B a i l a n d o   c o n   S a m u r a i s

La increíble historia de Shuran-no-Meijin-Alensivia-San

 


            Hace años estaba yo de gira de inspección por las diócesis de Extremo Oriente cuando, en el puerto de Yokohama, escuché por casualidad una leyenda, una balada cantada en los bares de geishas del distrito de la Flor del Loto. La leyenda hablaba de un gaijin, un “bárbaro de ojos redondos” que, venido de tierras lejanas, había traído consigo el secreto de un elixir que hacía invencibles a los guerreros que lo bebiesen. La popularidad de este elixir, llamado “oh-lu-joh” fue tan grande, que el shôgun Toyotomi Hideyoshi adoptó la bebida como oficial para sus tropas, y elevó al gaijin al rango de samurai y hatamoto (consejero), encargándole la fabricación y distribución de la misma. Y, durante muchos años, las "Perlas de la Sabiduría", las palabras del gaijin-san, influyeron grandemente en la cultura y la historia japonesa.

            El asunto despertó mi curiosidad, así que, al pasar por la diócesis de Osaka, solicité permiso a las autoridades para investigar en los archivos del castillo de Toyotomi. Nada hallé, pero los archivos diocesanos me depararon una sorpresa: El Padre Visitador de Osaka, Fray Povedilla, había consignado en su diario una entrevista con el poderoso samurai, a instancias del Obispo de Manila. Cedo, pues, la palabra a mi ilustre predecesor:

Extracto del diario del R.P. Povedilla:

   " Debo confesar que hallábame muy turbado ante la posibilidad de conocer al misterioso gaijin. Su llegada de allende los mares, su conocimiento de poderosos elixires, todo apuntaba a un ser maravilloso, poseedor de extraordinarios secretos.

    En su presencia, postreme tocando el suelo con la frente, como mandan las costumbres de este país, y sorprendióme sobremanera oír decir al poderoso samurai en perfecto español: ‘Levántese, Padre, que se va vuesamerced a juder los riñones, ¡carallo!’.

    Abrí la boca, y permanecí con ella abierta durante todo el tiempo que duró la entrevista; y así, el hatamoto me contó la historia de su llegada al Japón, historia que paso a relatar:.

    “Me llamo, o, mejor dicho, me llamé Francisco de Arensivia, si bien he tenido muchos nombres desde que llegué a esta tierra dejada de la mano de Dios, y fui nacido en tierras gallegas en el año del Señor de mil quinientos y treinta. Tras una infancia sin más incidencias que alguna pelea a pedradas con los zagales del pueblo de al lado, los ocasionales cintarazos de mi señor padre, o los frecuentes capones propinados por el señor cura por beberme el vino de misa en lugar de atender a mis deberes de monaguillo, al llegar a la mocedad fui llamado al servicio del Rey nuestro Señor. Hábil como siempre fui para evitar los trabajos pesados, pronto logré un puesto en las oficinas de la Policía Militar, puesto desde el que fui ascendiendo hasta alcanzar el grado de Sargento Furriel; prometíame, pues, una existencia regalada, cuando un incidente en Tierra Santa hizo que Su Majestad se comprometiese al envío de una fuerza militar al lado de las tropas del Rey de Inglaterra y otros gobernantes, como garantes de la paz en la ciudad de Bagdad. Y al hado le plugo que, como suboficial más antiguo de la fuerza de Policía Militar, me tocase acompañar a las tropas de S. M. en calidad de responsable de la Intendencia de la fragata ‘Capadora’.

    “Entiéndame, Reverendo Padre, no soy mala persona, si bien no conozco ningún Mandamiento que no haya quebrantado tantas veces como haya podido hacerlo sin sufrir castigo o fatigas; pero mi desmedida afición a todo tipo de alcoholes me ha puesto en más de una ocasión al borde de la ruina. Quiso el mal de mar, y mi mala cabeza, que me pasase todo el viaje borracho perdido. No recuerdo haber cruzado las Columnas de Hércules, ni doblado el cabo de Buena Esperanza, ni de haber arribado a la Península Arábiga. Mi provisión de orujo casero, en cuya fabricación artesanal destaqué desde mozo, hizo que el viaje desde Cádiz hasta... bueno, hasta doquiera que fuese, transcurriese en una agradable bruma alcohólica. Sí que recuerdo vagamente que, tras llegar al Sur del Africa la mar hallábase muy embravecida; y supongo que, en algún momento de la travesía, debí caer por la borda, bien confundiéndola con la portilla de mi camarote, bien empujado por algún subordinado rencoroso, que la milicia es nido propicio a tales fechorías, pues la primera imagen que viene a mi memoria es verme malflotando en la mar, que mucha agua es esa para mis gustos y aficiones”.

    “Poco recuerdo de mi azarosa travesía, salvo que salvóme el haber caído abrazado a un barrilito de orujo con el que estaba entablando amistad. Y buena amistad entablamos, a fe mía, que en en tiempo que duró mi aventura no solté su compañía ni por un momento. Y cuando, el tercer día, una aleta triangular comenzó a rondarme con intenciones que no puedo suponer sino aviesas, bastóme con abrir un poco la espita para que, en pocos momentos, la siniestra aleta se alejase haciendo eses.”

    “Cuando ya deliraba de hambre, hasta el punto en que no hubiera visto con malos ojos el regreso de la aleta triangular, al fin y al cabo morir de hambre no es forma de morir para un Arensivia, así que midamos nuestras fuerzas, señor tiburón, y veamos quién es más macho, que consolado por mi barrilillo no temo a nada ni a nadie y el pescado es siempre pescado, sea cual sea su tamaño. Decía que, cuando ya desfallecía de hambre, vine a dar con mis ateridos huesos en una playa que recuerdo desagradablemente pedregosa. Cuando abrí los ojos, vi que me rodeaban unos aldeanos de rasgos extraños, piel amarillenta y ojos así, como de estreñidos, que luego supe eran normales en este país, pero que en aquel entonces me parecieron dos puñaladas en un tomate. A su frente se erguía un fantoche vestido de cuero y hierro, con un casco enorme, y que me miraba con desconfianza, la mano apoyada en el pomo de la espada más grande que había yo visto nunca.”

    “Arrastráronme a presencia del señor local, quien, viendo que nada podía hacer para entenderse conmigo – yo sólo hablaba castellano, gallego, y apenas lo justo de alemán para negociar la compra de unos crucifijos del Palacio Laterano con un lansquenete de Jorge Frundsberg cuando el saco de Roma, o para poder pedir una copa de vino en un figón marbellí – cargáronme de cadenas, atáronme a una hilera de desdichados tan harapientos como yo – una semana en el mar no había hecho gran cosa por mi atuendo, ya de por sí un tanto andrajoso, que el excesivo atildamiento nunca fue uno de mis no escasos vicios – y comenzamos un viaje de varios días hasta llegar al Castillo de Osaka. Yo iba, según mi costumbre, casi una segunda naturaleza, abrazado a mi barrilito; luego supe que no me lo habían confiscado creyendo que se trataba de una imagen religiosa... y no andaban en ello muy descaminados, ya que religiosamente le daba buenos tientos cada vez que nuestros guardianes no miraban”.

    “Arribados que fuimos al castillo, nos vimos sin mayor ceremonia arrojados a las lóbregas mazmorras, en las que pasamos varias semanas esperando a que el señor de la provincia, el Shôgun, tuviese a bien decidir nuestro destino. Y pasó lo que tenía que pasar: El contenido de mi barril se agotó. Ahora bien, Reverendo Padre, un Arensivia puede pasar sin muchas cosas, pero no sin orujo. Y, como el Señor me hizo torpe para muchas cosas, mas no corto de inventiva, en una tarde de trabajo tuve montado en la mazmorra un alambique de circunstancias, construido con todos los materiales a los que pude echar mano; lo alimentamos con el arroz pasado que nos daban para comer, las sandalias de un monje sintoísta que estaba detenido por desfalco y los sombreros de paja de unos campesinos innecesarios. Y he de decir, aun pecando de inmodestia, que pocas veces he obtenido un licor de tal calidad.”

    “Como el egoísmo es mala política, sobre todo cuando te superan en proporción de cien a uno, repartí generosamente el fruto de mi labor entre mis compañeros de infortunio; y, cosas de la naturaleza del hombre y del perverso influjo que el alcohol ejerce sobre ella, mientras dos de los prisioneros entonaban a tres voces una canción sobre cómo la luna se reflejaba en el estanque (no pude entender muy bien la letra, mi japonés era aún vacilante – y ellos también), los demás comenzamos a gritar que a ver si el Shôgun tenía huevos de bajar, que si esas no son formas de tratar a la gente, y otras lindezas por el estilo. Al final, la cosa se resolvió en que el cabecilla de los amotinados (yo) fue arrastrado a presencia del Shôgun, que quiso probar el destilado que había puesto en pie de guerra a sus cautivos. El señor Toyotomi gustó grandemente del licor, y cuando le propuse catar un verdadero orujo casero, puso a mi disposición todos los recursos de la provincia, recursos que no me di poca maña en aprovechar. En una habitación del castillo instalé mi alambique, y di en enviar a los samurais, que venían a ser como los lansquenetes del Emperador, pero en bruto, a rebuscar por toda la provincia en busca de las materias primeras que precisaba. Y, como quiera que a quien pregunta algo sable en mano no se le niega nada, que está en la naturaleza humana el sentir un desmedido amor al pellejo propio, a los tres días tenía en mis manos pecadoras no menos de diez barriles llenos de hollejos de uva de la mejor calidad. Excuso deciros que, yéndome el pescuezo en la aventura, esmeréme como nunca en obtener un aguardiente de calidad. Y perdóneme su Reverencia, pero Baco no abandona a sus fieles, por cuanto obtuve un orujo como jamás se ha catado. Tanto el señor Toyotomi como sus samurais lo encontraron grandemente de su gusto, acostumbrados como estaban al vino suave de arroz...”.

    “Para abreviar la historia, al cabo de seis meses me había convertido en licorero mayor de la provincia de Osaka.  El Señor Toyotomi honróme nombrándome samurai y hatamoto, que viene a ser como valido, y me regaló una armadura (vieja) y un juego de sables (desaparejados). Pero, lo más importante, me permitió hallar un lugar en el castillo en donde, por fin, puedo dedicarme a mi verdadera vocación: No hacer nada, y beber como un templario; bebida que me ayuda a olvidar mis debilidades, ya que el Señor no se esmeró mucho al darme forma, perdóneme su Reverencia, pero al amasar mi figura debía hallarse Distraído, pues que nací bisojo, con una ceja más alta que la otra y con una rodilla derecha incapaz de sostener mi peso. Es por ello que hallo grande consuelo en el vino, y que mis hazañas vaciando frasco tras frasco hanse hecho legendarias en la Provincia”.

    “Y de ahí el apodo con que me han bautizado estos comedores de pescado: “Shuran-No-Meijin”, o “Maestro de Borrachos”. ¡Y ni tan sólo son capaces de pronunciar correctamente mi nombre, maldita sea su estampa!”

    Al llegar a este punto, mi anfitrión se tambaleó y rodó a mis pies, borracho como una cuba. Dile discretamente mi bendición y volví a escribir el informe para S.I. el Obispo de Manila.

    Desafortunadamente, antes de que el Obispo recibiese mi carta, oí que el hatamoto habíase quitado la vida rajándose el vientre, como es costumbre en esta tierra de herejes.
    A tenor de lo ya reseñado, no fue capaz de vivir con sus debilidades físicas, o la morriña de su tierra pudo más que él.
"

Fin del extracto del diario del R.P. Povedilla

 

 

 

    El legado del Shuran-No-Meijin ha perdurado hasta hace relativamente poco en sus famosas "Perlas de Sabiduría", exhortaciones hechas a las delegaciones gremiales que acudían a oirle al castillo de Osaka. Se recuerdan, especialmente, las siguientes:

“Esto mismo, pero hecho más pequeñito y más barato, se podría vender” al Gremio de Fabricantes de Abacos.

"Alguien debería inventar una máquina capaz de hacer dibujos de los paisajes" al Gremio de Impresores del Distrito de Fuji.

"¿Y no se os ha ocurrido nunca dibujar un gigante de hierro gobernado por un zagal subido a su cabeza?" al célebre ilustrador Mah-Zin-Weh.

"¿No conocéis las islas Hawai? Pues tenéis que ir algún día, creo que el Puerto de la Perla es precioso en invierno” a una delegación de oficiales de la Marina Imperial..

 

    En la actualidad , los escolares de Osaka dedican el primer día del otoño a meditar sobre el significado de los Gaijin-No-Haiku, los célebres Haikus (poemas) escritos por el Shuran-No-Meijin, en especial el enigmático:

El crisantemo florece tras la lluvia

La luna de Agosto se refleja en el estanque

Yo también tenía una cabra que de puta se murió.

 





 

 

(Aviso a navegantes: Si alguien ha leído o visto "Shôgun", que no me cuente nada; es todo pura coincidencia :-D)

 

 

 Making of...

In the beginning...

    Hallábame yo en el hospital, festejando la llegada del nuevo monsignorito, cuando cayó en mis manos pecadoras un ejemplar de 'Historia y Vida' que hablaba del Japón medieval. Una de las ilustraciones mostraba un samurai equipado para la batalla, con todo y armadura. Y el Demonio, que nunca deja de tentarnos, me susurró al oído '¿Y por qué no?' .

    Ese fue el principio de mi caída.

 

El saber sí ocupa lugar; y mucho...

    Un custom puede estar mejor o peor hecho, pero lo que no se perdona es que esté mal documentado. El artículo de 'Historia y Vida' estaba bastante bien, pero me dejó con la miel en los labios. Yo ya había leído algo de historia del Japón medieval, había practicado Kendo durante un par de años, pero lo cierto es que sabía muy poco de vestimenta, armaduras y demás parafernalia. Nuestra Señora del Google acudió en mi ayuda, y pasé varias semanas buscando información, y, sobre todo, imágenes, hasta que recopilé un CD completo.
     Burro de mí, hasta que un alma caritativa (il super-moderatore Maleko) me lo dijo no caí en la cuenta de que el EMule me podía proporcionar  también libros de Osprey; imprimí y encuaderné un volumen compuesto de cuanto material pude encontrar - un ladrillo importante.
      Ya metidos en harina, aproveché la coyuntura para ver unas cuantas veces 'Los siete samurais', 'Zatoichi', 'Kagemusha' y 'Lujuria en el platanar' (para relajarme). No, no he visto la de 'El último samurai' - lo poco que he leído sobre ella hace que no me entusiasme demasiado; sin embargo, el título del proyecto es el apodo que le puso la crítica de EEUU, en atención a su - sospechosa - similitud con 'Bailando con lobos'...

  

Del basureo considerado como una de las bellas artes...

    Una de las etapas más divertidas que tiene hacer un nuevo custom, es el basureo. Como el vago redomado que soy, sigo el viejo adagio que reza "Nunca dibujes lo que puedas copiar, nunca copies lo que puedas calcar, nunca calques lo que puedas recortar y pegar"; así, intento siempre buscar fuentes de material que precisen de las menores modificaciones posibles.

    Sin movernos del sillón, comenzamos por imaginar cómo queremos que quede la figura, y estudiamos qué piezas necesitamos hacer. Luego, desmontamos en nuestra imaginación cada una de estas piezas hasta reducirlas a los componentes básicos.

    Y ahí aprovechamos que el cerebro humano está especialmente adaptado al reconocimiento de patrones visuales, y salimos a la calle con una lista mental de los perfiles buscados. En informática se llama a esto un 'vgrep', o 'visual grep', proceso en el que el ojo va continuamente comparando lo que ve con un patrón preestablecido. Es el equivalente de la escena en que el Terminator va comparando lo que ve con lo que busca (en lugar de Terminator, también vale Homer Simpson, pero nuestra autoestima se resiente :D).

    Veremos, pues, que la mayor parte de las piezas están sacadas de la papelera. Los materiales empleados son:


El que no es agradecido no es bien nacido...

    .. y no puedo dejarme en el tintero la imprescindible ayuda de Controversy2002, que logró una caja impresionante, logrando como siempre revivir el "Espíritu Madelman".

    Y mención especial merece mi "Pepito Grillo" particular, el Camarada Georgiy Konstantinovich Zhukov, que me estuvo tocando los destos durante varios meses, señalándome los (múltiples) errores cometidos y subiéndome continuamente el listón. Mal rayo le parta... ;-)

 

 

    Y ahora, sin más, pasemos al Making of...

 

 

Primera etapa: La búsqueda de la sencillez (partiendo de la miseria)



Cabeza

Haramaki - Fase 0

Haramaki - Fase 1

Haramaki - Fase 2

Haramaki terminado

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    Cabeza: Se aplica el Dremel al tupé hasta llegar al cogote; se borran las cejas y se redibujan al estilo Nô (aprovecharemos para nivelarlas) ; las patillas se alargan a base de masilla, y la misma masilla sirve para crear el moño. Como es tradicional, respetaremos el aire de merluzo propio de los Madelman

    Go-Mai-Dô: Obtenido a partir de un lomo para encuadernación, le aplicamos unas nervaduras hechas con cable telefónico y pintadas en dorado.

    Aplicamos ahora recortes de cable IDE en los hombros (sode) y en los faldones (haidate), a imitación del entramado de bambú que forma la protección secundaria.
    Sobre los haidate aplicamos dos placas más, que harán de Kusazuri (o protegehuevos).

    Una manita de pintura roja al cable...

    Y tenemos un Go-Mai-Dô la mar de aparente. Las sujeciones de las placas están hechas con cordón de cuero, y las correas de la espalda están fijadas sobre una tira elástica con Velcro, para facilitar su manejo.

    Vista de la parte interna del , en la que se aprecian las fijaciones de las correas.

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    Ahora, a por el casco (kabuto): Partimos del casco del PM, le lijamos el reborde (dejando un diente en el frontal) y le pegamos más cable IDE para hacer el Shikoro.

    Una visera hecha con masilla, una manita de pintura (mezcla de negro y oro)...

    ... unos detallitos pintados en oro, una cimera (Maedate) recortada de la tapa de un portafolios y un par de tiras de cuero, y henos poseedores de un Kabuto. El Maedate representa, siguiendo la historia de Alensivia-San, una boca bebiendo ávidamente de un porrón.

    He aquí el resultado: El estilo es muy “de Madelman”, sencillo y jugable.

    Primera prueba de vestuario. El Gî (chaqueta) proviene de un impermeable de policía de un “todo a cien”, pintado (parte con rotulador dorado y parte con acrílico; experimentos que hace uno...); los pantalones son los del PM, pintados con un rotulador azul indeleble (los sistemas más sencillos suelen ser los más fiables).

    Detalle del Alensivia-San, dispuesto para la acción.

 

 

    Al llegar aquí, tuve que replantearme todo el proyecto. El camarada Zhukov me indicó que el Shikoro estaba mal puesto (qué vista tiene, el jodío), y el resultado final era demasiado sencillo.

    Así que, de vuelta a la mesa de trabajo.

 

 

 

Segunda etapa: El camino de la perfección (y de cómo recorrerlo en dirección contraria)

 

 

    En primer lugar, el Kabuto debía ser modificado – las armaduras japonesas destacaban por su exceso de ornamentación, y el Kabuto obtenido era, más que espartano, cateto; parecía un casco de paleta de la época. La línea general me gustaba, pero necesitaba más horas de trabajo.

     Yupi...

 

Kabuto

Kabuto

    Las diferencias entre los dos kabutos son importantes: Pasamos ya del estilo Madelman al estilo Dragon (hablamos de estilos, no de resultados :D)


    Como anécdota curiosa, la cara que me puso la dependienta del 'todo a 100' cuando compré una muñeca tipo Barbie y, una vez pagada, le arranqué la cabeza (a la muñeca, no a la dependienta) y le pedí que tirase a la papelera el resto. Sólo necesitaba el pelo para la barba y el bigote, pero... jo, qué cara... pa habernos matao...

    Recolocamos el Shikoro de forma que apunte en la dirección correcta, añadimos nervaduras (de nuevo el cable) y aplicamos diamantitos de esos que emplean las mozas para “embellecer” las uñas. Un par de decoraciones de metal en el Shikoro dan el toque de complicación deseado, y un Menpô (máscara para asustar al enemigo) de Super Sculpey termina de dar el pego.

    No debemos olvidar el espíritu del personaje. Como el Maedate del porrón quedaba más propio de Miró que del Japón medieval, decidí cambiarlo.

    Tras mucho batallar por la red, logré encontrar los caracteres Kanji adecuados para el Maedate: “Mama-ai”, literalmente “Amor de madre” :D


     El Haramaki, o peto, quedaba ahora demasiado liso en comparación con el kabuto - así pues, le hice casi un centenar de agujeros con el Dremel y apliqué clavitos de latón de los empleados en modelismo naval, fijados con media docena de capas de cianocrilato y barniz. Asimismo, realcé las placas de bambú con detalles pintados en oro, a imitación de los bordados de la época. Para completar, dos faldones bajo los Haidate, para evitar el roce, con realces en rojo y oro (mira, como los toreros...).

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    Al tratarse de un Altaya, no he considerado necesario independizar el Kote del Tekkô, ya que la muñeca carece de articulación. En estas imágenes, aún falta terminar la protección posterior de los Suneate y dar una base de tela a los Kote.

El Yoroi casi completo: se aprecian las espinilleras (Suneate) y los protectores del antebrazo (Kote) y mano (Tekkô) a los pies de la armadura

   Las espadas (katana y tachi) merecen mención aparte; tras muchas investigaciones y pruebas, decidí hacerlas en metal (al no tener acceso a un proceso de cromado industrial, cualquier solución en plástico implicaba una pérdida del acabado debida al roce con la vaina); cuando ya estaba trabajando las hojas a partir de una placa de aluminio, Nuestra Señora de Ebay me proporcionó un par de espadas de la marca Mononofu (recomendada por el camarada Zhukov) , a escala 1:10.
Me podía haber ahorrado un montón de experimentos...

 
El soporte para la armadura; es también muy útil para sacarlo en procesión, para pedir que llueva...

Además, es mano de santo contra los vampiros; desde que lo tengo, no me ha entrado ninguno en casa (la verdad es que antes tampoco, pero eso no le quita mérito).
Frontal del haramaki-do, terminado. Ya se ven añadidas las bases de tela de los Kôte (fijadas a los Sode)  y un par de cintas de piel para sujetarlas a los brazos, con su Velcro correspondiente.
Posterior del haramaki-do, terminado. Pensaba ponerle un forro interior de seda roja, pero me gusta más así.

Sirve para presumir con los amigos ("Fíjate la de trabajo que tiene...")

Detalle de Tabi y Suneate, ya terminados.

Los Tabi (calcetines) son las botas del PM, deformadas con calor, lijadas a fondo y frotadas con disolvente, para darles aspecto de tela. Se fresa la separación del pulgar y se pega cordón de cuero ad libitum.

Los Suneate (en dos piezas, anterior y posterior) se sujetan mediante una tira de piel fijada por la parte posterior con Velcro. Los lacitos frontales son meramente decorativos.

El Yoroi, terminado y con el full-equip.

El tachi se ha pegado sobre una tira de piel que da varias vueltas al , sirviendo de soporte a la katana; se sujeta mediante un cierre de presión.

   Al lado tenemos el Yumi (arco) que se dispara sobre la cabeza, para no herir al caballo; por tanto, es asimétrico (la pala es más larga por arriba que por abajo).

   El Yazutsu (carcaj) es un capuchón de rotulador, al que le hemos quitado el clip y aplicado generosamente lija basta y pintura.
Vestido para matar.

   Las Ya (flechas) se obtuvieron a partir de un trozo de bambú muy fino (sólo pude aprovechar la parte de menos de 1 mm. de grosor), con la punta tallada (cónica) y pintada y los estabilizadores injertados (de una tapa de encuadernación).
 

 

En el Dojo (los siete mares surcarás - Village People)

 

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Chudan no kamae: Guardia media.

Chudan no kamae (bis).

Mihi jodan no kamae: Guardia alta por la derecha.

Mihi jodan no kamae (más fiero).

Entrando a matar...

Valor... y al toro.

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Desenvainando con salero.

Tobi-Komi: Como el salto de la rana, pero con sable.

Hernia inguinal causada por el Tobi-Komi.

Lo que pincha es lo de delante ¿no?

Cara de feroz (importante).

Al borde del estanque del Dojo.

 

 

La Batalla de las Colinas del Whisky

    "En cierta ocasión hube de hacer frente, junto a los samurais del Señor Toyotomi, a unos europeos ( por aquel entonces, yo ya no pensaba en mí como tal) que habían tenido la osadía de establecer una destilería clandestina cerca de la costa - reduciendo, por tanto, mi clientela y los ingresos por impuestos del señor Toyotomi.

    Según es mi costumbre, vestíme con cuidado para la ocasión, y embosquéme en un bosquecillo cercano a la destilería, lo suficientemente cerca como para no perderme el espectáculo (que el sufrimiento, mientras sea ajeno, es siempre entretenido), y lo suficientemente lejos como para no correr ningún peligro, que no está en el "Código de los Arensivia" el arriesgar el pescuezo bajo ningún concepto. Así, limitéme a lanzar unas cuantas flechas al azar, para poder entregar después el carcaj vacío y presumir de haber contribuído al resultado final de la batalla, y a esperar la inevitable victoria de las armas del Señor Toyotomi.

    Sin embargo, plugo al hado que uno de aquellos tuercebotas, huyendo de la labor de los samurais, viniera a dar con mi tranquilo escondite. Pese a mis frenéticos gestos para que siguiera su camino y no intentara medirse conmigo, que pobre desafío soy y poco honor le iba en batirme, el hideputa abalanzóse sobre mí. Mas quiso mi buena estrella que, en uno de mis ademanes, la punta de mi espada alcanzase su vientre (para mi magín tengo yo que el muy bellaco tropezara, pues que cojeaba un algo de la pierna derecha), con el resultado que es de imaginar: Siguiendo el camino de mi hoja, sus tripas diéronse en salir a ver mundo, y eso no es bueno para la salud de nadie, que Natura hizo del vientre humano cofre sellado, y desde Pandora que trae mal fario abrir lo que de sí es cerrado...

    Así que, sin comerlo ni beberlo, víme vencedor en la contienda. Cuando, instantes más tarde, aparecieron los cronistas de la batalla, adopté un aire fiero, de matador profesional, y fuéronse al castillo haciéndose lenguas de la gallardía, el valor y la habilidad con el sable del Alensivia-San.

    En fin, así se escribe la historia..."

 

Esperando al enemigo.
Sobre todo, esperando que no venga...
Este soy yo de perfil.
Siento pasos...
Siento gente...
Siento quinse...
Siento veinte...
"¡¡Bonsaiiii!!"
Destripando a un enemigo
Moviola...

¡Bueh!... este ya está listo de papeles...
Pero ¿a tí quién te mandaba meterte en estos negocios, desgraciao?
A un Arensivia nadie le pisa el negocio, ¿sabes?
Por si las moscas, asegurémonos de que esté muerto...
Posando para la foto oficial... no ha sido nada...






El reposo del guerrero - Ampliando su cultura.

"¡Jodó, qué tetas!"
Nuestro héroe, en su santuario, rodeado de muestras de arte popular nipón...
Así que por esto se grita "Bonsai" al entrar en combate... pues vaya tontería...



 

Ved cómo muere un león / cansado de hacer el oso... (El Seppuku)

 

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Esto tiene que doler... pero es mejor que esta maldita debilidad en la rodilla

Venga, Arensivia, valor... que más cornás da el hambre...

¡Huy! ¡Que pincha!

¡Hasta el fondo, Maestro!

Y... ahora... p’arriba...

Hala, que traigan las mulillas...