Parroquia Santa Ana y La Esperanza PP. Agustinos |
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MENSAJE DEL PAPA PARA LA CUARESMA 2008
(Resumen) En el tiempo cuaresmal la Iglesia se preocupa de proponer algunos compromisos específicos: son la oración, el ayuno y la limosna. Este año, en mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, deseo detenerme a reflexionar sobre la práctica de la limosna, que representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales. La limosna nos ayuda a vencer esta constante tentación, educándonos a socorrer al prójimo en sus necesidades y a compartir con los demás lo que poseemos por bondad divina. Las colectas especiales en favor de los pobres, que en Cuaresma se realizan en muchas partes del mundo, tienen esta finalidad. Según las enseñanzas evangélicas, no somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores. El Evangelio indica una característica típica de la limosna cristiana: tiene que ser en secreto. «Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha», dice Jesús, «así tu limosna quedará en secreto». Por tanto, hay que hacerlo todo para la gloria de Dios y no para la nuestra. Que esta conciencia acompañe cada gesto de ayuda al prójimo, evitando que se transforme en una manera de llamar la atención. La Cuaresma nos invita a “entrenarnos” espiritualmente, mediante la práctica de la limosna, para crecer en la caridad y reconocer en los pobres a Cristo mismo. Con la limosna regalamos algo material, signo del don más grande que podemos ofrecer a los demás con el anuncio y el testimonio de Cristo, en cuyo nombre está la vida verdadera. Por tanto, que este tiempo esté caracterizado por un esfuerzo personal y comunitario de adhesión a Cristo para ser testigos de su amor.
Benedicto XVI |
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