Judá Ben-Hurensivia, noble judío que, tras perder de la forma más tonta una carrera de cuádrigas contra su amiguete Mesala (por escatimar el lubricante, dando lugar a la conocida canción "Porque no engraso los ejes, me llaman abandonao"), vióse obligado a alistarse en la Legión ("Tú alistar si tú querer ver mundo, ellos decir").
 
     
 
  Nuestro héroe acabó desempeñando el cargo de optio furriel de la Segunda Centuria, Decimooctava legión ("Ex Domo Madelmanica "), al mando del legado Publio Quintilio Varo.

 

 
 

La simpatía natural de Judá (el chico era un cascabel, como reflejan sus fotografías) pronto le hizo acreedor a la amistad del legado, convirtiéndose en su mano derecha.
 

 
 

 

Varo incluso le permitió adoptar el nombre romanizado de Claudius Sivius, llamado "Aureus" por sus compañeros dada su afición a los metales preciosos. Y como "Aureus Sivius" pasaría a la Historia.







 

 No fue otro que Judá quien recomendó al legado a su compañero de francachelas, el querusco Arminius, diciéndole que nadie conocía mejor el Bosque de Teotoburgo que él. En eso no se equivocó, desde luego.
 
 



 

Cuando el legado castigó a varios de sus hombres por cortejar a unas nativas, Aureus Sivius logró que se les levantara el arresto mediante el procedimiento de pasearse alrededor de la tienda de mando, gimiendo "¡Varo, varo, devuélveme mis ligones!" . La frase se popularizó en los ambientes castrenses; y es que tiene un cierto aire augusto...  
 




 

Claro, que Aureus Sivius era culpable de los mismos cargos; se rumorea que una princesa querusca, probablemente la hermana de Arminius, no fue insensible a los encantos del noble hebreo.
 


 

Cuando las legiones de Varo se disponián a volver a sus cuarteles, atravesando el Bosque de Teotoburgo, Judá fue informado de que sus relaciones con la princesa querusca iban a rendir un fruto insospechado.

Un bastardo de judío romanizado y germana... pues sí que empieza bien la dinastía...

 


 


 
 


Pues eso, una vil gamberrada hecha en una tarde para aprovechar, por un lado una cabeza - creo que de Davidmadel - regalada por Litonano, y por otro unas piezas de Mononofu que tenía rondando por casa.

El resultado, un romano hollywoodiense, sin el más mínimo respeto por el realismo. Pero ¡qué caramba!, ¿qué ha hecho la Historia por mí?

Además, lleva faldellín inguinal. Con eso está todo dicho.