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Antes de iniciar nuestro análisis,
dejemos una cosa bien clara: Nadie puede predecir inicialmente si
una criatura joven se convertirá en un profesional, o un
aficionado feliz. Esto solamente se sabrá después
de algunos años de estudios, y aún entonces las cosas
se pueden torcer. Una cosa debe ser clara: Si realmente se detecta
talento, no debe perderse el tiempo, y las prioridades deben ser
definidas sin titubeos. Todo reposará sobre tres pies, como
un atril: El profesor, el alumno, y su familia. Si uno de los tres
no funciona como es debido, el trípode caerá y las
cosas no han de marchar bien.
Digámoslo de entrada: Aprender el violín a temprana
edad es una de las mejores cosas que padres pueden hacer para sus
hijos. No importa, a esta altura, si de ello saldrá algún
día una carrera o no. Conseguir tocar el violín es
bueno para la personalidad del ser humano, estimula la inteligencia
(más neuronas!) y forma el carácter. El filósofo
y educador alemán Steiner, quien fue el creador de las escuelas
Waldorf, hizo un análisis del asunto. Sus conclusiones aún
son válidas hoy día.
La edad ideal para iniciar los estudios del violín es de
5-6 años. Todo lo que se haga antes de esa edad es útil,
siempre que los chicos no se aburran. El énfasis debe estar
en que eso constituya un juego más que un aprendizaje, acentuando
aspectos tales como canto, ritmo, soltura del cuerpo y disfrute
musical. No nos dejemos cegar por las hordas de niños japoneses
tocando juntos al unísono. Su cultura es diferente.
Lo que intento exponer aquí es el camino que yo he seguido,
y que me ha dado buenos resultados. Hay variaciones infinitas; no
pretendo que este sea el único camino y sólo deseo
aclarar dudas, si es que las hay, y proponer posibles respuestas.
A los 5-6 años conviene empezar con los movimientos grandes,
o sea, el movimiento del arco, y desarrollar la mano y el brazo
derecho sobre cuerdas al aire. Una preparación muy minuciosa
se halla en el libro Nº 1 de Leopold Auer (editado por Carl
Fischer, USA), enteramente dedicado a cuerdas al aire, con una suave
progresión de detalles útiles, incluyendo ligaduras
sobre diferentes cuerdas, y desarrollando ritmo a través
de movimiento, desde notas redondas hasta semicorcheas. . Fíjense
lo que se puede hacer en la segunda o tercera clase de violín
con el jovencísimo alumno:
Después de tocar este dúo con el maestro, el alumnito
comienza a interesarse por la cosa, vuelve a casa y cuenta orgulloso:
He tocado a dúo con mi profe!! Esto llamo yo una iniciación
auspiciosa. Así queda garantizada una buena disposición
para cosas menos atractivas que seguirán más adelante.
La obra de Auer es muy minuciosa, y no hace falta trabajar todo
el libro. Con las primeras quince páginas la destreza de
arco tendrá un desarrollo suficiente, para empezar a pisar
cuerdas.
Hay muchas buenas escuelas para principiantes: Los cuadernos de
Sheila Nelson, Eta Cohen, Rolland, y también Suzuki. Yo personalmente
prefiero el libro Nº1 de la colección Doflein, debido
a la alta calidad de la música seleccionada. Doflein originó
los 44 Duos para dos violines de Bartok, y los más sencillos
se hallan en este libro. Que un incipiente músico sienta
como suena un intervalo de medio tono, la tensión que ello
crea hacia su resolución por un acorde que suena bien, es
una aventura musical de tal envergadura que todo el mundo debería
tener la ocasión de vivir semejante momento, y cuanto antes
mejor. Y más aún en nuestros días, cuando la
música contemporánea requiere una mente abierta y
un oído acostumbrado a disonancias.
Trataré ahora de un tema delicado, a saber, el método
Suzuki. Lo he usado con éxito con muchos alumnos y lo recomiendo
para futuros aficionados. Pero si un joven demuestra tener talento
excepcional yo pasaría cuanto antes a un método más
tradicional. Suzuki mismo dijo que su método estaba principalmente
concebido para formar la personalidad del alumno, y no para producir
violinistas. (Siempre habrá un pequeño porcentaje
que hará carrera, no importa con qué método,
y la única cuestión es si se convertirán en
buenos músicos). Mucho temo que para un futuro profesional,
las armonizaciones de los acompañamientos de la escuela Suzuki
dejan mucho que desear, algunas están sencillamente equivocadas
o en el mejor caso, de mal gusto. No conviene que los alumnos se
acostumbren a esto - no vaya a ser que sufran deformaciones auditivas
que luego son difíciles de corregir.
No quiero dejar de mencionar aquí el método que ideó
uno de mis maestros, Ljerko Spiller, y que existe en versión
española. Comienza en tercera posición, una propuesta
muy astuta porque evita lo que tanto ocurre con los principiantes:
Quieren cerrar el puño de la mano izquierda. El hecho que
Spiller desarrolló su trabajo en la Argentina y no en Europa
hace que su obra haya resultado menos accesible, pero no por ello
de calidad inferior. Él se sitúa con justicia entre
los mejores pedagogos del mundo del siglo 20.
La fase elemental termina cuando, con ayuda de alguna de éstas
escuelas, el alumno haya asimilado las cuatro posturas de los dedos
y pueda tocar, sin pensárselo mucho, escalas de una octava
en todas las tonalidades hasta 3b o 3#.
¿Qué hacer después¿ Éste es a
mi juicio el momento álgido, más delicado, porque
ahora comienza también la fase deportiva, o sea, el entrenamiento
de los músculos de la mano izquierda y del brazo derecho,
o lo que en general entendemos como técnica, y al mismo tiempo
la educación musical sobre el instrumento. Es en éste
momento en que hay que cuidar que el material sea bueno,. accesible
(no demasiado difícil), que permita al alumno recrearse,
y que prevé tocar a dúo - como recompensa - con el
maestro. Yo recomiendo para ello los libros 2 & 3 de Doflein,
que se pueden trabajar simultáneamente, con énfasis
sobre el Nº 2, y tomando las cosas con más calma con
el Nº 3 (3ª Posición). Al terminar el Nº 2
sigue el Nº 4, y si se terminan los libros 2 & 4 más
o menos al mismo tiempo que el Nº 3, tanto mejor. Pero - y
esto es importantísimo - paralelamente debe trabajarse técnica.
Comenzar con dosis modestas de Sevcik op 1 desde el principio, y
Sevcik op 2, empezando con el ejercicio Nº 4, y gradualmente
aumentando las dosis, a medida que el desarrollo del alumno lo permite.
Hay los que prefieren trabajar solamente técnica - generalmente
aquellos que tienen pereza mental - y otros hay que se resisten
a trabajar técnica. En ambos casos hace falta firmeza para
que las cosas se desarrollen orgánicamente. Quiero subrayar
aquí una vez más: Facilidad no conculca calidad -
al contrario! Escalas sobre dos, y más adelante, sobre tres
octavas deben ser practicadas durante este periodo.
El capítulo anterior ha de durar 3 - 4 años. Ya tenemos
un violinista en ciernes, y es ahora que debe decidirse si sigue
adelante con el violín o se pasa a la viola. Esto depende
antes que nada de la forma como se desarrolló el alumno físicamente.
Si un violín 1/1 resulta demasiado pequeño, se le
debería poner una viola en sus manos, para que improvise
o toque una escala. Si se siente más cómodo en la
viola, no debería quedar ninguna duda: Este es el instrumento
para el cual está constituido. (Sé que existen ahora
violas de tamaño pequeño, pero su sonido - particularmente
la cuerda de Do - deja mucho que desear, y por ello prefiero empezar
vía el violín El cambio de clave es un ejercicio mental
saludable, y nunca tuve problemas con el paso de la clave de sol
a la de do.).
A partir de ahora el joven violinista puede dedicarse al libro Nº
5 de Doflein - 4ª posición y más - y comenzar
con estudios y obras. Los estudios de Kaiser preparan bien para
los de Kreutzer que vienen después, y en cuanto a obras,
comenzar con Sonatas de Händel, conciertos de Bach y Mozart,
Sonatinas de Schubert y Dvorak. Si hasta aquí el alumno ha
desarrollado un buen sonido, vibrato adecuado, y una afinación
exacta, lo más delicado ya se ha conseguido. La edad ideal
para iniciar esta fase es de 14/15 años, para que hasta los
l8 los estudios de Kreutzer, Rode y Dont hayan podido ser dominados,
con las obras de repertorio que corresponden a cada etapa estudiadas
en paralelo. Y, no olvidar, escalas sobre tres octavas, con asiduidad,
y escalas en terceras y octavas, de forma gradual. Las escalas de
Flesch, revisadas por Rostal, constituyen un compendio excelente
con digitaciones modernas, lo que no impide que el alumno use los
ritmos propuestos por Galamian. Y, por fin, empezar con las Sonatas
y Partitas de Bach, obras sine qua non para la formación
de un músico cabal. De hecho, todo esto se ha convertido
mientras tanto en trabajo muy duro, pero a esta altura nuestro candidato
ya se halla plenamente sumergido en un camino sin retorno. Caminará
por dicho camino y ya nada le ha de parar.
He aquí un marco de plan de estudios razonable para formar
a un violinista útil para la sociedad. Es inútil pretender
formar solamente solistas. Si quiere la casualidad - 1 en 1.000.000
- que alguien tiene condiciones para ello, esto se manifestará
por sí solo. Embarcar a todos en una corrida hacia el virtuosismo
queda reprobado por una cifra: Solamente 1 entre 200 alumnos de
la Meca del Violín - la escuela Julliard de USA - tendrá
una carrera relevante. Los demás serán músicos
de buenas orquestas sinfónicas o de conjuntos de cámara.
Todo el mundo sabe cuanto cuesta ser aceptado en Julliard. Y aún
así, no hay nada de malo con esta realidad.
Si los límites de edad arriba mencionados no se cumplen,
y los años pasan, aún tendremos violinistas aceptables
pero tal vez no de la estatura requerida para ejercer la profesión.
Todo depende de la actitud y condiciones físicas del alumno.
Es bastante frecuente que violinistas empiezan su carrera profesional
a los 25 años de edad. Una carrera de solista queda excluida,
pero pueden convertirse en músicos de orquesta eficaces.
¿Porqué subrayo tanto el factor tiempo, si esto es
así? La respuesta es sencilla: Cuanto más joven el
alumno, tanto más fácil ha de avanzar, con todas las
posibilidades abiertas. Perder el tiempo es, en nuestro caso, un
lujo. Confieso que he cumplido mis propios límites de tiempo
solamente con un puñado de alumnos...!pero les fue bien!
Los otros también están felices, algunos serán
abogados, otros han de enseñar, y se deleitarán tocando
el violín el resto de sus vidas. No hay nada de malo con
eso, ¿ no es así?
Probablemente, los que me leen son o serán miembros de la
profesión, lo mismo que yo, y una de las cosas con las cuales
tenemos que apechugar es que nadie que no ha tenido contacto con
el violín tiene la más mínima posibilidad de
entender lo difícil que resulta convertirse en buen violinista.
Es verdad, hay jóvenes con gran facilidad pero muchas veces
adolecen de seguridad cuando deben pasar un examen o deben competir.
Para obtener buenos resultados, el profesor necesita una buena dosis
de suerte para encontrar alumnos donde todos los ingredientes coinciden:
Carácter, musicalidad, paciencia, aguante, perseverancia,
control del cuerpo, y muchas cosas más. Un buen profesor
de violín es, por naturaleza, un optimista. Si no lo fuera,
no haría ese trabajo. ¡Las probabilidades en contra
son demasiado grandes! ¡Pero que enorme satisfacción
se obtiene cuando emerge un buen violinista! Esto es más
que una generosa recompensa por las horas interminables que se necesitan
para cumplir con este trabajo.