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ACERCA DEL PSICOANÁLISIS

El Psicoanálisis es la ciencia del sujeto psíquico. Marca una ruptura a nivel del ser humano, ya que establece al Inconsciente como el centro de su vida psíquica y la conciencia como una cualidad del mismo. A partir del Psicoanálisis consideraremos que nuestros sentidos nos engañan, que nuestra inteligencia no determina nuestra vida, sino que son los deseos inconscientes, de los que sólo sabemos después de la Interpretación Psicoanalítica.

El Psicoanálisis constituye una nueva Psicología, no circunscribiéndose a los fenómenos patológicos. Es complejo determinar el límite entre la salud y la enfermedad. En Psicoanálisis el diagnóstico se realiza a la culminación del proceso analítico, en tanto no es el diagnóstico el que determina el tratamiento. Una vez concluido éste, es cuando el psicoanalista realizará una lectura del proceso psicoanalítico del paciente.

El Psicoanálisis propone la producción de una salud que nunca se tuvo, una salud que es necesario construir. Enfermedad es ese querer sacar un beneficio del estar enfermo. La única salud psíquica posible, es que el sano psíquicamente tiene la capacidad de sustituir un objeto amoroso por otro, un ideal de vida por otro.

Y no es, como estamos viendo, mi inteligencia la que me gobierna, sino que mi vida, nuestra vida, está gobernada por sencillas certezas inconscientes, pequeñas equivocaciones, deseos inconscientes.

Mecanismos psíquicos normales, presentes en todos los seres humanos, llevan en un caso al amor y en otros a la muerte, a la enfermedad o a la creación.

De la Teoría Psicoanalítica se deriva un método terapéutico que, a través de la palabra, produce transformaciones en la vida del sujeto.

Su objetivo no es curar, pero como producto-efecto cura, puesto que la enfermedad no es más que un posicionamiento del sujeto. En el tratamiento el paciente se irá construyendo una vida posible.

El Psicoanálisis puede trabajar sobre aquellas personas que estén dispuestas a cambiar, a someterse a la palabra. La única contraindicación es no pagar, en el sentido de que si el paciente no paga con dinero, paga con la vida. Al pagar se garantiza que el paciente se lleva lo que en análisis se ha producido.

Lo que le pide el psicoanálisis al paciente es que acepte el tratamiento, que venga a demostrar la existencia del inconsciente. Con ello queremos decir, que cualquier persona es susceptible de psicoanalizarse si realiza el trabajo, es decir, si produce el compromiso con un psicoanalista. No es necesaria la enfermedad, es más, el Psicoanálisis necesita desembarazarse de ella para poder trabajar. La psicoterapia analítica no es un tratamiento de la degeneración neurótica, tampoco es aplicable a personas que no se sometan voluntariamente a él.

El proceso analítico parte del compromiso del paciente a comunicar todo aquello que acuda a su pensamiento, sin imponer ni dejarse llevar por ningún tipo de restricción. Su compromiso es con la palabra, aunque el silencio también será interpretable.

Además del discurso del paciente, el Psicoanálisis utiliza en su trabajar, otros productos del Inconsciente, como son los sueños, los actos fallidos y equivocaciones, el chiste, etc. Del inconsciente sólo sabemos a través de sus efectos.

No existe ningún otro camino para alcanzar el fin propuesto. El fin del tratamiento será, entre otros, el restablecimiento de la capacidad de trabajo y de goce del sujeto. Cuando el tratamiento no ha sido suficientemente prolongado, se consigue, al menos, un importante alivio del estado psíquico general.

El procedimiento terapéutico es, con pequeñas modificaciones el mismo para todos los cuadros sintomáticos.

La psicoterapia analítica es la más poderosa, la de más amplio alcance y la que consigue una mayor transformación del paciente.

El descubrimiento y la traducción de lo inconsciente se lleva a cabo contra una continua resistencia del enfermo. Este tratamiento puede considerarse como una segunda educación, encaminada al vencimiento de las resistencias internas. Del análisis surgirá un nuevo sujeto, sujeto a las leyes del lenguaje.

Y estamos en el tiempo y en el lugar de decir, que no es necesario enfermar para comenzar a psicoanalizarse. Que el camino se hace al andar, es decir, que sólo hay un análisis posible para cada mi, para cada uno, si doy el paso que me lleve a la consulta de un psicoanalista a pedir mi primera sesión y, al parecer, hoy estamos en una.

¿A QUIÉN PUEDE BENEFICIAR LA TERAPIA PSICOANALÍTICA?

El tratamiento psicoanalítico puede beneficiar a muchas personas. Existe la tendencia a pensar que es el último recurso y que sólo es para los que están “locos”, con la intención, tal vez, de excluirse del grupo de sujetos susceptibles a psicoanalizarse, ya que se tiene la idea de que es “deshonroso y vergonzoso” y que además, está mal visto socialmente.

Nada más lejos de la realidad: el Psicoanálisis está destinado a todas aquellas personas que no se conforman con dejarse llevar por la vida, que quieren llevar el timón de lo que les pasa y desean sentirse mejor consigo mismas y mejorar sus relaciones sociales y calidad de vida.

Nada es inamovible, todo es susceptible de transformarse, incluso nosotros mismos. Transformándonos cambia lo que nos pasa.

Además, el Psicoanálisis ofrece tratamiento a personas que han optado o sucumbido a la enfermedad, personas definidas o no dentro de una patología y se encuentran al borde del abismo:

•  Depresión

•  Ansiedad

•  Angustia

•  Miedos

•  Fracaso profesional

•  Dificultades en las relaciones con los demás

•  Problemas sexuales: insatisfacción, anorgasmia, eyaculación precoz...

•  Problemas con la pareja: discusiones, infidelidad...

•  Insomnio

•  Dolores sin causa médica

•  Adicciones: tabaco, alcohol, drogas, ludopatía...

•  Enfermedades orgánicas crónicas: Cáncer, Sida...

•  Preocupaciones: educación hijos, relaciones pareja, trabajo...

•  Problemas en la alimentación: anorexia, bulimia, sobrepeso...

•  Problemas de aprendizaje y adaptación escolar

•  Inadaptación social

•  Problemas de conducta

•  Enuresis

•  Insatisfacción con la vida

•  Enfermedades sin causa médica: cefaleas, asma, alergias, alteraciones del habla, parálisis motoras...

•  Etc.

Lo más probable es que casi todos nos hayamos sentido identificados con alguno de estos síntomas, en mayor o menor medida, o que conozcamos a alguien a quien le pase. Es por ello necesario que nos paremos a reflexionar hasta qué punto es necesario sacrificar nuestra vida por no poner una solución a tiempo. Hasta qué punto debemos vivir creyendo en el destino. Tal vez porque sea más fácil pensar que lo que nos ocurre nos viene dado desde fuera, que pensar que nosotros tenemos algo que ver en eso. Si nos responsabilizáramos de lo que nos ocurre, nos permitiríamos una vida diferente.

VIVIR MEJOR

Un amplio porcentaje de la población necesita o viviría mejor si recibiera psicoterapia. Me pregunto por qué esa tendencia a quedarse uno como está, aunque esté mal. Por qué resulta tan difícil para una persona reconocer o acudir a un psicólogo o a un psicoanalista. Qué nos puede llevar a pensar que eso supone un fracaso. Fracaso es no saber parar a tiempo, resignarse a la infelicidad cuando existen multitud de caminos. Cuando a través de la palabra se puede construir otro pasado, presente y futuro.

Tal vez sea que la población desconozca a dónde acudir, pues todo está construido para negar el cambio, negar la libertad y el crecimiento. Si nos conformamos con que el Estado (Seguridad Social) nos solucione la vida, ponemos nuestra vida a la cola. Cada uno es responsable de lo que le pasa y si no le gusta, él es el que tiene que implicarse.

Existen, aún, insuficientes profesionales cualificados para satisfacer la gran demanda existente, pero es necesario que los que demanden terapia estén dispuesto a aventurarse, a dejarse hablar.

POR QUÉ OCURRE, LO QUE OCURRE, EN VERANO

En verano parece que huimos de las obligaciones, sólo existe el deseo, aparente, de irse de vacaciones y olvidar, por un tiempo, el trabajo, los horarios...

Pero el tiempo no se detiene en esta calurosa estación, nuestros proyectos seguirán estancados si no trabajamos en ellos, el esfuerzo de muchos meses de gimnasio será inútil si en los meses de verano abandonamos el ritmo de trabajo que habíamos conseguido.

Es posible compatibilizar diversión y trabajo, en el sentido, de que no es más divertido dejarlo todo para después de las vacaciones. Será entonces cuando se produzcan las denominadas “depresiones post-vacacionales”.

Es necesario cambiar la concepción que tenemos del trabajo. Solemos entenderlo como un esfuerzo constante por el que, en la mayoría de los casos, obtenemos una recompensa material, que es la que nos permite vivir o sobrevivir. Pero pensar eso empobrece la amplitud de dicha palabra. Trabajo implica todo aquello que realizándose produce transformación sobre el que lo realiza, entiéndase nosotros, y que tiene como beneficio secundario efectos sobre la realidad, en tanto, hemos producido algo que antes no existía.

De qué vamos a descansar, si lo que hacemos es lo que nosotros nos hemos procurado: puesto de trabajo, relaciones, infraestructura económica, etc. Cómo nos va a pesar lo que nos ha costado tanto esfuerzo conseguir. Es como si la llegada del calor llevara implícito la obligación-necesidad de abandonarlo todo, de sacrificarnos, una vez más, por hacer aquello que parece ser lo establecido. Una vez más caemos nos dejamos llevar por lo que a otros interesa, es decir, por parar nuestro crecimiento.

SER PACIENTE TAMBIÉN ES UNA CONSTRUCCIÓN

La paciencia es el don de la ciencia. Cada cosa tiene su tiempo, su proceso. Ser paciente en Psicoanálisis también es un trabajo, sería imposible pensar que desde la primera sesión o entrevista con un psicoanalista uno ya está en Psicoanálisis, si fuera así habría más personas en tratamiento y, consecuentemente, más personas sanas.

Aprender a tolerar que las cosas sean diferentes a como pensamos, someternos a la realidad, comprometernos a que nos guíen las palabras en el marco de la transferencia psicoanalítica, serán las bases de las que tendrá que partir todo candidato a paciente.

El objetivo del Psicoanálisis no es la eliminación de los síntomas, aunque esto se produce como beneficio secundario del proceso.

Para comenzar el análisis el paciente ha de renunciar al goce que supone el síntoma, el fracaso... Debe someterse a las leyes del inconsciente, del lenguaje, donde todo es posible, donde las palabras no tienen valor en sí mismas sino en la combinación con otras palabras. Donde nada está previamente establecido, sino que todo está por hacer. El pasado no es lo que nos determina, el tratamiento se desarrollará según la forma de su futura dilución.

LAS RELACIONES DE PAREJA DESDE EL PSICOANÁLISIS

Ni huir, ni arremeter contra nada.
Aprender conversar
tranquilamente, eso enseña el amor.

Miguel Óscar Menassa

El amor debería ser un mundo siempre por nombrar, como lo es el poema. Sin embargo, el amor recibe todo tipo de calificativos, adjetivos y nombres todo el tiempo. El psicoanálisis ha sido la ciencia que más se ha interesado en el amor, ese gesto del cual no imaginamos nada que fuera el pasado, ni siquiera el porvenir, por lo tanto nunca podemos saber cuánto va a durar.

No hay amor sin palabras y las palabras es lo que marca el amor como tal, lo historiza. Un amor sin palabras no tiene nada que ver con el sujeto psíquico, es un mero mandato de la especie, es imaginario.

Las relaciones de pareja son más complejas de lo que parece. H ay hombres que desean a la mujer que no aman y aman a la mujer que no desean, sufriendo de impotencia psíquica. Hay mujeres que prefieren parecer que aman y parecer que desean, que dejar un instante de ser mujer para sólo parecerlo.

El psicoanálisis describe lo que solemos llamar amor como una conducta narcisista, es decir que el hombre y la mujer sólo aman lo que han sido, lo que son, lo que ambicionan ser.

Hay mujeres que prefieren parecer que gozan, a gozar pareciendo que son, puesto que ser hombre o ser mujer es una cuestión de apariencia.

Eros tiende a la unión pero sin principio de muerte moriríamos todos ahogados en su abrazo. Es decir que para que se pueda forjar en mí la dimensión del amor tendré que haber aceptado el límite que la muerte impone a mi existencia material. Cuando acepto ser mortal, alcanzo un grado más de humanización que me permite transformar la realidad.

Lo fundamental del goce femenino es la ausencia de localización. Ella goza con todo su cuerpo.

Frente al sexo el sujeto se encuentra perplejo, enfrentado a un enigma ininteligible, para el cual no tiene ningún saber, ni recurso. Enigma que obliga a una respuesta: situarse en relación a él.

Como hombre y como mujer los sujetos no se distinguen, sino que se los distingue.

En algunas personas, conseguir una relación de pareja produce una ilusión de tranquilidad, «asegura» no quedarse
solo, estar siempre acompañado. Al menos durante algún tiempo el amor les proporciona un compañero, y el hecho
de que otro ser humano esté próximo, les alivia el síntoma.

Y esto porque al ser humano, sea hombre o mujer, no le basta con sentirse necesitado o amado, también es necesario que se sienta deseado, esto quiere decir que no le
basta con ser objeto de amor, es necesario que ocupe el lugar de causa del deseo.

El amor de quien desea ser amado es una tentativa de capturar al otro como objeto, es amor narcisista. Quien aspira a este amor no le interesa ser amado por su bien, sino que quiere ser amado por todo, no sólo por su yo, sino por sus bonitos ojos, por sus manías y debilidades.

Amar en el plano simbólico es otra cosa, es amar al otro más allá de lo que parece ser, estando más allá de la esclavitud imaginaria, por eso que puede aceptar sus debilidades y torpezas, hasta puede admitir sus errores, pero cuando el ser amado lleva demasiado lejos la traición a sí mismo y persiste en engañarse, el amor se queda en el camino.

Recordemos la fórmula lacaniana del amor: dar lo que no se tiene a quien no es.

LA ENVIDIA Y LOS CELOS

"...de otro, será de otro como antes de mis besos..."
Pablo Neruda

Hablamos de la envidia y los celos, modos de sentir y padecer, de querer y palidecer ante determinadas situaciones. Todos fuimos niños, y es en la infancia desde donde partiremos en nuestra particular investigación sobre la envidia y los celos.

Los celos constituyen un estado afectivo normal , todos hemos sentido alguna vez, aunque no lo recordemos. Celos ante los hermanos, celos ante los compañeros de clase, celos cuando nuestra pareja mantiene algún tipo de relación con una persona del sexo opuesto... Son inevitables, cuando faltan en el carácter o en la conducta de una persona, deducimos que han sometido a una enérgica represión y desempeñan, en la vida anímica inconsciente un papel tan importante como si se manifestaran.

El deseo de gustar y de conquistar no se agotan en la mujer ni en el hombre después de haber establecido un compromiso de pareja. Esta situación requiere una tolerancia por ambas partes y una confianza hacia las actividades del otro que. En el caso del celoso exige a su pareja que se comporte como si fuera de su propiedad cuando esta actitud es, posiblemente, la vía más rápida para perder el deseo y corre el riesgo de quedarse solamente con la propiedad exclusiva... de sus celos.

La libertad sexual ilimitada no procura mejores resultados que la prohibición. La necesidad erótica pierde valor psíquico en cuanto se hace fácil y cómoda la satisfacción. Para que la libido alcance un alto grado es necesario oponerle un obstáculo. La importancia psíquica de un impulso crece con su prohibición. La plena satisfacción no es posible , en la naturaleza misma del instinto sexual existe algo desfavorable a ello.

Los celos son siempre señal de una inseguridad. Aparentemente no estoy segura del amor del otro, pero en realidad lo que se tambalea es mi propia firmeza.

Desde el punto de vista psicoanalítico podemos distinguir tres casos o grados de celos anormalmente intensos:

•  Celos normales

•  Celos proyectados

•  Celos delirantes

Los celos normales se componen básicamente, de la tristeza y el dolor por el objeto amado que se cree perdido, de la ofensa narcisista que sentimos ante el hecho de que aquél al que amamos, desee ahora a otra persona. Incluyen sentimientos hostiles contra ese rival preferido, así como autocrítica, en tanto se quiere hacer al yo responsable de la pérdida amorosa. Estos celos no son completamente racionales, nacidos de circunstancias reales. Demuestran tener profundas raíces en lo inconsciente, perpetuando impulsos de la afectividad infantil procedentes del complejo de Edipo o del complejo fraterno del período sexual. La curiosidad sexual de los niños se despierta bajo los impulsos egoístas en ellos dominantes. La sospecha del nacimiento de un nuevo hermano despierta la sensibilidad del niño ante la sospecha de una pérdida de privilegios. Manifiesta una clara hostilidad hacia su competidor, exteriorizándola a través de juicios poco amables, el deseo de que no hubiera nacido e incluso en pequeños atentados contra el bebé.

En el desarrollo de la investigación sexual, cuando la niña advierte el pene de un hermano o de otro niño, lo reconoce como superior de su propio órgano. Desde este momento cae víctima de la envidia fálica. La esperanza de que obtendrá alguna vez un pene y será entonces igual al hombre, puede persistir hasta una edad madura. Las consecuencias psíquicas de la envidia fálica son diversas. Desarrolla un sentimiento de inferioridad y después considera su falta de pene como un castigo, comienza a compartir el desprecio del hombre hacia la mujer. La niña, para adquirir las características propias de la feminidad, renunciará a su deseo del pene, poniendo en su lugar el deseo de tener un hijo y toma al padre como objeto amoroso. La madre se convierte entonces en el objeto de sus celos.

Los celos desempeñan en la vida psíquica de la mujer un papel más importante que en el hombre. La falta de pene es casi siempre achacada a la madre de la niña, que la trajo al mundo tan insuficientemente dotada. Poco después de haber descubierto del defecto de sus genitales, la niña desarrolla celos contra otro niño, con el pretexto de que la madre lo quería más que a ella, con los cual halla un motivo para el desprendimiento de la vinculación afectiva con la madre.

Los celos proyectados nacen tanto en el hombre como en la mujer, de las propias infidelidades del sujeto o del impulso a cometerlas, pero relegado, por la represión, a lo inconsciente. Aquellos que niegan experimentar tentaciones de infidelidad en el matrimonio, sienten tal presión, que suelen acudir a un mecanismo inconsciente para aliviarla, proyectando sus propios impulsos a la infidelidad sobre la persona a quien deben guardarla. Es decir, que se muestran muy moralistas, cuando son los que, en su realidad inconsciente, desean transgredir las reglas de la fidelidad matrimonial. En el tratamiento de los sujetos celosos ha de evitarse discutirles el material en el que se apoyan, sólo puede intentarse modificar su interpretación del mismo.

Menos favorable resultan los celos delirantes , también estos nacen de tendencias infieles reprimidas, pero los objetos de la fantasía son de carácter homosexual. Sirven como tentativa de defensa contra un poderoso impulso homosexual. El celoso paranoico, reconoce la infidelidad de su cónyuge en lugar de la suya propia, ampliando la infidelidad de su pareja, consigue mantener inconsciente la suya. Los celos del paranoico le sirven para rechazar su homosexualidad.

La envidia suele provocarla la posesión de bienes que no tendrían ninguna utilidad para quienes los envidia y cuya verdadera naturaleza ni siquiera sospecha. Envidia a la imagen de completud , donde uno piensa que el otro es completo, uno se siente dividido, fragmentado.

GASTO SANITARIO

La sanidad propone pocas salidas. Su respuesta suele medirse con fármacos. Es la única solución que parece utilizar la Medicina para el tratamiento de múltiples dolencias.

Luego ocurre, lo que ocurre. Se habla de astronómicas cifras de gasto sanitario y se plantean recortes en las prestaciones a los usuarios.

Es de todos conocido y, aún más por los profesionales de la salud, que existen tratamientos alternativos para diversas dolencias que tal vez resulten más económicos, efectivos y con menos efectos secundarios para el paciente y “para el sistema”.

Es el caso, por ejemplo, de múltiples afecciones en las que juega un papel importante, si no primordial, el factor psíquico, como pueden ser dolencias como la hipertensión arterial, las cefaleas y jaquecas, trastornos endocrinos y metabólicos, afecciones inmunitarias, la anorexia, el cáncer, la dermatitis, disfunciones ginecológicas y gastrointestinales, las afecciones de la piel, etc. Todas ellas recibiendo un tratamiento adecuado (psicoanalítico) remitirían sin la medicalización del paciente ni el consiguiente gasto sanitario innecesario (hospitalizaciones, pruebas médicas...)

Pero parece que los organismos competentes hacen oídos sordos a esta evidencia, aduciendo, tal vez, que este tipo de tratamiento es muy caro, sin reflexionar sobre el gasto que suponen miles de pacientes recibiendo atención médica y tratamientos indadecuados , es decir, gastando el dinero en una solución que no es tal.

Apelemos entonces al sentido común ¿qué es más beneficioso: una dolencia que remite o desaparece con psicoterapia o una dolencia cronificada por un tratamiento farmacológico?

Creo que todos sabemos la respuesta.

ENSEÑANZAS

Estoy preocupada por la salud de los españoles. Nos educan en la estafa, el engaño, el robo, como método para ganar dinero y enriquecerse. Sirvan de ejemplo de ello las grandes compañías telefónicas, que vienen actuando de esta forma utilizando a sus trabajadores, utilizándolos de escudo frente a los clientes descontentos, estafados. No se dan cuenta del riesgo que están asumiendo.

Crecer quitándole el bocado de pan a otro hambriento no ha de generar más que sentimiento de culpa futuro, pues nadie podrá gozar de lo que obtuvo maliciosamente, el psiquismo se ocupa de ello.

El Psicoanálisis ya nos mostró el ejemplo de personas que cometían delitos debido a la necesidad inconsciente de ser castigados, no ya por el delito, sino por un sentimiento de culpa inconsciente pretérito. El ser humano no puede librarse del castigo, pues el Superyo siempre vigila, tanto las acciones como los pensamientos, y no pasa ni uno.

Pensar que uno puede actuar impunemente, como parece que piensan dichas compañías, tales como Telefónica, Auna, Wanadoo… sirviéndose de su carácter impersonal, de todo tipo de cláusulas y artimañas para terminar sacándole el dinero a los malogrados clientes, no puede llevar al éxito.

Pensar que uno puede saltarse las leyes, adecuarlas a sus intereses, no es más que un ejemplo de un pensamiento neurótico, y como psicoanalista los mandaría a todos al diván.

Si uno quiere triunfar en esta vida, la mejor manera es haciendo las cosas bien, teniendo al Superyo bien tranquilo, tolerando el ritmo natural de las cosas, pues ya lo dice el refrán popular: No por mucho madrugar amanece más temprano.

Como conclusión y ojalá sirviera de algo, déjennos vivir en paz, hagan bien su trabajo, como cada uno debe realizar el suyo y dejen ya de robarnos y engañarnos.

ALGO MUY COMÚN

Es común, en las consultas médicas, encontrarse con pacientes que vienen con un síntoma y “aprovechan” la ocasión para contarle al médico sus problemas, sus preocupaciones y sus sentimientos, sin que esto revista interés alguno para el facultativo.

En otras ocasiones, a los síntomas que traen consigo, tras la realización de las pruebas pertinentes, no se les encuentra causa orgánica alguna, aunque ello no implique el cese del padecimiento. Ante estas circunstancias, los médicos se encuentran impotentes ya que no saben cómo actuar.

Tal vez la causa sea la falta de formación recibida en la facultad respecto a estas situaciones o a estos tipos de pacientes, tal vez el desconocimiento de los recursos existentes para solventarlos.

El desconocimiento y los mitos existentes respecto al Psicoanálisis han alejado a muchos médicos del beneficio que éste puede reportarles.

Por un lado, conocer la implicación fundamental del psiquismo en la producción y desarrollo de las enfermedades orgánicas, es por ello necesario tener en cuenta lo psíquico en el tratamiento de dichas afecciones.

Por otro lado, el Psicoanálisis da al paciente una alternativa a la enfermedad o, en el caso de enfermedades crónicas, le enseña a vivirla de un modo diferente. El Psicoanálisis mejora, junto con la Medicina, la calidad de vida de los enfermos.

Hay enfermedades sin causa médica y, ante ellas, la Medicina se queda sin respuestas, el Psicoanálisis se las ofrece y propone soluciones a este tipo de pacientes.

No es lo mismo el tratamiento que presta un médico con formación psicoanalítica que otro que no tiene en cuenta al sujeto, que sólo considera los órganos.

Hoy, adentrados en un nuevo porvenir, se hace necesario mejorar la asistencia sanitaria y ofrecer a los pacientes el camino para resolver sus síntomas, entendiéndolos como una voz ronca que hay que aprender a escuchar, se hace necesario crear un vínculo entre los profesionales de la Medicina y los del Psicoanálisis para proporcionar el tratamiento adecuado para cada caso.

¿EL NEGOCIO DEL ENTRETENIMIENTO?

Del ocio no sólo se ocupan los empresarios de la hostelería, sino que también algunos organizadores de congresos y jornadas, aparentemente científicas, se dedican a rellenar el tiempo de estudiantes y profesionales.

Hace unos días asistí, llevada por una motivación más ociosa que intelectual, todo hay que decirlo, a un Simposium sobre Psicópatas, Asesinos en Serie y Conducta Antisocial. Al ser Psicoanalista, Psicóloga y Estudiante de Criminología, lo que allí se tratara podría motivar en mí, tal vez, la producción de algún artículo al respecto, tal vez sea este.

Una vez se fue desarrollando el simposium, y más ahora, con el paso de los días, compruebo que no ha supuesto ninguna transformación en mi, tan sólo la comparación, y dicen que las comparaciones son odiosas, con los anteriores congresos a los que he asistido, todos de Psicoanálisis y organizados por la Escuela Grupo Cero.

Congresos a los que asistí con otra motivación y e interés formativo, en tanto constituyen una parte fundamental de la formación de un psicoanalista. En dos de ellos, he tenido la ocasión de participar con una ponencia y una comunicación, respectivamente. Congresos donde son los ponentes los que pagan ya que a ellos está dirigido el congreso, pero además, los efectos del mismo tienen una trascendencia social, de no ser así carecerían de interés científico.

Encuentros donde un conjunto de profesionales, unidos en un compromiso social estudian y trabajan cuestiones de interés en su formación y también a nivel de la propia ciencia. Unión o des-unión que sirve para realizar una lectura sobre lo acontecido hasta ese momento, para establecer nuevos puntos de estudio, para dar cuenta del proceso formativo de cada uno.

SECRETOS Y CONFESIONES

    Tuve la oportunidad de leer hoy en la edición electrónica del periódico, un artículo firmado por José María Romera, titulado "Relaciones humanas: secretos y confesiones". Me pareció interesante, pues soy psicoanalista, licenciada en Psicología y estudiante de primero de Criminología. Aunque la orientación del artículo hacía referencia a un concepto cristiano de confesión,  donde hay algo que contar en un sentido negativo, partiendo de una concepción de pecado.

    Este tipo de "ritual" llevado a cabo por la religión católica, y también desarrollado, como se cita en el artículo, por otros grupos, parte de la idea de que esa catarsis liberará al individuo de su pesar. Muchos grupos de autoayuda consideran que el medio de terapia consiste en la mera comunicación de los problemas. Pero ya Freud en 1900 se dio cuenta que la simple comunicación, el simple conocimiento, no exime a la persona de sus padecimientos, los efectos son poco duraderos. Renunció con ello al método catártico y al método hipnótico, produciendo un nuevo método, la asociación libre, que en el campo de la transferencia psicoanalítica, permite la transformación del paciente.

    Todo esto es para decir, que hablar es demandar, es decir, aquel que comunica algo persigue la atención de alguien, ser escuchado. Pero no sólo basta el mero desahogo, sino que lo terapéutico lo constituye el desarrollo de la capacidad de transformar el discurso, es decir, poder hablar de otras cosas. Que todas las palabras tengan el mismo valor, no sólo lingüístico. El discurso de la mayoría de las personas está recortado de una manera particular que le hace vivir la vida de ese modo, y si eso implica enfermedad, padecimiento, fracaso, todo consistirá en ampliar o cambiar el modo en el que esa persona se posiciona en el lenguaje.

    Otra cuestión que se me plantea, escribiendo esta carta-artículo, es la falta de conocimiento, de saber general, que existe en Málaga referente al Psicoanálisis, donde no dudo que haya profesionales desde hace años, pero me pregunto si ¿no habrá que hacer algo para que todas las personas tengan la oportunidad de comenzar su psicoanálisis?

    No me extiendo más en este pequeño divagar conceptual, pero me gustaría terminar señalando que evidentemente no es solución ni callar ni contarles a todos nuestras intimidades, pero ello no implica que no exista la necesidad inconsciente de comunicarse , que psicoanalizarse no sólo constituye un modo de desarrollo intelectual, ni un modo de liberarse de los síntomas patológicos, sino que también es tener la posibilidad de comprar la libertad de las palabras.

PSICÓLOGO O CURANDERO

Psicólogo o curandero, parece que para muchos, aún, estas dos palabras pueden ser sinónimos, o eso es lo que puede parecerle al todopoderoso Colegio Oficial de Médicos, cuando impide que los psicólogos puedan formar parte de los numerosos seguros médicos, que no por denominarse así, deben excluir una disciplina científica-terapéutica, necesaria en el tratamiento de múltiples patologías.

Hoy en día, se ha demostrado que la Psicología y, asimismo el Psicoanálisis, en tanto soy psicóloga y psicoanalista, son las únicas disciplinas que pueden ofrecer un tratamiento y posible curación a patologías como la depresión, las fobias, la neurosis obsesiva, la histeria, las enfermedades psicosomáticas, etc. Ante dichas patologías, la Psiquiatría, disciplina médica que sí forma parte de dichos seguros y, parece ser que con todo derecho, sólo puede ofrecer tratamientos farmacológicos paliativos, si así podemos llamarlos, en tanto lo que hacen es como si administrásemos un analgésico a alguien con apendicitis y no procediéramos a efectuar la correspondiente intervención quirúrgica. Con ello sólo conseguiríamos que el paciente muriera sin percibir el dolor, negándole, en este caso, el tratamiento adecuado y necesario para dicha patología.

Eso, y me hago responsable de estas palabras, es lo que me parece que está haciendo la Psiquiatría actual. No dudo de la profesionalidad de los aquellos que trabajan y estudian en este campo y que han dedicado sus vidas al bienestar de la población que, en uno u otro momento requiere de sus servicios, pero me parece poco ético negar el acceso a un tratamiento, cuando de sobra es conocido que existe.

Me pregunto por qué ante esta situación, en la que los psicólogos aún no podemos ofrecer nuestros servicios a través de los seguros médicos, cuando sabemos que un alto porcentaje de las enfermedades llamadas médicas tienen un origen psíquico, y que en las restantes influye de manera determinante el factor psíquico, reitero, por qué el Colegio de Psicólogos, que se supone está para defender nuestros intereses, nada hace. ¿Para qué sirve entonces nuestro colegio oficial?

No tenemos que ir mendigando a los seguros que nos ofrezcan trabajo, es un derecho, como profesionales del campo de la salud, estar presentes ahí, en tanto es la propia sociedad la que lo demanda.

Qué mínimo porcentaje de personas va a una consulta psicológica privada, cuando un alto porcentaje de la población necesita atención psicológica-psicoanalítica. No todos pueden costearse el tratamiento, y la Seguridad Social ofrece una atención ínfima.

Como trabajadores, como peritos en nuestra materia, tenemos que exigir se nos incluya en el entramado sanitario-asistencial, favoreciendo con ello el acceso de la población a dichos servicios.

Sirva este artículo para, además, aclarar que no somos curanderos, aunque también curamos de aquellas ideas que minan la vida del individuo.

 

CONVERSAR

-Conversar es una habilidad social, ¿se puede entrenar para poder mejorarla?

Como decía el poeta y psicoanalista Miguel Óscar Menassa, ni huir ni arremeter contra nada, aprender a conversar tranquilamente eso enseña el amor. Está claro que no hay humano sin lenguaje y que como humanos, l a palabra será el medio más poderoso que nos permita influir sobre otro. Es por ello que en muchas ocasiones damos una utilización perversa a las palabras, más que para transmitir, las utilizamos para dominar, someter, conseguir algo.

La palabra como habilidad social, basada en el amor a los otros, la tolerancia, implica saber escuchar, porque la conversación lleva implícito este verbo. Hablar y escuchar entonces que nos permitirán transmitir nuestros deseos e inquietudes al otro, a la vez que tener en consideración su deseo.

Por supuesto que es una habilidad que se puede mejorar, en tanto el lenguaje nos es transmitido por otros hablantes. Debemos pensar que la combinación de palabras es infinita, infinitas las formas del amor, depende entonces de nuestro posicionamiento inconsciente el que podamos combinarlas de una forma u otra.

Freud descubrió que si no hablamos con las palabras, hablamos con los síntomas, con el cuerpo. Es por ello recomendable, desde el punto de vista de la salud, no sólo física, sino social, que podamos expresarnos a través de palabras. Siempre será mejor un misil de palabras, que uno que nos explote entre las manos. Más que entrenar en el uso de las palabras, hay que cuidar la salud psíquica para que las palabras sean eso, palabras.

 

-¿Cómo habría que entablar una conversación cuando no existe demasiada confianza con el interlocutor? Por ejemplo, en una comida o celebración en la que nos sientan en una mesa junto a personas que no conocemos o bien en el caso de encontrarnos en alguna situación (en el ascensor, por ejemplo) con el director de nuestra empresa (con quien apenas tenemos relación...).

Nos relacionamos con las personas a través del proceso de identificación, esto quiere decir que el otro nos sirve de espejo. Siempre que nos encontramos frente a alguien, ese alguien funciona para nosotros como un espejo. Sólo nos relacionamos con él si somos capaces de reconocernos en él, si encuentra rasgos de sí mismos en el otro, agradables o desagradables.

Por eso puede explicarse por qué nos caen bien o mal personas que es la primera vez que vemos, porque hemos encontrado en ellas rasgos agradables o desagradables que nos recuerdan a nosotros mismos. Sólo nos relacionamos con quien nos identificamos. Si no encontramos rasgos de lo que fuimos, somos, deseamos ser o rasgos de nuestra figura paterna o materna, esa persona pasará desapercibida para nosotros.

Nos podemos identificar a una ideología, una mirada, un recuerdo, una imagen, un proyecto… Siempre que guarde buena relación con lo que fui, seré o quiero ser, las relaciones fluirán positivamente, pero si lo que encuentro en el otro son rasgos que no soporto, esa intolerancia la proyecto hacia el otro.

Esta proyección hacia los otros implica que en función de cómo nos llevemos con nosotros mismos nos relacionaremos con las demás personas. Más que planear cómo pueden ser las conversaciones, tendríamos que llevarnos mejor con nosotros mismos y con nuestras imperfecciones. La humildad es una característica que sería conveniente desarrollar, ella nos permite el acercamiento a la otra persona.

Aventurarse en la palabra es la verdadera aventura de los encuentros. No hay que tener miedo de lo que decimos ni de lo que el otro pensará, nosotros somos nuestro mayor censor. Si hablamos con libertad y humildad, si sabemos escuchar, el éxito está asegurado. El verdadero triunfo es producir un encuentro con otro ser humano y aprender cada día algo nuevo.

-¿Con actitud se suele afrontar este tipo de situación? ¿Cuáles son las reacciones más frecuentes?

Normalmente, de ahí tantos conflictos y fracasos, intentamos imponer en el otro nuestra forma de pensar. El principal problema es que no toleramos otras formas de entender las cosas, no sabemos escuchar y más que una conversación mantenemos monólogos en los que siempre pretendemos llevar la razón.

Hay que renunciar a ello. Tenemos que tratar a las personas por encima de convencionalismos. Esta claro que somos una persona diferente en función de quién tengamos enfrente. No somos iguales ante un amigo que ante nuestro jefe. Sería más satisfactorio despojarnos de tantas máscaras y tratar a las personas con respeto, a pesar de las diferencias. Puede ser grato descubrir que nuestro jefe también es un ser humano.

-¿Y qué consejos habría que tener en cuenta? (Quizás ser natural, desarrollar empatía...)

El primer consejo ser tolerantes con nosotros mismos, si no nos permitimos equivocarnos, difícilmente vamos a poder abrir la boca. Nunca sabemos de antemano cómo van a salir las cosas, la única manera, hacerlo. Hasta la ciencia avanza a través del error.

Segundo consejo, si cuidamos nuestra salud psíquica, podremos tolerar la incertidumbre de todo comienzo. Como decíamos antes, hay que estar bien posicionados en el lenguaje, ocurre que hablamos según nuestra concepción del mundo, del sexo, de cómo es un hombre, de cómo es una mujer, etc. Esta ideología no suele ser nada moderna, más bien se corresponde a lo que no ha sido transmitido por la familia. Si pienso, por ejemplo, que una mujer no puede ser inteligente, cómo voy a hablar de algo interesante. Si pienso que el jefe es inaccesible… si un hombre y una mujer sólo hablan con fines sexuales... Como vemos hay muchas ideas inconscientes que determinan nuestra forma de hablar y de afrontar una conversación o una situación social. Si no cambiamos esas ideas, difícilmente vamos a lograr tener éxito social.

-Supongo que el tono y el ritmo de la conversación es importante...

Está claro, cómo nos situemos frente a nuestro interlocutor, el tono de nuestra voz, la escucha, son fundamentales en lograr una conversación agradable o exitosa. Está claro que muchas veces pretendemos conseguir algo en concreto con nuestras palabras, por lo tanto, el objetivo marcará la dirección de la conversación. Otras veces, sin embargo, se trata de un encuentro en el que ninguno de los participantes sabe a dónde va a llevar el encuentro de palabras.

Como venimos diciendo, lo mejor es no planear, aprender a ser más tolerantes con las palabras y con las personas, no tener miedo a equivocarse, siempre hay tiempo de corregirse, de pedir perdón. La mayor cualidad es ser imperfecto y reconocerlo.

-Y también influirá el grado de timidez...

En psicoanálisis decimos que el tímido es un exhibicionista reprimido. Esto les resultará curioso y hasta rechazable, pero si observamos son muchas las ocasiones en las que el que no habla es el que llama la atención, como si denotara con su actitud una incomodidad.

Por lo tanto, cuidado tímidos que vemos vuestras intenciones. Hay que ser generosos, al menos, da al otro alguna palabra, alguna mirada. Reconoce que tienes deseos, como todos.

-La principal inquietud suele ser: ¿De qué hablo? En el caso de personas relacionadas con nuestro trabajo es más fácil por esa afinidad (supongo), pero en otros casos, no sé si se debería sacar la vida familiar , los gustos, las aficiones... ¿Cuáles serían entonces los temas recomendables? ¿Hay también temas prohibidos? ¿Cabrían las preguntas? ¿Y los elogios?

Ya sabemos que “dime de qué presumes y te diré de qué careces”, por lo tanto, más que hablar sólo de lo que dominamos o hacernos los listillos, es conveniente reconozcamos nuestras limitaciones, en el sentido, de que mostremos al otro nuestro deseo de aprender cosas nuevas. Tener aficiones, leer, estar al tanto de noticias, puede venirnos muy bien a la hora de conversar. Aunque siempre hablamos de nosotros mismos, será para el otro más interesante si hablamos de cosas que nos gustan que, al fin y al cabo, nos describen.

Temas prohibidos no hay, porque de qué vamos a tener miedo. Soy partidaria de la sinceridad, de mostrarse ante los demás como uno es, está claro que siempre hay que adecuarse a las situaciones. Podemos crear con nuestra sinceridad y nuestra forma de hablar un clima de confianza, hasta con una persona que no hayamos visto nunca antes.

Los elogios siempre son bien recibidos, son regalos, por qué no tener la generosidad de elogiar a la otra persona si algo bueno de ella nos llamó la atención. No hacerlo sería una muestra de envidia por nuestra parte.

 

ASPECTOS PSÍQUICOS DE LA VIDA LABORAL.

Los psicoanalistas c oordinamos y supervisamos cualquier tipo de empresa, restaurantes, entidades bancarias, peluquerías, inmobiliarias… y vemos que utilizando el Psicoanálisis como instrumento de trabajo conseguimos resultados como aumentar las ventas, disminuir las bajas laborales, todo esto al tener en cuenta la personalidad de los trabajadores, los diferentes afectos que se producen en el ámbito laboral, como los celos o la envidia que puede desde disminuir las ventas hasta romper un negocio.

Las dificultades que las personas muestran en sus acciones laborales son siempre producto-efecto de la existencia de deseos inconscientes contrarios a la actividad laboral . Es la personalidad lo que actúa en contra del bien-hacer laboral.

La diferencia entre un trabajador más productivo de otro que no lo es está marcada por la relación que tiene frente a sus deseos inconscientes . Todo lo hacemos para algo o para alguien. Siempre obtenemos un beneficio de nuestras acciones , a veces se gana dinero, a veces se fastidia a la empresa, al compañero, a uno mismo y eso supone la satisfacción de un deseo inconsciente.

Tenemos que partir de la idea que no todo el mundo quiere lo mejor para sí , que también hay tendencias masoquistas o sufridoras que buscan satisfacción y por su existencia se explican muchos fracasos. Es muy difícil hacer un bien a otros cuando no podemos hacerlo ni a nosotros mismos.

Siempre que el trabajador tenga una problemática con el amor hacia los otros, su interés por los clientes y la empresa será nulo. Tras una actitud invidualista, en la que sólo se persigue la satisfacción de las necesidades propias, se esconde el egoísmo. Nunca trabajaré bien para la empresa si sólo persigo mis necesidades. Nadie nos enseñó a trabajar más allá de lo necesario.

Si el trabajador no tiene una buena relación con su trabajo, con la empresa, con sus compañeros, maltratará aquello con lo que la empresa crece: el cliente. El trabajador es el envoltorio del producto, así como se presente y cómo trate al cliente, así triunfará o fracasará.

Los celos, la envidia, las tendencias sufridoras, el amor, el odio… también forman parte de la relación de una persona con su puesto de trabajo, con su empresa. Cuando dos personas rivalizan, discuten, es por la existencia del mecanismo de proyección del proceso de identificación. Quiero destruirlo porque me recuerda a mi.

Los celos pueden llevar a estropear ventas, proyectos e incluso llevar al fracaso a los directivos de una empresa. Tras una conducta rencorosa se esconde un sentimiento amoroso latente.

Determinados trabajadores desean inconscientemente ocupar el lugar, el afecto, la responsabilidad de alguno de sus compañeros. Dicho deseo puede llevarles a un conflicto ético. Proyecta sobre el compañero lo que son sus propios deseos.

La envidia es mucho más peligrosa. La mayoría de los trabajadores que no venden es por una cuestión de envidia hacia los compañeros y hacia la empresa. El envidioso es capaz de hundirse en la miseria con tal de ver hundido al otro.

Cuando las personas tienen relaciones intempestivas con las figuras parentales, suelen desplazarlas al eje vertical de la empresa: jefes. Los celos infantiles con los hermanos se desplazan con facilidad hacia los compañeros de trabajo.

Hay que tener en cuenta que nos cuesta reconocer nuestros defectos . Vemos y oímos lo que nos interesa y lo que no nos interesa, no lo queremos ver ni oír. Nos engañamos a nosotros mismos para llevar siempre la razón. Si algo nos molesta de otra persona, es por algo que vemos de nosotros reflejados en ella. Desplazamos nuestros defectos hacia otras personas. De esta forma trabajar en equipo resulta complejo.

La realidad que tenemos es la realidad que producimos. Cuando alguien dice que no puede, en realidad, es que no quiere. Un negocio no fracasa de un día para otro. Todo lo hacemos para satisfacer nuestra manera de pensar, aunque con ello fracasemos.

El sentimiento de culpa también tiene su relevancia en el proceso laboral. Encontramos los denominados delincuentes laborales , aquellos que tienden a robar, estafar a la empresa, sabiendo que acabarán siendo descubiertos. Los cometen porque esperan ser descubiertos y castigados, por ello alcanzarán un alivio psíquico de su sentimiento de culpa. Este sentimiento surge simplemente ante la fantasía o deseo de realizar un acto contrario a su ética.

La problemática personal de una persona (divorcio, muerte…) también influye en su vida laboral. Si la persona siente que hizo algo mal, puede castigarse castigando su trabajo.

Es de actualidad el importante incremento de las bajas laborales debido al estrés. Profesionales de la salud, empresarios cuyas decisiones suponen millones de pesetas, ejecutivos que dejan de rendir como en ellos era costumbre, deportistas que fallan en los momentos decisivos, abogados y periodistas acosados en sus tareas por la incertidumbre...

Alarma social que denota «algo» en trabajadores que triunfando en sus labores cotidianas se desploman hasta el punto de interrumpir su diaria tarea productiva, durante un tiempo.

El estrés es un estado de ansiedad y angustia que se acompaña con una serie de síntomas: taquicardia, calambres, contracturas, cefaleas, sudoración, agresividad, desgana, apatía general, insomnio... No es por consiguiente el estrés el nombre de una enfermedad, sino un conjunto de síntomas.

Las causas a las que se adjudica estas dolencias son las preocupaciones provenientes del trabajo. Algunos tratamientos proponen para combatir este estado de tensión, su contrapartida, es decir, el descanso y la relajación.

Como psicoanalistas sabemos que se incluye bajo el término estrés una situación que conocemos con el término angustia. Con el término estrés se oculta la represión del odio, el amor, el miedo, los celos, la envidia, etc. El estrés oculta situaciones que tienen que ver con la angustia.

La intolerancia ante el semejante, marca la dificultad para incorporar lo nuevo. Ayer nunca volverá y algunos pacientes piden ser como «ellos» eran antes de enfermar. Todo tiempo pasado es pasado, no mejor, lo mejor está por venir si el sujeto es capaz de construírselo.

Hemos llegado a lo que denominamos el " Análisis para Empresas ", entendiendo al mismo como un aporte o ayuda a la estructura de la Empresa cuando hay dificultades en los procesos de producción debido a la existencia de resistencias psíquicas motivadas por cuestiones de tipo afectivo entre los socios directivos o entre trabajadores y empresa.

Se organizan sesiones grupales con la directiva e incluso con grupos de empleados, cuya función laboral es fundamental dentro del organigrama de la empresa.

La Supervisión Empresarial se materializa con la figura de un psicoanalista -que hace las veces de observador y coordinador- y el equipo directivo que será quien desarrolle la problemática que consideran como causante de las dificultades productivas por las que está atravesando la empresa.

Las dificultades, no es necesario que lleguen a ser económicas, ya que llegar a este punto, es sinónimo de que algún deterioro en el proceso de productividad ha acontecido dentro de la estructura empresarial. Una dificultad precoz -por ejemplo- de comunicación entre uno o dos socios, puede ser causa de futuros trastornos dentro del proceso de producción de la empresa.

La mayoría de los afectos existentes -ya sean celos, envidias, rencores, odio, amor, deseo, etc.- pueden mostrarse de una manera consciente, pero muchas veces, tales afectos no se manifiestan sino bajo la forma de equivocaciones donde hago fracasar al otro, errores que llevan a cuestionar la efectividad de un socio, etc... Equivocaciones tras equivocaciones que a la larga deterioran las relaciones y el proceso comunicativo . Y luego será la estructura de la empresa la que acabará resintiendo.

El psicoanálisis viene a mostrar que cualquier relación entre personas está sujeta a la subjetividad individual de cada integrante y para que haya relación, debe haber pacto, se debe trabajar para la función. Sin embargo, muchos empresarios trabajan para su persona, para sus deseos egoístas y no para ser una función de la cual se benefician otros socios. Ello es debido a que entre sujetos siempre surgen afectos.

Muchos empresarios rivalizan de un modo inconsciente entre ellos y puede conducirles a un estado de agresividad donde alguno tiene que desaparecer. Al final, las discrepancias que muchas veces, esconden fantasías de enriquecimiento individuales, les acabará separando.

Podríamos decir, que lo difícil entre empresarios es establecer un pacto, donde el pacto es el que los va a llevar a una mejora económica.

Las tramas afectivas inconscientes suelen ser junto con la intolerancia al éxito, las causas más frecuentes que perturban el desarrollo y el buen funcionamiento empresarial .

Vamos a realizar un acercamiento a la problemática que habitualmente surge en las denominadas " empresas familiares ". Esta clase de empresa habitualmente ha sido creada por el patriarca familiar y la dirección actual de la misma puede estar llevaba a cabo por dicha figura o por sus herederos directos. Otra variante es cuando varios miembros de una misma familia (hermanos y cuñados) deciden crear una empresa familiar cuya seguridad inicial está sostenida por los lazos sanguíneos, los cuales, con el tiempo suelen ser la causa principal del desarrollo de tormentas afectivas.

Cuando la relación padre-hijo funciona cordialmente, el desarrollo de la empresa sigue una curva ascendente, sin embargo cuando hay discrepancias afectivas, el negocio familiar se resiente en una proporción directa al grado de conflicto afectivo existente.

Si llevamos a cabo un estudio psicoanalítico de esta cuestión, podemos encontrar similitudes entre la relación afectiva que un hijo adulto tiene con su padre y la relación afectiva que el mismo hijo tenía con el mismo padre en su más tierna infancia .

Un padre nunca es bien visto por su hijo porque se le considera el interruptor del goce primitivo con la madre. Cuando la hostilidad hacia el padre es manifiesta, son frecuentes los estados físicos o verbales de agresividad. En su grado extremo le conducen al deseo de muerte de la figura paterna.

Hay deseos inconscientes que perduran y acompañan toda la vida al individuo y cuando la resolución edípica no se ha producido en términos civilizados el deseo hostil del hijo hacia el padre le puede llevar a un desplazamiento de su agresividad inconsciente no hacia su figura física pero sí hacia cualquier construcción real o simbólica que tenga que ver con el padre.

Una empresa creada por un padre es un blanco fácil para un hijo con mala resolución edípica. Y la manera de hacer fracasar al padre es fracasando él o haciendo fracasar la empresa paterna.

El Departamento de Formación Empresarial Superior de la Escuela Grupo Cero está desarrollando el Curso Teoría de la Personalidad Aplicada a lo Laboral y a la Venta . En el curso se despliegan una serie de conceptos que son de vital importancia para las empresas hoy en día.

El curso se divide en dos partes, teoría de la personalidad aplicada a lo laboral, al trabajador y la segunda parte, teoría de la personalidad aplicada a la venta.
Se dicen cosas muy interesantes, es la primera vez que escuchamos decir que los afectos influyen a la hora de realizar un trabajo . Existen deseos inconscientes en cada persona y en ocasiones su satisfacción no tiene que ver con la realización de la tarea que toca desempeñar en ese momento.

Para algunos trabajadores son más importantes las necesidades afectivas que las económicas. Hay quienes a la hora de trabajar prefieren satisfacer su deseo de fastidiar a sus compañeros, en lugar de ganar dinero. Esta necesidad es más importante que la propia actividad laboral.

Lo primero que hay que hacer es identificar a este tipo de trabajadores y mostrarles sus intenciones. Si son capaces de reconocer de alguna manera que les pasa eso, habrá un porcentaje alto de trabajadores que puedan rectificar. Si niegan que eso les pasa, es grave, porque negar una realidad es padecerla.

Cuando en una empresa sus trabajadores no funcionan, por uno u otro motivo, lo que hay que hacer es llamar al especialista para que valore lo que ocurre. La Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero tiene una larga experiencia en la supervisión de empresas. En breves periódos de tiempo se logran importantes beneficios para las empresas.

Los sentimientos y los afectos, tanto en la vida laboral como en la personal, en ocasiones, interrumpen las relaciones. Por tanto para prevenir llegar a extremos, la recomendación es que se psicoanalicen .

 

COSAS DE CAMA

Todavía, hablar de sexualidad produce inquietud, nerviosismo, vergüenza. Aún no tenemos una actitud abierta ante estos temas que, por otra parte, a todos nos afectan.
Cada vez acuden más parejas a nuestras consultas, la mayoría de ellas dicen que ya no se aman o desean como al principio, como cuando eran novios. Es como si el tiempo desgastara la relación o se perdiera el deseo sexual hacia la pareja.
Los problemas sexuales comienzan cuando falla la comunicación, cuando deja de habar palabras. Para que haya una buena sexualidad en la pareja tiene que haber armonía. A estos problemas, se va sumando una tensión emocional que va en aumento. Esta problemática relacional donde primero se refleja es en la pérdida del interés en las relaciones sexuales. En este ambiente, es frecuente observar a hombres y mujeres que castigan a sus parejas retirándoles las relaciones sexuales, el cariño, las atenciones, los besos…
Está claro entonces que lo sexual en una pareja es el reflejo de la dinámica de la relación. El tiempo no desgasta el deseo sexual, sino que la relación misma va evolucionando con el tiempo, por lo tanto, el deseo y el amor también van a sufrir una evolución. Al principio de una pareja el sexo suele darse de continuo, a todas horas, es la novedad. Conforme pasa el tiempo, se vuelve algo más de la vida cotidiana.
El deseo no es sólo de carácter sexual. Es todo aquello que nos proporciona algún tipo de satisfacción y placer. Es lo que hace que las personas se muevan, tomen decisiones. Dentro de ese deseo se haya el deseo sexual propiamente dicho. Diríamos que hay deseos que satisfacen más que una buena relación sexual.
En este sentido, no es que desaparezca el deseo en la pareja, sino que el deseo se pone en otras cosas. Con el paso del tiempo la energía de los deseos se ha puesto en otros elementos. Está claro sin embargo, que si no hacemos nada para estimular o despertar el deseo de nuestra pareja, ni atracción sexual ni interés mostrará hacia nosotros. Las relaciones hay que cuidarlas cada día, la sexualidad es un elemento más del vínculo entre esas personas.
En muchas ocasiones es la vergüenza nos impide hacer cómplice al otro de nuestros deseos. No hay dos personas que gocen de la misma manera. En este sentido, para que haya buenas relaciones sexuales tiene que producirse una complicidad entre ambos.
Hay mujeres que obtienen más placer con los actos preliminares a la penetración, si su pareja no toma conciencia de ese detalle, con toda seguridad su pareja acabará teniendo problemas. Debemos poner atención en los gustos del otro. Sólo aceptando que somos diferentes podrá haber entendimiento y placer mutuo. Si cada uno va a su aire, lo más normal es que alguno quede insatisfecho.
Históricamente encontramos casos de hombres y mujeres que buscan fuera de sus parejas el tipo de relación sexual o actos que les hacen gozar, porque con sus parejas no se atreven a realizarlo. Un aprendizaje muy importante es saber que una persona puede asumir diversas funciones, madre, mujer, amante, trabajadora, compañera… En cada situación tenemos que mostrarnos distintos, por ello en la sexualidad tenemos que dejar al margen ciertas cuestiones morales, pues sólo sirven para inhibir.
Para llevarnos bien con los demás, primero tenemos que llevarnos bien con nosotros mismos. Por ello, tenemos que ser más tolerantes con nuestra manera de gozar. La sexualidad no es más que nuestra forma de relacionarnos con el mundo para la obtención de placer. Una sexualidad ampliada, más social que genital, permitirá al individuo un amplio abanico de satisfacciones, puesto que no siempre lo inmediato y rápido es lo más placentero. Hacer el amor con las palabras es lo propiamente humano.

 

EL TABÚ DE LA VIRGINIDAD

Ante todo hay que diferenciar qué se entiende por virginidad culturalmente y qué fisiológicamente.

Culturalmente, la primera vez que se mantienen relaciones coitales se considera que es el momento de la pérdida de la virginidad, otorgándole un valor a este hecho que en ocasiones no se corresponde con las expectativas creadas.

Fisiológicamente , un himen intacto no es prueba de virginidad ni la ausencia del mismo es la prueba de desvirgamiento. El himen, una fina membrana elástica que cubre la abertura de la vagina, se puede romper sin darse cuenta, por exploraciones ginecológicas, por la introducción de un tampón, por ejercicios físicos, etc.

La penetración vaginal no es el único responsable de su pérdida , hay mujeres que nacen sin himen y otras que tras diversas relaciones con penetración vaginal pueden mantenerlo intacto.

En todo caso su pérdida, sea cual sea la causa, no tiene por qué resultar dolorosa . El miedo, la atención, la falta de relajación o el terror a quedarse embarazada, son las causas principales del dolor en las primeras relaciones sexuales con penetración.

Todo lo nuevo produce angustia, por desconocido. La pérdida de la virginidad también. El primer acto sexual es un acto inquietante, tanto más cuanto que provoca efusión de sangre.

Históricamente, e l tabú de la virginidad está estrechamente ligado con una cantidad innumerable de tabúes alrededor de la sexualidad femenina. Los pueblos primitivos desarrollaban rituales para la pérdida de la virginidad de la mujer. Parece como si ese acto constituyera un peligro, por ello evitaban que el futuro marido fuera el que lo realizase .

Este temor se basa quizá en que la mujer es muy diferente del hombre , mostrándose siempre incomprensible, enigmática, singular.

Frecuentemente el primer acto sexual supone un desengaño para la mujer, que permanece insatisfecha y precisa de algún tiempo y de la repetición del acto sexual para llegar a encontrar en él plena satisfacción.

La mujer presenta una hostilidad hacia el hombre, en tanto se considera inferiormente dotada, esta hostilidad se halla pues presente en las relaciones entre los dos sexos. Justamente en el desfloramiento se acrecienta esa hostilidad puesto que la pérdida de la virginidad supone para la mujer una ofensa narcisista, en tanto que se produce una disminución de su valor sexual . No debemos olvidar que aún hoy la sociedad sigue calificando de libertina a la mujer que practica una vida sexual activa sin tener pareja estable.

En grados superiores de cultura, la virginidad es considerada como una dote, a la cual no debe renunciar el hombre. Pero analizando las perturbaciones de lasa relaciones duraderas y del matrimoniol seguimos observando los motivos que impulsan a la mujer a tomar venganza de su desfloramiento.

Junto a esta hostilidad, se establece en la mujer una servidumbre sexual con el hombre que la inició en la actividad sexual. Es más frecuente en mujeres que en hombres. En el caso masculino se da ante una determinada mujer que logra resolverle su impotencia .

Resulta pues muy curioso la situación psicológica que la pérdida de la virginidad genera en la mujer, por un lado despierta su hostilidad hacia el hombre que la inició en el comercio sexual y por otro se desarrolla una intensa servidumbre sexual hacia él.

Observamos muchas relaciones o matrimonios que se prolongan en el tiempo pese a una vida conyugal instatisfactoria. Podemos decir que las segundas relaciones suelen ser más satisfactorias que las primeras. Justamente porque a veces la mujer permanece unida a su pareja para vengarse por la pérdida que el otro le hizo padecer. Es extraordinario el número de casos en los que la mujer permanece frígida en un primer matrimonio y se considera desgraciada, y, en cambio, disuelto este primer matrimonio, ama tiernamente y hace feliz al segundo marido.

Por eso recomendamos que si la joven o mujer quiere demasiado a su pareja le evite el mal de hacerle sujeto del desfloramiento.

 

LA MASTURBACIÓN

La vida sexual humana es muy compleja y no sólo se corresponde a lo corrientemente admitido. El descubrimiento del Psicoanálisis muestra la genitalidad no como algo exclusivo de los adultos . La sexualidad es inherente a lo humano y gozan de ella todas las edades. La sexualidad de la que habla el psicoanálisis está relacionada con la constitución del sujeto psíquico.

Las diferencias principales en las diferentes edades, se refieren tan sólo al procedimiento empleado para alcanzar la satisfacción. En un primer lugar será la zona bocal, posteriormente la anal, para más tarde alcanzar su primacía la zona genital.

La masturbación corresponde esencialmente a la actividad sexual infantil y luego su perpetuación en años de mayor madurez. Podemos destacar tres tipos de masturbación que acontecen en el proceso evolutivo humano:

-Masturbación del lactante.

-Masturbación infantil, fijada ya a determinadas zonas erógenas.

-Masturbación puberal, donde ya aparece el objeto sexual exterior.

La masturbación aún hoy sigue siendo un tema polémico que suscita culpas, temores y censura. Pero no debemos olvidar que es una parte muy importante de la sexualidad del ser humano.

El origen del término proviene del latín y significa "procurarse solitariamente goce sexual".

En el siglo XVIII ,los médicos consideraban que era perjudicial para la salud, imaginando que podría producir locura.

Desde la sexología la masturbación no es una conducta obligatoria, pero suele ser beneficiosa como fuente de conocimiento del propio cuerpo y de aprendizaje del placer.

Las fantasías suelen ser un elemento que acompaña a la masturbación, fundamentalmente a partir de la pubertad, jugando un importante papel en la excitabilidad.

Asimismo, es destacable el sentimiento de culpabilidad que suele acompañar a este tipo de conductas.

Se pueden derivar varios daños de la masturbación, pero no se tienen que presentar necesariamente:

•  Por un lado, un daño orgánico si la frecuencia de la misma es desmesurada o si produce una insuficiente satisfacción.

•  Si se establece un prototipo psíquico de satisfacción que inhiba la conducta real del individuo.

•  Por otro lado, la fijación a fines sexuales infantiles, predispone a la neurosis. La salud se deriva de la renuncia a los deseos sexuales infantiles.

Puede producir cierta atenuación de la potencia sexual masculina que culturalmente tiene una valiosa función, pues facilita la moderación y la desviación a otros intereses.

A partir del informe Kinsey de 1950, se descubre la generalidad de la práctica de la masturbación. Posiblemente hasta ese momento la moral hizo creer que era una práctica poco difundida.

Desde el Psicoanálisis reconocemos que no sólo es masturbación la realizada sobre los genitales, sino como ya dijimos, todo lo que está tocado por la palabra es sexual para el ser humano, por lo tanto, múltiples son las formas de placer.

Observamos que en muchas patologías los síntomas son sustitutivos de la masturbación.

Los padres y profesores son las principales figuras, herederas sociales, que se encargan de la represión de la masturbación, represión por una parte necesaria, en el sentido de que no tiene que ser un acto público, como a veces manifiesta el niño. Pero represión que, en ocasiones, se extiende también a las conductas privadas de la persona.

Existen ciertos mitos acerca de la masturbación:

* Es un sustituto del coito.

* Es algo compulsivo. Una vez que uno empieza ya no puede detenerse.

* El deseo de masturbarse desaparece cuando uno forma pareja.

* Es perniciosa física/emocional/mentalmente.

* Los orgasmos que uno experimenta al masturbarse son inferiores a los que procura el acto sexual.

* La masturbación es algo privado, para hacer en soledad, para no compartir.

* Sólo se masturba la gente solitaria, aislada o inadecuada.

No nos dejemos engaos engañar por los mitos y desarrollemos una sexualidad más abierta, donde sean las palabras las que marquen la dirección del placer.

 

 

HIPOCRESÍA

La “hipocresía social” no es ninguna patología, sino una cualidad que nos inculca la propia sociedad en la que vivimos. Hablar claro muchas veces está mal visto, siendo mejor considerado decir lo que los demás esperan escuchar. Los seres humanos somos muy complejos. Desde que Freud diferencia conciente e inconsciente, manifestar directamente los verdaderos deseos parece un imposible.

Podemos estar enamorados de dos personas a la vez, odiar y apreciar a a un mismo individuo. Cada día pensamos una cosa y hacemos otra bien distinta. Unas veces actuamos así por no hacer daño a los demás, otras por pura conveniencia, por comodidad.

Parece que es mejor visto y más sensato “maquillar” nuestro comportamiento, adecuarlo al contexto, ocultar nuestros verdaderos sentimientos, moderarnos en nuestras respuestas o amordazar nuestra espontaneidad en aras de una supuesta convivencia armoniosa. Pero eso no siempre se traduce en mayor felicidad y bienestar.

A veces desconocemos lo que realmente sentimos, nos dejamos engañar por nosotros mismos. ¿Es tan fácil conocerse? Yo diría que no. Sin psicoanálisis no podemos conocer los verdaderos deseos que determinan nuestros comportamientos. Hay que tener en cuenta que todo lo que decimos o hacemos es para algo o para alguien, es algo que escapa a nuestro control.

¿Por qué fracasamos si decíamos que anhelábamos el triunfo? ¿Si tanto te quiero por qué acabo discutiendo siempre contigo? ¿Por qué cada vez que voy a trabajar me encuentro mal? Tantas y tantas cuestiones que podemos hacernos cuyas respuestas tenemos que producir.

Parece que ser hipócrita no es el mejor consejo, puede tener buenos resultados sociales, pero a la larga es un comportamiento que “huele”. Una persona verdadera genera más confianza y es más fiable que otra que te dice sólo lo que quieres escuchar.

Incluso a veces uno se engaña a sí mismo, se ve rodeado de gente, tiene éxito, pero no puede decir lo que piensa, no puede ser sincero ni consigo mismo. No saborea el placer de ser escuchado de verdad.

Crear nuestra propia personalidad, estar a gusto con ella y consolidarla ante los demás forma parte de nuestro aprendizaje para la vida. Vivimos en el mundo de la imagen, la moda, los prototipos, parece que para ser alguien tienes que “parecerte a”, “formar parte de”, lo que el psicoanálisis nos muestra es que un ser humano “solo” no existe, indudablemente se identifica con personas e ideas, pero no necesariamente la identificación tiene que ser sinónimo de copia. De lo que se trata es de ser nosotros mismos teniendo gustos, compromisos. Freud decía, si dos personas dicen que piensan igual, una de ellas se está sometiendo a la otra.

El primer paso para ser aceptado y bien considerado, es aceptándose y considerándose a sí mismo. La autoestima aumenta si uno está a gusto con lo que hace, poniendo amor en las cosas y personas con las que uno se relaciona. La autoestima no es verse guapo en el espejo, es ver que tu vida funciona.

Es muy frecuente en amigos, familiares, parejas que no se conozcan, aunque convivan durante años. Esto ocurre porque no nos damos la libertad de hablar de nuestros pensamientos, de mostrarnos tal como somos. Yo digo: si no te gusta como eres o no te va bien con tu forma de ser, aprende, cambia, crece, pero no te escondas. El ser humano no nace hecho, se hace. Hasta el día de nuestra muerte podemos aprender, debemos aprender. Vivimos en un mundo social donde tenemos que tener en consideración nuestros deseos y el del otro.

 

SOLTERÍA 

En otras ocasiones hemos hablado de situaciones propias de relaciones de pareja, pero no todo el mundo está emparejado. Podemos decir incluso, que cada día es más frecuente tomar la soltería como una opción.

Muchas son las empresas que se frotan las manos con el negocio que suponen estas personas, con un mayor poder adquisitivo que gustan de disfrutar su tiempo libre. Ahora se llaman “singles”, pero aún hay quienes siguen llamándolos “solterones”.

Estado pasajero o no, el tiempo de soltería no ha de tomarse como una etapa poco interesante. El entablar diferentes relaciones, el viajar, el salir o no salir cuando se quiera, el no tener que dar explicaciones, disfrutar más de los amigos, cambiar de ciudad o apuntarse a aquello para lo que nunca se veía la hora…, son algunas de las cosas que pueden hacerse.

Está claro que solo o en pareja uno tiene que estar a gusto consigo mismo. Es habitual fantasear que cuando uno esté emparejado las cosas serán mejores, podrá hacer cosas diferentes que no se atreve a realizar por sí mismo. Desgraciadamente, también es frecuente que se quede en mera fantasía. No puedo esperar que otros hagan por mi lo que yo no soy capaz de hacer. Cada momento es bueno para desarrollar nuestra independencia y autosuficiencia, lo que llevará a un aumento de nuestra autoestima.

No hay que tener miedo de estar solo/a, porque para el Psicoanálisis estar solo y sentirse solo son cosas diferentes. Uno puede sentirse solo rodeado de gente y tiene que ver más bien con la elaboración de un plan solitario, es decir, con alguna tendencia agresiva. Estar solo es otra cosa, puedo estar solo en casa, trabajar solo, pero saber que estoy rodeado de personas, sentirme arropado, con compañeros de vida. En esta situación no tiene por qué invadirnos ninguna tristeza y hasta para la realización de ciertas actividades es recomendable.

La única soledad que existe es ante la muerte, porque está claro que nos morimos de uno en uno. Hay veces que no se puede pedir compañía, porque nadie puede vivir las mismas sensaciones que tú. Darte cuenta de que estás solo, es darte cuenta de que eres mortal.

A pesar de todas las ventajas que puede tener estar soltero/a, no tener pareja sigue siendo una situación que tiene colgado su “San Benito”. Siempre te hacen la típica pregunta: “ A ver cuándo te echas novia” “ Te vas a quedar para vestir santos” “No sé qué hacer con este hijo mío, hasta que no tenga novia no me quedo tranquila”…

La moral cultural sigue esperando de nosotros que nos organicemos de esta forma que no busca otra cosa que la procreación de un estilo de sociedad, así como la reproducción de la especie, claro. Este sistema donde nos quieren imponer a todos una manera de vivir no tiene por qué ser la mejor forma para todos. Ya lo dijo Freud, cada ser humano tiene una forma de gozar diferente, por tanto cuando le imponen un único modo, sólo generan enfermedad.

Cada persona tiene que producir su felicidad, a veces en pareja, otras solo. Lo ideal no existe. Seamos terrenales. Ya hablamos de la masturbación como primer modelo de sexualidad. Nuestras tendencias buscan el placer y una vez que lo alcanzamos, nos cuesta muchísimo renunciar a él. La persona que no tiene pareja no tiene por qué renunciar a su sexualidad, es más, nadie puede renunciar a ella, cuando lo hace se enferma. Existe la masturbación, el arte, la escritura, y también existen multitud de personas interesantes por conocer y que pueden aportarnos infinitud de satisfacciones, sin que tengamos que hacerlas eternas.

Una persona tiene que tener más deseos en la vida además de tener pareja, porque si este fuese su único deseo Freud nos diría que en realidad lo que persigue es una idea de completud.

Para compartir la vida con alguien es preciso haber aprendido a habitar correctamente nuestra soledad. Si nuestra dependencia emocional del otro es demasiado alta y no sabemos estar a solas en ningún momento, es posible que también tengamos más conflictos con la pareja.

Hasta hace pocos años era muy raro encontrar parejas cuyos miembros vivieran cada uno en su casa. Ahora, es posible. Convivir con otro implica la puesta en marcha de numerosos y continuos acuerdos. Vivir cada uno en su casa constituye una forma de alternar la vida conyugal con la vida de soltero.

Vemos por tanto que lo importante es sentirse bien con la situación que uno haya sido capaz de producir. Porque la salud es en el momento adecuado con la persona adecuada. Porque nunca estamos solos y porque convivir implica la tolerancia y el respeto, hacia nosotros mismos y hacia los demás.

 

LA VUELTA A CLASE  

Cuando llega septiembre no sólo llega el final de las vacaciones para los mayores sino que los más jóvenes también se preparan para empezar un nuevo curso. Cada año se repiten situaciones similares, las quejas por los gastos escolares, los nervios la noche antes al comienzo escolar, las preocupaciones por la elección de estudios, etc.

Muchos jóvenes y niños pueden encajar mal el regreso a lo cotidiano, otros sin embargo están deseosos de volver a ver a sus compañeros de clase y contarles cómo le han ido las vacaciones.

Desde muy pronto en la vida de un niño la escuela convierte en un lugar casi tan importante como su propia casa. Pasan una gran parte de su vida, viven importantes experiencias, conocen a sus primeros amigos y el profesor pasa a adoptar un papel, a veces tan importante como el de los padres.

En el caso de los más pequeños, está claro que su primera incursión en la escuela será un paso muy importante en su vida. En su adaptación tiene mucho que ver la dependencia emocional a sus progenitores.

Por ello u na de las recomendaciones que solemos hacer a los padres, sobre todo a las madres, es que trabajen o vuelvan al trabajo tras el nacimiento de los hijos, en el sentido de evitar una excesiva dependencia madre-hijo. En muchas ocasiones la dificultad del niño para ir a la escuela es la muestra de la dificultad que tiene la madre de separarse del niño. Es bastante frecuente que ante problemas en el infante, sean los padres los que reciban tratamiento psicoanalítico.

En la escuela los niños son uno más entre compañeros, no hay privilegios, no está la madre protectora satisfaciendo sus caprichos. Representa el primer paso de entrada a la sociedad, con sus normas, límites, que nos obligan a abandonar ciertas tendencias personales a favor de una convivencia social más adecuada.

La vuelta al colegio no supone lo mismo para el joven o niño que disfruta en el centro educativo que para el que lo percibe como un alejamiento de su entorno familiar o de sus fantasías.

Tampoco significa lo mismo para el profesor con vocación de maestro, que adora a los niños, que para el que tiene problemas personales y duda sobre la eficacia de su trabajo.

Y e n el caso de los padres tampoco es lo mismo para los que entienden la escuela como medio de crecimiento de sus hijos, que para aquellos que la conciben como poco más que una manera de quitarse a los hijos de en medio.

Después de las vacaciones, donde no había horarios ni prisas para ir a la cama, con todo el día para el ocio, se hace algo cuesta arriba volver a la rutina diaria. Todo esto va a suponer una adaptación, que para algunos será más complicada que para otros. Esto tiene que ver con que hay personas a las que les cuesta más aceptar los cambios, se aferran al pasado, son fantasiosos. Todos recordamos la frase “cualquier época pasada fue mejor”, pues hay personas que viven así y, claro, de esta forma todo cambio, todo lo nuevo es un drama.

La actitud de los padres y el comportamiento de los profesores son fundamentales para una correcta adaptación del niño al colegio. Es muy importante que le transmitan seguridad y tranquilidad. No hay que olvidar que en un principio los niños viven en el inconsciente sus padres, es decir, en la ideología que ellos le transmiten.

El miedo fundamental no es el de ir a la escuela, sino el de dejar el hogar y separarse de la familia. Tampoco podemos olvidar que la educación, sobre todo en niveles superiores, está muy relacionada con el terreno laboral, es decir, con la elección de profesión y la preparación para afrontar la etapa adulta.

Encontramos frecuentemente el fracaso y crisis de crecimiento en jóvenes cuando tienen que dar algún paso en su formación, muchas veces tiene que ver con esa dificultad de alejarse de la familia, que antes comentábamos. El crecimiento, el éxito, en muchas ocasiones acarrea alejarse de las ideas que nos ha transmitido la familia, incluso alcanzar posiciones sociales superiores a la de los progenitores. Como vemos, puede ser un paradigma para el psiquismo del joven, cuyo mundo debería comenzar a alejarse del hermetismo familiar.

Las sensaciones que perciben los niños ante la vuelta al colegio no son debidas al azar, manifiestan su forma de relacionarse con el mundo. Como ya dijimos antes, depende en gran medida de lo que sus padres le hayan transmitido. En muchas ocasiones son los propios padres los que establecen unas relaciones familiares herméticas y cualquier apertura al mundo es vivida como un drama.

Vamos a darles algunos consejos para ayudar a los jóvenes a volver a clase de forma saludable :

Hay que transmitirles la alegría que supone ir a la escuela. Aprender, conocer nuevos compañeros, tener cierta independencia, desarrollar sus propios gustos.

No hay que criticar los costes de los libros y material escolar. No nos damos cuenta de que continuamente nos quejamos de ello, pero el niño vive cómo somos capaces de gastarnos dinero en otras cosas: videojuegos, ropa de marca, restaurantes, viajes, etc. Con esta actitud estamos realizando una crítica a la educación de nuestros hijos.

Es recomendable participar activamente en la educación de nuestros hijos, ayudarles a hacer los deberes, preguntarles cómo ha sido el día escolar.

Por supuesto, es importante m antener una buena relación con el profesorado. Frecuentemente observamos conflictos en este sentido y de esta forma estamos “echando tierra encima” a la educación de nuestro propio hijo.

No hay que olvidarse tampoco, de que e n el colegio la autoridad la representa el profesor. El niño ha de saberlo, y los padres no deben discutir este principio.

Les deseamos a los más jóvenes una feliz vuelta a clase y muchas felicidades para aquellos que inician este año su andadura en la escuela, instituto o universidad. Que disfruten del bello camino que es aprender.

 

UN TRATAMIENTO POSIBLE  

Con cuanta frecuencia veo los ejemplos de los distintos modos que tiene el ser humano de comunicarse. Voy sumando años de práctica profesional, así como de psicoanálisis personal, lo que me va permitiendo una mayor tolerancia y una mayor comprensión de los fenómenos psíquicos. Me doy cuenta ahora de tantas cosas, que no puedo sino pensar que desde un principio también pudieron acontecer.

Muchas personas que se relacionan de algún modo con un psicoanalista, como representante de este campo que es el Psicoanálisis, manifiestan de distintos modos su deseo de psicoanalizarse. ¡Si ellos lo supieran! La propia naturaleza del deseo inconsciente hace que éste no sea accesible a la conciencia del individuo, sólo puede hacerlo a través de la negación. Otras formas como los síntomas, los lapsus, los sueños, nos muestran la existencia de tales deseos, que siempre buscan su expresión.

No es afán del psicoanalista convencer a nadie, ni tener a media humanidad en su diván. Es un profesional que realiza su trabajo y atiende a todo aquel que se lo solicita. Pero claro, interpreta aquellas demandas inconscientes, ocultas a ojos de un lego en la materia, pero obvias cuando sabemos que todos deseamos ser escuchados.

Esta ciencia cada día conquista más nuestra cultura, aunque aún le queda mucho camino por recorrer. Aún hoy resulta “raro” acudir al psicoanalista, pareciera que hay que estar estropeado y uno va al “mecánico” para repararse. Nada más lejos de la realidad. La salud no existe como tal, hay que producirla. Todo humano, sujeto del lenguaje, podría ser paciente de psicoanálisis, aunque se tiene que dar la condición de desearlo. No se puede obligar a nadie a psicoanalizarse.

El tratamiento psicoanalítico produce un nuevo sujeto, que no necesita enfermarse para hablar, que produce nuevas formas de gozar que no necesitan de los síntomas. Un ser civilizado, humano, que reconoce lo que de humano hay en él. Quién esté libre de culpa que tire la primera piedra.

Me pregunto, ¿sigue siendo necesario, después de esto, deprimirse, sufrir un infarto, generar una úlcera, lesionarse…? Deseemos el camino radiante al que nos llevan las palabras .

Lo más caro en esta vida es la enfermedad y la tontería.

Su tratamiento es posible, ¿cuándo le doy hora?

 

LA JUVENTUD ESTABA EN MÍ

No deja una de aprender cada día. Quién me iba a decir que ahora sería más joven que antes. Que mi vida iría hacia la plenitud a medida que avanzan los años. Que cada día desearía más estar viva. Aquello que empezó siendo un desahogo, se ha convertido en mi profesión y en mi mayor placer.

Con 16 años fui por primera vez a la consulta de un psicoanalista, aún no sabía la diferencia con respecto a un psicólogo, eso lo aprendería más tarde cuando me licencié en Psicología. Mi cabeza estaba llena de ideas e insatisfacción. La vida no me gustaba tal y como estaba planteada. Con mi hacer en estos años he aprendido tantas cosas, entre ellas, saber elegir. Nunca me engañarán con esa idea de que da igual una cosa u otra. Cada decisión te lleva a un camino distinto. Los cambios más revolucionarios son aquellos en los que sólo se modifica un pequeño detalle.

La vida es decidir y una de las decisiones fundamentales considero que es elegir el camino de la salud y el trabajo. Soy muy joven aún en el campo del Psicoanálisis, pero no dejo de aprender cosas, entre ellas, que psicoanalizarse supone el restablecimiento de la capacidad de amar y trabajar de una persona, me atrevería a decir que incluso se trata del “establecimiento de esas capacidades”. No es tan difícil elegir la salud, pero han de saber que tiene el coste de ser civilizado, de trabajar para conseguir resultados, de no elegir los caminos fáciles del placer. En el momento adecuado y con la persona adecuada. Aprender renunciar al placer inmediato, para obtener otro elaborado y superior.

A diario en mi práctica laboral soy testigo de la resistencia que muestran las personas a este estado de salud. Está claro que muchas vencen su “enemigo interior” y conquistan para sí su lugar en el mundo, lugar hecho de palabras, donde los deseos inconscientes tienen su lugar. Otros, sin embargo, se dejan llevar por excusas, límites morales o simple vagancia. ¿Para qué ser sano, si enfermo o estúpido puedo fastidiar a tanta gente?

Ser responsable de los sucesos que acontecen en tu vida es una de las cosas más importantes que he aprendido, y que me ha permitido hablar libremente de mis deseos y ambiciones. Sé que si lo deseo, puedo lograrlo. Por supuesto, con trabajo. La magia, señores y señoras, no existe. Confío en mí, en tanto no voy a dejar de psicoanalizarme, no sólo por mis pacientes, sino por mí misma, por mi futuro. Con la confianza de que si uno pudo, yo también puedo, saludo al futuro con alegría.

 

ESTOY MALA-YA

Ya quiera para mi la publicidad que le están dando a estos “políticos de pacotilla” del caso Malaya. Día a día en los medios de comunicación todos somos testigos de este Falcon Crest. Si reiterar es educar, nos están enseñando a ser unos ladrones, a conseguir a través del engaño y la estafa uno o varios chalés y coches de lujo, cómo dejar al pueblo en la ruina mientras te duchas frente a un Miró.

Si en lugar de esas noticias apareciera cada día un poema en portada, un artículo de psicoanálisis o consejos de vida saludable, tal vez nos educaríamos en estas cuestiones. Yo que soy psicoanalista me educo rodeada de libros, poemas, personas, ideas de responsabilidad y crecimiento. Ya me gustaría que muchas otras personas tomaran su propio camino hacia la salud y la honradez.

A pesar de lo que creemos, muchos son los ejemplos de personas que con su trabajo, han conseguido vidas maravillosas donde no falta el dinero y las comodidades. El dinero tampoco sirve de mucho si no sabemos utilizarlo. Sólo un neurótico robaría y se dejaría atrapar.

Recomiendo a los políticos marbellíes y a los políticos en general, a los ladrones y a los que tengan tentación de serlo, que se psicoanalicen para analizar su sentimiento de culpabilidad inconsciente. Asimismo, aconsejo a periodistas y policías que acudan también a un psicoanalista, hay que tener cuidado de no admirar a los delincuentes.

Con estos consejos y la reivindicación de que los diarios presten más atención a la salud, la cultura, el arte, me despido hasta próxima ocasión.

 

DECÁLOGO DEL BUEN DIVORCIO

Málaga está por encima de la media nacional en lo que a divorcios de mutuo acuerdo se refiere. La Junta de Andalucía ha presentado hoy el 'Decálogo del buen divorcio', iniciativa pionera en España. La idea: que la separación sea lo menos perjudicial para la familia.

Todos somos conscientes de la realidad de estos datos, p arece que no estamos en la era del matrimonio. Cada vez se hace más difícil afrontar la convivencia y más fácil acabar con ella. Convivir es la verdadera prueba de fuego, donde se demuestra si verdaderamente nos amamos y nos respetamos.

Hemos pasado de relaciones casi eternas en las que la separación iba en contra de la moral imperante, a otras en las que se toma el camino fácil de terminar la relación y emprender un nuevo camino por separado. Nadie aguanta a nadie.

No hay una situación ideal generalizable. Cada uno de nosotros debe trazar su propia andadura, no hay dos personas iguales, pero lo que sí es cierto es que si nos educáramos mejor, nuestras relaciones humanas podrían ser diferentes.

Recuerdo que en uno de los congresos de Psicoanálisis a los que he asistido se hablaba de que la patología de fin de siglo es la intolerancia hacia las personas. El Psicoanálisis ha develado el narcisismo de las relaciones, nos buscamos en el otro, es decir, nos gusta de los demás aquello que nos recuerda a nosotros mismos. Parece que resulta complejo amar del otro lo que es diferente a nosotros mismos. El verdadero amor se define justo por eso, tolerar lo que en el otro es diferente. El amor es “amor a las diferencias”.

El amor romántico al que aún hoy muchas personas aspiran, ofrece una utopía y condena irremediablemente al fracaso a quien lo persigue. Es un tipo de amor que se corresponde al período de enamoramiento, de idealización, donde todo parece perfecto y donde se tiene la sensación de que el mundo gira en torno a la pareja. Sabemos que este periodo es efímero, debe serlo, pues aleja al enamorado de la realidad.

Muchas veces, amar al otro implica, justamente, romper la relación de pareja. Esto previene muchas situaciones graves que pueden desembocar en maltrato. Terminar las cosas a tiempo es un criterio de salud. No debemos entender entonces, que toda ruptura amorosa es un fracaso, nada es eterno. Todo fin supone un nuevo comienzo. Si aprendemos de la experiencia y miramos el futuro con optimismo estaremos aprendiendo algo del amor, porque amar no es a una sola persona, sino amar la vida, amar crecer, aprender, trabajar.

Juntos o separados, no hay que olvidar que una pareja son dos personas, con psiquismos diferentes. Este es el primer paso para una convivencia o una separación más civilizada. Nadie nos pertenece, ni siquiera los hijos.

 

NUEVO NO, GRACIAS

Sí, doctor, quiero cambiar, que la vida me vaya mejor y ser más feliz. Frases hechas que, sin embargo, cuesta hacer realidad. El Psicoanálisis ha puesto sobre la mesa que el ser humano se resiste a cambiar, hay en él una resistencia inconsciente a cualquier beneficio que pueda suponerle el cambio.

En este sentido, vemos cada día en nuestras consultas de psicoanálisis cómo a los pacientes les cuesta hacer eso que dicen querer, ser más sanos, más responsables, más felices. Es más fácil ser idéntico a sí mismo, mantener las ideas viejas y oxidadas. Una de las tareas fundamentales del tratamiento será esa, permitir que el paciente produzca otras formas de satisfacción, renunciando a lo que tan nefasto ha sido para él.

Imaginémonos que nos paramos en una autopista, en medio de la vía, ¡qué locura, verdad!, pues eso mismo queremos hacer nosotros, detener el curso natural de las cosas, porque todos sabemos que la vida es puro movimiento. Desde el momento en el que fuimos engendrados nuestro ser no ha cesado de modificarse.

Es muy curiosa la facilidad con la que tendemos a identificarnos con un ser. “Yo soy así”, “esta es mi personalidad”, “si no te gusta, esto es lo que hay”. Como si nuestro nombre y apellidos marcaran esa imagen inalterable a lo largo de la vida. Esto mismo nos ocurre también con lo que nos rodea. Las circunstancias sociales e históricas están en continua modificación, sin embargo, pensamos que han sido siempre así y deberían serlo. No hay más que leer los diarios para comprobar nuestra intolerancia, la inmigración ¿un problema actual? o ¿un fenómeno propio de la humanidad?. Los antropólogos podrían decirnos que el ser humano se ha caracterizado siempre por la búsqueda de nuevos territorios y realidades, por un ansia de conquista y expansión. Nos parece ahora, sin embargo, que los inmigrantes vienen a quitarnos lo que es nuestro.

Todos reaccionamos con recelo a ese nuevo edificio que construyen cerca, a la línea de metro o tranvía que dicen que cambiará nuestro estilo de vida o cuando simplemente varían la parada del autobús. La voz popular ya nos lo dice “más vale malo conocido que bueno por conocer” o “virgencita que me quede como estoy”. Virgen o no, malo o bueno, los cambios son inevitables y deseables.

Las modificaciones en nuestra forma de ser se producen sin apenas darnos cuenta. De niño a adulto, sólo el calendario nos recuerda cada año el paso inalterable del tiempo. La alegría y la celebración, se tornan en ocultamiento, tristeza por los años que se vienen encima. Es necesario entender que el cambio es natural, y también lo son la incertidumbre y el miedo que trae parejos, porque implican el paso de un estado conocido a otro desconocido, de unos hábitos a otros. Ya lo dice el Psicoanálisis, el miedo es deseo, cuando el paciente nos dice “tengo miedo a…”, está hablando de su deseo. Por tanto, en lugar de inhibirnos por el temor, reconozcamos nuestros deseos de ser diferentes, porque en esa incomodidad de las diferencias se hace posible la vida.

Crecer es doloroso porque nos aleja de la idílicas fantasías infantiles y nos acercan al futuro, al fin, a la muerte. Tememos crecer porque perdemos un placer y no sabemos qué nuevo placer se va a ganar. Si aceptamos esta incertidumbre, este dolor inevitable del crecimiento, podremos alcanzar la libertad que nos dan las palabras, frente al sometimiento de la enfermedad.

La salud tiene que ver con la capacidad de adaptación. No vale repetir lo que ya se consiguió, vale aventurarse aunque sea posible la equivocación. La ciencia avanza a través de errores, perfecto no hay nada. No podemos aspirar entonces a dar pasos seguros, a hablar con certeza, a que las cosas sean cada día idénticas. Yo quiero cada día sensaciones diferentes, un sol que no sea como el de ayer, una escritura que arroje nuevos sentidos.

 

¿VIEJO YO?

La vida trae consigo el inexorable paso del tiempo, crecer, sin embargo, parece que duele. Todos tememos la llegada de la vejez, demasiado asociada a enfermedad, deterioro, soledad. Me pregunto ¿estamos preparados para envejecer? Sé que nadie está pre-parado para nada, todos tenemos que aprender a tolerar el paso del tiempo , tiempo que viene asociado a la palabra muerte . Nadie nos educa para saber vivir sin huir del final. Si os dijera que tanto jóvenes como viejos estamos igual de cerca o lejos de la muerte. A todos, algún día, nos llegará la hora, mientras tanto hay que vivir como si duráramos unos 200 años, con esa intensidad.

La vida de cada uno depende de sus propios pensamientos y deseos , nada de suerte o casualidad. Llegar a mayores para estar en un asilo, maltratados, o en casa de un familiar, como un inútil, dependen de lo que nosotros hayamos hecho para conseguirlo. Tal vez sea el momento de decirles que cada uno tiene que aprender a ocuparse de su vejez . ¿Queremos estar en manos de otros? ¿Queremos pedir una limosna de amor? ¿Queremos ser unos pobres viejos?

Es mejor que cada uno se ocupe de sus cosas y sabemos, una vejez sin dinero no puede ser buena. Con dinero podemos comprar servicios y calidad de vida, entre otras cosas, para no depender de nuestros hijos. Desde jóvenes tenemos que cuidar nuestros deseos para permitirnos una vida menos sufriente. Tener dinero no quiere decir estar por encima de los demás, quiere decir que uno es capaz de trabajar para lo que desea. Decir yo quiero tal cosa y no tener el dinero para ello, es lo mismo que decir YO NO QUIERO.

No todos llegaremos a viejos, sin embargo, un joven puede sentirse más viejo que alguien que le doble en la edad. La vejez es lo de menos, tratar de ocultar el paso de los años es la única vejez. Es muy frecuente ver personas obsesionadas por su aspecto físico, por ocultar sus arrugas, por vestir de forma juvenil, con la intención de permanecer en un tiempo de su vida. Sin embargo, por mucho que queramos escapar de ello, no vamos a poder. Hay que conquistar los años con dignidad, lo que no quiere decir que no tengamos que cuidar el cuerpo que tenemos, sabiendo que cada arruga forma parte de nuestro ser.

Otras personas, parecen más resignadas y sólo nos hablan de sus dolores, padecimientos, pérdidas, como un deprimido cuando habla de sí mismo. Ya lo dice el poeta: Hubo un instante en mi vida que mis arrugas y mis dolores tenían más fuerza que mi pensamiento, en ese instante fue donde envejecí. El envejecimiento es , entonces, sentirse viejo , caduco, inservible. No tener deseos es lo que nos conduce irremediablemente a la muerte y ser mayor no significa “no desear”, significa tener deseos diferentes , nuevos.

El Psicoanálisis recomienda a cualquier edad comenzar a aprender una nueva disciplina, ya sea aprender a pintar, a tocar el piano, comenzar una carrera universitaria… porque más allá de terminarla o no, lo que interesa es la dimensión que le da a una persona ser aprendiz en algo, la energía que se genera y los deseos.

El Psicoanálisis piensa la vejez de un modo distinto al de la gente de la calle. No son las neuronas las que se deterioran, son las relaciones sociales. Justamente una vez que uno se jubila pierde un montón de relaciones, parece que el jubilado no es importante para nadie. Tristemente, la sociedad tal y como está planteada, nos trae una vejez marginal, donde se nos va apartando de los lugares, amores, amistades.

¡No señores! Uno no tiene que ser importante para el otro, tiene que ser importante para sí mismo . Las cosas hay que hacerlas por deseo y, como he dicho, para vivir hay que desear . Una persona con 50, 60, 70 , 80 años puede emprender un nuevo proyecto empresarial, comprarse una nueva casa, cambiar de pareja, lo que desee .

Ocurre que tendemos a comparar , a decir antes podía hacer esto y ahora no, antes, antes… Uno se olvida que ahora, cada instante, es distinto. No podemos pensar cada tiempo de la vida con las mismas ideas. Por ejemplo, la adolescencia con las ideas infantiles, la vejez con las ideas de cuando uno tenía 30 años. Si pensamos ese tiempo de nuestra vida con las mismas ideas de antes, nos va a ir mal. Lo nuevo hay que pensarlo con nuevas ideas , de esta forma no existe la vejez , es una etapa más de la vida, donde no se acaban los deseos, hay otros deseos . Hay que averiguar cuáles son.

Les propongo, como el poeta, jugar a ser “indios grises”, que luchan por la construcción de un futuro que vivirán otros. ¿Joven? ¿Viejo? Lo importante es que no hay edad para comenzar una nueva vida. ¿SE ANIMAN?

 

EL PSICOANÁLISIS INTERESA