6.5.05
Bulimia, anorexia y libertad de expresión
Cuenta hoy el ABC que "los principales distribuidores de contenidos en Internet" han cerrado 350 páginas web en diez meses por incitar a la bulimia y anorexia. Algo parecido vi anoche en Telecinco. Y aparece hoy en múltiples medios.
Naturalmente, no los he leido todos. Pero en los que he ojeado me asombra la naturalidad con la que se nos informa de un supuesto acto masivo de censura, sin que se nos cuente nada sobre qué criterios se han seguido para esos cierres, qué leyes han incumplido los que mantenían esas páginas, qué cláusulas contractuales de las empresas proveedoras de servicios les han permitido cerrar esas páginas, qué mecanismos de control legal se han aplicado para que esos cierres no sean arbitrarios, qué procedimientos de defensa de sus derechos tienen los autores de las páginas.... nada, absolutamente nada.
Dice el artículo 20 de nuestra Constitución que se reconoce y protege el derecho "a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica" (entre otros). También dice que "estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia," y que "sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial."
¿El cierre de una página web por sus contenidos indeseables se puede realizar arbitrariamente por el proveedor de servicios? O, peor aún, ¿por una decisión administrativa de una autoridad pública sin control judicial alguno? ¿En qué clase de democracia vivimos si nada de esto preocupa a nadie? ¿Y qué clase de medios tenemos que no encienden las luces de alarma ni plantean debate alguno sobre este asunto?
Actualización: no se pierdan lo que Javier Cuchí escribe sobre este asunto. Justamente lo que hubiéramos esperado hoy unos cuantos artículos de nuestra prensa. Mais non.
Naturalmente, no los he leido todos. Pero en los que he ojeado me asombra la naturalidad con la que se nos informa de un supuesto acto masivo de censura, sin que se nos cuente nada sobre qué criterios se han seguido para esos cierres, qué leyes han incumplido los que mantenían esas páginas, qué cláusulas contractuales de las empresas proveedoras de servicios les han permitido cerrar esas páginas, qué mecanismos de control legal se han aplicado para que esos cierres no sean arbitrarios, qué procedimientos de defensa de sus derechos tienen los autores de las páginas.... nada, absolutamente nada.
Dice el artículo 20 de nuestra Constitución que se reconoce y protege el derecho "a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica" (entre otros). También dice que "estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia," y que "sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial."
¿El cierre de una página web por sus contenidos indeseables se puede realizar arbitrariamente por el proveedor de servicios? O, peor aún, ¿por una decisión administrativa de una autoridad pública sin control judicial alguno? ¿En qué clase de democracia vivimos si nada de esto preocupa a nadie? ¿Y qué clase de medios tenemos que no encienden las luces de alarma ni plantean debate alguno sobre este asunto?
Actualización: no se pierdan lo que Javier Cuchí escribe sobre este asunto. Justamente lo que hubiéramos esperado hoy unos cuantos artículos de nuestra prensa. Mais non.
