22.2.05
¿Sólo un tercio?
Dice un titular hoy de El Mundo que Uno de cada tres niños indígenas peruanos deja la escuela porque las clases no son en su idioma.
Lamentable. Y falso, naturalmente, como se puede comprobar en el primer párrafo de la noticia:
Vaya, resulta que ese tercio incluye también a los que repiten curso. Hombre, pues entonces la cosa no va tan mal. En España no repiten porque la ley no les deja (hasta ahora), pero si no, estaríamos seguro entre el 20 ó el 25%.
Por otro lado, la relación causa-efecto que establece el titular es totalmente apriorística. Sin duda, asistir a clases en lengua distinta de la materna puede ser una dificultad que lleve a muchos a repetir o abandonar. Como pueden serlo también otros factores: pobreza de la familia, que necesita los ingresos procedentes del trabajo, por poner un ejemplo.
Es decir, el fracaso escolar de los niños de lengua quechua o aymara es seguramente mayor al de los niños de lengua materna castellana. Pero esos niños serán también diferentes en muchas otras variables, por lo que no se puede atribuir sin más las diferencias en la permanencia o el éxito en la escuela a la cuestión lingüística. Será seguramente un factor entre otros, pero su peso podría ser menor (o mayor, no lo sabemos) que el de características socio-económicas o familiares de los niños.
En definitiva, está muy bien ser políticamente correcto y preocuparse por las minorías lingüísticas. Pero las buenas intenciones no justifican la simplificación de problemas complejos, ni la atribución a una sola causa de fenómenos que casi con seguridad se explican por varios factores distintos.
Lamentable. Y falso, naturalmente, como se puede comprobar en el primer párrafo de la noticia:
El 32% de los niños indígenas peruanos repite curso o abandona la escuela antes de terminar su formación (negritas mías).
Vaya, resulta que ese tercio incluye también a los que repiten curso. Hombre, pues entonces la cosa no va tan mal. En España no repiten porque la ley no les deja (hasta ahora), pero si no, estaríamos seguro entre el 20 ó el 25%.
Por otro lado, la relación causa-efecto que establece el titular es totalmente apriorística. Sin duda, asistir a clases en lengua distinta de la materna puede ser una dificultad que lleve a muchos a repetir o abandonar. Como pueden serlo también otros factores: pobreza de la familia, que necesita los ingresos procedentes del trabajo, por poner un ejemplo.
Es decir, el fracaso escolar de los niños de lengua quechua o aymara es seguramente mayor al de los niños de lengua materna castellana. Pero esos niños serán también diferentes en muchas otras variables, por lo que no se puede atribuir sin más las diferencias en la permanencia o el éxito en la escuela a la cuestión lingüística. Será seguramente un factor entre otros, pero su peso podría ser menor (o mayor, no lo sabemos) que el de características socio-económicas o familiares de los niños.
En definitiva, está muy bien ser políticamente correcto y preocuparse por las minorías lingüísticas. Pero las buenas intenciones no justifican la simplificación de problemas complejos, ni la atribución a una sola causa de fenómenos que casi con seguridad se explican por varios factores distintos.




