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Paloma Pedrero ha escrito sobre el Dúo Itapuá en su columna semanal en el diario "La Razón" el 3 de Noviembre de 2007.
Estamos encantados con Paloma y con sus palabras:
Ana Buñuel y Luis Pezzi son dos viejos amigos que allá en su juventud primera amaron la música. Con la guitarra al hombro de Luis y la voz al cielo de Ana, cantaron en la calle, en el metro, en los parques...
Después llegó la madurez, el casamiento (con otros), los hijos, las hipotecas... Y dejaron de verse y de cantar. Pero como la vida es mágica, muchos años después, y por casualidad, volvieron a encontrarse. Fue en el patio del colegio de sus hijos. ¿Iban al mismo? Se miraron y no podían creerlo. Las criaturas del guitarrista ya estaban crecidas y Ana había empezado una vida nueva. Así que la música volvió a llamar a su puerta, como el cartero. Ahora el dúo se llama Itapúa y canta habitualmente en un boliche, como dicen los argentinos, de la calle Regueros, llamado Zanzíbar. El miércoles tuve el placer de escucharlos. Sentir sus bossa-novas, sus sambas, sus fados portugueses... Si este tipo de música ya es de por sí relajante e invita a sentir, el espacio pequeño y la espontaneidad con que los músicos charlan con el público, convierte su concierto en un
diálogo compartido. Ana Buñuel parece estar en el salón de su casa con sus mejores amigos; a los que pregunta cómo se sienten, si les ha gustado esa canción, si quieren que repita alguna, si hay alguien que se llame Beatriz para dedicarle un tema. Luis pone la nota intelectual y cuenta la historia de géneros o autores. Los oyentes se van animando y ríen, preguntan, piden temas o colaboran con alguna percusión. La verdad es que es una gozada que todavía existan este tipo de garitos con música en directo y a flor de piel. Los músicos convierten al público en parte de la fiesta, y la gente sale con la sensación tanguera de que el corazón aquel que perdí anda más cerca de lo que uno piensa
Arte necesario el de Itapúa, ajeno a la masa y el top manta. Música humanista y cercana. Ideal para ir con alguien y hacer manitas. Y si no se tiene ese alguien, música para soñar que algún día llegará.
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