‘AB HOC, DOMUUM TUUM VIDERE POSSUM’

 

 

Un precursor olvidado

 

D. Leandro de Arensivia y Cienfuegos (1840 – 18??)

D. Leandro de Arensivia y Cienfuegos, marqués de las Púberes Canéforas, es uno de tantos y tantos ilustres próceres que, habiendo sufrido en vida la incomprensión de sus conciudadanos, es hoy relegado al olvido por parte de las generaciones actuales.

Caballero español, esposo ejemplar, Soldado de Cristo que supo mantener en alto el estandarte de la Tradición, la Patria, el Rey, los Fueros y la Fe  en la victoria y en la derrota, D. Leandro de Arensivia es, sobre todo, recordado por sus contribuciones a la Aeronáutica, su pasión.

 

 

Con un linaje que se remonta a antes de la entrada de los Visigodos en España, pocas familias pueden presumir de haber contribuído tanto a la mayor gloria de su Patria como los Arensivia de las Púberes Canéforas. Raro es el lance que no contara con un Arensivia en retaguardia, asegurando el buen funcionamiento de los Abastos, glosando el avance de las huestes victoriosas o documentando la retirada si menester fuere.

 

La forja de un aventurero

 

Poco se sabe de la infancia de D. Leandro, pasada en el solar  familiar de El Acanto. De Neguri, pues.Ya desde niño fue aficionado a contemplar el vuelo de las aves y a soñar con emularlas, olvidando en su ensoñación el atender a sus obligaciones domésticas, escolares, religiosas e higiénicas; ello le causó algún que otro roce con su padre y mentor.

De aquella epoca datan los primeros diseños del futuro marqués, como este “Lanzador de Gallinas Propulsado por Vapor”,  destinado a proporcionar a las aves de corral potencia suficiente para el despegue.

 

Daguerrotipo de la familia Arensivia, allá por el 1855: De izquierda a derecha, de pie, Fraü Unterdenlinden (insobornable institutriz y macilenta psicópata, por ese orden), Fermín (orgulloso palafrenero), Gunther (fiel  factótum), Petra (redicha fámula); sentados, Jorge Constantino (el segundo hijo, aficionado a las figuras de 30 centímetros), Dª Eloísa de Cienfuegos (abnegada madre y esposa ejemplar), Maripuri (el hijo menor, de inconfesables inclinaciones), Letizia (la niña de los ojos de papá), D. Anselmo de Arensivia (austero paterfamilias, recto gobernador de su casa, y filántropo en sus horas libres) y D. Leandro (sosteniendo a “Carnicero”, la mascota familiar).

Nótese la mirada vacuna que caracterizó siempre a los Arensivia, incluso a la servidumbre.

 

 

 

 

Segunda Guerra Carlista

 

No es hasta 1856 que encontramos a D. Leandro como joven teniente en las filas del Tigre del Maestrazgo y Conde de Morella, en la Segunda Guerra Carlista.

Ya en ese tiempo destaca su capacidad para aunar una fiera defensa de la Tradición con una casi visionaria esperanza en el desarrollo tecnológico. Es a él a quien se debe el Carruaje de Combate, un regimiento de los cuales proporciona a los facciosos la célebre victoria de Rubielos (1858), en la que los “cristinos” ceden casi treinta kilómetros de frente.

 

 

Sin embargo, los esfuerzos de D. Leandro en pro de la modernización del Ejército de la Tradición topan con la testaruda oposición de sus mandos, que opinan que “si nuestros padres y abuelos, sin estos cachivaches ganar la guerra supieron, joder, pues que también nosotros sabremos, lahostia”. La contestación de D. Leandro, en el sentido de que sus padres y abuelos lo que hicieron fue perder la guerra, es recibida fríamente por la Superioridad.

Sin desanimarse por la falta de visión de futuro del generalato, D. Leandro continúa ofreciendo a la Causa los frutos de su inventiva; es el caso del “Sistema de Recarga Automatizada de Mosquetones Mediante Doble Engranaje Adjunto a un Eje Excéntrico” (1859) cuyo prototipo muestra la figura.

Lamentablemente, la guerra terminará antes de que D. Leandro haya podido poner en práctica tan loable invención.

 
       
       

Será en este tiempo en que nuestro héroe reciba la noticia de la muerte de sus padres, en un episodio nunca bien aclarado y que involucra al matrimonio, al ama de llaves, y un hacha excepcionalmente poco afilada. Una pena.

 

 

 

 

El reposo del guerrero

 

Es en esta época que el joven Marqués de las Púberes Canéforas decide llegada la hora de sentar la cabeza y buscar esposa.

Vae victis!

Desmovilizado, D. Leandro retorna a la casa solariega para recoger los despojos de su Casa, dispersos por la guerra.

Desaparecida la autoridad moral del paterfamilias, los hermanos se han desbandado. Letizia ha ingresado en religión, profesando en las Reverendas Madres Autárquicas, George Constantino ha huído a Rusia - donde tomará el apellido Zhukov, emprendiendo una notable carrera militar - , a proseguir con su colección de figuras de palmo y medio, llevándose su legítima, y Maripuri se ha establecido en París, donde triunfa en las noches de Pigalle luciendo el vestuario que fuera de Dª Eloísa.

Es, pues, hora de que el heredero de los Arensivia asuma los deberes que su marquesado le impone, reclame el título para sí, y dedique sus esfuerzos a reconstruir su estirpe, siempre atento a la llamada de su Rey.

 

Con su título de nobleza, rancio abolengo, gallarda estampa y heroico historial en defensa del Verdadero Rey, no son pretendientes lo que le faltan. Tras una breve etapa de tonteos sin importancia, su corazón elige como compañera a la señorita Madelón de las Altas Cumbres, de la alta sociedad navarra.

En los siguientes doce años, su unión se verá bendecida por nueve vástagos, alegría de la casa y espanto de los caseríos vecinos.

El genio inventivo del Marqués no descansa; probablemente presionado por su creciente familia, es en este período cuando aparece su famosa “Cuna Extensible Para Bebés que Crecen Mucho”, que le valiera la Medalla de Oro de la Exposición Universal de París de 1867.

 

 

 

 

 

Tercera Guerra Carlista

 

El cacumen del ilustre prócer sigue fructificando: Entre las múltiples invenciones de este período, como el Monociclo Acuático

o la Máquina Voladora Individual,

surge, calladamente, el invento que cambiará la historia de la humanidad: El “Ingenio Propulsor Autónomo por Interacción de Propergoles”:

Cuando el Rey llama a sus leales, no hay excusa para no acudir. Y en 1872 el Pretendiente levanta de nuevo a sus huestes, esta vez contra el usurpador Amadeo.

El Comandante Arensivia, al oir la proclama, besa a su mujer, besa a sus nueve hijos, besa al capellán, y, beso a beso, parte para unirse a las huestes del Rey, la Tradición, los Fueros y la Santa Madre Iglesia.

“Atame las alpargatas, ponme la boina, dame el fusil...”

Durante cuatro años, D. Leandro seguirá a su Rey, combatiendo cada año a un enemigo diferente: Primero al advenedizo Amadeo, luego a los sin Dios de la República, después al usurpador Alfonso...  Esta sucesión de adversarios hizo que, en ocasión de la revisión de las alianzas de la Causa, el Marqués gimiera “Resandiós, qué cipostio... yo ya no sé si soy de los nuestros...”.

En fin...

 

 

Será este ingenio el que, más adelante, inspire al Marqués a emprender su más gloriosa aventura.

 

 

 

 

 

 

La Guardia muere, pero no se rinde...

 

Dicho y hecho.

D. Leandro, preso de una fiebre que le abrasa, olvidada familia y obligaciones, sólo vive para dar término a su trabajo: la ORIAMENDI.

Durante trece años, el Marqués trabaja como un poseso en su taller de Los Acantos.Y, poco a poco, la Oriamendi va tomando forma.

En Mayo de 1889, D. Leandro termina la construcción de la nave. Bendecida por el párroco de Neguri, la Oriamendi emprende el vuelo a finales de ese mes.

Y D. Leandro de Arensivia desaparece de la faz de la Tierra, para entrar en la Leyenda.

Nada vuelve a saberse de nuestro héroe. Pero son varios los astrónomos aficionados que juran haber visto la Oriamendi orbitando nuestro planeta. Y los observatorios de todo el mundo coinciden en señalar extraños resplandores procedentes de la cara oculta de la Luna - resplandores que bien podrían corresponder a fuegos de artificio, correspondientes con el cumpleaños del infante D. Carlos.

 

Derrotados en Estella, los partidarios de D. Carlos se recluyen en sus caseríos. Y, mientras unos intentan galvanizar al pueblo leal para iniciar un cuarto levantamiento, D. Leandro sueña.

Sueña con conquistar para su Señor un trono que no le pueda ser arrebatado por los “guiris”. Una Nueva Carolina, donde no puedan llegar los odiados liberales.

Y es entonces cuando las musas le susurran una aplicación práctica de su “Ingenio Propulsor”. Si España, Europa, el mundo son demasiado pequeños, él ofrecerá a su Rey un Estado Tradicionalista... en la Luna.

Es entonces cuando el Marqués recupera los planos de su Ingenio de Propulsión: La máquina capaz de impulsar una nave hasta las estrellas - y más allá.

  No será hasta Abril de 1961 que la Vostok I, tripulada por Yuri Gagarin, regrese a la Tierra con fotografías que demuestren de forma irrefutable que la Oriamendi sigue orbitando nuestro planeta.  
       
   

 

 

 

La "Oriamendi"

"Ex Stercum Ad Astra"

 

     

 

 

  El origen: Una humilde escobilla de retrete. De ahí el lema...

 

 

  D. Leandro examinando las posibilidades del vehículo.

 

 

Primera mano de pintura: Spray de color cobre.

 

 

  Aquí apreciamos el método de construcción: Sobre la base, perfil de goma remachado con puntas de latón; una vez pintado, queda la mar de aparente.

 

 

Pruebas con el cañoncito

 

 

  Primer plano de D. Leandro probando el habitáculo

 

 
Instalando el sistema de dirección
 
Estudio de la popa
 
La Oriamendi, dispuesta para salir al espacio
Sistemas de iluminación, de comunicaiones, de refrigeración ...
 
... y, por supuesto, un eficaz sistema de defensa contra los cristinos
Un ancla para asegurar la nave sobre algún cuerpo astral
 
Los depósitos de propergoles cuya mezcla impulsa la nave.
D. Leandro examina, nostálgico, su retrato de boda.
 
No pueden faltar las provisiones: Jamón de la tierra, un crujiente chusco, y un botijo con anises para reconfortar a nuestro eternauta.