27.1.05
La cultura y el mercado
Uno de los tópicos más manidos de las secciones culturales es el de la supuesta contradicción entre el malisísimo y rastrero mercado y la Cultura (con mayúsculas, por favor), noble, elevada, angelical, espiritual, y por tanto, ajena a las bajas pasiones materiales que mueven a los mercaderes. Curiosamente, este discurso suele utilizar para pedir subvenciones para la "cultura", sin que nadie parezca caer en la contradicción latente.
En todo caso, en cuanto se escribe sobre negocios y cultura, podemos anticipar que el papel del malo está adjudicado de antemano: no es el mayordomo, es el mercado, responsable de todo lo malo y nada de lo bueno que pase en el mundo de la cultura. Por ejemplo, elmundolibro.com del 18 de enero publicaba el reportaje "Fuera de catálogo, el limbo de los libros," con este jugoso antetítulo: "El mercado se impone a la literatura". Veamos en que consiste la contraposición.
Los libreros de viejo sufren cuando tienen que desprenderse de los volúmenes que han permanecido en sus librerías durante algún tiempo. No obstante, se ganan la vida con ello. La suya, más que una profesión, es una vocación.Los libreros de viejo son los héroes de este cuento, amiguitos. Ellos se ganan la vida con algo, pero no es una profesión. Las profesiones deben ser aquellas actividades en las que uno se gana la vida sin disfrutarlo.
Aun contando con el avance del libro electrónico y de las nuevas tecnologías, parece que esta rara especie tiene su supervivencia asegurada: las editoriales -grandes, pequeñas y medianas- cada vez tardan menos tiempo en descatalogar sus libros.Está claro: los libros descatalogados son "extraídos del mercado". Y entonces entran en el mundo mágico de los libreros de viejo. Claro, ellos no forman parte del mercado, porque el mercado es malo, y ellos son buenos. Por eso ellos no regatean precios cuando compran libros de segunda mano, ni intentan vender los que tienen al mayor precio posible, dada su rareza, interés, o fama. Qué va. Ellos no se rigen por las leyes de la demanda y la oferta.Obras de todo tipo que, una vez extraídas del circuito de mercado, los lectores han de buscar por donde pueden.
...Ante tanta desaparición uno puede culpar a la lógica de mercado. Las editoriales, como cualquier otra empresa, viven de vender; pero en este juego de libros desaparecidos quizá demasiado rápido entran más factores.
El mercado, cómo no, hace desaparecer los libros. Digo yo que también los hará aparecer. En cuanto a las editoriales, ya se sabe, son empresas, que viven de vender (no como los libreros de viejo, que viven del aire).
José Manuel Quesada es librero de viejo ¿O debemos decir librero de descatalogado? .... Desde su librería, Alejandría (sita en Sevilla), Quesada apostilla: “Los libreros de viejo nos estamos convirtiendo en el fondo de las librerías de nuevo. Antes, si un libro no estaba en el catálogo de novedades, el librero -entonces un conocedor de la literatura y de su oficio y no un mero vendedor- buscaba en el almacén de la librería en cuestión”. Y el caso es que lo encontraba. Pero hoy la cosa es bien distinta: estamos en un país en el que se edita la barbaridad de 78.000 títulos anuales, y es un riesgo para las editoriales imprimir grandes tiradas.
Esta sí que es buena. ¿Pues no van las malvadas editoriales, enemigas de la literatura, y de todo lo bueno, y editan al año la "barbaridad" de 78.000 títulos? ¡¡¡Qué brutas!!! Así no hay librero que se sepa lo que hay o no hay en el almacén, ni almacén que resista, claro. Si es que de verdad, con lo bien que estaríamos si sólo editasen, no sé, 10.000 títulos.
Como me señalaba Alber en su mensaje,
¿Por qué son muchos libros? ¿Por qué se considera que hay que publicar mucho menos? No sé, pero a mí se me ocurre que lo sano sería afirmar lo contrario: Hay que publicar mucho más, caray, todo lo que se pueda.
Olvidamos que la mayor parte de las publicaciones son llevadas adelante por editoriales privadas que lo que pretenden con ello es ganar dinero (o,al menos, no perderlo). Desde ese punto de vista, lo que se edita es exactamente lo que el mercado admite. Parece ser que, para algunos, los editores españoles son unos señores dispuestos a dilapidar (sus) montañas de dinero sólo para inflar las estadísticas anuales del Ministerio de Cultura. Y claro que muchos libros no se venden. ¿Pero a qué viene tanta mojigatería con el sector del libro? En muchos otros sectores también hay productos que no se venden y eso se asume como una dinámica propia del mercado.
En el fondo, la única explicación que se me ocurre para una afirmación tan gratuita como la de que "se publica una barbaridad" es que cada cual la compara con lo que uno está capacitado para leer. Pero claro, hay que entender que la inmensa mayoría de libros que se editan, a uno le importan un carajo: un manual de veterinaria, un libro de autoayuda, un cuento infantil, un libro técnico, un manual de instrucciones, etc.
Ay, amigo Alber, sigues adorando al becerro de oro del mercado, y no comprendes lo malo que es esto para la literatura. Tendrías que leer con más atención al señor Quesada:
“Incluso las pequeñas editoriales que cuentan con el respaldo de grupos potentes se ven obligadas a editar por pedidos. Sacan, por ejemplo, una tirada de 500 ejemplares y no vuelven a reeditar hasta que tienen un número de pedidos considerable”, añade Quesada, quien preside La Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Sevilla.
Está claro. Que las editoriales saquen muchos libros, con tiradas ajustadas, y no impriman más que lo que se vende, es malo. Sería mucho mejor que saquen menos títulos, desde el principio con una gran tirada, se venda o no. Esto sería estupendo para "la literatura", pero claro, la pobre, es víctima del mercado. ¿Por cierto, para qué gremio podría ser bueno que se hicieran grandes tiradas de los libros, sin saber si se van a vender o no?
En fin, les dejo que lean el resto del artículo, donde nos cuentan cosas como que los derechos de autor son también un factor explicativo de la desaparición de libros (pero no, por lo que parece, de su aparición); que las nuevas tecnologías y el libro electrónico también "acechan" (¿?); que la producción poco flexible de las editoriales [¿pero no habíamos quedado en que producían en pequeñas cantidades y bajo demanda?] les lleva a producir muchos más ejemplares de los que se venden, que luego llevan vidas miserables en almacenes, se malvenden, se regalan, o se destruyen [¿pero entonces no se descatalogarán, no?]; y también que las nuevas tecnologías, aunque "parece mentira" [¿?] echarán uno mano al libro.
En última instancia, siempre podremos acudir a los "libreros ‘vocacionales’ dispuestos a subir y bajar escaleras en busca de aquella edición de ‘Los viajes de Gulliver’ que usted leyó en la infancia", porque "si uno no tiene la celeridad del mercado editorial puede quedarse en un abrir y cerrar de ojos sin su objeto de lectura. Viviendo en este mundo de prisas y del sálvese quien pueda, sería un suicidio acogerse a las mismas leyes de las novedades y lo inminente también en la lectura."
