24.2.09

Simyo no estafó, sólo nos tomó el pelo 

Hace unas semanas escribí una entrada con un título inadecuado: Estafado por Simyo. En realidad, como quedaba claro en el texto, Simyo aún no había estafado a nadie, sólo había dicho que lo iba a hacer.

Al terminar decía yo que había tres posibilidades: a) que fueran unos chorizos; b) que fueran muy torpes y ni su página web ni el servicio de atención al cliente entendiera sus tarifas; c) que yo fuera muy tonto y no entendiera nada.

La entrada armó cierto revuelo gracias a que fue citada en Menéame y llegó a portada, trayendo aquí ese día 18.000 visitas (mi record, creo). Los comentarios aquí y en Menéame eran variados: algunos se burlaban de mi cabreo por sólo unos euros, y por una "estafa" aún no producida; otros contaban que en circunstancias similares les habían cobrado de más efectivamente, y tras protestar habían conseguido la devolución; otros no la habían conseguido; y otros decían que tras ver online una facturación mayor, finalmente sólo les habían cobrado lo prometido (5 euros más IVA).

Muchos pidieron que contara el final de la historia, y esta ha sido, relativamente "feliz" (si descontamos la frustración, el cabreo, las llamadas por teléfono a incompetentes, y el tiempo invertido en contar la historia aquí). Efectivamente, la factura se emitió a mediados de febrero, y la opción correcta resultó ser la b), es decir, que cumplieron lo anunciado en la publicidad (máximo de 5 euros mensuales, más IVA, si no pasas de 500 Mb de descarga), a pesar de lo que decía la información online de consumo, y lo que decía el servicio de atención al cliente por teléfono. De hecho, el cobro a mi amigo ha sido de cero euros, porque además había una promoción de regalo de 10 euros en llamadas o conexiones, de los que aún le quedan algunos por gastar.

Con la salvedad sobre el título, apuntada arriba, no me arrepiento, sin embargo, de haber escrito la entrada. Lo que contaba eran hechos ciertos de cabo a rabo. Y dado que los consumidores nos encontramos tantas veces en una situación de manifiesta inferioridad e indefensión en las relaciones con las grandes empresas, creo que es perfectamente legítimo usar el pequeño, mediano o grande poder de comunicación que cada uno tenga en las tertulias, en un blog, o un foro, o donde sea, para informar de los desmanes y atropellos que sufre. Antiguamente, el pataleo de un cliente mal atendido lo oían sólo diez o doce familiares o amigos. Ahora lo pueden conocer unos miles de personas. Pues eso que hemos ganado.

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