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Para obtener la cal viva a partir de la piedra caliza, que previamente
ha sido extraída de las canteras o "sacaizos",
es necesario someter la piedra a un proceso de calcinación,
por la acción del fuego. Es lo que en Orgaz se conoce como
"cocer" la cal, que se lleva a cabo en la calera.
El
diccionario de la RAE dice que "calera" es la
"cantera que da la piedra para hacer cal"
o bien el "el horno donde se calcina la piedra caliza".
En Orgaz la calera comprende generalmente los dos elementos a
la vez, ya que el horno calero solía instalarse junto a
la propia cantera, con vistas a la economía de medios y
buscando una mayor rentabilidad.
El horno de cal
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Horno
de cal, visto desde arriba
Foto: Santiago Gómez
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En los pueblos
de Los Montes se utilizan diversos tipos de hornos. El horno tradicional
utilizado en Orgaz se construye excavando un pozo de forma cilíndrica
en el suelo . Tiene tres o cuatro metros de profundidad por dos
o tres metros de diámetro y una capacidad interior de de
tres a cuatro metros cúbicos. Se suele revestir interiormente
con una pared hecha de piedra granítica.
En la parte
más baja, el cilindro reduce su diámetro de tal
forma que en el interior del pozo a todo su alrededor se forma
un poyete o "poyal", que servirá como
base donde apoyar la piedra que se va a cocer.
Este poyete
tiene unos setenta centímetros de altura, constituyendo
las paredes de la caldera del horno o "calderuela",
el lugar donde se quemará la leña que producirá
el calor necesario para oxidar la piedra. Por uno de los laterales
se excava una rampa, en plano inclinado, que llega desde la superficie
hasta la base del pozo . En el encuentro de la rampa con la base
del pozo se perfora éste, haciéndose una boca.
Es la zona
que se conoce como "servidor", donde el calero
se situará para ir introduciendo la leña que ha
de calentar el horno. Esta construcción, dependiendo de
la consistencia del terrero, se fortalecerá con ayuda de
piedras, allá donde sea necesario.

Armar el horno
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Hilera:
piedras preparadas para colocar en el horno
Foto: Santiago Gómez
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El calero
ha pasado varios días picando con el "garrayo"
en los "sacaizos" para extraer la piedra . Arrancada
la piedra, el calero ha ido clasificando y colocando las piezas
en "hileras".
En torno al
horno se acumula la piedra que se va a cocer clasificada
en "hileras" . El calero, y su ayudante si lo
tiene, acomete una tarea que requiere sabiduría y
destreza, cual es la de "armar" el horno, que
consiste en llenar el horno de piedra.
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Armando
el horno
Foto: Santiago Gómez
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Situado el
calero en el fondo del horno, comienza a colocar una piedra tras
otra a partir del poyete circular. El lento, y laborioso
trabajo del calero hace que el horno se vaya colmatando de piedras,
cuidando de que a medida que éstas van subiendo se vaya
formando una bóveda que permitirá, que las piedras
se sostengan simplemente apoyándose unas sobre otras. ¡Ojo!,
no todas las piedras son iguales: hay que colocar primero las
"armaeras", después los "trasquilones",
seguidos de los "regulares", "gordos",
y "cantos".
Pero además, debe cuidar al colocar ordenadamente las piedras,
no sólo de fabricar una bóveda resistente, sino
de que el calor producido por el fuego en el hogar del horno,
se extienda por igual por toda la masa pétrea que ocupa
la totalidad del horno. Es clave que entre las piedras se vayan
dejando huecos, por los que pasaran las llamas y además
en su conjunto harán de chimenea. Todas las piedras deben
entrar en contacto con el fuego para oxidarse por incandescencia.
Una vez lleno
el horno, la parte externa de la piedra, que aparece al nivel
de la superficie del terreno en forma de bóveda, es recubierta
por cascotes y latones, a modo de tapadera, al objeto de
aprovechar óptimamente el calor.

La quema
Armado ya el horno, tarea que ha durado una o dos largas jornadas
de trabajo, el calero anuncia: "esta noche voy a quemar".
Es costumbre encender el horno en época de buen tiempo,
ya que la lluvia es un gran enemigo, y por la noche si es verano,
con el fin de hacer más soportables las altas temperaturas
que el calero debe soportar en la boca del horno. Llegado el atardecer
el calero toma el camino de su calera.
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Servidor
y boca del horno
Foto: Santiago Gómez
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Los "leñeros"
en días pasados ha provisto al calero de sarmientos, cepas,
jara traída del monte, "hojuela" , o ramas
de olivo (que en Orgaz se dice "ramón").
En la posguerra, hasta este suministro era difícil, era
frecuente que las autoridades requisaran la carga de jara que
el leñero traía del monte, dejándole incluso
sin los "ataeros" con los que poder atar sus
haces de leña, aunque fuera furtivamente, para llevar el
pan a su casa en los días siguientes.
Con más
o menos dificultades, el fondo del horno ya está lleno
de leña. Empieza a arder, y una columna de humo negro
se eleva hacia al cielo, indicando de forma inequívoca
que allí trabaja un calero, que allí se está
"hornando" la cal. Y comienza una larga noche
para el calero, que ayudado de su "horquilla"
ira introduciendo la leña según vaya siendo necesario
y avivará el fuego ayudándose de la "hurga".
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Un
descanso en el "servidor"
Foto: Santiago Gómez
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Un
rato antes de la hora de la cena, la mujer del calero, acompañada
de algún otro familiar emprende el camino de la calera,
portando algunas viandas, entre las que no faltará el gazpacho,
si es verano, que compartirán con el calero, a la vez que
le hacen compañía y le dan conversación para
hacerle más llevadera la noche. En las buenas noches del
verano los chiquillos también se acercan a la calera, para
"ayudar" al abuelo y corretear por el campo a la luz
de la luna. Llegada cierta hora, el calero quedará sólo
frente a la boca del horno, vigilando que el fuego mantenga siempre
la fuerza que la piedra requiere.. Pasadas veinticinco o
treinta horas, el calero dejará de alimentar el horno.
La piedra ya está calcinada. Hay que dejar pasar un par
de días para que la piedra se enfríe, y la cal estará
lista para usar.
Continuación:
La reata >>>
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