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El “Making Of”:
Bueno, finalizada la vorágine de la última semana del año (veinte horas dormidas en los últimos seis días - en Nochevieja veía en blanco y negro), aquí va el “Making Of”.
Básicamente se trata de un Misión de Paz más o menos modificado. Como en todos los customs, he aprovechado para poner en práctica un montón de técnicas nuevas (¿quién dijo eso de que “los experimentos en casa, y con gaseosa” ? )
El fusil:
En 1965, la mayor parte del ejército americano en Vietnam empleaba el fusil reglamentario M-14, pero algunas unidades “de élite” empezaban a reemplazarlo por el nuevo M-16, versión A1 – entre ellas, la 1ª de Caballería.

Partimos del M16A2 de un Misión de Paz, y lo “retrocedemos” a la versión A1: Pasamos la Dremel por el guardamanos para reducirlo, le aplicamos masilla Tamiya y le volvemos a pasar la Dremel para darle la sección triangular que caracteriza a esta versión; lija fina para suavizar las aristas, y más Dremel, esta vez con taladro fino para abrir los orificios de ventilación del cañón. También con ayuda de la Dremel, empleada ahora como torno, transformamos un trocito de mina de bolígrafo Bic en una bocacha apagafuegos del primer modelo (este tipo de bocacha no duró mucho, ya que tenía la molesta costumbre de engancharse en toda la vegetación que hallaba a su paso). Asimismo, eliminamos el alza de tambor, el resalte para el dedo corazón en el pistolete, y aplicamos un poco de masilla en el botón de forzado de alimentación para darle la forma de lágrima.
Para rematar, cortamos el cargador y fresamos el brocal, de forma que podamos insertarlo a voluntad. Una cinta reaprovechada de una mochila a 1/6 a modo de correa portafusil, y ya está listo para revista.

El casco:
A partir del casco del Misión de Paz (los originales son demasiado grandes, vistos de frente), modificamos el perfil adecuándolo al modelo M-1. Lo cubrimos con una funda mimetizada (de nuevo material de 1/6, pero con el envejecimiento no se va a notar), y le hacemos un armazón interno con cinta de nylon y el cuero de una cartera vieja. Las correas y hebillas de fijación están trabajadas a partir de la misma cinta de mochila a 1/6. El paquete de Lucky está sacado de los imprimibles de “El Sótano Loco” y el frasco de aceite se parece sospechosamente al bote de mercromina del sanitario de Altaya... 
En la parte posterior de la cinta, la misma advertencia que lleva el frontal de la Claymore: “Este lado hacia el enemigo” (no me invento nada, lo vi en una foto de época, junto con algún que otro lema particularmente inspirado “¿Dónde está Lee Harvey Oswald, ahora que lo necesitamos?” )

La cabeza:
Como siempre, uno de los peores problemas de los PdJ es su expresión. Como se supone que el Arensivia de turno lleva dos días recibiendo tiros y viendo caer a sus compañeros, no puede lucir esa cara de estúpida satisfacción “post-coitum”, ni ese tupé de liendre de yuppy que caracterizan a los PdJ. Así que vamos a por ellos.
En primer lugar, pasamos la Dremel por el cogote, reduciendo la melenilla matraquera a unos estándares aceptables en la época. Por lo que respecta al resto, lo despeinamos un poco, añadiendo Super Sculpey en la frente y las patillas.
Ahora le toca el turno a la expresión: Añadimos Super Sculpey a los pómulos, forzando ligeramente las arrugas de la boca y bajando las comisuras de los labios, y añadimos un ligero toque sobre las cejas, para obtener un ligero fruncimiento. Otro poco de Sculpey en la mejilla derecha nos da la base para la herida. Y, antes de seguir, una fresa fina nos servirá para abrir los orificios de la nariz y las orejas, para mejorar la ventilación del cerebro. Con el cutter, marcamos las arrugas de los ojos, y la cabeza pasa a ser convenientemente hervida.
Acabado el guiso, damos una mano de pintura gris media a todo, teniendo buen cuidado de eliminar completamente los ojos; queremos obtener una mirada ligeramente entornada y la que trae de serie no sirve para nada.
La base de pintura nos indica que hay que entrar a fondo con la lija, ya que la masilla ha dejado demasiadas rugosidades (próximamente experimentaremos técnicas para acabar con esto, técnicas que podréis ver en madelmanhouse magazine – un peazo de revista que pa qué las prisas, oiga). Una vez eliminadas, repetimos la capa de pintura y empezamos a trabajar.
Para empezar, pintamos el blanco de los ojos, en dos capas – emplearemos una mezcla muy clara de blanco, marrón y gris; el blanco puro sólo lo tienen los dibujos animados.
Ahora damos la primera capa de pintura, una mezcla del 60% de carne de elfo y 40% de carne bronceada, ambas de Vallejo. Hecho esto, aplicamos las sombras y las luces básicas a pincel seco (forzando las arrugas) y empezamos a trabajar en serio.
Vamos a por los ojos. El Arensivia ha tenido un mal día, así que podemos suponer que tiene los ojos “como dos bollos mojaos”, que decía Pepe Da Rosa En primer lugar, un pincel de 5/0 - mojado en una mezcla de 75% de rojo y 25% de blanco, diluída en agua – nos servirá para tintar las comisuras de los ojos y el borde del párpado inferior. Una vez inyectados los ojos en sangre, emplearemos un pincel plano y pequeño para dar, a pincel seco, una mezcla de carne de elfo y rojo a los párpados, especialmente al inferior. Ahora sí que parece que el Sargento se haya hinchado de llorar. Pobrecillo...
Hecho esto, insertamos las nuevas pupilas (para más detalles, véanse próximos números de madelmanhouse magazine – la cultura madelmaníaca al alcance de todos) ligeramente escoradas, y aplicamos una capa de barniz brillante para proteger los ojos de las próximas perrerías.
El pelo se pinta con una base de Siena tostada aclarada con Terracota, y se le da un lavado de tinta de color Carne, teniendo la precaución de irla aclarando en el cogote. Unas pocas luces (pocas) de la misma mezcla aclarada con amarillo, y listo.
Ahora aparcamos los acrílicos, y empezamos con los pasteles – no los había empleado nunca, y me han encantado. Con un pincel plano y pequeño, los empleamos para dar las luces extremas en frente y pómulos, así como para marcar la sombra de la barba. Es importante recordar, a la hora de pintar la barba de las cinco, que la edad media de los combatientes de Vietnam era de diecinueve años; a esa edad, pocos son los que necesitan afeitarse a diario, así que la sombra debe ser más suave que de costumbre.
Ahora viene el weathering (una forma bonita de denominar al enguarrado). La figura en cuestión lleva más de veinticuatro horas bajo intenso fuego enemigo, literalmente clavado al suelo (cualquiera que levante la cabeza más de un palmo se está buscando un tercer ojo en mitad de la frente), así que es imposible pasarse de sucio. Para la cara, emplearemos una mano de negro en seco, seguida de otra mezclado con agua, para dar el efecto de la tizne de la pólvora junto con el sudor – prestaremos especial atención a los riachuelos de sudor y lágrimas, aclarando el coor donde éstos hayan lavado la tizne. A continuación, aplicaremos el polvo, esta vez en seco. En color terracota, suavecito, y más pesado en Siena Tostada – una característica de Vietnam era el color rojizo de la tierra, así que tanto el barro como el polvo tienen un tono rojo distintivo.
Para terminar, retomamos los acrílicos para la sangre, el sudor y las lágrimas. Para la primera, rojo vivo en la herida del pómulo, degradándolo a oscuro en los bordes y en los hilillos; los mismo para la herida – no vista, pero sí intuída - de la sien izquierda. Y, para las tres, barniz brillante en las heridas, así como en las sienes, la frente, el cuello (vamos, donde es normal que se acumule el sudor), en los ojos (subiendo hasta el borde del párpado, que tiene los ojos llenos de lágrimas), y con un toquecillo de humedad en las mejillas, que alguna lagrimita se ha escapado.
Y con ello concluímos el pintado del melón.
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Suma y sigue. Vamos a por el calzado.
Las botas:
Serán el objeto de un próximo tutorial en madelmanhouse magazine (¡qué revista, madre mía!), así que aquí nos limitaremos a señalar que se han obtenido a partir de las del Misión de Paz, sustituyendo la caña original por una hecha a partir del cuero de un llavero viejo. Son practicables y permiten la flexión completa del pie.
El vestuario:
La camiseta es de un Lego que encontré en la liquidación de una juguetería (a un mortadelo el pack), pintada con acrílicos (color Avocado de American y un poco de blanco); el uniforme es el del Misión de Paz pintada con acrílicos (Avocado con una pizca de Terracota, teniendo muy en cuenta el variar ligeramente las proporciones para la camisa y el pantalón; todo el que haya hecho la mili sabe que, al cabo de un tiempo, no hay dos prendas que casen). Sobre esta base, damos varias (más de una docena) aguadas con una mezcla de verde oliva y negro muy diluída en cuello, axilas, espina dorsal y esternón, para conseguir el oscurecimiento causado por el sudor – recordemos que la batalla se luchó a una temperatura media de 40ºC. Las diferentes aguadas van creando cercos decrecientes, los más interiores son los más oscuros; para acabar, pasaremos un pincel con barniz brillante sobre la última aguada, para marcar el sudor de la añada más reciente.
Ahora vestimos al moñaco, y envejecemos el uniforme con una mezcla de pastel verde oliva y blanco, aclarando el tono en las rodillas, culo y vuelta de las mangas (en estas últimas nos empleamos a fondo, dejando el tono mucho más claro).
Añadimos ahora las tiras “U.S. Army”, “Arensivia”, y los distintivos de paracaidista, 1ª División de Caballería y la insignia de Sargento de Staff; hasta 1968 no entrarían en vigor las insignias “subdued” en negro sobre verde, así que nuestro amigo acude al combate a tutti colori.
Vestido y calzado, el Sargento pasa a la sección de enguarrado con pasteles. Seguimos con la tónica general de tierra rojiza, pero en esta ocasión alternaremos el pastel seco con el mojado, para las manchas de barro (rodillas, codos, culo, parte baja de las piernas... en veinticuatro horas de rebozarse en el suelo, ha tenido tiempo de ensuciarse a modo – si su santa madre pudiese verlo...). Si vamos a eso, es probable que pese más la cantidad de pasteles que lleva que el propio muñeco...
El equipo:
Linterna, cantimploras, cartucheras, granadas de fragmentación, de Willy Pete (fósforo blanco) y de humo se moldean con Super Sculpey, añadiendo anillas de bisutería y palancas recortadas de una lata de Coca-Cola. De la misma lata se recortan las chapas de identificación, que se engarzan en una cadenita de bisutería.
Cinta de ante y de recortes de un llavero viejo nos proporcionan el atalaje modelo 1956 (aún faltaban un par de años para el cambio de modelo, así que nuestro hombre emplea aún el correaje de Corea), con las hebillas formadas a partir de un clip para papel pintado de color lata, de Vallejo.
Repetimos la jugada, y envejecemos correaje y cartucheras con pastel blanquecino, antes de ponérselo al Arensivia y empezar a ensuciar en serio la figura.
Para rematar, una cinta de munición para la M60 (que un suboficial no es probable que llevase, pero en el follón de la batalla cada uno ayuda en lo que puede) de Chap-Mei, pintada en dorado pulido y lata, y con un alambre en la parte interna para ayudarle a mantener la forma.
Esto es to-to-todo, amici.
No olvidéis que la respuesta a todas vuestras dudas se encuentra en madelmanhouse magazine , la revista que está de que te cagas.
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