sus fantasías hay algunos que le es preciso ocultar. 

En el interesante texto “La novela familiar del neurótico” de Freud encontramos la actividad fantasiosa de los más jóvenes, muchos niños, defraudados por las cualidades “reales” de sus progenitores, fantasean que sus padres no son sus padres reales, que ellos provienen de padres más encumbrados como reyes o ricos y que fueron abandonados. Recuerden las típicas frases: “yo fui recogido en un puente”, “a mí me cambiaron en el hospital, en realidad mis padres son otros”. En esta época donde el niño desconoce las condiciones sexuales de la procreación. Su ocupación mayor es volver a enaltecer a sus padres. 

Tras los primeros descubrimientos sexuales donde empieza a sospechar, no sin rechazo, las vinculaciones sexuales entre sus progenitores, el niño, ya en la pubertad, comienza a imaginarse situaciones y relaciones eróticas, generalmente de su madre con otros hombres, o de él mismo con su madre. Aquí comenzará la intensa actividad fantasiosa erótica que bien reconocemos todos en nosotros mismos, donde muchas veces deseos contrarios a la propia moral juegan su papel.

Si como decíamos antes, el niño jugaba a ser mayor por ser este su gran deseo, podríamos decir, retomando a Freud, que el hombre feliz jamás fantasea, y sí tan sólo el insatisfecho. Los instintos insatisfechos son las fuerzas impulsoras de las fantasías, y cada fantasía es una satisfacción de deseos. Los deseos impulsores son distintos, según el sexo, el carácter y las circunstancias de la personalidad que fantasea. Son deseos ambiciosos, tendentes a la elevación de la personalidad, o bien deseos eróticos. En la mujer joven dominan casi exclusivamente los deseos eróticos, pues su ambición es casi siempre la aspiración al amor; en el hombre joven actúan intensamente, al lado de los deseos eróticos, los deseos egoístas y ambiciosos. Lógicamente los diversos ensueños o sueños diurnos, no son, en modo alguno, rígidos e inmutables. Muy al contrario, se adaptan a las impresiones cambiantes de la vida, se transforman con las circunstancias de la existencia del sujeto 

Es fácil reconocer que todos somos, en cierta medida, unos insatisfechos, siempre nace algún deseo por alcanzar o permanece algún deseo que no queremos llegar a cumplir. Una de las ventajas de las fantasías es que se pueden manipular, invertir, modificar o mejorar cualidades; se puede acceder a lo que no ocurriría en la vida real, lo cual las convierte en excelentes herramientas para lograr la plenitud sexual. Históricamente las fantasías eróticas han sido tachadas como síntomas de enfermedad mental, sobre todo aquellas que se apartan del acto heterosexual. No obstante, resultan ser una práctica vigente y muy socorrida por personas sanas, sexualmente satisfechas y con gran capacidad creativa. 

Es común confundir a la fantasía con el deseo sexual, sin embargo mientras la primera se refiere a la evocación de una situación ficticia, el deseo es el anticipo de una situación real. El hecho de que una persona emplee una fantasía sexual no presume necesariamente que desee llevarla a la práctica. Hay casos de personas que las han llevado a la práctica y sin embargo ello no les ha deparado el placer esperado. Paradójicamente una fantasía puede ser convertirse en una mala experiencia si se hace realidad. Más de uno de ustedes lo afirmará. Las fantasías sexuales se producen en una gran variedad de marcos y circunstancias. A veces esos interludios imaginativos se provocan con toda intención para pasar el rato, para animar una situación tediosa o ponerle un poco de picante al acto amoroso.

Como vemos, fantasear es una forma de jugar, divertirse y desarrollarnos, debiendo verse como una actividad positiva siempre y cuando nos permitan tener los pies en la tierra. No se puede vivir de las fantasías, ya sean eróticas o ambiciosas, todos necesitamos satisfacción real. Muchas podrán llevarse a la práctica, pero otras tantas deberán permanecer como lo que son, fantasías y tener su espacio y su tiempo sin estorbar nuestra realidad. No podrán objetarme cuán negativa es aquella actitud de no valorar lo que tenemos porque nunca alcanzará el nivel de nuestra fantasía. Como dije antes, el niño distinguía perfectamente entre su juego y la realidad, sabía perfectamente que el palo de la fregona no era un caballo, no caigamos nosotros en el error de creer más en nuestras fantasías que en el tacto, el olor, el sonido de una voz real. La realidad siempre es distinta a nuestros sueños, pero por ser real nos permite una intensidad que nunca alcanzarán nuestras ilusiones.

LAS RELACIONES DE PAREJA DESDE EL PSICOANÁLISIS

Ni huir, ni arremeter contra nada.
Aprender conversar
tranquilamente, eso enseña el amor.

Miguel Óscar Menassa

El amor debería ser un mundo siempre por nombrar, como lo es el poema. Sin embargo, el amor recibe todo tipo de calificativos, adjetivos y nombres todo el tiempo. El psicoanálisis ha sido la ciencia que más se ha interesado en el amor, ese gesto del cual no imaginamos nada que fuera el pasado, ni siquiera el porvenir, por lo tanto nunca podemos saber cuánto va a durar.

No hay amor sin palabras y las palabras es lo que marca el amor como tal, lo historiza. Un amor sin palabras no tiene nada que ver con el sujeto psíquico, es un mero mandato de la especie, es imaginario.

Las relaciones de pareja son más complejas de lo que parece. H ay hombres que desean a la mujer que no aman y aman a la mujer que no desean, sufriendo de impotencia psíquica. Hay mujeres que prefieren parecer que aman y parecer que desean, que dejar un instante de ser mujer para sólo parecerlo.

El psicoanálisis describe lo que solemos llamar amor como una conducta narcisista, es decir que el hombre y la mujer sólo aman lo que han sido, lo que son, lo que ambicionan ser.

Hay mujeres que prefieren parecer que gozan, a gozar pareciendo que son, puesto que ser hombre o ser mujer es una cuestión de apariencia.

Eros tiende a la unión pero sin principio de muerte moriríamos todos ahogados en su abrazo. Es decir que para que se pueda forjar en mí la dimensión del amor tendré que haber aceptado el límite que la muerte impone a mi existencia material. Cuando acepto ser mortal, alcanzo un grado más de humanización que me permite transformar la realidad.

Lo fundamental del goce femenino es la ausencia de localización. Ella goza con todo su cuerpo.

Frente al sexo el sujeto se encuentra perplejo, enfrentado a un enigma ininteligible, para el cual no tiene ningún saber, ni recurso. Enigma que obliga a una respuesta: situarse en relación a él.

Como hombre y como mujer los sujetos no se distinguen, sino que se los distingue.

En algunas personas, conseguir una relación de pareja produce una ilusión de tranquilidad, «asegura» no quedarse
solo, estar siempre acompañado. Al menos durante algún tiempo el amor les proporciona un compañero, y el hecho
de que otro ser humano esté próximo, les alivia el síntoma.

Y esto porque al ser humano, sea hombre o mujer, no le basta con sentirse necesitado o amado, también es necesario que se sienta deseado, esto quiere decir que no le
basta con ser objeto de amor, es necesario que ocupe el lugar de causa del deseo.

El amor de quien desea ser amado es una tentativa de capturar al otro como objeto, es amor narcisista. Quien aspira a este amor no le interesa ser amado por su bien, sino que quiere ser amado por todo, no sólo por su yo, sino por sus bonitos ojos, por sus manías y debilidades.

Amar en el plano simbólico es otra cosa, es amar al otro más allá de lo que parece ser, estando más allá de la esclavitud imaginaria, por eso que puede aceptar sus debilidades y torpezas, hasta puede admitir sus errores, pero cuando el ser amado lleva demasiado lejos la traición a sí mismo y persiste en engañarse, el amor se queda en el camino.

Recordemos la fórmula lacaniana del amor: dar lo que no se tiene a quien no es.

COSAS DE CAMA

Todavía, hablar de sexualidad produce inquietud, nerviosismo, vergüenza. Aún no tenemos una actitud abierta ante estos temas que, por otra parte, a todos nos afectan.
Cada vez acuden más parejas a nuestras consultas, la mayoría de ellas dicen que ya no se aman o desean como al principio, como cuando eran novios. Es como si el tiempo desgastara la relación o se perdiera el deseo sexual hacia la pareja.
Los problemas sexuales comienzan cuando falla la comunicación, cuando deja de habar palabras. Para que haya una buena sexualidad en la pareja tiene que haber armonía. A estos problemas, se va sumando una tensión emocional que va en aumento. Esta problemática relacional donde primero se refleja es en la pérdida del interés en las relaciones sexuales. En este ambiente, es frecuente observar a hombres y mujeres que castigan a sus parejas retirándoles las relaciones sexuales, el cariño, las atenciones, los besos…
Está claro entonces que lo sexual en una pareja es el reflejo de la dinámica de la relación. El tiempo no desgasta el deseo sexual, sino que la relación misma va evolucionando con el tiempo, por lo tanto, el deseo y el amor también van a sufrir una evolución. Al principio de una pareja el sexo suele darse de continuo, a todas horas, es la novedad. Conforme pasa el tiempo, se vuelve algo más de la vida cotidiana.
El deseo no es sólo de carácter sexual. Es todo aquello que nos proporciona algún tipo de satisfacción y placer. Es lo que hace que las personas se muevan, tomen decisiones. Dentro de ese deseo se haya el deseo sexual propiamente dicho. Diríamos que hay deseos que satisfacen más que una buena relación sexual.
En este sentido, no es que desaparezca el deseo en la pareja, sino que el deseo se pone en otras cosas. Con el paso del tiempo la energía de los deseos se ha puesto en otros elementos. Está claro sin embargo, que si no hacemos nada para estimular o despertar el deseo de nuestra pareja, ni atracción sexual ni interés mostrará hacia nosotros. Las relaciones hay que cuidarlas cada día, la sexualidad es un elemento más del vínculo entre esas personas.
En muchas ocasiones es la vergüenza nos impide hacer cómplice al otro de nuestros deseos. No hay dos personas que gocen de la misma manera. En este sentido, para que haya buenas relaciones sexuales tiene que producirse una complicidad entre ambos.
Hay mujeres que obtienen más placer con los actos preliminares a la penetración, si su pareja no toma conciencia de ese detalle, con toda seguridad su pareja acabará teniendo problemas. Debemos poner atención en los gustos del otro. Sólo aceptando que somos diferentes podrá haber entendimiento y placer mutuo. Si cada uno va a su aire, lo más normal es que alguno quede insatisfecho.
Históricamente encontramos casos de hombres y mujeres que buscan fuera de sus parejas el tipo de relación sexual o actos que les hacen gozar, porque con sus parejas no se atreven a realizarlo. Un aprendizaje muy importante es saber que una persona puede asumir diversas funciones, madre, mujer, amante, trabajadora, compañera… En cada situación tenemos que mostrarnos distintos, por ello en la sexualidad tenemos que dejar al margen ciertas cuestiones morales, pues sólo sirven para inhibir.
Para llevarnos bien con los demás, primero tenemos que llevarnos bien con nosotros mismos. Por ello, tenemos que ser más tolerantes con nuestra manera de gozar. La sexualidad no es más que nuestra forma de relacionarnos con el mundo para la obtención de placer. Una sexualidad ampliada, más social que genital, permitirá al individuo un amplio abanico de satisfacciones, puesto que no siempre lo inmediato y rápido es lo más placentero. Hacer el amor con las palabras es lo propiamente humano.

 

EL TABÚ DE LA VIRGINIDAD

Ante todo hay que diferenciar qué se entiende por virginidad culturalmente y qué fisiológicamente.

Culturalmente, la primera vez que se mantienen relaciones coitales se considera que es el momento de la pérdida de la virginidad, otorgándole un valor a este hecho que en ocasiones no se corresponde con las expectativas creadas.

Fisiológicamente , un himen intacto no es prueba de virginidad ni la ausencia del mismo es la prueba de desvirgamiento. El himen, una fina membrana elástica que cubre la abertura de la vagina, se puede romper sin darse cuenta, por exploraciones ginecológicas, por la introducción de un tampón, por ejercicios físicos, etc.

La penetración vaginal no es el único responsable de su pérdida , hay mujeres que nacen sin himen y otras que tras diversas relaciones con penetración vaginal pueden mantenerlo intacto.

En todo caso su pérdida, sea cual sea la causa, no tiene por qué resultar dolorosa . El miedo, la atención, la falta de relajación o el terror a quedarse embarazada, son las causas principales del dolor en las primeras relaciones sexuales con penetración.

Todo lo nuevo produce angustia, por desconocido. La pérdida de la virginidad también. El primer acto sexual es un acto inquietante, tanto más cuanto que provoca efusión de sangre.

Históricamente, e l tabú de la virginidad está estrechamente ligado con una cantidad innumerable de tabúes alrededor de la sexualidad femenina. Los pueblos primitivos desarrollaban rituales para la pérdida de la virginidad de la mujer. Parece como si ese acto constituyera un peligro, por ello evitaban que el futuro marido fuera el que lo realizase .

Este temor se basa quizá en que la mujer es muy diferente del hombre , mostrándose siempre incomprensible, enigmática, singular.

Frecuentemente el primer acto sexual supone un desengaño para la mujer, que permanece insatisfecha y precisa de algún tiempo y de la repetición del acto sexual para llegar a encontrar en él plena satisfacción.

La mujer presenta una hostilidad hacia el hombre, en tanto se considera inferiormente dotada, esta hostilidad se halla pues presente en las relaciones entre los dos sexos. Justamente en el desfloramiento se acrecienta esa hostilidad puesto que la pérdida de la virginidad supone para la mujer una ofensa narcisista, en tanto que se produce una disminución de su valor sexual . No debemos olvidar que aún hoy la sociedad sigue calificando de libertina a la mujer que practica una vida sexual activa sin tener pareja estable.

En grados superiores de cultura, la virginidad es considerada como una dote, a la cual no debe renunciar el hombre. Pero analizando las perturbaciones de lasa relaciones duraderas y del matrimoniol seguimos observando los motivos que impulsan a la mujer a tomar venganza de su desfloramiento.

Junto a esta hostilidad, se establece en la mujer una servidumbre sexual con el hombre que la inició en la actividad sexual. Es más frecuente en mujeres que en hombres. En el caso masculino se da ante una determinada mujer que logra resolverle su impotencia .

Resulta pues muy curioso la situación psicológica que la pérdida de la virginidad genera en la mujer, por un lado despierta su hostilidad hacia el hombre que la inició en el comercio sexual y por otro se desarrolla una intensa servidumbre sexual hacia él.

Observamos muchas relaciones o matrimonios que se prolongan en el tiempo pese a una vida conyugal instatisfactoria. Podemos decir que las segundas relaciones suelen ser más satisfactorias que las primeras. Justamente porque a veces la mujer permanece unida a su pareja para vengarse por la pérdida que el otro le hizo padecer. Es extraordinario el número de casos en los que la mujer permanece frígida en un primer matrimonio y se considera desgraciada, y, en cambio, disuelto este primer matrimonio, ama tiernamente y hace feliz al segundo marido.

Por eso recomendamos que si la joven o mujer quiere demasiado a su pareja le evite el mal de hacerle sujeto del desfloramiento.

INFIDELIDAD

Me llama la atención lo que interesa a todo el las cuestiones referentes al amor o las relaciones de pareja. Sobra decir que cuando se nombra la palabra “infidelidad” se erizan los pelos de muchas personas, en algún momento esa palabra o tendencia ha pasado por nuestras cabezas.

Si hablamos de la infidelidad, un buen comienzo sería definir el término. Hay que decir que cada persona tiene una concepción diferente, para el Psicoanálisis la infidelidad es necesaria para poder relacionarnos. Si nos situamos en el origen, nuestra primera relación fue con nuestra madre, para poder relacionarnos también con nuestro padre tuvimos que serle infiel a ella. Si fuéramos fieles no podríamos más de una relación.

En este sentido, para ser infiel no es necesario realizar el acto sexual con otra persona distinta a nuestra pareja. En realidad, a las personas no se les puede ser fiel porque nadie es de nadie. Uno es fiel a su palabra, ceder en ella acaba por hacernos ceder en las cosas, y es eso lo que nos produce un gran sentimiento de culpabilidad.

En contra de lo que solemos pensar, hay que decir que la tendencia natural es a ser infiel, bien es cierto que nos vamos acostumbrando a un grado de fidelidad por respeto, convención social, por amor o para no meternos en líos. La tendencia natural del ser humano es a cambiar de pareja, trabajo y de familia todos los días. Para permanecer con lo mismo hay que hacer un esfuerzo.

Para ser infiel, como vengo diciendo, es suficiente el mero pensamiento, una mirada. Ya sabemos que para generar los celos en otra persona es suficiente con darse cuenta que existen otras personas en el mundo, las palabras son las que en realidad generan los celos.

Esos celos que pensamos son consecuencias de la provocación de nuestra pareja, son los que originan, en muchos casos, la infidelidad. Todo el día hablando de las fantasías (miraste a tal o cual), que uno acaba provocando deseos en la otra persona. Por otro lado, muchas parejas están todo el día vigilantes, esperando ver algún dato que confirme sus sospechas. Parece así como si la otra persona más que nuestro amor, fuera una posesión. Este tipo de comportamiento puede provocar graves situaciones de maltrato. Si no cambiamos nuestra forma de concebir las relaciones, nunca alcanzaremos el amor.

Es muy frecuente pensar que los hombres son más infieles que las mujeres, pero ello no deja de ser una idea que se corresponde con los prejuicios sociales que siguen existiendo. Al hombre se le ha permitido históricamente una doble moral sexual, que no se le ha permitido a la mujer. En ese sentido, él ha tenido más libertad para desplegar sus deseos, no sólo sexuales, mientras que a la mujer no se le ha permitido pensar en su sexualidad ni en sus ambiciones. Como he dicho antes, todos somos o podemos ser infieles. Tanto hombre como mujer tienen deseos.

Está claro que una cosa es ser infiel de pensamiento y otra irse a la cama con otra persona. Este hecho es difícil de tolerar para muchos, pero n o es bueno generalizar, porque la infidelidad es algo diferente para cada uno. Hay personas que toleran las relaciones sexuales con otras personas, pero no toleran otro tipo de comportamientos. Hay que tener cuidado, para cuidar la pareja no puedo hacer justo lo que le molesta.

Que sea la infidelidad la provoque una ruptura o una agresión, es tener un grave prejuicio. Hay que decir que si a uno le importa de verdad su pareja, la infidelidad no puede ser la causa de la ruptura, uno tiene que demostrar lo que le importa esa mujer o ese hombre.

La mayor infidelidad no es tener relaciones sexuales con otra persona, sino traicionar la confianza de tu pareja, a veces eso implica hablar de cosas íntimas con otra persona. A pesar de ello, desde mi punto de vista, no es recomendable confesar la infidelidad, sería utilizarla para hacerle daño a la otra persona. La infidelidad no tiene que dejar huellas. Si deja huellas, la he utilizado para estropear la relación.

Quienes lean este artículo pueden ver en él la excusa perfecta para justificar su conducta, otros se sentirán desengañados por no poder exigirle a su pareja exclusividad. Hay que saber que el verdadero amor es muy difícil de alcanzar, pero no imposible. Amar no tiene que implicar querer estar todo el día con la otra persona, tenemos que aprender a ser tolerantes y considerarnos en libertad. Muchas veces somos fieles no por falta de deseo, sino para impedir la infidelidad de nuestra pareja.

Cuidemos nuestra felicidad, nuestra salud, nuestras relaciones. Estoy segura que de esa forma, sabremos tratar mucho mejor a las personas que nos rodean, seremos más atentos y respetuosos. No podemos olvidarnos de la compleja naturaleza humana.

LA HOMOSEXUALIDAD

¿Quién no se ha cuestionado alguna vez su tendencia sexual? ¿Cuántos se consideran homosexuales porque alguna vez sintieron atracción por una persona de su mismo sexo? ¿Por qué es una persona homosexual? ¿Será el fin de la heterosexualidad?

Muchas preguntas se generan en torno a esta modalidad de elección de objeto amoroso. Pocas respuestas y mucho silencio. Encendamos con la luz del Psicoanálisis la oscuridad de lo desconocido.

La homosexualidad es un fantasma que ocupa nuestro pensamiento en algún momento de la vida. El hecho de que la homosexualidad pueda o no ser orgánica, no nos evita la obligación de estudiar los procesos psíquicos de sus génesis. Para entenderla es preciso acudir al propio proceso de desarrollo humano.

El paso por la definición sexual está marcado por el primer enlace afectivo hacia una persona, que en todo humano acontece con la figura materna. Esta relación marca la entrada en el llamado complejo de Edipo. El desarrollo normal exige el desprendimiento de esta relación afectiva.

El proceso típico de la homosexualidad consiste en que algunos años, después de la pubertad, el adolescente fijado hasta entonces intensamente a su madre, se identifica con ella y busca objetos eróticos en los que le sea posible volver a encontrarse a sí mismo y a los cuales querrá entonces amar como la madre le ha amado a él. Como vemos, se produce una elección narcisista de objeto.

Detrás de este factor se oculta el desprecio a la mujer, su repulsa y hasta el horror a ella se derivan generalmente del descubrimiento de que la mujer carece de pene. En todo hombre, también hay que decirlo, subsiste cierto desprecio hacia la mujer por este motivo.

El homosexual, ha renunciado a la especie, a la reproducción y por tanto a las diferencias sexuales, es decir, sólo tolera la genitalidad de alguien de su mismo sexo. Las diferencias le ocasionan angustia y sólo puede cuando está frente a uno como él mismo.

También se nos muestra como un poderoso motivo de la elección de objeto homosexual el respeto o miedo al padre. Al renunciar a la mujer como objeto amoroso, la competencia con el padre y así, su propio riesgo.

Los factores de la etiología psíquica de la homosexualidad descubiertos hasta ahora son la adherencia a la madre, el narcisismo y el temor a la castración. Hay que sumar a estos factores, los celos hacia un hermano. Dichos celos condujeron a actitudes hostiles y agresivas hasta desearle la muerte, pero quedan luego reprimidos y transformados. Las personas antes consideradas como rivales se convirtieron en los primeros objetos eróticos homosexuales.

No se puede negar el poder de la especie, algo muy superior al sujeto, ya que la especie impone la reproducción para perpetuarse y para ello, necesita la heterosexualidad. A la especie no importando de qué manera lleguemos a ella o qué nos ocurra en el proceso. Si es mal vista la homosexualidad no es porque dos hombres o dos mujeres se besen o hagan el amor, sino porque en ese gesto, se atenta contra la procreación y es algo que la propia especie nunca va a permitir.

El homosexual no nace, se hace, como hemos visto, en el proceso de identificación con la figura materna. El deseo humano se caracteriza por nuestra tendencia a volver a encontrar la situación inicial mítica con aquella madre que un día  nos dio todo sin pedirnos a cambio nada.

En definitiva, las cosas nunca son lo que parecen. Son las palabras las que nombran las situaciones sexuales y no al revés. Sólo podemos conocer nuestra sexualidad si nos psicoanalizamos, si podemos hablar de las fantasías, las inhibiciones, con un profesional, que no juzgará, pero sí puntuará cómo nos relacionamos con nuestros semejantes.

No hay dependencia entre sexo biológico y elección de objeto. No sólo la homosexualidad es poco evidente para el psicoanálisis, también la heterosexualidad.

 

MI LIGUE VIRTUAL

¡Cuánto necesito quererte! Te busco por todos lados, hasta en las teclas de mi ordenador, el móvil, la televisión. Quiero tenerte cual fiel compañero, no sentirme sola nunca más. Ojalá pudiera comprarte en algún supermercado, decir lo que me gusta y, ya está, ahí, tenerte para mi. Con la de cosas que inventan y sé que pido un imposible. No existe alguien hecho para mí, la pareja perfecta.

Cuando llego a casa, voy corriendo hasta el ordenador, impaciente para ver si tengo algún correo, ojalá sea el tuyo, el de esa persona que yo necesito. Ya he entrado en mil chats, tengo varias páginas en lycos y otra en meetic… Digo que me gusta esto y lo otro, a ver si así te encuentro. Ahora estoy decidida a comprarme una camiseta, de esas que anuncian los periódicos, donde un código me llevará hasta ti. Tal vez eres un tímido y de esa forma te atrevas a conquistarme.

Son muchos los que ya lo han conseguido, y sé que los hay que sólo buscan un rollo de una noche, otros son unos traumas, todo el día contándote sus historias, yo sé que tú eres diferente. No hago demasiado caso a esos que dicen que amando se encuentra el amor, que hay que empezar con algo y así uno va sabiendo lo que le gusta. Yo te quiero a ti, nada más. Sé esperar y te esperaré. Aunque me aburro, a veces me desespero. Todas mis amigas tienen novio y las que no tienen, no son mis amigas. No me gusta la gente que no centra su vida en el amor.

Tú sabes que soy una romántica y por eso nunca le diremos a nadie cómo nos conocimos, quedaría feo decir que fue en un chat o que te gustó lo que escribí en una página y por eso te enamoraste de mí. Diremos que nos encontramos un día por la calle y, al mirarnos, supimos que estábamos hechos el uno para el otro.

Qué locura este amor nuestro, no me deja dormir, trabajar ni querer a los demás. Sólo esperar. Mi psicoanalista, a veces, me dice que si quiero algo tengo que hacer algún trabajo para conseguirlo y, que si no tengo pareja, tal vez es porque no lo deseo. Sus palabras me desesperan, grito que te necesito, que he nacido para estar a tu lado, no quiero pasar por otros brazos que no sean los tuyos.

Tal vez sea cierto que tenga que alejarme, terminar la carrera que empecé hace años y que no me interesaba demasiado, tal vez hablar con mis compañeros me reporte alguna felicidad, podría aceptar la invitación de ese chico que un día tras otro me repite. Tal vez deba marcharme ya de casa de mis padres y tener mi propia casa. Te dejo, mi amor, pues me espera mi vida, otras palabras.

TERAPIA DE PAREJA

¿Tan complicado es vivir en pareja? ¿La felicidad queda para los cuentos de hadas?
La realidad es que la mayoría de los matrimonios padecen conflictos graves en algún momento de la relación. Problemas de dinero, celos excesivos, la falta de comunicación o mala convivencia pueden ser sólo algunos de los ejemplos. Muchos dicen que vivimos en el tiempo en el que ha fracasado el modelo de amor como camino a la felicidad. Bodas y divorcios se suceden, cada vez las personas se toleran menos y el punto y final se pone, en muchas ocasiones, poco tiempo después de haber iniciado la vida en común.

Con estas perspectivas parece que poco queda por hacer para compartir la vida con alguien especial. A lo largo de los años he observado a personas que tras una ruptura sentimental han visto derrumbarse el ideal de pareja que esperaban cumplir con esa persona. La desilusión es tal que se muestran agresivos, reacios a nuevos vínculos, como si necesitaran cierta venganza. Si tenemos en cuenta los procesos psíquicos y el conocimiento que la ciencia nos aporta al respecto, habría que decir que estas personas no forjaron sus ideales a partir de esa relación, sino que ésta fue la "excusa perfecta" para poder dar forma a sus sueños pretéritos. Tristemente, la mayoría de las relaciones son más fantasmáticas que verdaderas, quiero decir, la mayoría no ama a su pareja por sus virtudes y por sus defectos, por lo que esa persona propiamente es , sino que siente atracción por lo que esa persona, ese vínculo, les permite. Es como si usted tiene necesidad de enamorarse y por ello encuentra a alguien con quien establecer este vínculo.

No quiero que me tache de "aguafiestas", porque amar aunque difícil no es imposible. En Psicoanálisis se dice que el verdadero amor es el amor a las diferencias, amar al otro por ser diferente a mi, por enriquecerme, por hacerme más tolerante. Esta forma de amar, sin embargo, no es tan fácil como resulta decirlo, es una construcción que puede llevar años. Amar al otro en libertad es muchas veces imposible, sólo hay que fijarse en los datos que los medios de comunicación nos ofrecen a diario sobre la violencia familiar, víctimas de un modelo "fatal" de amor. La posesión tiene estas cosas, o eres mío o de nadie. Así como suena, la verdad es que parece poco amoroso, una persona no puede pertenecer a otra, sin embargo en los diálogos amorosos estas frases son constantes y luego tienen sus consecuencias.

Nuestra educación al respecto de las relaciones de pareja es bastante pobre, lamentablemente, en pleno siglo XXI seguimos amando como primitivos, poco hemos aprendido a respetar, a conversar y a construir. Parece que al ser humano le tienta la posibilidad de "romperlo" todo de un golpe. En las terapias de pareja, que cada vez van siendo más, que son muy necesarias y muy efectivas, veo cómo no sólo conversar, sino hacerlo a través de un pacto con un psicoanalista, permite a esas personas establecer vínculos diferentes con sus parejas, también con sus hijos. La paciencia, tan necesaria siempre, se convierte en la posibilidad de permitir al otro expresar sus ideas y deseos, ser aquella persona libre de la que uno se enamoró.

El amor puede ser maravilloso, siempre y cuando no se lo pidamos todo. El amor como camino de la felicidad, el amor como forma de vida, el amor... Es hora de sumar a esta palabra otras muchas que son imprescindibles para tener otra calidad de vida. Trabajo, amigos, compromisos, deseos, viajes, separación, unión, sexo, dinero... La vida con más palabras es una vida rica, saludable. La vida entre dos es una cárcel que acaba por matar a sus inquilinos. En estos días en los que muchos de ustedes se plantean su relación de pareja o incluso acudir a un profesional les diría, no dejen para mañana ese deseo que tienen hoy, pidan hora para que su vida empiece a funcionar. Nadie va a hacer por usted lo que usted no hace.

¿SOY INFIEL?

Podría ser hipócrita y responder que en absoluto soy infiel, que me entrego en cuerpo y alma a mis ideas y mis amores, que nada cambia ni yo tampoco. Intentar convenceros de que esa es la mejor forma de vivir, que hacer lo contrario es una inmoralidad y que la infidelidad habría que desterrarla de este mundo. Como digo, podría ser hipócrita. Pero voy a ser sincera con ustedes.
Los datos que se refieren a la infidelidad conyugal reflejan que más de la mitad de los varones han tenido experiencias sexuales extraconyugales, las mujeres aún no alcanzan las mismas cifras, pero va en aumento. En contraste con esta realidad que se esconde tras un tupido velo, las personas valoran a la hora de buscar pareja, no el físico o la inteligencia, sino la fidelidad. Tampoco hay que pasar por alto que las infidelidades suelen ser una causa determinante en muchas rupturas de pareja. ¿Cómo compaginar entonces el ideal con la cruda realidad?

¿Somos unos inmorales o es que esta moralidad que tenemos no tiene en cuenta los deseos y necesidades humanos? Antes de que entren a polemizar con lo que digo, bien estaría definir lo que entiendo por fidelidad o infidelidad. Sería muy pobre quedarse en el terreno sexual para referirse a este término, aducir que cuando uno ama a una persona debe serle fiel y no mirar a ninguna otra. Esta es la concepción que seguro tendrán muchos de ustedes, pero puedo sumarle muchas más cosas. Ser fiel también habría que serlo a las primeras ideas que uno tuviera o a los primeros amores o a los primeros gustos. Sin embargo, ustedes entenderán que lo que un día me gustó no tiene por qué gustarme hoy, que lo que yo pensaba de la vida antaño hoy no coincide con mi pensamiento actual. Afortunadamente eso tiene que ser así. Las personas estamos en continuo crecimiento. Nuestros gustos varían, vamos sumando experiencias, relaciones. Si entendiéramos como infidelidad cada paso que uno diera que le aleje de lo anterior, no estaríamos donde estamos. Seríamos una especie sumamente pobre.

Nos caracterizamos por lo contrario, somos seres de gran complejidad, diferentes a cada instante, lo que pensaba ayer hoy no lo mantengo, puedo cambiar de trabajo, de pareja y hasta de color de pelo y eso no tiene por qué significar que sea mala persona o menos relevante para la sociedad. Sin embargo, se nos pide que seamos fieles en el terreno amoroso. ¿Cómo se habrá llegado a tal exigencia?

En un interesante trabajo de Freud “La moral sexual cultural en la nerviosidad moderna” el autor realiza un estudio donde contrasta las exigencias morales y las necesidades o deseos humanos. Una cosa es lo que se nos exige moralmente y otra, muy diferente, que “todos” podamos a llegar a satisfacer tales niveles. Hay personas para las cuales ser fieles a sus parejas es tarea fácil, pero para otras, en cambio, asumir tal exigencia les lleva al camino de la enfermedad, la insatisfacción o el engaño. Si uno quiere, es fácil de entender. Hay quienes se conforman con lo monótono, incluso, están así a gusto, personas a las que comer todos los días lo mismo les satisface. ¿Qué haría usted si todos los días hiciera lo mismo, viera a las mismas personas, dijera las mismas palabras? Creo que podría llegar a desesperarse. Pues eso mismo es lo que pedimos en el terreno sexual a todo el mundo, que se conformen todos los días con el mismo aburrimiento.

No todos somos así claro, porque podemos ser una pareja pero cocinar los mismos platos de forma diferente cada día, evitamos la monotonía, cada encuentro es una sorpresa. Este ideal, sin embargo, sean sinceros, pocas veces se cumple. El matrimonio acomoda, somos el uno del otro, posesiones, nos descuidamos, se acaba la pasión, todo monotonía, parecemos más que amantes, hermanos. Díganme así quién puede mantenerse fiel sin ser un insatisfecho.

Muchos hombres, para mantener sus matrimonios, vivían una vida paralela. Amantes o prostitución eran los caminos para su satisfacción, mientras que su vida familiar era cómoda y aparentemente feliz. Sus mujeres no les ofrecían lo que ellos necesitaban. Muchas de ellas también encontraban fuera de casa el lugar donde satisfacer sus fantasías, porque frente a sus maridos no podían. Como ven, un desencuentro de goces.

Entrar a valorar si esto está bien o no, no me corresponde. Pero sí decir que es una realidad. Que el ser humano no puede ser fiel, si lo es lo sería a sus primeros vínculos afectivos o amorosos, a sus primeras ideas y eso no hay quien pueda mantenerlo con salud. Tenemos que aceptar que ninguna persona puede ser una propiedad privada, la pareja ha de fundamentarse en el amor y/o deseo, para que ello se mantenga el trabajo ha de ser continuo. Conversar, respetar, tolerar. Debemos entender que  todos deseamos muchas cosas y no por ello dejamos de hacer las que hacemos. Que a veces para que mi marido esté a gusto conmigo, tiene que encontrarse con otras relaciones. Que yo a veces, cuando hago el amor con él, pienso en otras personas. Que por decir su nombre, digo el de otro. Que sueña con otros nombres que no son el mío. Que a veces, nos encontramos deseándonos. Y que no nos separamos ni nos matamos, porque aceptamos que somos diferentes y, aún así, nos amamos.

Usted elige, la hipocresía o la realidad del deseo humano. En otros lugares la gente se mata por esto, aquí nos animamos a la conversación.

LAS COSAS NUNCA SON LO QUE PARECEN

Cuando hablamos de infidelidad, solemos entenderla como sinónimo de engaño, cuernos, falta de respeto, promiscuidad, considerándola siempre con un valor negativo e indeseable. Esta situación sin embargo, condena a muchas personas a ocultar sus propios deseos, acarrea el fin de muchas relaciones de pareja y lleva, en algunos casos, a la muerte o al escarnio.

Resulta una cuestión compleja, tendríamos que partir de la idea psicoanalítica de que ser infiel no es únicamente mantener relaciones sexuales con otra/s persona/s fuera de la relación de pareja, hay muchos modos de ser infiel. Continuamente lo somos de pensamiento, en nuestras fantasías conscientes y, aún más, en las inconscientes, es casi inevitable encontrarnos deseando a otras personas. Esto nos remite a que el deseo humano no tiene objeto.  La moral cultural sexual no tiene esto en cuenta, piensa que es fácil y posible circunscribir nuestro deseo a una sola persona y lo establece como la forma normal de relacionarse. No obstante, muchas son las evidencias que han demostrado, a lo largo de la historia, que pocas personas han conseguido, no sin grandes esfuerzos, ser fieles de pensamiento y acto a sus parejas.

Este sería el primer punto que considero de interés, la fidelidad es muy difícil, si no imposible. En realidad el psicoanálisis estima que es necesario ser infiel, ¿en qué sentido? se preguntará. En el sentido de que ser fiel tiene que ver con guardar una fidelidad al primer amor del ser humano, que en todo caso es con la figura materna. Para un desarrollo psico-sexual normal, es necesario que seamos infieles y amemos a más personas. Lo mismo ocurre en el campo de las ideas, todos necesitamos ser infieles a nuestras ideas, a nuestros gustos, pues de continuo aprendemos cosas nuevas y es necesario para nuestro desarrollo. Sin embargo, nuevamente, se nos engaña o nos engañamos pensando que debemos y podemos ser fieles. No todo el mundo puede ajustarse a las mismas reglas en cuanto al deseo sexual.

Es necesario decir que no todas las infidelidades tienen los mismos motivos ni todas las mismas consecuencias. Lo explicaré un poco. Muchas personas necesitan mantener relaciones con más de una persona, lo que no implica que dejen de amar y/o desear a su pareja. Habitualmente pensamos que si amamos y deseamos a una persona es imposible desear a otras, cuando en absoluto es así. Por tanto, es muy importante entender que en muchos casos esa relación ilícita no afectó en nada al deseo hacia la pareja, digamos que no dejó huellas en la relación, por ello no es conveniente la confesión o que nuestra pareja se entere de que hemos estado con otra persona. Cuando esto ocurre, parece como si el deseo fuese molestar. Esa sería la interpretación psicoanalítica: “Fue infiel porque la relación ya estaba rota”.

En algunos casos la infidelidad es consentida y la relación de pareja continúa o se retoma. Para otras personas, sin embargo, resulta muy difícil superar la idea de que su pareja haya estado con otra persona, marcando un punto de inflexión o ruptura el momento de la infidelidad o de la confesión. Habitualmente, la relación no volverá a ser como antes. Muchas parejas se rompen tras una infidelidad y, lo más interesante y que descubre el psicoanálisis, es que a veces se rompen no por falta de amor, sino por la moral de esas personas. Sus ideas le impiden superar las fantasías que le provoca la infidelidad, el Psicoanálisis se ha mostrado muy efectivo para resolver estas cuestiones en las parejas.

En otros casos las consecuencias son mucho peores, hay quien mata, quien humilla, quien maltrata tras una infidelidad. Evidentemente esto sólo puede producirse en una concepción de amor donde entiendo que el otro/a me pertenece. Cuando el amor es posesión se puede acabar de esta forma. Esto aún ocurre cuando es la mujer la que desea, la que comete la infidelidad. En muchas culturas, no olvidemos, el adulterio estaba penado duramente. No hay que olvidar que al hombre se le ha permitido en el campo sexual una libertad que aún la mujer no ha sabido conquistar.

Ser infiel, como estamos viendo, no quiere decir que estemos engañando a nuestra pareja, que lo hagamos para molestarla o que lo hagamos porque hemos dejado de desearla. Es más grave hablar con otras personas de cosas privadas de la pareja, que compartir cama con otra persona. Tal vez el ser humano tenga que vencer algunos prejuicios a cerca de la sexualidad, le damos demasiada importancia a lo genital, cuando hacemos cosas mucho peores el resto del tiempo.

Tras una infidelidad, como vemos, es posible retomar y continuar con la relación de pareja, incluso la infidelidad puede mejorar la relación. Que esto sea posible depende de la forma de pensar de cada uno de los cónyuges, no tanto de sus pensamientos conscientes, sino de su forma de pensar inconsciente, en última instancia, depende de su salud psíquica.  No hay recetas milagrosas, cada pareja es diferente y tendrá que resolver su cuestión con la infidelidad. En realidad, si reconocemos que todos somos infieles, le daríamos a este tema mucha menos importancia y nos sentiríamos mucho más liberados. El amor entendido como posesión, produce graves consecuencias para el bienestar de las personas.

A LAS PAREJAS LES SIENTA MUY BIEN

Próximamente se estrenará en televisión un nuevo programa “Terapia de Pareja”, un nuevo reality o la evidencia de que cada vez son más los que acuden a terapia para solucionar sus problemas de convivencia. Pese a ello, existen muchas reticencias morales, económicas o simples excusas que impiden a muchas personas sacar provecho de una poderosa herramienta: el psicoanálisis.

Acudir a un abogado para finiquitar una relación no siempre es la solución adecuada, muchas personas no desean separarse de su pareja, la siguen queriendo, pero diversos problemas, que habitualmente se arrastran desde años, hacen la convivencia muy difícil. Una frase que se quedó marcada en mi memoria es la del poeta y psicoanalista Miguel Óscar Menassa: Ni huir ni arremeter contra nada, aprender a conversar tranquilamente, eso enseña el amor. Si aplicásemos estas palabras a nuestro día a día otros serían los resultados. No obstante, no es tan sencillo crear y, mucho menos, mantener una relación de pareja.

Cuando una persona o una pareja se pone en contacto conmigo lo suele hacer porque ya han intentado todo tipo de soluciones y nada  ha servido, a veces acuden cuando ya está muy quemada la relación y lo máximo que se puede hacer es terminar amistosa y civilizadamente, que no es poco. En otras ocasiones uno de los miembros de la pareja se resiste a venir a consulta, rechazando que un profesional medie y les ayude a seguir adelante, como ustedes entenderán es muy poco probable que esa pareja evolucione con éxito. Puede que sigan “aguantándose” mutuamente, pero de ahí a ser felices hay un largo trecho.

El mejor pronóstico lo tienen aquellas parejas en las que ambos desean poner solución y aceptan acudir a terapia, puede ser con un mismo psicoanalista o con diferentes profesionales, pero sólo reconociendo cada uno su parte de responsabilidad será posible transformar y continuar la relación. Mi experiencia en el campo de la terapia de pareja muestra que es mucho más rentable que un divorcio, si me permiten utilizar este tono un tanto humorístico. Hablando seriamente hay que reconocer que los resultados son bastante buenos. En sesiones conjuntas y/o individuales estas personas tienen la oportunidad de abordar multitud de cuestionamientos personales, laborales, sexuales, afectivos, etc. que participan en su día a día y que hasta ese momento no habían tenido un tiempo de conversación.

Hablar en el diván de un psicoanalista nos permite producir un tiempo para nosotros mismos, lo que se traduce en una mayor tolerancia hacia los demás. Se aprende a hablar de una forma diferente, uno se hace responsable de su forma de pensar y de vivir y esto permitirá que también se haga responsable de sus actos. La vida en pareja no puede ser buena si uno quiere controlar la vida del otro, si no respetamos la libertad de cada uno y si no somos conscientes de que el amor, si no se cuida, caduca.

Cada día estoy más convencida que tener pareja no da la felicidad, pero que si uno tiene pareja y juntos trabajan día a día por sus vidas, sus ambiciones y su amor, la vida tendrá un sabor mucho más intenso y verdadero. Cada pareja tiene que producirse, porque no vale repetir esquemas anteriores. El respeto debe ser la base de esa convivencia, aceptar las diferencias y aún así seguir amándose. Es muy triste vivir resignado o en una pelea continua, existen poderosas herramientas como el psicoanálisis que pueden ayudarle a seguir adelante en mejores condiciones, sólo es necesaria su decisión, los profesionales ya estamos decididos.

CUESTIÓN DE SEXO

Marta tiene 29 años y prepara las maletas para irse de vacaciones, ha contratado un viaje un tanto especial. Hace unos meses le llamó la atención un email que llegó a su correo que anunciaba viajes especiales para singles o solteros. Desde hace 3 años no mantiene una relación estable con ningún chico y es que parece “misión imposible” encontrar a alguien que no venga de una relación traumática o que quiera una relación formal. Ha conocido a varios con los que ha salido alguna que otra vez, llegó a la cama con alguno, pero no cuajó la cosa. Marta es una mujer bastante independiente y dedica la mayor parte de su tiempo al trabajo, pero también sabe disfrutar del tiempo libre, o al menos eso desearía, porque lo cierto es que a estas edades resulta difícil quedar con las amigas, la mayoría ya está casada, muchas de ellas con hijos, o en vías de matrimonio y, más que en divertirse, piensan en cenas románticas con sus parejas o en quedarse en casa porque la hipoteca está muy cara. Con estas perspectivas, le resulta bastante difícil enfundarse en su ropa más sexy para pisar fuerte en alguna pista de baile para conocer gente nueva.  

Cuando contrató este viaje sus expectativas estaban muy claras: pasarlo bien, vivir nuevas experiencias y, tal vez, encontrar el amor. Sus padres le educaron en ideas bastante tradicionales, incluso fue a un colegio de monjas y durante muchos años su idea era encontrar al chico ideal y formar una familia. Lo intentó con el primero, con el segundo, pero la experiencia le fue mostrando que no es tan fácil como se lo habían pintado. Desde esas tempranas fantasías infantiles al día de hoy ha llovido bastante. Hoy en día Marta ha tomado la iniciativa en más de una ocasión, sin embargo muchos chicos rechazan su actitud activa e independiente. Al principio aprovechan la ocasión, pero luego buscan en ella esa mujer tradicional que aún nos vende nuestra sociedad y que cada día resulta más difícil encontrar. Se aplaude la incorporación de la mujer al mundo laboral, se admite que cada vez son mejores conductoras y que tienen una mayor capacidad adquisitiva, sin embargo en cuanto se emparejan, tanto ella como él tienden a esperar que la mujercita se ocupe de la casa y de los niños como lo hacían las mamás de entonces. A veces el juego sale bien los primeros tiempos, pero luego ella se siente insatisfecha por haber abandonado sus ideas y sus proyectos y él tampoco encuentra ya la mujer alegre y con iniciativa de la que se había enamorado. Las reglas del juego han cambiado. 

En pleno siglo XXI los roles sexuales son muy distintos a otras épocas, el matrimonio, en el que muchos siguen aún confiando, ya no es un modelo que resista al paso de los años, cada día son más las parejas que se separan al poco de casarse y cada vez nos parecemos más a otros países donde la gente se casa dos, tres o hasta cuatro veces con distintas personas. Marta no quiere dejarse llevar por ilusiones románticas, en sus maletas ropa cómoda y también atrevida, y en su ánimo muchas ganas de vivir la experiencia. Nunca hasta ahora se había planteado hacer un viaje de este tipo, otras veces había ido con alguna amiga o algún novio al extranjero, pero desde hace varios años se quedaba con las ganas de conocer mundo porque no tenía con quién hacerlo. Le atrajo la oportunidad que se le brindaba de encontrarse con otras personas que, como ella, se habían quedado muchas veces plantados, no era por dinero, sino por la compañía y ahora la agencia te resolvía ese problema. Actividades programadas para ir rompiendo el hielo, excursiones, buenos hoteles, hombres y mujeres de edades similares con ganas de pasarlo bien. Llegar a sentir atracción por alguien o acabar viviendo una aventura es un extra no obligatorio.  

Los días sucesivos decidirán qué experiencias vive o no Marta, pero está segura de que serán unas vacaciones muy diferentes en las que podrá dejarse llevar y ser una mujer activa, como a ella le gusta referirse, sin tapujos. El sexo para ella dejó de ser algo unido, necesariamente, al amor. Ahora es una forma más de comunicarse con otra persona, de sentir su cuerpo. No le obliga a nada más. Emparejarse es una cosa muy seria y lo hará sólo si encuentra la persona adecuada con la que pueda compaginar su vida, tal y como ella la ha decidido.

 

UN EMPRESARIO SE HACE

¿Qué hace una mujer hablando de estas cosas? ¿Qué hace una psicoanalista hablando de empresas? ¡Lo que hay que oír! Cuántas veces han querido negar mis palabras, me han tomado por inepta tantas otras y, sin embargo, el tiempo pone a todos en su sitio. Una mujer, también psicoanalista, por supuesto que tiene potestad para hablar de empresa, de política y de muchas otras cosas.

Muchos que creían demasiado en sí mismos y no escuchaban deberían ahora arrepentirse de no haber querido contar con los servicios de un psicoanalista. No son pocos los que aún piensan que eso es cosa de enfermos y locos, pero ellos son los que ahora han de padecer sus malas decisiones. Todos los buenos empresarios y las grandes empresas han sabido incorporar el asesoramiento de profesionales independientes, sólo estos son capaces de ofrecer una visión excéntrica y realista de las situaciones que atraviesa cada empresa. Las relaciones interpersonales, los procesos de cambio y crecimiento, fenómenos como el miedo o la ambición desmedida, pueden hacer peligrar, y de hecho lo hacen, el buen curso de un proyecto empresarial o profesional.

Aquellos que, sin embargo, creen saberlo todo, que no reconocen haber aprendido nada de nadie y que culpan de sus males a otros, son aquellos que fracasarán con más probabilidad. Todos hemos necesitado de otras personas, con más conocimientos, más experiencia, con otra visión, para llegar a ser lo que somos y, si de crecer se trata, hemos de seguir contando con los servicios de personas más expertas. No obstante, vivimos en un mundo donde el egoísmo y el afán de “querer solo” nublan la razón de muchos. Sólo hay que echar un vistazo a las empresas más sólidas para comprender que fueron necesarias muchas personas para llegar a ser lo que son, que la inversión en los propios medios de producción es fundamental y que el cuidado de el factor humano es lo que hará a esa empresa permanecer.

Hoy en día muchas empresas caerán, también muchos que se autodenominaron empresarios y han demostrado no haber sabido serlo. Parte de responsabilidad puede que la tenga la presente situación económica, pero gran parte recae en el tejado de cada uno, en el trabajo previo, en la constancia, en el trato ofrecido a los clientes y a los proveedores, en haberse dejado llevar o no por el brillo del dinero y haber descuidado las inversiones que su empresa necesitaba. Ahora llegan las consecuencias de lo hecho en estos años pasados. Aquellos que supieron gestionar bien sus recursos y tomar buenas decisiones, serán los que saldrán fortalecidos de estos tiempos difíciles. Aquellos otros que sólo sabían pavonearse lo van a pasar bastante mal y tendrán que empezar de cero, deseo que con alguna lección aprendida.

Ni Zapatero, ni Rajoy ni ningún otro político de turno nos van a regalar nada. Por ello, aprendan la lección: hay que elegir al que nos escucha y al que nos aconseja.

 

UNA SALIDA A LA CRISIS

Ya tenemos otra salida a la crisis. Si estamos en recesión económica, si no hay trabajo, si cada vez vienen menos clientes, si no podemos pagar la hipoteca, si nuestra pareja ya no nos quiere, si nuestros hijos pasan de nosotros, si Zapatero no nos gusta como presidente, si Rajoy no nos da confianza, si nuestra mamá ya no nos llama, si el vecino se compró el coche que te gustaba, ... Si te pasa algo de esto, si no sabes qué hacer, si no te quedan esperanzas, puedes hacer como ese padre de familia americano que ha acabado con su vida y la de su familia porque no sabía cómo hacer frente a sus problemas.

No es el primer caso de estas características, de cuando en cuando nos llegan noticias tan lamentables como esta. Es una solución, o al menos esto pensó este hombre, ya nada se puede hacer por él. Cuántas veces yo misma pensé que el suicidio sería la única solución para dejar de sufrir. Así no habría más problemas de dinero, de trabajo, de pareja, así no habría que soportar ningún desplante, ni derramar una lágrima más. Cuántas veces usted lo habrá pensado también. Parece que esta idea es muy común, lo que no debe serlo es llevarla a la práctica.

Muchas veces llegamos a ella como consecuencia de alguna insatisfacción o dificultad, y dígame si esto no es frecuente en nuestras vidas. Es cierto que hay muchas alegrías, pero alguna pena que otra también hay. ¿Por qué le damos tanto protagonismo a las insatisfacciones y dificultades? ¿Por qué no nos damos cuenta que después de la tormenta llega la calma? Es muy triste, y perdonen que haya empezado hoy invitándoles al suicidio, es muy triste, digo, que una persona llegue a quitarse la vida, incluso que se la quite a otras personas, porque no sabe cómo salir de una situación, porque se encuentra solo, porque no tiene ayuda o no sabe o no quiere pedirla. Cuántas veces esa tendencia que todos tenemos a PODER SOLOS nos lleva a graves consecuencias.

Sí, yo también he llorado, pero he reído muchísimas veces. Sé que volveré a llorar, pero estoy segura de que también volveré a reír. Lo que quiero decirle es que si hoy hay crisis, si nos van las cosas un poco mal o no tan bien como antes, ¿por qué no reconocemos que llegarán tiempos mejores? ¿Por qué no pedimos ayuda si la necesitamos? ¿Por qué ser protagonista por tu muerte y no por tu vida? Está claro que no podemos salvar a todo el mundo, ni asegurar que a todos nos vaya a ir bien, ni que vayamos a ser felices y comamos perdices, pero si estamos aquí, en este mundo, no les parece que podríamos hacer algo para salir adelante.

Si nos tendemos la mano los unos a los otros, si aprendemos a aceptar la ayuda y el trabajo de otras personas, si pensamos que hoy me ayudan a mí y mañana yo podré ayudar a otros, haremos posible un hoy y un mañana. La vida, créanme, siempre es mucho mejor que la muerte. Prueben a leer un buen poema, a echar un buen polvo, a ver una película, a ganar una buena suma de dinero, a conocer a una mujer o a un hombre interesante, a tener un buen amigo o a tumbarse en el diván de un psicoanalista y dejarse llevar. Créanme, siempre es mejor vivir aunque uno se equivoque, que morir y que el mundo siga sin ti. Porque, hay que saberlo, el mundo sigue girando y girando. Yo prefiero estar en él, cuanto más tiempo y con más intensidad, mejor. No estoy sola. ¿Y usted, quiere acompañarme?

PSICOANÁLISIS NO ES SINÓNIMO DE TRATAMIENTO PSICOLÓGICO

El Psicoanálisis no es sinónimo de tratamiento psicológico, es mucho más. Cuando desde ciertos estamentos de la Medicina, la Psicología y hasta el Periodismo se alude al Psicoanálisis como una modalidad de tratamiento psicológico, no tienen en consideración que esta disciplina nada tiene que ver ni con la Medicina ni con la Psicología, aunque médicos y psicólogos pueden recibir formación psicoanalítica.

Desde sus comienzos, a principios del siglo XX el Psicoanálisis nació como una Teoría muy diferente a las que hasta ese momento habían intentado explicar nuestro comportamiento. Una teoría que no puede reducirse a una localización orgánica de nuestro funcionamiento psíquico y que va más allá de ser una explicación etiológica de los padecimientos mentales. El Psicoanálisis estudia y define el funcionamiento de nuestra vida psíquica, los mecanismos tanto del hombre normal como del hombre enfermo, tanto en su vida individual como en las diversas modalidades de vida colectiva (pareja, familia, empresa, escuela…).

Ello supone que su aplicación práctica, el método psicoanalítico, permite transformar aquellos mecanismos psíquicos que llevaron a una persona a su situación actual (enfermedad, fracaso, insatisfacción, etc). Por este mismo motivo hay que decir que es necesario ampliar nuestra visión acerca de esta disciplina, que si bien es cierto que ayuda y trata a las personas enfermas, tiene un rango de acción mucho más amplio. Para psicoanalizarse es preciso alcanzar un grado de salud, porque hasta que una persona supere ciertas mezquindades, le será muy difícil permitirse la libertad para tumbarse en el diván y dejarse llevar por las palabras.

Para psicoanalizarse no es necesario estar enfermo, pero sí es necesaria la voluntad de querer trabajar para cambiar ciertos aspectos de la propia vida, algo que nadie puede hacer por uno.

ESTE AÑO LO CONSIGO

Todos los años la misma historia, muchas cosas que me propuse hacer se quedaron en el tintero. No cambié de trabajo, sigo apañándome con el mismo dinero, con mi novio las cosas no han mejorado mucho, del tabaco mejor no hablar, intenté dejarlo pero del mal rato ahora fumo más que antes. Con mis padres siempre acabo enfadada, siguen tratándome como su niñita y ya estoy harta de que no valoren lo que he conseguido. Para mí, que estoy al borde de la crisis de los treinta. No tengo las ilusiones que antes tenía, las cosas no han salido como imaginaba y la vida parece que me lleva.

El otro día, volvía a casa después de terminar de trabajar, algo más tarde de lo habitual, porque al jefe se le ocurrió la brillante idea de plantear los proyectos del año 2007 a última hora del día, pues bien, puse la radio del coche para evitar así que mis pensamientos siguieran martilleando mi mente, escuchar otras cosas a veces ayuda. Buscando una emisora que dijera algo interesante me encontré con un programa que no esperaba, dos psicoanalistas tras el micrófono hablaban de lo que a mi me pasa. De esta indecisión que me está quemando. Decían que psicoanalizarse ayuda a plantearse la vida de otra forma, más hechos y menos fantasías, algo así creí entender.

En el instituto ya me habían hablado de un tal Freud, aunque yo siempre me confundía y lo escribía tal cual sonaba, Froid, con lo que siempre acababa creyendo que se trataban de dos personas totalmente distintas. Pues ese personaje era el inventor del psicoanálisis. Desde entonces esa palabra ya me llamó la atención, entre otras cosas porque el profesor nos dijo que había ido un par de veces a un psicoanalista. Con los años me fui olvidando de ese impacto. Pero esta noche volvía esa palabra a mis oídos. ¿Voy a dejar que este año pase sin yo darme cuenta?

Subí el volumen de la radio y reduje la velocidad, poco me importaba ya llegar temprano o tarde a casa, mi novio que esperara, tampoco me iba a aportar nada nuevo. Quería escucharlas, que me dieran una solución a mi vida. Parecían tan convencidas de lo que hablaban, tan llenas de vida. Yo quería sentir algo así, hablar con la boca llena de mi trabajo, que la gente me mirara orgullosa. Aproveché el rojo de un semáforo para buscar un bolígrafo en mi bolso, casi no lo encuentro con tanta emoción, quería apuntar ese teléfono que repetían a lo largo del programa, que no se me escapara. De esta noche no pasaba que yo diera algún paso.

He de reconocer que tenía miedo. Una cosa es decir que uno quiere cambiar y mejorar, pero otra muy distinta es ir a la consulta de un psicoanalista. Alguna vez he visto a Woody Allen en sus películas, pero parece algo tan raro, pensarán que estoy loca o enferma. Lo mejor, no se lo digo a nadie, será algo mío, sólo mío. Ya es hora que tenga algún secreto que me haga bien.

Muy nerviosa aparqué a casa, tras un buen rato de dar vueltas buscando aparcamiento, siempre igual. Subí al ascensor, metí la llave en la cerradura y, allí estaba él, en el sofá viendo uno de esos programas que suele ver. Apenas me miró, no se podía imaginar lo que yo había vivido esa noche ni lo que iba a vivir dentro de dos días cuando fuera a la consulta de la psicoanalista con la que me había citado. Sentía unos nervios en el estómago, estaba impaciente, este nuevo año lo voy a conseguir.

LA NAVIDAD LLAMA A MI PUERTA

Es una noche interminable. Los sueños se suceden sin darme tregua, recordándome los problemas que me perseguirán a la mañana siguiente y a los que no sé cómo enfrentarme. Desayuno cada día con grandes titulares de noticias que parecen vaticinar el fin de nuestro bienestar; “crisis financiera, quiebras, despidos, recesión, paro…” Ante ese panorama, ¿cómo poner una nota de color y optimismo?

 

Amanece el día 24 de diciembre y, lejos de compartir mesa y conversación con mis familiares, yo quiero escapar de este mal sueño. Atrás quedaron los alegres años infantiles en los que la única preocupación era escribir la carta a los reyes magos y esperar con deseo los regalos. En el pasado las cabalgatas cargadas de caramelos, los postres de la abuela, los besos de mis tíos,  los juegos cómplices con mis primos y hermanos. Esta noche nos reuniremos con la amargura, la preocupación y el miedo.

 

Puedo decirles que hasta ahora no me ha ido mal, tal y como está la vida debería sentirme afortunado, pero en los últimos tiempos las cosas se han puesto difíciles y el futuro no pinta muy bien. Me ronda la idea de echarlo todo por la borda. Decirlo de este modo resulta bastante frívolo, tirar la toalla cuando las cosas se tuercen un poco, nadie me dijo que la vida fuera de color de rosa ni que regalaban el éxito. En realidad nunca he conocido a ninguna persona que no haya tenido algún momento de bajón o dificultad. Si todos tomasen el camino del abandono el mundo no habría llegado muy lejos. Si renuncio ¿qué me queda? Mi propia vida la constituye esta ilusión diaria de permanecer y crecer, de hacer las cosas cada vez mejor y, al llegar a viejo, echar la vista atrás orgulloso por una vida de plena fidelidad a mis ideas

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Entre mis sábanas, en la antesala de un nuevo día, mi sueño se torna más relajado, y mis sueños dejan de resultarme una pesada lucha. Me entrego completamente al reposo seguro de que, llegado el momento oportuno, daré alguna solución a esos problemas. Casi al instante suena el despertador, de un salto salgo de la cama y voy al baño. Me miro al espejo para ver la sonrisa que luce mi cara, hace mucho tiempo que no la veía. Es Nochebuena, un día como otro cualquiera, pero un día en el que toca reunirse con la familia, los amigos, donde los mensajes de felicitación y buenos propósitos te recuerdan que no estás solo. Así que hoy me olvidaré de la crisis global, de mi crisis, de lanzarme al abismo o alcanzar la más alta cumbre. Hoy estoy decidido a vivir el día con intensidad, a vivir las cosas de la mejor forma posible. A partir de hoy quiero pertenecer al gremio de los que se levantan tras las caídas, de los que construyen tras las catástrofes, de los que confían en el futuro más allá de alcanzarlo.

 

Al salir a la calle las luces navideñas, las guirnaldas, hasta las felicitaciones de la vecina, me han resultado agradables, nada comparable a los días pasados donde casi hubiera preferido que me tragara la tierra o que se borraran varios meses del calendario. De no habérmelo propuesto hubiera acabado tragado por algunas de esas corrientes de opinión. ¿Acaso me he olvidado de aquellos tiempos donde la alegría era estar vivos? La historia siempre ha estado llena de lucha, sacrificio y superación, así que esta navidad no voy a dejar que me la amargue nadie. Sigo al pie de mi cañón, que no lanza bombas asesinas, sino palabras, proyectos, virtudes. Pienso vivir una feliz navidad y comenzar un año inolvidable.

¡FELICES FIESTAS!

POR QUÉ OCURRE, LO QUE OCURRE, EN VERANO

En verano parece que huimos de las obligaciones, sólo existe el deseo, aparente, de irse de vacaciones y olvidar, por un tiempo, el trabajo, los horarios...

Pero el tiempo no se detiene en esta calurosa estación, nuestros proyectos seguirán estancados si no trabajamos en ellos, el esfuerzo de muchos meses de gimnasio será inútil si en los meses de verano abandonamos el ritmo de trabajo que habíamos conseguido.

Es posible compatibilizar diversión y trabajo, en el sentido, de que no es más divertido dejarlo todo para después de las vacaciones. Será entonces cuando se produzcan las denominadas “depresiones post-vacacionales”.

Es necesario cambiar la concepción que tenemos del trabajo. Solemos entenderlo como un esfuerzo constante por el que, en la mayoría de los casos, obtenemos una recompensa material, que es la que nos permite vivir o sobrevivir. Pero pensar eso empobrece la amplitud de dicha palabra. Trabajo implica todo aquello que realizándose produce transformación sobre el que lo realiza, entiéndase nosotros, y que tiene como beneficio secundario efectos sobre la realidad, en tanto, hemos producido algo que antes no existía.

De qué vamos a descansar, si lo que hacemos es lo que nosotros nos hemos procurado: puesto de trabajo, relaciones, infraestructura económica, etc. Cómo nos va a pesar lo que nos ha costado tanto esfuerzo conseguir. Es como si la llegada del calor llevara implícito la obligación-necesidad de abandonarlo todo, de sacrificarnos, una vez más, por hacer aquello que parece ser lo establecido. Una vez más caemos nos dejamos llevar por lo que a otros interesa, es decir, por parar nuestro crecimiento.

GASTO SANITARIO

La sanidad propone pocas salidas. Su respuesta suele medirse con fármacos. Es la única solución que parece utilizar la Medicina para el tratamiento de múltiples dolencias.

Luego ocurre, lo que ocurre. Se habla de astronómicas cifras de gasto sanitario y se plantean recortes en las prestaciones a los usuarios.

Es de todos conocido y, aún más por los profesionales de la salud, que existen tratamientos alternativos para diversas dolencias que tal vez resulten más económicos, efectivos y con menos efectos secundarios para el paciente y “para el sistema”.

Es el caso, por ejemplo, de múltiples afecciones en las que juega un papel importante, si no primordial, el factor psíquico, como pueden ser dolencias como la hipertensión arterial, las cefaleas y jaquecas, trastornos endocrinos y metabólicos, afecciones inmunitarias, la anorexia, el cáncer, la dermatitis, disfunciones ginecológicas y gastrointestinales, las afecciones de la piel, etc. Todas ellas recibiendo un tratamiento adecuado (psicoanalítico) remitirían sin la medicalización del paciente ni el consiguiente gasto sanitario innecesario (hospitalizaciones, pruebas médicas...)

Pero parece que los organismos competentes hacen oídos sordos a esta evidencia, aduciendo, tal vez, que este tipo de tratamiento es muy caro, sin reflexionar sobre el gasto que suponen miles de pacientes recibiendo atención médica y tratamientos indadecuados , es decir, gastando el dinero en una solución que no es tal.

Apelemos entonces al sentido común ¿qué es más beneficioso: una dolencia que remite o desaparece con psicoterapia o una dolencia cronificada por un tratamiento farmacológico?

Creo que todos sabemos la respuesta.

CONVERSAR

-Conversar es una habilidad social, ¿se puede entrenar para poder mejorarla?

Como decía el poeta y psicoanalista Miguel Óscar Menassa, ni huir ni arremeter contra nada, aprender a conversar tranquilamente eso enseña el amor. Está claro que no hay humano sin lenguaje y que como humanos, l a palabra será el medio más poderoso que nos permita influir sobre otro. Es por ello que en muchas ocasiones damos una utilización perversa a las palabras, más que para transmitir, las utilizamos para dominar, someter, conseguir algo.

La palabra como habilidad social, basada en el amor a los otros, la tolerancia, implica saber escuchar, porque la conversación lleva implícito este verbo. Hablar y escuchar entonces que nos permitirán transmitir nuestros deseos e inquietudes al otro, a la vez que tener en consideración su deseo.

Por supuesto que es una habilidad que se puede mejorar, en tanto el lenguaje nos es transmitido por otros hablantes. Debemos pensar que la combinación de palabras es infinita, infinitas las formas del amor, depende entonces de nuestro posicionamiento inconsciente el que podamos combinarlas de una forma u otra.

Freud descubrió que si no hablamos con las palabras, hablamos con los síntomas, con el cuerpo. Es por ello recomendable, desde el punto de vista de la salud, no sólo física, sino social, que podamos expresarnos a través de palabras. Siempre será mejor un misil de palabras, que uno que nos explote entre las manos. Más que entrenar en el uso de las palabras, hay que cuidar la salud psíquica para que las palabras sean eso, palabras.

 

-¿Cómo habría que entablar una conversación cuando no existe demasiada confianza con el interlocutor? Por ejemplo, en una comida o celebración en la que nos sientan en una mesa junto a personas que no conocemos o bien en el caso de encontrarnos en alguna situación (en el ascensor, por ejemplo) con el director de nuestra empresa (con quien apenas tenemos relación...).

Nos relacionamos con las personas a través del proceso de identificación, esto quiere decir que el otro nos sirve de espejo. Siempre que nos encontramos frente a alguien, ese alguien funciona para nosotros como un espejo. Sólo nos relacionamos con él si somos capaces de reconocernos en él, si encuentra rasgos de sí mismos en el otro, agradables o desagradables.

Por eso puede explicarse por qué nos caen bien o mal personas que es la primera vez que vemos, porque hemos encontrado en ellas rasgos agradables o desagradables que nos recuerdan a nosotros mismos. Sólo nos relacionamos con quien nos identificamos. Si no encontramos rasgos de lo que fuimos, somos, deseamos ser o rasgos de nuestra figura paterna o materna, esa persona pasará desapercibida para nosotros.

Nos podemos identificar a una ideología, una mirada, un recuerdo, una imagen, un proyecto… Siempre que guarde buena relación con lo que fui, seré o quiero ser, las relaciones fluirán positivamente, pero si lo que encuentro en el otro son rasgos que no soporto, esa intolerancia la proyecto hacia el otro.

Esta proyección hacia los otros implica que en función de cómo nos llevemos con nosotros mismos nos relacionaremos con las demás personas. Más que planear cómo pueden ser las conversaciones, tendríamos que llevarnos mejor con nosotros mismos y con nuestras imperfecciones. La humildad es una característica que sería conveniente desarrollar, ella nos permite el acercamiento a la otra persona.

Aventurarse en la palabra es la verdadera aventura de los encuentros. No hay que tener miedo de lo que decimos ni de lo que el otro pensará, nosotros somos nuestro mayor censor. Si hablamos con libertad y humildad, si sabemos escuchar, el éxito está asegurado. El verdadero triunfo es producir un encuentro con otro ser humano y aprender cada día algo nuevo.

-¿Con actitud se suele afrontar este tipo de situación? ¿Cuáles son las reacciones más frecuentes?

Normalmente, de ahí tantos conflictos y fracasos, intentamos imponer en el otro nuestra forma de pensar. El principal problema es que no toleramos otras formas de entender las cosas, no sabemos escuchar y más que una conversación mantenemos monólogos en los que siempre pretendemos llevar la razón.

Hay que renunciar a ello. Tenemos que tratar a las personas por encima de convencionalismos. Esta claro que somos una persona diferente en función de quién tengamos enfrente. No somos iguales ante un amigo que ante nuestro jefe. Sería más satisfactorio despojarnos de tantas máscaras y tratar a las personas con respeto, a pesar de las diferencias. Puede ser grato descubrir que nuestro jefe también es un ser humano.

-¿Y qué consejos habría que tener en cuenta? (Quizás ser natural, desarrollar empatía...)

El primer consejo ser tolerantes con nosotros mismos, si no nos permitimos equivocarnos, difícilmente vamos a poder abrir la boca. Nunca sabemos de antemano cómo van a salir las cosas, la única manera, hacerlo. Hasta la ciencia avanza a través del error.

Segundo consejo, si cuidamos nuestra salud psíquica, podremos tolerar la incertidumbre de todo comienzo. Como decíamos antes, hay que estar bien posicionados en el lenguaje, ocurre que hablamos según nuestra concepción del mundo, del sexo, de cómo es un hombre, de cómo es una mujer, etc. Esta ideología no suele ser nada moderna, más bien se corresponde a lo que no ha sido transmitido por la familia. Si pienso, por ejemplo, que una mujer no puede ser inteligente, cómo voy a hablar de algo interesante. Si pienso que el jefe es inaccesible… si un hombre y una mujer sólo hablan con fines sexuales... Como vemos hay muchas ideas inconscientes que determinan nuestra forma de hablar y de afrontar una conversación o una situación social. Si no cambiamos esas ideas, difícilmente vamos a lograr tener éxito social.

-Supongo que el tono y el ritmo de la conversación es importante...

Está claro, cómo nos situemos frente a nuestro interlocutor, el tono de nuestra voz, la escucha, son fundamentales en lograr una conversación agradable o exitosa. Está claro que muchas veces pretendemos conseguir algo en concreto con nuestras palabras, por lo tanto, el objetivo marcará la dirección de la conversación. Otras veces, sin embargo, se trata de un encuentro en el que ninguno de los participantes sabe a dónde va a llevar el encuentro de palabras.

Como venimos diciendo, lo mejor es no planear, aprender a ser más tolerantes con las palabras y con las personas, no tener miedo a equivocarse, siempre hay tiempo de corregirse, de pedir perdón. La mayor cualidad es ser imperfecto y reconocerlo.

-Y también influirá el grado de timidez...

En psicoanálisis decimos que el tímido es un exhibicionista reprimido. Esto les resultará curioso y hasta rechazable, pero si observamos son muchas las ocasiones en las que el que no habla es el que llama la atención, como si denotara con su actitud una incomodidad.

Por lo tanto, cuidado tímidos que vemos vuestras intenciones. Hay que ser generosos, al menos, da al otro alguna palabra, alguna mirada. Reconoce que tienes deseos, como todos.

-La principal inquietud suele ser: ¿De qué hablo? En el caso de personas relacionadas con nuestro trabajo es más fácil por esa afinidad (supongo), pero en otros casos, no sé si se debería sacar la vida familiar , los gustos, las aficiones... ¿Cuáles serían entonces los temas recomendables? ¿Hay también temas prohibidos? ¿Cabrían las preguntas? ¿Y los elogios?

Ya sabemos que “dime de qué presumes y te diré de qué careces”, por lo tanto, más que hablar sólo de lo que dominamos o hacernos los listillos, es conveniente reconozcamos nuestras limitaciones, en el sentido, de que mostremos al otro nuestro deseo de aprender cosas nuevas. Tener aficiones, leer, estar al tanto de noticias, puede venirnos muy bien a la hora de conversar. Aunque siempre hablamos de nosotros mismos, será para el otro más interesante si hablamos de cosas que nos gustan que, al fin y al cabo, nos describen.

Temas prohibidos no hay, porque de qué vamos a tener miedo. Soy partidaria de la sinceridad, de mostrarse ante los demás como uno es, está claro que siempre hay que adecuarse a las situaciones. Podemos crear con nuestra sinceridad y nuestra forma de hablar un clima de confianza, hasta con una persona que no hayamos visto nunca antes.

Los elogios siempre son bien recibidos, son regalos, por qué no tener la generosidad de elogiar a la otra persona si algo bueno de ella nos llamó la atención. No hacerlo sería una muestra de envidia por nuestra parte.

 

ASPECTOS PSÍQUICOS DE LA VIDA LABORAL.

Los psicoanalistas c oordinamos y supervisamos cualquier tipo de empresa, restaurantes, entidades bancarias, peluquerías, inmobiliarias… y vemos que utilizando el Psicoanálisis como instrumento de trabajo conseguimos resultados como aumentar las ventas, disminuir las bajas laborales, todo esto al tener en cuenta la personalidad de los trabajadores, los diferentes afectos que se producen en el ámbito laboral, como los celos o la envidia que puede desde disminuir las ventas hasta romper un negocio.

Las dificultades que las personas muestran en sus acciones laborales son siempre producto-efecto de la existencia de deseos inconscientes contrarios a la actividad laboral . Es la personalidad lo que actúa en contra del bien-hacer laboral.

La diferencia entre un trabajador más productivo de otro que no lo es está marcada por la relación que tiene frente a sus deseos inconscientes . Todo lo hacemos para algo o para alguien. Siempre obtenemos un beneficio de nuestras acciones , a veces se gana dinero, a veces se fastidia a la empresa, al compañero, a uno mismo y eso supone la satisfacción de un deseo inconsciente.

Tenemos que partir de la idea que no todo el mundo quiere lo mejor para sí , que también hay tendencias masoquistas o sufridoras que buscan satisfacción y por su existencia se explican muchos fracasos. Es muy difícil hacer un bien a otros cuando no podemos hacerlo ni a nosotros mismos.

Siempre que el trabajador tenga una problemática con el amor hacia los otros, su interés por los clientes y la empresa será nulo. Tras una actitud invidualista, en la que sólo se persigue la satisfacción de las necesidades propias, se esconde el egoísmo. Nunca trabajaré bien para la empresa si sólo persigo mis necesidades. Nadie nos enseñó a trabajar más allá de lo necesario.

Si el trabajador no tiene una buena relación con su trabajo, con la empresa, con sus compañeros, maltratará aquello con lo que la empresa crece: el cliente. El trabajador es el envoltorio del producto, así como se presente y cómo trate al cliente, así triunfará o fracasará.

Los celos, la envidia, las tendencias sufridoras, el amor, el odio… también forman parte de la relación de una persona con su puesto de trabajo, con su empresa. Cuando dos personas rivalizan, discuten, es por la existencia del mecanismo de proyección del proceso de identificación. Quiero destruirlo porque me recuerda a mi.

Los celos pueden llevar a estropear ventas, proyectos e incluso llevar al fracaso a los directivos de una empresa. Tras una conducta rencorosa se esconde un sentimiento amoroso latente.

Determinados trabajadores desean inconscientemente ocupar el lugar, el afecto, la responsabilidad de alguno de sus compañeros. Dicho deseo puede llevarles a un conflicto ético. Proyecta sobre el compañero lo que son sus propios deseos.

La envidia es mucho más peligrosa. La mayoría de los trabajadores que no venden es por una cuestión de envidia hacia los compañeros y hacia la empresa. El envidioso es capaz de hundirse en la miseria con tal de ver hundido al otro.

Cuando las personas tienen relaciones intempestivas con las figuras parentales, suelen desplazarlas al eje vertical de la empresa: jefes. Los celos infantiles con los hermanos se desplazan con facilidad hacia los compañeros de trabajo.

Hay que tener en cuenta que nos cuesta reconocer nuestros defectos . Vemos y oímos lo que nos interesa y lo que no nos interesa, no lo queremos ver ni oír. Nos engañamos a nosotros mismos para llevar siempre la razón. Si algo nos molesta de otra persona, es por algo que vemos de nosotros reflejados en ella. Desplazamos nuestros defectos hacia otras personas. De esta forma trabajar en equipo resulta complejo.

La realidad que tenemos es la realidad que producimos. Cuando alguien dice que no puede, en realidad, es que no quiere. Un negocio no fracasa de un día para otro. Todo lo hacemos para satisfacer nuestra manera de pensar, aunque con ello fracasemos.

El sentimiento de culpa también tiene su relevancia en el proceso laboral. Encontramos los denominados delincuentes laborales , aquellos que tienden a robar, estafar a la empresa, sabiendo que acabarán siendo descubiertos. Los cometen porque esperan ser descubiertos y castigados, por ello alcanzarán un alivio psíquico de su sentimiento de culpa. Este sentimiento surge simplemente ante la fantasía o deseo de realizar un acto contrario a su ética.

La problemática personal de una persona (divorcio, muerte…) también influye en su vida laboral. Si la persona siente que hizo algo mal, puede castigarse castigando su trabajo.

Es de actualidad el importante incremento de las bajas laborales debido al estrés. Profesionales de la salud, empresarios cuyas decisiones suponen millones de pesetas, ejecutivos que dejan de rendir como en ellos era costumbre, deportistas que fallan en los momentos decisivos, abogados y periodistas acosados en sus tareas por la incertidumbre...

Alarma social que denota «algo» en trabajadores que triunfando en sus labores cotidianas se desploman hasta el punto de interrumpir su diaria tarea productiva, durante un tiempo.

El estrés es un estado de ansiedad y angustia que se acompaña con una serie de síntomas: taquicardia, calambres, contracturas, cefaleas, sudoración, agresividad, desgana, apatía general, insomnio... No es por consiguiente el estrés el nombre de una enfermedad, sino un conjunto de síntomas.

Las causas a las que se adjudica estas dolencias son las preocupaciones provenientes del trabajo. Algunos tratamientos proponen para combatir este estado de tensión, su contrapartida, es decir, el descanso y la relajación.

Como psicoanalistas sabemos que se incluye bajo el término estrés una situación que conocemos con el término angustia. Con el término estrés se oculta la represión del odio, el amor, el miedo, los celos, la envidia, etc. El estrés oculta situaciones que tienen que ver con la angustia.

La intolerancia ante el semejante, marca la dificultad para incorporar lo nuevo. Ayer nunca volverá y algunos pacientes piden ser como «ellos» eran antes de enfermar. Todo tiempo pasado es pasado, no mejor, lo mejor está por venir si el sujeto es capaz de construírselo.

Hemos llegado a lo que denominamos el " Análisis para Empresas ", entendiendo al mismo como un aporte o ayuda a la estructura de la Empresa cuando hay dificultades en los procesos de producción debido a la existencia de resistencias psíquicas motivadas por cuestiones de tipo afectivo entre los socios directivos o entre trabajadores y empresa.

Se organizan sesiones grupales con la directiva e incluso con grupos de empleados, cuya función laboral es fundamental dentro del organigrama de la empresa.

La Supervisión Empresarial se materializa con la figura de un psicoanalista -que hace las veces de observador y coordinador- y el equipo directivo que será quien desarrolle la problemática que consideran como causante de las dificultades productivas por las que está atravesando la empresa.

Las dificultades, no es necesario que lleguen a ser económicas, ya que llegar a este punto, es sinónimo de que algún deterioro en el proceso de productividad ha acontecido dentro de la estructura empresarial. Una dificultad precoz -por ejemplo- de comunicación entre uno o dos socios, puede ser causa de futuros trastornos dentro del proceso de producción de la empresa.

La mayoría de los afectos existentes -ya sean celos, envidias, rencores, odio, amor, deseo, etc.- pueden mostrarse de una manera consciente, pero muchas veces, tales afectos no se manifiestan sino bajo la forma de equivocaciones donde hago fracasar al otro, errores que llevan a cuestionar la efectividad de un socio, etc... Equivocaciones tras equivocaciones que a la larga deterioran las relaciones y el proceso comunicativo . Y luego será la estructura de la empresa la que acabará resintiendo.

El psicoanálisis viene a mostrar que cualquier relación entre personas está sujeta a la subjetividad individual de cada integrante y para que haya relación, debe haber pacto, se debe trabajar para la función. Sin embargo, muchos empresarios trabajan para su persona, para sus deseos egoístas y no para ser una función de la cual se benefician otros socios. Ello es debido a que entre sujetos siempre surgen afectos.

Muchos empresarios rivalizan de un modo inconsciente entre ellos y puede conducirles a un estado de agresividad donde alguno tiene que desaparecer. Al final, las discrepancias que muchas veces, esconden fantasías de enriquecimiento individuales, les acabará separando.

Podríamos decir, que lo difícil entre empresarios es establecer un pacto, donde el pacto es el que los va a llevar a una mejora económica.

Las tramas afectivas inconscientes suelen ser junto con la intolerancia al éxito, las causas más frecuentes que perturban el desarrollo y el buen funcionamiento empresarial .

Vamos a realizar un acercamiento a la problemática que habitualmente surge en las denominadas " empresas familiares ". Esta clase de empresa habitualmente ha sido creada por el patriarca familiar y la dirección actual de la misma puede estar llevaba a cabo por dicha figura o por sus herederos directos. Otra variante es cuando varios miembros de una misma familia (hermanos y cuñados) deciden crear una empresa familiar cuya seguridad inicial está sostenida por los lazos sanguíneos, los cuales, con el tiempo suelen ser la causa principal del desarrollo de tormentas afectivas.

Cuando la relación padre-hijo funciona cordialmente, el desarrollo de la empresa sigue una curva ascendente, sin embargo cuando hay discrepancias afectivas, el negocio familiar se resiente en una proporción directa al grado de conflicto afectivo existente.

Si llevamos a cabo un estudio psicoanalítico de esta cuestión, podemos encontrar similitudes entre la relación afectiva que un hijo adulto tiene con su padre y la relación afectiva que el mismo hijo tenía con el mismo padre en su más tierna infancia .

Un padre nunca es bien visto por su hijo porque se le considera el interruptor del goce primitivo con la madre. Cuando la hostilidad hacia el padre es manifiesta, son frecuentes los estados físicos o verbales de agresividad. En su grado extremo le conducen al deseo de muerte de la figura paterna.

Hay deseos inconscientes que perduran y acompañan toda la vida al individuo y cuando la resolución edípica no se ha producido en términos civilizados el deseo hostil del hijo hacia el padre le puede llevar a un desplazamiento de su agresividad inconsciente no hacia su figura física pero sí hacia cualquier construcción real o simbólica que tenga que ver con el padre.

Una empresa creada por un padre es un blanco fácil para un hijo con mala resolución edípica. Y la manera de hacer fracasar al padre es fracasando él o haciendo fracasar la empresa paterna.

El Departamento de Formación Empresarial Superior de la Escuela Grupo Cero está desarrollando el Curso Teoría de la Personalidad Aplicada a lo Laboral y a la Venta . En el curso se despliegan una serie de conceptos que son de vital importancia para las empresas hoy en día.

El curso se divide en dos partes, teoría de la personalidad aplicada a lo laboral, al trabajador y la segunda parte, teoría de la personalidad aplicada a la venta.
Se dicen cosas muy interesantes, es la primera vez que escuchamos decir que los afectos influyen a la hora de realizar un trabajo . Existen deseos inconscientes en cada persona y en ocasiones su satisfacción no tiene que ver con la realización de la tarea que toca desempeñar en ese momento.

Para algunos trabajadores son más importantes las necesidades afectivas que las económicas. Hay quienes a la hora de trabajar prefieren satisfacer su deseo de fastidiar a sus compañeros, en lugar de ganar dinero. Esta necesidad es más importante que la propia actividad laboral.

Lo primero que hay que hacer es identificar a este tipo de trabajadores y mostrarles sus intenciones. Si son capaces de reconocer de alguna manera que les pasa eso, habrá un porcentaje alto de trabajadores que puedan rectificar. Si niegan que eso les pasa, es grave, porque negar una realidad es padecerla.

Cuando en una empresa sus trabajadores no funcionan, por uno u otro motivo, lo que hay que hacer es llamar al especialista para que valore lo que ocurre. La Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero tiene una larga experiencia en la supervisión de empresas. En breves periódos de tiempo se logran importantes beneficios para las empresas.

Los sentimientos y los afectos, tanto en la vida laboral como en la personal, en ocasiones, interrumpen las relaciones. Por tanto para prevenir llegar a extremos, la recomendación es que se psicoanalicen .

SOLTERÍA 

En otras ocasiones hemos hablado de situaciones propias de relaciones de pareja, pero no todo el mundo está emparejado. Podemos decir incluso, que cada día es más frecuente tomar la soltería como una opción.

Muchas son las empresas que se frotan las manos con el negocio que suponen estas personas, con un mayor poder adquisitivo que gustan de disfrutar su tiempo libre. Ahora se llaman “singles”, pero aún hay quienes siguen llamándolos “solterones”.

Estado pasajero o no, el tiempo de soltería no ha de tomarse como una etapa poco interesante. El entablar diferentes relaciones, el viajar, el salir o no salir cuando se quiera, el no tener que dar explicaciones, disfrutar más de los amigos, cambiar de ciudad o apuntarse a aquello para lo que nunca se veía la hora…, son algunas de las cosas que pueden hacerse.

Está claro que solo o en pareja uno tiene que estar a gusto consigo mismo. Es habitual fantasear que cuando uno esté emparejado las cosas serán mejores, podrá hacer cosas diferentes que no se atreve a realizar por sí mismo. Desgraciadamente, también es frecuente que se quede en mera fantasía. No puedo esperar que otros hagan por mi lo que yo no soy capaz de hacer. Cada momento es bueno para desarrollar nuestra independencia y autosuficiencia, lo que llevará a un aumento de nuestra autoestima.

No hay que tener miedo de estar solo/a, porque para el Psicoanálisis estar solo y sentirse solo son cosas diferentes. Uno puede sentirse solo rodeado de gente y tiene que ver más bien con la elaboración de un plan solitario, es decir, con alguna tendencia agresiva. Estar solo es otra cosa, puedo estar solo en casa, trabajar solo, pero saber que estoy rodeado de personas, sentirme arropado, con compañeros de vida. En esta situación no tiene por qué invadirnos ninguna tristeza y hasta para la realización de ciertas actividades es recomendable.

La única soledad que existe es ante la muerte, porque está claro que nos morimos de uno en uno. Hay veces que no se puede pedir compañía, porque nadie puede vivir las mismas sensaciones que tú. Darte cuenta de que estás solo, es darte cuenta de que eres mortal.

A pesar de todas las ventajas que puede tener estar soltero/a, no tener pareja sigue siendo una situación que tiene colgado su “San Benito”. Siempre te hacen la típica pregunta: “ A ver cuándo te echas novia” “ Te vas a quedar para vestir santos” “No sé qué hacer con este hijo mío, hasta que no tenga novia no me quedo tranquila”…

La moral cultural sigue esperando de nosotros que nos organicemos de esta forma que no busca otra cosa que la procreación de un estilo de sociedad, así como la reproducción de la especie, claro. Este sistema donde nos quieren imponer a todos una manera de vivir no tiene por qué ser la mejor forma para todos. Ya lo dijo Freud, cada ser humano tiene una forma de gozar diferente, por tanto cuando le imponen un único modo, sólo generan enfermedad.

Cada persona tiene que producir su felicidad, a veces en pareja, otras solo. Lo ideal no existe. Seamos terrenales. Ya hablamos de la masturbación como primer modelo de sexualidad. Nuestras tendencias buscan el placer y una vez que lo alcanzamos, nos cuesta muchísimo renunciar a él. La persona que no tiene pareja no tiene por qué renunciar a su sexualidad, es más, nadie puede renunciar a ella, cuando lo hace se enferma. Existe la masturbación, el arte, la escritura, y también existen multitud de personas interesantes por conocer y que pueden aportarnos infinitud de satisfacciones, sin que tengamos que hacerlas eternas.

Una persona tiene que tener más deseos en la vida además de tener pareja, porque si este fuese su único deseo Freud nos diría que en realidad lo que persigue es una idea de completud.

Para compartir la vida con alguien es preciso haber aprendido a habitar correctamente nuestra soledad. Si nuestra dependencia emocional del otro es demasiado alta y no sabemos estar a solas en ningún momento, es posible que también tengamos más conflictos con la pareja.

Hasta hace pocos años era muy raro encontrar parejas cuyos miembros vivieran cada uno en su casa. Ahora, es posible. Convivir con otro implica la puesta en marcha de numerosos y continuos acuerdos. Vivir cada uno en su casa constituye una forma de alternar la vida conyugal con la vida de soltero.

Vemos por tanto que lo importante es sentirse bien con la situación que uno haya sido capaz de producir. Porque la salud es en el momento adecuado con la persona adecuada. Porque nunca estamos solos y porque convivir implica la tolerancia y el respeto, hacia nosotros mismos y hacia los demás.

 

LA VUELTA A CLASE  

Cuando llega septiembre no sólo llega el final de las vacaciones para los mayores sino que los más jóvenes también se preparan para empezar un nuevo curso. Cada año se repiten situaciones similares, las quejas por los gastos escolares, los nervios la noche antes al comienzo escolar, las preocupaciones por la elección de estudios, etc.

Muchos jóvenes y niños pueden encajar mal el regreso a lo cotidiano, otros sin embargo están deseosos de volver a ver a sus compañeros de clase y contarles cómo le han ido las vacaciones.

Desde muy pronto en la vida de un niño la escuela convierte en un lugar casi tan importante como su propia casa. Pasan una gran parte de su vida, viven importantes experiencias, conocen a sus primeros amigos y el profesor pasa a adoptar un papel, a veces tan importante como el de los padres.

En el caso de los más pequeños, está claro que su primera incursión en la escuela será un paso muy importante en su vida. En su adaptación tiene mucho que ver la dependencia emocional a sus progenitores.

Por ello u na de las recomendaciones que solemos hacer a los padres, sobre todo a las madres, es que trabajen o vuelvan al trabajo tras el nacimiento de los hijos, en el sentido de evitar una excesiva dependencia madre-hijo. En muchas ocasiones la dificultad del niño para ir a la escuela es la muestra de la dificultad que tiene la madre de separarse del niño. Es bastante frecuente que ante problemas en el infante, sean los padres los que reciban tratamiento psicoanalítico.

En la escuela los niños son uno más entre compañeros, no hay privilegios, no está la madre protectora satisfaciendo sus caprichos. Representa el primer paso de entrada a la sociedad, con sus normas, límites, que nos obligan a abandonar ciertas tendencias personales a favor de una convivencia social más adecuada.

La vuelta al colegio no supone lo mismo para el joven o niño que disfruta en el centro educativo que para el que lo percibe como un alejamiento de su entorno familiar o de sus fantasías.

Tampoco significa lo mismo para el profesor con vocación de maestro, que adora a los niños, que para el que tiene problemas personales y duda sobre la eficacia de su trabajo.

Y e n el caso de los padres tampoco es lo mismo para los que entienden la escuela como medio de crecimiento de sus hijos, que para aquellos que la conciben como poco más que una manera de quitarse a los hijos de en medio.

Después de las vacaciones, donde no había horarios ni prisas para ir a la cama, con todo el día para el ocio, se hace algo cuesta arriba volver a la rutina diaria. Todo esto va a suponer una adaptación, que para algunos será más complicada que para otros. Esto tiene que ver con que hay personas a las que les cuesta más aceptar los cambios, se aferran al pasado, son fantasiosos. Todos recordamos la frase “cualquier época pasada fue mejor”, pues hay personas que viven así y, claro, de esta forma todo cambio, todo lo nuevo es un drama.

La actitud de los padres y el comportamiento de los profesores son fundamentales para una correcta adaptación del niño al colegio. Es muy importante que le transmitan seguridad y tranquilidad. No hay que olvidar que en un principio los niños viven en el inconsciente sus padres, es decir, en la ideología que ellos le transmiten.

El miedo fundamental no es el de ir a la escuela, sino el de dejar el hogar y separarse de la familia. Tampoco podemos olvidar que la educación, sobre todo en niveles superiores, está muy relacionada con el terreno laboral, es decir, con la elección de profesión y la preparación para afrontar la etapa adulta.

Encontramos frecuentemente el fracaso y crisis de crecimiento en jóvenes cuando tienen que dar algún paso en su formación, muchas veces tiene que ver con esa dificultad de alejarse de la familia, que antes comentábamos. El crecimiento, el éxito, en muchas ocasiones acarrea alejarse de las ideas que nos ha transmitido la familia, incluso alcanzar posiciones sociales superiores a la de los progenitores. Como vemos, puede ser un paradigma para el psiquismo del joven, cuyo mundo debería comenzar a alejarse del hermetismo familiar.

Las sensaciones que perciben los niños ante la vuelta al colegio no son debidas al azar, manifiestan su forma de relacionarse con el mundo. Como ya dijimos antes, depende en gran medida de lo que sus padres le hayan transmitido. En muchas ocasiones son los propios padres los que establecen unas relaciones familiares herméticas y cualquier apertura al mundo es vivida como un drama.

Vamos a darles algunos consejos para ayudar a los jóvenes a volver a clase de forma saludable :

Hay que transmitirles la alegría que supone ir a la escuela. Aprender, conocer nuevos compañeros, tener cierta independencia, desarrollar sus propios gustos.

No hay que criticar los costes de los libros y material escolar. No nos damos cuenta de que continuamente nos quejamos de ello, pero el niño vive cómo somos capaces de gastarnos dinero en otras cosas: videojuegos, ropa de marca, restaurantes, viajes, etc. Con esta actitud estamos realizando una crítica a la educación de nuestros hijos.

Es recomendable participar activamente en la educación de nuestros hijos, ayudarles a hacer los deberes, preguntarles cómo ha sido el día escolar.

Por supuesto, es importante m antener una buena relación con el profesorado. Frecuentemente observamos conflictos en este sentido y de esta forma estamos “echando tierra encima” a la educación de nuestro propio hijo.

No hay que olvidarse tampoco, de que e n el colegio la autoridad la representa el profesor. El niño ha de saberlo, y los padres no deben discutir este principio.

Les deseamos a los más jóvenes una feliz vuelta a clase y muchas felicidades para aquellos que inician este año su andadura en la escuela, instituto o universidad. Que disfruten del bello camino que es aprender.

LA JUVENTUD ESTABA EN MÍ

No deja una de aprender cada día. Quién me iba a decir que ahora sería más joven que antes. Que mi vida iría hacia la plenitud a medida que avanzan los años. Que cada día desearía más estar viva. Aquello que empezó siendo un desahogo, se ha convertido en mi profesión y en mi mayor placer.

Con 16 años fui por primera vez a la consulta de un psicoanalista, aún no sabía la diferencia con respecto a un psicólogo, eso lo aprendería más tarde cuando me licencié en Psicología. Mi cabeza estaba llena de ideas e insatisfacción. La vida no me gustaba tal y como estaba planteada. Con mi hacer en estos años he aprendido tantas cosas, entre ellas, saber elegir. Nunca me engañarán con esa idea de que da igual una cosa u otra. Cada decisión te lleva a un camino distinto. Los cambios más revolucionarios son aquellos en los que sólo se modifica un pequeño detalle.

La vida es decidir y una de las decisiones fundamentales considero que es elegir el camino de la salud y el trabajo. Soy muy joven aún en el campo del Psicoanálisis, pero no dejo de aprender cosas, entre ellas, que psicoanalizarse supone el restablecimiento de la capacidad de amar y trabajar de una persona, me atrevería a decir que incluso se trata del “establecimiento de esas capacidades”. No es tan difícil elegir la salud, pero han de saber que tiene el coste de ser civilizado, de trabajar para conseguir resultados, de no elegir los caminos fáciles del placer. En el momento adecuado y con la persona adecuada. Aprender renunciar al placer inmediato, para obtener otro elaborado y superior.

A diario en mi práctica laboral soy testigo de la resistencia que muestran las personas a este estado de salud. Está claro que muchas vencen su “enemigo interior” y conquistan para sí su lugar en el mundo, lugar hecho de palabras, donde los deseos inconscientes tienen su lugar. Otros, sin embargo, se dejan llevar por excusas, límites morales o simple vagancia. ¿Para qué ser sano, si enfermo o estúpido puedo fastidiar a tanta gente?

Ser responsable de los sucesos que acontecen en tu vida es una de las cosas más importantes que he aprendido, y que me ha permitido hablar libremente de mis deseos y ambiciones. Sé que si lo deseo, puedo lograrlo. Por supuesto, con trabajo. La magia, señores y señoras, no existe. Confío en mí, en tanto no voy a dejar de psicoanalizarme, no sólo por mis pacientes, sino por mí misma, por mi futuro. Con la confianza de que si uno pudo, yo también puedo, saludo al futuro con alegría.

DECÁLOGO DEL BUEN DIVORCIO

Málaga está por encima de la media nacional en lo que a divorcios de mutuo acuerdo se refiere. La Junta de Andalucía ha presentado hoy el 'Decálogo del buen divorcio', iniciativa pionera en España. La idea: que la separación sea lo menos perjudicial para la familia.

Todos somos conscientes de la realidad de estos datos, p arece que no estamos en la era del matrimonio. Cada vez se hace más difícil afrontar la convivencia y más fácil acabar con ella. Convivir es la verdadera prueba de fuego, donde se demuestra si verdaderamente nos amamos y nos respetamos.

Hemos pasado de relaciones casi eternas en las que la separación iba en contra de la moral imperante, a otras en las que se toma el camino fácil de terminar la relación y emprender un nuevo camino por separado. Nadie aguanta a nadie.

No hay una situación ideal generalizable. Cada uno de nosotros debe trazar su propia andadura, no hay dos personas iguales, pero lo que sí es cierto es que si nos educáramos mejor, nuestras relaciones humanas podrían ser diferentes.

Recuerdo que en uno de los congresos de Psicoanálisis a los que he asistido se hablaba de que la patología de fin de siglo es la intolerancia hacia las personas. El Psicoanálisis ha develado el narcisismo de las relaciones, nos buscamos en el otro, es decir, nos gusta de los demás aquello que nos recuerda a nosotros mismos. Parece que resulta complejo amar del otro lo que es diferente a nosotros mismos. El verdadero amor se define justo por eso, tolerar lo que en el otro es diferente. El amor es “amor a las diferencias”.

El amor romántico al que aún hoy muchas personas aspiran, ofrece una utopía y condena irremediablemente al fracaso a quien lo persigue. Es un tipo de amor que se corresponde al período de enamoramiento, de idealización, donde todo parece perfecto y donde se tiene la sensación de que el mundo gira en torno a la pareja. Sabemos que este periodo es efímero, debe serlo, pues aleja al enamorado de la realidad.

Muchas veces, amar al otro implica, justamente, romper la relación de pareja. Esto previene muchas situaciones graves que pueden desembocar en maltrato. Terminar las cosas a tiempo es un criterio de salud. No debemos entender entonces, que toda ruptura amorosa es un fracaso, nada es eterno. Todo fin supone un nuevo comienzo. Si aprendemos de la experiencia y miramos el futuro con optimismo estaremos aprendiendo algo del amor, porque amar no es a una sola persona, sino amar la vida, amar crecer, aprender, trabajar.

Juntos o separados, no hay que olvidar que una pareja son dos personas, con psiquismos diferentes. Este es el primer paso para una convivencia o una separación más civilizada. Nadie nos pertenece, ni siquiera los hijos.

 

NUEVO NO, GRACIAS

Sí, doctor, quiero cambiar, que la vida me vaya mejor y ser más feliz. Frases hechas que, sin embargo, cuesta hacer realidad. El Psicoanálisis ha puesto sobre la mesa que el ser humano se resiste a cambiar, hay en él una resistencia inconsciente a cualquier beneficio que pueda suponerle el cambio.

En este sentido, vemos cada día en nuestras consultas de psicoanálisis cómo a los pacientes les cuesta hacer eso que dicen querer, ser más sanos, más responsables, más felices. Es más fácil ser idéntico a sí mismo, mantener las ideas viejas y oxidadas. Una de las tareas fundamentales del tratamiento será esa, permitir que el paciente produzca otras formas de satisfacción, renunciando a lo que tan nefasto ha sido para él.

Imaginémonos que nos paramos en una autopista, en medio de la vía, ¡qué locura, verdad!, pues eso mismo queremos hacer nosotros, detener el curso natural de las cosas, porque todos sabemos que la vida es puro movimiento. Desde el momento en el que fuimos engendrados nuestro ser no ha cesado de modificarse.

Es muy curiosa la facilidad con la que tendemos a identificarnos con un ser. “Yo soy así”, “esta es mi personalidad”, “si no te gusta, esto es lo que hay”. Como si nuestro nombre y apellidos marcaran esa imagen inalterable a lo largo de la vida. Esto mismo nos ocurre también con lo que nos rodea. Las circunstancias sociales e históricas están en continua modificación, sin embargo, pensamos que han sido siempre así y deberían serlo. No hay más que leer los diarios para comprobar nuestra intolerancia, la inmigración ¿un problema actual? o ¿un fenómeno propio de la humanidad?. Los antropólogos podrían decirnos que el ser humano se ha caracterizado siempre por la búsqueda de nuevos territorios y realidades, por un ansia de conquista y expansión. Nos parece ahora, sin embargo, que los inmigrantes vienen a quitarnos lo que es nuestro.

Todos reaccionamos con recelo a ese nuevo edificio que construyen cerca, a la línea de metro o tranvía que dicen que cambiará nuestro estilo de vida o cuando simplemente varían la parada del autobús. La voz popular ya nos lo dice “más vale malo conocido que bueno por conocer” o “virgencita que me quede como estoy”. Virgen o no, malo o bueno, los cambios son inevitables y deseables.

Las modificaciones en nuestra forma de ser se producen sin apenas darnos cuenta. De niño a adulto, sólo el calendario nos recuerda cada año el paso inalterable del tiempo. La alegría y la celebración, se tornan en ocultamiento, tristeza por los años que se vienen encima. Es necesario entender que el cambio es natural, y también lo son la incertidumbre y el miedo que trae parejos, porque implican el paso de un estado conocido a otro desconocido, de unos hábitos a otros. Ya lo dice el Psicoanálisis, el miedo es deseo, cuando el paciente nos dice “tengo miedo a…”, está hablando de su deseo. Por tanto, en lugar de inhibirnos por el temor, reconozcamos nuestros deseos de ser diferentes, porque en esa incomodidad de las diferencias se hace posible la vida.

Crecer es doloroso porque nos aleja de la idílicas fantasías infantiles y nos acercan al futuro, al fin, a la muerte. Tememos crecer porque perdemos un placer y no sabemos qué nuevo placer se va a ganar. Si aceptamos esta incertidumbre, este dolor inevitable del crecimiento, podremos alcanzar la libertad que nos dan las palabras, frente al sometimiento de la enfermedad.

La salud tiene que ver con la capacidad de adaptación. No vale repetir lo que ya se consiguió, vale aventurarse aunque sea posible la equivocación. La ciencia avanza a través de errores, perfecto no hay nada. No podemos aspirar entonces a dar pasos seguros, a hablar con certeza, a que las cosas sean cada día idénticas. Yo quiero cada día sensaciones diferentes, un sol que no sea como el de ayer, una escritura que arroje nuevos sentidos.

 

¿VIEJO YO?

La vida trae consigo el inexorable paso del tiempo, crecer, sin embargo, parece que duele. Todos tememos la llegada de la vejez, demasiado asociada a enfermedad, deterioro, soledad. Me pregunto ¿estamos preparados para envejecer? Sé que nadie está pre-parado para nada, todos tenemos que aprender a tolerar el paso del tiempo , tiempo que viene asociado a la palabra muerte . Nadie nos educa para saber vivir sin huir del final. Si os dijera que tanto jóvenes como viejos estamos igual de cerca o lejos de la muerte. A todos, algún día, nos llegará la hora, mientras tanto hay que vivir como si duráramos unos 200 años, con esa intensidad.

La vida de cada uno depende de sus propios pensamientos y deseos , nada de suerte o casualidad. Llegar a mayores para estar en un asilo, maltratados, o en casa de un familiar, como un inútil, dependen de lo que nosotros hayamos hecho para conseguirlo. Tal vez sea el momento de decirles que cada uno tiene que aprender a ocuparse de su vejez . ¿Queremos estar en manos de otros? ¿Queremos pedir una limosna de amor? ¿Queremos ser unos pobres viejos?

Es mejor que cada uno se ocupe de sus cosas y sabemos, una vejez sin dinero no puede ser buena. Con dinero podemos comprar servicios y calidad de vida, entre otras cosas, para no depender de nuestros hijos. Desde jóvenes tenemos que cuidar nuestros deseos para permitirnos una vida menos sufriente. Tener dinero no quiere decir estar por encima de los demás, quiere decir que uno es capaz de trabajar para lo que desea. Decir yo quiero tal cosa y no tener el dinero para ello, es lo mismo que decir YO NO QUIERO.

No todos llegaremos a viejos, sin embargo, un joven puede sentirse más viejo que alguien que le doble en la edad. La vejez es lo de menos, tratar de ocultar el paso de los años es la única vejez. Es muy frecuente ver personas obsesionadas por su aspecto físico, por ocultar sus arrugas, por vestir de forma juvenil, con la intención de permanecer en un tiempo de su vida. Sin embargo, por mucho que queramos escapar de ello, no vamos a poder. Hay que conquistar los años con dignidad, lo que no quiere decir que no tengamos que cuidar el cuerpo que tenemos, sabiendo que cada arruga forma parte de nuestro ser.

Otras personas, parecen más resignadas y sólo nos hablan de sus dolores, padecimientos, pérdidas, como un deprimido cuando habla de sí mismo. Ya lo dice el poeta: Hubo un instante en mi vida que mis arrugas y mis dolores tenían más fuerza que mi pensamiento, en ese instante fue donde envejecí. El envejecimiento es , entonces, sentirse viejo , caduco, inservible. No tener deseos es lo que nos conduce irremediablemente a la muerte y ser mayor no significa “no desear”, significa tener deseos diferentes , nuevos.

El Psicoanálisis recomienda a cualquier edad comenzar a aprender una nueva disciplina, ya sea aprender a pintar, a tocar el piano, comenzar una carrera universitaria… porque más allá de terminarla o no, lo que interesa es la dimensión que le da a una persona ser aprendiz en algo, la energía que se genera y los deseos.

El Psicoanálisis piensa la vejez de un modo distinto al de la gente de la calle. No son las neuronas las que se deterioran, son las relaciones sociales. Justamente una vez que uno se jubila pierde un montón de relaciones, parece que el jubilado no es importante para nadie. Tristemente, la sociedad tal y como está planteada, nos trae una vejez marginal, donde se nos va apartando de los lugares, amores, amistades.

¡No señores! Uno no tiene que ser importante para el otro, tiene que ser importante para sí mismo . Las cosas hay que hacerlas por deseo y, como he dicho, para vivir hay que desear . Una persona con 50, 60, 70 , 80 años puede emprender un nuevo proyecto empresarial, comprarse una nueva casa, cambiar de pareja, lo que desee .

Ocurre que tendemos a comparar , a decir antes podía hacer esto y ahora no, antes, antes… Uno se olvida que ahora, cada instante, es distinto. No podemos pensar cada tiempo de la vida con las mismas ideas. Por ejemplo, la adolescencia con las ideas infantiles, la vejez con las ideas de cuando uno tenía 30 años. Si pensamos ese tiempo de nuestra vida con las mismas ideas de antes, nos va a ir mal. Lo nuevo hay que pensarlo con nuevas ideas , de esta forma no existe la vejez , es una etapa más de la vida, donde no se acaban los deseos, hay otros deseos . Hay que averiguar cuáles son.

Les propongo, como el poeta, jugar a ser “indios grises”, que luchan por la construcción de un futuro que vivirán otros. ¿Joven? ¿Viejo? Lo importante es que no hay edad para comenzar una nueva vida. ¿SE ANIMAN?

EL ARTE, LA SUBLIMACIÓN

Quién posee Ciencia y Arte
también tiene Religión;
quien no posee una ni otra,
¡tenga Religión!

Goethe  

El arte forma parte, indiscutible, de nuestra vida. El propio Freud manifiesta que en cada hombre hay un poeta, un artista. Sin la función poética no hay poesía, no hay pintura, no hay música, tampoco sin ella hay interpretación psicoanalítica. El conocimiento que nos permite el Psicoanálisis de la naturaleza humana hace que entendamos como equivalentes el acto de hablar, escribir y amar; ello nos ayudará a entender mejor esa sexualidad de la que hablamos, una sexualidad más allá de la genitalidad.

Aunque un artista anide en cada uno de nosotros, es evidente que no todos hacemos el trabajo de transformación que el poeta, pintor o músico llevan a cabo para producir su obra. Un artista es, originariamente, una persona que se desvía de la realidad para dar un nuevo espacio a sus anhelos. Al contrario que el neurótico, se reencuentra con ella transformando la satisfacción de sus deseos en obras valoradas por las demás personas.

Al igual que el niño, el artista crea su propio mundo, produce un nuevo orden de cosas que le resulta más grato. Juega y transforma. Utiliza sus elucubraciones para crear lo que no existía sin su trabajo. Comparte, abandona el egoísmo de las fantasías y nos entrega su cuadro, escultura o poema.

Al abandonar la niñez, también abandonamos la grata actividad que resultaba el juego. Pero quienes conocemos la vida anímica del hombre sabemos que nunca abandona un placer que haya saboreado. En realidad, no podemos renunciar a nada, no hacemos más que cambiar unas cosas por otras. Cuando dejamos de ser niños cesamos de jugar, pero en lugar de ello fantaseamos . Hacemos castillos en el aire, escapando así de una realidad que no satisface nuestros deseos.

Muy al contrario que en el niño o el artista, el adulto se avergüenza de sus fantasías y suele ocultarlas a los demás; considerándolas como algo íntimo. Sabe que de él se espera responsabilidad, además de que entre sus deseos se encuentran algunos que le es preciso ocultar.

Podemos decir que el hombre feliz jamás fantasea, y sí tan sólo el insatisfecho. Son los deseos insatisfechos las fuerzas impulsoras de las fantasías, y cada fantasía es una satisfacción de los mismos. Deseos eróticos o ambiciosos suelen ser los protagonistas de nuestras fantasías.

El artista mitiga el carácter egoísta de sus fantasías por medio de modificaciones y ocultaciones y nos soborna con el placer estético. Si las mostrase tal cual una persona normal, no nos produciría placer alguno. El verdadero goce que el arte nos produce procede de la descarga de tensiones, no sólo para el que crea la obra, sino también para el que la contempla. El artista nos pone en situación de gozar, sin avergonzarnos, de nuestros sueños diurnos. No hay que olvidar que todos compartimos los mismos.

La fantasía tiene un papel muy importante en la vida de los hombres si nos lleva al trabajo de la creación, si es capaz de modificar la realidad. Si no es así, simplemente nos postrará en cualquier lugar, viendo transcurrir el tiempo sin hacer nada. El niño y el artista transforman la realidad, pero jamás la confunden con la fantasía.

Todo artista es un héroe para nosotros, pues es el que juega a satisfacer sus deseos mediante caminos especiales admitidos por lo demás hombres como válidos.

Toda exposición artística, culminación de todo trabajo artístico, es una invitación al placer sublimado, el artista comparte su intimidad transformada, contagiándonos el goce hallado en su realización. Espacio abierto donde la mirada es el vehículo de las palabras. Cada trazo un afán de comunicación.

El Psicoanálisis reconoce en el artista los mismos elementos que están presentes en cualquier otra persona. Las fuerzas impulsoras del arte son aquellos conflictos que conducen a otros a la neurosis. El artista busca su propia liberación, realiza sus fantasías convirtiendo lo repulsivo de sus deseos en belleza expresiva. Ahí radica su valor cultural y la dignidad de su admiración. Donde uno eligió enfermedad, el poeta, pintor o escultor puso trabajo, renunciando al egoísmo del fracaso y auto-lamentación.

Si nos contagiáramos del espíritu artístico y nos pusiéramos “manos a la obra”, produciríamos otras vidas más plenas, satisfactorias, propiamente humanas. Hay otras formas de gozar. Pon un artista en tu vida.

 

LOS JÓVENES Y LAS DROGAS

Atarán nuestras manos / y taparán nuestra boca / con alguna droga, / más bien barata.

Querrán atemperar nuestros sentidos, / nada lograrán .

Manuel Menassa, Juventud Grupo Cero

Ser joven hoy en día parece estar asociado a ciertas tendencias: alcohol, drogas, nocturnidad, falta de interés en el futuro, dinero fácil, promiscuidad sexual, etc. Si los jóvenes que se corresponden a este prejuicio han de ser el futuro de nuestra sociedad, podríamos echarnos a temblar. Sin embargo, el Psicoanálisis nos permite un instrumento de lectura de la realidad que no se deja influir por ninguna moral o fachada.

A lo largo de la historia de la Humanidad han existido diversas sustancias que el ser humano ha utilizado por sus efectos narcotizantes o euforizantes, queriendo experimentar con ellas diversas sensaciones que le alejaran de una pobre realidad cotidiana. No todos los individuos, sin embargo, las han utilizado ni en todos han producido los mismos efectos, con lo que quiero dar a entender que el poder no está en la droga, sino en lo que hagamos con ella.

Muchos artistas, escritores, pensadores han utilizado sustancias de este tipo y no por ello han dejado de ser importantes personalidades en su campo, ni sus ideas se han distorsionado. Otros, en cambio, sí nos muestran un aparente poder de las drogas que acarrea enfermedad, miseria, decrepitud. Podemos imaginarnos los heroinómanos que años atrás encontrábamos en muchas calles, con aspecto deteriorado y que reflejaban generaciones perdidas.

Hoy en día otras drogas y sustancias están de moda, y podríamos pensar que no tomarlas estuviera fuera de onda, según muchos. Escuchamos quienes dicen que “todo el mundo se droga”, “es lo que hay”, “no encuentro a nadie que no se drogue”. Excusas que sirven para seguir manteniéndose en esa peligrosa relación.

No todo el que ha tenido oportunidad de tomar alcohol, cocaína, tabaco… contrae por ello una adicción. Droga puede ser cualquier cosa: el vino, la familia, el sexo, la religión, el amor, el trabajo, la patria, el dolor, el dinero, la madre y … también la cocaína. El sujeto se escapa así de plantearse su vida, su futuro. Se aparta de las interrupciones, sobresaltos, variaciones de la propia vida, esperando alcanzar siempre el mismo goce.

Unos buscarán la droga para potenciarse intelectualmente, otros laboralmente, otros creativamente, otros sexualmente, etc. Lo que no saben es que la adicción es una forma de establecer vínculos sociales alrededor del nombre droga, esto sucede porque le está faltando un proyecto de vida personal.

No es bueno dejar tu futuro en manos de nadie, pero mucho menos en manos de ninguna sustancia que, más que permitirte o impedirte nada, puede hacerte pensar que tu bienestar o placer dependen de ella. Son muchas las personas que dicen que las relaciones sexuales son mejores con drogas, que se divierten cuando se drogan, que con el “puntillo” se ponen graciosos.

Como psicoanalista les diré que la posibilidad de divertirse depende de la plasticidad de los intereses. Si soy una persona sana, puedo interesarme por cosas diversas, puedo bromear, jugar con las palabras, combinarlas, dejarme sorprender. El buen sexo es aquel que no controlo, aquel que no busco y, sin embargo, encuentro con la persona adecuada en el momento adecuado. Es el encuentro entre dos seres diferentes, que dan y obtienen placer, sin pedir nada a cambio.

Parece que existe un interés general en mostrarnos una juventud sin ideas, sin futuro ni proyectos, que se esconde del crecimiento. Sin embargo, yo conozco una juventud que escribe, pinta, hace cine, se divierte, habla, juega, ama, trabaja, estudia, se interesa por la vida y se ocupa de su futuro. Yo conozco una juventud que vive de otra forma, descubre el amor a las diferencias, tolera el error porque le sirve para seguir creciendo, acepta tener mayores y permite que otros vengan tras de él. Conozco a personas que se dejan ayudar para, algún día, poder entregar al mundo los frutos de su inteligencia y que otros se beneficien.

Esa juventud anida en cada uno de nosotros y sólo espera que seamos capaces de darle su lugar. Muchos eligen ser estúpidos, enfermos, drogadictos, pobres o torpes para fastidiar a sus familiares o amigos. No es fácil dar a tu familia un ser inteligente, trabajador, con dinero y, encima entregarte al mundo, alejarte de esas personas que son tus primeros amores.

La misma energía psíquica implica el triunfo que el fracaso, pero lógicamente los resultados son muy distintos. Renunciemos a taparnos la boca, los ojos, los oídos con ninguna droga. Démosle al mundo nuestra inteligencia, nuestras palabras y creaciones. Mezclémonos con otros seres humanos. Abandonemos la certidumbre de la droga y sumerjámonos en la incertidumbre de la vida. La salud está en el camino del deseo.

 

VIOLENCIA, A VECES, DOMÉSTICA

Hablar de violencia como violencia de género o doméstica es reducir un fenómeno humano por excelencia. Podríamos preguntarnos ¿se podrá acabar con ella?, ¿está su germen en todos nosotros?

En contraste con el pensamiento de la gente de la calle, la evidencia muestra que las mayores situaciones de maltrato y desconsideración hacia la vida humana tienen lugar en el seno de la familia, justo donde se supone que estamos con las personas que más nos quieren. Un ejemplo de ello es el maltrato a los mayores que semanas atrás destacaba un diario malagueño. Ya saben, hay amores que matan.

Las medidas preventivas de este tipo de mal-trato que se produce en los límites de la familia, son necesarias, pero no pueden prevenir todas las situaciones de violencia, al igual que no es posible acabar con las guerras, porque la agresividad es un elemento constitutivo del sujeto psíquico.

En este sentido no cabe apelar a la bondad inherente del ser humano, a su capacidad de amor y convivencia, porque a lo largo de los siglos muchos han sido los ejemplos de que el ser humano no es bondadoso, de que puede odiar a sus semejantes y puede llegar a la aniquilación. Siguiendo estos ejemplos, podríamos sentirnos desesperanzados, sin embargo la ciencia psicoanalítica ha mostrado que de las peores disposiciones humanas pueden surgir los mayores rendimientos.

Cuando se presenta de forma patente el fenómeno de la violencia en el seno de las relaciones más cercanas, hijos, padres, pareja, hermanos, es necesario pensar que algo hay que hacer. Todo estado social se asienta sobre la estructura familiar, si esta falla, habrá que pensar que la misma sociedad está fallando. Cómo acabar con este maltrato, si vivimos en una sociedad donde el amor está unido a posesión, donde se educa a los niños con malos gestos, donde no se conversa ni se tolera la libertad…

Para explicar el fenómeno, se suele pensar que los cambios sociales producidos en los últimos años, donde la mujer se ha incorporado a la vida social, chocan con el machismo y los hombres se revelan contra dicha conquista femenina. Esta explicación sociológica no tiene en cuenta la posición psíquica del sujeto, que es fundamental, tanto para la comprensión del maltrato, como para su abordaje terapéutico. Hasta el goce sexual tiene que ver, muchas veces, con el mal-trato. Sin psicoanálisis , tenemos que saber, no hay modificación de la personalidad .

Todos tenemos que hacernos responsables de la realidad que producimos. No existe la casualidad, la suerte o el destino. En ese sentido, ya no resultará tan curioso que mujeres maltratadas permanezcan años en esa situación o que el maltrato se repita con otras parejas. Hay que pensar que hay factores psíquicos que le hacen permanecer en relaciones de ese tipo o incluso producirlas. La víctima padece el maltrato, pero esa realidad es un resultado de una posición psíquica, de un pensamiento o una frase. El maltratado también tiene que buscar su responsabilidad inconsciente en eso que le ha pasado, para evitar que le vuelva a pasar.

Por supuesto, el que maltrata debe ser castigado por la ley, pero tal y como vemos a diario, no es suficiente con órdenes de alejamiento ni medidas punitivas. Para evitar caer en la violencia hay que producir una transformación en nuestra manera de pensar y de relacionarnos. Si no incluimos el Psicoanálisis en el abordaje de este tipo de situaciones no conseguiremos un cambio en la estructura que produce estas formas de relación. No se trata sólo de denunciar, sino de hablar, hablar bajo el marco analítico.

A veces hay que renunciar a un goce, para obtener otro a largo plazo, pero más beneficioso. Hay que aprender a separarse, elaborar otra concepción de amor que se aleje de la posesión, tener vida propia, gozar no sólo con el cuerpo, sino también con las palabras. Otras formas de vivir son posibles, pero hay que producirlas.

 

ATENTAR
Atentar, hay que atentar contra todo, también contra nuestra propia manera de atentar.
Miguel Óscar Menassa

La actualidad se tiñe de tristeza, la banda terrorista ETA vuelve a ser protagonista de la actualidad, recordándonos que nunca podemos estar tranquilos cuando se utilizan valores como la violencia, el odio y la destrucción. El pasado día 30 de diciembre detonó, como ustedes saben, una furgoneta bomba en el aparcamiento de la terminal 4 del aeropuerto de Madrid-Barajas, no sólo destruía la ilusión de millones de españoles, sino que asesinaba a dos personas y producía graves daños en la estructura del aparcamiento.

Una vez más los etarras demuestran de lo que son capaces, no sólo tomando el camino de la violencia y rompiendo la tregua, sino asesinando y atentando contra un símbolo de la evolución de nuestro país. Nada parece importarles la vida humana, a pesar del comunicado que publica hoy el Diario Gara. Poner una bomba de tal intensidad en un lugar tan concurrido como es un aeropuerto muestra que su objetivo asesino estaba claro.

En estos meses hemos sigo testigos de la tensión política en lo referente a la tregua y al diálogo con ETA. El presidente Zapatero ha estado en el ojo del huracán cuando, el verdadero protagonismo han de tenerlo esos nueve meses en los que los españoles hemos podido dormir un poco más tranquilos, sobretodo tantas personas que por su cargo eran objetivo de ETA y que han podido vivir de forma diferente en este tiempo.

Todo eso se ha roto. Hay que decir que la paz requiere el diálogo, aunque sea con terroristas. Para cualquier tipo de negociación hay que hablar y escuchar. Pero parece que los intereses políticos han primado sobre el bien de España, y los partidos de la oposición le han tirado los trastos al gobierno sin darse cuenta que estaban minando el camino de la paz.

Muchos han aprovechado el atentado para reafirmar sus ideas de que no se puede hablar con los terroristas. Aún así, sabemos que toda conversación o negociación lleva un tiempo e implica, por ambas partes actitud de escucha. Henri Barbusse, novelista francés decía que “Es intentando lo imposible como se realiza lo posible” y el gran poeta Goethe afirmaba amar a  aquel que desea lo imposible. ¿Creen acaso ustedes que es imposible una España sin terrorismo? ¿o acaso desean que así sea?

No se pueden prevenir todas las situaciones de violencia, al igual que no es posible acabar con las guerras, porque la agresividad es un elemento constitutivo del sujeto psíquico. Sin embargo el Psicoanálisis ha mostrado que de las peores disposiciones humanas pueden surgir los mayores rendimientos, por ese motivo aún me quedan esperanzas de que podamos construir una España diferente. Podemos renunciar a ser unos asesinos y construir un país donde resolvamos los conflictos con palabras.

Yo digo que todo es posible si ponemos el trabajo necesario para ello. Para que haya paz, hay que renunciar a la violencia, la venganza, el odio. Hay que hablar y escuchar. Aceptar que somos diferentes y, aún así, podemos convivir en un mismo mundo.

LOS JÓVENES INTERESAN

El pasado lunes 8 de enero salía publicado en el diario EL PAÍS un artículo bajo el título “¡Voto a los 16 años ya!”Al parecer son varios los textos de este tipo que se han ido publicando con la misma idea, ampliar el sufragio hasta los 16 años, dándole la opoSrtunidad de participar en la vida política a más de un millón de ciudadanos.

Esta propuesta no ha tenido demasiada repercusión en los diferentes partidos políticos, está claro que aún no han valorado en qué medida podría beneficiarles. El autor del texto considera esta ampliación como insoslayable. La Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce que toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país… por medio de representantes libremente elegidos, en España la propia Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor reconoce que hay que ampliar el reconocimiento del papel que los menores desempeñan en la sociedad.

Hay que considerar que no siempre hemos vivido como ahora. Las conquistas sociales se han ido produciendo a lo largo de la historia, ya sea referente, por ejemplo, al voto femenino, como al hecho de que el concepto de niñez no ha existido siempre. Destaco esto porque no hemos de extrañarnos ante ninguna propuesta, pues ni todas se llevan a cabo, pero sí hacen posible que vayamos avanzando hacia una sociedad más moderna.

Esta evolución tiene sus pros y sus contras. En el terreno legislativo somos testigos de la mayor protección a la infancia, pero ello no siempre se traduce en un mayor beneficio para la sociedad. Hace unos días veía un reportaje en televisión donde niños rumanos campaban a sus anchas en las calles madrileñas realizando todo tipo de maldades. Vecinos, turistas y comerciantes, eran sus víctimas y también las de un sistema que no puede hacer nada contra esa delincuencia. La policía apenas podía mantener unas horas a los menores en la comisaría, para ponerlos en libertad tiempo después. A veces eran detenidos varias veces en un mismo día. ¿Derechos o abuso? Entiendo que los ciudadanos tenemos nuestros derechos, pero cuando cumplimos con nuestros deberes.

Quiero considerar que la propuesta de que los más jóvenes puedan participar con sus votos en la vida política y social de nuestro país, se basa en el ánimo de hacerles más responsables, todos sabemos que cuando una persona asume ciertos compromisos hace las cosas con otro cuidado, pero no siempre es así. Antes de dejarme llevar por un sí o un no, quisiera que ustedes se plantearan si estamos educando a nuestros jóvenes con coherencia, si le transmitimos valores para que puedan asumir la responsabilidad que se le supone a la etapa adulta.

Es cierto, como recoge el artículo, que son muchos los nonagenarios que ejercen su derecho al voto sin que estén en plena capacidad, incluso puedo decir que disminuídos psíquicos disponen de ese mismo derecho, tratándose entonces de votos manipulados por terceras personas.

Seamos coherentes, demos responsabilidades y derechos a los jóvenes, pero que ellos se hagan cargo también de los mismos, que respondan ante sus actos. Muchos aprovechan su juventud para actuar como vándalos, sintiéndose impunes, otros sin embargo, utilizan ese mismo tiempo para formarse humana y culturalmente, demostrando que la juventud puede estar asociada a pensamiento, deseo, crecimiento.

Muchos jóvenes no están preparados para crecer, otros sí trabajan para conquistar cada día un lugar en el mundo. Nadie puede regalarnos nada, no creo que regalando el derecho al voto estemos ayudando a crear una juventud mejor, tal vez, sí estemos ayudando a que ciertos sectores políticos puedan favorecerse con ello.

¿SER JOVEN ES UN PELIGRO?

Los datos impactan: cuatro jóvenes mueren cada día en accidentes de tráfico en España. Según las conclusiones de un informe elaborado por un comité de expertos, creado a iniciativa de la Fundación RACC Automóvil Club, los choques en la carretera son la primera causa de fallecimiento entre los 15 y los 29 años.

Parece que ser joven en el siglo XXI es bastante peligroso, si no tomamos drogas, estamos de botellón, si no en paro, las enfermedades de transmisión sexual son otro riesgo que apela a nuestra responsabilidad. Los extremismos quieren conquistarnos y aprovechar nuestras fuerzas. La sociedad consumista nos vende el oro y el moro, pero sólo en su propio beneficio, sin importarles si nos hacemos adictos a los móviles, compradores compulsivos o fashion victim.

Deberíamos reflexionar sobre la facilidad que tiene nuestra sociedad para “tirar personas”, me refiero a que tenemos que darnos cuenta de que nadie se va a ocupar de que nos vaya bien, de nuestra educación, nuestra salud. Ayer mismo, en una concejalía de asuntos sociales observaba a las personas que acudían al mismo, ¡todo problemas! Con las drogas, personas solicitando vivienda, embarazos no deseados, etc. A pesar de la gran labor de los profesionales, mi conclusión fue que o se ocupa uno mismo de educarse, de hacerse trabajador y de cuidar su salud y su economía, o el mundo te tira a un rincón donde nadie te va a venir a sacar.

Como nos muestran los datos, muchos jóvenes mueren en las carreteras, existen campañas preventivas, anuncios de televisión, tu propia madre te dice “hijo, no corras”. Pero luego se sigue bebiendo alcohol y conduciendo, se exceden las velocidades permitidas, de la agresividad al volante, ya ni hablemos. Muchos, estoy segura, eligen no seguir viviendo, ¿para qué seguir en este mundo como están las cosas? Un descuido al volante y al otro barrio. Y es que no es desdeñable el número de muertes que se producen por suicidio, más muertos que los que fallecen en conflictos armados anualmente. Cuando hablamos de suicido, hay que decir que hay muchas maneras de suicidarse, una de ellas es a través de accidentes de tráfico, una gran parte de ellos están en relación con la depresión. Además, la mayor parte de los enfermos depresivos que llegan al suicidio comprenden una franja de edad entre 15 y 34 años. Muy jóvenes, como vemos.

Consciente o no de lo que uno hace, son tantas las conductas que realizamos en nuestro propio perjuicio que los profesionales nos vemos en el compromiso de apelar al deseo de vivir. Muchas personas están deprimidas, desilusionadas, sin ambiciones, pero eso mismo se puede transformar en ilusiones, deseos, capacidad de transformar la realidad. Las energías existen, falta encauzarlas. El psicoanálisis ayuda a las personas a dar nuevos caminos a dichas energías, la muerte tendrá que venir, pero a su momento.

La vida es bella, jóvenes o no tan jóvenes, podemos disfrutar de la responsabilidad, el compromiso, el aprendizaje, el trabajo, el amor, etc. Porque si miro las cosas con deseo, hasta “la bestia” tiene su belleza.

 

DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

Qué mejor forma para celebrar un día de la mujer trabajadora que trabajando y trabajar no sólo es conseguir un sueldo mensual, sino transformar el pensamiento, dar cuenta de que realizar una lectura, una tarea, escribir un artículo, produce cambios en uno mismo.

Muchas mujeres sienten que hoy es su día, por coincidir en ellas las circunstancias de ser mujeres y tener un empleo. Mi criterio es otro, ser mujer no es un ser, desde el Psicoanálisis, sino una construcción. Con esto no quiero que nadie se sienta herido, sino que comprenda que si bien la realización de ciertas tareas requieren la adopción de la posición femenina o la masculina, tanto un hombre como una mujer pueden llegar a dichas posiciones. Ya se dijo que la poesía acontece en posición femenina y son más los poetas varones. Entenderán ahora mi frase “ser mujer es una construcción” como también “ser un hombre es una construcción”.

Para la mujer queda el reto de su liberación sexual, que no es el libertinaje sexual, sino que la sexualidad tiene que ver con la palabra, la escritura, la creación, las relaciones, el trabajo, la ambición, etc. La sexualidad femenina no es tener hijos, sino saber decidir qué quiere para ella, en el campo de la pareja y en el socio-económico. Sin dinero, difícilmente nadie puede pensar con libertad, por eso el Psicoanálisis le propone a las mujeres que produzcan su lugar en el mundo, producir el dinero necesario para tener aquello que dicen desear.

Felicidades para las personas, que cada día, se mantienen en su deseo de ser trabajadores, amantes, lectores, escritores… en definitiva, que se mantienen en la acción y no en la pereza de la fantasía.

Y LLEGÓ LA PRIMAVERA

El saber popular no siempre acierta, aunque lo popular muchas veces ha llegado hasta el mismo campo científico. La propia medicina o algunos médicos reconocen que la llegada de esta estación produce cambios desagradables en las personas. La ciencia psicoanalítica pone de manifiesto que no son los cambios de estación los que afectan a nuestro estado de ánimo o a nuestra salud, sino que es la palabra cambio.

Obvia decir que el paso del tiempo es inexorable, aunque la medición del mismo sea un invento humano (los animales no tienen que mirar el reloj), dicho transcurrir es inquietante, no sólo porque en ciertas circunstancias queremos que el tiempo se detenga, sino porque la sensación que se produce en nosotros es la de no ser dueños de nuestra propia vida, el final se acerca.

En las sociedades agrarias la primavera tenía cierta relación con la naturaleza, frutos de la tierra de los que al fin y al cabo se dependía. La vida actual ha cambiado mucho desde entonces, pero persiste en nosotros el mito de este renacer primaveral. La luz solar, el aumento de la temperatura, poder realizar más actividades al aire libre pueden tener que ver con una mayor socialización, pero en el ser humano dos y dos no son cuatro. Hay personas que no salen ni a la de tres y otras en las que ni la lluvia torrencial interrumpe sus costumbres. Ninguna excusa es suficiente, cuando queremos hacer algo lo hacemos y cuando no queremos, ni aunque nos regalen el cielo.

El ser humano ha demostrado su capacidad para adaptarse a diferentes climas y espacios, ha inventado herramientas que le permitan vencer sus limitaciones corporales, por lo que sólo los obstáculos en su pensamiento son los que le impiden disfrutar o no de su vida. Dejar nuestra salud y nuestra felicidad a las condiciones externas (clima, estaciones, mercado laboral, euribor…) es una muestra de nuestro miedo a depender de nuestros propios deseos.

El gran descubrimiento psicoanalítico es que el deseo inconsciente sobredetermina nuestra vida, deseo que a veces nos lleva hacia grandes logros, pero otras pone toda su energía en la enfermedad, el fracaso, la queja. La energía psíquica de una persona es constante a lo largo de toda su vida, cuando cesa, la persona muere. Si uno está vivo dispone de dicha energía, por ese motivo cuando alguien acude a la consulta del psicoanalista pone de manifiesto su interés en distribuir de forma diferente su energía. Es increíble la capacidad de una persona cuando dispone de salud, puede realizar muchísimas tareas, amar a otras tantas personas, tolera las interrupciones y los cambios, decide morir por el camino más largo, que no es otro que la vida.

Cuando una persona está enferma (y debería preguntarse si usted lo está en mayor o menor medida) no ama todo lo que debería, sólo uno o dos amores. Además su amor es amor a sí mismo, porque quiere que la otra persona sea su ideal. Siempre se queja de su falta de tiempo y de dinero para hacer lo que dice querer. Pone excusas constantes, si he fracasado no ha sido por mí. No acepta sus errores, siempre es el otro el que se equivoca. Quiere imponer a los demás su forma de pensar, cuando es imposible que dos personas piensen lo mismo. Si estoy triste es por la primavera, no por algún pensamiento que me ronda, ni por los años que he cumplido, ni porque me hago viejo y no hago nada por disfrutar de la vida. No hace falta ser un loco para identificarse con alguna de estas frases.

Un cambio de estación nos impacta porque incluye la palabra cambio y tal vez nosotros mismos no hayamos cambiado lo necesario. Uno mismo debería preguntarse si ha cedido en su deseo. ¿Cumplió usted sus deseos? ¿Sigue con su pareja por comodidad? ¿Hace algo para mejorar sus relaciones? ¿Le gustaba algo y lo abandonó? La alegría de los cambios es que si es primavera puede ser el momento para que usted comience algo nuevo en su vida. En lugar de huir, ¿por qué no se anima a conversar tranquilamente de sus deseos, fantasías, miedos, ambiciones en el diván de un psicoanalista? El Psicoanálisis le puede ayudar a trabajar para sus deseos, si usted lo desea.

LA ADOLESCENCIA NO ADOLECE DE NADA

Vinieras y te fueras dulcemente,
de otro camino
a otro camino. Verte,
y ya otra vez no verte.
Vicente Aleixandre

Cómo la echamos de menos cuando la hemos perdido y cuánto nos pesa en nuestros hijos. “Ya no puedo más, se nos ha ido de las manos. Ha cambiado totalmente, parece otra persona. ¿Qué hemos hecho mal? Su hermano es totalmente distinto”. Algún programa de televisión y otras tantas noticias nos muestran una adolescencia llena de problemas. Adicción a internet, fracaso escolar, primeros contactos con el alcohol y las drogas, iniciación sexual, rebeldía, desorientación académica, falta de autoestima, estéticas incomprensibles, etc.

Los poetas, sin embargo, nos hablan de otra cosa muy distinta, para Luis Cernuda …perder placer es triste / como la dulce lámpara sobre el lecho nocturno / aquél fui, aquél fui, aquél he sido / era la ignorancia mi sombra… Aleixandre también nos habla de lo efímero “verte y otra vez no verte”, Juan Ramón Jiménez de los comienzos, la iniciación en las pasiones “No se atrevía a mirarme; le dije que éramos novios, ...y las lágrimas rodaron de sus ojos melancólicos”.

Desde que pisamos por primera vez este mundo toda nuestra vida es cambio, la adolescencia no deja de ser sino un tiempo más en nuestro crecimiento, tiempo marcado por sus propias conquistas. Freud dice que la separación de los padres, propia de este momento, es lo más doloroso y lo más necesario que impone el crecimiento. Hay que recordar que la sexualidad humana tiene la peculiaridad de ser algo más que una maduración de las gónadas y hormonas, cursa en dos fases separadas por una fase de latencia: la sexualidad infantil y la metamorfosis de la pubertad. Frente a la adhesión a los padres, propia de la época infantil, el adolescente tiene que separarse de ese amor prohibido e interesarse por lo extraño, ajeno a lo familiar. No obstante, hay que decir que es más fácil abandonar a los padres que a los modelos ideológicos por ellos impartidos, lo que implica que muchos hijos que aparentemente se llevan mal con sus progenitores, son fieles seguidores del modelo ideológico que ellos le han transmitido. Recuerden que las apariencias engañan.

La adolescencia es una época de crisis porque es un tiempo de crecimiento. Los recursos habituales ya no sirven para enfrentarse a la nueva situación; es una época de rupturas y pérdidas porque el cuerpo infantil sufre enormes modificaciones, los padres protectores e idealizados de la infancia se pierden. El adolescente se siente fuera de lugar, todo ha cambiado como su propio cuerpo lo ha hecho.

Nuestra vida depende de los otros, a pesar que la sociedad actual nos inculque valores como la autoayuda y el individualismo, hay que recalcar la necesidad de vincularnos a los otros. Sin alguien que desee nuestra supervivencia, nuestra educación, nuestro tiempo en este mundo tiene los días contados. Somos la riqueza de nuestras relaciones sociales, por ello el Psicoanálisis nos permite entrar en el juego de lo social, hablar para ser hablado, tener otra vida. Para alcanzar ese objetivo no hay que cambiarlo todo, una diferente distribución de lo mismo ya es una nueva vida.

Cuando el joven comienza a mostrar dificultades, lejos de llevarlo a lo patológico, hay que ayudarle a crecer. La intervención psicoanalítica es necesaria en una gran mayoría de casos, no olvidemos que actualmente es la única franja de edad con aumento de la mortalidad y que los trastornos menos graves son el germen de patologías que pueden prevenirse con psicoanálisis. Una aparente agresividad y rebeldía puede ser una demanda de amor y atención que nadie ha percibido. Lo que para unos era delincuencia, reconducido puede llevar al éxito social. Saber aprovechar las energías de la adolescencia, aprender a elegir, puede ser una de las mayores inversiones de nuestra vida.

 

NI TAN BUENOS NI TAN MALOS

Herido grave un menor de 17 años agredido por una pandilla cerca del parque de María Luisa. Fuentes del Cuerpo Nacional de Policía informaron de que los hechos tuvieron lugar en la madrugada del 12 de octubre, cuando los integrantes del grupo presuntamente comenzaron a insultar a una pareja sin motivo aparente.  En ese instante, uno de los amigos de la pareja que se encontraba cercano al lugar intentó salir en defensa de los jóvenes, siendo increpado por su actitud y golpeado brutalmente con todo tipo de elementos. El diario ABC asegura que los agresores colgaron en Internet fotos en las que aparecían manchados con la sangre de su víctima e intercambiaron mensajes en foros en los que ensalzaban la paliza.”

Este es un ejemplo más de agresiones injustificadas, si es que hay justificación válida en algún caso. El ser humano no es un ser bueno por naturaleza, todo lo contrario, es un ser entre cuyas disposiciones instintivas se incluye una relevante porción de agresividad. La agresividad es constitutiva del sujeto. Normalmente, esta tendencia agresiva requiere para manifestarse alguna provocación, algo que la justifique, incluso se pone al servicio de otros propósitos cuyo fin puede alcanzarse también a través de medios violentos. Pero en otras ocasiones, cuando no existe ningún impedimento a su manifestación y realización, dichas tendencias se manifiestan espontáneamente. Cuando alguien pega el acto agresivo constituye una afirmación de sí mismo frente a la imagen de otros. Detrás de todo gesto de agresividad hay una manifestación de un deseo sexual.

a agresividad no es un conflicto entre sujetos, sino un conflicto en cada sujeto. Aparecen sentimientos de repulsa y aversión ante lo desconocido. El narcisismo se conduce como si lo diferente o lo desconocido implicase una crítica de las particularidades individuales y fuera una invitación a cambiarlas.

Contra lo que pudiéramos creer, casi todas las relaciones afectivas íntimas de alguna duración, como matrimonio, amistad, relación padres e hijos, producen un acervo de sentimientos hostiles que, para no ser percibidos, requieren el proceso de represión psíquica. Esta hostilidad hacia personas amadas constituye una ambivalencia afectiva, ya que coexisten sentimientos cariñosos a la vez que hostiles. Los sentimientos de aversión-odio, que vemos que se desarrollan en toda relación, se manifiestan con mayor facilidad cuando se dirigen a personas extrañas, a las cuales no nos une una tan intensa relación.

La existencia de grupos favorece la hostilidad de sus miembros hacia aquellos que han sido excluidos. Siempre se podrá vincular amorosamente entre sí a mayor número de hombres, con la condición de que sobren otros en quienes descargar los golpes. Para un grupo: hinchas de un equipo, tribus urbanas… los integrantes del grupo contrario son sentidos como enemigos.

La cultura es la encargada de poner barreras a las tendencias agresivas del hombre, la restricción de la agresividad es el sacrificio primero y quizá más duro que la sociedad exige al individuo. La cultura, como vemos y padecemos, impone al ser humano sacrificios en la sexualidad y en las tendencias agresivas, por ello podemos comprender lo difícil que le resulta al hombre alcanzar la felicidad.

En el proceso de desarrollo la agresividad debe ser internalizada, devuelta al lugar de donde procede, el yo. Lo hace en calidad de superyó, instancia que se ocupa de la función de conciencia moral. La tensión creada entre el superyó, instancia moral, y el yo, subordinado al mismo, la calificamos de sentimiento de culpabilidad, que se manifiesta en forma de necesidad de castigo. Por lo tanto, la cultura domina la inclinación agresiva del sujeto, debilitándolo, y haciéndolo vigilar por una instancia alojada en él mismo. Es la influencia externa la que desarrolla en el individuo la capacidad de discernir entre el bien y el mal. Toda educación, por benigna que sea, tiene que ejercer coerción e imponer limitaciones para el mantenimiento social.

Fíjense hasta qué punto no podemos eliminar la agresividad que cada parte de agresión a cuyo cumplimiento renunciamos es incorporada por el superyó, acrecentando la agresividad contra el yo. Una de las cosas que puede hacer que un sujeto sea más agresivo que otro, más violento que otro es que su yo esté muy potenciado. La agresividad no aumenta por ver películas violentas, ni por jugar a video-juegos de guerra, la agresividad va en aumento cuando se privilegia el yo frente al sujeto.

Fomentemos el trabajo frente a la voluntad, fomentemos la repetición del acto en el estudio, el arte, el amor y entraremos en la producción de salud en lugar de la producción de enfermedad.  Contener la agresividad conduce a la enfermedad, la educación debe limitarse a impulsar aquellos procesos por medio de los cuales son dirigidas tales energías por los caminos de la producción.

FEMMA 2007, ALGO MÁS QUE ABANICOS O BISUTERÍA

Acaba de concluir la undécima edición de Femma, feria de empresarias y emprendedoras malagueñas, congregando a 239 firmas y emprendedoras de distintos sectores. Empresas de diseño gráfico, regalos a domicilio, uniformes laborales, música para bodas, asesorías, maquillaje, empresas de ayuda a domicilio, de seguridad, hasta de psicoanálisis son algunas de las que han participado en esta edición.

Entre las previsiones estaban las de recibir a unos cien mil visitantes y generar unos tres millones de euros de negocio, cúmplanse o no, el hecho es que durante cuatro días el contacto con el público ha sido continuo. Lejos de convertirse en un mercadillo, Femma debe ser el escaparate en el que las empresas malagueñas dirigidas por mujeres se muestren ante la población y den a conocer sus servicios.

No es fácil organizar un evento de estas características, como tampoco ha de serlo mantenerlo en el tiempo. Ayuntamiento y Diputación se encargan de hacerla posible, pero hay que pedirles que  no desvirtúen el sentido de esta feria, no debe ser un instrumento político ni un entretenimiento para la tercera edad. Todos los sectores de la población son nuestro objetivo, asociaciones empresariales, colegios profesionales, universitarios, deben conocer los servicios que podemos ofrecerles. Año tras año Femma tiene que crecer no sólo en número de empresas expositoras sino también en calidad de sus visitantes.

Esta es mi quinta edición y, pese al cansancio de estos cuatro intensos días, espero animarme el próximo año y seguir mostrando cómo el psicoanálisis está presente en Málaga, no sólo en la atención a pacientes, sino en la formación, en los servicios de supervisión empresarial, en los talleres de escritura, en las terapias familiares y de pareja, en la orientación vocacional de los jóvenes, etc.

Felicidades a las empresarias malagueñas que han participado en la muestra y gracias a los visitantes que han apoyado nuestro trabajo con su presencia.

 

10 DE OCTUBRE, DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL

Salud mental en un mundo cambiante: el impacto de la cultura y la diversidad.


En el día de la salud mental lógico sería felicitarle, hacerle algún regalo, un brindis tal vez, sin embargo más allá de ser un día señalado en el calendario por políticos e instituciones, es un día como otro cualquiera. Los profesionales de la salud seguimos realizando nuestra labor diaria en pos de mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes y la población en general sigue inmersa en su vida cotidiana que aún desconsidera la importancia que puede tener su “salud mental”.

Popularmente decimos que sólo “nos acordamos de Santa Rita cuando truena” y tal vez esto pase también en el tema de la salud mental. Habitualmente nos consideramos sanos mentalmente si no estamos “encerrados” o si nadie nos ha puesto la etiqueta de enfermo. Sin embargo tal vez este sea el momento y el lugar para preguntarnos qué es estar “bien del coco”. Escucho con demasiada frecuencia referirse a esquizofrénicos, deprimidos, bipolares, personas con ansiedad, psicóticos, por decir algunos, como si ellos fueran los enfermos y nosotros los sanos. En Psicoanálisis, no obstante, hablamos de una salud que no es lo contrario de enfermedad, de una salud que se produce cuando la persona está en análisis y es capaz de producir una vida diferente.

En este sentido se podrá entender mejor por qué nuestra insistencia en recomendar el psicoanálisis a la mayoría de las personas, jóvenes y mayores. Para tumbarse en el diván de un psicoanalista no es necesario estar enfermo. En la mayoría de los casos los pacientes acuden porque hay evidencias palpables de un malestar: crisis de ansiedad, fracaso amoroso, aislamiento social, síntomas depresivos, miedos injustificados, problemas sexuales y un largo etcétera. Generalmente acuden tras un largo período de indecisión, porque aún hoy seguimos dudando de la utilidad y conveniencia de los profesionales de la mente, aún nos preguntamos si será un gasto inútil, aún creemos que las cosas de nuestra “cabecita” son pasajeras. Así nos va.

Les hablo desde el conocimiento que me da mi profesión y el de haber acudido desde joven a la consulta de un psicoanalista, no se vayan a pensar que yo soy la sana y ustedes no. Nadie nos regala nada, cada uno se tiene que ocupar de su propia vida. A mi también me encantaría tener las soluciones a los problemas de la vida, me encantaría no dudar nunca, no tener miedo y ser feliz a todas horas, pero eso no existe. Por ser humanos tenemos todas esas palabras que nos impactan de un modo u otro. La salud mental, el bienestar tiene que ver con llevar todas esas cuestiones al lenguaje, cuando no es así nos acaban enfermando el cuerpo, las relaciones, la economía.

Somos el resultado de nuestra forma de concebir la vida, no se trata de tener más ni otras cosas, sino de redistribuir de una manera diferente lo que tenemos. Como ven, la salud no es lo contrario de enfermedad, es saber en el momento adecuado, con la persona indicada. La salud es una educación. Incluso una persona enferma orgánicamente puede ser una persona sana y, sin embargo, usted que se creía sano como una pera  puede ser una persona enferma, envidiosa, celosa o egoísta.

No vengo a juzgar, sino a conversar tranquilamente con usted, a hacerle entender que los resultados que obtiene son el resultado de las operaciones que realizó. Poniendo un ejemplo, una relación de pareja no se estropea de un día para otro, es el resultado de lo que cada uno de los miembros hizo previamente. Ahora lo entiende mucho mejor. Aún está a tiempo de tener otros resultados, la vida aún puede sonreírle, dese una oportunidad, su salud mental se lo agradecerá.

¿QUIÉN SE OCUPA DE MIS VACACIONES?

Pleno julio, no me dirán que no es oportuno hablar de las vacaciones, sé que muchos de ustedes lo están deseando. Cuando sale una a la calle, lo más habitual es encontrarse con alguien que te pregunta: ¿qué tal? ¿A dónde vas de vacaciones? ¡¡No tomas vacaciones!! Muchos se quedan con cara rara si les confirmas que trabajas durante el verano, que incluso trabajas más que el resto del año. No me dirán que no parece una obligación irse de veraneo, incluso hay quien te dice que es “una necesidad”.

Como vemos nuestra vida cotidiana está llena de creencias y prejuicios, que no siempre se corresponden con las verdaderas necesidades y/o deseos humanos. Pensar que las vacaciones son buenas para todo el mundo no deja de ser más que una falacia. Cuando llega el final del verano basta con poner el telediario para que nos hablen del estrés post-vacacional, el aumento de las separaciones, etc. Yo diría que no hay que esperar a septiembre, hoy mismo hay muchas personas que están de vacaciones y no saben qué hacer, simplemente saben lo que no van a hacer, no van a ir a trabajar.

Organizar este tiempo es una cuestión que queda por resolver. Habitualmente tenemos la idea de que vacaciones son sinónimo de no hacer nada, descansar, salir de lo cotidiano, escapar de la rutina. Con este pensamiento son muchos los de pierden un tiempo precioso que podrían utilizar aprendiendo un nuevo oficio, realizando una nueva actividad, conociendo lugares que durante el resto del año le resultan inaccesibles, ideas que no soy yo la que se las tiene que dar, pero que tal vez sirva para que usted se plantee si alguna vez se ha ocupado de pensar su tiempo de ocio o deja que sean otros los que se lo organicen.

Tampoco es una obligación tomar vacaciones, ante esas caras de asombro a las que antes hacía referencia, opongo ahora mi reflexión. Cuando una persona está a gusto en su trabajo, se divierte y distribuye adecuadamente sus energías, por qué va a resultar necesario descansar del mismo. Tiempo hay durante toda la semana para cambiar de actividades, estar con los amigos, parientes, ir a donde uno quiera ir. ¿Realmente es necesario interrumpir en todos los casos? Muchas veces detener la actividad puede suponer un freno en el crecimiento, a veces hay que saber esperar a que el puesto de trabajo esté constituido para poder plantearse la idea de disfrutar de unas vacaciones. Recuerdo una frase que decía algo así: “nadie como quien trabaja sabe lo que es disfrutar de unas vacaciones”. Ustedes pensarán que la mayoría de las personas trabaja, pero no es así, trabajar no sólo es ir al tajo todos los días y hacer “el paripé”, trabajar supone implicarse física y psíquicamente en la tarea, ocuparse de la función y desarrollarla y, eso, ciertamente, no todo el mundo lo hace.

Para aquellos partidarios de la novedad otra opción es cambiar de actividad, introducir nuevos compromisos o relaciones que marquen un punto de inflexión con lo anterior. Hay quien, por ejemplo, aprovecha agosto para grabar una película, para escribir un libro o para pintar la casa. Se lo toman con deseo y aprovechan ese tiempo que otros desperdician sin hacer nada, para encontrarse un producto a la vuelta de las vacaciones. No me tachen de materialista, no se trata de producir más, sino que es conveniente entender que nuestro psiquismo no se detiene, desea todo el tiempo y desea deseos. Descansar tiene que ver con modificar nuestra actividad, más que con detenernos o tumbarnos. Uno se acostumbra a cualquier cosa, hasta a no comer, pero eso no quiere decir que sea bueno. Si se encuentra cansado o aburrido de su vida cotidiana, plantéese qué es lo que le apetecería hacer y hágalo. Verá cómo éstas sí que van a ser unas buenas vacaciones.

EL PRECIO DE LAS COSAS

 

A veces uno tarda en aprender el precio de las cosas. Es duro darse cuenta de lo que una pensaba de sí misma no se confirma en sus acciones. Ayer mismo me di cuenta de que no predico con el ejemplo, que doy a manos llenas ideas y consejos que valen su peso en oro. Lo que a mí me costó años y mucho dinero se lo ofrezco a mis allegados por simple amor. ¿Querré dominarlos? ¿Querré negar la importancia del dinero? ¿Seguiré pensando que el amor es lo más importante de la vida?

 

Uno se muere de hambre si ofrece su trabajo sin remuneración, ¿por qué hago eso? Está claro que a ellos les sirven relativamente mis consejos, algunos los ponen en práctica, tal vez por mi insistencia o por el deseo de mantener nuestra amistad, pero no es fácil cambiar de vida o de pensamiento, ¿por qué creo que para ellos va a ser fácil?

 

Es cierto que no me pidieron nada, es mi tendencia ayudar a otras personas, a los que más quiero, a que la vida les vaya un poco mejor, yo me satisfago en ese acto. Si no pidieron tampoco tendrían que agradecer nada, pero algo hay que pagar para mantenerse al lado de un psicoanalista. Tanto consejo gratis que al final me rodearé de esclavos.

 

Una de las premisas fundamentales que aprendí en mi profesión es que el pago de los honorarios es fundamental para que exista el tratamiento y para que éste tenga éxito. Se dice que si el paciente no paga con dinero, paga con la vida. El pago permite que haya deuda simbólica, que algo le tenga que agradecer al psicoanálisis, si no pago tengo deudas y dudas. El que paga descansa, y en este caso el que recibe el tratamiento, el consejo o el asesoramiento, si paga puede disponer libremente de ese conocimiento. ¿Si no paga, puede ponerlo en práctica, cómo lo agradecerá? Se genera un gran problema.

 

Un poco tendré que curarme de mis tendencias, entender que la dignidad del trabajo nos hace libres, tanto al que trabaja como al que compra ese trabajo. A los amigos hay que cuidarlos, pero empezando por cuidarse uno mismo, aprender a callar para que el otro demande tus palabras. Tener una sesión diaria será mi objetivo, comprar mi libertad, para que algún día mis amigos deseen la suya.

 

Están los que quieren psicoanalizarse, al lado mío se harán ricos y, algunos, hasta sabios. Y, también, están los que no quieren psicoanalizarse, al lado mío se volverán pobres y, algunos, hasta imbéciles.

Miguel Óscar Menassa

LA JUVENTUD: ¿DIVINO PROBLEMA?

 

El camino de la juventud lleva toda una vida. Pablo Picasso

 

Un nuevo encuentro con la página en blanco me lleva a la juventud, no sé si la única forma de sentirme joven es encontrarme, cada vez, con un comienzo. Si Rubén Darío recogía en un poema el anhelo por la juventud perdida, muchas veces las noticias nos muestran una visión bastante negativa de los primeros años de nuestra vida. Basta echar un vistazo por internet y una se encuentra con esto:

 

“El número de menores enjuiciados en Andalucía ha crecido un 18,1% en dos años, según se recoge en el Informe del Menor de Andalucía 2006 que fue entregado por el defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, a la presidenta de la Cámara autonómica, María del Mar Moreno.”

 

“PERFIL DE LA JUVENTUD CORDOBESA. El 60% de los jóvenes menores de 34 años viven con sus padres. La comodidad y la falta de responsabilidades retrasa la emancipación en 4 de cada 10 casos. El desempleo es una realidad para el 59% de menores de 25 años, sobre todo si son mujeres.”

 

“La posibilidad de dar un cachete o un azote en el culo a los hijos sin que ello sea punible desde el punto de vista legal goza de un aparente consenso entre los expertos en materia educativa.”

 

“Los menores cometen delitos cada vez más violentos y actúan por puro placer. Expertos alertan de un cambio en el perfil del delincuente juvenil, que pertenece a una familia acomodada Casi 1.700 adolescentes han sido condenados este año.”

 

Visto lo visto ¡quién quiere ser joven! Datos, estadísticas, estudios intentan reflejar lo que es la vida del ser humano, encasillarla, hasta enjuiciarla, yo me pregunto si nuestra vida, nuestras ilusiones, amores, acciones, pueden definirse en unas pocas frases. Ni todas las mujeres somos iguales, ni todos los jóvenes han de tener los mismos problemas ni los mismos deseos.  Realizando este pequeño estudio, en esta tarde de un invierno un poco atípico, también leía algo sobre el tan comentado informe PISA, que pretende evaluar el estado del sistema educativo en los distintos países. Nuevamente se quiere reducir la educación a unas cuantas cifras. Entiendo que tener unos padres u otros influye en nuestra personalidad, nuestra educación, nuestro nivel cultural, pero también he descubierto gracias al Psicoanálisis, que si uno lo desea, puede hacer que otras cosas influyan sobre sí mismo.

 

Si me remito al sistema educativo, tal vez sea demasiado pretencioso esperar que “nuestra educación” dependa exclusivamente de lo que aprendemos en el colegio, el instituto y la universidad. Se sucederán las reformas educativas, cambiarán libros de texto, metodologías, pero al fin y al cabo, nuestro proceso de humanización no se detiene en la formación académica. Compartiendo con ustedes mi experiencia personal y mis reflexiones, he de decirles que no fui una alumna brillante ni puedo achacar mis fracasos al sistema educativo, lo que soy y seré se deben a que me he ocupado de mi educación y de mi formación. Comencé a ir al psicoanalista desde jovencita y también a estudiar psicoanálisis, ello me ha dado una posición en el mundo, me ha llevado a los libros, a las personas, me ha hecho madurar, escribir, hablar. Si yo he podido tener mi camino, si muchos han podido, por qué hay que pensar que los jóvenes no tienen las puertas abiertas a la cultura, al conocimiento, al dinero… Tal vez en lugar de criticar hay que halagar las cosas que los jóvenes hacen bien, los hay deportistas sacrificados, buenos estudiantes, artistas incipientes, apasionados de la música, etc.

 

En cada uno de nosotros se esconde un “criticón”, resulta mucho más fácil y menos productivo criticar e insultar que reconocer lo que las otras personas hacen bien. Muchos de los problemas de los jóvenes se deben a la impaciencia y la incomprensión de muchos adultos que olvidaron su propia juventud, recuerdo una frase del psicoanalista Miguel Óscar Menassa en la que decía algo así: si un hombre con 40 años no tiene claro lo que quiere, cómo le podemos pedir a un joven que tenga claro lo que quiere. Hay que reconocer cierta envidia cuando hablamos mal de los jóvenes, en lugar de ayudarles a crecer los miramos por encima del hombro, como si nosotros no nos equivocásemos.

 

Haz el bien y olvídalo, proverbio árabe. Tal vez sería este un modo para ayudar a nuestros jóvenes a que sus errores no sean definitivos, como los nuestros tampoco lo fueron.

 

 

LA VIDA NO ES UN CUENTO DE HADAS

Y fueron felices y comieron perdices… Así terminaban muchos de los cuentos que nos narraban de pequeños y así, tal vez, fue como la cultura nos transmitía lo que esperaba de nosotros: hallar el amor y crear una familia, vendiéndonos la felicidad como una cosa de dos. La realidad es bien distinta, ni somos tan felices ni comemos perdices que, por otro lado no sé a qué precio estarán, tal y como está la economía.

Los índices de separación se equiparan a los de nuevos matrimonios, muchas parejas cortan su relación poco después de haber comenzado su vida en común, los hijos cada vez unen menos y cuesta más criarlos, la violencia doméstica hace estragos, la satisfacción sexual en la pareja no es la panacea, los sueldos no dan para tanto, mucho menos para que un hombre pueda mantener a una mujer, ¿dónde está lo que nos habían prometido?

Es sorprendente, aún así, que perviva la ilusión “tipo Disney”, seguimos esperando encontrar a la pareja ideal, comprar un pisito, compartir alegrías y penas, en la salud y en la enfermedad, tener hijos guapísimos, hasta que la muerte los separe. Me resulta muy curioso como en las cuestiones amorosas el ser humano, sobre todo la mujer, se monta “cada película”. Da la sensación de que ella hubiera nacido para amar y recibir amor, obnubilando otras funciones humanas tan importantes como estudiar, trabajar, ganar dinero, relacionarse, pensar, hablar, etc. Ella lo entrega todo al amor, esperando que el amor le devuelva dinero, posición social, satisfacción y felicidad. Claro, luego se da el “batacazo”.

Entiendan que ninguna vida puede definirse en varias líneas, y aunque sé que nuestra ceguera respecto a nuestra forma de vivir sólo puede levantarse en el diván de un psicoanalista, me gusta reflexionar con ustedes sobre este y otros temas. El amor es un sentimiento muy poderoso y necesario para nuestra supervivencia como individuos y como especie, pero muchas veces en nombre del amor hacemos cosas que no están justificadas. Algunos matan por amor, otros abandonan su profesión, amistades, familia por una relación amorosa, los hay que viajan miles de kilómetros para abrazar a la persona amada, etc. Amar nos aporta muchas cosas buenas, porque no sólo se trata de amar a una persona, se puede y se debe amar a muchas personas, también se puede amar el trabajo que uno desempeña, amar algún deporte, algún libro, algún cuadro. El amor tendría que ser múltiple, tendría que enriquecernos, pero tantas veces me encuentro con personas que sólo tienen ojos y deseos para una única persona, que se empobrecen creyendo que así vivirán su cuento de hadas.

Dejamos de ser niños hace mucho tiempo y aunque nunca abandonamos una actividad que nos haya proporcionado placer y fantaseamos a diestro y siniestro, a los adultos nos convendría poner los pies en la tierra y aprender a valorar la realidad, nuestra realidad, que depende de nuestro trabajo e implicación. Esperar que el amor te resuelva la vida es un grave error, como también lo es creer que tener pareja te libera del trabajo diario que supone mantener esa relación, el amor y el deseo. De ahí el fracaso de tantos noviazgos y matrimonios, creían que lo habían logrado y se durmieron en los laureles. No se pueden abandonar las propias ambiciones, esa es la mayor traición.

El ser humano es aquel que ha conseguido habitar en los cinco continentes, que ha viajado al espacio, que ha posibilitado la comunicación a distancia… el ser humano es muy poderoso, pero en estas cuestiones ¡qué débil somos! Una mujer puede perder toda su inteligencia para sentirse deseada por un hombre, él puede cometer locuras para conseguir el amor de ella. Es necesario un nuevo modelo para el amor, este ya fracasó. La mujer y el hombre del siglo XXI necesitan palabras para transformarlas en trabajo que haga posible que cada uno de nosotros tenga nombre y apellidos, que viva su propia historia, que viva el amor y la sexualidad como también se viven en las novelas policíacas, en los poemas, en las cartas, en los relatos históricos. Hay millones de formas, ¿te sientes capaz de producir la tuya?

 

HIJOS ADOLESCENTES. PADRES DESORIENTADOS.

“Vinieras y te fueras, dulcemente” decían los versos de Aleixandre, sin embargo para muchos jóvenes y para muchos padres, la adolescencia no viene y se va dulcemente,  sino que es un período harto complicado. Averigüemos por qué.  

Es de todos conocido que en la pubertad el desarrollo de los órganos sexuales y los cambios hormonales transforman el cuerpo del niño en un cuerpo biológicamente adulto, con capacidad de reproducción; no somos tan conscientes de que a nivel psíquico se da una metamorfosis de consecuencias definitivas: el adolescente debe dejar atrás la familia para construir una vida propia. Este es el principal motivo que desencadena, en muchos jóvenes, diversos síntomas que muestran el “dolor” que cada humano padece al dejar atrás el amor familiar y adentrarse en la inmensidad del mundo. En este tiempo, busca entre sus coetáneos las referencias, los afectos, los pilares sobre los que construir su identidad, pareciendo en muchos casos que olvida los valores inculcados desde la infancia.  

La adolescencia es una época de rupturas y pérdidas, los padres protectores e idealizados de la infancia se pierden. El adolescente se siente fuera de lugar, las normas que antes se le aplicaban de forma efectiva ya no sirven, irrumpen en él nuevos valores e inquietudes, parece que hay que producirlo todo de nuevo, también la relación fraterno-filial. No todos atraviesan del mismo modo este tiempo. Muchos asumen estos cambios sin grandes aspavientos, ávidos de crecer. Otros se transforman, de la noche a la mañana, en chicos desobedientes, contestones y resulta bastante difícil “torearles”.  

La rebeldía no siempre hay que entenderla con ese halo peyorativo tan difundido, es necesaria para que el joven y no tan joven definan sus criterios propios, el problema está en que no solemos tolerar que los demás tengan un pensamiento distinto al nuestro, mucho menos cuando se trata de nuestros hijos. En muchas ocasiones el principal problema estriba en que los padres siguen tratándoles como “su niñito o su niñita” no teniendo en cuenta el crecimiento que en él o ella se ha producido. El grito, el portazo o el enfado no siempre tienen que interpretarse de la misma forma, a veces la propia intolerancia de los padres incentiva la respuesta desproporcionada de sus hijos. Tampoco se trata de pasarlo todo y que el chico o la chica “hagan lo que les dé la gana”, son jóvenes y necesitan orientación, apoyo y también firmeza.  

Como vemos la adolescencia no sólo es una prueba de fuego para el joven, sino también para sus padres. Ya sabemos que nadie nace sabiendo, aprender a ser padres también es un trabajo, aunque según vemos hoy en día, muchos no han reparado demasiado en ello. ¿El error es de los jóvenes o es que los padres no realizan adecuadamente su función? Considero que hay que dejar de hablar mal de los jóvenes, al fin y al cabo todos lo hemos sido y hemos cometido multitud de errores, sin que ello signifique que ahora seamos personas fracasadas ni delincuentes. Lo que es cierto es que muchos de estos “pipiolos” se encuentran desatendidos desde bien pequeñitos, muchos se han criado con las llaves de su casa, pasando la tarde solos frente al televisor o la consola, muchos dilapidan la tarde en los parques con sus amigos y otros han pasado más tiempo con los abuelos que con sus propios padres.  

Mucho cuidado con echarle la culpa al trabajo, que frecuentemente actúa como cabeza de turco de esta problemática, los niños no necesitan 24 horas a sus padres, pero sí requieren unos cuidados básicos llevados a cabo por alguna persona y, por supuesto y fundamentalmente, unos criterios educativos claros y firmes. Ahí está el principal problema. Generalmente los padres nunca se han parado a pensar cómo hay que educar a los hijos, cómo hay que afrontar los distintos tiempos de su crecimiento,  incluso muchos no se han parado a solucionar sus propios problemas de pareja que suelen reflejarse en hijos problemáticos que recogen esta herencia. 

No existen criterios educativos preestablecidos que sirvan para todos los hijos, ni consejos profesionales estándar que actúen como “varita mágica” para solventar un problema. Cada familia es distinta como lo es cada uno de los miembros que la integran, en ese sentido veo a diario en la consulta lo efectiva que resulta la atención psicoanalítica en jóvenes problemáticos o desorientados y en padres desesperados por el comportamiento de los mismos. Sólo a través de la educación, la tolerancia, la paciencia es posible un crecimiento saludable. Tampoco hay que olvidar que en este tiempo de la vida se manifiestan en muchos jóvenes procesos patológicos: depresión, ansiedad, enfermedades psicosomáticas, psicosis, anorexia, bulimia, etc. Por lo que no hay que banalizar cuando nuestro hijo o nuestra hija se muestran “trabajosos” en la adolescencia, en muchas ocasiones estos síntomas son la señal de alarma que nos avisa de que algo falla. Ponerles solución acudiendo a un profesional especializado evitará que la patología se instale, pues los jóvenes responden rápidamente al tratamiento, amén de evitar problemas mayores como el fracaso escolar, el aislamiento social o la drogadicción.

UN SÁBADO EN EL QUE DESCUBRÍ A FEDERICO

Tenía algunos de sus libros, había oído hablar mucho de él. Que era un gran poeta no lo dudaba, pero hasta este sábado de lectura pausada y en voz alta no sentí el estremecimiento de leer su poesía. Fue en el taller de escritura, con el libro Poeta en Nueva York. Semanas antes había llorado de emoción al ver y escuchar a Miguel Menassa recitar el Rey de Harlem, música, poesía y pintura se mezclaban, de forma emocionada, para llegar a mí. Ese lunes lloré. Desde entonces ya sentía curiosidad, aunque tiempo antes también me había apasionado la lectura de la obra “Bodas de Sangre”, impresionante.

Reconozco que la que fallaba era yo, no sabía darle el ritmo, entender la sutileza en el uso de las palabras, su estilo diferente. Con un auditorio de excepción, una profesora, una psicoanalista, una poeta, una amante de la poesía, se daba el marco perfecto para aprender a acercarme a este gran poeta. Y me emocioné y disfruté como nunca, quería leer más y más, porque hay que aprovechar momentos como ese. ¿Cuándo quieren escucharle a una leer poesía? ¿Quién disfruta con los versos de esa forma? ¿Quién aprecia, en estos tiempos, la cultura? Pues hay muchos aún que apreciamos la cultura, que nos estremecemos con los grandes autores, que trabajamos para difundirla y que hemos sido picados por ese gusano vil o no que nos transporta hasta los confines.Prueben, si quieren, a sentir lo que yo que sentí este sábado y muchos otros días.

Prueben, si quieren, a sumarse a este tren que nunca que deja en tierra. Aquí tienen algunos de esos bellos poemas y, si no sabes leerlos, puedes escuchar cómo otros los leen. Que los disfruten.

 

REFLEXIONES DE UNA PSICOANALISTA

Tras la experiencia desarrollada a lo largo de más de siete años de labor profesional en el campo del psicoanálisis en Málaga capital puedo llegar a las siguientes reflexiones:

  1. Existe una destacable desinformación, en todas las escalas de la sociedad, en lo que respecta a las funciones de los distintos profesionales de la salud mental: psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas.
  2. Psicólogo y Psiquiatra tienen concepciones muy distintas a la del Psicoanálisis del proceso que da lugar a las alteraciones psíquicas. El Psicoanálisis considera que son los mismos procesos los que llevan en un caso a la locura y en otros a la creación de una obra de arte. Para esta disciplina, el inconsciente pasa a regir nuestra existencia, siendo la conciencia tan sólo una parte del mismo.
  3. El Psicoanálisis no es un asunto exclusivo entre paciente y psicoanalista. La Teoría Psicoanalítica ha tenido importantes repercusiones en nuestra vida actual. No sólo la Psicología y la Filosofía, sino la Medicina, la Biología, la Arquitectura, el Arte, el Cine, la Educación son otros.
  4. Un gran porcentaje de las personas que acuden a mi consulta han recibido tratamiento farmacológico sin el éxito esperado.
  5. El Ministerio de Sanidad ha indicado que los trastornos de ansiedad, los depresivos y los adaptativos son asunto del médico de familia, salvo que haya circunstancias de mala evolución del paciente que aconsejen actuar al especialista. La propia administración desconsidera estas enfermedades.
  6. Muchos pacientes acuden al psicoanalista tras años de tratamientos infructuosos, por lo que su pensamiento y su estilo de vida están determinados por el proceso patológico, las resistencias a la reeducación que significa el tratamiento psicoanalítico serán muchas.
  7. Estamos mal-educados respecto a la importancia que tiene la salud psíquica en nuestras vidas. Vemos “normal” estar deprimido, mantener un matrimonio insatisfactorio, tener una vida sexual insatisfactoria, desconocemos la relación de nuestro psiquismo en enfermedades como: colon irritable, lupus eritematoso sistémico, úlcera gástrica, enfermedades autoinmunes, asma, alergias, etc. Entre los efectos del tratamiento se encuentran la recuperación de la capacidad de gozar y trabajar del paciente.
  8. Muchos accidentes laborales, de tráfico, fracasos escolares, impotencias sexuales, cánceres son debidos a la existencia previa de una depresión que no ha sido tratada adecuadamente.
  9. Algunas personas se escudan en el precio del tratamiento psicoanalítico para no acudir a él, cuando está claro que su situación económica se debe a su propia enfermedad y a sus decisiones. Cuando alguien dice que no puede, es que no quiere.
  10. Los profesionales tenemos una gran labor que realizar para que la sociedad (escuelas, hospitales, empresas, padres) entiendan que acudir al psicoanalista es una medida necesaria y conveniente para la salud, ya sea para mantenerla o para alcanzarla. El tratamiento psicoanalítico es muy eficaz en casos de: Depresión, ansiedad, estrés
    miedos, obsesiones, fobias, Inseguridad, timidez, crisis de angustia, adicciones
    dificultades en el trabajo y/o estudio, problemas de comportamiento, enuresis, encopresis, fracaso escolar, agresividad, orientación a padres, crisis de crecimiento, etc.
  11. Acudir a un profesional no es un capricho, en cualquier caso es una necesidad. Hay que entender, no obstante, que para psicoanalizarse no es necesario estar enfermo.

El dinero que se invierte en prevención ahorra muchísimo dinero en tratamiento.

DE LA PELUQUERÍA AL DIVÁN

Es curioso que cuantas más cosas tengo que hacer, más cosas se me ocurren. Me encuentro en mi consulta ante una tarde de estudio, de pacientes y de cine y se me ocurre escribir un rato. Debe ser que cada vez me apasiona más esto de transformarme en letras y llegar hasta lugares insospechados.  

Me pregunto, una vez más, si nos falta un poco de cultura o es que carecemos, aún, de los medios para acceder a los servicios de atención y asesoramiento psicoanalíticos. Pensaba el otro día en la cantidad de peluquerías que hay. Paseas por cualquier calle y te encuentras más de una. Si las siguen abriendo será, por otro lado, porque el negocio funciona. Ciertamente todos necesitamos cuidarnos, más o menos, el pelo, hasta los calvos cuidan su cabecita. Si hay tantas debe ser porque es un servicio necesario y utilizado.  

Si lo comparamos con el número de psicoanalistas por barrio, lamentablemente, quedamos en bastante mal lugar, aún sigue siendo una profesión excepcional y hasta sorprendente y, aunque todos tenemos el teléfono de una peluquería en nuestro móvil, la mayoría no tiene el teléfono de un psicoanalista en su teléfono ni la intención de tenerlo. ¿Acaso es un servicio innecesario? Basta echar un vistazo a los periódicos y no faltan noticias que destacan el aumento de enfermos de depresión, el incremento de las bajas laborales por enfermedades psíquicas, el número de separaciones y divorcios, las cifras de fracaso escolar, los índices de drogadicción, la insatisfacción general de la población, el miedo al futuro, la incertidumbre económica… Me parece entonces un servicio MUY necesario, diría que cada día más imprescindible en la vida de una persona. 

Si se pusiera de moda, los más fashion alardearían de ir al psicoanalista más caro y famoso de su ciudad y los servicios de sanidad privada y pública tendrían que incluir entre sus facultativos a los psicoanalistas para no pecar de antiguos. Sin embargo, el psicoanálisis nunca se pondrá de moda porque es una forma fuerte de pensar la vida, porque no se vende a ninguna ideología, porque dice las cosas como son y no se muerde la lengua y porque sólo triunfa allí donde se puede hablar. Lamentablemente parece que en España eso de hablar no nos gusta demasiado, eso de calladito estás más guapo ha calado bastante y preferimos quedarnos con lo malo conocido.  

Psicoanalistas haberlos haylos, somos menos de los que debería haber, hacen falta más valientes que se animen a formarse en esta carrera tan apasionante y que se dispongan a llevar a todas las clases sociales su trabajo, repito, a todas las clases sociales. Porque si ustedes piensan que ir al psicoanalista es un artículo de lujo es que han leído poco. Desde hace años Grupo Cero oferta precios bastante populares para que jóvenes y no tan jóvenes puedan tumbarse en el diván y mejorar su calidad de vida. Hemos demostrado que el que quiere puede  y el que no quiere, no se psicoanaliza ni aunque se lo regalen. Muchos prefieren pasar la vida quejándose de lo pobrecitos que son, en lugar de poner manos a la obra para alegrarse un poco. Tal vez la mayoría estamos maleducados y no nos hacemos responsables de nuestra propia felicidad-infelicidad. Espero que algún día podamos presumir de un país en el que se va no sólo con la cabeza bien peinada, sino también con la cabeza bien amueblada. (Pueden a ir empezando a pedir cita: políticos, empresarios, profesores, médicos, jueces…)

UNA NOCHE DE FIESTA A CAMBIO DE UNAS TETAS NUEVAS

¿Nos gusta la polémica o es que acaso vivimos en un país de sin ética? Estos días, una discoteca valenciana pretendía sortear una operación de aumento de pecho entre los asistentes a una noche de juerga. Para ellos era un “homenaje a la mujer” y una forma de atraer clientes, aunque, desde mi punto de vista, no creo que necesiten ese tipo de anzuelos para llenar, semana a semana, su pista de baile. 

Las voces en contra no se han hecho esperar, lo que ha llevado a la dirección de la discoteca a modificar el premio, en último término se regalará un bono de estética y un set de peluquería y maquillaje. Según los precursores de la iniciativa la idea respondía a una demanda en auge en la región, no en vano la Comunidad Valenciana es una de las regiones europeas donde se realizan más operaciones estéticas. Recientemente el portavoz de las clínicas valencianas asociadas a la Sociedad Española de Cirugía Plástica y Reconstructiva indicó que la Comunitat, con 15.000 operaciones de cirugía estética al año, "es una de las regiones europeas con mayor volumen de cirugía de este tipo por número de habitantes". Eliminar la obesidad, reducir el tamaño de pechos o el estómago se encuentran entre las principales intervenciones. Entre los hombres, destacan las operaciones de pectorales, glúteos, nariz y orejas.  

Es interesante destacar que en los últimos años se han incrementado los menores que se someten a una intervención estética, en estos casos se necesita la autorización de los dos progenitores y siempre es conveniente un informe psicológico del profesional del colegio al que acude el menor. No sólo los teléfonos móviles, internet y las consolas, los arreglillos, a este paso, pueden ser el regalo de las navidades. ¡Lo que hay que oír! Asistimos a una banalización sin precedentes de lo que debe ser una cuestión de salud, aunque incluyamos en ella lo estético.  

Algún profesional del campo reconocía en una entrevista que los cirujanos plásticos son los especialistas que más pacientes reciben con problemas psicológicos, después de los psiquiatras y los psicoanalistas, afirmación que resulta curiosa a la vez que preocupante. El psiquismo es el responsable de que nos veamos bien, incluso de que nos gustemos o de que, por el contrario, nos odiemos y nos sintamos prisioneros de un cuerpo que no reconocemos. No es la primera vez que nos llevamos las manos a la cabeza cuando somos testigos de situaciones de este tipo. Muchas personas están a años luz de llegar al diván del psicoanalista y van de mano en mano, quirófano en quirófano, intentando poner o quitar lo que no está en ningún lado. Cantidades ingentes de dinero, muchas más de sufrimiento, horas de trabajo perdidas, todo por no tener un poco de cultura o por no reconocer que en el psicoanalista podría comenzar a ordenar ciertas cosas de su vida. Ir con salud psíquica al cirujano estético produciría resultados mucho más saludables. Una mujer no lo es más por tener las tetas más gordas, si no por saber que las tetas (la feminidad) se tienen en la cabeza. 

El paso del tiempo para muchos es su mayor temor y se tumban en las camillas para que el botox o el bisturí eliminen las marcas de los años. Sólo consiguen marcar en su cara sus miedos y mostrarse como seres algo inhumanos por negar su mortalidad. ¿Se presenta la cirugía como la salvación mágica para detener el paso del tiempo? Lógicamente NO. El paso del tiempo dejará marca en nosotros según concibamos nuestra propia mortalidad, según el aprovechamiento que hagamos de nuestra propia vida. Hay arrugas que dan muestra de las alegrías vividas, de la intensidad de nuestras pasiones. Hay labios, orejas, tetas que sólo dan muestra de que somos seres de plástico que huimos del encuentro con nuestros propios fantasmas. Si hay que morir que sea con pasión, con vida, con el cuerpo que nos da el lenguaje, que sólo tiene los años de nuestros prejuicios.

DEBO ESTAR SOÑANDO…

Debo estar soñando, esta semana he contabilizado cinco artículos sobre la salud mental en mi lectura cotidiana de los diarios. ¿Qué está pasando? ¿El mundo ha dejado de caminar para atrás, por fin se reconoce que es fundamental la atención a la salud psíquica de la población? Deja de soñar, Helena, recuerda la letra de aquél tango: Verás que todo el mentira, verás que nada es amor, que al mundo nada le importa...¡Yira!... ¡Yira!... Así son las cosas, mero interés periodístico del momento que luego queda en papel mojado, las cifras seguirán aumentando sin que se tomen medidas, las personas seguirán pensando que no sirve de nada ir al psicólogo o al psicoanalista, seguirá siendo más placentero quejarse todos los días un poquito que dar un paso hacia delante. Así nos va.

Si hiciéramos un poco de caso a los poetas nos iría bastante mejor, ellos sí que  saben lo que nuestra alma necesita. ¿Para qué servirá tanto sufrimiento humano históricamente mantenido? ¿Qué se puede hacer con tanta desesperación? Al final muchos viven esperando su muerte porque no saben qué hacer con su vida.  280.- “Un hombre que no sabe claramente dónde ir, termina yendo a cualquier lado, siempre lejos de sí.” (Aforismo del libro Aforismos y decires 1958-2008 de Miguel O. Menassa) En el terreno de la física el hombre ha sabido encauzar las energías naturales para su propio aprovechamiento, pero un el terreno más íntimo, en la propia vida del hombre, aún desperdiciamos con alevosía nuestro potencial.

Pacientes que colapsan las consultas médicas, población sobremedicada porque no puede soportar el displacer y no sabe tomar decisiones, jóvenes sin destino de los que nadie se ocupa, parejas a las que la moda les llevó a la separación, hijos sin padre porque su madre quiso vengarse así de su marido, tantas y tantas situaciones terribles a las que parece que tenemos que acostumbrarnos porque nadie hace nada, porque uno mismo no hace nada. 179.- “No es bueno esperar que las cosas vengan del cielo, no es bueno esperar que otro haga por mí lo que ni siquiera soy capaz de hacer.”

¿A qué esperamos señoras y señores? Ningún rayo de luz va a venir a iluminarnos con sabiduría y felicidad, ningún Estado nos pagará nuestra educación ni nuestro bienestar anímico, nuestros padres siempre querrán lo mejor para nosotros según su propia ideología, no lo que realmente es mejor para nuestra vida. El mundo es así, duro, injusto y donde cada uno tiene que aprender a decidir. 212.- “Hemos conseguido lo que consigue el proletariado de algunos países civilizados: una casa para el cuerpo, para la familia. Ahora tenemos que ir por la casa para el alma”. El pan está más o menos conseguido, ahora tenemos que aprender a procurarnos un poco de bienestar, y no confundan con lujos que hay muchos millonarios deprimidos, y no equivoquen con conformarse con poco, que hay muchos pobres desesperados.

399.- “Nadie se cura haciendo lo que le da la gana. Porque hacer lo que a uno le da la gana es el mecanismo que usa la enfermedad para instalarse como enfermedad”. Si de bienestar les hablo es para que cada uno alcance su propia medida de satisfacción. Solo no se puede. Necesitamos de la medicina, de la educación, de la física, de la química, del psicoanálisis y de muchas otras disciplinas que hacen posible que vivamos como humanos en pleno siglo XXI, de nosotros depende hacer uso de ellas. No sólo vale decir, también hay que hacer.

ENSEÑANZAS

Estoy preocupada por la salud de los españoles. Nos educan en la estafa, el engaño, el robo, como método para ganar dinero y enriquecerse. Sirvan de ejemplo de ello las grandes compañías telefónicas, que vienen actuando de esta forma utilizando a sus trabajadores, utilizándolos de escudo frente a los clientes descontentos, estafados. No se dan cuenta del riesgo que están asumiendo.

Crecer quitándole el bocado de pan a otro hambriento no ha de generar más que sentimiento de culpa futuro, pues nadie podrá gozar de lo que obtuvo maliciosamente, el psiquismo se ocupa de ello.

El Psicoanálisis ya nos mostró el ejemplo de personas que cometían delitos debido a la necesidad inconsciente de ser castigados, no ya por el delito, sino por un sentimiento de culpa inconsciente pretérito. El ser humano no puede librarse del castigo, pues el Superyo siempre vigila, tanto las acciones como los pensamientos, y no pasa ni uno.

Pensar que uno puede actuar impunemente, como parece que piensan dichas compañías, tales como Telefónica, Auna, Wanadoo… sirviéndose de su carácter impersonal, de todo tipo de cláusulas y artimañas para terminar sacándole el dinero a los malogrados clientes, no puede llevar al éxito.

Pensar que uno puede saltarse las leyes, adecuarlas a sus intereses, no es más que un ejemplo de un pensamiento neurótico, y como psicoanalista los mandaría a todos al diván.

Si uno quiere triunfar en esta vida, la mejor manera es haciendo las cosas bien, teniendo al Superyo bien tranquilo, tolerando el ritmo natural de las cosas, pues ya lo dice el refrán popular: No por mucho madrugar amanece más temprano.

Como conclusión y ojalá sirviera de algo, déjennos vivir en paz, hagan bien su trabajo, como cada uno debe realizar el suyo y dejen ya de robarnos y engañarnos.

¿EL NEGOCIO DEL ENTRETENIMIENTO?

Del ocio no sólo se ocupan los empresarios de la hostelería, sino que también algunos organizadores de congresos y jornadas, aparentemente científicas, se dedican a rellenar el tiempo de estudiantes y profesionales.

Hace unos días asistí, llevada por una motivación más ociosa que intelectual, todo hay que decirlo, a un Simposium sobre Psicópatas, Asesinos en Serie y Conducta Antisocial. Al ser Psicoanalista, Psicóloga y Estudiante de Criminología, lo que allí se tratara podría motivar en mí, tal vez, la producción de algún artículo al respecto, tal vez sea este.

Una vez se fue desarrollando el simposium, y más ahora, con el paso de los días, compruebo que no ha supuesto ninguna transformación en mi, tan sólo la comparación, y dicen que las comparaciones son odiosas, con los anteriores congresos a los que he asistido, todos de Psicoanálisis y organizados por la Escuela Grupo Cero.

Congresos a los que asistí con otra motivación y e interés formativo, en tanto constituyen una parte fundamental de la formación de un psicoanalista. En dos de ellos, he tenido la ocasión de participar con una ponencia y una comunicación, respectivamente. Congresos donde son los ponentes los que pagan ya que a ellos está dirigido el congreso, pero además, los efectos del mismo tienen una trascendencia social, de no ser así carecerían de interés científico.

Encuentros donde un conjunto de profesionales, unidos en un compromiso social estudian y trabajan cuestiones de interés en su formación y también a nivel de la propia ciencia. Unión o des-unión que sirve para realizar una lectura sobre lo acontecido hasta ese momento, para establecer nuevos puntos de estudio, para dar cuenta del proceso formativo de cada uno.

SECRETOS Y CONFESIONES

    Tuve la oportunidad de leer hoy en la edición electrónica del periódico, un artículo firmado por José María Romera, titulado "Relaciones humanas: secretos y confesiones". Me pareció interesante, pues soy psicoanalista, licenciada en Psicología y estudiante de primero de Criminología. Aunque la orientación del artículo hacía referencia a un concepto cristiano de confesión,  donde hay algo que contar en un sentido negativo, partiendo de una concepción de pecado.

    Este tipo de "ritual" llevado a cabo por la religión católica, y también desarrollado, como se cita en el artículo, por otros grupos, parte de la idea de que esa catarsis liberará al individuo de su pesar. Muchos grupos de autoayuda consideran que el medio de terapia consiste en la mera comunicación de los problemas. Pero ya Freud en 1900 se dio cuenta que la simple comunicación, el simple conocimiento, no exime a la persona de sus padecimientos, los efectos son poco duraderos. Renunció con ello al método catártico y al método hipnótico, produciendo un nuevo método, la asociación libre, que en el campo de la transferencia psicoanalítica, permite la transformación del paciente.

    Todo esto es para decir, que hablar es demandar, es decir, aquel que comunica algo persigue la atención de alguien, ser escuchado. Pero no sólo basta el mero desahogo, sino que lo terapéutico lo constituye el desarrollo de la capacidad de transformar el discurso, es decir, poder hablar de otras cosas. Que todas las palabras tengan el mismo valor, no sólo lingüístico. El discurso de la mayoría de las personas está recortado de una manera particular que le hace vivir la vida de ese modo, y si eso implica enfermedad, padecimiento, fracaso, todo consistirá en ampliar o cambiar el modo en el que esa persona se posiciona en el lenguaje.

    Otra cuestión que se me plantea, escribiendo esta carta-artículo, es la falta de conocimiento, de saber general, que existe en Málaga referente al Psicoanálisis, donde no dudo que haya profesionales desde hace años, pero me pregunto si ¿no habrá que hacer algo para que todas las personas tengan la oportunidad de comenzar su psicoanálisis?

    No me extiendo más en este pequeño divagar conceptual, pero me gustaría terminar señalando que evidentemente no es solución ni callar ni contarles a todos nuestras intimidades, pero ello no implica que no exista la necesidad inconsciente de comunicarse , que psicoanalizarse no sólo constituye un modo de desarrollo intelectual, ni un modo de liberarse de los síntomas patológicos, sino que también es tener la posibilidad de comprar la libertad de las palabras.

PSICÓLOGO O CURANDERO

Psicólogo o curandero, parece que para muchos, aún, estas dos palabras pueden ser sinónimos, o eso es lo que puede parecerle al todopoderoso Colegio Oficial de Médicos, cuando impide que los psicólogos puedan formar parte de los numerosos seguros médicos, que no por denominarse así, deben excluir una disciplina científica-terapéutica, necesaria en el tratamiento de múltiples patologías.

Hoy en día, se ha demostrado que la Psicología y, asimismo el Psicoanálisis, en tanto soy psicóloga y psicoanalista, son las únicas disciplinas que pueden ofrecer un tratamiento y posible curación a patologías como la depresión, las fobias, la neurosis obsesiva, la histeria, las enfermedades psicosomáticas, etc. Ante dichas patologías, la Psiquiatría, disciplina médica que sí forma parte de dichos seguros y, parece ser que con todo derecho, sólo puede ofrecer tratamientos farmacológicos paliativos, si así podemos llamarlos, en tanto lo que hacen es como si administrásemos un analgésico a alguien con apendicitis y no procediéramos a efectuar la correspondiente intervención quirúrgica. Con ello sólo conseguiríamos que el paciente muriera sin percibir el dolor, negándole, en este caso, el tratamiento adecuado y necesario para dicha patología.

Eso, y me hago responsable de estas palabras, es lo que me parece que está haciendo la Psiquiatría actual. No dudo de la profesionalidad de los aquellos que trabajan y estudian en este campo y que han dedicado sus vidas al bienestar de la población que, en uno u otro momento requiere de sus servicios, pero me parece poco ético negar el acceso a un tratamiento, cuando de sobra es conocido que existe.

Me pregunto por qué ante esta situación, en la que los psicólogos aún no podemos ofrecer nuestros servicios a través de los seguros médicos, cuando sabemos que un alto porcentaje de las enfermedades llamadas médicas tienen un origen psíquico, y que en las restantes influye de manera determinante el factor psíquico, reitero, por qué el Colegio de Psicólogos, que se supone está para defender nuestros intereses, nada hace. ¿Para qué sirve entonces nuestro colegio oficial?

No tenemos que ir mendigando a los seguros que nos ofrezcan trabajo, es un derecho, como profesionales del campo de la salud, estar presentes ahí, en tanto es la propia sociedad la que lo demanda.

Qué mínimo porcentaje de personas va a una consulta psicológica privada, cuando un alto porcentaje de la población necesita atención psicológica-psicoanalítica. No todos pueden costearse el tratamiento, y la Seguridad Social ofrece una atención ínfima.

Como trabajadores, como peritos en nuestra materia, tenemos que exigir se nos incluya en el entramado sanitario-asistencial, favoreciendo con ello el acceso de la población a dichos servicios.

Sirva este artículo para, además, aclarar que no somos curanderos, aunque también curamos de aquellas ideas que minan la vida del individuo.

HIPOCRESÍA

La “hipocresía social” no es ninguna patología, sino una cualidad que nos inculca la propia sociedad en la que vivimos. Hablar claro muchas veces está mal visto, siendo mejor considerado decir lo que los demás esperan escuchar. Los seres humanos somos muy complejos. Desde que Freud diferencia conciente e inconsciente, manifestar directamente los verdaderos deseos parece un imposible.

Podemos estar enamorados de dos personas a la vez, odiar y apreciar a a un mismo individuo. Cada día pensamos una cosa y hacemos otra bien distinta. Unas veces actuamos así por no hacer daño a los demás, otras por pura conveniencia, por comodidad.

Parece que es mejor visto y más sensato “maquillar” nuestro comportamiento, adecuarlo al contexto, ocultar nuestros verdaderos sentimientos, moderarnos en nuestras respuestas o amordazar nuestra espontaneidad en aras de una supuesta convivencia armoniosa. Pero eso no siempre se traduce en mayor felicidad y bienestar.

A veces desconocemos lo que realmente sentimos, nos dejamos engañar por nosotros mismos. ¿Es tan fácil conocerse? Yo diría que no. Sin psicoanálisis no podemos conocer los verdaderos deseos que determinan nuestros comportamientos. Hay que tener en cuenta que todo lo que decimos o hacemos es para algo o para alguien, es algo que escapa a nuestro control.

¿Por qué fracasamos si decíamos que anhelábamos el triunfo? ¿Si tanto te quiero por qué acabo discutiendo siempre contigo? ¿Por qué cada vez que voy a trabajar me encuentro mal? Tantas y tantas cuestiones que podemos hacernos cuyas respuestas tenemos que producir.

Parece que ser hipócrita no es el mejor consejo, puede tener buenos resultados sociales, pero a la larga es un comportamiento que “huele”. Una persona verdadera genera más confianza y es más fiable que otra que te dice sólo lo que quieres escuchar.

Incluso a veces uno se engaña a sí mismo, se ve rodeado de gente, tiene éxito, pero no puede decir lo que piensa, no puede ser sincero ni consigo mismo. No saborea el placer de ser escuchado de verdad.

Crear nuestra propia personalidad, estar a gusto con ella y consolidarla ante los demás forma parte de nuestro aprendizaje para la vida. Vivimos en el mundo de la imagen, la moda, los prototipos, parece que para ser alguien tienes que “parecerte a”, “formar parte de”, lo que el psicoanálisis nos muestra es que un ser humano “solo” no existe, indudablemente se identifica con personas e ideas, pero no necesariamente la identificación tiene que ser sinónimo de copia. De lo que se trata es de ser nosotros mismos teniendo gustos, compromisos. Freud decía, si dos personas dicen que piensan igual, una de ellas se está sometiendo a la otra.

El primer paso para ser aceptado y bien considerado, es aceptándose y considerándose a sí mismo. La autoestima aumenta si uno está a gusto con lo que hace, poniendo amor en las cosas y personas con las que uno se relaciona. La autoestima no es verse guapo en el espejo, es ver que tu vida funciona.

Es muy frecuente en amigos, familiares, parejas que no se conozcan, aunque convivan durante años. Esto ocurre porque no nos damos la libertad de hablar de nuestros pensamientos, de mostrarnos tal como somos. Yo digo: si no te gusta como eres o no te va bien con tu forma de ser, aprende, cambia, crece, pero no te escondas. El ser humano no nace hecho, se hace. Hasta el día de nuestra muerte podemos aprender, debemos aprender. Vivimos en un mundo social donde tenemos que tener en consideración nuestros deseos y el del otro.

ESTOY MALA-YA

Ya quiera para mi la publicidad que le están dando a estos “políticos de pacotilla” del caso Malaya. Día a día en los medios de comunicación todos somos testigos de este Falcon Crest. Si reiterar es educar, nos están enseñando a ser unos ladrones, a conseguir a través del engaño y la estafa uno o varios chalés y coches de lujo, cómo dejar al pueblo en la ruina mientras te duchas frente a un Miró.

Si en lugar de esas noticias apareciera cada día un poema en portada, un artículo de psicoanálisis o consejos de vida saludable, tal vez nos educaríamos en estas cuestiones. Yo que soy psicoanalista me educo rodeada de libros, poemas, personas, ideas de responsabilidad y crecimiento. Ya me gustaría que muchas otras personas tomaran su propio camino hacia la salud y la honradez.

A pesar de lo que creemos, muchos son los ejemplos de personas que con su trabajo, han conseguido vidas maravillosas donde no falta el dinero y las comodidades. El dinero tampoco sirve de mucho si no sabemos utilizarlo. Sólo un neurótico robaría y se dejaría atrapar.

Recomiendo a los políticos marbellíes y a los políticos en general, a los ladrones y a los que tengan tentación de serlo, que se psicoanalicen para analizar su sentimiento de culpabilidad inconsciente. Asimismo, aconsejo a periodistas y policías que acudan también a un psicoanalista, hay que tener cuidado de no admirar a los delincuentes.

Con estos consejos y la reivindicación de que los diarios presten más atención a la salud, la cultura, el arte, me despido hasta próxima ocasión.

LA MUERTE SIEMPRE NOS SORPRENDE

La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa? Hoy nos llegó la terrible noticia, la hermana de la princesa Leticia aparecía muerta a sus 31 años de edad. Aún es pronto para adelantar las causas de la muerte, pero el suicidio parece lo más probable. Entre las diferentes noticias, algún periodista acertadamente o no, afirmaba que la fallecida estaba de baja por depresión.

Tras la tristeza por esta pérdida, que a unos toca más y a otros menos, quiero aprovechar para hablar de una enfermedad grave que aún no nos la tomamos en serio. La depresión es la única patología psíquica que puede llevar a una persona a quitarse la propia vida. Diferentes caminos hay para el suicidio, no siempre se muestra de forma aparente, unas veces se esconde tras una enfermedad orgánica, otras tras un descuido al volante o una equivocación aparentemente azarosa. Desgraciadamente, cuando una persona está decidida a quitarse la vida, poco se puede hacer para convencerla de lo contrario, lo que no quita que el tratamiento puede ayudarle a desear otra cosa.

A pesar de que las cifras de personas deprimidas no deja de aumentar, hay que decir que ni todos los que dicen estar deprimidos tienen depresión, ni los que padecen esta enfermedad suelen tener el tratamiento adecuado. Aún hoy muchos profesionales sanitarios siguen considerando que su tratamiento debe ser farmacológico, considerando la psicoterapia como mero apoyo. Como psicoanalista he de decir, que ningún tratamiento químico ha podido, hasta el momento, cambiar el pensamiento y el estilo de vida de una persona. La farmacología es un avance que puede ayudar y ayuda a muchas personas y al cual el psicoanalista nunca se opone. Pero lo que no se puede es negar que para que una persona venza la depresión debe, repito, debe, ir al psicoanalista.

La depresión muestra la incapacidad de una persona para desprenderse de un objeto amado. Objeto que puede ser un familiar, una pareja, un ideal, un objeto material, un puesto de trabajo, etc. A veces la persona sabe lo que ha perdido, pero otras no tiene ni idea. Este estado patológico se asemeja al duelo, perdemos a alguien querido y durante un tiempo la tristeza nos embarga. Pasado un tiempo, sin embargo, reorganizamos nuestra vida más allá de esa pérdida. En la depresión, en cambio, la persona no logra adaptarse. Cede una parte de su mismo ser para que la ocupe ahora, de forma inconsciente, el objeto, persona o ideal que perdió o le falló. El deprimido tiene que aprender, a través del simbolismo de las palabras a separarse.

La mortalidad es algo de lo que no nos vamos a curar, pero de la depresión hay salida, si ponemos el deseo y los medios adecuados. No nos tomemos a broma el tratamiento de esta enfermedad, ni lo dejemos en el olvido. A Erika no la podemos salvar, pero hay muchas personas a nuestro alrededor deprimidas: fracasan en los estudios o en el trabajo, muestran problemas en su sexualidad, no tienen ganas de nada, no encuentran empleo… Síntomas que encubren en muchos casos una depresión de fondo, que no tratada acarrea, en muchos otros, graves enfermedades orgánicas mortales.

CARRERAS ILEGALES DE COCHE EN MÁLAGA

¿Un juego?
Como si estuviéramos en una película americana, algunas calles de Málaga se convierten en un circuito donde muchos jóvenes hacen rugir los motores de sus coches y traspasan los límites de velocidad en carreras cuyo fin puede ser impredecible.

Desgraciadamente no se trata de un juego de niños, este tipo de comportamiento es ilegal y pone en peligro la seguridad del resto de conductores. Sería fácil seguir hablando de la irresponsabilidad de los jóvenes, asociarlos a drogas, alcohol, desenfreno e irresponsabilidad, sin embargo no todos los jóvenes son así.

Criticar y castigar es fácil, pero me pregunto por qué no atendemos a sus necesidades y sus gustos. Ya en su tiempo se criticaba a aquellos que recorrían las plazas con sus monopatines porque no disponían de pistas para practicar su afición. Aún hoy son escasas. Desde nuestra perspectiva podemos pensar que es una pérdida de tiempo, podrían estar haciendo cosas más provechosas, pero todos fuimos jóvenes y, para el Psicoanálisis, aún podemos serlo si tenemos un pensamiento actual. Por qué no hacemos posible que los jóvenes puedan desarrollar sus gustos e intereses, en este caso les gusta la velocidad, quién sabe si sale algún "Fernando Alonso". Pero para ello habrá que organizar la actividad, sacarla de la ilegalidad.

Los graffitti pueden ser arte o gamberrismo, el skate un deporte o un chusmerío. Todo depende del cristal con que se mire y de hacer lo que me gusta donde esté permitido. ¿Por qué no permitimos que haya una juventud saludable con sus propios gustos? El Psicoanálisis muestra que de las peores disposiciones pueden salir grandes rendimientos, siempre que se canalice adecuadamente esa energía. ¿APOSTAMOS POR ELLOS?

EL QUE AVISA NO ES TRAIDOR

Leo esta misma mañana la noticia:"Médicos españoles constatan que el mal de Alzheimer se desata con una depresión". Según los científicos, una tristeza profunda puede ser el anuncio de la demencia más común en la tercera edad, que se caracteriza por la pérdida de memoria y la desorientación.

Años llevamos advirtiendo que la depresión es una enfermedad grave, no sólo porque puede llevar al suicidio, sino porque también es responsable y/o cómplice del desarrollo de enfermedades orgánicas. Los estudios que la vinculan con el cáncer y las enfermedades inmunodepresivas así lo demuestran. Asimismo, está detrás de múltiples accidentes de tráfico, fracasos laborales, escolares, rupturas de pareja, etc.

Hace un tiempo escaso escribía a tenor del fallecimiento de la hermana de la Princesa Doña Letizia, está claro que se trató de un suicidio. Claro también que el tratamiento que recibió para su depresión no fue el adecuado. Demasiado frecuente es desconsiderar aún el psicoanálisis en el tratamiento de esta enfermedad. Sigo siendo testigo en los medios de comunicación de profesionales sanitarios que estiman que el tratamiento farmacológico es el indicado. Los datos demuestran que ningún fármaco cambia el pensamiento ni el estilo de vida.

En pleno Siglo XXI es lamentable que aún no se aproveche el recurso que supone el Psicoanálisis. Una ciencia joven, sólo tiene un siglo de vida, pero no por ello menos efectiva ni menos delatora de las múltiples zancadillas que somos capaces de ponernos a nosotros mismos por nuestro temor a cambiar. Nos da miedo el cambio, pero más miedo debe darnos la enfermedad y la tontería.

El Psicoanálisis debe sumarse a la Medicina, pues el objetivo ha de ser permitirnos una mayor calidad de vida, una mayor responsabilidad en nuestra salud y en nuestro proceso de enfermar. Hay que abandonar los pensamientos animistas donde la enfermedad parece algo diabólico, a veces, la enfermedad es una elección personal.

Día a día en mi consulta y en los textos psicoanalíticos compruebo que las múltiples afecciones que padecen los pacientes tienen una evolución distinta al estar en tratamiento psicoanalítico. Cuando le pongo palabras a mis dolores, ya son otra cosa. Es sorprendente ver como se curan de padecimientos por haber deseado la salud en lugar de la enfermedad.

Desde esta ventana les invito a prevenir la depresión, el Alzheimer, el cáncer, las enfermedades inmunodepresivas y muchas otras afecciones que nos afectan. Mejor hablar de los afectos que afectarse.

SALIR A LA PALESTRA

Por fin llegaron y pasaron las elecciones, ahora queda formar los equipos de gobierno y, para ello, serán necesarios los pactos en muchos municipios. Esa palabra que tanto usamos los psicoanalistas y que suena tan pacífica, en este caso puede dar más de un quebradero de cabeza. Los medios de comunicación se ocupan de tenernos al tanto de estos “matrimonios de conveniencia” pero a veces, resulta escandaloso el afán de poder que muestran algunos políticos. Muchos se olvidan de todo lo que criticaron al adversario y ahora se alían con tal de ostentar un cargo en el Ayuntamiento. Nuevamente los ciudadanos somos los que quedamos defraudados, una vez más, por la política.

Si ya dije en alguna ocasión que ningún Estado ni político se ocupaba del bienestar de los ciudadanos, por más que esta fuera su bandera electoral, se demuestra nuevamente que cada uno tiene que “buscarse las habichuelas” para alcanzar el camino de la felicidad, de la salud, incluso del dinero. Espero y deseo, ya que aún estamos a tiempo, que nuestros políticos aprendan de los errores, que por humanos todos cometemos, y trabajen para que tengamos unos municipios mejor organizados, donde prime la convivencia y la calidad de vida, y donde la economía sea un medio de vida, no un objetivo.

Encuentro cada día ejemplos de personas que se venden al mejor postor: sacrifico mi vida por estar junto a mi pareja, tomo pastillas para calmar mi ansiedad, busco un trabajo que no me complique la vida, etc…Pero tengo que decir  que la experiencia me demuestra que el camino fácil nunca es el mejor camino, a la larga uno se arrepiente. Como dijo el poeta José Martí “la felicidad sólo puede hallarse en el camino del trabajo” y por esta filosofía que asumo les digo que elijan bien, el pan para hoy será hambre para mañana, mejor elegir el camino del trabajo y hacernos trabajadores, mejor hacer las cosas bien, aunque impliquen un esfuerzo. En el terreno de la política, de las relaciones personales o hasta de la propia salud, ténganlo claro: LO BARATO SALE CARO.

SÓLO PARA TI

Te escribo sólo a ti, que lees atentamente y te entregas a las letras, que buscas en cada frase un sentido que te contenga. Te escribo porque hay que reconocer que a veces todos quisiéramos ser únicos. Quisimos ser el único amor de nuestra madre, pero no pudo ser. La  única palabra en la boca de nuestro amado, pero no fue posible detener la vida. Cuánto habríamos deseado ser hijos únicos, únicos hijos de la madre Tierra, pero el mundo estaba poblado de seres.

Lección tras lección, para crecer hay que aceptar que no estamos solos, otros antes que nosotros y otros tras nosotros. Muchas veces nos detenemos para perjudicar al que viene detrás, aceptamos ese dolor a cambio del daño que le ocasionamos. Esta locura, sin embargo, sólo tiene cura si aceptamos que también copiamos, imitamos, nos identificamos con otros, el camino estaba abierto y por eso hubo camino para nosotros. Ser generosos nos engrandece, el odio nos mutila. Hay quienes eligen el ojo por ojo, otros el palabra por palabra, el ritmo de una tranquila conversación que les lleva a sumar. Dos pasos para adelante, uno para atrás, pero ir sumando, esa es la mejor felicidad. Piensa quién te está perjudicando, si el otro o tú mismo. No hay mejor halago que la copia y, para crecer, todos tuvimos que copiar. A partir de ahí, cada uno establece su diferencia.

Como dice Miguel Óscar Menassa, si no eres capaz de escribir un poema, copia uno de un gran poeta y ponle debajo tu nombre y ese día, ese será tu poema.

ESTÁS EN LA EDAD

Querida, estás en la edad, los años pasan y luego te encontrarás sola, sin familia, sin hijos, sin objetivos. Todo el mundo te pregunta si tienes ya novio, si estás casada, no te preguntan por el trabajo, por tus proyectos ni por el dinero que ganas. ¡Para lo que hemos quedado! Hay que tener cuidado para no dejarse atrapar por la ideología y acabar comprometiéndose con el primer candidato.

Descubrir que una cosa es lo que necesita la especie y otra, muy distinta, lo que desea el sujeto humano, es un hallazgo del Psicoanálisis. La especie humana necesita, claramente, que nos enamoremos y tengamos descendencia, pero quién dice que mi felicidad o la tuya tenga que ver con eso. Cuántas personas se ven en esa coyuntura y no tienen una cara de alegría, precisamente. Asociamos el amor al matrimonio, pero si investigamos un poco esa institución, claramente encontramos que en un principio los individuos se unían por intereses económicos o sociales, pura unión de linajes. Lo que llamamos matrimonio de conveniencia era la pura realidad, nos creemos sin embargo que son cosas del pasado, superadas, nada más lejos de la realidad. Ya lo dijo Freud, las fases anteriores de la evolución humana, perviven en todos nosotros.

Estoy en la edad, y muchas lo están, de hacer eso que muchos hacen y sentir, que con ello, han sido útiles a la sociedad. Yo voy un paso más allá, estoy en la edad de producir una persona que una los conceptos de deseo y trabajo, el significante hombre y mujer, que construya un futuro nuevo. Como dijo el poeta: el que repita lo hecho jamás lo conseguirá. Para el ser humano nada es fácil o difícil de antemano, pero constituirse como un sujeto diferente va a ser una aventura alucinante.

LA ÚNICA POBREZA ESTÁ EN MÍ

¿Somos cada día más pobres? ¿Nos influye tanto la política en el desarrollo de nuestras vidas? ¿Está fracasando nuestra sociedad? Podría plantearme muchos interrogantes, pues son frecuentes las ocasiones en las que escucho conversaciones que versan sobre el empobrecimiento de la población, la dificultad para llegar a fin de mes, la quiebra del estado de bienestar, el problema que nos causa la inmigración, etc. Hace unos días, precisamente, me invitaban a leer un artículo sobre la “proletarización de la clase media” y todo ello me hace reflexionar lo siguiente.

¿Somos ciertamente tan pobres o es que somos pobres de espíritu? Nos engañamos a nosotros mismos con tanta queja y tantas excusas. El dinero no se tiene, se produce, es un medio para conseguir cosas, no es un fin. Cuántas veces la gente se justifica en que psicoanalizarse es muy caro, pero luego están las cifras, 18 millones de euros al años en prostitución, personas que se conocen todos los clubes de la costa, otras que se gastan más de 500 euros en una noche en drogas, otros que no reparan en gastos en una cena, ropa de firma para presumir, gastos ilimitados en las vacaciones y así un largo etcétera. No digo que estas cosas no deban hacerse, pero sí les digo que basta de “hacerse el boludo” y creer que el Gobierno o el más allá tienen que venir a solucionarte la vida. Cuando uno quiere, puede. Y cuando uno dice que no puede, señores, es que no quiere.

En toda sociedad hay personas ricas y personas pobres, sanos y enfermos, quejicas y trabajadores; con las diferencias no se puede acabar. La cuestión es decidir en que bando quiere uno estar. ¿Quiero ser un pobre, un roñoso, vivir de mi cuento o quiero ser una persona trabajadora, responsable, generosa? Nuestra vida es una decisión, podemos echarle la culpa a Zapatero o a Rajoy o bien, podemos hacernos responsables de no producir los cambios que cada uno necesita.  Para alcanzar eso que decimos desear, algo tendremos que hacer, algo tendremos que cambiar. El error estriba en nuestra intolerancia a los cambios, queremos mantener las mismas ideas, incluso nos cuesta desprendernos del papel moneda cuando puede servir para algo productivo. Preferimos gastar que invertir. Así que no se quejen de ser unos “pobres diablos” y hagan algo por ustedes.

A NADA TEMO MÁS QUE A MIS PROPIAS PALABRAS

Domingo 6 de mayo, publica el Diario Sur un artículo sobre la agorafobia, miedo a los espacios abiertos, y su lectura más que despertar mi miedo o deseo a salir, despertó mi deseo de escribir. En pleno Siglo XXI seguimos comportándonos como primitivos, máxime cuando aún no se tienen en consideración los aportes de la ciencia psicoanalítica en los procesos psíquicos humanos.

El artículo adolecía de la consideración del deseo inconsciente, motor de nuestra vida, pero que necesita del trabajo teórico para su conocimiento. Aún los que se consideran científicos o conocedores del funcionamiento humano se dejan llevar por las apariencias de  nuestro comportamiento. Como si en el año 2007 no hiciéramos uso de microscopios y creyéramos sólo lo que nuestros ojos ven.

La vida es compleja y para su conocimiento precisamos de instrumentos teóricos de lectura. En el caso  del funcionamiento psíquico el Psicoanálisis, producción científica del Siglo XX, nos brinda el entramado teórico que nos permite conocer los mecanismos de nuestra vida psíquica.

Volviendo al tema de la agorafobia, a nada tememos sino a nuestros propios deseos, Sigmund Freud hace un siglo ya advertía que el agorafóbico temía despertar sus deseos y, más que eso, dejarse llevar por ellos. Por dicho motivo se recluía o se hacía acompañar por otras personas. Curiosamente, puede ir acompañado o desplazarse a lugares conocidos, desapareciendo o mitigando con ello su temor. Controla, inconscientemente, su desenfreno, aunque el Psicoanálisis nos ha descubierto que el propio síntoma es una satisfacción sustitutiva, por ello tanta resistencia a su curación.

Apelo desde aquí a la responsabilidad de los periodistas de consultar a todas las fuentes, ofreciendo una información actual y real; así como a ciertos profesionales que vetan el progreso científico cuando se creen en posesión de alguna verdad. Muchos psicólogos, y yo soy licenciada en Psicología, son los primeros en maltratar a esta disciplina cuando ofrecen consejos baratos y caseros como remedios al malestar de las personas. Las enfermedades psíquicas no son ningún capricho y no se curan caprichosamente. Su curación requiere el trabajo del profesional que aplique los conocimientos técnicos y teóricos precisos.

Reír artificialmente no alegra el alma, hablar por obligación no es hablar. El deseo es el motor de nuestras vidas y sólo trabajando sobre el deseo inconsciente del paciente podrá producir una salud y una vida diferentes.

PURA FANTASÍA

Nada le resulta tan difícil al ser humano como renunciar un placer que haya saboreado alguna vez, en realidad, no renunciamos a nada, cambiamos unas cosas por otras. En este sentido, el adulto obligado por el crecimiento a abandonar el juego infantil que tantos placeres le acarreaba, en lugar de jugar, fantasea. Estas fantasías o sueños diurnos no son reconocidas a los demás, el adulto se avergüenza de ellas. Sabe que de él se espera su inclusión en el mundo real, además entre los deseos que generan sus fantasías hay algunos que le es preciso ocultar. Le ocurre muy al contrario que al niño, que imita en el juego la vida de los mayores y en el cual cumple su mayor deseo: ser mayor, no teniendo motivo alguno para ocultarlo a los ojos de los demás.

Puede decirse que el hombre feliz jamás fantasea, y sí tan sólo el insatisfecho. Los deseos insatisfechos son las fuerzas impulsoras de las fantasías, y cada fantasía es una rectificación de la realidad insatisfactoria. Estas fantasías son de tres tipos: eróticas, ambiciosas y egoístas. Al contrario de lo que pudiéramos pensar, en la mujer predominan las de carácter erótico, pues su ambición generalmente se centra en la aspiración al amor. En el hombre predominan las fantasías de carácter egoísta y ambicioso, aunque Freud nos señala que tras ellas se encuentra siempre el deseo de conquista del objeto erótico. Generalmente hay motivos para ocultar dichas fantasías, a la mujer se le reconoce un mínimo de necesidad erótica y al hombre se le exige control sobre su exceso de egoísmo para lograr su socialización.

Los sueños diurnos aprovechan las circunstancias actuales para enlazarlas con deseos pretéritos, creando una situación futura en la que halla satisfacción. Pasado, presente y futuro se engarzan para lograr la satisfacción ilusoria del deseo. Fantasear, como vemos, es del orden de la normalidad, sin embargo en su exceso encontramos el peligro de la neurosis o la psicosis. Bien es sabido que la salud tiene que ver con la capacidad de transformación de la realidad. Como bien indican los términos, las fantasías o sueños diurnos guardan bastantes semejanzas con los sueños nocturnos que, como ya puso de manifiesto el Psicoanálisis, son la realización alucinatoria de deseos infantiles. Vemos pues, que el ser humano tiende a la satisfacción de sus deseos y cuando no lo logra en la realidad, aspira a ello a través de los sueños, los síntomas, los chistes, los lapsus.

La  persona normal, el neurótico y el poeta no se diferencian tanto, todos fantasean, tienen deseos insatisfechos, pero no se resuelven de la misma forma ante ellos. La persona normal transforma su realidad para poder satisfacer sus deseos, además de aceptar cierta cuota de insatisfacción. El poeta juega a través de su obra, creando un mundo en el que calma, a través de los personajes, sus insatisfacciones humanas. Hay que decir, sin embargo, que el poeta “trabaja”, crea un universo que causa placer al lector, al contrario de lo que resultaría de la revelación de nuestras fantasías diurnas. El poeta nos seduce a través del placer estético que nos permite identificarnos con su propia obra, es generoso, comparte y nos permite descargar en ella nuestras propias tensiones.

Freud, siempre atento en sus consideraciones, asevera que en cada hombre hay un poeta y que sólo con el último hombre morirá el último poeta. Podemos vivir insatisfechos, neuróticos, locos o podemos tomar caminos más civilizados. Acaso usted soñó alguna vez ser un poeta, ahora puede ser su oportunidad.

MI MEJOR REGALO

Mi mejor regalo se produjo una tarde de un mes indeterminado, regresaba a casa en la compañía de un familiar cuando me preguntó: “¿te gustaría ir a un psicoanalista?”. No dudé en mi respuesta: “Sí”, claro que deseaba que alguien me escuchara, hablar de todas aquellas ideas que tantas veces, en soledad, habían rondado mi cabeza, poder llorar en la compañía de otro que no fuera un ente invisible. Sí, claro que quería, por fin alguien se había dado cuenta de mi deseo.

Tiempo después, no sé determinar cómo ni cuándo, llegó el momento de ir a mi primera cita. No tenía muy claro qué era en realidad, supongo que una jovencita sabe que ahí podría hablar de muchas cosas y que se sentiría mejor. Los primeros encuentros transcurrieron hasta que llegó a formar parte de mi vida, sin saber cómo decidí que eso era lo que yo quería ser, psicoanalista. Eran momentos importantes, terminando el instituto había que plantearse qué quería hacer de mi vida, cosa que no había tenido claro hasta ese tiempo. Muchas veces había pensado en abandonar, rendirme y refugiarme en mi casa. Ese proyecto que surgía en mí sería el ápice para no esconderme nunca más.

Dificultades siempre había, fácil no hay nada en esta vida, estudiar, aprobar, relacionarte con la gente, comenzar con los compromisos económicos que, a partir de entonces, irían siendo cada vez mayores. He de confesar que esa nueva figura que se había instalado en mi vida sirvió, desde entonces, de un gran apoyo. No tanto por las palabras que me dirigía, sino por la confianza que ganaba en mí misma sabiendo que era la mejor forma de invertir en mi futuro. Está claro que equivocarnos todos nos equivocamos, pero es un aprendizaje necesario si quiere una sentirse viva. El que no hace nada nunca se equivoca, pero se queda en esa nada.

Los pasos se fueron decidiendo, porque a pesar de los miedos y la timidez, sinceramente he de reconocer que he sabido elegir. Lo primero la profesión, que me parece la más bonita e interesante, la única que me gusta desempeñar. Después el inicio de la actividad profesional, esos primeros pasos en una pequeña consulta del centro, los primeros muebles, las primeras facturas, el reparto de publicidad y tantas experiencias que se fueron sucediendo. Este trabajo nunca fue fácil, ni teóricamente ni económicamente, pero las recompensas que ofrece merecen ese esfuerzo. He aprendido mucho y me gusta desarrollar cada una de las labores que requiere estar sentada en este sillón. Me ha permitido escribir, como ahora lo hago, participar en medios de comunicación, atender a pacientes y ser el vehículo para que puedan tener una vida mejor, dar clases, etc. ¡Quien me ha visto y quién me ve!

Continuará...

EMOTIVO ADIÓS A UN DEPORTISTA

La vida y la muerte se suceden y no por ello nos resulta menos impactante el final de una persona. La edad, un accidente, una enfermedad pueden ser causas de nuestro fin, pero cuando éste se produce en una persona joven y sana, en el desarrollo de una actividad deportiva, cuando nadie se lo espera, resulta aún más inaudito.

El pasado sábado fuimos testigos del un trágico acontecimiento, el joven futbolista sevillano Antonio Puerta se desvanecía en el transcurso de un partido de liga, todos esperábamos su restablecimiento, máxime cuando salió del campo por su propio pie. El lamentable desenlace ha movilizado a miles de personas que han mostrado a la familia y amigos del joven fallecido todo su cariño y apoyo en estos duros momentos.

Mi trabajo de psicoanalista me acerca, más si cabe, a la naturaleza de los sentimientos y emociones que se producen ante un trance como este. Unos padres que pierden a un hijo en la flor de la vida, una novia que a punto de crear una familia pierde a su compañero, que ya nunca podrá conocer a su hijo. Hermanos, tíos, amigos, compañeros de Antonio Puerta, todos desesperanzados, incrédulos ante esta terrible realidad, necesitarán un tiempo para poder asimilar semejante pérdida.

Cuando alguien fallece la palabra muerte nos toca muy de cerca. Existe una gran variabilidad en la respuesta y posterior adaptación a este suceso, pero está claro que nadie queda indiferente, esa palabra, “muerte”, nos recuerda que algún día llegará nuestro momento. El proceso de duelo puede definirse como la reacción posterior y necesaria ante una pérdida real o ideal, que conlleva tristeza, desilusión, apatía, es una reacción normal y temporal, se corresponde con el lapso de tiempo que cada cual precisa para adaptarse a la realidad en la que ya no está ese objeto o persona. Consolar, convencer, animar a esa persona de nada sirve, pues como digo, necesita su propio tiempo para elaborar la situación.

En ocasiones esta reacción se hace duradera, la persona se siente incapaz de volver a interesarse por su vida, el mundo donde ya no está aquello que perdió. Es lo que puede denominarse como depresión, que no tiene que ver tanto con la pérdida real de la persona querida, sino con la pérdida de algo que ni siquiera sabe. Se trata más bien de una pérdida ideal y de su incapacidad de readaptación. En esta situación sí se hace precisa la intervención de los profesionales, no olvidemos que la depresión o melancolía es una enfermedad grave, responsable de los suicidios así como del desarrollo de enfermedades orgánicas, accidentes laborales, fracaso escolar, laboral, etc.

De la muerte no nos podemos curar, pero sí podemos aprender a sortear los problemas que nos vamos encontrando a lo largo de la vida, solos o con la ayuda de otras personas, para que de las cenizas siempre nazca algo nuevo.

CRÓNICA DE UN VIAJE

Maletas, bolsa de aseo, nervios, horarios, vuelos… En esta época del año parece una obligación viajar de vacaciones, como si a todo el mundo le gustara lo mismo. Hay viajes terrenales y viajes astrales, viajes de ensueño y de pesadilla, solo o en compañía. En primera clase o en la más económica. Es cuestión de elegir o de que nuestras posibilidades elijan por nosotros. Yo, esta semana, he viajado sin salir de casa y no piensen que me he vuelto loca ni que he abusado de ninguna sustancia.

El pasado jueves llegaba a Málaga el director de la Escuela Grupo Cero, Miguel Óscar Menassa, venía a presentar en nuestra ciudad su último cortometraje, La familia española, acto que me he encargado de organizar. Le acompañaba Olga de Lucía, odontóloga y protagonista del largometraje ¿Infidelidad? y de la próxima película Mi única familia. La ocasión merecía mi alegría, pues no todos los días puedo disfrutar en mi ciudad de semejante compañía. Ellos viajaban, pero para mí era como si Málaga y Madrid fueran la misma ciudad.

Cómo son las cosas que una mañana me desperté sintiéndome como en un hotel, con las sensaciones propias de mis viajes anteriores a la capital disponiéndome a asistir a algún congreso o alguna clase. ¿Madrid viajaba a Málaga o era yo la que me sentía allí? Posteriormente a la expedición se sumaban dos compañeras más, Cruz González y Eva Méndez, actrices también del cine de Menassa, con las que se multiplicaba la fuerza y la alegría.

La presentación fue un éxito, unos ciento cincuenta asistentes se animaron a mi invitación. Personas a las que había visto el día anterior sumadas a otras que no veía hace años, personas desconocidas y otras que conocía en una nueva dimensión. Todos dispuestos a encontrarse con el psicoanalista, poeta, médico, pintor y director de cine, que venía a nuestra ciudad no sólo a disfrutar de los encantos del sol, sino a hacernos disfrutar con su pensamiento y su obra. Se puede estar o no de acuerdo con sus ideas, pero escucharle nos hace ser más inteligentes, más tolerantes y nos ayuda a reflexionar sobre nuestra propia manera de vivir. Un regalo que no nos hacen todos los días.

Hoy mis pies están de nuevo en Málaga, con la vida cotidiana cargada de deseos y trabajo, también palabras, pero mi alegría es mayor porque Málaga ha crecido demostrando que cuando se es paciente, trabajador y generoso, la vida te da con creces el fruto que cada uno merece y necesita.

NO ES LO QUE ESPERABA

Tengo que confesarme: “no es lo que esperaba”, sin embargo si tenemos la tolerancia de seguir escuchando entenderemos que la frase posterior de muchos alumnos fue: “me gustó mucho, hubiera deseado que durase más”. Es sorprendente cómo en la mayoría de los casos escuchamos sólo lo que nos interesa o lo que coincide con lo que uno pensaba previamente. Así vamos tergiversando todo, entendiendo sólo a medias, perdiéndonos lo nuevo. Esperaba lo mismo de siempre y como este curso me sorprendió no sé cómo valorarlo.  

El pasado 28 de febrero, día de Andalucía, lo celebré en Getafe, compartiendo la jornada con profesores y alumnos de un curso de habilidades comunicativas en la empresa. Era la jornada final, conclusiones y despedida, cierre o apertura de una nueva forma de pensar, sin embargo, lo nuevo tiende a ser rechazado, comparado con lo anterior. En el transcurso de las horas los alumnos mostraron que habían escuchado y captado conceptos, amor económico, aprender a escuchar, narcisismo… Como digo no es fácil asimilar lo nuevo y les llevará un tiempo darse cuenta de que ya no pueden hacerse los inocentes ante los procesos afectivos que acontecen en su jornada laboral. 

Tendemos a pensar que hay técnicas y fórmulas estándar para comunicarse, para conseguir que el otro compre tu producto o para que el subordinado ejecute “sin chistar” nuestras órdenes, sin embargo, lo que se ha aprendido con este curso es que el que repite lo hecho jamás lo conseguirá. No todos los clientes son iguales, ni el mismo cliente es igual en todo momento. La habilidad estriba en aprender a relacionarse con el otro teniendo en cuenta los procesos de identificación, los estados afectivos, los celos, la envidia, los deseos y necesidades del otro. Renunciar al propio narcisismo para poder escuchar la demanda de la otra persona y así tratarlo con consideración. El que no es cliente hoy, puede ser un cliente mañana. Haga siempre las cosas de la misma manera que fracasará, en el amor, en el trabajo y en la vida. Aprenda a ser tolerante con la incertidumbre y las diferencias, habite en la realidad y las cosas le irán mucho mejor.  

Fue una jornada muy interesante y provechosa, estoy segura de que los alumnos sacarán buen provecho del trabajo realizado y que la empresa valorará el capital humano como fórmula del éxito. Las soluciones a los problemas, no obstante, no son mágicas ni instantáneas, requieren trabajo y, en muchos casos, la supervisión de un psicoanalista experto en materia empresarial. Felicidades a la empresa que apostó por esta formación novedosa y efectiva, y a los profesores del Departamento de Formación Empresarial Superior Grupo Cero por el trabajo realizado.

UN PASEO POR ALHAURÍN DE LA TORRE

Sonó el despertador, el día amanecía caluroso y ninguna excusa era suficiente para permanecer en la cama, los sueños, el cansancio, la pereza había que dejarlos atrás, un nuevo lunes llamaba a mi puerta. Giré mi cuerpo para apagar el reloj que avisaba con su insistente sirena y fue entonces cuando noté un fuerte latigazo en mis cervicales, casi no podía moverme. La noche me había transformado prácticamente en una minusválida funcional. Hube de permanecer unos minutos en una posición que me permitiera entender qué me estaba pasando y que calmara mi dolor. Tras unos instantes decidí ponerme en pie y dirigirme, como de costumbre a la ducha. 

Poco a poco fui desarrollando las tareas habituales y necesarias para comenzar un nuevo día de trabajo. Me senté frente al ordenador a leer el correo y las noticias del día, entrando, de esta forma, en contacto con el mundo que nunca para. Fui organizando los papeles, los folletos, la bolsa, como podía, porque el cuello no daba demasiada tregua. Había que salir a la calle y realizar trabajo de campo, el destino aún no estaba elegido. Por si no lo saben, cuando me lo permiten mis tareas y me apetece una caminata, voy a repartir mi publicidad por farmacias o bien buzoneando por urbanizaciones, así, de paso, veo bonitas casas, tomo el sol, conozco lugares. Pues hoy era uno de esos días donde iba a sembrar un poquito, ya que todas las empresas tenemos que hacer constante publicidad de nuestros servicios. 

Entre tantos lugares a los que dirigirme mi preferido es uno: Alhaurín de la Torre. Por un lado aprovecho para conducir, haciéndome acompañar de buena música. Por otro, sus urbanizaciones tranquilas, ordenadas, donde algún que otro can me da un susto de muerte, pero donde puedo pasear con la sensación de labrarme mi presente y mi futuro. Lógicamente, no todo mi trabajo ha de ser estudiar y atender pacientes. También disfruta una moviendo el esqueleto, que buena falta hace, y echando, buzón a buzón, lo que puede ser un servicio necesario para muchas personas y una forma de alcanzar nuevos horizontes para otras. 

Me encaminaba pues, nuevamente, hacia Alhaurín, un lunes con tortícolis. El tráfico no era excesivo a estas horas, aunque estamos en verano y encontrar una carretera vacía y transitable es casi un milagro. Había que decidir por dónde empezaría el reparto, mi idea era ir a alguna urbanización a la que no hubiera ido antes, lo cierto es que ha crecido mucho y son bastantes los lugares que desconozco. Me decidí por Taralpe, días atrás había pasado por allí. Una vez en el lugar comprobé que aún hay muchas casas sin habitar, por lo que no era una buena opción darse una caminata sin fruto. A otro lugar.  

Me dirigí entonces al archiconocido “Pinos de Alhaurín”, del que tantos comentarios leo en Alhaurin.com y lo cierto es que razón tienen. En sí no parece una urbanización cual estoy acostumbrada a ver por allí, sus calles son desordenadas, poco urbanizadas, lo que muestra que fue un lugar habitado por familias que poco a poco fueron construyendo allí sus casas, lejos de las macrourbanizaciones que ahora se construyen donde las viviendas son un calco y los arbolitos y las aceras venden “una vida perfecta”. Los vecinos reclaman, con justicia, al Ayuntamiento servicios para estas urbanizaciones más antiguas, calles bonitas y cuidadas, recogida adecuada de residuos, etc. Pinos tampoco fue el lugar elegido para mi trabajo, sus calles abruptas y empinadas me hicieron desistir. 

De esta forma fui, con mi coche, transitando lugares que son alhaurinos cien por cien y que no conocía si no de oídas. Pasaba la mañana y de forma salpicada fui dejando mis folletitos en algún que otro buzón, bajo la tímida y suspicaz mirada de algún vecino, temerosos ya después de tantos robos. Es bonito ver cómo las personas han ido construyendo, algunos más modestamente que otros, sus casas a lo largo de los años y hoy disfrutan de un bello y privilegiado lugar para vivir. Sus piscinas refrescantes me tentaban tras los muros, cuántas buenas tardes se pasarán en ellas al calor estival y cuántos buenos ratos en esos patios donde tomar un gazpacho en compañía de familia y amigos. 

Hoy no era momento para el ocio, sino para el negocio, y allí pasé mi mañana y allí dejé unas letras en cada buzón para que sepan dónde pueden acudir ante una duda, un problema, una crisis y encontrar un profesional que le escuche. Finalizada mi tarea, pues otras cosas me esperaban, realicé una compra en un supermercado de la zona y me encaminé a casa tras haber disfrutado de un paseo por Alhaurín de la Torre, donde como en tantos otros lugares, surgen polémicas, disputas, rifi-rafes y donde a veces se olvida de lo bello que es vivir si se tienen ilusiones y se saben encaminar las fuerzas para conseguirlas.

 

A MIS AMIGOS, CONTEMPORÁNEOS Y AFINES:

Llega un momento en la vida en el que el conocimiento pasa a la acción. No valen excusas, ni titubeos ni vuelta atrás, cuando hay que crecer, hay que crecer. La teoría siempre avisa de lo que va a ocurrir y la Teoría del Inconsciente indica que frente a un psicoanalista todos son pacientes. El deseo inconsciente tiende a expresarse y cuando no puede hacerlo directamente lo hace a través de la equivocación, el lapsus, los sueños o los propios síntomas. El medio más económico y que, además, desarrolla la inteligencia, es el lenguaje, a través del cual no sólo se expresa el deseo inconsciente, nunca de forma clara y directa, sino que también generamos una energía  que no existía antes de la conversación.  

En este punto, entiendo que no se puede ni se debe ir interpretando a destajo a las personas, sin un pacto previo no existe psicoanalista. Como si fuera un traje que uno se pone y le hace tener un pensamiento determinado, así es el psicoanalista, una escucha especial que sólo tiene lugar cuando el paciente así lo solicita, ya sea en el diván, en una cafetería o en un restaurante, pero siempre y cuando el paciente sea consciente de que lo es y se haga cargo económicamente de ese tiempo de trabajo. Por ello hoy digo que voy a aprender a mostrar a los demás cómo pueden llegar a tener una sesión de psicoanálisis. Todos los días me encuentro en conversaciones donde la otra persona te cuenta alguna cuestión íntima, te pide consejo, te confiesa algún detalle de su vida sexual, en un pasillo, en un portal y así no se puede ir por la vida. Saber marcarles lo que es una conversación de lo que es una sesión nos hará un bien a todos. Para ello ha de ser necesario un cambio en mí, tolerar como pacientes a personas conocidas y allegadas, poniendo en práctica el pensamiento que ya tengo: uno es diferente en cada situación. En la sesión el que paga es el paciente y el otro el psicoanalista. El resto del tiempo amigos, enemigos, indiferentes, amantes, familiares… lo que corresponda a cada situación.

FALSAS APARIENCIAS  

La noche estaba bañada de estrellas, la cita marcada nos llevaría al borde del mar, a una ciudad de luces y sombras. La “gente guapa” se encontraría en el Nikki Beach de Marbella para festejar la fiesta blanca, famoseo y adictos a las fiestas no querían perdérselo. Una experiencia como otra cualquiera que me permite reflexionar sobre el poder de las apariencias. Me encontraba en un lugar desconocido, rodeada de gente desconocida que llevaba horas disfrutando de la música, la bebida y de lo que fuera “menester”. Ante esa imagen una quisiera dar un paso atrás y no incluirse en una vorágine que podría tragarte, no obstante, me embarco, tranquila de que nadie te obliga a hacer lo que no deseas.  

Todos íbamos de blanco impoluto, intentando limpiar, tal vez, ciertas conciencias, ensuciadas en alguna que otra ocasión por conductas no muy sanas. Entre la flora y fauna, estoy segura de que había personas de muy diversa procedencia, con distintas convicciones y formas de entender la diversión, no obstante, a veces parece que metemos las cosas en un mismo saco y sacamos conclusiones precipitadas. Intentaré que esto no pase aquí. Observo ávida de entender ese modo de vida que día tras día nos venden desde los diversos programas de televisión. ¿Serán felices? ¿No se aburren de tanta fiesta? ¿Cómo pueden gastar tanto dinero? Muchas preguntas acudían a mi mente, no dejaba de mirar, al tiempo que disfrutaba, eso sí, de la buena música y de la compañía.  

Entre la diversidad, los habrá gozosos de la vida que han conseguido o que han heredado, champan y buena mesa le permitirán una mirada diferente a este mundo mientras comparten conversación con los amigos o conocidos. Otros, no obstante, estoy segura de que intentaban llenar sus vacíos con alcohol, drogas y falsas apariencias. Sus miradas parecían perdidas entre forzadas sonrisas, muchos compartirían la velada con compañías compradas a base de sus tarjetas doradas. Nos han hecho creer que el dinero daba la felicidad, pero me doy cuenta de que el dinero ganado con felicidad es el que se sabe disfrutar. De nada sirve “estar forrado” si te sientes solo, si no sabes amar o si nada de lo que haces te resulta satisfactorio. Cuántos de los que parecían tan felices, no saben qué hacer con sus vidas, más les valdría en lugar de tanta lujosa tumbona, tumbarse frecuentemente en el diván.  

Y es que el ser humano tiene la tendencia a atribuir a los demás lo que cree que le falta: felicidad, dinero, poder, belleza, atracción… nunca nos sentimos completos, nunca lo estaremos. Muchas veces soñamos una vida de éxito como la de tantos famosos, pero luego los titulares nos ponen, de nuevo, los pies en la tierra: “Amy Winehouse, adicta al alcohol y a las drogas tiene la piel del rostro destrozada”; “Tatum 0'Neal, la hija de Ryan O'nea, ha sido detenida cuando trataba de comprar crack”; “Whitney Houston está hecha trizas  intenta salir adelante con su carrera”… Estos como tantos otros son ejemplos de cómo lo que parece el cielo es un infierno para los que viven en él.  

Cada uno desde su lugar ha de saber forjarse su pequeña porción de felicidad, que como dijo el poeta José Martí “sólo puede hallarse en el camino del trabajo”. Nadie nos regala nada. Muchas veces nos quejamos de la vida que llevamos, del trabajo a la casa, y sin embargo nuestras vidas están llenas de afecto, de relaciones, de aprendizajes que no sabemos valorar. Si las vacaciones fueran eternas, ya no serían vacaciones. Las disfrutamos porque terminan. Por eso la mejor forma de disfrutar de una fiesta es poniéndole límites y volviendo, a la mañana siguiente, a nuestra consulta, donde nos esperan los pacientes, el ordenador, el correo, nuestra vida.

LA IMPOTENCIA PSÍQUICA

Hablar de impotencia psíquica nos remite a la impotencia sexual, pero no se refiere sólo a ella. No se trata de una cuestión exclusivamente masculina, sino que la impotencia nos afecta a todos en algún momento de nuestra vida.

Freud reconoce en el texto “Sobre una degradación general de la vida erótica” en el año 1912, que la impotencia psíquica es la enfermedad para cuyo remedio se acude a la consulta del psicoanalista con más frecuencia. Esto nos ha de llevar a considerar que cuando hablamos de impotencia no debemos pensar todo el tiempo en un pene erecto o flácido, sino en situaciones diversas en las cuales el sujeto, masculino o femenino, no alcanza el éxito cuando éste es esperado.

Lo normal en la sexualidad está muy lejos de constituir una norma. La impotencia y la frigidez, en sus diferentes maneras de mostrarse, son trastornos muy comunes y extendidos que acompañan a la vida erótica corriente. Las relaciones sexuales no son más que una de las múltiples expresiones de la vida del sujeto, una alteración de las mismas apunta a una manera patológica de relacionarse con el mundo. Un impotente en sus relaciones sexuales será probablemente impotente para otras actividades, por ejemplo escribir, hablar en público, etc. Algunas inhibiciones son evidentemente renuncias a la función a causa de que durante su realización surgiría angustia.

La impotencia se produce en unas situaciones concretas. El fallo no se produce, en la mayoría de los casos, sino con una persona determinada y nunca con otras. A pesar de existir deseo a realizar el acto, el órgano no responde. El hombre muestra apasionada inclinación hacia mujeres que le inspiran un alto respeto, pero que no le incitan deseo sexual, y, en cambio, sólo es potente con otras mujeres a las que no ama, estima en poco o incluso desprecia.

El pasaje del autoerotismo al amor de objeto, y a la sexualidad normal, requiere la fusión de la corriente sensual y la corriente cariñosa. La sexualidad normal tiene que ver con la renuncia a los objetos sexuales incestuosos; cada vez que surge la impotencia o la inhibición indica la existencia de angustia, angustia de castración porque el deseo es incestuoso.

El crecimiento ha conducido desde la imagen de la madre, y quizá también desde la de la hermana, a otro objeto sexual. Huyendo de todo pensamiento o intención incestuosos, ha transferido su amor, o sus preferencias, desde las dos personas amadas en su infancia, a una persona extraña formada a imagen de las mismas. Lo que debería ser una satisfacción permitida, en el caso de la impotencia nos delata que se trata de una pantomima, el deseo del sujeto no está allí, sino que devela su relación con un deseo reprimido.

Si la impotencia teme, no es temor ni a la potencia ni a la impotencia. El sujeto teme la satisfacción de su deseo, lo que le hace depender a la vez, de aquél o aquélla que va a satisfacerlo, a saber, del otro. Tenemos el ejemplo en muchas personas que no trabajan nunca porque sienten que se harían dependientes del trabajo, que no aman nunca porque creen que se harían dependientes del amor, que no pueden concluir un proyecto porque no soportan el cambio que les ocasionaría.

La angustia constituye el medio del deseo al goce. No hay deseo realizable por la vía en la que lo situamos sino implicando la castración. Si el sujeto se situara mejor con respecto a lo que para él constituye ley, temería menos perder su deseo.

La frigidez femenina se produce por la envida al pene, la impotencia masculina por la amenaza de castración. El goce del hombre y de la mujer no se conjugan orgánicamente. El goce de la mujer está en ella misma y no se junta con el Otro. Si algo nos revela la experiencia, es la heterogeneidad radical del goce masculino y del goce femenino. Un hombre sólo goza si ella lo desea.

El hombre no soporta muy bien los vaivenes emocionales a los que la mujer le somete. Si hace mucho el amor, ella se pone loca porque le gusta. Si hace poco el amor, ella se pone loca porque no le gusta. Ella nunca es ella. Ella sólo es una reacción a la potencia  o a la impotencia del hombre.

SOBRE PSICOANÁLISIS. CARTA ABIERTA,

 

Querido paciente,

 

Esta noche mi sueño se ha visto interrumpido por una idea ¿hay algo que no estamos haciendo bien? ¿Soy yo el que está fallando o es que acaso aún no llegué a ser su psicoanalista? A veces creo que viene a pasearse por mi consulta y no a tumbarse en el diván y entregarse. Sé que eso lleva un tiempo, que para algunos es imposible porque no es su deseo y para otros porque es demasiado bueno. Pero llegados a este punto es mi deber decirle en qué condiciones nos encontramos.

Si usted no es paciente entonces yo aún no puedo ser su psicoanalista, por lo que ningún resultado relacionado con un vínculo de estas características puede esperarse. Si vino con la excusa de mejorar su relación de pareja, eliminar algún miedo, calmar su malestar… está claro que no se está ocupando de ello y es usted el que, con su capricho o su racanería, prefiere el dinero, el miedo, o cualquier otra cosa a la salud, la inteligencia, la transformación.

Tal vez venga a vomitarle a una pared sus intimidades, o bien busque algún amigo o amiga porque no los tiene, de otro modo puede que venga para justificarse ante usted mismo o su pareja, pero aún no llegó a encontrarse con un psicoanalista, ni mucho menos, con ninguna interpretación.

Puede que esta carta que escribo en esta noche de desvelo sea la interpretación que usted necesita, tal vez sea una interpretación para mí mismo. Para que haya paciente tiene que haber psicoanalista, algo de mi posición está en juego. A partir de ahora hay que tenerlo claro, yo seré el psicoanalista. Ni curandero, ni pared, ni confesor, ni amigo, ni cómplice, aunque como psicoanalista a veces usted necesite que sea cualquiera de esas posiciones. Si a algo hay que jugarse es a la interpretación, juego en el que ambos jugadores serán otros después de cada partida. El que quiera ser cada vez igual a sí mismo no estará invitado a participar.

 

Reciba un cordial saludo.

 

¿Su psicoanalista?

LA VIDA CONTINÚA

 

El diagnóstico fue terrible, cayó como una losa frenando de golpe toda mi vida. Cáncer, tantas veces había escuchado esa palabra y esta era la primera vez que la oía referida a mí. Hacía unos meses, mientras me ponía la crema hidratante noté un bulto en mi pecho, no le di excesiva importancia, pero desde ese momento cada día palpaba deseando que ya no estuviese así. No fue el caso. El bulto seguía y mi preocupación crecía con él. Pedir cita en el médico era como reconocer que algo pasaba y yo me resistía. Mi marido comenzó a notar algo extraño, mi actitud distante y preocupada, el cambio en mi sentido del humor, la desaparición de mis gestos cariñosos. Me costó reconocerle que estaba preocupada por mi descubrimiento, ese mismo día pedimos cita para una revisión médica.

 

Ahí empezó mi periplo por clínicas, salas de espera, pruebas y más pruebas hasta que un día, sin quererlo, llegó la noticia. Tenía cáncer de mama y había que intervenir inmediatamente. Fue, lo reconozco, el peor día de toda mi vida. Ni la muerte de mi propia madre me había causado tanto dolor como el que ahora me producía pensar que toda mi vida me la jugaba en este paso. Mi marido me ayudó mucho en todo el proceso. Él también sufrió con el diagnóstico, para él también se tambaleaba su seguridad familiar, la mujer fuerte con la que se había casado años atrás era ahora una enferma que necesitaba, más que nunca, su ayuda.

 

Como comprenderán este no es un caso real, sino un ejemplo de una situación que viven a diario muchas personas y que nos demuestra que si del cáncer se trata lo que está en juego no sólo es la salud, sino la propia vida de la persona. El término 'cáncer' se utiliza como el nombre general para referirse a un grupo de más de cien enfermedades en las cuales las células en una parte del cuerpo comienzan a crecer sin control. La célula normal y la cancerosa no son fundamentalmente distintas: mientras una crece y se reproduce bajo determinadas condiciones, la otra lo hace en forma anárquica. Aunque existen muchos tipos de cáncer, todos comienzan debido al crecimiento sin control de las células anormales.

 

El pasado 19 de octubre se celebró el Día Internacional de Lucha contra el Cáncer de Mama. En  2007 se detectaron 21.000 casos de este cáncer en España, afortunadamente cada vez se diagnostican más y antes. El cáncer continúa siendo una enfermedad misteriosa y fatal, sin embargo, los avances de la ciencia han disminuido el índice de mortalidad o han aumentado la sobrevivencia. El 40% sobre estadísticas globales sobrevive los 20 años posteriores al diagnóstico, teniendo en cuenta un parámetro clínico fundamental, que es la detección precoz.

 

Cada vez está más claro que las emociones afectan al sistema nervioso y que éste está íntimamente relacionado con el sistema inmunitario, encargado de las defensas del organismo y cuyas células están capacitadas para resolver cualquier proceso canceroso. La ansiedad y la depresión ponen en marcha una cadena de alteraciones de las funciones endocrinas y de nuestro sistema inmune, que es el sistema que se encarga de la protección de nuestro organismo. Al disminuir las defensas, aumenta la propensión a diversas enfermedades orgánicas. No sólo habría que entender el factor psicológico como reacción al diagnóstico del cáncer, sino que vamos más allá. Los especialistas cada día tienen más claro que la depresión grave podría ser la responsable del desarrollo del cáncer. En la prevención de la enfermedad cancerosa habría que incluir, además de la detección precoz, el tratamiento psicoanalítico de la depresión, la ansiedad, el estrés y de todos aquellos signos que muestran un malestar psíquico en la persona. Estas afecciones sin tratamiento, al cabo de los años, pueden desembocar en graves enfermedades orgánicas.

 

Una vez aparecido el diagnóstico de cáncer hay que trabajar en varios frentes, por un lado la medicina debe hacer su trabajo, apoyada por la red familiar y social que rodea al paciente, evitando abandonos en el tratamiento, superando efectos secundarios de los fuertes tratamientos, creando expectativas de futuro que apoyen al paciente en la idea de vivir. Por otro lado, el psicoanálisis, que debería estar presente en el tratamiento de todos los pacientes oncológicos. Se ha comprobado que un paciente en buenas condiciones psicológicas responde mejor al tratamiento médico y, además, presenta menos efectos secundarios al mismo. El ensayo médico más clásico en el estudio de la depresión y el cáncer es un trabajo de Spiegel, realizado en 1981, donde se demostraba que el tratamiento psicoterápico de estos pacientes, mejoraba su calidad de vida de manera importante.

 

Superar la enfermedad es el primer objetivo tras el diagnóstico, a cada paciente le llevará su tiempo y su lucha particular. No sabemos cómo llegaría al cáncer nuestro personaje ficticio del comienzo, ni cómo fue su enfrentamiento a sus células enloquecidas, tampoco cómo se planteó la vida una vez superado. Lo que sí podemos suponer es que hay vida después del cáncer y es precisamente en ese aspecto en el que hay mucho por hacer y mucho por mejorar. De las mujeres que tienen cáncer de mama, un alto porcentaje no vuelve a trabajar. Y de las que se reincorporan a la vida laboral, muchas tienen dificultades en el desempeño de sus labores por problemas físicos o psicológicos. No sólo hay que potenciar la detección precoz y los avances médicos, sino que hay que transformar los pensamientos y el estilo de vida que llevaron al paciente a desarrollar esa enfermedad mortal. Hay que ayudarles a ver las cosas de forma diferente, en lugar de lo que les falta, fijarse en lo que tienen, VIDA. La Medicina y el Psicoanálisis tienen que trabajar conjuntamente y ahí el paciente tiene un papel muy importante.

UN ENCUENTRO CON LA MUERTE

 

Hoy no era mi día, estaba junto a esa multitud de gente que lloraba y sollozaba y sólo pensaba “hoy no me ha tocado a mí”. Era la primera vez que acudía a un velatorio y también, la primera que me encontraba frente a frente con la muerte.  Cuando sonó el teléfono y me dieron la triste noticia pensé que una vez más bastaría con  una llamada telefónica y un “lo siento”, pero en esta ocasión no pude escapar del compromiso, todos esperaban que estuviera con ellos arropándoles en este duro trance.

Cuando entré al tanatorio un escalofrío recorrió mi cuerpo, ver la floristería que se encarga de las coronas fúnebres, la cafetería en la que se mezclaba el cuchicheo de la gente y los llantos de otros, el expositor que mostraba las urnas funerarias como si se tratara de un producto comercial más. Quise escapar, no sabía cómo enfrentarme a la encrucijada de estar frente a frente con el fallecido. Era mi tío, aquél que tantas veces me había llevado a las fiestas del pueblo de mis padres, el que siempre venía cargado de helados cuando llegaba a casa, el que tenía ese olor tan especial a tabaco y que, sin embargo, nunca me resultó desagradable. Murió de repente, sin esperarlo, estaba sano como una pera y ahora estaba en un ataúd. ¿Por qué tenían que pasar estas cosas? Sólo de pensar que algún día le tocaría a mis padres o a mí mismo me ponía los pelos de punta. Mejor no pensarlo, quería huir, hacer como si nada hubiera pasado. Pero allí estaba, entrando al tanatorio para ver a todos mis familiares rotos de dolor frente al cadáver de mi tío, que en pocas horas, descansaría tras una fría lápida.

Allí estaba mi tía, desconsolada al lado del que había sido hasta ahora su marido y mi madre, con la cara desencajada despidiendo a su hermano mayor. Mis hermanas levantaron la cabeza y esbozaron una escueta sonrisa al verme. Llegaba, por fin, el sobrino favorito que no sabía cómo hacer frente a una situación como esta. Mi padre me abrazó, para él no era esta una circunstancia nueva, antes mis abuelos y muchos otros conocidos habían pasado a mejor vida, pero yo, ¿qué podía hacer allí? Los saludé, uno por uno, sin intercambiar demasiadas palabras, quería evitar el encuentro con la fría madera que contenía a mi tío, pero algo dentro de mí parecía necesitar corroborar que verdaderamente estaba muerto. Me preguntaba ¿qué era la muerte?

La gente no cesaba de llegar hasta la sala donde le velábamos, unos y otros se iban acercando hasta nosotros y nos daban el pésame, mientras algunas risas inapropiadas llegaban desde el exterior. Era una extraña mezcla de reacciones ante el fenómeno de la muerte. Personas que apenas conocían a mi tío lloraban como magdalenas y otros, tan cercanos, apenas podíamos expresar la tristeza que una pérdida semejante debería suponer. Parecía un mal sueño del que no pudiera despertar, pasaban las horas y llegó el momento de tapar el ataúd, fue entonces cuando me acerqué al cuerpo de mi tío y dirigí mi vista hacia su cuerpo inerte. Tardaron poco en poner la tapa y todos nos dirigimos hacia la capilla donde se haría la misa.

Los días siguientes fueron extraños, retomé mi vida cotidiana, nada había cambiado aparentemente, sin embargo una sensación desagradable me acompañaba. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué las copas no me sabían igual y la música me sonaba diferente? Las bromas, los chistes no me hacían ninguna gracia, no me apetecía quedar con nadie, quería estar solo en casa, tranquilo, ausente. Tal vez esta palabra pueda ser la que más defina la situación, “ausente”. Yo no había muerto pero me sentía ausente de mi propia vida, algo se había quebrado en mi interior. La palabra muerte es una cosa y otra, bien distinta, es encontrártela frente a frente y tan cerca. No hace falta ser viejo ni estar enfermo para morir, sólo hace falta estar vivo. ¿Cómo vivir sabiendo que todo puede acabar en cualquier momento? ¿Para qué seguir? Fue curioso no derramar una sola lágrima por mi tío y que su muerte, sin embargo, me hubiera producido este efecto. Algo de mi propia vida se había puesto en juego y me tocaba decidir si valía la pena seguir adelante.

Fue en esos días cuando cayó en mis manos un libro diferente, “Aforismos y decires” de Miguel Óscar Menassa, un psicoanalista y poeta. Inmerso en sus páginas fui encontrando verdad tras verdad sobre la vida y, también, sobre la muerte. Me impactó esta frase: Elaborar la falta o la pérdida o como se llame, también es saber lo que no falta, lo que todavía no se perdió. Qué verdad, cómo esta frase estaba hecha precisamente para mí en este momento. Lo que todavía no se perdió, mi vida todavía no la he perdido, estoy vivo. Seguí leyendo con pasión y la vida me fue cogiendo, de nuevo, con más garra. Hoy no era mi día,  hoy me tocaba vivir. Y así pude enterrar a mis muertos y respetar a mis vivos. Y aquí me tienen, amando y trabajando como nunca, llegando a la muerte por el camino más largo, la vida.

LA SUPERVISIÓN PROFESIONAL:UN ANTES Y UN DESPUÉS EN SU TRABAJO

 

Es fácil darse cuenta, en el trato cotidiano con empresarios, profesionales liberales y docentes, cómo desconocen un servicio de gran utilidad que está a su alcance, hablo de la Supervisión Profesional que realizamos los psicoanalistas. Cada vez se habla más de coaching empresarial, inteligencia emocional, habilidades directivas, sin embargo en la práctica laboral-empresarial cotidiana los expertos venimos detectando siempre los mismos fallos que, en muchos casos, suponen un importante agujero económico.

En primer lugar habría que dejar claro qué es  la supervisión profesional. Es un servicio llevado a cabo por un psicoanalista al que consulta, con una frecuencia determinada o en momentos puntuales, un empresario, un profesional liberal, un deportista profesional, un docente o un equipo de personas, para evaluar el desarrollo de un proyecto (apertura de un negocio, curso formativo, temporada deportiva, proyecto técnico, etc). Los encuentros pueden ser telefónicos o presenciales, en ellos el supervisor tendrá acceso, a través de la conversación con el supervisado, a los distintos elementos intervinientes en el desarrollo del proyecto.

Llegados a este punto puede preguntarse en qué puede beneficiarle a usted los servicios de un supervisor. La supervisión le permite detectar los sabotajes inconscientes que pueden suceder en el desarrollo de un proyecto: envidia, celos, angustia, culpabilidad, depresión, desgana… Si reflexiona puede darse cuenta que trabajar a favor de un proyecto implica poner todas las energías y esfuerzos en una misma dirección. Para ello es necesario elegir bien y que todos los agentes implicados estén de acuerdo (clientes, trabajadores…). En muchas ocasiones tras un aparente acuerdo entre las partes, el supervisor encuentra importantes desajustes que no se habían llegado a manifestar verbalmente y que pueden poner en peligro el correcto desarrollo. En muchas ocasiones se olvida para qué se está trabajando, cuáles son los objetivos, hay una tendencia a priorizar las tendencias individualistas que todos tenemos que se traducen en una palabra muy familiar: egoísmo. Cuando se habla de trabajo y de dinero, el egoísmo hay que dejarlo aparte, lo más importante debe ser tolerar y trabajar para que el proyecto salga adelante con éxito.

Se habrá dado cuenta de que hay proyectos que se nos atragantan. El trabajador no se da cuenta de que a veces envidia al cliente, otras veces no le tiene ninguna simpatía y el mayor deseo se convierte en acabar lo antes posible con esa relación empresarial. De esta forma no se puede trabajar bien. Entiendo que le parecerá una tontería hablar de afectos en el campo laboral (no está bien visto), pero la realidad es que estas cosas suceden todos los días, tan sólo tiene que echar un vistazo a su entorno de trabajo. Es necesario detectar y controlar estos afectos que enrarecen el buen desarrollo laboral.

Estamos implicados en lo que nos pasa. Existe una tendencia a responsabilizarnos de nuestros éxitos y desembarazarnos de nuestros fracasos, sin embargo estamos implicados en todos los sucesos de nuestra vida. Es muy importante, para el correcto desarrollo de un proyecto:

Estar de acuerdo con él

Establecer una correcta relación con el cliente y los demás agentes implicados

Aprender a comunicarnos

Detectar afectos que perturben el correcto desarrollo

Todo esto no puede llevarse a cabo sin la labor de un supervisor, por qué:

No nos damos cuenta de nuestros pensamientos inconscientes hasta que somos capaces de ir nombrándolos en la conversación frente a un psicoanalista.

En general no se reconoce la envidia. Es lógico que podamos envidiar al cliente, al fin y al cabo, él se llevará el fruto de nuestro trabajo. Sin embargo, si no lo reconocemos y si no sabemos mantener la envidia a un lado, podemos llegar a estropear el trabajo y, como sabe, la mejor publicidad de una empresa o de un profesional es su propio trabajo y la satisfacción del cliente. Mucho cuidado con lo que hacemos.

En muchos fracasos laborales está implicado el sentimiento de culpabilidad, sin la intervención a tiempo de un psicoanalista no se pueden prevenir y resolver esos descalabros. Todos, alguna vez, hemos tenido pensamientos e intenciones reprobables, a veces el castigo que nos infringimos es exagerado.

Otras veces la incertidumbre o el miedo, bastante habitual en los comienzos profesionales, pueden jugarnos malas pasadas. Se tratan de afectos normales que, sabiendo tolerarlos, pueden ser perfectamente compatibles con un correcto desarrollo del trabajo.

Llegados a este punto hay que insistir, ¿qué profesionales pueden utilizar los servicios de un supervisor? Empresarios, arquitectos, psicólogos, ingenieros, abogados, comerciantes, peluqueros, docentes, jueces, publicistas, deportistas profesionales, etc. Por supuesto es importante destacar que el supervisor mantiene secreto profesional sobre toda la información que maneja en la supervisión.

Es necesario diferenciar la supervisión del psicoanálisis personal. Son diferentes, aunque ambas acciones las lleve a cabo un psicoanalista.

En el psicoanálisis personal la vida sexual y afectiva, responsables de inhibiciones y alteraciones, son el eje del tratamiento.

En la supervisión profesional el proyecto empresarial es el protagonista. El pacto es trabajar a favor del desarrollo del mismo.

Como conclusión, los errores y los fracasos no pueden estar justificados, en todo caso son debidos a un deficitario desarrollo del proceso de trabajo. Cuando se ponen todos los medios a disposición: formación, instrumentos de trabajo y supervisión, el proceso laboral-productivo se ve facilitado, se corrigen importantes errores, se previenen inoperancias y, en definitiva, se producen importantes ahorros económicos. Las empresas gastan cada año una gran cantidad de dinero por la ineficiencia de sus directivos y trabajadores, estos gastos se verían destacablemente reducidos con la labor de un supervisor profesional.

HAY MUCHAS FORMAS DE MORIR

Morir de viejo, de aburrimiento, de pena, morir de soledad. Hay muchas formas de morir y de vivir. Los medios de comunicación se hacen eco, nuevamente, de una verdad a voces, el suicidio es un grave problema salud, sobre todo en la adolescencia, es la tercera causa de muerte entre los 10 y los 14 años. Con lo que se añora la juventud cuando se pierde, con lo llenos de vida que están, y muchos sólo ven escapatoria en la muerte.

 

Los profesionales de la salud lo venimos avisando desde hace tiempo, no son tonterías, las cuestiones de la mente o del psiquismo, como prefieran llamarlo, son muy serias, sin embargo muchos las siguen tomando como caprichos fruto del aburrimiento. El ser humano desde que nace está expuesto a constantes peligros que amenazan su supervivencia, gracias al cuidado de otras personas y a nuestra propia capacidad de creación, hemos podido conquistar la vida y los cinco continentes, llegar al espacio, inventar aparatos para volar, navegar y todo lo imaginable. Nuestro deseo no tiene límites, hasta que se posa sobre la palabra muerte, en ese instante la espada de Damocles pende sobre nosotros.

 

La adolescencia es una época de importantes cambios y no siempre es un camino de rosas. Cada humano tiene que atravesar el mismo proceso para conquistar el lenguaje y las leyes humanas, hacerse un hueco en este mundo y dar un sentido a su vida. Como es lógico, cada uno vive las cosas a su manera, asimila o no los cambios, acepta o no las leyes. Todos tenemos ejemplos de jóvenes tranquilos y dóciles, sin embargo, muchos otros pasan por esta época con grandes aspavientos, la rebeldía se instala en ellos y todo se convierte en conflicto. Para muchos padres lo normal ha sido “aguantar el tirón” y sobrellevar como se pueda los problemas que le acarrea su adolescente, pero las cosas no son tan sencillas. La rebeldía, el fracaso escolar, la agresividad puede leerse, en la mayoría de estos casos, como una manifestación de un conflicto psíquico que se ha instalado en el joven. Las respuestas que suele encontrar, en lugar de escucha, comprensión, apoyo, es desesperación, impaciencia, represión. Sólo se empeoran las cosas. Los datos de suicidios en adolescentes asustan, así como el consumo, cada vez mayor, de drogas. Hay que dejar de darle tantas vueltas al asunto, los problemas exigen soluciones y, en la mayoría de los casos, es en las consultas profesionales donde estas familias pueden producirlas. La experiencia profesional demuestra que los jóvenes responden rápidamente al tratamiento psicoanalítico, siendo preciso en algunos casos que los padres también acudan a algunas sesiones. En esta época habrán de tomar importantes decisiones referentes a las amistades, los estudios, etc. es por ello importantísimo que padres y educadores orienten a estos jóvenes con problemas en su desarrollo hacia la consulta del psicoanalista. Lo que era un joven problemático puede convertirse en un adulto enfermo y caprichoso. Hay muchas formas de llegar a la muerte, la mejor de ellas es atravesando una larga y provechosa vida.

EN EL DIVÁN

Todo iba mal, desde hace  un tiempo las ventas habían bajado muchísimo y apenas tenía salida la nueva mercancía. Las estanterías llenas, el escaparate cuidado, como siempre, pero una barrera invisible parecía impedir que los clientes entraran en la tienda. Se aproximaba la hora del cierre para ir a almorzar, como cada día, a las dos de la tarde. Inquieto, eché un vistazo a la caja registradora, dejándome llevar, tal vez, por la costumbre, apenas había algunos billetes y otras tantas monedas. La mañana había sido nefasta. Eché un último vistazo a la calle por si algún rezagado se animaba a entrar, pero el panorama era desolador, el calor, la hora, qué se yo. Fui a la trastienda a coger las llaves y mis objetos personales y apagué las luces. La ilusión de antaño se había transformado en apatía, tristeza, desaliento. Tal vez nunca tendría que haber emprendido mi gran sueño.

 

Hace unos días hablaba de esto con un amigo, mi cara reflejaba que las cosas no van bien. Me preguntó por la causa de mis preocupaciones y ese pie fue suficiente para que me desahogara largo y tendido. Meses de angustia guardados en secreto soltados de golpe. Nunca antes me había mostrado así ante nadie, mucho menos ante uno de mis amigos, pero ya no aguantaba más. Le conozco desde hace 8 años, salimos juntos, hablamos, nos reímos y me visita de vez en cuando en la tienda, le van bien las cosas y sabe que había puesto todas mis ganas en el negocio. Después de mis lamentos, un poco más tranquilo, me cogió del hombro y me dijo: “yo no te puedo ayudar, sólo puedo aconsejarte que vayas a un profesional experto en este tipo de cosas”. Esperaba que me dijera un asesor empresarial, un gestor, sin embargo me dejó muy sorprendido cuando me dio el teléfono de un psicoanalista. ¡Ni que me hubiera visto cara de loco!

 

No me había dicho que llevaba algunos años acudiendo varias veces por semana a la consulta de uno, desconocía por completo que él necesitara de esas cosas. Sin confesar los motivos por los que había dado ese paso, reconoció que le había venido muy bien, había resuelto muchos de los problemas que coleaban en su vida y se sentía confiado y con fuerzas para afrontar sus retos personales, como dije antes, la vida le iba muy bien. Le pregunté por qué pensaba que un psicoanalista podría ayudarme, era la dichosa crisis la culpable de que no tuviera clientes, ¿qué podía hacer yo contándole mis historias a un desconocido? Me miró fijamente y con un tono pausado pero con fuerza me dijo: “porque las cosas del trabajo también tienen que ver con el deseo inconsciente de las personas”. Ese día me fui a casa algo confuso y con el número de teléfono de un psicoanalista en mi agenda.

 

Al día siguiente todo parecía igual, llegué a la hora habitual, abrí las persianas invitando con ello a mirar y a entrar, pero fueron pasando las horas y apenas dos o tres personas se atrevieron a preguntar algunos precios, sin que ninguno adquiriera nada. El paso del tiempo iba aprisionándome, el cartero no dejaba de traer las facturas, la vida pasaba pero yo parecía haberme quedado detenido. El sudor fue invadiendo mi frente, el aire me faltaba, sentía una opresión desconocida en mi pecho, un escalofrío invadió todo mi ser, creí que era mi final. Tomé asiento en el taburete del mostrador e intenté sobreponerme a duras penas, estaba solo como también lo estoy en la vida. Una idea surgió en ese instante, el número de teléfono que mi amigo me había dado. Con la respiración entrecortada cogí el teléfono y busqué afanosamente en la agenda el dichoso número, no recordaba con qué nombre lo había guardado. Ahí estaba, simplemente psicoanalista, no aparecía ni el nombre personal, ni la dirección, sólo un número de teléfono. Pulsé el botón verde y el tono de llamada empezó a sonar.

 

Una voz parsimoniosa descolgó el teléfono, era una mujer. Le pregunté si era la psicoanalista y respondió afirmativamente, le dije que era mi primera vez, la primera vez que llamaba a la consulta de un psicoanalista, que estaba un poco perdido pero que creía haber tocado fondo. La mujer me indicó un horario para nuestra primera entrevista. Me dio la dirección de la consulta y nos despedimos hasta entonces. Esa simple conversación eliminó, instantáneamente, el sudor y mi falta de aire. Sentía latir normalmente mi corazón, una esperanza se abría ante mí.

 

Salí de la trastienda hacia la calle, cerré la puerta y bajé las persianas, esta vez no me dirigía a casa a prepararme el almuerzo, esta vez tenía una cita muy importante. Con un pequeño plano, me dirigí en coche hasta la calle indicada, a estas horas resultaba fácil encontrar aparcamiento y estacioné en el primero que encontré, sin percatarme de que otros muchos estaban más cerca del despacho. Tenía el estómago vacío pero no quería llenarlo de comida, estaba impaciente porque llegara la hora y poder desvelar el misterio, cómo sería la psicoanalista, qué decir, cómo podría ayudarme. Titubeante llamé al portero automático, se abrió la puerta y subí hasta el 4º piso. Nervioso alcancé la puerta que me abriría una dimensión desconocida, y no me refiero a ningún viaje galáctico, si no a un viaje a mi interior. Al poco de llamar al timbre, la puerta se abrió y tras ella una amable señora, que se identificó como la psicoanalista, me indicó el camino a seguir hasta la consulta, en ella una suave luz, un sillón y un diván. El trayecto comenzaba.

 

Me indicó con un gesto el diván y salté a él como saltan las fieras sobre sus presas, hambrientos. Mis primeras palabras no las recuerdo, quedaron escritas, tal vez, en su bloc de notas, o se perdieron entre esas cuatro paredes, de lo que sí me acuerdo es de que una vez allí, las frases fueron sucediéndose, como si hubiera anhelado largo tiempo una conversación como esta. A la primera entrevista le siguieron otras tantas mientras esas citas iban haciéndose un hueco imprescindible en mi agenda. Al principio no conseguía entender cómo esas charlas ayudarían a mi maltrecha economía, que por otra parte, estaba aún más mermada con el pago de las sesiones. Cada día abría las persianas del local y cada día permanecía allí trabajando, esperando que ese sí fuera un buen día, esperando que mis problemas tuvieran solución. Lógicamente, los clientes no entraban y las facturas no se pagaban. Un buen día mi psicoanalista me dijo que si tan mal me iba con el negocio, que lo cerrara, también era posible para el hombre fracasar. Sus palabras me dolieron, cuánto me dolieron, cómo aceptar cerrar algo en lo que había puesto tantas ilusiones. Tal vez ese era el problema, había puesto ilusiones, fantasías, sueños, pero no me había ocupado del trabajo real y necesario para que el negocio funcionara, el hombre no vive de castillos en el aire, mi negocio me necesitaba a mí al frente y no en esa actitud pasiva y fracasada con la que lo dirigía. No lo iba a cerrar. No iba a fracasar. No le daría ese gusto a la psicoanalista.

 

Mis sesiones siguientes fueron como una lucha cuerpo a cuerpo, trataba de justificarme, sentía que ella era mi enemiga y todo mi esfuerzo era llevarle la contraria. La culpa era de otro, no mía, la economía iba mal, el gobierno no lo estaba haciendo bien, mis padres no eran ricos para poder ayudarme, los centros comerciales eran una competencia contra la que no se podía luchar, etc. Todas mis palabras “me justificaban”, trataban de apartarme de cualquier implicación en mi vida, en mi negocio. Ella no entraba al trapo, escuchaba, hacía ruiditos, siempre me recibía amablemente y del mismo modo me despedía hasta la próxima, y yo siempre sentía que no habría próxima.

 

Un día no pude más, exploté, me tumbé en el diván y en lugar de palabras, brotaron sin cesar las lágrimas. Como un niño reconocía no saber qué hacer, sentirme solo ante la inmensidad del mundo, indefenso ante la dificultad. Ese día ella tampoco dijo nada, pero me aumentó los honorarios y me citó para la próxima. No entendí nada, en lugar de consolarme o decirme que si no podía pagar no volviera, me aumentó, como si aún confiara en mí, como si todo no estuviera perdido. A la mañana siguiente me eché unas gotas de colonia y un poco de gomina, ese día no fui en coche hasta el trabajo, hacía un día maravilloso y decidí ir caminando. En el trayecto me encontré a varios conocidos que me saludaron con alegría y a los que correspondí, uno de ellos me invitó a tomar un café y durante unos minutos charlamos, tranquilamente, tras los cuales me confesó necesitar un aparato que yo, precisamente, tenía en mi tienda. Quedamos en que al medio día iría a su casa y se lo instalaría como un favor personal. Y así, de este modo, casi sin esperar, había vendido uno de mis productos, por unas pocas palabras.

 

Abrí las persianas con desenfreno, encendí las luces y vi que el local mostraba cierto desencanto, decidí cambiar el orden de las cosas, mover el mostrador, cambiar el escaparate, imprimir unos folletos con sugerencias e información sobre novedades y, así, atareado, canturreando, una de las personas que pasaba por la calle miró y ante mi saludo, se decidió a entrar y preguntar. Otra venta tras unos útiles consejos para un mayor rendimiento. Entendí que regalando un poco de mi tiempo y de mis conocimientos, la gente confiaba en mí y se acercaba hasta la tienda. Esa mañana, está claro, no resolví todos mis problemas financieros, que aún los tengo, pero al llegar a mi sesión me tumbé con otro gusto, con otra cara y le dije: “Ni huir ni arremeter contra nada, aprender a conversar tranquilamente, eso enseña el amor”. Eso aprendí, doctora –le dije- y no crea que sólo amo el dinero, porque también la amo un poco a usted por aguantarme.

 

Y aquí estoy, capeando el temporal, intentando atender a mis clientes y buscar nuevos, ampliando mi capacidad de amor que también se traduce en la capacidad para tener más clientes. Desde hace unas semanas he comenzando lo que puede ser una nueva vida, me he anotado a un taller de escritura y aquí me tienen escribiendo lo que puede ser mi primer poema. No renuncio a mis sueños, pero ahora creo que si uno no consigue las cosas que dice querer es porque no quiere o porque está enfermo. Nadie te da ni te quita nada. A mí el psicoanálisis me llegó sin esperarlo, lo tomé y cada vez hago el trabajo de tumbarme en el diván y dejarme llevar por las palabras.

ACERCA DEL PSICOANÁLISIS

El Psicoanálisis es la ciencia del sujeto psíquico. Marca una ruptura a nivel del ser humano, ya que establece al Inconsciente como el centro de su vida psíquica y la conciencia como una cualidad del mismo. A partir del Psicoanálisis consideraremos que nuestros sentidos nos engañan, que nuestra inteligencia no determina nuestra vida, sino que son los deseos inconscientes, de los que sólo sabemos después de la Interpretación Psicoanalítica.

El Psicoanálisis constituye una nueva Psicología, no circunscribiéndose a los fenómenos patológicos. Es complejo determinar el límite entre la salud y la enfermedad. En Psicoanálisis el diagnóstico se realiza a la culminación del proceso analítico, en tanto no es el diagnóstico el que determina el tratamiento. Una vez concluido éste, es cuando el psicoanalista realizará una lectura del proceso psicoanalítico del paciente.

El Psicoanálisis propone la producción de una salud que nunca se tuvo, una salud que es necesario construir. Enfermedad es ese querer sacar un beneficio del estar enfermo. La única salud psíquica posible, es que el sano psíquicamente tiene la capacidad de sustituir un objeto amoroso por otro, un ideal de vida por otro.

Y no es, como estamos viendo, mi inteligencia la que me gobierna, sino que mi vida, nuestra vida, está gobernada por sencillas certezas inconscientes, pequeñas equivocaciones, deseos inconscientes.

Mecanismos psíquicos normales, presentes en todos los seres humanos, llevan en un caso al amor y en otros a la muerte, a la enfermedad o a la creación.

De la Teoría Psicoanalítica se deriva un método terapéutico que, a través de la palabra, produce transformaciones en la vida del sujeto.

Su objetivo no es curar, pero como producto-efecto cura, puesto que la enfermedad no es más que un posicionamiento del sujeto. En el tratamiento el paciente se irá construyendo una vida posible.

El Psicoanálisis puede trabajar sobre aquellas personas que estén dispuestas a cambiar, a someterse a la palabra. La única contraindicación es no pagar, en el sentido de que si el paciente no paga con dinero, paga con la vida. Al pagar se garantiza que el paciente se lleva lo que en análisis se ha producido.

Lo que le pide el psicoanálisis al paciente es que acepte el tratamiento, que venga a demostrar la existencia del inconsciente. Con ello queremos decir, que cualquier persona es susceptible de psicoanalizarse si realiza el trabajo, es decir, si produce el compromiso con un psicoanalista. No es necesaria la enfermedad, es más, el Psicoanálisis necesita desembarazarse de ella para poder trabajar. La psicoterapia analítica no es un tratamiento de la degeneración neurótica, tampoco es aplicable a personas que no se sometan voluntariamente a él.

El proceso analítico parte del compromiso del paciente a comunicar todo aquello que acuda a su pensamiento, sin imponer ni dejarse llevar por ningún tipo de restricción. Su compromiso es con la palabra, aunque el silencio también será interpretable.

Además del discurso del paciente, el Psicoanálisis utiliza en su trabajar, otros productos del Inconsciente, como son los sueños, los actos fallidos y equivocaciones, el chiste, etc. Del inconsciente sólo sabemos a través de sus efectos.

No existe ningún otro camino para alcanzar el fin propuesto. El fin del tratamiento será, entre otros, el restablecimiento de la capacidad de trabajo y de goce del sujeto. Cuando el tratamiento no ha sido suficientemente prolongado, se consigue, al menos, un importante alivio del estado psíquico general.

El procedimiento terapéutico es, con pequeñas modificaciones el mismo para todos los cuadros sintomáticos.

La psicoterapia analítica es la más poderosa, la de más amplio alcance y la que consigue una mayor transformación del paciente.

El descubrimiento y la traducción de lo inconsciente se lleva a cabo contra una continua resistencia del enfermo. Este tratamiento puede considerarse como una segunda educación, encaminada al vencimiento de las resistencias internas. Del análisis surgirá un nuevo sujeto, sujeto a las leyes del lenguaje.

Y estamos en el tiempo y en el lugar de decir, que no es necesario enfermar para comenzar a psicoanalizarse. Que el camino se hace al andar, es decir, que sólo hay un análisis posible para cada mi, para cada uno, si doy el paso que me lleve a la consulta de un psicoanalista a pedir mi primera sesión y, al parecer, hoy estamos en una.

¿A QUIÉN PUEDE BENEFICIAR LA TERAPIA PSICOANALÍTICA?

El tratamiento psicoanalítico puede beneficiar a muchas personas. Existe la tendencia a pensar que es el último recurso y que sólo es para los que están “locos”, con la intención, tal vez, de excluirse del grupo de sujetos susceptibles a psicoanalizarse, ya que se tiene la idea de que es “deshonroso y vergonzoso” y que además, está mal visto socialmente.

Nada más lejos de la realidad: el Psicoanálisis está destinado a todas aquellas personas que no se conforman con dejarse llevar por la vida, que quieren llevar el timón de lo que les pasa y desean sentirse mejor consigo mismas y mejorar sus relaciones sociales y calidad de vida.

Nada es inamovible, todo es susceptible de transformarse, incluso nosotros mismos. Transformándonos cambia lo que nos pasa.

Además, el Psicoanálisis ofrece tratamiento a personas que han optado o sucumbido a la enfermedad, personas definidas o no dentro de una patología y se encuentran al borde del abismo:

•  Depresión

•  Ansiedad

•  Angustia

•  Miedos

•  Fracaso profesional

•  Dificultades en las relaciones con los demás

•  Problemas sexuales: insatisfacción, anorgasmia, eyaculación precoz...

•  Problemas con la pareja: discusiones, infidelidad...

•  Insomnio

•  Dolores sin causa médica

•  Adicciones: tabaco, alcohol, drogas, ludopatía...

•  Enfermedades orgánicas crónicas: Cáncer, Sida...

•  Preocupaciones: educación hijos, relaciones pareja, trabajo...

•  Problemas en la alimentación: anorexia, bulimia, sobrepeso...

•  Problemas de aprendizaje y adaptación escolar

•  Inadaptación social

•  Problemas de conducta

•  Enuresis

•  Insatisfacción con la vida

•  Enfermedades sin causa médica: cefaleas, asma, alergias, alteraciones del habla, parálisis motoras...

•  Etc.

Lo más probable es que casi todos nos hayamos sentido identificados con alguno de estos síntomas, en mayor o menor medida, o que conozcamos a alguien a quien le pase. Es por ello necesario que nos paremos a reflexionar hasta qué punto es necesario sacrificar nuestra vida por no poner una solución a tiempo. Hasta qué punto debemos vivir creyendo en el destino. Tal vez porque sea más fácil pensar que lo que nos ocurre nos viene dado desde fuera, que pensar que nosotros tenemos algo que ver en eso. Si nos responsabilizáramos de lo que nos ocurre, nos permitiríamos una vida diferente.

VIVIR MEJOR

Un amplio porcentaje de la población necesita o viviría mejor si recibiera psicoterapia. Me pregunto por qué esa tendencia a quedarse uno como está, aunque esté mal. Por qué resulta tan difícil para una persona reconocer o acudir a un psicólogo o a un psicoanalista. Qué nos puede llevar a pensar que eso supone un fracaso. Fracaso es no saber parar a tiempo, resignarse a la infelicidad cuando existen multitud de caminos. Cuando a través de la palabra se puede construir otro pasado, presente y futuro.

Tal vez sea que la población desconozca a dónde acudir, pues todo está construido para negar el cambio, negar la libertad y el crecimiento. Si nos conformamos con que el Estado (Seguridad Social) nos solucione la vida, ponemos nuestra vida a la cola. Cada uno es responsable de lo que le pasa y si no le gusta, él es el que tiene que implicarse.

Existen, aún, insuficientes profesionales cualificados para satisfacer la gran demanda existente, pero es necesario que los que demanden terapia estén dispuesto a aventurarse, a dejarse hablar.

SER PACIENTE TAMBIÉN ES UNA CONSTRUCCIÓN

La paciencia es el don de la ciencia. Cada cosa tiene su tiempo, su proceso. Ser paciente en Psicoanálisis también es un trabajo, sería imposible pensar que desde la primera sesión o entrevista con un psicoanalista uno ya está en Psicoanálisis, si fuera así habría más personas en tratamiento y, consecuentemente, más personas sanas.

Aprender a tolerar que las cosas sean diferentes a como pensamos, someternos a la realidad, comprometernos a que nos guíen las palabras en el marco de la transferencia psicoanalítica, serán las bases de las que tendrá que partir todo candidato a paciente.

El objetivo del Psicoanálisis no es la eliminación de los síntomas, aunque esto se produce como beneficio secundario del proceso.

Para comenzar el análisis el paciente ha de renunciar al goce que supone el síntoma, el fracaso... Debe someterse a las leyes del inconsciente, del lenguaje, donde todo es posible, donde las palabras no tienen valor en sí mismas sino en la combinación con otras palabras. Donde nada está previamente establecido, sino que todo está por hacer. El pasado no es lo que nos determina, el tratamiento se desarrollará según la forma de su futura dilución.

LA ENVIDIA Y LOS CELOS

"...de otro, será de otro como antes de mis besos..."
Pablo Neruda

Hablamos de la envidia y los celos, modos de sentir y padecer, de querer y palidecer ante determinadas situaciones. Todos fuimos niños, y es en la infancia desde donde partiremos en nuestra particular investigación sobre la envidia y los celos.

Los celos constituyen un estado afectivo normal , todos hemos sentido alguna vez, aunque no lo recordemos. Celos ante los hermanos, celos ante los compañeros de clase, celos cuando nuestra pareja mantiene algún tipo de relación con una persona del sexo opuesto... Son inevitables, cuando faltan en el carácter o en la conducta de una persona, deducimos que han sometido a una enérgica represión y desempeñan, en la vida anímica inconsciente un papel tan importante como si se manifestaran.

El deseo de gustar y de conquistar no se agotan en la mujer ni en el hombre después de haber establecido un compromiso de pareja. Esta situación requiere una tolerancia por ambas partes y una confianza hacia las actividades del otro que. En el caso del celoso exige a su pareja que se comporte como si fuera de su propiedad cuando esta actitud es, posiblemente, la vía más rápida para perder el deseo y corre el riesgo de quedarse solamente con la propiedad exclusiva... de sus celos.

La libertad sexual ilimitada no procura mejores resultados que la prohibición. La necesidad erótica pierde valor psíquico en cuanto se hace fácil y cómoda la satisfacción. Para que la libido alcance un alto grado es necesario oponerle un obstáculo. La importancia psíquica de un impulso crece con su prohibición. La plena satisfacción no es posible , en la naturaleza misma del instinto sexual existe algo desfavorable a ello.

Los celos son siempre señal de una inseguridad. Aparentemente no estoy segura del amor del otro, pero en realidad lo que se tambalea es mi propia firmeza.

Desde el punto de vista psicoanalítico podemos distinguir tres casos o grados de celos anormalmente intensos:

•  Celos normales

•  Celos proyectados

•  Celos delirantes

Los celos normales se componen básicamente, de la tristeza y el dolor por el objeto amado que se cree perdido, de la ofensa narcisista que sentimos ante el hecho de que aquél al que amamos, desee ahora a otra persona. Incluyen sentimientos hostiles contra ese rival preferido, así como autocrítica, en tanto se quiere hacer al yo responsable de la pérdida amorosa. Estos celos no son completamente racionales, nacidos de circunstancias reales. Demuestran tener profundas raíces en lo inconsciente, perpetuando impulsos de la afectividad infantil procedentes del complejo de Edipo o del complejo fraterno del período sexual. La curiosidad sexual de los niños se despierta bajo los impulsos egoístas en ellos dominantes. La sospecha del nacimiento de un nuevo hermano despierta la sensibilidad del niño ante la sospecha de una pérdida de privilegios. Manifiesta una clara hostilidad hacia su competidor, exteriorizándola a través de juicios poco amables, el deseo de que no hubiera nacido e incluso en pequeños atentados contra el bebé.

En el desarrollo de la investigación sexual, cuando la niña advierte el pene de un hermano o de otro niño, lo reconoce como superior de su propio órgano. Desde este momento cae víctima de la envidia fálica. La esperanza de que obtendrá alguna vez un pene y será entonces igual al hombre, puede persistir hasta una edad madura. Las consecuencias psíquicas de la envidia fálica son diversas. Desarrolla un sentimiento de inferioridad y después considera su falta de pene como un castigo, comienza a compartir el desprecio del hombre hacia la mujer. La niña, para adquirir las características propias de la feminidad, renunciará a su deseo del pene, poniendo en su lugar el deseo de tener un hijo y toma al padre como objeto amoroso. La madre se convierte entonces en el objeto de sus celos.

Los celos desempeñan en la vida psíquica de la mujer un papel más importante que en el hombre. La falta de pene es casi siempre achacada a la madre de la niña, que la trajo al mundo tan insuficientemente dotada. Poco después de haber descubierto del defecto de sus genitales, la niña desarrolla celos contra otro niño, con el pretexto de que la madre lo quería más que a ella, con los cual halla un motivo para el desprendimiento de la vinculación afectiva con la madre.

Los celos proyectados nacen tanto en el hombre como en la mujer, de las propias infidelidades del sujeto o del impulso a cometerlas, pero relegado, por la represión, a lo inconsciente. Aquellos que niegan experimentar tentaciones de infidelidad en el matrimonio, sienten tal presión, que suelen acudir a un mecanismo inconsciente para aliviarla, proyectando sus propios impulsos a la infidelidad sobre la persona a quien deben guardarla. Es decir, que se muestran muy moralistas, cuando son los que, en su realidad inconsciente, desean transgredir las reglas de la fidelidad matrimonial. En el tratamiento de los sujetos celosos ha de evitarse discutirles el material en el que se apoyan, sólo puede intentarse modificar su interpretación del mismo.

Menos favorable resultan los celos delirantes , también estos nacen de tendencias infieles reprimidas, pero los objetos de la fantasía son de carácter homosexual. Sirven como tentativa de defensa contra un poderoso impulso homosexual. El celoso paranoico, reconoce la infidelidad de su cónyuge en lugar de la suya propia, ampliando la infidelidad de su pareja, consigue mantener inconsciente la suya. Los celos del paranoico le sirven para rechazar su homosexualidad.

La envidia suele provocarla la posesión de bienes que no tendrían ninguna utilidad para quienes los envidia y cuya verdadera naturaleza ni siquiera sospecha. Envidia a la imagen de completud , donde uno piensa que el otro es completo, uno se siente dividido, fragmentado.

ALGO MUY COMÚN

Es común, en las consultas médicas, encontrarse con pacientes que vienen con un síntoma y “aprovechan” la ocasión para contarle al médico sus problemas, sus preocupaciones y sus sentimientos, sin que esto revista interés alguno para el facultativo.

En otras ocasiones, a los síntomas que traen consigo, tras la realización de las pruebas pertinentes, no se les encuentra causa orgánica alguna, aunque ello no implique el cese del padecimiento. Ante estas circunstancias, los médicos se encuentran impotentes ya que no saben cómo actuar.

Tal vez la causa sea la falta de formación recibida en la facultad respecto a estas situaciones o a estos tipos de pacientes, tal vez el desconocimiento de los recursos existentes para solventarlos.

El desconocimiento y los mitos existentes respecto al Psicoanálisis han alejado a muchos médicos del beneficio que éste puede reportarles.

Por un lado, conocer la implicación fundamental del psiquismo en la producción y desarrollo de las enfermedades orgánicas, es por ello necesario tener en cuenta lo psíquico en el tratamiento de dichas afecciones.

Por otro lado, el Psicoanálisis da al paciente una alternativa a la enfermedad o, en el caso de enfermedades crónicas, le enseña a vivirla de un modo diferente. El Psicoanálisis mejora, junto con la Medicina, la calidad de vida de los enfermos.

Hay enfermedades sin causa médica y, ante ellas, la Medicina se queda sin respuestas, el Psicoanálisis se las ofrece y propone soluciones a este tipo de pacientes.

No es lo mismo el tratamiento que presta un médico con formación psicoanalítica que otro que no tiene en cuenta al sujeto, que sólo considera los órganos.

Hoy, adentrados en un nuevo porvenir, se hace necesario mejorar la asistencia sanitaria y ofrecer a los pacientes el camino para resolver sus síntomas, entendiéndolos como una voz ronca que hay que aprender a escuchar, se hace necesario crear un vínculo entre los profesionales de la Medicina y los del Psicoanálisis para proporcionar el tratamiento adecuado para cada caso.

LA MASTURBACIÓN

La vida sexual humana es muy compleja y no sólo se corresponde a lo corrientemente admitido. El descubrimiento del Psicoanálisis muestra la genitalidad no como algo exclusivo de los adultos . La sexualidad es inherente a lo humano y gozan de ella todas las edades. La sexualidad de la que habla el psicoanálisis está relacionada con la constitución del sujeto psíquico.

Las diferencias principales en las diferentes edades, se refieren tan sólo al procedimiento empleado para alcanzar la satisfacción. En un primer lugar será la zona bocal, posteriormente la anal, para más tarde alcanzar su primacía la zona genital.

La masturbación corresponde esencialmente a la actividad sexual infantil y luego su perpetuación en años de mayor madurez. Podemos destacar tres tipos de masturbación que acontecen en el proceso evolutivo humano:

-Masturbación del lactante.

-Masturbación infantil, fijada ya a determinadas zonas erógenas.

-Masturbación puberal, donde ya aparece el objeto sexual exterior.

La masturbación aún hoy sigue siendo un tema polémico que suscita culpas, temores y censura. Pero no debemos olvidar que es una parte muy importante de la sexualidad del ser humano.

El origen del término proviene del latín y significa "procurarse solitariamente goce sexual".

En el siglo XVIII ,los médicos consideraban que era perjudicial para la salud, imaginando que podría producir locura.

Desde la sexología la masturbación no es una conducta obligatoria, pero suele ser beneficiosa como fuente de conocimiento del propio cuerpo y de aprendizaje del placer.

Las fantasías suelen ser un elemento que acompaña a la masturbación, fundamentalmente a partir de la pubertad, jugando un importante papel en la excitabilidad.

Asimismo, es destacable el sentimiento de culpabilidad que suele acompañar a este tipo de conductas.

Se pueden derivar varios daños de la masturbación, pero no se tienen que presentar necesariamente:

•  Por un lado, un daño orgánico si la frecuencia de la misma es desmesurada o si produce una insuficiente satisfacción.

•  Si se establece un prototipo psíquico de satisfacción que inhiba la conducta real del individuo.

•  Por otro lado, la fijación a fines sexuales infantiles, predispone a la neurosis. La salud se deriva de la renuncia a los deseos sexuales infantiles.

Puede producir cierta atenuación de la potencia sexual masculina que culturalmente tiene una valiosa función, pues facilita la moderación y la desviación a otros intereses.

A partir del informe Kinsey de 1950, se descubre la generalidad de la práctica de la masturbación. Posiblemente hasta ese momento la moral hizo creer que era una práctica poco difundida.

Desde el Psicoanálisis reconocemos que no sólo es masturbación la realizada sobre los genitales, sino como ya dijimos, todo lo que está tocado por la palabra es sexual para el ser humano, por lo tanto, múltiples son las formas de placer.

Observamos que en muchas patologías los síntomas son sustitutivos de la masturbación.

Los padres y profesores son las principales figuras, herederas sociales, que se encargan de la represión de la masturbación, represión por una parte necesaria, en el sentido de que no tiene que ser un acto público, como a veces manifiesta el niño. Pero represión que, en ocasiones, se extiende también a las conductas privadas de la persona.

Existen ciertos mitos acerca de la masturbación:

* Es un sustituto del coito.

* Es algo compulsivo. Una vez que uno empieza ya no puede detenerse.

* El deseo de masturbarse desaparece cuando uno forma pareja.

* Es perniciosa física/emocional/mentalmente.

* Los orgasmos que uno experimenta al masturbarse son inferiores a los que procura el acto sexual.

* La masturbación es algo privado, para hacer en soledad, para no compartir.

* Sólo se masturba la gente solitaria, aislada o inadecuada.

No nos dejemos engaos engañar por los mitos y desarrollemos una sexualidad más abierta, donde sean las palabras las que marquen la dirección del placer.

UN TRATAMIENTO POSIBLE  

Con cuanta frecuencia veo los ejemplos de los distintos modos que tiene el ser humano de comunicarse. Voy sumando años de práctica profesional, así como de psicoanálisis personal, lo que me va permitiendo una mayor tolerancia y una mayor comprensión de los fenómenos psíquicos. Me doy cuenta ahora de tantas cosas, que no puedo sino pensar que desde un principio también pudieron acontecer.

Muchas personas que se relacionan de algún modo con un psicoanalista, como representante de este campo que es el Psicoanálisis, manifiestan de distintos modos su deseo de psicoanalizarse. ¡Si ellos lo supieran! La propia naturaleza del deseo inconsciente hace que éste no sea accesible a la conciencia del individuo, sólo puede hacerlo a través de la negación. Otras formas como los síntomas, los lapsus, los sueños, nos muestran la existencia de tales deseos, que siempre buscan su expresión.

No es afán del psicoanalista convencer a nadie, ni tener a media humanidad en su diván. Es un profesional que realiza su trabajo y atiende a todo aquel que se lo solicita. Pero claro, interpreta aquellas demandas inconscientes, ocultas a ojos de un lego en la materia, pero obvias cuando sabemos que todos deseamos ser escuchados.

Esta ciencia cada día conquista más nuestra cultura, aunque aún le queda mucho camino por recorrer. Aún hoy resulta “raro” acudir al psicoanalista, pareciera que hay que estar estropeado y uno va al “mecánico” para repararse. Nada más lejos de la realidad. La salud no existe como tal, hay que producirla. Todo humano, sujeto del lenguaje, podría ser paciente de psicoanálisis, aunque se tiene que dar la condición de desearlo. No se puede obligar a nadie a psicoanalizarse.

El tratamiento psicoanalítico produce un nuevo sujeto, que no necesita enfermarse para hablar, que produce nuevas formas de gozar que no necesitan de los síntomas. Un ser civilizado, humano, que reconoce lo que de humano hay en él. Quién esté libre de culpa que tire la primera piedra.

Me pregunto, ¿sigue siendo necesario, después de esto, deprimirse, sufrir un infarto, generar una úlcera, lesionarse…? Deseemos el camino radiante al que nos llevan las palabras .

Lo más caro en esta vida es la enfermedad y la tontería.

Su tratamiento es posible, ¿cuándo le doy hora?

EL PSICOANÁLISIS INTERESA

Íntimo, privado, entre cuatro paredes . El Psicoanálisis no es un asunto exclusivo entre paciente y psicoanalista. Muy al contrario de lo que se suele pensar, la Teoría Psicoanalítica ha tenido importantes repercusiones en nuestra vida actual. No sólo la Psicología y la Filosofía, sino la Medicina, la Biología, la Arquitectura, el Arte, el Cine, la Educación son otros desde la llegada de esta joven ciencia.

En nuestro anterior artículo evidenciamos su candente actualidad, queremos en éste destacar el interés que esta disciplina tiene para el desarrollo de nuestra sociedad . Al igual que otros descubrimientos científicos produjeron una conmoción en el pensamiento de la época, la ciencia psicoanalítica trastoca la vida misma de los hombres. El inconsciente pasa a regir nuestra existencia , siendo la conciencia tan sólo una parte del mismo.

Más allá de los prejuicios que nos alejan de este nuevo pensamiento, esta ciencia ha investigado la importancia que la función sexual tiene para la vida anímica. Para entender esta consideración se hace necesaria, sin embargo, una ampliación del concepto de sexualidad. Cuando nombramos esta palabra solemos referirnos a la genitalidad, sin embargo a partir de ahora habrá que tener en cuenta que sexual es todo aquello tocado por la palabra , es la tendencia del ser humano a obtener placer y a repetir aquél acto que alguna vez se lo procuró. Entienden ahora por qué tanta importancia a nuestra búsqueda de placer, que a veces hallamos precisamente en lo que nos perjudica, como la enfermedad, el fracaso...

El Psicoanálisis demuestra que las formas patológicas psíquicas no son fruto de la degeneración, sino que comparten procesos idénticos a los que acontecen en sueños, lapsus y otras formaciones del inconsciente. La normalidad está, entonces, en todos nosotros . Esta luz arrojada al campo de las enfermedades da lugar a la esperanza de curación. No se trata de ninguna falta, sino de la necesidad de una nueva distribución. En este sentido, no sólo a las enfermedades hasta ahora mentales, sino también a las psicosomáticas y las puramente orgánicas, habrá que considerarlas de otro modo. En todas ellas hay participación del inconsciente, pues es imposible separar psique de soma . Los médicos, entonces, deberán plantearse en su formación el estudio de los conceptos psicoanalíticos, que le permitirán un mejor desarrollo de su labor terapéutica.

En el campo educativo sus aplicaciones también son muy relevantes. Recomendamos a los pedagogos y profesores familiarizarse con los resultados del psicoanálisis, no correrán así el peligro de exagerar la importancia de ciertas tendencias que el niño muestre. La represión violenta, no produce nunca en los jóvenes la desaparición ni el vencimiento de tales tendencias y sí propician el germen de posteriores enfermedades neuróticas. En este sentido hay que decir que tendencias de carácter perverso pueden ser desviadas a través de la sublimación, hacia otros fines más valiosos. Así nacieron las mejores virtudes, a raíz de las peores disposiciones.

Podríamos seguir señalando los aportes que el descubrimiento freudiano hace a las distintas disciplinas, pero dejamos el germen para una próxima ocasión.

Si usted es médico, personal sanitario, psicólogo, filósofo, profesor,  abogado, juez, arquitecto, estudiante, cocinero, peluquero… El psicoanálisis le puede interesar .

EL INSOMNIO

Valeriana, tila, dormidina, antidepresivos, valium, baños calientes, escuchar música relajante, cannabis… So n muchas las personas que tienen problemas para conciliar o mantener el sueño, para evitarlo prueban infinidad de remedios, sin que ninguno de ellos resulte efectivo.

Decía Freud que a l acostarse, se despoja el ser humano de las envolturas que encubren su cuerpo: gafas, maquillaje, dentadura postiza, ropa, etc. y obra del mismo modo con su psiquismo, volviendo, en cierto modo, al punto de partida de su vida. Cuando dormimos nos retraemos del mundo exterior, cesa nuestro interés hacia él.

Está claro que nuestro organismo necesita el descanso, pero lo importante no es dormir unas determinadas horas, sino que el sueño cumpla con cierta calidad, que permita nuestro correcto funcionamiento en las actividades diurnas. Hay que saber, sin embargo, que e l aparato psíquico no para. El cuerpo necesita recargarse pero el psiquismo sigue activo, también durante el sueño.

Soñar, más allá de lo que podríamos pensar, cumple una importante función, según el fundador del Psicoanálisis el sueño es el guardián del reposo. Es la señal de que ha surgido algo que tendía a perturbar el descanso y se ocupa de que sigamos durmiendo. El gran descubrimiento del Psicoanálisis es que todo sueño es la realización disfrazada de deseos, una realización que se revela tras la interpretación psicoanalítica.

La censura que en la vida despierta evita que acudan deseos prohibidos a la conciencia, disminuye mientras dormimos, lo que posibilita que dichos deseos intolerables puedan manifestarse a través de los sueños. Precisamente por ello, cuanto más fuertes sean las cargas pulsionales inconscientes, más inestable se torna el dormir.

Pasar una mala noche no debe llamarnos la atención, pero pasar una detrás de otra sin dormir puede interferir en nuestra vida cotidiana. Cuando la imposibilidad de conciliar o mantener el sueño se prolonga más allá de tres semanas el problema tiene nombre: insomnio. Es un padecimiento muy frecuente, más del 20% de los españoles pasa la noche en vela y el día entre bostezos.

El insomnio no es una enfermedad, más bien es un síntoma. La mayoría de las personas lo sufre de forma transitoria por un problema familiar, estrés, el jet lag, el turno laboral o el consumo de ciertos fármacos. Sin embargo, el insomnio crónico dura más de tres semanas y puede deberse a trastornos de origen psíquico como depresión o a enfermedades orgánicas como patología cardiaca, asma, reflujo gastroesofágico, alguna enfermedad reumática o parkinson.

Además de las consecuencias que ocasiona el no dormir, como somnolencia diurna, malestar general, disminución de la concentración, disminución del estado de alerta, aumento de la irritabilidad; ha de interesarnos el hecho de que para muchas personas no dormir es un modo de evitar los sueños . Ellos son los encargados de mantener el reposo, pero también nos muestran importantes deseos inconscientes que no percibimos durante la vida despierta.

El silencio de la noche, permite el egoísmo del sueño, en el que todos sus personajes son el propio durmiente. Para dormir, sin embargo, es necesario pactar con ese lenguaje onírico, permitirnos hablar más allá de nuestro control . Los sueños son una forma de expresión que escapa a los prejuicios de la conciencia y muestra una parte de nosotros mismos que desconocemos.

Fármacos y técnicas diversas se muestran insuficientes para salvarnos de nuestros desvelos. Nadie está a salvo de sus propios deseos. Las pesadillas o sueños de angustia que se nos hacen intolerables e interrumpen el dormir, no son sino sueños en los que el deseo inconsciente no está lo suficientemente deformado y, esa cercanía a su conocimiento, nos obliga a despertarnos. La angustia nos avisa de la cercanía a un deseo, más que obligarnos a dormir de cualquier forma, hay que reconciliarse con los deseos inconscientes, de esa forma más estable será el dormir. O no se han dado cuenta de que cuando uno está a gusto consigo mismo, duerme a pierna suelta.

 

¿QUÉ HAGO? La orientación vocacional

Hay ciertos momentos en la vida de una persona en los que ha de tomar importantes decisiones. Sobra decir que la vida laboral es una de las facetas más importantes, pues gran parte de nuestro tiempo se desarrolla en el trabajo.

De niños solemos aventurarnos a decir: cuando sea mayor seré policía, futbolista, enfermera, profesora, seré como mi papá o mi mamá. Como si de un juego se tratase, a lo largo de los años van cambiando nuestros gustos e intereses, vamos descubriendo las ventajas y los inconvenientes de ciertas profesiones. Llega un tiempo que este juego de palabras traspasa la fantasía y exige nuestra implicación en la realidad.

El paso a la enseñanza secundaria empieza a marcar el camino de nuestras elecciones de futuro, pero ¿qué hacer cuando no sabemos lo que nos gusta o cuando nuestros gustos cambian? Muchos se plantean abandonar los estudios tras la enseñanza obligatoria, otros los continúan pero no siempre convencidos de su utilidad. Los que empiezan el bachillerato se encuentran con la elección entre cuatro ramas: artes; ciencias de la naturaleza y de la salud; humanidades y ciencias sociales; y tecnología . Organizadas de tal modo para ir encauzándolos hacia el terreno laboral.

En los tiempos actuales, donde resulta más asequible el acceso a estudios universitarios nos encontramos, sin embargo, con una desvalorización de los mismos por parte de los jóvenes. Tener estudios superiores no es garantía de éxito ni personal ni laboral y ello no incentiva las ilusiones de aquellos que han sido educados en el camino fácil, donde el dinero parece ser la meta a cualquier precio.

Si preguntamos a muchos jóvenes nos dirían que conseguir llegar a un reality show, ir de plató en plató, traficar con droga o, bien, tener un trabajo fácil que nos les implique demasiado son sus únicas metas en el terreno laboral. Afortunadamente, no es esto todo lo que reluce. Las universidades están llenas de estudiantes, a pesar de que nos hablen del aumento del fracaso escolar, la formación de los españoles ha mejorado mucho en los últimos años, aunque ello no quiera decir que se haya alcanzado ninguna cumbre. Aún queda mucho camino por recorrer para ser una sociedad culta.

Pese a ello, muchos valores actuales minan el espíritu de los jóvenes, desalentándolos, engañándoles con la idea de que lo material es lo más importante. Luego nos encontramos en nuestras consultas a muchas personas que se arrepienten de haber dejado los estudios, que no están a gusto con su puesto de trabajo, que no soportan la vida que han producido. Va a resultar que el camino fácil no es el mejor camino.

La orientación vocacional no tiene que ver con decirle al joven para qué sirve y qué tiene que estudiar, sino es ayudarle a desmontar prejuicios que le están impidiendo seguir adelante o cumplir sus sueños. En muchos casos la persona no sabe ni lo que le gusta, no le gusta nada, la orientación es, pues, ayudarle a pronunciar las palabras que generen sus gustos, porque no es igual ocho que ochenta.

Es muy importante estar a gusto con la actividad laboral que uno desarrolle, pero también es cierto, que si elegimos un estudio o una profesión y luego vemos que no nos gusta, no hay problema, se puede cambiar. La ciencia avanza a través de los errores, errar es necesario para crecer. Cuidado entonces, con hacerles creer a los jóvenes que tienen que decidir “para siempre”, porque no es así, decidimos a cada momento.

Guiándome por palabras de Freud, c uando falta una vocación especial que imponga una orientación a los intereses vitales de una persona, el simple trabajo que implican los oficios manuales y que es accesible a todo el mundo ahorra tres grandes vicios, en palabras de Voltaire: “ vicio, tedio y necesidad ”. El trabajo liga al individuo a la realidad. Cumple una función muy importante, pues permite ligar a él una parte muy considerable de los componentes narcisistas, agresivos y aun eróticos de la libido.

La actividad profesional ofrece especial satisfacción cuando ha sido libremente elegida. No obstante, el trabajo es menospreciado por el hombre como camino a la felicidad. Si hiciéramos caso al poeta José Martí: la felicidad sólo puede hallarse en el camino del trabajo , nos ahorraríamos grandes sufrimientos, pues no hay que obviar que en nuestra sociedad cristiana se asocia el trabajo “al sudor de la frente”, no hay quien trabaje con y por placer. La mayoría de las personas sólo trabajan bajo el imperio de la necesidad, si no pasamos de la necesidad al deseo no dejaremos que nuestros jóvenes puedan elegir libremente el trabajo que les guste que, tal vez, aún ni esté inventado.

 

CHARLAR REJUVENECE

Interesante charla la de ayer en el Centro Social de Mayores de Alhaurín de la Torre. Con una buena acogida, en unas excelentes instalaciones y más excelentes asistentes, me dispuse a hablar de la vejez. ¿Qué podría decirles de ese tema? Ellos deberían saber más que yo, son mayores. Sin embargo sé, ni los jóvenes son dueños de la juventud ni los viejos de la vejez.

Desgraciadamente, la vejez está demasiado asociada a deterioro, retiro, pérdidas, enfermedades, soledad, muerte, canas, arrugas, nietos, pensiones, inserso, médicos….Nos parece extraño ver una a una persona mayor interesada por el trabajo, con nuevos proyectos, comenzando una carrera universitaria o aprendiendo a leer y escribir. ¿Para qué? Yo digo: para vivir. Porque el deseo no envejece, el cuerpo se arruga, pero los pensamientos no deben envejecer, los pensamientos hay que transformarlos. No podemos vivir toda la vida con las mismas ideas añejas.

Es posible una vejez distinta para cada uno de nosotros, porque de nada nos servirá vivir lo que otros vivieron. La felicidad no está en ningún sitio esperándonos, tenemos que producirla y, a veces, nuestra felicidad está en el hecho de hacer aquello que de joven no pudimos hacer, conocer una nueva pareja, montar una nueva empresa, construir una casa, etc. No hay fórmulas, pero lo que está claro es que si uno se queda esperando  la muerte, esta habrá de venir rauda y veloz.

Si estamos todo el día hablando de dolores, arrugas, medicinas, hablando de nuestros hijos y nietos… parece que nada en este mundo nos interesa, que no nos ocupamos de nuestros propios gustos. ¿Quién se ocupa de nuestro pensamiento?

Ayer vi a personas que cada mañana pasean, aprenden a navegar por internet, descubren el amor o lo viven de manera diferente, bailan como nunca lo habían hecho y disfrutan de un tiempo y de una alegría que antes, tal vez, no tenían. Si esperamos a tener todo el tiempo del mundo para hacer algo, nunca lo haremos. Si pensamos que ya somos demasiado viejos para comenzar, estaremos muertos. Por ello, comiencen hoy mismo aquello que desean, cambien desde hoy sus vidas, no se preocupen si les dará tiempo, porque cada minuto tendrá un sabor distinto si hacen lo que les gusta.

Todos necesitamos tener ideas y dinero para materializarlas, por eso, que no nos engañemos, si lo deseamos podremos tener una vejez “cinco estrellas”. La vejez es lo de menos. Tratar de ocultar el paso de los años es la única vejez.

Gracias por la buena acogida. Hasta muy pronto, hay muchas cosas de las que hablar.

SE ME ROMPE EL CORAZÓN


La Organización Mundial de la Salud calcula que en 2007 más de 14 millones de personas morirán debido a un infarto de miocardio. Es la principal causa de muerte en adultos en muchos de los países occidentales. No puedo olvidar que enfermar de una enfermedad potencialmente mortal, requiere de "una capacidad" aún mayor, una disposición y un trabajo del sujeto que lo exponen a morir prematuramente, o a discapacitarse de por vida. 

La elección de órgano y de afección tiene una estrecha relación con las cadenas significantes del sujeto no siendo azarosa en modo alguno, sino sometida a las leyes del inconsciente. La propia Asociación Americana de Cardiología vincula la alta incidencia de infarto agudo de miocardio en varones de edad media a situaciones de desvalorización producidas por fracasos laborales y quebrantos económicos.

El psicoanalista Miguel Óscar Menassa ha escrito que cuando las ambiciones del sujeto no son acordes a su capacidad de trabajo, aparece la enfermedad psicosomática. No quiero asustar a nadie, pero sí mostrar que todos tenemos alguna implicación en nuestros éxitos y en nuestros fracasos, así como en nuestra salud o nuestra enfermedad.

Una depresión no psicoanalizada, según múltiples estudios, es la base de multitud de enfermedades orgánicas: cáncer,  infartos de miocardio, enfermedades autoinmunes, etc. Sin embargo, no solemos prestarle la suficiente atención a los aspectos psíquicos, los afectos en muchos casos pueden acarrear graves consecuencias sociales, económicas y/o personales. Estimo que es hora de poner remedio a nuestras insatisfacciones vitales pues, como estamos viendo, pueden ser el motivo de graves enfermedades orgánicas.

No todo infarto conduce, irremediablemente, a la muerte, pero sí que provoca un susto “mortal”.  Ya decía el poeta ruso Maiakovsky decía: "Morir no es difícil, lo difícil es inventar la vida"  El Psicoanálisis pone de manifiesto que morir también es un deseo, los animales mueren cuando les toca, se les detiene el corazón; a los hombres se les detiene el deseo, lo que se cierra no son los ojos, es el deseo de mirar el que se agota.

Para alivio hay que decir que la intervención médica avanza y también la psicoanalítica. El psicoanálisis, a veces cura antes de la primera interpretación, sobre todo las afecciones orgánicas que tienen un origen psíquico, con el establecimiento del pacto entre paciente y psicoanalista se genera la transferencia, desde ahí, el paciente ya no tiene la necesidad de enfermar su cuerpo, porque las palabras serán ahora un vehículo eficaz que no le costarán la vida.

El aspecto positivo es que el 80% de los infartos de miocardio se pueden prevenir, como vemos psicoanalizarnos puede permitirnos desear la vida en lugar de la muerte, poniendo el trabajo necesario para procurarse lo que uno ambiciona. A esto, claro, hay que sumar una dieta sana, actividad física regular y el abandono del consumo de tabaco, claves también de la prevención del riesgo cardiovascular.

No es buena fórmula, para sentirse vivo, lesionarse el cuerpo. Si a usted se le “rompió el corazón”, le digo: está vivo. Ocúpese de ese regalo, invente la vida..

CONSEJOS PARA LA EFECTIVIDAD EMPRESARIAL

Muchos piensan que lo consiguieron, les fue bien y ahí se detienen, craso error. La actividad empresarial, como la vida misma, exige un trabajo constante para evitar el anquilosamiento. La victoria no es llegar, sino permanecer. Los factores subjetivos han sido desconsiderados hasta ahora en la actividad laboral, dejando al azar el factor humano.
A lo largo del trabajo de investigación y actuación que venimos realizando desde hace años, los psicoanalistas de la Escuela Grupo Cero y de su Departamento de Formación Empresarial Superior, podemos ofrecerles algunos consejos para alcanzar y mantener la efectividad en su empresa o comercio:

  • Cada empresa es el reflejo de lo que es el empresario que la dirige, por lo que uno debería preguntarse cuál es la ideología que sustenta su actividad. Muchas veces los psicoanalistas descubrimos que empresarios y trabajadores utilizan su trabajo para satisfacer una serie de necesidades afectivas inconscientes que no siempre tienen que ver con el éxito. 
  • Es muy importante la transparencia en la comunicación y conseguir que mandos intermedios y demás empleados trabajen en la misma dirección. Hablar, delegar, confiar y escuchar.
  • El empresario tiene que saber delegar, el empresario individualista no tiene futuro. Al igual que un padre que debe permitir y favorecer el crecimiento de sus hijos, un empresario tiene que soportar el crecimiento de los otros.
  • La humildad y la generosidad son claves en la empresa. Reconocer los errores es el primer paso para ponerles solución. Todos nos equivocamos, el empresario y/o directivo también.
  • Hay que respetar las formas de hacer de cada uno, no hay una sola forma correcta de hacer las cosas.
  • La gestión de esos valores subjetivos (propiamente humanos) define el éxito o el fracaso del proyecto empresarial. La formación en la gestión de las emociones marcará el futuro éxito o fracaso de la empresa.
  • Detectar e intervenir sobre emociones inconscientes que interfieren en el tiempo de trabajo puede prevenir graves descalabros. Celos, envidia, tendencias sufridoras y otros muchos afectos acontecen día a día, silenciosamente, en el puesto de trabajo sin que hasta ahora nadie haya sabido gestionarlos.
  • Cuando se incorporan los hijos a la empresa, el empresario ha de procurar por todos los medios, aún conscientes de su dificultad, establecer una relación totalmente independiente de la que tienen como padre e hijo. Hay que hacer un gran esfuerzo para separar ambas relaciones, pues se mezclan de forma más intensa los aspectos emocionales derivados de la relación filial existente.

Muchos otros consejos serían posibles, pero no suficientes. Se está demostrando que la formación en la gestión de los recursos emocionales marca la fortaleza de una empresa o entidad. Imagínense que a lo largo del día podemos pasar por más de cincuenta estados afectivos diferentes, no podríamos confiar el desarrollo de nuestra empresa a una variabilidad sin control como ésta. Empresarios, directivos y trabajadores que deseen mejorar en su labor profesional deben tener en consideración la formación en gestión emocional. Destapar esta ceguera abrirá nuevos y fecundos horizontes empresariales.

¿DÓNDE IR?

Muchas personas aún se preguntan a qué profesional acudir cuando padecen algún malestar de origen psíquico, cierto es que nuestra cultura a este respecto aún deja mucho que desear. ¿Médico de cabecera, Psiquiatra, Psicólogo, Psicoanalista? En el ámbito médico solemos tener bastante claro dónde acudir cuando sentimos molestias en cada parte de nuestro cuerpo, pero qué hacer cuando lo que fallan son las relaciones sociales o la sexualidad o las relaciones de pareja o el trabajo o hay una profunda tristeza o deseos de muerte o conductas perjudiciales, etc.

Lejos de antiguas concepciones sobre los trastornos mentales, que más que darles solución pretendían su exclusión, una moderna consideración tiene que tener en cuenta que todos, en algún momento de nuestra vida, podemos padecer algún tipo de estas alteraciones. Con ello no quiero decir que estemos en un “mundo enfermo”, sino que tal y como indicara Sigmund Freud, nada de lo humano nos es ajeno. En este sentido las diversas patologías psíquicas no son el resultado de una degeneración orgánica, sino una distribución particular de la energía psíquica que puede reorganizarse para alcanzar la normalidad.

Espero que ustedes  entiendan que para transformar nuestra tristeza, obsesiones, miedos, intolerancias, alteraciones sexuales… será necesario transformar nuestro pensamiento inconsciente, pues es a este nivel que se produce el proceso de enfermar. El momento en el que una persona elige profesional está marcado por su deseo de curación. Muchas personas eligen el camino que les asegura que no habrá ningún cambio, harán y tomarán cualquier cosa con tal de no transformar su forma de pensar. Desde el primer encuentro con un psicoanalista todo es cambio, la escucha que nos ofrece es diferente a cualquier otra. Será la primera vez que podamos hablar con tal libertad. No necesitamos estar enfermos, incluso diría que ir al psicoanalista ya es un grado de salud.

Si no sabe a dónde ir, pero tiene claro que quiere vivir de otra forma a la que vive, téngalo claro: EL PSICOANÁLISIS LE PUEDE AYUDAR.

PSICOANÁLISIS Y DEPORTE

El pasado lunes 4 de junio contamos en nuestro programa de radio Una cita en el diván con la presencia del médico y psicoanalista Carlos Fernández del Ganso para hablarnos de la próxima publicación de su libro sobre Psicoanálisis y fútbol. El tema prometía y cumplió con las expectativas. Puede parecer una cuestión banal para una disciplina como el Psicoanálisis, pero como nos decía Carlos, el hecho es que a las consultas de los psicoanalistas acuden personas de todo tipo y también deportistas, aficionados y profesionales. Ello nos hace ver los efectos que el tratamiento tiene no sólo en su vida psíquica, sino también en sus resultados deportivos.

Esos pacientes de psicoanálisis mostraron un comportamiento distinto en sus canchas deportivas frente a situaciones de fracaso y, también de éxito. Hay deportistas que en el terreno de juego son «geniales», sin embargo fuera presentan dificultades de relación, manías obsesivas, miedos y rarezas que no corresponden con lo que de ellos se espera. Quedó de manifiesto en la intervención de nuestro compañero, que hay más intolerancia al éxito que al fracaso, los jugadores quedan más afectados por el éxito que por no alcanzar el nivel deseado. Existe el ejemplo de grandes equipos que lo consiguieron casi todo y al año siguiente, repitiendo fórmulas, no logran estar al mismo nivel. Sienten el éxito como una presión insoportable y, sin embargo, frente al fracaso, muestran su afán de superación.

Respecto a las lesiones deportivas, gran preocupación de estas personas y de sus equipos, el psicoanalista ya destacó en un artículo que las lesiones de los deportistas de alta competición son imaginarias y se pueden prevenir. ¿Por qué ante los mismos ejercicios físicos, deportistas de similar complexión se lesionan y otros no? ¿Por qué resulta en algunos casos la rehabilitación más eficaz cuando el atleta la realiza en su ciudad o país de origen? El inconsciente hace hablar al cuerpo. Las lesiones presentan un factor imaginario (no que se las inventen) que se puede tratar y se puede prevenir.

Hay que diferenciar la práctica de un deporte individual, donde se interviene sobre el psiquismo del jugador, de un deporte colectivo, donde el que contrata, ficha y paga tanto a los jugadores como a los técnicos de un club son los directivos. Si ellos no contratan al psicoanalista es muy difícil modificar la estructura empresarial. Hay jugadores que no rinden en un club y son muy buenos en otro. Como decía Carlos Fernández en uno de sus artículos al respecto “algún día todos los deportistas y entrenadores contarán en su plantilla con un Psicoanalista”, esperamos que así sea.

La aplicación del Psicoanálisis al ámbito deportivo está demostrada, como estamos viendo, queda que deportistas y clubes hagan valer esta posibilidad e incluyan, además de los entrenamientos físicos, el cuidado de los aspectos

CASTIGADOS POR EL SENTIMIENTO DE CULPA

“Sarkozy, presidente de la república francesa, se pasea con la carta de su amante bajo el brazo”. “Lewis Hamilton admite que no pudo ganar el Mundial de Fórmula Uno de 2007 debido a un error provocado por él mismo: mi dedo resbaló en el volante y, accidentalmente, presioné el botón usado para comenzar la secuencia de arranque.”

El sentimiento de culpabilidad nos afecta a todos, el hombre normal no es tan sólo mucho más inmoral de lo que cree, sino también mucho más moral de lo que supone. Muy posiblemente ni Sarkozy ni Hamilton se sentían culpables, ni tampoco tenían intención de cometer esos errores garrafales. Pero yo les hablo de un sentimiento de culpabilidad que no tiene nada que ver con el remordimiento consecuente a un acto inmoral o ilegal. Se trata de una culpabilidad inconsciente, que no se siente, no nos damos cuenta de padecerla, pero es algo constitutivo del ser humano. Tanto Sarkozy como Hamilton se auto-castigaron porque necesitaban aliviar una culpa.

En nuestro desarrollo psicosexual se forma en nosotros una instancia que denominamos superyó, representa los rasgos más importantes del desarrollo individual y de la especie, crea una expresión duradera de la influencia de los padres. El superyó es el soporte de la conciencia moral, instancia encargada de vigilar nuestro yo. La culpa que transcurre inconscientemente está en relación a los contenidos inconscientes del goce con la madre y el asesinato del padre, que acontecen en el Complejo de Edipo. La culpabilidad que sentimos es, en realidad, un obstáculo, no sólo a continuar la acción o a evitar el sufrimiento, sino que es un obstáculo a la verdadera culpa, nos sentimos culposos porque así nos justificamos para no saber nada de lo que realmente nos altera o nos afecta.

Hablamos de una culpabilidad que no sentimos porque usamos la enfermedad como medio de auto-castigo. Un ejemplo lo encontramos en el comportamiento de los pacientes que ante nuestros ánimos por la marcha del tratamiento, al contrario de lo que podríamos esperar, empeoran marcadamente. Muestran, pues, la llamada reacción terapéutica negativa.

Otro ejemplo de ello son esos niños “malos” que provocan el castigo con sus conductas, una vez obtenido éste, se muestran tranquilos y contentos. Seguro que nunca habían pensado que esa inquietud o travesura desmesurada de su hijo se debía a que cualquier castigo que se le imponga vendrá a calmarle un sentimiento de culpabilidad que él mismo desconoce, pero que se alivia con la bofetada o el golpe.

Es muy interesante también el tema de los “delincuentes por sentimiento de culpabilidad”, nos referimos a aquellas personas que sólo cometiendo delito (o realizando lo prohibido) consiguen un alivio a esta culpa, que por ser inconsciente, de ella sólo se conocen los efectos en la conciencia. Ejemplo de ellos son personas que sin tener necesidad alguna  roban y lo hacen de forma que posteriormente son atrapados y castigados. O aquellos otros que se presentan en las comisarías admitiendo haber cometido un delito que, en realidad, realizó otra persona. O aquellos otros que tras un divorcio estropean su actividad empresarial cuando siempre habían sido excelentes empresarios.

Acabamos por descubrir que se trata de un factor de orden moral, de un sentimiento de culpabilidad que halla su satisfacción en la enfermedad, el castigo, el fracaso. Pero este sentimiento permanece mudo para el enfermo. El sujeto no se siente culpable, sino enfermo, pobre, fracasado. Es singular que cuanto más se limita el hombre su agresión hacia el exterior, cuanto más bondadoso se conduce, más severo y agresivo se hace hacia sí mismo. Cada parte de agresión a cuyo cumplimiento renunciamos es incorporada por el superyó, acrecentando su agresividad contra el propio yo.

La cultura está ligada indisolublemente con una exaltación del sentimiento de culpabilidad, como medio para limitar las tendencias instintivas del ser humano. Quizá esta exaltación llegue a alcanzar un grado difícilmente soportable para el individuo. No obstante, no podemos terminar con el sentimiento de culpa pero podemos reconocerlo, aceptarlo y partiendo de esta base, hacer que la vida transcurra con los movimientos propios de la vida, no con los de la neurosis.

ATENDER LA DEPRESIÓN DE LOS EMPLEADOS AYUDA A LAS EMPRESAS

Hace unos días leí un interesante artículo que quiero compartir ahora con ustedes:

Los problemas de salud mental están aumentando, hasta el punto de que uno de cada diez trabajadores sufre depresión, ansiedad, estrés o cansancio. En muchos países crece la jubilación prematura debida a problemas mentales, hasta el punto de estar convirtiéndose en el motivo más común para la asignación de pensiones de incapacidad. Se estima que para el año 2020 la depresión será la segunda causa más frecuente de invalidez en el mundo desarrollado. 

Si 95% del personal de una empresa de 7.000 empleados goza de buena salud, esto significa que 350 trabajadores no asistirán cada día. El costo anual promedio de esa ausencia sería de 22.5 millones de euros. Si esa proporción aumenta sólo en 1%, produciría 4.5 millones de euros de beneficios económicos al año. Expertos internacionales advierten que “la falta de motivación, la depresión y otras formas de mala salud mental afectan la productividad de los empleados mucho antes de la enfermedad real”. 

En Estados Unidos, la depresión clínica se ha convertido en una de las enfermedades más comunes, que llega a afectar cada año a una décima parte de los adultos en edad de trabajar. 

En Finlandia, más del 50% de los trabajadores sufren algún tipo de síntomas relacionados con el estrés, tales como ansiedad, sentimientos depresivos, dolor físico, exclusión social y trastornos del sueño. Estos trastornos son ya la principal causa de pensiones por incapacidad en Finlandia.  

En Alemania, los trastornos depresivos son responsables de casi el 7% de las jubilaciones prematuras. 

En el Reino Unido, casi 3 de cada 10 empleados sufren anualmente problemas de salud mental.  

En España, el coste total de la depresión, gira en torno a más de 745 millones de euros anuales, de los que un 53,5% corresponde a costes directos. El 46,5% restante se debe a pérdidas de productividad generadas por la muerte prematura de los pacientes o la incapacidad temporal. 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que el estrés relacionado con el trabajo representa uno de los mayores problemas de salud laboral en la Unión Europea. La mitad de los 150 millones de empleados de Europa se siente expuesta a una presión considerable en el trabajo. Las actividades conjuntas entre empleadores y trabajadores y una política empresarial de salud son inversiones en el futuro de una empresa. 

Los empresarios comienzan a darse cuenta de la relación entre salud y productividad, y están mejorando sus estrategias de dirección, poniendo en práctica programas para favorecer la integración de los problemas de trabajo/familia/vida. En este mismo sentido, diversos estudios indican que invertir en empleados deprimidos, ofreciéndoles tratamiento e incluso psicoterapia por teléfono, puede disminuir el absentismo y mejorar la salud de los trabajadores.

Gastar dinero en atender la depresión es una medida inteligente. Los trabajadores cuyos empleadores intervinieron directamente en el problema trabajaron más que los que recibieron el tratamiento habitual que consiste en que el trabajador acuda por su cuenta al médico de cabecera o que se busque un profesional de salud mental. Según los estudios los beneficios para la empresa que supone invertir en la salud mental de sus empleados exceden por mucho el costo que supone el tratamiento. 

Hoy en día ninguna empresa moderna duda en invertir en la salud de sus empleados, sin embargo su preocupación gira en definir cuáles son las áreas de la salud que requieren ser mejor atendidas. La atención de enfermedades psíquicas nunca ha sido prioridad porque existe el mito que son poco frecuentes, que su tratamiento es largo y costoso, y que no tienen mayor incidencia en los índices de productividad de una empresa. La investigación ha demostrado no sólo que esta creencia es falsa, sino que las empresas hacen muy mal negocio al excluir las enfermedades psiquiátricas de la cobertura en salud. Estas enfermedades producen 50% de las pérdidas relacionadas a problemas de salud, y su tratamiento en la actualidad es más rápido y económico que la mayoría de las enfermedades orgánicas

 

LA ANGUSTIA Y LA ANSIEDAD

En 1895, Freud va a describir toda la serie de síntomas somáticos que aparecen en una crisis de angustia, y esta descripción sigue vigente hasta nuestros días, estos síntomas serían: falta de aire, palpitaciones, dolor o malestar en el pecho, mareo, vértigo o sensación de inestabilidad, sentimiento de irrealidad, parestesias (cosquilleo en manos y pies), sensación de calor y frío, sudoración, debilidad, temblor o estremecimientos, miedo a morir o a volverse loco. 

Etimológicamente la palabra angustia significa “estrechez”, proviene del vocablo latino “angustus”. Nos remitimos con ello a esa sensación de falta de espacio, de aire, miedo a perder la propia vida. Todos hemos experimentado, aunque sólo sea una vez en la vida, esta sensación o, dicho con mayor exactitud, este estado afectivo.  

Las llamadas crisis de angustia son uno de los principales motivos de consulta de los pacientes que acuden a las consultas médicas. Habitualmente, se manifiestan como episodios bruscos e inesperados, sin causa aparente, de miedo intenso a perder el control, acompañados de los síntomas antes indicados. Por lo general, estos episodios se prolongan entre 10 minutos y media hora.  En casi todos los casos se repiten en más de una ocasión, afectando de forma destacable el ritmo normal de la vida del paciente.  

Hay que decir que la angustia está detrás de muchos de los síntomas orgánicos que padecen los pacientes. La angustia tiene muchas máscaras, lo que nos permitirá descubrirla es comprobar cómo, en todo caso, paraliza al paciente, le impide hacer una determinada actividad o tomar una decisión. La angustia atrapa al sujeto. Este afecto, guarda relación con la expectación, siempre se produce ante algo, aunque la persona no sabe decir qué le inquieta. Sería miedo y no angustia cuando se refiere a un objeto determinado, palpable y conocido.                                  

Solemos darle un tinte peyorativo, sin embargo es preciso distinguir dos tipos de angustia: la angustia real y la angustia neurótica. La angustia real es necesaria para nuestra supervivencia, es la que surge ante un peligro real, nos previene, nos prepara para la huída. La angustia neurótica, por el contrario, nos paraliza, se produce ante un peligro que nuestra conciencia desconoce, proviene del interior del individuo, de los propios deseos.  La angustia neurótica es la señal de la cercanía a un deseo prohibido o inquietante.

Resulta sorprendente escuchar esta palabra en el lenguaje cotidiano para designar estados muy diferentes, tales como inquietud, miedo, amenaza, estrés, pánico… Detrás del término estrés se ocultan manifestaciones que se corresponden con la angustia. Taquicardias, contracturas, calambres, sudoración, agresividad, trastornos alimentarios, desgana, se achacan a las preocupaciones y problemas provenientes, fundamentalmente, del trabajo y la vida diaria de la persona, sin embargo se hace preciso aclarar que no es así. Habitualmente estos síntomas ocultan la represión, el odio, el amor, el miedo, los celos, la envidia que se han generado en el entorno laboral. Un cierto grado de ansiedad resulta adecuado para cualquier acción, un nivel excesivo delata que algo se esconde.  

Toda formación de síntomas de origen psíquico es emprendida con el solo y único fin de eludir la angustia. En este punto hay que decir que los métodos conductuales de control emocional (respirar hondo, tratar de imaginar una situación relajante, etc...) no nos libran de la angustia neurótica, porque de nosotros mismos no podemos escapar. Hay que aprender a arreglárselas con la angustia, reconocer los propios deseos, poner en palabras lo que nos inquieta. Si no lo podemos nombrar, se hará carne en nosotros. Tenemos que saber que sin una cierta cuota de displacer no hay aprendizaje ni crecimiento, sin una cierta angustia no se alcanza el deseo. Por ello, en lugar de querer terminar con la angustia, tendríamos que aprender a reconocer qué deseo nos atrapa. La angustia es algo que no puede faltar en ninguna enfermedad. Tampoco hay aprendizaje sin angustia, ni escritura, ni proceso creativo. La angustia nos afecta a todos.

 

CONSEJOS PARA LA VIDA LABORAL

La semana pasada aparecieron diversas noticias en los medios de comunicación referentes a la vida laboral. Hemos podido leer, por ejemplo, que un mal jefe aumenta el riesgo de hipertensión y estrés entre los empleados; que los lunes son los días de la semana en los que más se falta al trabajo en Málaga o que la mayoría de los empleados se declara insatisfecho con su empleo. Todas estas noticias ofrecen una imagen desalentadora de la vida laboral, se destacaban datos como que unos 15 millones de españoles se siente insatisfecho en su trabajo, 8 de cada 10 profesionales, además de que Málaga es la segunda provincia con mayor tasa de absentismo en España, con el 5,1%, cuando la media nacional está en el 4,8%. 

Pinta mal la cosa, parece que felicidad y trabajo fueran antónimos. Díganme ustedes a quién no le han dicho que trabajar mucho es de tontos, que si puedes ganar más trabajando menos es mejor, que ser funcionario es la panacea… Muchos prejuicios en torno al trabajo, pero la realidad que demuestran los diversos estudios es que algo falla.  

Es llamativo que una de las noticias reconozca que los trabajadores a las órdenes de líderes más inteligentes emocionalmente son más efectivos, más productivos y gozan de mejor salud que los que tienen jefes «mediocres». Supongo que ahora no es cuestión de echarle la culpa a nuestros jefes de nuestra insatisfacción o de nuestro dolor de cabeza. Bien es cierto que desde el departamento de formación empresarial grupo cero hacemos hincapié en la importancia de la formación de los mandos superiores y los intermedios, porque evidentemente ello incide directamente en la organización del resto de trabajadores. Lo que no quiere decir que el trabajador no tenga que hacerse responsable de conseguir un trabajo que le resulte satisfactorio, que lo desempeñe adecuadamente y que mantenga relaciones saludables con jefes y compañeros.  

Podrán objetarme que en general la gente no elige el trabajo, trabaja en lo que puede o en lo que hay, muchos se mantienen así años o toda la vida. Hay que decir, no obstante, que durante un tiempo uno puede esforzarse en hacer algo que no le gusta, en estar con compañeros que no soporta, ganar un dinero que es insuficiente, pero si esta situación se mantiene largo tiempo tenemos que asegurar que  su repercusión en nuestra salud psicosocial no es nada buena. 

Lejos de lo que nos han enseñado, el trabajo no es un castigo, es un medio de realización personal y social, y por ello hay que procurar que ese tiempo que pasamos, que al cabo de los años es mucho, esté lo mejor invertido posible. Aprovechando el verso del poeta Antonio Machado “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, entendamos que no son suficientes las vacaciones para recargar pilas, hay que cambiar la forma de pensar el trabajo y la propia vida. Para ser felices hay que hacer el trabajo cada día de estar a la altura de nuestras exigencias. No elija el camino fácil de quedarse en casa los lunes por la mañana o de enfermarse para no ir a trabajar, lo barato sale muy caro. Para tener una vida sana hay que dar un pequeño paso cada día.

LOS SUEÑOS, UN FENÓMENO PSÍQUICO

Los sueños han constituido desde siempre fuente de interés, sin embargo su comprensión científica no ha realizado en más de diez siglos sino escasos progresos. Los pueblos primitivos, en los que ya surgía esta curiosidad, admitían que el fenómeno onírico traía consigo revelaciones divinas o demoníacas, poseyendo la intención la de anunciar el porvenir. La concepción precientífica de los antiguos sobre los sueños se hallaba seguramente de acuerdo con su concepción del Universo, en la que acostumbraban proyectar en el mundo exterior aquello que ocurría en la vida anímica.

Actualmente, tras la producción del texto La interpretación de los Sueños, publicado en el año 1900 por Sigmund Freud, son muy pocos los científicos que dudan aún de que los sueños son una función psíquica propia del durmiente, sin embargo es necesario un trabajo teórico para conocer las condiciones de su génesis, su relación con la vida psíquica despierta, las singularidades de su contenido, su fugacidad y su repulsa por el pensamiento despierto.

Tres distintas orientaciones se han acercado al estudio de los sueños:

  1. La primera ha sido adoptada por varios filósofos, para los cuales la base de la vida onírica es un estado de la actividad psíquica que consideran superior al normal.
  2. En oposición a estas hipótesis, la mayoría de los autores médicos coinciden en que apenas atribuyen a los sueños el valor de un fenómeno psíquico. Según la hipótesis médica, los sueños son provocados exclusivamente por estímulos físicos o sensoriales, que actúan desde el exterior sobre el durmiente o surgen en sus órganos internos.
  3. La opinión popular mantiene la creencia de que los sueños tienen un sentido. Los métodos de interpretación más empleados consisten en sustituir por otro el contenido del sueño, trozo a trozo, conforme a una clave prefijada, considerando el sueño como un símbolo.

Constituye un hecho incontestable, que el estado de los órganos internos es susceptible de influir sobre los sueños, sin embargo, el sueño no reproduce fielmente el estímulo, sino que lo elabora, lo incluye en un conjunto determinado o lo reemplaza por algo distinto. Hemos de admitir, como punto de partida, la hipótesis de que los sueños no son un fenómeno somático, sino psíquico.

La inclusión de los sueños en el discurso de los pacientes fue lo que hizo suponer que debían poseer algún sentido propio y lo que nos convenció de su importancia en la vida psíquica de las personas. Freud aporta la demostración de la existencia de una técnica psicológica que permite interpretar los sueños, y merced a la cual se revela como un producto psíquico pleno de sentido. Para poder tener acceso al sentido del sueño es preciso un trabajo teórico sobre el relato del sueño que realiza el paciente, digo relato porque Freud destaca que no es el sueño soñado lo que interesa al Psicoanálisis, es el relato del sueño el material de partida para nuestro estudio. Para ello instamos al paciente-soñante a comunicarnos todas las ideas que acudan a su mente, sin excepción, es decir, la técnica de interpretación de los sueños es la misma que la que empleamos en cualquier tratamiento psicoanalítico: asociación libre y transferencia. Siendo el método empleado el de la interpretación-construcción.

Cuando iniciamos nuestra labor, se oponen a ella numerosos obstáculos. A nuestra imaginación acuden ocurrencias, pero no dejamos que surjan todas con absoluta libertad. De algunas de ellas pensamos que no tienen nada que ver con el sueño, otras las encontramos absurdas e insignificantes. Todo esto perturba el resultado de la libre asociación al realizar una selección indebida. Otra dificultad es comunicar determinadas ideas que pueden resultar desagradables de comunicar a otra persona y en muchos casos se opta por silenciarlas. Justamente, las ideas que quiere reprimir se revelan como las más importantes y decisivas en el descubrimiento de lo inconsciente. Cuando un niño no quiere abrir su mano para mostrarnos lo que en ella encierra, es que seguramente esconde algo que no debiera haber cogido.

Tras la labor de interpretación, el sueño se nos revela como la realización de un deseo. La circunstancia de ser el deseo el estímulo del sueño y su realización el contenido del mismo, constituye uno de los caracteres fundamentales del fenómeno onírico. Sin embargo, en muchas ocasiones el sueño no se muestra conscientemente como una realización de deseos, ello se debe al trabajo ejercido por la censura. Las tendencias contra las cuales se dirige dicha censura, son tendencias reprensibles e indecentes desde el punto de vista ético, estético y social, son cosas en las que no nos atrevemos a pensar o en las cuales no pensamos sino con horror. Estos deseos censurados y que reciben en el sueño una expresión deformada son, ante todo, manifestaciones de un egoísmo sin límites ni escrúpulos. Hay que reconocer la participación de dos sistemas: uno que aporta el deseo y otro que aporta el contra-deseo o la censura. El sistema consciente se opone al desarrollo del deseo, por eso la deformación onírica. El modo de atravesar la censura para el deseo inconsciente es transformarse, desfigurarse, como peaje para poder hacerse consciente. Por ello la apariencia del sueño nunca nos muestra el sentido inconsciente del mismo.

Habéis oído decir que, según el psicoanálisis, todos los sueños tienen una significación sexual, pero ahora podréis observar por vosotros mismos hasta qué punto este juicio es equivocado. Hay sueños que son realizaciones de deseos, otros en los que se trata de la satisfacción de las necesidades más fundamentales, como el hambre, la sed y el ansia de libertad, sueños de comodidad y de impaciencia, y por último, otros puramente avariciosos o egoístas. Lo que sí es indiscutible es que los sueños que aparecen considerablemente deformados son en su mayoría la expresión de deseos sexuales.

Los deseos perversos que hallan su satisfacción en el sueño, tienen sus raíces en el pasado. Es el niño en sus primeros años el que da prueba del más alto grado de este egoísmo que se muestra en nuestros sueños. En principio el niño se ama a sí mismo, sólo más tarde es cuando aprende a amar a los demás. El sueño nos transforma, como vemos, en niños, y por ello no debemos avergonzarnos al descubrirnos deseantes. El sueño muestra el deseo realizándose en forma de un suceso psíquico alucinatorio. Sin dejar de dormir satisfacemos un deseo, y satisfaciéndolo podemos continuar durmiendo.

Lo más interesante del descubrimiento freudiano de la importancia de los sueños en la vida psíquica es que soñar, soñamos todos, sanos y enfermos, por lo que demuestra que no sólo tienen inconsciente los neuróticos, sino que también tienen inconsciente los sanos. Si todas las personas tienen inconsciente todas tienen deseos sexuales, infantiles, reprimidos, causa de todas las inhibiciones de pensamiento y de acción.

 

UNAS NOTAS INTERESANTES SOBRE PSICOANÁLISIS

Leo el libro Freud y Lacan -hablados- 1, de Miguel Óscar Menassa, libro de cabecera para los alumnos de la Escuela Grupo Cero, con el se comienza el Seminario Sigmund Freud. Como cada vez es un comienzo, retomo su lectura, en esta ocasión para poder ofrecer a otros lo que voy entendiendo de esta interesante ciencia. Si les parece comparto con ustedes algunas notas de mi lectura que considero de interés general para profesionales y para legos en la materia.

"No sólo tienen inconsciente los neuróticos, sino que tienen inconsciente todas las personas normales. Si todas tienen inconsciente, todas tienen deseos sexuales, infantiles, reprimidos, causa de todas las inhibiciones de pensamientos y de actos."

"El neurótico no goza porque su libido, su energía sexual, no está ligada a ningún objeto real."

"La familia es para el Psicoanálisis una herencia animal, es presimbólica."

"La predisposición del sujeto que va a hacer de paciente es fundamental. Tiene que hacer lo que normalmente rechaza: tiene que prestar atención a sus procesos mentales sin reprimir conscientemente el material que acontece. Tiene que perder sus inhibiciones frente a la palabra."

"Es en lo nimio en lo que nos detenemos. El deseo es supérfluo, nunca desea lo que tiene que desar. En realidad, no desea nada, sólo expresarse, por eso puede adherirse a cualquier objeto."

"No hay interpretación previa de la situación, no hay pacientes tipos ni enfermedades tipos. Cada sujeto es diferente, por tanto el proceso psicoanalítico es diferente para cada paciente."

"Los contenidos inconscientes pueden llegar a la conciencia a condición de ser negados. Supero la represión, porque el contenido aparece en la conciencia, pero conservo la represión porque el sujeto sigue sin aceptar lo reprimido."

"No es la palabra lo que cura, sino que es la palabra dicha sobre la relación transferencial que se genera entre psicoanalista y psicoanalizado"

"El melancólico va por la vida diciendo "soy una porquería, no sé hacer nada, todo me sale mal". El Psicoanálisis se da cuenta que los reproches del melancólico no corresponden al sujeto, sino a una persona cercana que lo había abandonado por cualquier motivo y, para no perderlo, se había identificado con esa persona perdida".

"Más confianza que la que hay tumbado en el diván y el otro sentado en el sillón, no puede haber. No se ven, ni se saludan, ni se dan la mano. Así se pueden expresar las violencias que el paciente siente, cosa que se hace imposible cuando mantienen unar relación simétrica".

"El paciente progresa cuando es capaz de hablar de lo que no sabe, de lo que en su vida normal sólo lo perturba sin saberlo".

"La interpretación no tiene que ser una verdad; tiene que ser una verosimilitud, un puede ser, un tal vez podría ser... La interpretación no revela ningún sentido, produce un nuevo sentido. No es que la verdad estaba ahí y el psicoanalista la descubre, la interpretación genera como producto algo que no existía como tal. La verdad queda cuestionada con el Psicoanálisis".

"Hay una interpretación que molesta mucho: "Usted mañana comenzará su psicoanálisis" o "usted hoy ha comenzado su psicoanálisis", es como una grosería en tanto el sujeto puede llevar 1 ó 2 años psicoanalizándose. Pero hay algo de verdad en eso, es que pasa mucho tiempo hasta que uno se acostumbra a entender que la realidad material nada tiene que ver con la realidad psíquica".

"No hay que dirigir al paciente, hay que dirigir la cura. No hay que arreglarle la vida, eso lo tiene que hacer el paciente. El psicoanalista tiene que interpretar los deseos inconscientes que se juegan en la vida y en las relaciones del paciente. El paciente con esa información sobre sí, todavía tendrá que transformar su vida".

"No hay milagro, hay trabajo del psicoanalista sobre el material del paciente y hay trabajo del paciente sobre su vida para transformarla".

"Lo que el hombre o la mujer no pronuncia no posee, en tanto todo lo que el hombre o la mujer no combina en palabras no puede poseer en la realidad".

"El gran descubrimiento freudiano es que la enfermedad habla".

 

LA ECONOMÍA AL DIVÁN

Que sube… que baja… qué nervios… ¿vendo… compro? Qué lío tienen montado… Hablo de la economía, de los altibajos bursátiles, de la crisis, del pánico de los inversores. En los periódicos podemos leer noticias que hablan del temor que reina en las principales plazas ante la aparente recesión. Los mercados se dejan llevar por el pesimismo. En los últimos tiempos sufrimos un bombardeo informativo sobre la economía, en muchos desayunos las conversaciones giran en torno a la incertidumbre de muchas empresas y al parón sufrido en el sector de la construcción. La palabra crisis circula más que nunca. Se habla de empresas que están cerrando, de la subida de precios, del aumento de los intereses de las hipotecas, de la pérdida de poder adquisitivo… ¿Cómo puede uno vivir tranquilo ante esta perspectiva? Tal vez, como decían el otro día en la radio, habría que llevar la economía al diván.

Si hablamos de la bolsa, hay que reconocer que hay muchas personas nerviosas, más que nerviosas muy asustadas por sus inversiones. Es lógico decir que toda tu vida no puede depender de los altibajos bursátiles. Una cosa es el funcionamiento propio de los parqués y otra que tu vida esté regida por ese ritmo. La bolsa hay que tomársela como un juego por eso no se pueden poner todos tus ahorros a una misma ficha. Un poco de calma, reorganización y trabajo, que tal vez pensamos que la vida sin trabajar es mejor y luego pasan estas cosas. Un poquito de trabajo cada día al final genera muchos resultados y si, además, la bolsa te regala un dinerillo extra, mejor que mejor.

Un experto en economía reconocía que no hay fórmulas mágicas y que cada cual ha de descubrir su propia receta para seguir adelante. El experto resaltaba varios puntos clave para meditar en estos momentos de entorno complicado. Aparte del dinero, resaltó la importancia de innovar y renovar "todo". Estábamos acostumbrados a que las cosas fueran bien y a no cambiar nada y “nos ha pillado el toro”. El experto dice que hay que renovarse siempre, el que tiende a acomodarse corre el peligro de que venga otro más listo y ofrezca mejores servicios y productos. La economía se parece a lo que es la vida misma de una persona, la comodidad es un peligro, hay que evitarla, hay que buscar nuevos compromisos, nuevos mercados, nuevos clientes, aunque ello implique trabajo, responsabilidades e inversiones. Tomemos el ejemplo de las grandes marcas que nunca dejan de hacer publicidad, renuevan su imagen, sacan nuevos productos, mantienen lo que tiene éxito, pero están en continua transformación. En palabras del poeta y psicoanalista Miguel Óscar Menassa “el que repite lo hecho, no lo conseguirá”.

Pero claro, los constructores, como muchos otros empresarios, creían que tenían la gallina de los huevos de oro, que nunca se iba a acabar el chollo y no han cuidado su trabajo. Han construido donde no debían, han descuidado la calidad de sus productos, han subido precios, han utilizado el dinero en bienes de consumo y no han invertido en su negocio. Han querido tomar el camino más corto y así están las cosas. El camino como el dinero fácil, nunca resultan la mejor decisión, porque lo fácil como viene se va. Mi consejo es hacer las cosas como si se tratara de una carrera de fondo, donde hay que medir las fuerzas, valorar las del contrario, tener estrategias, ser inteligentes, combinar ambición y capacidad de trabajo, desarrollar la profesionalidad y no dejarse llevar por el brillo de las monedas, que al final te acaban cegando. Como muchos no hicieron eso, ahora les toca parar y ordenarse para que la economía, su economía, siga funcionando.

El asesoramiento profesional que ofrecemos los psicoanalistas, tanto  a particulares como a empresas, sale muy rentable, en lugar de comerse las uñas y desesperarse, se debe aprender a tomar decisiones que no cuesten la vida misma. Ante estos casos, mi consejo es consultar, cuando hablamos de crisis tendríamos que entenderla siempre como crisis de crecimiento.

Helena Trujillo Luque

Psicoanalista del Departamento de Clínica de la Escuela Grupo Cero

Profesora del Departamento de Formación Empresarial Grupo Cero

APUNTES DE UNA TARDE DE LECTURA

 

POESÍA Y PSICOANÁLISIS

Buenos Aires, 1985 

 

…Pretendemos una página en blanco permanente. Ese ha de ser nuestro lecho de amor y, también, nuestro campo de guerra.

…La transmisión en Psicoanálisis es una actividad inherente a la producción del inconsciente.

…Rozar, rozar sin tocar nunca y sin detenerse frente a cada fracaso. Desear deseos, objetos nunca sidos.

…No hay nada que nadie le diga a nadie, sino hay lo que las palabras se dicen entre sí.

…Tanto Poeta como Psicoanalista tienen como función dejar de ser para que en esa fisura nazca lo Otro.

 

PSICOANÁLISIS Y PSICOSIS

Madrid, Julio 1988

 

…La psicosis incluye como tratamiento psicoanalítico a la familia del psicótico y a todas las instituciones en las que se articula.

…Antes del psicoanálisis, antes de que se ocupara del tratamiento de la locura, los tratamientos de la misma se dividían en dos: los que maltrataban al paciente psicótico, haciéndole responsable directo de sus padecimientos y los que bientrataban al paciente, haciéndole irresponsable de todos sus padecimientos. Tanto en una forma como en otra, el paciente quedaba aislado… Es el Psicoanálisis el que viene a plantear las cosas de tal manera que no habría tratamiento psicoanalítico de la psicosis antes que el paciente establezca un lazo con su psicoanalista. Si hay psicoanalista el loco ya no está solo. Ha comenzado, también, para la locura, una conversación.

…No hay crueldad más cruel que la locura. Ni bondad ni amor que puedan contenerla.

…En el psicótico hay algo único, completo, inmortal. Es esa unidad lo que defiende con uñas y dientes y no ha de ser tarea fácil arrancarle del cuerpo de su madre.

…Todo hombre, por muy psicoanalista que sea, queda atrapado de una forma u otra en la promesa de la psicosis, que no es otra que la promesa de la inmortalidad.

…No es en la verdad de la locura donde anida la humanidad y, por tanto, no es, precisamente, humanidad lo que ambiciona el discurso psicótico sino, más bien, una palabra que por su brusquedad interrumpa el flujo de lo que teniendo que ser deseo, todavía, es necesidad en él.

…A nada temo, dice el sujeto, sólo a mis propias palabras.

…Si el neurótico habita el lenguaje, el psicótico es habitado, poseído por el lenguaje.

…No se puede considerar psicótico o loco a quien me ha llamado por teléfono para pedirme una entrevista y luego viene y luego, aún, acepta seguir viniendo y paga a fin de mes o consigue que alguien pague a fin de mes. Y no lo puedo considerar loco aunque algunos problemas del lenguaje tenga. Estos pacientes no presentan otra dificultad al tratamiento psicoanalítico que cualquier otro paciente.

…La fantasía estaba en el psicótico reemplazada por la alucinación y la polisemia de las palabras quedaba anulada porque en el delirio cada palabra quiere decir una sola cosa.

…Es siempre la familia del psicótico el núcleo de todas las resistencias a la curación…La sociedad en su totalidad se resiste a que el loco cure.

 

Del libro: Freud y Lacan –hablados-2

de Miguel Óscar Menassa

Edt. Grupo Cero

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