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Nacido en Varsovia (Polonia) en
1918, muerto en Cassel 1988, Szeryng estudió en Berlin con Carl
Flesch durante los años 1929-32. Fue luego a estudiar con Thibaud
desde 1932-1937, en Paris, donde también tomó clases de
composición con Nadia Boulanger durante seis años. Hizo
su debut en Varsovia en 1933, tocando el concierto de Brahms. Cuando
estalló la guerra, se convirtió en el traductor oficial
del gobierno en exilio de Sikorski, en Londres. En 1941 se fue a Sudamérica
para hallar hogares para 4.000 refugiados polacos. Durante la segunda
guerra mundial, dio cientos de conciertos para las Fuerzas Aliadas.
Fue recién en 1965 que hizo su debut en Salzburgo con un recital.
Esto son los hechos desnudos, como se leen en los diccionarios. Pero
hubo mucho más en la vida de este extraordinario músico,
debido a la pobreza que padeció durante su juventud, y que le
marcara para el resto de su vida. Tal vez fuera esa la razón
porque Flesch lo escogiera precisamente a él como una especia
de conejo de indias: Le hizo tocar todos los ejercicios de Sevcik. Aquellos
que saben lo que eso significa quedarán asombrados. Pero por
lo visto, esto no le hizo ningún daño, porque se convirtió
en un músico de primerísima categoría.
1918 fue un año poco afortunado para que naciera un futuro violinista.
El revuelo general, después de la primera guerra mundial, para
empezar una vida, y luego, 21 años más tarde, a esta edad
crucial, el estallido de la segunda guerra! De todos los grandes violinistas
de la 2ª mitad del siglo veinte, solamente Ruggiero Ricci nació
en esos momentos, todos los demás provinieron de una generación
anterior.
Si no hubiera sido por Flesch, que se apercibió de su talento,
y más tarde Arturo Rubinstein, el pianista, quien lo embarcó
en su carrera internacional, tal vez él hubiera pasado desapercibido.
Los años cuarenta fueron, efectivamente, tiempos muy duros para
abrirse camino en el mundo de los conciertos. Para darle al lector una
medida del calibre de Szeryng, sólo citaré a David Oistrakh,
quien con su proverbial modestia declaró que Szeryng tocaba el
concierto de Tchaikovsky mejor que él mismo. Aquellos afortunados
que se lo escucharon en persona lo confirmarán.
Las grabaciones que Szeryng hiciera de las Sonatas y Partitas para violín
sólo de Bach aún hoy sirven de referencia para los expertos,
a pesar del cambio de estilos que se ha producido entre tanto. Desde
un punto de vista técnico, son impecables, el fraseo está
exento de una lectura romántica (tan de moda entonces), pero
naturalmente los arcos cortos de hoy aún no se habían
impuesto. Esto fue bastante más tarde.
Szeryng nunca formó equipo con un mismo pianista. En sus giras
de conciertos através de Sudamérica, prefería ensayar
en cada ciudad con el pianista escogido por la agencia de conciertos
que lo contratara. Esto significaba más trabajo, pero da una
idea de su actitud social y su modestia. En los años setenta
se le solicitó - probablemente por iniciativa de Artur Rubinstein
- a grabar con él y el cellista Pierre Fournier la integral de
los Trios de Brahms. El sitio escogido fue Ginebra, ciudad de residencia
de Fournier, por respeto a la precaria salud de éste último,
y porque la Sala Victoria de Ginebra tenia la acústica adecuada.
En los días de Mischa Elman, Jascha Heifetz, Joseph Szigeti y
David Oistrakh, todos en su máximo apogeo, ciertamente no fue
fácil adquirir prominencia mundial. Szeryng lo logró en
su manera modesta, sin alardes y sin aspavientos.
Antes de terminar, un detalle más que nos dará una idea
sobre este excepcional violinista. Su piso en París, donde estableció
su cuartel general para sus giras por Europa, solamente fue accesible
a sus amigos más íntimos, y por una buena razón.
Debido a su frugalidad, el sitio era extremamente feo. La vista desde
las ventanas daba sobre la estación de carga de los ferrocarriles
franceses, con la suciedad, ruido y hollín propias del lugar.
No se le hubiera ocurrido nunca escoger un piso en un barrio "chic",
por motivos de relaciones públicas. Fue un hombre inmensamente
generoso con su violín; por lo demás no había más
remedio que caracterizarlo como un avaro. ¡Los traumas de la infancia
no le abandonaron nunca!