Podemos considerar “la Dansa Macabra” como una de las escasas manifestaciones teatrales documentadas que se producen en la Cataluña medieval relacionadas con el tema de la muerte.

Las diferentes versiones de “la Dansa Macabra” que se representaban en Europa durante la edad media tenían, todas, una clara voluntad moralizante: mostrar a los feligreses que todo es caduco, que nadie, sin diferencias de edad, sexo o condición social, se escapa de la guadaña de la muerte, que siega nuestra existencia sin contemplaciones. Esta manifestación parateatral de raíces religiosas y claramente moralizadora tubo gran importancia en la Cataluña del siglo XV y cuya representación ha perdurado hasta nuestros días.

El espectáculo parte del manuscrito de Pere Miquel Carbonell, archivero real, que hizo en 1497 de “la danse Macabre”, que se bailaba en el cementerio de los inocentes de París.

El elemento principal es la comitiva de la muerte, presidida por un personaje central. La muerte, acompañada por sus sabuesos que abren paso y conducen el carro de las cenizas.

La muerte llama a la puerta. Aparece un personaje, y utilizando un texto original del siglo XV, dialogan la Muerte y su victima. Las victimas de la muerte son: El usurero, la novia, el capitán, la burguesa, el rey, el medico, el juez y el obispo, escogidos entre los 37 personajes que figuran en el original.

Cuando la comitiva esta al completo, la muerte organiza la danza final, dando así por acabada “la Dansa Macabra”.
 
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