18.1.05

Los masters también dicen paridas 

Vuelvo a jugar un poco con las reglas de Malaprensa, para apuntar un genial artículo firmado por un tal Fernando Trías de Bes, y titulado "¿Comprar o alquilar?" aparecido el domingo en El País, y reproducido (no sé si legalmente), aquí. Aquellos que se acomplejan al ver un título rimbombante en una tarjeta tienen motivos para relajarse tras ver los disparates que escribe el amigo Trías de Bes, MBA por Michigan y profesor en Esade.

Algunas perlas:
Se dice que existe una burbuja especulativa cuando el precio de mercado de un bien se ha disparado por encima de su precio real. O sea, que hay burbuja inmobiliaria si lo que hoy se paga por los pisos es disparatado respecto al precio real.
Pero, ¿cómo saber cuál es el precio real de un piso? Y en caso de que sea muy inferior al de mercado, ¿por qué la gente paga más de lo que realmente es su valor?
Concepto innovador donde los haya, éste del "precio real". Y fantástica la confusión entre precio y valor. Es de primera semana del primer curso de microeconomía.
Antes del pinchazo de una burbuja especulativa, se ha instalado entre la gente tres creencias. La primera es que a nadie le importa o preocupa que la mayoría de causas que inicialmente desataron el aumento de los precios hayan desaparecido o perdido fuerza.
Bueno, si los precios siguen subiendo será porque sigue habiendo causas que lo expliquen, aunque no sean las mismas que originalmente dieron lugar a la subida (suponiendo que tal cosa pueda ser identificada). ¿Qué importa que las causas hayan cambiado?
La segunda creencia es que, incluso pocos días antes del pinchazo [¿¿y el día del pinchazo por la mañana??] y sin motivos que lo justifiquen, mucha gente afirma que los precios van a seguir subiendo.
Tal creencia provoca una espiral tipo bola de nieve que toma forma de profecía que se autocumple y no hace sino aumentar más y más la burbuja.
La primera frase está mal redactada, y además no dice nada más que una tautología: si hay "pinchazo" de una burbuja, el pinchazo tiene que ser súbito e inesperado. Si no, no sería tal pinchazo. Por otra parte, las profecías que se autocumplen también pueden darse en sentido contrario. Si todo el mundo percibe que los precios de los pisos van a bajar, puede perfectamente darse un "pinchazo" "sin motivos que lo justifiquen" (otra frase gloriosa: ¿ante qué autoridad hay que justificar los motivos para comprar o vender a un precio?).

Sigue el articulista reprochando a los pisos que se encarezcan cuando ya no hay ninguno de los motivos que en el pasado "explicaron" la subida de precios. O sea, los precios suben sin razón, los malditos.

Y ahora viene lo mejor. Repitiendo una estadística mutante el señor Trías de Bes nos sacude con esto:
¿quién puede asegurar que hay sobrevaloración? La medida del esfuerzo financiero inmobiliario es muy fácil y reveladora. Indica qué porcentaje de los ingresos mensuales debe dedicar una familia a la hipoteca de su vivienda. En 1999, el 26% del sueldo debía ir a la vivenda. En el año 2001 se disparó al 36%. En estos momentos, los españoles deben dedicar un 54% de su salario al pago de la vivienda.
Falso de toda falsedad, como vimos hace unos días, y como el propio sentido común le debería indicar al señor articulista. Pero no se para ahí:
Para darse cuenta de lo desmesurado de esta cifra, sepamos que el sistema bancario no recomienda otorgar una hipoteca cuando lo que hay que pagar cada mes supera el 33% de los ingresos mensuales. Se considera que, de hacerlo, estaría incurriendo en un elevado riesgo de morosidad.
Efectivamente. Por eso los bancos no lo hacen, y la estadística mutante del 54% es falsa. Y por eso, como anotaba el otro día Salvatierra de Barros, las estadísticas de morosidad están en España en valores mínimos: porque los bancos no están prestando dinero a la gente de forma que tengan que dedicar el 54% de su sueldo a comprar un piso.

Pues nada, que como en el serial aquel de "los ricos también lloran", los profesores también desbarran. Y claro, si ellos dan este ejemplo, qué fechorías no harán los periodistas.