25.5.05

El SIDA, enfermedad "de origen homosexual" 

Eso es lo que dice este anuncio publicado hoy, según parece, en El País (gracias a Francisco Javier por la pista):



Nuevamente nos encontramos ante un caso problemático sobre los límites de la libertad de prensa. Algunas ideas a vuelapluma:

1. Es obvio que el SIDA no es una enfermedad "de origen homosexual". No hay mucho que discutir ahí. La causa es un virus, que se transmite por diversas vías. Sí es cierto que, lamentablemente, hay muchos más gays infectados, porque es más frecuente en este grupo de población la realización de comportamientos de riesgo. Por ejemplo, en España en 2003, un 15% de los nuevos casos detectados correspondían a transmisión a través de relaciones sexuales entre hombres. Suponiendo que sean gays entre un 3 y un 10% de los varones, y aunque no hubiera ningún homosexual que hubiera enfermado por otras vías (como el uso de drogas), estos datos significarían que la enfermedad sería entre 3 y 10 veces más común entre varones homosexuales que entre el conjunto de la población.

2. Dicho esto, ¿tiene el periódico el derecho o el deber de no publicar un artículo porque contenga una información que es patentemente falsa? Respecto al derecho, no cabe duda: el periódico puede elegir publicar o no un anuncio, sea falso, verdadero o medio-pensionista. ¿Y la obligación? Yo creo que no, por varias razones.

Primero, como vemos aquí cotidianamente, los periódicos publican todos los días falsedades, a veces por error o negligencia de los periodistas, pero muchas veces también por inducción de grupos de interés de todo tipo que promueven sus propios puntos de vista retorciendo los datos. Aquí sí que tendrían que esmerarse los periódicos, porque la información publicada como tal tiene, entre los lectores, una "presunción de veracidad" y porque el periódico se responsabiliza directamente de ella. En cambio, los lectores saben que la publicidad tiende a distorsionar, exagerar y manipular la información, y que sus contenidos no son afirmaciones del periódico, sino de parte interesada.. Los estándares en relación con la publicidad, por ello, no tienen que ser tan estrictos.

Segundo. La publicidad política o ideológica (y ésta lo es) no debe estar sometida a las mismas reglas que la publicidad comercial. No es lo mismo mentir diciendo que tomando una píldora se curará usted de cáncer, que mentir llamando a una enfermedad "de origen homosexual" en el contexto de un mensaje político. Lo primero es un puro y duro fraude, una estafa, que si se tolera contribuye sólo a que alguien se haga rico engañando a gente incauta. El mensaje es puramente instrumental para un fin fraudulento. En cambio, con la comunicación "política", el hecho mismo de que nos transmitamos unos a otros mensajes es un bien valioso en sí mismo, que debe ser objeto de especial protección. Por eso, en caso de duda, hay que inclinarse a favor de la libertad de expresión.

Esta gente tiene ideas que me resultan repulsivas. Pero, y discrepo aquí con alguien con quien suelo coincidir, no creo que se pueda decir que este mensaje sea "fascista", un "libelo", una "apología contra los derechos humanos", o un "atentado a la libertad" y que por todo ello deba ser censurado. Es la obra de unos lerdos retrógrados e ignorantes (por cierto, que el estilo lingüístico hace pensar que ni siquiera son un grupo español, más bien parecen latinoamericanos o personas que manejan el español como segunda lengua). Pero tienen derecho a decir sus disparates.

Si alguien puede escribir "Aznar, asesino", sin que pase nada, alguien debe poder escribir "homosexuales, origen del SIDA" sin que pase nada. Así es la libertad de expresión.