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LAS LLAMADAS DE DIOS
La Biblia es la historia de las llamadas de Dios a los hombres. Basándonos en el texto principal de la vocación de los primeros apóstoles, que se lee en el evangelio de este tercer domingo ordinario, podemos volver a escuchar la invitación al seguimiento de Jesús de Nazaret; invitación que se actualiza hoy a la orilla del lago de nuestra propia existencia. ¿A qué somos convocados? ¿Cuáles son los matices?.
Somos llamados a dejar las redes a desenredarnos de tantas de tantos afanes inútiles, para vivir centrados en lo importante. Dejar las redes significa capacidad de desprendimiento. Somos llamados a abandonar la barca de nuestra seguridad y de nuestra obsesiva subsistencia. Esto exige disponibilidad para emprender nuevas singladuras que van más allá del agua cercana de nuestro entorno familiar.
Abandonar la barca es compromiso para dejar lo movedizo, caminando por la tierra firme de la fe. Somos llamados a ser pescadores de hombres, es decir, a entender la primacía de las personas, a buscar relaciones profundas, a tener experiencias fraternas, a dejar de pescar lo ordinario. Somos llamados a "ver una luz grande" como dice Isaías en la primera lectura. La luz siempre, es símbolo de Dios.
La luz de Dios es una llamada a la coherencia de la fe. Somos llamados a "acrecentar la alegría. La alegría cristiana es un contrapunto a los ridículos goces terrenos. Somos llamados a la unidad, según nos recuerda San Pablo. Hoy, domingo dentro de la semana de oración por la unidad de los cristianos y siempre. Para ponerse de acuerdo y no estar divididos, hay que tener un mismo pensar y sentir. Orad sin cesar.
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