Hablar de impotencia psíquica nos remite a la impotencia sexual, pero no se refiere sólo a ella. No se trata de una cuestión exclusivamente masculina, sino que la impotencia nos afecta a todos en algún momento de nuestra vida.
Freud reconoce en el texto “Sobre una degradación general de la vida erótica” en el año 1912, que la impotencia psíquica es la enfermedad para cuyo remedio se acude a la consulta del psicoanalista con más frecuencia. Esto nos ha de llevar a considerar que cuando hablamos de impotencia no debemos pensar todo el tiempo en un pene erecto o flácido, sino en situaciones diversas en las cuales el sujeto, masculino o femenino, no alcanza el éxito cuando éste es esperado.
Lo normal en la sexualidad está muy lejos de constituir una norma. La impotencia y la frigidez, en sus diferentes maneras de mostrarse, son trastornos muy comunes y extendidos que acompañan a la vida erótica corriente. Las relaciones sexuales no son más que una de las múltiples expresiones de la vida del sujeto, una alteración de las mismas apunta a una manera patológica de relacionarse con el mundo. Un impotente en sus relaciones sexuales será probablemente impotente para otras actividades, por ejemplo escribir, hablar en público, etc. Algunas inhibiciones son evidentemente renuncias a la función a causa de que durante su realización surgiría angustia.
La impotencia se produce en unas situaciones concretas. El fallo no se produce, en la mayoría de los casos, sino con una persona determinada y nunca con otras. A pesar de existir deseo a realizar el acto, el órgano no responde. El hombre muestra apasionada inclinación hacia mujeres que le inspiran un alto respeto, pero que no le incitan deseo sexual, y, en cambio, sólo es potente con otras mujeres a las que no ama, estima en poco o incluso desprecia.
El pasaje del autoerotismo al amor de objeto, y a la sexualidad normal, requiere la fusión de la corriente sensual y la corriente cariñosa. La sexualidad normal tiene que ver con la renuncia a los objetos sexuales incestuosos; cada vez que surge la impotencia o la inhibición indica la existencia de angustia, angustia de castración porque el deseo es incestuoso.
El crecimiento ha conducido desde la imagen de la madre, y quizá también desde la de la hermana, a otro objeto sexual. Huyendo de todo pensamiento o intención incestuosos, ha transferido su amor, o sus preferencias, desde las dos personas amadas en su infancia, a una persona extraña formada a imagen de las mismas. Lo que debería ser una satisfacción permitida, en el caso de la impotencia nos delata que se trata de una pantomima, el deseo del sujeto no está allí, sino que devela su relación con un deseo reprimido.
Si la impotencia teme, no es temor ni a la potencia ni a la impotencia. El sujeto teme la satisfacción de su deseo, lo que le hace depender a la vez, de aquél o aquélla que va a satisfacerlo, a saber, del otro. Tenemos el ejemplo en muchas personas que no trabajan nunca porque sienten que se harían dependientes del trabajo, que no aman nunca porque creen que se harían dependientes del amor, que no pueden concluir un proyecto porque no soportan el cambio que les ocasionaría.
La angustia constituye el medio del deseo al goce. No hay deseo realizable por la vía en la que lo situamos sino implicando la castración. Si el sujeto se situara mejor con respecto a lo que para él constituye ley, temería menos perder su deseo.
La frigidez femenina se produce por la envida al pene, la impotencia masculina por la amenaza de castración. El goce del hombre y de la mujer no se conjugan orgánicamente. El goce de la mujer está en ella misma y no se junta con el Otro. Si algo nos revela la experiencia, es la heterogeneidad radical del goce masculino y del goce femenino. Un hombre sólo goza si ella lo desea.
El hombre no soporta muy bien los vaivenes emocionales a los que la mujer le somete. Si hace mucho el amor, ella se pone loca porque le gusta. Si hace poco el amor, ella se pone loca porque no le gusta. Ella nunca es ella. Ella sólo es una reacción a la potencia o a la impotencia del hombre.
Querido paciente,
Esta noche mi sueño se ha visto interrumpido por una idea ¿hay algo que no estamos haciendo bien? ¿Soy yo el que está fallando o es que acaso aún no llegué a ser su psicoanalista? A veces creo que viene a pasearse por mi consulta y no a tumbarse en el diván y entregarse. Sé que eso lleva un tiempo, que para algunos es imposible porque no es su deseo y para otros porque es demasiado bueno. Pero llegados a este punto es mi deber decirle en qué condiciones nos encontramos.
Si usted no es paciente entonces yo aún no puedo ser su psicoanalista, por lo que ningún resultado relacionado con un vínculo de estas características puede esperarse. Si vino con la excusa de mejorar su relación de pareja, eliminar algún miedo, calmar su malestar… está claro que no se está ocupando de ello y es usted el que, con su capricho o su racanería, prefiere el dinero, el miedo, o cualquier otra cosa a la salud, la inteligencia, la transformación.
Tal vez venga a vomitarle a una pared sus intimidades, o bien busque algún amigo o amiga porque no los tiene, de otro modo puede que venga para justificarse ante usted mismo o su pareja, pero aún no llegó a encontrarse con un psicoanalista, ni mucho menos, con ninguna interpretación.
Puede que esta carta que escribo en esta noche de desvelo sea la interpretación que usted necesita, tal vez sea una interpretación para mí mismo. Para que haya paciente tiene que haber psicoanalista, algo de mi posición está en juego. A partir de ahora hay que tenerlo claro, yo seré el psicoanalista. Ni curandero, ni pared, ni confesor, ni amigo, ni cómplice, aunque como psicoanalista a veces usted necesite que sea cualquiera de esas posiciones. Si a algo hay que jugarse es a la interpretación, juego en el que ambos jugadores serán otros después de cada partida. El que quiera ser cada vez igual a sí mismo no estará invitado a participar.
Reciba un cordial saludo.
¿Su psicoanalista?
El diagnóstico fue terrible, cayó como una losa frenando de golpe toda mi vida. Cáncer, tantas veces había escuchado esa palabra y esta era la primera vez que la oía referida a mí. Hacía unos meses, mientras me ponía la crema hidratante noté un bulto en mi pecho, no le di excesiva importancia, pero desde ese momento cada día palpaba deseando que ya no estuviese así. No fue el caso. El bulto seguía y mi preocupación crecía con él. Pedir cita en el médico era como reconocer que algo pasaba y yo me resistía. Mi marido comenzó a notar algo extraño, mi actitud distante y preocupada, el cambio en mi sentido del humor, la desaparición de mis gestos cariñosos. Me costó reconocerle que estaba preocupada por mi descubrimiento, ese mismo día pedimos cita para una revisión médica.
Ahí empezó mi periplo por clínicas, salas de espera, pruebas y más pruebas hasta que un día, sin quererlo, llegó la noticia. Tenía cáncer de mama y había que intervenir inmediatamente. Fue, lo reconozco, el peor día de toda mi vida. Ni la muerte de mi propia madre me había causado tanto dolor como el que ahora me producía pensar que toda mi vida me la jugaba en este paso. Mi marido me ayudó mucho en todo el proceso. Él también sufrió con el diagnóstico, para él también se tambaleaba su seguridad familiar, la mujer fuerte con la que se había casado años atrás era ahora una enferma que necesitaba, más que nunca, su ayuda.
Como comprenderán este no es un caso real, sino un ejemplo de una situación que viven a diario muchas personas y que nos demuestra que si del cáncer se trata lo que está en juego no sólo es la salud, sino la propia vida de la persona. El término 'cáncer' se utiliza como el nombre general para referirse a un grupo de más de cien enfermedades en las cuales las células en una parte del cuerpo comienzan a crecer sin control. La célula normal y la cancerosa no son fundamentalmente distintas: mientras una crece y se reproduce bajo determinadas condiciones, la otra lo hace en forma anárquica. Aunque existen muchos tipos de cáncer, todos comienzan debido al crecimiento sin control de las células anormales.
El pasado 19 de octubre se celebró el Día Internacional de Lucha contra el Cáncer de Mama. En 2007 se detectaron 21.000 casos de este cáncer en España, afortunadamente cada vez se diagnostican más y antes. El cáncer continúa siendo una enfermedad misteriosa y fatal, sin embargo, los avances de la ciencia han disminuido el índice de mortalidad o han aumentado la sobrevivencia. El 40% sobre estadísticas globales sobrevive los 20 años posteriores al diagnóstico, teniendo en cuenta un parámetro clínico fundamental, que es la detección precoz.
Cada vez está más claro que las emociones afectan al sistema nervioso y que éste está íntimamente relacionado con el sistema inmunitario, encargado de las defensas del organismo y cuyas células están capacitadas para resolver cualquier proceso canceroso. La ansiedad y la depresión ponen en marcha una cadena de alteraciones de las funciones endocrinas y de nuestro sistema inmune, que es el sistema que se encarga de la protección de nuestro organismo. Al disminuir las defensas, aumenta la propensión a diversas enfermedades orgánicas. No sólo habría que entender el factor psicológico como reacción al diagnóstico del cáncer, sino que vamos más allá. Los especialistas cada día tienen más claro que la depresión grave podría ser la responsable del desarrollo del cáncer. En la prevención de la enfermedad cancerosa habría que incluir, además de la detección precoz, el tratamiento psicoanalítico de la depresión, la ansiedad, el estrés y de todos aquellos signos que muestran un malestar psíquico en la persona. Estas afecciones sin tratamiento, al cabo de los años, pueden desembocar en graves enfermedades orgánicas.
Una vez aparecido el diagnóstico de cáncer hay que trabajar en varios frentes, por un lado la medicina debe hacer su trabajo, apoyada por la red familiar y social que rodea al paciente, evitando abandonos en el tratamiento, superando efectos secundarios de los fuertes tratamientos, creando expectativas de futuro que apoyen al paciente en la idea de vivir. Por otro lado, el psicoanálisis, que debería estar presente en el tratamiento de todos los pacientes oncológicos. Se ha comprobado que un paciente en buenas condiciones psicológicas responde mejor al tratamiento médico y, además, presenta menos efectos secundarios al mismo. El ensayo médico más clásico en el estudio de la depresión y el cáncer es un trabajo de Spiegel, realizado en 1981, donde se demostraba que el tratamiento psicoterápico de estos pacientes, mejoraba su calidad de vida de manera importante.
Superar la enfermedad es el primer objetivo tras el diagnóstico, a cada paciente le llevará su tiempo y su lucha particular. No sabemos cómo llegaría al cáncer nuestro personaje ficticio del comienzo, ni cómo fue su enfrentamiento a sus células enloquecidas, tampoco cómo se planteó la vida una vez superado. Lo que sí podemos suponer es que hay vida después del cáncer y es precisamente en ese aspecto en el que hay mucho por hacer y mucho por mejorar. De las mujeres que tienen cáncer de mama, un alto porcentaje no vuelve a trabajar. Y de las que se reincorporan a la vida laboral, muchas tienen dificultades en el desempeño de sus labores por problemas físicos o psicológicos. No sólo hay que potenciar la detección precoz y los avances médicos, sino que hay que transformar los pensamientos y el estilo de vida que llevaron al paciente a desarrollar esa enfermedad mortal. Hay que ayudarles a ver las cosas de forma diferente, en lugar de lo que les falta, fijarse en lo que tienen, VIDA. La Medicina y el Psicoanálisis tienen que trabajar conjuntamente y ahí el paciente tiene un papel muy importante.
Hoy no era mi día, estaba junto a esa multitud de gente que lloraba y sollozaba y sólo pensaba “hoy no me ha tocado a mí”. Era la primera vez que acudía a un velatorio y también, la primera que me encontraba frente a frente con la muerte. Cuando sonó el teléfono y me dieron la triste noticia pensé que una vez más bastaría con una llamada telefónica y un “lo siento”, pero en esta ocasión no pude escapar del compromiso, todos esperaban que estuviera con ellos arropándoles en este duro trance.
Cuando entré al tanatorio un escalofrío recorrió mi cuerpo, ver la floristería que se encarga de las coronas fúnebres, la cafetería en la que se mezclaba el cuchicheo de la gente y los llantos de otros, el expositor que mostraba las urnas funerarias como si se tratara de un producto comercial más. Quise escapar, no sabía cómo enfrentarme a la encrucijada de estar frente a frente con el fallecido. Era mi tío, aquél que tantas veces me había llevado a las fiestas del pueblo de mis padres, el que siempre venía cargado de helados cuando llegaba a casa, el que tenía ese olor tan especial a tabaco y que, sin embargo, nunca me resultó desagradable. Murió de repente, sin esperarlo, estaba sano como una pera y ahora estaba en un ataúd. ¿Por qué tenían que pasar estas cosas? Sólo de pensar que algún día le tocaría a mis padres o a mí mismo me ponía los pelos de punta. Mejor no pensarlo, quería huir, hacer como si nada hubiera pasado. Pero allí estaba, entrando al tanatorio para ver a todos mis familiares rotos de dolor frente al cadáver de mi tío, que en pocas horas, descansaría tras una fría lápida.
Allí estaba mi tía, desconsolada al lado del que había sido hasta ahora su marido y mi madre, con la cara desencajada despidiendo a su hermano mayor. Mis hermanas levantaron la cabeza y esbozaron una escueta sonrisa al verme. Llegaba, por fin, el sobrino favorito que no sabía cómo hacer frente a una situación como esta. Mi padre me abrazó, para él no era esta una circunstancia nueva, antes mis abuelos y muchos otros conocidos habían pasado a mejor vida, pero yo, ¿qué podía hacer allí? Los saludé, uno por uno, sin intercambiar demasiadas palabras, quería evitar el encuentro con la fría madera que contenía a mi tío, pero algo dentro de mí parecía necesitar corroborar que verdaderamente estaba muerto. Me preguntaba ¿qué era la muerte?
La gente no cesaba de llegar hasta la sala donde le velábamos, unos y otros se iban acercando hasta nosotros y nos daban el pésame, mientras algunas risas inapropiadas llegaban desde el exterior. Era una extraña mezcla de reacciones ante el fenómeno de la muerte. Personas que apenas conocían a mi tío lloraban como magdalenas y otros, tan cercanos, apenas podíamos expresar la tristeza que una pérdida semejante debería suponer. Parecía un mal sueño del que no pudiera despertar, pasaban las horas y llegó el momento de tapar el ataúd, fue entonces cuando me acerqué al cuerpo de mi tío y dirigí mi vista hacia su cuerpo inerte. Tardaron poco en poner la tapa y todos nos dirigimos hacia la capilla donde se haría la misa.
Los días siguientes fueron extraños, retomé mi vida cotidiana, nada había cambiado aparentemente, sin embargo una sensación desagradable me acompañaba. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué las copas no me sabían igual y la música me sonaba diferente? Las bromas, los chistes no me hacían ninguna gracia, no me apetecía quedar con nadie, quería estar solo en casa, tranquilo, ausente. Tal vez esta palabra pueda ser la que más defina la situación, “ausente”. Yo no había muerto pero me sentía ausente de mi propia vida, algo se había quebrado en mi interior. La palabra muerte es una cosa y otra, bien distinta, es encontrártela frente a frente y tan cerca. No hace falta ser viejo ni estar enfermo para morir, sólo hace falta estar vivo. ¿Cómo vivir sabiendo que todo puede acabar en cualquier momento? ¿Para qué seguir? Fue curioso no derramar una sola lágrima por mi tío y que su muerte, sin embargo, me hubiera producido este efecto. Algo de mi propia vida se había puesto en juego y me tocaba decidir si valía la pena seguir adelante.
Fue en esos días cuando cayó en mis manos un libro diferente, “Aforismos y decires” de Miguel Óscar Menassa, un psicoanalista y poeta. Inmerso en sus páginas fui encontrando verdad tras verdad sobre la vida y, también, sobre la muerte. Me impactó esta frase: Elaborar la falta o la pérdida o como se llame, también es saber lo que no falta, lo que todavía no se perdió. Qué verdad, cómo esta frase estaba hecha precisamente para mí en este momento. Lo que todavía no se perdió, mi vida todavía no la he perdido, estoy vivo. Seguí leyendo con pasión y la vida me fue cogiendo, de nuevo, con más garra. Hoy no era mi día, hoy me tocaba vivir. Y así pude enterrar a mis muertos y respetar a mis vivos. Y aquí me tienen, amando y trabajando como nunca, llegando a la muerte por el camino más largo, la vida.
Es fácil darse cuenta, en el trato cotidiano con empresarios, profesionales liberales y docentes, cómo desconocen un servicio de gran utilidad que está a su alcance, hablo de la Supervisión Profesional que realizamos los psicoanalistas. Cada vez se habla más de coaching empresarial, inteligencia emocional, habilidades directivas, sin embargo en la práctica laboral-empresarial cotidiana los expertos venimos detectando siempre los mismos fallos que, en muchos casos, suponen un importante agujero económico.
En primer lugar habría que dejar claro qué es la supervisión profesional. Es un servicio llevado a cabo por un psicoanalista al que consulta, con una frecuencia determinada o en momentos puntuales, un empresario, un profesional liberal, un deportista profesional, un docente o un equipo de personas, para evaluar el desarrollo de un proyecto (apertura de un negocio, curso formativo, temporada deportiva, proyecto técnico, etc). Los encuentros pueden ser telefónicos o presenciales, en ellos el supervisor tendrá acceso, a través de la conversación con el supervisado, a los distintos elementos intervinientes en el desarrollo del proyecto.
Llegados a este punto puede preguntarse en qué puede beneficiarle a usted los servicios de un supervisor. La supervisión le permite detectar los sabotajes inconscientes que pueden suceder en el desarrollo de un proyecto: envidia, celos, angustia, culpabilidad, depresión, desgana… Si reflexiona puede darse cuenta que trabajar a favor de un proyecto implica poner todas las energías y esfuerzos en una misma dirección. Para ello es necesario elegir bien y que todos los agentes implicados estén de acuerdo (clientes, trabajadores…). En muchas ocasiones tras un aparente acuerdo entre las partes, el supervisor encuentra importantes desajustes que no se habían llegado a manifestar verbalmente y que pueden poner en peligro el correcto desarrollo. En muchas ocasiones se olvida para qué se está trabajando, cuáles son los objetivos, hay una tendencia a priorizar las tendencias individualistas que todos tenemos que se traducen en una palabra muy familiar: egoísmo. Cuando se habla de trabajo y de dinero, el egoísmo hay que dejarlo aparte, lo más importante debe ser tolerar y trabajar para que el proyecto salga adelante con éxito.
Se habrá dado cuenta de que hay proyectos que se nos atragantan. El trabajador no se da cuenta de que a veces envidia al cliente, otras veces no le tiene ninguna simpatía y el mayor deseo se convierte en acabar lo antes posible con esa relación empresarial. De esta forma no se puede trabajar bien. Entiendo que le parecerá una tontería hablar de afectos en el campo laboral (no está bien visto), pero la realidad es que estas cosas suceden todos los días, tan sólo tiene que echar un vistazo a su entorno de trabajo. Es necesario detectar y controlar estos afectos que enrarecen el buen desarrollo laboral.
Estamos implicados en lo que nos pasa. Existe una tendencia a responsabilizarnos de nuestros éxitos y desembarazarnos de nuestros fracasos, sin embargo estamos implicados en todos los sucesos de nuestra vida. Es muy importante, para el correcto desarrollo de un proyecto:
Estar de acuerdo con él
Establecer una correcta relación con el cliente y los demás agentes implicados
Aprender a comunicarnos
Detectar afectos que perturben el correcto desarrollo
Todo esto no puede llevarse a cabo sin la labor de un supervisor, por qué:
No nos damos cuenta de nuestros pensamientos inconscientes hasta que somos capaces de ir nombrándolos en la conversación frente a un psicoanalista.
En general no se reconoce la envidia. Es lógico que podamos envidiar al cliente, al fin y al cabo, él se llevará el fruto de nuestro trabajo. Sin embargo, si no lo reconocemos y si no sabemos mantener la envidia a un lado, podemos llegar a estropear el trabajo y, como sabe, la mejor publicidad de una empresa o de un profesional es su propio trabajo y la satisfacción del cliente. Mucho cuidado con lo que hacemos.
En muchos fracasos laborales está implicado el sentimiento de culpabilidad, sin la intervención a tiempo de un psicoanalista no se pueden prevenir y resolver esos descalabros. Todos, alguna vez, hemos tenido pensamientos e intenciones reprobables, a veces el castigo que nos infringimos es exagerado.
Otras veces la incertidumbre o el miedo, bastante habitual en los comienzos profesionales, pueden jugarnos malas pasadas. Se tratan de afectos normales que, sabiendo tolerarlos, pueden ser perfectamente compatibles con un correcto desarrollo del trabajo.
Llegados a este punto hay que insistir, ¿qué profesionales pueden utilizar los servicios de un supervisor? Empresarios, arquitectos, psicólogos, ingenieros, abogados, comerciantes, peluqueros, docentes, jueces, publicistas, deportistas profesionales, etc. Por supuesto es importante destacar que el supervisor mantiene secreto profesional sobre toda la información que maneja en la supervisión.
Es necesario diferenciar la supervisión del psicoanálisis personal. Son diferentes, aunque ambas acciones las lleve a cabo un psicoanalista.
En el psicoanálisis personal la vida sexual y afectiva, responsables de inhibiciones y alteraciones, son el eje del tratamiento.
En la supervisión profesional el proyecto empresarial es el protagonista. El pacto es trabajar a favor del desarrollo del mismo.
Como conclusión, los errores y los fracasos no pueden estar justificados, en todo caso son debidos a un deficitario desarrollo del proceso de trabajo. Cuando se ponen todos los medios a disposición: formación, instrumentos de trabajo y supervisión, el proceso laboral-productivo se ve facilitado, se corrigen importantes errores, se previenen inoperancias y, en definitiva, se producen importantes ahorros económicos. Las empresas gastan cada año una gran cantidad de dinero por la ineficiencia de sus directivos y trabajadores, estos gastos se verían destacablemente reducidos con la labor de un supervisor profesional.
Morir de viejo, de aburrimiento, de pena, morir de soledad. Hay muchas formas de morir y de vivir. Los medios de comunicación se hacen eco, nuevamente, de una verdad a voces, el suicidio es un grave problema salud, sobre todo en la adolescencia, es la tercera causa de muerte entre los 10 y los 14 años. Con lo que se añora la juventud cuando se pierde, con lo llenos de vida que están, y muchos sólo ven escapatoria en la muerte.
Los profesionales de la salud lo venimos avisando desde hace tiempo, no son tonterías, las cuestiones de la mente o del psiquismo, como prefieran llamarlo, son muy serias, sin embargo muchos las siguen tomando como caprichos fruto del aburrimiento. El ser humano desde que nace está expuesto a constantes peligros que amenazan su supervivencia, gracias al cuidado de otras personas y a nuestra propia capacidad de creación, hemos podido conquistar la vida y los cinco continentes, llegar al espacio, inventar aparatos para volar, navegar y todo lo imaginable. Nuestro deseo no tiene límites, hasta que se posa sobre la palabra muerte, en ese instante la espada de Damocles pende sobre nosotros.
La adolescencia es una época de importantes cambios y no siempre es un camino de rosas. Cada humano tiene que atravesar el mismo proceso para conquistar el lenguaje y las leyes humanas, hacerse un hueco en este mundo y dar un sentido a su vida. Como es lógico, cada uno vive las cosas a su manera, asimila o no los cambios, acepta o no las leyes. Todos tenemos ejemplos de jóvenes tranquilos y dóciles, sin embargo, muchos otros pasan por esta época con grandes aspavientos, la rebeldía se instala en ellos y todo se convierte en conflicto. Para muchos padres lo normal ha sido “aguantar el tirón” y sobrellevar como se pueda los problemas que le acarrea su adolescente, pero las cosas no son tan sencillas. La rebeldía, el fracaso escolar, la agresividad puede leerse, en la mayoría de estos casos, como una manifestación de un conflicto psíquico que se ha instalado en el joven. Las respuestas que suele encontrar, en lugar de escucha, comprensión, apoyo, es desesperación, impaciencia, represión. Sólo se empeoran las cosas. Los datos de suicidios en adolescentes asustan, así como el consumo, cada vez mayor, de drogas. Hay que dejar de darle tantas vueltas al asunto, los problemas exigen soluciones y, en la mayoría de los casos, es en las consultas profesionales donde estas familias pueden producirlas. La experiencia profesional demuestra que los jóvenes responden rápidamente al tratamiento psicoanalítico, siendo preciso en algunos casos que los padres también acudan a algunas sesiones. En esta época habrán de tomar importantes decisiones referentes a las amistades, los estudios, etc. es por ello importantísimo que padres y educadores orienten a estos jóvenes con problemas en su desarrollo hacia la consulta del psicoanalista. Lo que era un joven problemático puede convertirse en un adulto enfermo y caprichoso. Hay muchas formas de llegar a la muerte, la mejor de ellas es atravesando una larga y provechosa vida.
Todo iba mal, desde hace un tiempo las ventas habían bajado muchísimo y apenas tenía salida la nueva mercancía. Las estanterías llenas, el escaparate cuidado, como siempre, pero una barrera invisible parecía impedir que los clientes entraran en la tienda. Se aproximaba la hora del cierre para ir a almorzar, como cada día, a las dos de la tarde. Inquieto, eché un vistazo a la caja registradora, dejándome llevar, tal vez, por la costumbre, apenas había algunos billetes y otras tantas monedas. La mañana había sido nefasta. Eché un último vistazo a la calle por si algún rezagado se animaba a entrar, pero el panorama era desolador, el calor, la hora, qué se yo. Fui a la trastienda a coger las llaves y mis objetos personales y apagué las luces. La ilusión de antaño se había transformado en apatía, tristeza, desaliento. Tal vez nunca tendría que haber emprendido mi gran sueño.
Hace unos días hablaba de esto con un amigo, mi cara reflejaba que las cosas no van bien. Me preguntó por la causa de mis preocupaciones y ese pie fue suficiente para que me desahogara largo y tendido. Meses de angustia guardados en secreto soltados de golpe. Nunca antes me había mostrado así ante nadie, mucho menos ante uno de mis amigos, pero ya no aguantaba más. Le conozco desde hace 8 años, salimos juntos, hablamos, nos reímos y me visita de vez en cuando en la tienda, le van bien las cosas y sabe que había puesto todas mis ganas en el negocio. Después de mis lamentos, un poco más tranquilo, me cogió del hombro y me dijo: “yo no te puedo ayudar, sólo puedo aconsejarte que vayas a un profesional experto en este tipo de cosas”. Esperaba que me dijera un asesor empresarial, un gestor, sin embargo me dejó muy sorprendido cuando me dio el teléfono de un psicoanalista. ¡Ni que me hubiera visto cara de loco!
No me había dicho que llevaba algunos años acudiendo varias veces por semana a la consulta de uno, desconocía por completo que él necesitara de esas cosas. Sin confesar los motivos por los que había dado ese paso, reconoció que le había venido muy bien, había resuelto muchos de los problemas que coleaban en su vida y se sentía confiado y con fuerzas para afrontar sus retos personales, como dije antes, la vida le iba muy bien. Le pregunté por qué pensaba que un psicoanalista podría ayudarme, era la dichosa crisis la culpable de que no tuviera clientes, ¿qué podía hacer yo contándole mis historias a un desconocido? Me miró fijamente y con un tono pausado pero con fuerza me dijo: “porque las cosas del trabajo también tienen que ver con el deseo inconsciente de las personas”. Ese día me fui a casa algo confuso y con el número de teléfono de un psicoanalista en mi agenda.
Al día siguiente todo parecía igual, llegué a la hora habitual, abrí las persianas invitando con ello a mirar y a entrar, pero fueron pasando las horas y apenas dos o tres personas se atrevieron a preguntar algunos precios, sin que ninguno adquiriera nada. El paso del tiempo iba aprisionándome, el cartero no dejaba de traer las facturas, la vida pasaba pero yo parecía haberme quedado detenido. El sudor fue invadiendo mi frente, el aire me faltaba, sentía una opresión desconocida en mi pecho, un escalofrío invadió todo mi ser, creí que era mi final. Tomé asiento en el taburete del mostrador e intenté sobreponerme a duras penas, estaba solo como también lo estoy en la vida. Una idea surgió en ese instante, el número de teléfono que mi amigo me había dado. Con la respiración entrecortada cogí el teléfono y busqué afanosamente en la agenda el dichoso número, no recordaba con qué nombre lo había guardado. Ahí estaba, simplemente psicoanalista, no aparecía ni el nombre personal, ni la dirección, sólo un número de teléfono. Pulsé el botón verde y el tono de llamada empezó a sonar.
Una voz parsimoniosa descolgó el teléfono, era una mujer. Le pregunté si era la psicoanalista y respondió afirmativamente, le dije que era mi primera vez, la primera vez que llamaba a la consulta de un psicoanalista, que estaba un poco perdido pero que creía haber tocado fondo. La mujer me indicó un horario para nuestra primera entrevista. Me dio la dirección de la consulta y nos despedimos hasta entonces. Esa simple conversación eliminó, instantáneamente, el sudor y mi falta de aire. Sentía latir normalmente mi corazón, una esperanza se abría ante mí.
Salí de la trastienda hacia la calle, cerré la puerta y bajé las persianas, esta vez no me dirigía a casa a prepararme el almuerzo, esta vez tenía una cita muy importante. Con un pequeño plano, me dirigí en coche hasta la calle indicada, a estas horas resultaba fácil encontrar aparcamiento y estacioné en el primero que encontré, sin percatarme de que otros muchos estaban más cerca del despacho. Tenía el estómago vacío pero no quería llenarlo de comida, estaba impaciente porque llegara la hora y poder desvelar el misterio, cómo sería la psicoanalista, qué decir, cómo podría ayudarme. Titubeante llamé al portero automático, se abrió la puerta y subí hasta el 4º piso. Nervioso alcancé la puerta que me abriría una dimensión desconocida, y no me refiero a ningún viaje galáctico, si no a un viaje a mi interior. Al poco de llamar al timbre, la puerta se abrió y tras ella una amable señora, que se identificó como la psicoanalista, me indicó el camino a seguir hasta la consulta, en ella una suave luz, un sillón y un diván. El trayecto comenzaba.
Me indicó con un gesto el diván y salté a él como saltan las fieras sobre sus presas, hambrientos. Mis primeras palabras no las recuerdo, quedaron escritas, tal vez, en su bloc de notas, o se perdieron entre esas cuatro paredes, de lo que sí me acuerdo es de que una vez allí, las frases fueron sucediéndose, como si hubiera anhelado largo tiempo una conversación como esta. A la primera entrevista le siguieron otras tantas mientras esas citas iban haciéndose un hueco imprescindible en mi agenda. Al principio no conseguía entender cómo esas charlas ayudarían a mi maltrecha economía, que por otra parte, estaba aún más mermada con el pago de las sesiones. Cada día abría las persianas del local y cada día permanecía allí trabajando, esperando que ese sí fuera un buen día, esperando que mis problemas tuvieran solución. Lógicamente, los clientes no entraban y las facturas no se pagaban. Un buen día mi psicoanalista me dijo que si tan mal me iba con el negocio, que lo cerrara, también era posible para el hombre fracasar. Sus palabras me dolieron, cuánto me dolieron, cómo aceptar cerrar algo en lo que había puesto tantas ilusiones. Tal vez ese era el problema, había puesto ilusiones, fantasías, sueños, pero no me había ocupado del trabajo real y necesario para que el negocio funcionara, el hombre no vive de castillos en el aire, mi negocio me necesitaba a mí al frente y no en esa actitud pasiva y fracasada con la que lo dirigía. No lo iba a cerrar. No iba a fracasar. No le daría ese gusto a la psicoanalista.
Mis sesiones siguientes fueron como una lucha cuerpo a cuerpo, trataba de justificarme, sentía que ella era mi enemiga y todo mi esfuerzo era llevarle la contraria. La culpa era de otro, no mía, la economía iba mal, el gobierno no lo estaba haciendo bien, mis padres no eran ricos para poder ayudarme, los centros comerciales eran una competencia contra la que no se podía luchar, etc. Todas mis palabras “me justificaban”, trataban de apartarme de cualquier implicación en mi vida, en mi negocio. Ella no entraba al trapo, escuchaba, hacía ruiditos, siempre me recibía amablemente y del mismo modo me despedía hasta la próxima, y yo siempre sentía que no habría próxima.
Un día no pude más, exploté, me tumbé en el diván y en lugar de palabras, brotaron sin cesar las lágrimas. Como un niño reconocía no saber qué hacer, sentirme solo ante la inmensidad del mundo, indefenso ante la dificultad. Ese día ella tampoco dijo nada, pero me aumentó los honorarios y me citó para la próxima. No entendí nada, en lugar de consolarme o decirme que si no podía pagar no volviera, me aumentó, como si aún confiara en mí, como si todo no estuviera perdido. A la mañana siguiente me eché unas gotas de colonia y un poco de gomina, ese día no fui en coche hasta el trabajo, hacía un día maravilloso y decidí ir caminando. En el trayecto me encontré a varios conocidos que me saludaron con alegría y a los que correspondí, uno de ellos me invitó a tomar un café y durante unos minutos charlamos, tranquilamente, tras los cuales me confesó necesitar un aparato que yo, precisamente, tenía en mi tienda. Quedamos en que al medio día iría a su casa y se lo instalaría como un favor personal. Y así, de este modo, casi sin esperar, había vendido uno de mis productos, por unas pocas palabras.
Abrí las persianas con desenfreno, encendí las luces y vi que el local mostraba cierto desencanto, decidí cambiar el orden de las cosas, mover el mostrador, cambiar el escaparate, imprimir unos folletos con sugerencias e información sobre novedades y, así, atareado, canturreando, una de las personas que pasaba por la calle miró y ante mi saludo, se decidió a entrar y preguntar. Otra venta tras unos útiles consejos para un mayor rendimiento. Entendí que regalando un poco de mi tiempo y de mis conocimientos, la gente confiaba en mí y se acercaba hasta la tienda. Esa mañana, está claro, no resolví todos mis problemas financieros, que aún los tengo, pero al llegar a mi sesión me tumbé con otro gusto, con otra cara y le dije: “Ni huir ni arremeter contra nada, aprender a conversar tranquilamente, eso enseña el amor”. Eso aprendí, doctora –le dije- y no crea que sólo amo el dinero, porque también la amo un poco a usted por aguantarme.
Y aquí estoy, capeando el temporal, intentando atender a mis clientes y buscar nuevos, ampliando mi capacidad de amor que también se traduce en la capacidad para tener más clientes. Desde hace unas semanas he comenzando lo que puede ser una nueva vida, me he anotado a un taller de escritura y aquí me tienen escribiendo lo que puede ser mi primer poema. No renuncio a mis sueños, pero ahora creo que si uno no consigue las cosas que dice querer es porque no quiere o porque está enfermo. Nadie te da ni te quita nada. A mí el psicoanálisis me llegó sin esperarlo, lo tomé y cada vez hago el trabajo de tumbarme en el diván y dejarme llevar por las palabras.
El Psicoanálisis es la ciencia del sujeto psíquico. Marca una ruptura a nivel del ser humano, ya que establece al Inconsciente como el centro de su vida psíquica y la conciencia como una cualidad del mismo. A partir del Psicoanálisis consideraremos que nuestros sentidos nos engañan, que nuestra inteligencia no determina nuestra vida, sino que son los deseos inconscientes, de los que sólo sabemos después de la Interpretación Psicoanalítica.
El Psicoanálisis constituye una nueva Psicología, no circunscribiéndose a los fenómenos patológicos. Es complejo determinar el límite entre la salud y la enfermedad. En Psicoanálisis el diagnóstico se realiza a la culminación del proceso analítico, en tanto no es el diagnóstico el que determina el tratamiento. Una vez concluido éste, es cuando el psicoanalista realizará una lectura del proceso psicoanalítico del paciente.
El Psicoanálisis propone la producción de una salud que nunca se tuvo, una salud que es necesario construir. Enfermedad es ese querer sacar un beneficio del estar enfermo. La única salud psíquica posible, es que el sano psíquicamente tiene la capacidad de sustituir un objeto amoroso por otro, un ideal de vida por otro.
Y no es, como estamos viendo, mi inteligencia la que me gobierna, sino que mi vida, nuestra vida, está gobernada por sencillas certezas inconscientes, pequeñas equivocaciones, deseos inconscientes.
Mecanismos psíquicos normales, presentes en todos los seres humanos, llevan en un caso al amor y en otros a la muerte, a la enfermedad o a la creación.
De la Teoría Psicoanalítica se deriva un método terapéutico que, a través de la palabra, produce transformaciones en la vida del sujeto.
Su objetivo no es curar, pero como producto-efecto cura, puesto que la enfermedad no es más que un posicionamiento del sujeto. En el tratamiento el paciente se irá construyendo una vida posible.
El Psicoanálisis puede trabajar sobre aquellas personas que estén dispuestas a cambiar, a someterse a la palabra. La única contraindicación es no pagar, en el sentido de que si el paciente no paga con dinero, paga con la vida. Al pagar se garantiza que el paciente se lleva lo que en análisis se ha producido.
Lo que le pide el psicoanálisis al paciente es que acepte el tratamiento, que venga a demostrar la existencia del inconsciente. Con ello queremos decir, que cualquier persona es susceptible de psicoanalizarse si realiza el trabajo, es decir, si produce el compromiso con un psicoanalista. No es necesaria la enfermedad, es más, el Psicoanálisis necesita desembarazarse de ella para poder trabajar. La psicoterapia analítica no es un tratamiento de la degeneración neurótica, tampoco es aplicable a personas que no se sometan voluntariamente a él.
El proceso analítico parte del compromiso del paciente a comunicar todo aquello que acuda a su pensamiento, sin imponer ni dejarse llevar por ningún tipo de restricción. Su compromiso es con la palabra, aunque el silencio también será interpretable.
Además del discurso del paciente, el Psicoanálisis utiliza en su trabajar, otros productos del Inconsciente, como son los sueños, los actos fallidos y equivocaciones, el chiste, etc. Del inconsciente sólo sabemos a través de sus efectos.
No existe ningún otro camino para alcanzar el fin propuesto. El fin del tratamiento será, entre otros, el restablecimiento de la capacidad de trabajo y de goce del sujeto. Cuando el tratamiento no ha sido suficientemente prolongado, se consigue, al menos, un importante alivio del estado psíquico general.
El procedimiento terapéutico es, con pequeñas modificaciones el mismo para todos los cuadros sintomáticos.
La psicoterapia analítica es la más poderosa, la de más amplio alcance y la que consigue una mayor transformación del paciente.
El descubrimiento y la traducción de lo inconsciente se lleva a cabo contra una continua resistencia del enfermo. Este tratamiento puede considerarse como una segunda educación, encaminada al vencimiento de las resistencias internas. Del análisis surgirá un nuevo sujeto, sujeto a las leyes del lenguaje.
Y estamos en el tiempo y en el lugar de decir, que no es necesario enfermar para comenzar a psicoanalizarse. Que el camino se hace al andar, es decir, que sólo hay un análisis posible para cada mi, para cada uno, si doy el paso que me lleve a la consulta de un psicoanalista a pedir mi primera sesión y, al parecer, hoy estamos en una.
¿A QUIÉN PUEDE BENEFICIAR LA TERAPIA PSICOANALÍTICA?
El tratamiento psicoanalítico puede beneficiar a muchas personas. Existe la tendencia a pensar que es el último recurso y que sólo es para los que están “locos”, con la intención, tal vez, de excluirse del grupo de sujetos susceptibles a psicoanalizarse, ya que se tiene la idea de que es “deshonroso y vergonzoso” y que además, está mal visto socialmente.
Nada más lejos de la realidad: el Psicoanálisis está destinado a todas aquellas personas que no se conforman con dejarse llevar por la vida, que quieren llevar el timón de lo que les pasa y desean sentirse mejor consigo mismas y mejorar sus relaciones sociales y calidad de vida.
Nada es inamovible, todo es susceptible de transformarse, incluso nosotros mismos. Transformándonos cambia lo que nos pasa.
Además, el Psicoanálisis ofrece tratamiento a personas que han optado o sucumbido a la enfermedad, personas definidas o no dentro de una patología y se encuentran al borde del abismo:
• Depresión
• Ansiedad
• Angustia
• Miedos
• Fracaso profesional
• Dificultades en las relaciones con los demás
• Problemas sexuales: insatisfacción, anorgasmia, eyaculación precoz...
• Problemas con la pareja: discusiones, infidelidad...
• Insomnio
• Dolores sin causa médica
• Adicciones: tabaco, alcohol, drogas, ludopatía...
• Enfermedades orgánicas crónicas: Cáncer, Sida...
• Preocupaciones: educación hijos, relaciones pareja, trabajo...
• Problemas en la alimentación: anorexia, bulimia, sobrepeso...
• Problemas de aprendizaje y adaptación escolar
• Inadaptación social
• Problemas de conducta
• Enuresis
• Insatisfacción con la vida
• Enfermedades sin causa médica: cefaleas, asma, alergias, alteraciones del habla, parálisis motoras...
• Etc.
Lo más probable es que casi todos nos hayamos sentido identificados con alguno de estos síntomas, en mayor o menor medida, o que conozcamos a alguien a quien le pase. Es por ello necesario que nos paremos a reflexionar hasta qué punto es necesario sacrificar nuestra vida por no poner una solución a tiempo. Hasta qué punto debemos vivir creyendo en el destino. Tal vez porque sea más fácil pensar que lo que nos ocurre nos viene dado desde fuera, que pensar que nosotros tenemos algo que ver en eso. Si nos responsabilizáramos de lo que nos ocurre, nos permitiríamos una vida diferente.
Un amplio porcentaje de la población necesita o viviría mejor si recibiera psicoterapia. Me pregunto por qué esa tendencia a quedarse uno como está, aunque esté mal. Por qué resulta tan difícil para una persona reconocer o acudir a un psicólogo o a un psicoanalista. Qué nos puede llevar a pensar que eso supone un fracaso. Fracaso es no saber parar a tiempo, resignarse a la infelicidad cuando existen multitud de caminos. Cuando a través de la palabra se puede construir otro pasado, presente y futuro.
Tal vez sea que la población desconozca a dónde acudir, pues todo está construido para negar el cambio, negar la libertad y el crecimiento. Si nos conformamos con que el Estado (Seguridad Social) nos solucione la vida, ponemos nuestra vida a la cola. Cada uno es responsable de lo que le pasa y si no le gusta, él es el que tiene que implicarse.
Existen, aún, insuficientes profesionales cualificados para satisfacer la gran demanda existente, pero es necesario que los que demanden terapia estén dispuesto a aventurarse, a dejarse hablar.
SER PACIENTE TAMBIÉN ES UNA CONSTRUCCIÓN
La paciencia es el don de la ciencia. Cada cosa tiene su tiempo, su proceso. Ser paciente en Psicoanálisis también es un trabajo, sería imposible pensar que desde la primera sesión o entrevista con un psicoanalista uno ya está en Psicoanálisis, si fuera así habría más personas en tratamiento y, consecuentemente, más personas sanas.
Aprender a tolerar que las cosas sean diferentes a como pensamos, someternos a la realidad, comprometernos a que nos guíen las palabras en el marco de la transferencia psicoanalítica, serán las bases de las que tendrá que partir todo candidato a paciente.
El objetivo del Psicoanálisis no es la eliminación de los síntomas, aunque esto se produce como beneficio secundario del proceso.
Para comenzar el análisis el paciente ha de renunciar al goce que supone el síntoma, el fracaso... Debe someterse a las leyes del inconsciente, del lenguaje, donde todo es posible, donde las palabras no tienen valor en sí mismas sino en la combinación con otras palabras. Donde nada está previamente establecido, sino que todo está por hacer. El pasado no es lo que nos determina, el tratamiento se desarrollará según la forma de su futura dilución.
"...de otro, será de otro como antes de mis besos..."
Pablo Neruda
Hablamos de la envidia y los celos, modos de sentir y padecer, de querer y palidecer ante determinadas situaciones. Todos fuimos niños, y es en la infancia desde donde partiremos en nuestra particular investigación sobre la envidia y los celos.
Los celos constituyen un estado afectivo normal , todos hemos sentido alguna vez, aunque no lo recordemos. Celos ante los hermanos, celos ante los compañeros de clase, celos cuando nuestra pareja mantiene algún tipo de relación con una persona del sexo opuesto... Son inevitables, cuando faltan en el carácter o en la conducta de una persona, deducimos que han sometido a una enérgica represión y desempeñan, en la vida anímica inconsciente un papel tan importante como si se manifestaran.
El deseo de gustar y de conquistar no se agotan en la mujer ni en el hombre después de haber establecido un compromiso de pareja. Esta situación requiere una tolerancia por ambas partes y una confianza hacia las actividades del otro que. En el caso del celoso exige a su pareja que se comporte como si fuera de su propiedad cuando esta actitud es, posiblemente, la vía más rápida para perder el deseo y corre el riesgo de quedarse solamente con la propiedad exclusiva... de sus celos.
La libertad sexual ilimitada no procura mejores resultados que la prohibición. La necesidad erótica pierde valor psíquico en cuanto se hace fácil y cómoda la satisfacción. Para que la libido alcance un alto grado es necesario oponerle un obstáculo. La importancia psíquica de un impulso crece con su prohibición. La plena satisfacción no es posible , en la naturaleza misma del instinto sexual existe algo desfavorable a ello.
Los celos son siempre señal de una inseguridad. Aparentemente no estoy segura del amor del otro, pero en realidad lo que se tambalea es mi propia firmeza.
Desde el punto de vista psicoanalítico podemos distinguir tres casos o grados de celos anormalmente intensos:
• Celos normales
• Celos proyectados
• Celos delirantes
Los celos normales se componen básicamente, de la tristeza y el dolor por el objeto amado que se cree perdido, de la ofensa narcisista que sentimos ante el hecho de que aquél al que amamos, desee ahora a otra persona. Incluyen sentimientos hostiles contra ese rival preferido, así como autocrítica, en tanto se quiere hacer al yo responsable de la pérdida amorosa. Estos celos no son completamente racionales, nacidos de circunstancias reales. Demuestran tener profundas raíces en lo inconsciente, perpetuando impulsos de la afectividad infantil procedentes del complejo de Edipo o del complejo fraterno del período sexual. La curiosidad sexual de los niños se despierta bajo los impulsos egoístas en ellos dominantes. La sospecha del nacimiento de un nuevo hermano despierta la sensibilidad del niño ante la sospecha de una pérdida de privilegios. Manifiesta una clara hostilidad hacia su competidor, exteriorizándola a través de juicios poco amables, el deseo de que no hubiera nacido e incluso en pequeños atentados contra el bebé.
En el desarrollo de la investigación sexual, cuando la niña advierte el pene de un hermano o de otro niño, lo reconoce como superior de su propio órgano. Desde este momento cae víctima de la envidia fálica. La esperanza de que obtendrá alguna vez un pene y será entonces igual al hombre, puede persistir hasta una edad madura. Las consecuencias psíquicas de la envidia fálica son diversas. Desarrolla un sentimiento de inferioridad y después considera su falta de pene como un castigo, comienza a compartir el desprecio del hombre hacia la mujer. La niña, para adquirir las características propias de la feminidad, renunciará a su deseo del pene, poniendo en su lugar el deseo de tener un hijo y toma al padre como objeto amoroso. La madre se convierte entonces en el objeto de sus celos.
Los celos desempeñan en la vida psíquica de la mujer un papel más importante que en el hombre. La falta de pene es casi siempre achacada a la madre de la niña, que la trajo al mundo tan insuficientemente dotada. Poco después de haber descubierto del defecto de sus genitales, la niña desarrolla celos contra otro niño, con el pretexto de que la madre lo quería más que a ella, con los cual halla un motivo para el desprendimiento de la vinculación afectiva con la madre.
Los celos proyectados nacen tanto en el hombre como en la mujer, de las propias infidelidades del sujeto o del impulso a cometerlas, pero relegado, por la represión, a lo inconsciente. Aquellos que niegan experimentar tentaciones de infidelidad en el matrimonio, sienten tal presión, que suelen acudir a un mecanismo inconsciente para aliviarla, proyectando sus propios impulsos a la infidelidad sobre la persona a quien deben guardarla. Es decir, que se muestran muy moralistas, cuando son los que, en su realidad inconsciente, desean transgredir las reglas de la fidelidad matrimonial. En el tratamiento de los sujetos celosos ha de evitarse discutirles el material en el que se apoyan, sólo puede intentarse modificar su interpretación del mismo.
Menos favorable resultan los celos delirantes , también estos nacen de tendencias infieles reprimidas, pero los objetos de la fantasía son de carácter homosexual. Sirven como tentativa de defensa contra un poderoso impulso homosexual. El celoso paranoico, reconoce la infidelidad de su cónyuge en lugar de la suya propia, ampliando la infidelidad de su pareja, consigue mantener inconsciente la suya. Los celos del paranoico le sirven para rechazar su homosexualidad.
La envidia suele provocarla la posesión de bienes que no tendrían ninguna utilidad para quienes los envidia y cuya verdadera naturaleza ni siquiera sospecha. Envidia a la imagen de completud , donde uno piensa que el otro es completo, uno se siente dividido, fragmentado.
Es común, en las consultas médicas, encontrarse con pacientes que vienen con un síntoma y “aprovechan” la ocasión para contarle al médico sus problemas, sus preocupaciones y sus sentimientos, sin que esto revista interés alguno para el facultativo.
En otras ocasiones, a los síntomas que traen consigo, tras la realización de las pruebas pertinentes, no se les encuentra causa orgánica alguna, aunque ello no implique el cese del padecimiento. Ante estas circunstancias, los médicos se encuentran impotentes ya que no saben cómo actuar.
Tal vez la causa sea la falta de formación recibida en la facultad respecto a estas situaciones o a estos tipos de pacientes, tal vez el desconocimiento de los recursos existentes para solventarlos.
El desconocimiento y los mitos existentes respecto al Psicoanálisis han alejado a muchos médicos del beneficio que éste puede reportarles.
Por un lado, conocer la implicación fundamental del psiquismo en la producción y desarrollo de las enfermedades orgánicas, es por ello necesario tener en cuenta lo psíquico en el tratamiento de dichas afecciones.
Por otro lado, el Psicoanálisis da al paciente una alternativa a la enfermedad o, en el caso de enfermedades crónicas, le enseña a vivirla de un modo diferente. El Psicoanálisis mejora, junto con la Medicina, la calidad de vida de los enfermos.
Hay enfermedades sin causa médica y, ante ellas, la Medicina se queda sin respuestas, el Psicoanálisis se las ofrece y propone soluciones a este tipo de pacientes.
No es lo mismo el tratamiento que presta un médico con formación psicoanalítica que otro que no tiene en cuenta al sujeto, que sólo considera los órganos.
Hoy, adentrados en un nuevo porvenir, se hace necesario mejorar la asistencia sanitaria y ofrecer a los pacientes el camino para resolver sus síntomas, entendiéndolos como una voz ronca que hay que aprender a escuchar, se hace necesario crear un vínculo entre los profesionales de la Medicina y los del Psicoanálisis para proporcionar el tratamiento adecuado para cada caso.
La vida sexual humana es muy compleja y no sólo se corresponde a lo corrientemente admitido. El descubrimiento del Psicoanálisis muestra la genitalidad no como algo exclusivo de los adultos . La sexualidad es inherente a lo humano y gozan de ella todas las edades. La sexualidad de la que habla el psicoanálisis está relacionada con la constitución del sujeto psíquico.
Las diferencias principales en las diferentes edades, se refieren tan sólo al procedimiento empleado para alcanzar la satisfacción. En un primer lugar será la zona bocal, posteriormente la anal, para más tarde alcanzar su primacía la zona genital.
La masturbación corresponde esencialmente a la actividad sexual infantil y luego su perpetuación en años de mayor madurez. Podemos destacar tres tipos de masturbación que acontecen en el proceso evolutivo humano:
-Masturbación del lactante.
-Masturbación infantil, fijada ya a determinadas zonas erógenas.
-Masturbación puberal, donde ya aparece el objeto sexual exterior.
La masturbación aún hoy sigue siendo un tema polémico que suscita culpas, temores y censura. Pero no debemos olvidar que es una parte muy importante de la sexualidad del ser humano.
El origen del término proviene del latín y significa "procurarse solitariamente goce sexual".
En el siglo XVIII ,los médicos consideraban que era perjudicial para la salud, imaginando que podría producir locura.
Desde la sexología la masturbación no es una conducta obligatoria, pero suele ser beneficiosa como fuente de conocimiento del propio cuerpo y de aprendizaje del placer.
Las fantasías suelen ser un elemento que acompaña a la masturbación, fundamentalmente a partir de la pubertad, jugando un importante papel en la excitabilidad.
Asimismo, es destacable el sentimiento de culpabilidad que suele acompañar a este tipo de conductas.
Se pueden derivar varios daños de la masturbación, pero no se tienen que presentar necesariamente:
• Por un lado, un daño orgánico si la frecuencia de la misma es desmesurada o si produce una insuficiente satisfacción.
• Si se establece un prototipo psíquico de satisfacción que inhiba la conducta real del individuo.
• Por otro lado, la fijación a fines sexuales infantiles, predispone a la neurosis. La salud se deriva de la renuncia a los deseos sexuales infantiles.
Puede producir cierta atenuación de la potencia sexual masculina que culturalmente tiene una valiosa función, pues facilita la moderación y la desviación a otros intereses.
A partir del informe Kinsey de 1950, se descubre la generalidad de la práctica de la masturbación. Posiblemente hasta ese momento la moral hizo creer que era una práctica poco difundida.
Desde el Psicoanálisis reconocemos que no sólo es masturbación la realizada sobre los genitales, sino como ya dijimos, todo lo que está tocado por la palabra es sexual para el ser humano, por lo tanto, múltiples son las formas de placer.
Observamos que en muchas patologías los síntomas son sustitutivos de la masturbación.
Los padres y profesores son las principales figuras, herederas sociales, que se encargan de la represión de la masturbación, represión por una parte necesaria, en el sentido de que no tiene que ser un acto público, como a veces manifiesta el niño. Pero represión que, en ocasiones, se extiende también a las conductas privadas de la persona.
Existen ciertos mitos acerca de la masturbación:
* Es un sustituto del coito.
* Es algo compulsivo. Una vez que uno empieza ya no puede detenerse.
* El deseo de masturbarse desaparece cuando uno forma pareja.
* Es perniciosa física/emocional/mentalmente.
* Los orgasmos que uno experimenta al masturbarse son inferiores a los que procura el acto sexual.
* La masturbación es algo privado, para hacer en soledad, para no compartir.
* Sólo se masturba la gente solitaria, aislada o inadecuada.
No nos dejemos engaos engañar por los mitos y desarrollemos una sexualidad más abierta, donde sean las palabras las que marquen la dirección del placer.
Con cuanta frecuencia veo los ejemplos de los distintos modos que tiene el ser humano de comunicarse. Voy sumando años de práctica profesional, así como de psicoanálisis personal, lo que me va permitiendo una mayor tolerancia y una mayor comprensión de los fenómenos psíquicos. Me doy cuenta ahora de tantas cosas, que no puedo sino pensar que desde un principio también pudieron acontecer.
Muchas personas que se relacionan de algún modo con un psicoanalista, como representante de este campo que es el Psicoanálisis, manifiestan de distintos modos su deseo de psicoanalizarse. ¡Si ellos lo supieran! La propia naturaleza del deseo inconsciente hace que éste no sea accesible a la conciencia del individuo, sólo puede hacerlo a través de la negación. Otras formas como los síntomas, los lapsus, los sueños, nos muestran la existencia de tales deseos, que siempre buscan su expresión.
No es afán del psicoanalista convencer a nadie, ni tener a media humanidad en su diván. Es un profesional que realiza su trabajo y atiende a todo aquel que se lo solicita. Pero claro, interpreta aquellas demandas inconscientes, ocultas a ojos de un lego en la materia, pero obvias cuando sabemos que todos deseamos ser escuchados.
Esta ciencia cada día conquista más nuestra cultura, aunque aún le queda mucho camino por recorrer. Aún hoy resulta “raro” acudir al psicoanalista, pareciera que hay que estar estropeado y uno va al “mecánico” para repararse. Nada más lejos de la realidad. La salud no existe como tal, hay que producirla. Todo humano, sujeto del lenguaje, podría ser paciente de psicoanálisis, aunque se tiene que dar la condición de desearlo. No se puede obligar a nadie a psicoanalizarse.
El tratamiento psicoanalítico produce un nuevo sujeto, que no necesita enfermarse para hablar, que produce nuevas formas de gozar que no necesitan de los síntomas. Un ser civilizado, humano, que reconoce lo que de humano hay en él. Quién esté libre de culpa que tire la primera piedra.
Me pregunto, ¿sigue siendo necesario, después de esto, deprimirse, sufrir un infarto, generar una úlcera, lesionarse…? Deseemos el camino radiante al que nos llevan las palabras .
Lo más caro en esta vida es la enfermedad y la tontería.
Su tratamiento es posible, ¿cuándo le doy hora?
Íntimo, privado, entre cuatro paredes . El Psicoanálisis no es un asunto exclusivo entre paciente y psicoanalista. Muy al contrario de lo que se suele pensar, la Teoría Psicoanalítica ha tenido importantes repercusiones en nuestra vida actual. No sólo la Psicología y la Filosofía, sino la Medicina, la Biología, la Arquitectura, el Arte, el Cine, la Educación son otros desde la llegada de esta joven ciencia.
En nuestro anterior artículo evidenciamos su candente actualidad, queremos en éste destacar el interés que esta disciplina tiene para el desarrollo de nuestra sociedad . Al igual que otros descubrimientos científicos produjeron una conmoción en el pensamiento de la época, la ciencia psicoanalítica trastoca la vida misma de los hombres. El inconsciente pasa a regir nuestra existencia , siendo la conciencia tan sólo una parte del mismo.
Más allá de los prejuicios que nos alejan de este nuevo pensamiento, esta ciencia ha investigado la importancia que la función sexual tiene para la vida anímica. Para entender esta consideración se hace necesaria, sin embargo, una ampliación del concepto de sexualidad. Cuando nombramos esta palabra solemos referirnos a la genitalidad, sin embargo a partir de ahora habrá que tener en cuenta que sexual es todo aquello tocado por la palabra , es la tendencia del ser humano a obtener placer y a repetir aquél acto que alguna vez se lo procuró. Entienden ahora por qué tanta importancia a nuestra búsqueda de placer, que a veces hallamos precisamente en lo que nos perjudica, como la enfermedad, el fracaso...
El Psicoanálisis demuestra que las formas patológicas psíquicas no son fruto de la degeneración, sino que comparten procesos idénticos a los que acontecen en sueños, lapsus y otras formaciones del inconsciente. La normalidad está, entonces, en todos nosotros . Esta luz arrojada al campo de las enfermedades da lugar a la esperanza de curación. No se trata de ninguna falta, sino de la necesidad de una nueva distribución. En este sentido, no sólo a las enfermedades hasta ahora mentales, sino también a las psicosomáticas y las puramente orgánicas, habrá que considerarlas de otro modo. En todas ellas hay participación del inconsciente, pues es imposible separar psique de soma . Los médicos, entonces, deberán plantearse en su formación el estudio de los conceptos psicoanalíticos, que le permitirán un mejor desarrollo de su labor terapéutica.
En el campo educativo sus aplicaciones también son muy relevantes. Recomendamos a los pedagogos y profesores familiarizarse con los resultados del psicoanálisis, no correrán así el peligro de exagerar la importancia de ciertas tendencias que el niño muestre. La represión violenta, no produce nunca en los jóvenes la desaparición ni el vencimiento de tales tendencias y sí propician el germen de posteriores enfermedades neuróticas. En este sentido hay que decir que tendencias de carácter perverso pueden ser desviadas a través de la sublimación, hacia otros fines más valiosos. Así nacieron las mejores virtudes, a raíz de las peores disposiciones.
Podríamos seguir señalando los aportes que el descubrimiento freudiano hace a las distintas disciplinas, pero dejamos el germen para una próxima ocasión.
Si usted es médico, personal sanitario, psicólogo, filósofo, profesor, abogado, juez, arquitecto, estudiante, cocinero, peluquero… El psicoanálisis le puede interesar .
Valeriana, tila, dormidina, antidepresivos, valium, baños calientes, escuchar música relajante, cannabis… So n muchas las personas que tienen problemas para conciliar o mantener el sueño, para evitarlo prueban infinidad de remedios, sin que ninguno de ellos resulte efectivo.
Decía Freud que a l acostarse, se despoja el ser humano de las envolturas que encubren su cuerpo: gafas, maquillaje, dentadura postiza, ropa, etc. y obra del mismo modo con su psiquismo, volviendo, en cierto modo, al punto de partida de su vida. Cuando dormimos nos retraemos del mundo exterior, cesa nuestro interés hacia él.
Está claro que nuestro organismo necesita el descanso, pero lo importante no es dormir unas determinadas horas, sino que el sueño cumpla con cierta calidad, que permita nuestro correcto funcionamiento en las actividades diurnas. Hay que saber, sin embargo, que e l aparato psíquico no para. El cuerpo necesita recargarse pero el psiquismo sigue activo, también durante el sueño.
Soñar, más allá de lo que podríamos pensar, cumple una importante función, según el fundador del Psicoanálisis el sueño es el guardián del reposo. Es la señal de que ha surgido algo que tendía a perturbar el descanso y se ocupa de que sigamos durmiendo. El gran descubrimiento del Psicoanálisis es que todo sueño es la realización disfrazada de deseos, una realización que se revela tras la interpretación psicoanalítica.
La censura que en la vida despierta evita que acudan deseos prohibidos a la conciencia, disminuye mientras dormimos, lo que posibilita que dichos deseos intolerables puedan manifestarse a través de los sueños. Precisamente por ello, cuanto más fuertes sean las cargas pulsionales inconscientes, más inestable se torna el dormir.
Pasar una mala noche no debe llamarnos la atención, pero pasar una detrás de otra sin dormir puede interferir en nuestra vida cotidiana. Cuando la imposibilidad de conciliar o mantener el sueño se prolonga más allá de tres semanas el problema tiene nombre: insomnio. Es un padecimiento muy frecuente, más del 20% de los españoles pasa la noche en vela y el día entre bostezos.
El insomnio no es una enfermedad, más bien es un síntoma. La mayoría de las personas lo sufre de forma transitoria por un problema familiar, estrés, el jet lag, el turno laboral o el consumo de ciertos fármacos. Sin embargo, el insomnio crónico dura más de tres semanas y puede deberse a trastornos de origen psíquico como depresión o a enfermedades orgánicas como patología cardiaca, asma, reflujo gastroesofágico, alguna enfermedad reumática o parkinson.
Además de las consecuencias que ocasiona el no dormir, como somnolencia diurna, malestar general, disminución de la concentración, disminución del estado de alerta, aumento de la irritabilidad; ha de interesarnos el hecho de que para muchas personas no dormir es un modo de evitar los sueños . Ellos son los encargados de mantener el reposo, pero también nos muestran importantes deseos inconscientes que no percibimos durante la vida despierta.
El silencio de la noche, permite el egoísmo del sueño, en el que todos sus personajes son el propio durmiente. Para dormir, sin embargo, es necesario pactar con ese lenguaje onírico, permitirnos hablar más allá de nuestro control . Los sueños son una forma de expresión que escapa a los prejuicios de la conciencia y muestra una parte de nosotros mismos que desconocemos.
Fármacos y técnicas diversas se muestran insuficientes para salvarnos de nuestros desvelos. Nadie está a salvo de sus propios deseos. Las pesadillas o sueños de angustia que se nos hacen intolerables e interrumpen el dormir, no son sino sueños en los que el deseo inconsciente no está lo suficientemente deformado y, esa cercanía a su conocimiento, nos obliga a despertarnos. La angustia nos avisa de la cercanía a un deseo, más que obligarnos a dormir de cualquier forma, hay que reconciliarse con los deseos inconscientes, de esa forma más estable será el dormir. O no se han dado cuenta de que cuando uno está a gusto consigo mismo, duerme a pierna suelta.
¿QUÉ HAGO? La orientación vocacional
Hay ciertos momentos en la vida de una persona en los que ha de tomar importantes decisiones. Sobra decir que la vida laboral es una de las facetas más importantes, pues gran parte de nuestro tiempo se desarrolla en el trabajo.
De niños solemos aventurarnos a decir: cuando sea mayor seré policía, futbolista, enfermera, profesora, seré como mi papá o mi mamá. Como si de un juego se tratase, a lo largo de los años van cambiando nuestros gustos e intereses, vamos descubriendo las ventajas y los inconvenientes de ciertas profesiones. Llega un tiempo que este juego de palabras traspasa la fantasía y exige nuestra implicación en la realidad.
El paso a la enseñanza secundaria empieza a marcar el camino de nuestras elecciones de futuro, pero ¿qué hacer cuando no sabemos lo que nos gusta o cuando nuestros gustos cambian? Muchos se plantean abandonar los estudios tras la enseñanza obligatoria, otros los continúan pero no siempre convencidos de su utilidad. Los que empiezan el bachillerato se encuentran con la elección entre cuatro ramas: artes; ciencias de la naturaleza y de la salud; humanidades y ciencias sociales; y tecnología . Organizadas de tal modo para ir encauzándolos hacia el terreno laboral.
En los tiempos actuales, donde resulta más asequible el acceso a estudios universitarios nos encontramos, sin embargo, con una desvalorización de los mismos por parte de los jóvenes. Tener estudios superiores no es garantía de éxito ni personal ni laboral y ello no incentiva las ilusiones de aquellos que han sido educados en el camino fácil, donde el dinero parece ser la meta a cualquier precio.
Si preguntamos a muchos jóvenes nos dirían que conseguir llegar a un reality show, ir de plató en plató, traficar con droga o, bien, tener un trabajo fácil que nos les implique demasiado son sus únicas metas en el terreno laboral. Afortunadamente, no es esto todo lo que reluce. Las universidades están llenas de estudiantes, a pesar de que nos hablen del aumento del fracaso escolar, la formación de los españoles ha mejorado mucho en los últimos años, aunque ello no quiera decir que se haya alcanzado ninguna cumbre. Aún queda mucho camino por recorrer para ser una sociedad culta.
Pese a ello, muchos valores actuales minan el espíritu de los jóvenes, desalentándolos, engañándoles con la idea de que lo material es lo más importante. Luego nos encontramos en nuestras consultas a muchas personas que se arrepienten de haber dejado los estudios, que no están a gusto con su puesto de trabajo, que no soportan la vida que han producido. Va a resultar que el camino fácil no es el mejor camino.
La orientación vocacional no tiene que ver con decirle al joven para qué sirve y qué tiene que estudiar, sino es ayudarle a desmontar prejuicios que le están impidiendo seguir adelante o cumplir sus sueños. En muchos casos la persona no sabe ni lo que le gusta, no le gusta nada, la orientación es, pues, ayudarle a pronunciar las palabras que generen sus gustos, porque no es igual ocho que ochenta.
Es muy importante estar a gusto con la actividad laboral que uno desarrolle, pero también es cierto, que si elegimos un estudio o una profesión y luego vemos que no nos gusta, no hay problema, se puede cambiar. La ciencia avanza a través de los errores, errar es necesario para crecer. Cuidado entonces, con hacerles creer a los jóvenes que tienen que decidir “para siempre”, porque no es así, decidimos a cada momento.
Guiándome por palabras de Freud, c uando falta una vocación especial que imponga una orientación a los intereses vitales de una persona, el simple trabajo que implican los oficios manuales y que es accesible a todo el mundo ahorra tres grandes vicios, en palabras de Voltaire: “ vicio, tedio y necesidad ”. El trabajo liga al individuo a la realidad. Cumple una función muy importante, pues permite ligar a él una parte muy considerable de los componentes narcisistas, agresivos y aun eróticos de la libido.
La actividad profesional ofrece especial satisfacción cuando ha sido libremente elegida. No obstante, el trabajo es menospreciado por el hombre como camino a la felicidad. Si hiciéramos caso al poeta José Martí: la felicidad sólo puede hallarse en el camino del trabajo , nos ahorraríamos grandes sufrimientos, pues no hay que obviar que en nuestra sociedad cristiana se asocia el trabajo “al sudor de la frente”, no hay quien trabaje con y por placer. La mayoría de las personas sólo trabajan bajo el imperio de la necesidad, si no pasamos de la necesidad al deseo no dejaremos que nuestros jóvenes puedan elegir libremente el trabajo que les guste que, tal vez, aún ni esté inventado.
Interesante charla la de ayer en el Centro Social de Mayores de Alhaurín de la Torre. Con una buena acogida, en unas excelentes instalaciones y más excelentes asistentes, me dispuse a hablar de la vejez. ¿Qué podría decirles de ese tema? Ellos deberían saber más que yo, son mayores. Sin embargo sé, ni los jóvenes son dueños de la juventud ni los viejos de la vejez.
Desgraciadamente, la vejez está demasiado asociada a deterioro, retiro, pérdidas, enfermedades, soledad, muerte, canas, arrugas, nietos, pensiones, inserso, médicos….Nos parece extraño ver una a una persona mayor interesada por el trabajo, con nuevos proyectos, comenzando una carrera universitaria o aprendiendo a leer y escribir. ¿Para qué? Yo digo: para vivir. Porque el deseo no envejece, el cuerpo se arruga, pero los pensamientos no deben envejecer, los pensamientos hay que transformarlos. No podemos vivir toda la vida con las mismas ideas añejas.
Es posible una vejez distinta para cada uno de nosotros, porque de nada nos servirá vivir lo que otros vivieron. La felicidad no está en ningún sitio esperándonos, tenemos que producirla y, a veces, nuestra felicidad está en el hecho de hacer aquello que de joven no pudimos hacer, conocer una nueva pareja, montar una nueva empresa, construir una casa, etc. No hay fórmulas, pero lo que está claro es que si uno se queda esperando la muerte, esta habrá de venir rauda y veloz.
Si estamos todo el día hablando de dolores, arrugas, medicinas, hablando de nuestros hijos y nietos… parece que nada en este mundo nos interesa, que no nos ocupamos de nuestros propios gustos. ¿Quién se ocupa de nuestro pensamiento?
Ayer vi a personas que cada mañana pasean, aprenden a navegar por internet, descubren el amor o lo viven de manera diferente, bailan como nunca lo habían hecho y disfrutan de un tiempo y de una alegría que antes, tal vez, no tenían. Si esperamos a tener todo el tiempo del mundo para hacer algo, nunca lo haremos. Si pensamos que ya somos demasiado viejos para comenzar, estaremos muertos. Por ello, comiencen hoy mismo aquello que desean, cambien desde hoy sus vidas, no se preocupen si les dará tiempo, porque cada minuto tendrá un sabor distinto si hacen lo que les gusta.
Todos necesitamos tener ideas y dinero para materializarlas, por eso, que no nos engañemos, si lo deseamos podremos tener una vejez “cinco estrellas”. La vejez es lo de menos. Tratar de ocultar el paso de los años es la única vejez.
Gracias por la buena acogida. Hasta muy pronto, hay muchas cosas de las que hablar.
La Organización Mundial de la Salud calcula que en 2007 más de 14 millones de personas morirán debido a un infarto de miocardio. Es la principal causa de muerte en adultos en muchos de los países occidentales. No puedo olvidar que enfermar de una enfermedad potencialmente mortal, requiere de "una capacidad" aún mayor, una disposición y un trabajo del sujeto que lo exponen a morir prematuramente, o a discapacitarse de por vida.
La elección de órgano y de afección tiene una estrecha relación con las cadenas significantes del sujeto no siendo azarosa en modo alguno, sino sometida a las leyes del inconsciente. La propia Asociación Americana de Cardiología vincula la alta incidencia de infarto agudo de miocardio en varones de edad media a situaciones de desvalorización producidas por fracasos laborales y quebrantos económicos.
El psicoanalista Miguel Óscar Menassa ha escrito que cuando las ambiciones del sujeto no son acordes a su capacidad de trabajo, aparece la enfermedad psicosomática. No quiero asustar a nadie, pero sí mostrar que todos tenemos alguna implicación en nuestros éxitos y en nuestros fracasos, así como en nuestra salud o nuestra enfermedad.
Una depresión no psicoanalizada, según múltiples estudios, es la base de multitud de enfermedades orgánicas: cáncer, infartos de miocardio, enfermedades autoinmunes, etc. Sin embargo, no solemos prestarle la suficiente atención a los aspectos psíquicos, los afectos en muchos casos pueden acarrear graves consecuencias sociales, económicas y/o personales. Estimo que es hora de poner remedio a nuestras insatisfacciones vitales pues, como estamos viendo, pueden ser el motivo de graves enfermedades orgánicas.
No todo infarto conduce, irremediablemente, a la muerte, pero sí que provoca un susto “mortal”. Ya decía el poeta ruso Maiakovsky decía: "Morir no es difícil, lo difícil es inventar la vida" El Psicoanálisis pone de manifiesto que morir también es un deseo, los animales mueren cuando les toca, se les detiene el corazón; a los hombres se les detiene el deseo, lo que se cierra no son los ojos, es el deseo de mirar el que se agota.
Para alivio hay que decir que la intervención médica avanza y también la psicoanalítica. El psicoanálisis, a veces cura antes de la primera interpretación, sobre todo las afecciones orgánicas que tienen un origen psíquico, con el establecimiento del pacto entre paciente y psicoanalista se genera la transferencia, desde ahí, el paciente ya no tiene la necesidad de enfermar su cuerpo, porque las palabras serán ahora un vehículo eficaz que no le costarán la vida.
El aspecto positivo es que el 80% de los infartos de miocardio se pueden prevenir, como vemos psicoanalizarnos puede permitirnos desear la vida en lugar de la muerte, poniendo el trabajo necesario para procurarse lo que uno ambiciona. A esto, claro, hay que sumar una dieta sana, actividad física regular y el abandono del consumo de tabaco, claves también de la prevención del riesgo cardiovascular.
No es buena fórmula, para sentirse vivo, lesionarse el cuerpo. Si a usted se le “rompió el corazón”, le digo: está vivo. Ocúpese de ese regalo, invente la vida..
CONSEJOS PARA LA EFECTIVIDAD EMPRESARIAL
Muchos piensan que lo consiguieron, les fue bien y ahí se detienen, craso error. La actividad empresarial, como la vida misma, exige un trabajo constante para evitar el anquilosamiento. La victoria no es llegar, sino permanecer. Los factores subjetivos han sido desconsiderados hasta ahora en la actividad laboral, dejando al azar el factor humano.
A lo largo del trabajo de investigación y actuación que venimos realizando desde hace años, los psicoanalistas de la Escuela Grupo Cero y de su Departamento de Formación Empresarial Superior, podemos ofrecerles algunos consejos para alcanzar y mantener la efectividad en su empresa o comercio:
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Cada empresa es el reflejo de lo que es el empresario que la dirige, por lo que uno debería preguntarse cuál es la ideología que sustenta su actividad. Muchas veces los psicoanalistas descubrimos que empresarios y trabajadores utilizan su trabajo para satisfacer una serie de necesidades afectivas inconscientes que no siempre tienen que ver con el éxito.
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Es muy importante la transparencia en la comunicación y conseguir que mandos intermedios y demás empleados trabajen en la misma dirección. Hablar, delegar, confiar y escuchar.
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El empresario tiene que saber delegar, el empresario individualista no tiene futuro. Al igual que un padre que debe permitir y favorecer el crecimiento de sus hijos, un empresario tiene que soportar el crecimiento de los otros.
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La humildad y la generosidad son claves en la empresa. Reconocer los errores es el primer paso para ponerles solución. Todos nos equivocamos, el empresario y/o directivo también.
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Hay que respetar las formas de hacer de cada uno, no hay una sola forma correcta de hacer las cosas.
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La gestión de esos valores subjetivos (propiamente humanos) define el éxito o el fracaso del proyecto empresarial. La formación en la gestión de las emociones marcará el futuro éxito o fracaso de la empresa.
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Detectar e intervenir sobre emociones inconscientes que interfieren en el tiempo de trabajo puede prevenir graves descalabros. Celos, envidia, tendencias sufridoras y otros muchos afectos acontecen día a día, silenciosamente, en el puesto de trabajo sin que hasta ahora nadie haya sabido gestionarlos.
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Cuando se incorporan los hijos a la empresa, el empresario ha de procurar por todos los medios, aún conscientes de su dificultad, establecer una relación totalmente independiente de la que tienen como padre e hijo. Hay que hacer un gran esfuerzo para separar ambas relaciones, pues se mezclan de forma más intensa los aspectos emocionales derivados de la relación filial existente.
Muchos otros consejos serían posibles, pero no suficientes. Se está demostrando que la formación en la gestión de los recursos emocionales marca la fortaleza de una empresa o entidad. Imagínense que a lo largo del día podemos pasar por más de cincuenta estados afectivos diferentes, no podríamos confiar el desarrollo de nuestra empresa a una variabilidad sin control como ésta. Empresarios, directivos y trabajadores que deseen mejorar en su labor profesional deben tener en consideración la formación en gestión emocional. Destapar esta ceguera abrirá nuevos y fecundos horizontes empresariales.
Muchas personas aún se preguntan a qué profesional acudir cuando padecen algún malestar de origen psíquico, cierto es que nuestra cultura a este respecto aún deja mucho que desear. ¿Médico de cabecera, Psiquiatra, Psicólogo, Psicoanalista? En el ámbito médico solemos tener bastante claro dónde acudir cuando sentimos molestias en cada parte de nuestro cuerpo, pero qué hacer cuando lo que fallan son las relaciones sociales o la sexualidad o las relaciones de pareja o el trabajo o hay una profunda tristeza o deseos de muerte o conductas perjudiciales, etc.
Lejos de antiguas concepciones sobre los trastornos mentales, que más que darles solución pretendían su exclusión, una moderna consideración tiene que tener en cuenta que todos, en algún momento de nuestra vida, podemos padecer algún tipo de estas alteraciones. Con ello no quiero decir que estemos en un “mundo enfermo”, sino que tal y como indicara Sigmund Freud, nada de lo humano nos es ajeno. En este sentido las diversas patologías psíquicas no son el resultado de una degeneración orgánica, sino una distribución particular de la energía psíquica que puede reorganizarse para alcanzar la normalidad.
Espero que ustedes entiendan que para transformar nuestra tristeza, obsesiones, miedos, intolerancias, alteraciones sexuales… será necesario transformar nuestro pensamiento inconsciente, pues es a este nivel que se produce el proceso de enfermar. El momento en el que una persona elige profesional está marcado por su deseo de curación. Muchas personas eligen el camino que les asegura que no habrá ningún cambio, harán y tomarán cualquier cosa con tal de no transformar su forma de pensar. Desde el primer encuentro con un psicoanalista todo es cambio, la escucha que nos ofrece es diferente a cualquier otra. Será la primera vez que podamos hablar con tal libertad. No necesitamos estar enfermos, incluso diría que ir al psicoanalista ya es un grado de salud.
Si no sabe a dónde ir, pero tiene claro que quiere vivir de otra forma a la que vive, téngalo claro: EL PSICOANÁLISIS LE PUEDE AYUDAR.
El pasado lunes 4 de junio contamos en nuestro programa de radio Una cita en el diván con la presencia del médico y psicoanalista Carlos Fernández del Ganso para hablarnos de la próxima publicación de su libro sobre Psicoanálisis y fútbol. El tema prometía y cumplió con las expectativas. Puede parecer una cuestión banal para una disciplina como el Psicoanálisis, pero como nos decía Carlos, el hecho es que a las consultas de los psicoanalistas acuden personas de todo tipo y también deportistas, aficionados y profesionales. Ello nos hace ver los efectos que el tratamiento tiene no sólo en su vida psíquica, sino también en sus resultados deportivos.
Esos pacientes de psicoanálisis mostraron un comportamiento distinto en sus canchas deportivas frente a situaciones de fracaso y, también de éxito. Hay deportistas que en el terreno de juego son «geniales», sin embargo fuera presentan dificultades de relación, manías obsesivas, miedos y rarezas que no corresponden con lo que de ellos se espera. Quedó de manifiesto en la intervención de nuestro compañero, que hay más intolerancia al éxito que al fracaso, los jugadores quedan más afectados por el éxito que por no alcanzar el nivel deseado. Existe el ejemplo de grandes equipos que lo consiguieron casi todo y al año siguiente, repitiendo fórmulas, no logran estar al mismo nivel. Sienten el éxito como una presión insoportable y, sin embargo, frente al fracaso, muestran su afán de superación.
Respecto a las lesiones deportivas, gran preocupación de estas personas y de sus equipos, el psicoanalista ya destacó en un artículo que las lesiones de los deportistas de alta competición son imaginarias y se pueden prevenir. ¿Por qué ante los mismos ejercicios físicos, deportistas de similar complexión se lesionan y otros no? ¿Por qué resulta en algunos casos la rehabilitación más eficaz cuando el atleta la realiza en su ciudad o país de origen? El inconsciente hace hablar al cuerpo. Las lesiones presentan un factor imaginario (no que se las inventen) que se puede tratar y se puede prevenir.
Hay que diferenciar la práctica de un deporte individual, donde se interviene sobre el psiquismo del jugador, de un deporte colectivo, donde el que contrata, ficha y paga tanto a los jugadores como a los técnicos de un club son los directivos. Si ellos no contratan al psicoanalista es muy difícil modificar la estructura empresarial. Hay jugadores que no rinden en un club y son muy buenos en otro. Como decía Carlos Fernández en uno de sus artículos al respecto “algún día todos los deportistas y entrenadores contarán en su plantilla con un Psicoanalista”, esperamos que así sea.
La aplicación del Psicoanálisis al ámbito deportivo está demostrada, como estamos viendo, queda que deportistas y clubes hagan valer esta posibilidad e incluyan, además de los entrenamientos físicos, el cuidado de los aspectos
CASTIGADOS POR EL SENTIMIENTO DE CULPA
“Sarkozy, presidente de la república francesa, se pasea con la carta de su amante bajo el brazo”. “Lewis Hamilton admite que no pudo ganar el Mundial de Fórmula Uno de 2007 debido a un error provocado por él mismo: mi dedo resbaló en el volante y, accidentalmente, presioné el botón usado para comenzar la secuencia de arranque.”
El sentimiento de culpabilidad nos afecta a todos, el hombre normal no es tan sólo mucho más inmoral de lo que cree, sino también mucho más moral de lo que supone. Muy posiblemente ni Sarkozy ni Hamilton se sentían culpables, ni tampoco tenían intención de cometer esos errores garrafales. Pero yo les hablo de un sentimiento de culpabilidad que no tiene nada que ver con el remordimiento consecuente a un acto inmoral o ilegal. Se trata de una culpabilidad inconsciente, que no se siente, no nos damos cuenta de padecerla, pero es algo constitutivo del ser humano. Tanto Sarkozy como Hamilton se auto-castigaron porque necesitaban aliviar una culpa.
En nuestro desarrollo psicosexual se forma en nosotros una instancia que denominamos superyó, representa los rasgos más importantes del desarrollo individual y de la especie, crea una expresión duradera de la influencia de los padres. El superyó es el soporte de la conciencia moral, instancia encargada de vigilar nuestro yo. La culpa que transcurre inconscientemente está en relación a los contenidos inconscientes del goce con la madre y el asesinato del padre, que acontecen en el Complejo de Edipo. La culpabilidad que sentimos es, en realidad, un obstáculo, no sólo a continuar la acción o a evitar el sufrimiento, sino que es un obstáculo a la verdadera culpa, nos sentimos culposos porque así nos justificamos para no saber nada de lo que realmente nos altera o nos afecta.
Hablamos de una culpabilidad que no sentimos porque usamos la enfermedad como medio de auto-castigo. Un ejemplo lo encontramos en el comportamiento de los pacientes que ante nuestros ánimos por la marcha del tratamiento, al contrario de lo que podríamos esperar, empeoran marcadamente. Muestran, pues, la llamada reacción terapéutica negativa.
Otro ejemplo de ello son esos niños “malos” que provocan el castigo con sus conductas, una vez obtenido éste, se muestran tranquilos y contentos. Seguro que nunca habían pensado que esa inquietud o travesura desmesurada de su hijo se debía a que cualquier castigo que se le imponga vendrá a calmarle un sentimiento de culpabilidad que él mismo desconoce, pero que se alivia con la bofetada o el golpe.
Es muy interesante también el tema de los “delincuentes por sentimiento de culpabilidad”, nos referimos a aquellas personas que sólo cometiendo delito (o realizando lo prohibido) consiguen un alivio a esta culpa, que por ser inconsciente, de ella sólo se conocen los efectos en la conciencia. Ejemplo de ellos son personas que sin tener necesidad alguna roban y lo hacen de forma que posteriormente son atrapados y castigados. O aquellos otros que se presentan en las comisarías admitiendo haber cometido un delito que, en realidad, realizó otra persona. O aquellos otros que tras un divorcio estropean su actividad empresarial cuando siempre habían sido excelentes empresarios.
Acabamos por descubrir que se trata de un factor de orden moral, de un sentimiento de culpabilidad que halla su satisfacción en la enfermedad, el castigo, el fracaso. Pero este sentimiento permanece mudo para el enfermo. El sujeto no se siente culpable, sino enfermo, pobre, fracasado. Es singular que cuanto más se limita el hombre su agresión hacia el exterior, cuanto más bondadoso se conduce, más severo y agresivo se hace hacia sí mismo. Cada parte de agresión a cuyo cumplimiento renunciamos es incorporada por el superyó, acrecentando su agresividad contra el propio yo.
La cultura está ligada indisolublemente con una exaltación del sentimiento de culpabilidad, como medio para limitar las tendencias instintivas del ser humano. Quizá esta exaltación llegue a alcanzar un grado difícilmente soportable para el individuo. No obstante, no podemos terminar con el sentimiento de culpa pero podemos reconocerlo, aceptarlo y partiendo de esta base, hacer que la vida transcurra con los movimientos propios de la vida, no con los de la neurosis.
ATENDER LA DEPRESIÓN DE LOS EMPLEADOS AYUDA A LAS EMPRESAS
Hace unos días leí un interesante artículo que quiero compartir ahora con ustedes:
Los problemas de salud mental están aumentando, hasta el punto de que uno de cada diez trabajadores sufre depresión, ansiedad, estrés o cansancio. En muchos países crece la jubilación prematura debida a problemas mentales, hasta el punto de estar convirtiéndose en el motivo más común para la asignación de pensiones de incapacidad. Se estima que para el año 2020 la depresión será la segunda causa más frecuente de invalidez en el mundo desarrollado.
Si 95% del personal de una empresa de 7.000 empleados goza de buena salud, esto significa que 350 trabajadores no asistirán cada día. El costo anual promedio de esa ausencia sería de 22.5 millones de euros. Si esa proporción aumenta sólo en 1%, produciría 4.5 millones de euros de beneficios económicos al año. Expertos internacionales advierten que “la falta de motivación, la depresión y otras formas de mala salud mental afectan la productividad de los empleados mucho antes de la enfermedad real”.
En Estados Unidos, la depresión clínica se ha convertido en una de las enfermedades más comunes, que llega a afectar cada año a una décima parte de los adultos en edad de trabajar.
En Finlandia, más del 50% de los trabajadores sufren algún tipo de síntomas relacionados con el estrés, tales como ansiedad, sentimientos depresivos, dolor físico, exclusión social y trastornos del sueño. Estos trastornos son ya la principal causa de pensiones por incapacidad en Finlandia.
En Alemania, los trastornos depresivos son responsables de casi el 7% de las jubilaciones prematuras.
En el Reino Unido, casi 3 de cada 10 empleados sufren anualmente problemas de salud mental.
En España, el coste total de la depresión, gira en torno a más de 745 millones de euros anuales, de los que un 53,5% corresponde a costes directos. El 46,5% restante se debe a pérdidas de productividad generadas por la muerte prematura de los pacientes o la incapacidad temporal.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que el estrés relacionado con el trabajo representa uno de los mayores problemas de salud laboral en la Unión Europea. La mitad de los 150 millones de empleados de Europa se siente expuesta a una presión considerable en el trabajo. Las actividades conjuntas entre empleadores y trabajadores y una política empresarial de salud son inversiones en el futuro de una empresa.
Los empresarios comienzan a darse cuenta de la relación entre salud y productividad, y están mejorando sus estrategias de dirección, poniendo en práctica programas para favorecer la integración de los problemas de trabajo/familia/vida. En este mismo sentido, diversos estudios indican que invertir en empleados deprimidos, ofreciéndoles tratamiento e incluso psicoterapia por teléfono, puede disminuir el absentismo y mejorar la salud de los trabajadores.
Gastar dinero en atender la depresión es una medida inteligente. Los trabajadores cuyos empleadores intervinieron directamente en el problema trabajaron más que los que recibieron el tratamiento habitual que consiste en que el trabajador acuda por su cuenta al médico de cabecera o que se busque un profesional de salud mental. Según los estudios los beneficios para la empresa que supone invertir en la salud mental de sus empleados exceden por mucho el costo que supone el tratamiento.
Hoy en día ninguna empresa moderna duda en invertir en la salud de sus empleados, sin embargo su preocupación gira en definir cuáles son las áreas de la salud que requieren ser mejor atendidas. La atención de enfermedades psíquicas nunca ha sido prioridad porque existe el mito que son poco frecuentes, que su tratamiento es largo y costoso, y que no tienen mayor incidencia en los índices de productividad de una empresa. La investigación ha demostrado no sólo que esta creencia es falsa, sino que las empresas hacen muy mal negocio al excluir las enfermedades psiquiátricas de la cobertura en salud. Estas enfermedades producen 50% de las pérdidas relacionadas a problemas de salud, y su tratamiento en la actualidad es más rápido y económico que la mayoría de las enfermedades orgánicas
En 1895, Freud va a describir toda la serie de síntomas somáticos que aparecen en una crisis de angustia, y esta descripción sigue vigente hasta nuestros días, estos síntomas serían: falta de aire, palpitaciones, dolor o malestar en el pecho, mareo, vértigo o sensación de inestabilidad, sentimiento de irrealidad, parestesias (cosquilleo en manos y pies), sensación de calor y frío, sudoración, debilidad, temblor o estremecimientos, miedo a morir o a volverse loco.
Etimológicamente la palabra angustia significa “estrechez”, proviene del vocablo latino “angustus”. Nos remitimos con ello a esa sensación de falta de espacio, de aire, miedo a perder la propia vida. Todos hemos experimentado, aunque sólo sea una vez en la vida, esta sensación o, dicho con mayor exactitud, este estado afectivo.
Las llamadas crisis de angustia son uno de los principales motivos de consulta de los pacientes que acuden a las consultas médicas. Habitualmente, se manifiestan como episodios bruscos e inesperados, sin causa aparente, de miedo intenso a perder el control, acompañados de los síntomas antes indicados. Por lo general, estos episodios se prolongan entre 10 minutos y media hora. En casi todos los casos se repiten en más de una ocasión, afectando de forma destacable el ritmo normal de la vida del paciente.
Hay que decir que la angustia está detrás de muchos de los síntomas orgánicos que padecen los pacientes. La angustia tiene muchas máscaras, lo que nos permitirá descubrirla es comprobar cómo, en todo caso, paraliza al paciente, le impide hacer una determinada actividad o tomar una decisión. La angustia atrapa al sujeto. Este afecto, guarda relación con la expectación, siempre se produce ante algo, aunque la persona no sabe decir qué le inquieta. Sería miedo y no angustia cuando se refiere a un objeto determinado, palpable y conocido.
Solemos darle un tinte peyorativo, sin embargo es preciso distinguir dos tipos de angustia: la angustia real y la angustia neurótica. La angustia real es necesaria para nuestra supervivencia, es la que surge ante un peligro real, nos previene, nos prepara para la huída. La angustia neurótica, por el contrario, nos paraliza, se produce ante un peligro que nuestra conciencia desconoce, proviene del interior del individuo, de los propios deseos. La angustia neurótica es la señal de la cercanía a un deseo prohibido o inquietante.
Resulta sorprendente escuchar esta palabra en el lenguaje cotidiano para designar estados muy diferentes, tales como inquietud, miedo, amenaza, estrés, pánico… Detrás del término estrés se ocultan manifestaciones que se corresponden con la angustia. Taquicardias, contracturas, calambres, sudoración, agresividad, trastornos alimentarios, desgana, se achacan a las preocupaciones y problemas provenientes, fundamentalmente, del trabajo y la vida diaria de la persona, sin embargo se hace preciso aclarar que no es así. Habitualmente estos síntomas ocultan la represión, el odio, el amor, el miedo, los celos, la envidia que se han generado en el entorno laboral. Un cierto grado de ansiedad resulta adecuado para cualquier acción, un nivel excesivo delata que algo se esconde.
Toda formación de síntomas de origen psíquico es emprendida con el solo y único fin de eludir la angustia. En este punto hay que decir que los métodos conductuales de control emocional (respirar hondo, tratar de imaginar una situación relajante, etc...) no nos libran de la angustia neurótica, porque de nosotros mismos no podemos escapar. Hay que aprender a arreglárselas con la angustia, reconocer los propios deseos, poner en palabras lo que nos inquieta. Si no lo podemos nombrar, se hará carne en nosotros. Tenemos que saber que sin una cierta cuota de displacer no hay aprendizaje ni crecimiento, sin una cierta angustia no se alcanza el deseo. Por ello, en lugar de querer terminar con la angustia, tendríamos que aprender a reconocer qué deseo nos atrapa. La angustia es algo que no puede faltar en ninguna enfermedad. Tampoco hay aprendizaje sin angustia, ni escritura, ni proceso creativo. La angustia nos afecta a todos.
La semana pasada aparecieron diversas noticias en los medios de comunicación referentes a la vida laboral. Hemos podido leer, por ejemplo, que un mal jefe aumenta el riesgo de hipertensión y estrés entre los empleados; que los lunes son los días de la semana en los que más se falta al trabajo en Málaga o que la mayoría de los empleados se declara insatisfecho con su empleo. Todas estas noticias ofrecen una imagen desalentadora de la vida laboral, se destacaban datos como que unos 15 millones de españoles se siente insatisfecho en su trabajo, 8 de cada 10 profesionales, además de que Málaga es la segunda provincia con mayor tasa de absentismo en España, con el 5,1%, cuando la media nacional está en el 4,8%.
Pinta mal la cosa, parece que felicidad y trabajo fueran antónimos. Díganme ustedes a quién no le han dicho que trabajar mucho es de tontos, que si puedes ganar más trabajando menos es mejor, que ser funcionario es la panacea… Muchos prejuicios en torno al trabajo, pero la realidad que demuestran los diversos estudios es que algo falla.
Es llamativo que una de las noticias reconozca que los trabajadores a las órdenes de líderes más inteligentes emocionalmente son más efectivos, más productivos y gozan de mejor salud que los que tienen jefes «mediocres». Supongo que ahora no es cuestión de echarle la culpa a nuestros jefes de nuestra insatisfacción o de nuestro dolor de cabeza. Bien es cierto que desde el departamento de formación empresarial grupo cero hacemos hincapié en la importancia de la formación de los mandos superiores y los intermedios, porque evidentemente ello incide directamente en la organización del resto de trabajadores. Lo que no quiere decir que el trabajador no tenga que hacerse responsable de conseguir un trabajo que le resulte satisfactorio, que lo desempeñe adecuadamente y que mantenga relaciones saludables con jefes y compañeros.
Podrán objetarme que en general la gente no elige el trabajo, trabaja en lo que puede o en lo que hay, muchos se mantienen así años o toda la vida. Hay que decir, no obstante, que durante un tiempo uno puede esforzarse en hacer algo que no le gusta, en estar con compañeros que no soporta, ganar un dinero que es insuficiente, pero si esta situación se mantiene largo tiempo tenemos que asegurar que su repercusión en nuestra salud psicosocial no es nada buena.
Lejos de lo que nos han enseñado, el trabajo no es un castigo, es un medio de realización personal y social, y por ello hay que procurar que ese tiempo que pasamos, que al cabo de los años es mucho, esté lo mejor invertido posible. Aprovechando el verso del poeta Antonio Machado “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, entendamos que no son suficientes las vacaciones para recargar pilas, hay que cambiar la forma de pensar el trabajo y la propia vida. Para ser felices hay que hacer el trabajo cada día de estar a la altura de nuestras exigencias. No elija el camino fácil de quedarse en casa los lunes por la mañana o de enfermarse para no ir a trabajar, lo barato sale muy caro. Para tener una vida sana hay que dar un pequeño paso cada día.
LOS SUEÑOS, UN FENÓMENO PSÍQUICO
Los sueños han constituido desde siempre fuente de interés, sin embargo su comprensión científica no ha realizado en más de diez siglos sino escasos progresos. Los pueblos primitivos, en los que ya surgía esta curiosidad, admitían que el fenómeno onírico traía consigo revelaciones divinas o demoníacas, poseyendo la intención la de anunciar el porvenir. La concepción precientífica de los antiguos sobre los sueños se hallaba seguramente de acuerdo con su concepción del Universo, en la que acostumbraban proyectar en el mundo exterior aquello que ocurría en la vida anímica.
Actualmente, tras la producción del texto La interpretación de los Sueños, publicado en el año 1900 por Sigmund Freud, son muy pocos los científicos que dudan aún de que los sueños son una función psíquica propia del durmiente, sin embargo es necesario un trabajo teórico para conocer las condiciones de su génesis, su relación con la vida psíquica despierta, las singularidades de su contenido, su fugacidad y su repulsa por el pensamiento despierto.
Tres distintas orientaciones se han acercado al estudio de los sueños:
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La primera ha sido adoptada por varios filósofos, para los cuales la base de la vida onírica es un estado de la actividad psíquica que consideran superior al normal.
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En oposición a estas hipótesis, la mayoría de los autores médicos coinciden en que apenas atribuyen a los sueños el valor de un fenómeno psíquico. Según la hipótesis médica, los sueños son provocados exclusivamente por estímulos físicos o sensoriales, que actúan desde el exterior sobre el durmiente o surgen en sus órganos internos.
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La opinión popular mantiene la creencia de que los sueños tienen un sentido. Los métodos de interpretación más empleados consisten en sustituir por otro el contenido del sueño, trozo a trozo, conforme a una clave prefijada, considerando el sueño como un símbolo.
Constituye un hecho incontestable, que el estado de los órganos internos es susceptible de influir sobre los sueños, sin embargo, el sueño no reproduce fielmente el estímulo, sino que lo elabora, lo incluye en un conjunto determinado o lo reemplaza por algo distinto. Hemos de admitir, como punto de partida, la hipótesis de que los sueños no son un fenómeno somático, sino psíquico.
La inclusión de los sueños en el discurso de los pacientes fue lo que hizo suponer que debían poseer algún sentido propio y lo que nos convenció de su importancia en la vida psíquica de las personas. Freud aporta la demostración de la existencia de una técnica psicológica que permite interpretar los sueños, y merced a la cual se revela como un producto psíquico pleno de sentido. Para poder tener acceso al sentido del sueño es preciso un trabajo teórico sobre el relato del sueño que realiza el paciente, digo relato porque Freud destaca que no es el sueño soñado lo que interesa al Psicoanálisis, es el relato del sueño el material de partida para nuestro estudio. Para ello instamos al paciente-soñante a comunicarnos todas las ideas que acudan a su mente, sin excepción, es decir, la técnica de interpretación de los sueños es la misma que la que empleamos en cualquier tratamiento psicoanalítico: asociación libre y transferencia. Siendo el método empleado el de la interpretación-construcción.
Cuando iniciamos nuestra labor, se oponen a ella numerosos obstáculos. A nuestra imaginación acuden ocurrencias, pero no dejamos que surjan todas con absoluta libertad. De algunas de ellas pensamos que no tienen nada que ver con el sueño, otras las encontramos absurdas e insignificantes. Todo esto perturba el resultado de la libre asociación al realizar una selección indebida. Otra dificultad es comunicar determinadas ideas que pueden resultar desagradables de comunicar a otra persona y en muchos casos se opta por silenciarlas. Justamente, las ideas que quiere reprimir se revelan como las más importantes y decisivas en el descubrimiento de lo inconsciente. Cuando un niño no quiere abrir su mano para mostrarnos lo que en ella encierra, es que seguramente esconde algo que no debiera haber cogido.
Tras la labor de interpretación, el sueño se nos revela como la realización de un deseo. La circunstancia de ser el deseo el estímulo del sueño y su realización el contenido del mismo, constituye uno de los caracteres fundamentales del fenómeno onírico. Sin embargo, en muchas ocasiones el sueño no se muestra conscientemente como una realización de deseos, ello se debe al trabajo ejercido por la censura. Las tendencias contra las cuales se dirige dicha censura, son tendencias reprensibles e indecentes desde el punto de vista ético, estético y social, son cosas en las que no nos atrevemos a pensar o en las cuales no pensamos sino con horror. Estos deseos censurados y que reciben en el sueño una expresión deformada son, ante todo, manifestaciones de un egoísmo sin límites ni escrúpulos. Hay que reconocer la participación de dos sistemas: uno que aporta el deseo y otro que aporta el contra-deseo o la censura. El sistema consciente se opone al desarrollo del deseo, por eso la deformación onírica. El modo de atravesar la censura para el deseo inconsciente es transformarse, desfigurarse, como peaje para poder hacerse consciente. Por ello la apariencia del sueño nunca nos muestra el sentido inconsciente del mismo.
Habéis oído decir que, según el psicoanálisis, todos los sueños tienen una significación sexual, pero ahora podréis observar por vosotros mismos hasta qué punto este juicio es equivocado. Hay sueños que son realizaciones de deseos, otros en los que se trata de la satisfacción de las necesidades más fundamentales, como el hambre, la sed y el ansia de libertad, sueños de comodidad y de impaciencia, y por último, otros puramente avariciosos o egoístas. Lo que sí es indiscutible es que los sueños que aparecen considerablemente deformados son en su mayoría la expresión de deseos sexuales.
Los deseos perversos que hallan su satisfacción en el sueño, tienen sus raíces en el pasado. Es el niño en sus primeros años el que da prueba del más alto grado de este egoísmo que se muestra en nuestros sueños. En principio el niño se ama a sí mismo, sólo más tarde es cuando aprende a amar a los demás. El sueño nos transforma, como vemos, en niños, y por ello no debemos avergonzarnos al descubrirnos deseantes. El sueño muestra el deseo realizándose en forma de un suceso psíquico alucinatorio. Sin dejar de dormir satisfacemos un deseo, y satisfaciéndolo podemos continuar durmiendo.
Lo más interesante del descubrimiento freudiano de la importancia de los sueños en la vida psíquica es que soñar, soñamos todos, sanos y enfermos, por lo que demuestra que no sólo tienen inconsciente los neuróticos, sino que también tienen inconsciente los sanos. Si todas las personas tienen inconsciente todas tienen deseos sexuales, infantiles, reprimidos, causa de todas las inhibiciones de pensamiento y de acción.
UNAS NOTAS INTERESANTES SOBRE PSICOANÁLISIS
Leo el libro Freud y Lacan -hablados- 1, de Miguel Óscar Menassa, libro de cabecera para los alumnos de la Escuela Grupo Cero, con el se comienza el Seminario Sigmund Freud. Como cada vez es un comienzo, retomo su lectura, en esta ocasión para poder ofrecer a otros lo que voy entendiendo de esta interesante ciencia. Si les parece comparto con ustedes algunas notas de mi lectura que considero de interés general para profesionales y para legos en la materia.
"No sólo tienen inconsciente los neuróticos, sino que tienen inconsciente todas las personas normales. Si todas tienen inconsciente, todas tienen deseos sexuales, infantiles, reprimidos, causa de todas las inhibiciones de pensamientos y de actos."
"El neurótico no goza porque su libido, su energía sexual, no está ligada a ningún objeto real."
"La familia es para el Psicoanálisis una herencia animal, es presimbólica."
"La predisposición del sujeto que va a hacer de paciente es fundamental. Tiene que hacer lo que normalmente rechaza: tiene que prestar atención a sus procesos mentales sin reprimir conscientemente el material que acontece. Tiene que perder sus inhibiciones frente a la palabra."
"Es en lo nimio en lo que nos detenemos. El deseo es supérfluo, nunca desea lo que tiene que desar. En realidad, no desea nada, sólo expresarse, por eso puede adherirse a cualquier objeto."
"No hay interpretación previa de la situación, no hay pacientes tipos ni enfermedades tipos. Cada sujeto es diferente, por tanto el proceso psicoanalítico es diferente para cada paciente."
"Los contenidos inconscientes pueden llegar a la conciencia a condición de ser negados. Supero la represión, porque el contenido aparece en la conciencia, pero conservo la represión porque el sujeto sigue sin aceptar lo reprimido."
"No es la palabra lo que cura, sino que es la palabra dicha sobre la relación transferencial que se genera entre psicoanalista y psicoanalizado"
"El melancólico va por la vida diciendo "soy una porquería, no sé hacer nada, todo me sale mal". El Psicoanálisis se da cuenta que los reproches del melancólico no corresponden al sujeto, sino a una persona cercana que lo había abandonado por cualquier motivo y, para no perderlo, se había identificado con esa persona perdida".
"Más confianza que la que hay tumbado en el diván y el otro sentado en el sillón, no puede haber. No se ven, ni se saludan, ni se dan la mano. Así se pueden expresar las violencias que el paciente siente, cosa que se hace imposible cuando mantienen unar relación simétrica".
"El paciente progresa cuando es capaz de hablar de lo que no sabe, de lo que en su vida normal sólo lo perturba sin saberlo".
"La interpretación no tiene que ser una verdad; tiene que ser una verosimilitud, un puede ser, un tal vez podría ser... La interpretación no revela ningún sentido, produce un nuevo sentido. No es que la verdad estaba ahí y el psicoanalista la descubre, la interpretación genera como producto algo que no existía como tal. La verdad queda cuestionada con el Psicoanálisis".
"Hay una interpretación que molesta mucho: "Usted mañana comenzará su psicoanálisis" o "usted hoy ha comenzado su psicoanálisis", es como una grosería en tanto el sujeto puede llevar 1 ó 2 años psicoanalizándose. Pero hay algo de verdad en eso, es que pasa mucho tiempo hasta que uno se acostumbra a entender que la realidad material nada tiene que ver con la realidad psíquica".
"No hay que dirigir al paciente, hay que dirigir la cura. No hay que arreglarle la vida, eso lo tiene que hacer el paciente. El psicoanalista tiene que interpretar los deseos inconscientes que se juegan en la vida y en las relaciones del paciente. El paciente con esa información sobre sí, todavía tendrá que transformar su vida".
"No hay milagro, hay trabajo del psicoanalista sobre el material del paciente y hay trabajo del paciente sobre su vida para transformarla".
"Lo que el hombre o la mujer no pronuncia no posee, en tanto todo lo que el hombre o la mujer no combina en palabras no puede poseer en la realidad".
"El gran descubrimiento freudiano es que la enfermedad habla".
Que sube… que baja… qué nervios… ¿vendo… compro? Qué lío tienen montado… Hablo de la economía, de los altibajos bursátiles, de la crisis, del pánico de los inversores. En los periódicos podemos leer noticias que hablan del temor que reina en las principales plazas ante la aparente recesión. Los mercados se dejan llevar por el pesimismo. En los últimos tiempos sufrimos un bombardeo informativo sobre la economía, en muchos desayunos las conversaciones giran en torno a la incertidumbre de muchas empresas y al parón sufrido en el sector de la construcción. La palabra crisis circula más que nunca. Se habla de empresas que están cerrando, de la subida de precios, del aumento de los intereses de las hipotecas, de la pérdida de poder adquisitivo… ¿Cómo puede uno vivir tranquilo ante esta perspectiva? Tal vez, como decían el otro día en la radio, habría que llevar la economía al diván.
Si hablamos de la bolsa, hay que reconocer que hay muchas personas nerviosas, más que nerviosas muy asustadas por sus inversiones. Es lógico decir que toda tu vida no puede depender de los altibajos bursátiles. Una cosa es el funcionamiento propio de los parqués y otra que tu vida esté regida por ese ritmo. La bolsa hay que tomársela como un juego por eso no se pueden poner todos tus ahorros a una misma ficha. Un poco de calma, reorganización y trabajo, que tal vez pensamos que la vida sin trabajar es mejor y luego pasan estas cosas. Un poquito de trabajo cada día al final genera muchos resultados y si, además, la bolsa te regala un dinerillo extra, mejor que mejor.
Un experto en economía reconocía que no hay fórmulas mágicas y que cada cual ha de descubrir su propia receta para seguir adelante. El experto resaltaba varios puntos clave para meditar en estos momentos de entorno complicado. Aparte del dinero, resaltó la importancia de innovar y renovar "todo". Estábamos acostumbrados a que las cosas fueran bien y a no cambiar nada y “nos ha pillado el toro”. El experto dice que hay que renovarse siempre, el que tiende a acomodarse corre el peligro de que venga otro más listo y ofrezca mejores servicios y productos. La economía se parece a lo que es la vida misma de una persona, la comodidad es un peligro, hay que evitarla, hay que buscar nuevos compromisos, nuevos mercados, nuevos clientes, aunque ello implique trabajo, responsabilidades e inversiones. Tomemos el ejemplo de las grandes marcas que nunca dejan de hacer publicidad, renuevan su imagen, sacan nuevos productos, mantienen lo que tiene éxito, pero están en continua transformación. En palabras del poeta y psicoanalista Miguel Óscar Menassa “el que repite lo hecho, no lo conseguirá”.
Pero claro, los constructores, como muchos otros empresarios, creían que tenían la gallina de los huevos de oro, que nunca se iba a acabar el chollo y no han cuidado su trabajo. Han construido donde no debían, han descuidado la calidad de sus productos, han subido precios, han utilizado el dinero en bienes de consumo y no han invertido en su negocio. Han querido tomar el camino más corto y así están las cosas. El camino como el dinero fácil, nunca resultan la mejor decisión, porque lo fácil como viene se va. Mi consejo es hacer las cosas como si se tratara de una carrera de fondo, donde hay que medir las fuerzas, valorar las del contrario, tener estrategias, ser inteligentes, combinar ambición y capacidad de trabajo, desarrollar la profesionalidad y no dejarse llevar por el brillo de las monedas, que al final te acaban cegando. Como muchos no hicieron eso, ahora les toca parar y ordenarse para que la economía, su economía, siga funcionando.
El asesoramiento profesional que ofrecemos los psicoanalistas, tanto a particulares como a empresas, sale muy rentable, en lugar de comerse las uñas y desesperarse, se debe aprender a tomar decisiones que no cuesten la vida misma. Ante estos casos, mi consejo es consultar, cuando hablamos de crisis tendríamos que entenderla siempre como crisis de crecimiento.
Helena Trujillo Luque
Psicoanalista del Departamento de Clínica de la Escuela Grupo Cero
Profesora del Departamento de Formación Empresarial Grupo Cero
APUNTES DE UNA TARDE DE LECTURA
POESÍA Y PSICOANÁLISIS
Buenos Aires, 1985
…Pretendemos una página en blanco permanente. Ese ha de ser nuestro lecho de amor y, también, nuestro campo de guerra.
…La transmisión en Psicoanálisis es una actividad inherente a la producción del inconsciente.
…Rozar, rozar sin tocar nunca y sin detenerse frente a cada fracaso. Desear deseos, objetos nunca sidos.
…No hay nada que nadie le diga a nadie, sino hay lo que las palabras se dicen entre sí.
…Tanto Poeta como Psicoanalista tienen como función dejar de ser para que en esa fisura nazca lo Otro.
PSICOANÁLISIS Y PSICOSIS
Madrid, Julio 1988
…La psicosis incluye como tratamiento psicoanalítico a la familia del psicótico y a todas las instituciones en las que se articula.
…Antes del psicoanálisis, antes de que se ocupara del tratamiento de la locura, los tratamientos de la misma se dividían en dos: los que maltrataban al paciente psicótico, haciéndole responsable directo de sus padecimientos y los que bientrataban al paciente, haciéndole irresponsable de todos sus padecimientos. Tanto en una forma como en otra, el paciente quedaba aislado… Es el Psicoanálisis el que viene a plantear las cosas de tal manera que no habría tratamiento psicoanalítico de la psicosis antes que el paciente establezca un lazo con su psicoanalista. Si hay psicoanalista el loco ya no está solo. Ha comenzado, también, para la locura, una conversación.
…No hay crueldad más cruel que la locura. Ni bondad ni amor que puedan contenerla.
…En el psicótico hay algo único, completo, inmortal. Es esa unidad lo que defiende con uñas y dientes y no ha de ser tarea fácil arrancarle del cuerpo de su madre.
…Todo hombre, por muy psicoanalista que sea, queda atrapado de una forma u otra en la promesa de la psicosis, que no es otra que la promesa de la inmortalidad.
…No es en la verdad de la locura donde anida la humanidad y, por tanto, no es, precisamente, humanidad lo que ambiciona el discurso psicótico sino, más bien, una palabra que por su brusquedad interrumpa el flujo de lo que teniendo que ser deseo, todavía, es necesidad en él.
…A nada temo, dice el sujeto, sólo a mis propias palabras.
…Si el neurótico habita el lenguaje, el psicótico es habitado, poseído por el lenguaje.
…No se puede considerar psicótico o loco a quien me ha llamado por teléfono para pedirme una entrevista y luego viene y luego, aún, acepta seguir viniendo y paga a fin de mes o consigue que alguien pague a fin de mes. Y no lo puedo considerar loco aunque algunos problemas del lenguaje tenga. Estos pacientes no presentan otra dificultad al tratamiento psicoanalítico que cualquier otro paciente.
…La fantasía estaba en el psicótico reemplazada por la alucinación y la polisemia de las palabras quedaba anulada porque en el delirio cada palabra quiere decir una sola cosa.
…Es siempre la familia del psicótico el núcleo de todas las resistencias a la curación…La sociedad en su totalidad se resiste a que el loco cure.
Del libro: Freud y Lacan –hablados-2
de Miguel Óscar Menassa
Edt. Grupo Cero
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