30.4.04
Otro titular engañoso
Mi primer mensaje en este cuaderno (el 22 de abril) fue sobre la incorrecta atribución al gobierno por una noticia de El País de la capacidad de derogar leyes.
Una carta de Cristina Alberdi en El Mundo del martes 27 me alertó sobre un desliz similar en este periódico, con curiosos elementos añadidos. En efecto, el sábado 24 El Mundo titulaba en portada: "El Gobierno aprueba la ley contra la violencia doméstica y el PP la respalda". Doble falsedad:
1. Ni este gobierno ni ningún otro aprueba leyes, sólo proyectos, que para ser leyes deben ser aprobadas, en un trámite que suele llevar varios meses, por las Cortes Generales.
2. El gobierno ni siquiera aprobó ningún proyecto de ley, sino solamente un informe, y anunció que el proyecto se aprobaría hacia el mes de junio.
Lo curioso es que ante la carta de Cristina Alberdi señalando lo incorrecto del titular, el periódico defendía el titular por razones de brevedad, aduciendo además que el cuerpo de la noticia daba todos los detalles que permitían al lector comprender exactamente lo que el Consejo de Ministros había hecho.
Preguntas: ¿no podría decir el titular, con la misma brevedad, "estudia", "anuncia", "prepara", en lugar de "aprueba"? ¿No describiría un titular en esos términos mucho mejor lo que hizo el Consejo de Ministros? ¿Acaso esos titulares se descartaron por ser repeticiones de cosas que ya se habían dicho antes? ¿Si el gobierno que anunció algo lo vuelve a anunciar, deben los periódicos ayudarle a tapar esa repetición diciendo "aprueba" donde debían decir "anuncia" o "vuelve a anunciar"?
Una carta de Cristina Alberdi en El Mundo del martes 27 me alertó sobre un desliz similar en este periódico, con curiosos elementos añadidos. En efecto, el sábado 24 El Mundo titulaba en portada: "El Gobierno aprueba la ley contra la violencia doméstica y el PP la respalda". Doble falsedad:
1. Ni este gobierno ni ningún otro aprueba leyes, sólo proyectos, que para ser leyes deben ser aprobadas, en un trámite que suele llevar varios meses, por las Cortes Generales.
2. El gobierno ni siquiera aprobó ningún proyecto de ley, sino solamente un informe, y anunció que el proyecto se aprobaría hacia el mes de junio.
Lo curioso es que ante la carta de Cristina Alberdi señalando lo incorrecto del titular, el periódico defendía el titular por razones de brevedad, aduciendo además que el cuerpo de la noticia daba todos los detalles que permitían al lector comprender exactamente lo que el Consejo de Ministros había hecho.
Preguntas: ¿no podría decir el titular, con la misma brevedad, "estudia", "anuncia", "prepara", en lugar de "aprueba"? ¿No describiría un titular en esos términos mucho mejor lo que hizo el Consejo de Ministros? ¿Acaso esos titulares se descartaron por ser repeticiones de cosas que ya se habían dicho antes? ¿Si el gobierno que anunció algo lo vuelve a anunciar, deben los periódicos ayudarle a tapar esa repetición diciendo "aprueba" donde debían decir "anuncia" o "vuelve a anunciar"?
29.4.04
¿Habrá reforma de la Constitución?
Aunque su nombre pueda sugerir otra cosa, Malaprensa también tiene la intención de hablar de radio y televisión, aunque para una página como esta estos medios tienen la desventaja de que no dejan rastro, normalmente, ni es por tanto posible dirigir a través de enlaces a la "prueba documental" del error que se trata de comentar.
Esto va cambiando, sin embargo, y hay algunas cadenas de radio que mantienen en la red, al menos durante unos días, archivos de audio de sus programas recientes.
Las tertulias radiofónicas son un género especialmente criticado,en la España de los últimos años, acusadas, en los casos más suaves, de sectarismo ideológico (acorde con la inclinación de la empresa radiofónica, o del gobierno que controla la radio pública), y en los más graves de albergar personajes más dados al insulto y la descalificación global de las opiniones discrepantes que al razonamiento sosegado y la discusión civilizada de puntos de vista.
En la línea de malaprensa, quiero señalar también que las tertulias muchas veces caen en el absoluto descuido por la precisión en la información. Naturalmente, el directo radiofónico disculpa muchos errores e imprecisiones menores. Pero creo que cabría exigir a los participantes al menos dos cosas:
1. Conocimientos "básicos" sobre asuntos centrales;
2. Que cuando ignoran la respuesta a algo, lo reconozcan, y no continúen una conversación basada en el desconocimiento, que puede llevar a conclusiones totalmente erróneas.
Por ejemplo: el martes 27 de abril en el programa La Brújula de Onda Cero (accesible, indirectamente, desde aquí), entre las 3h 36min y 3h 40min de programa, aproximadamente, los participantes en la tertulia se metieron en una enredada discusión sobre las reglas de reforma de la Constitución, y en particular, sobre las mayorías necesarias para aprobarla, con interés especialmente sobre si el Partido Popular tendría en las Cortes recién elegidas suficientes diputados y senadores para impedir la aprobación de una reforma.
En fin, ninguno de los presentes "se lo sabía", lo cual puede ser más o menos grave, según se mire, pero lo peor, a mi parecer, es que eso no les impidió seguir debatiendo animadamente, y que varios de los participantes defendieran, con aparente convicción, que las mayorías cualificadas sólo se requieren en ciertos temas (como lo referente a la monarquía), y que de una manera u otra habrá reforma de la Constitución en esta legislatura, con o sin el apoyo del Partido Popular.
Lo cierto es que los artículos 167 y 168 de la Constitución, que regulan su reforma, son un poco complicados, pero simplificando, puede decirse que las reformas "normales" pueden ser bloqueadas por un partido que cuente con dos quintos de los senadores y un tercio de los diputados; mientra que para las reformas "especiales" (principios básicos, monarquía, derechos fundamentales) basta un tercio de los diputados o senadores para bloquear la reforma. Los diputados y senadores del PP son por tanto más que suficientes para bloquear cualquier reforma constitucional. Así que no, no es posible una reforma sin sus votos.
Si eso es bueno o malo para el país es un sustancioso debate al que podrían haberse dedicado los tertulianos con más provecho.
Esto va cambiando, sin embargo, y hay algunas cadenas de radio que mantienen en la red, al menos durante unos días, archivos de audio de sus programas recientes.
Las tertulias radiofónicas son un género especialmente criticado,en la España de los últimos años, acusadas, en los casos más suaves, de sectarismo ideológico (acorde con la inclinación de la empresa radiofónica, o del gobierno que controla la radio pública), y en los más graves de albergar personajes más dados al insulto y la descalificación global de las opiniones discrepantes que al razonamiento sosegado y la discusión civilizada de puntos de vista.
En la línea de malaprensa, quiero señalar también que las tertulias muchas veces caen en el absoluto descuido por la precisión en la información. Naturalmente, el directo radiofónico disculpa muchos errores e imprecisiones menores. Pero creo que cabría exigir a los participantes al menos dos cosas:
1. Conocimientos "básicos" sobre asuntos centrales;
2. Que cuando ignoran la respuesta a algo, lo reconozcan, y no continúen una conversación basada en el desconocimiento, que puede llevar a conclusiones totalmente erróneas.
Por ejemplo: el martes 27 de abril en el programa La Brújula de Onda Cero (accesible, indirectamente, desde aquí), entre las 3h 36min y 3h 40min de programa, aproximadamente, los participantes en la tertulia se metieron en una enredada discusión sobre las reglas de reforma de la Constitución, y en particular, sobre las mayorías necesarias para aprobarla, con interés especialmente sobre si el Partido Popular tendría en las Cortes recién elegidas suficientes diputados y senadores para impedir la aprobación de una reforma.
En fin, ninguno de los presentes "se lo sabía", lo cual puede ser más o menos grave, según se mire, pero lo peor, a mi parecer, es que eso no les impidió seguir debatiendo animadamente, y que varios de los participantes defendieran, con aparente convicción, que las mayorías cualificadas sólo se requieren en ciertos temas (como lo referente a la monarquía), y que de una manera u otra habrá reforma de la Constitución en esta legislatura, con o sin el apoyo del Partido Popular.
Lo cierto es que los artículos 167 y 168 de la Constitución, que regulan su reforma, son un poco complicados, pero simplificando, puede decirse que las reformas "normales" pueden ser bloqueadas por un partido que cuente con dos quintos de los senadores y un tercio de los diputados; mientra que para las reformas "especiales" (principios básicos, monarquía, derechos fundamentales) basta un tercio de los diputados o senadores para bloquear la reforma. Los diputados y senadores del PP son por tanto más que suficientes para bloquear cualquier reforma constitucional. Así que no, no es posible una reforma sin sus votos.
Si eso es bueno o malo para el país es un sustancioso debate al que podrían haberse dedicado los tertulianos con más provecho.
28.4.04
Economista, doctor en Filosofía y master en Arte
Hoy seré más breve. Un error con aires de gazapo, pero que revela una notable ignorancia del redactor (y el editor...).
En El Mundo del 27 de abril (edición escrita), se nos dan breves reseñas biográficas de los nuevos altos cargos del Ministerio de Educación. La de Salvador Barberá, nuevo Secretario General de Política Científica y Tecnológica, dice que es Catedrático de Teoría Económica "por" la Universidad del País Vasco y de Fundamentos de Análisis Económico "por" la Autónoma de Barcelona. Naturalmente, no se es catedrático "por" ninguna universidad, sino "en" una universidad, ya que catedrático no es un título académico, sino un puesto laboral. Tampoco se puede ser catedrático simultáneamente en dos universidades, así que seguramente el señor Barberá ha desempeñado ambos puestos sucesivamente.
Pero lo más llamativo es que inmediatamente se nos dice que el señor Barberá obtuvo, tras largas estancias en la Northwestern University "un doctorado en filosofía y un master en arte". ¡Qué completo y variado curriculum el del señor Barberá!!! ¡Y qué raro que, siendo doctor en filosofía ocupe una plaza de catedrático de economía, en la universidad española, tan parcelada ella!!!!
En fin, parece que el periodista no sabe que en inglés se llama Master of Arts (MA) a todos los masters de una amplia lista de disciplinas, que incluye las ciencias sociales, y Doctor of Philosophy (PhD), a los doctores de casi todas las disciplinas.
Así que casi con seguridad, el señor Barberá tiene sendos títulos de Master y Doctor en Económicas por la citada universidad americana (una búsqueda en google de 0,36 segundos permite comprobar que así es).
¿Soy demasiado estricto? Creo que no. La reseña biográfica de marras se publica en la página 3 del suplemento de El Mundo titulado Campus , y dedicado, en exclusiva, a la información sobre la universidad.
En El Mundo del 27 de abril (edición escrita), se nos dan breves reseñas biográficas de los nuevos altos cargos del Ministerio de Educación. La de Salvador Barberá, nuevo Secretario General de Política Científica y Tecnológica, dice que es Catedrático de Teoría Económica "por" la Universidad del País Vasco y de Fundamentos de Análisis Económico "por" la Autónoma de Barcelona. Naturalmente, no se es catedrático "por" ninguna universidad, sino "en" una universidad, ya que catedrático no es un título académico, sino un puesto laboral. Tampoco se puede ser catedrático simultáneamente en dos universidades, así que seguramente el señor Barberá ha desempeñado ambos puestos sucesivamente.
Pero lo más llamativo es que inmediatamente se nos dice que el señor Barberá obtuvo, tras largas estancias en la Northwestern University "un doctorado en filosofía y un master en arte". ¡Qué completo y variado curriculum el del señor Barberá!!! ¡Y qué raro que, siendo doctor en filosofía ocupe una plaza de catedrático de economía, en la universidad española, tan parcelada ella!!!!
En fin, parece que el periodista no sabe que en inglés se llama Master of Arts (MA) a todos los masters de una amplia lista de disciplinas, que incluye las ciencias sociales, y Doctor of Philosophy (PhD), a los doctores de casi todas las disciplinas.
Así que casi con seguridad, el señor Barberá tiene sendos títulos de Master y Doctor en Económicas por la citada universidad americana (una búsqueda en google de 0,36 segundos permite comprobar que así es).
¿Soy demasiado estricto? Creo que no. La reseña biográfica de marras se publica en la página 3 del suplemento de El Mundo titulado Campus , y dedicado, en exclusiva, a la información sobre la universidad.
27.4.04
Todas p****
Una noticia sobre el sector de la prostitución en El Mundo del lunes 26 de abril (edición impresa), vuelve a mostrarnos la manga ancha, por no decir indebida credulidad, con la que los periódicos reproducen las cifras que les dan organizaciones o instituciones.
Parece que todo aquello que alguien ha dicho en una rueda de prensa o ha publicado en una nota de prensa o en un "informe", es digno de ser difundido, aunque sea un solemne disparate.
La noticia en cuestión se refiere a que los locales de alterne (algunos) piden el ingreso en la CEOE y la regulación de su actividad y reproduce, sin comentario o reserva alguna, varias cifras aportadas por la Asociación Nacional de Locales de Alterne (ANELA), que agrupa a 285 de ellos.
Entre esas cifras hay dos especialmente increíbles. En primer lugar, se estima que en España hay 400.000 mujeres que se dedican a la prostitución, de las que unas 60.000 serían españolas, y 340.000 inmigrantes. Si el periodista no tiene otras fuentes de información, ¿por qué no ha de creerse ese número? Porque el periodista, medianamente instruido, con básicos conocimientos de la sociedad española y de las matemáticas elementales puede llegar fácilmente a la conclusión de que la cifra es imposible.
Veamos. En España hay unos 42.000.000 millones de habitantes, de los que, aproximadamente la mitad, unos 21.000.000 son hombres. Es decir, según la ANELA, cada 52 hombres "mantenemos" a una prostituta. Resulta un número alarmantemente bajo, si se tiene en cuenta que esa cifra incluye a los varones de todas las edades.
Calcular el número de varones en edad, más o menos, de ser potenciales clientes, es una tarea que ya le requiere al periodista un (pequeño) trabajo de documentación. Muy a bulto, con un vistazo a un gráfico de población en el Anuario El País de 2002 (pag. 136), se puede calcular que los varones menores de 14 años son unos 3 millones y los mayores de 65 otros 3 millones (aunque alguno de estos será cliente del más antiguo negocio del mundo). Es decir, que redondeando otra vez quedarían unos 15 millones de varones potenciales clientes de 400.000 prostitutas, o una por cada 38 hombres.
¿Alguien se puede creer esa cifra? ¿Cada 38 varones españoles, entre 15 y 64 años, gastan lo suficiente en prostitución, mes tras mes, año tras año, para mantener (aunque sea con ingresos muy bajos) a una prostituta? Yo diría que no.
Pero hablando de ingresos, el propio artículo nos cuenta la cantidad que, de nuevo según la ANELA, mueve el negocio de la prostitución en España: 18.000 millones de euros (unos 3 billones de pesetas), excluyendo todos los ingresos legales de los clubes. Otra número que un periódico debería poner en cuestión.
Apliquemos de nuevo unas matemáticas básicas: si dividimos por el número de prostitutas (que ya hemos visto que es seguramente muy hinchado), nos salen unos ingresos por prostituta de 45.000 euros (7,5 millones de pesetas). Puede que algunas de lujo obtengan esos ingresos, o más. Pero ¿puede ser esa la media? (Si el número de prostitutas fuera menor, la media de ingresos aún crecería más).
Y si miramos a los clientes, la media de gasto de los 15 millones de varones entre 16 y 64 años sería de 1.200 euros al año, o 100 al mes. ¿De verdad? ¿Cada varón español se gasta como media, al año, en prostitución, 200.000 pesetas?
Otro pequeño esfuerzo de documentación permitiría a un periodista cuidadoso poner aún más en duda esas cifras. Del Anuario El País 2004 obtengo algunas cifras de distintos sectores económicos, referidos al año 2002: el valor de la producción de todo el sector agrícola español (no ganadero) fue de unos 21.000 millones; el gasto total en todos los juegos de azar (lotería, ONCE, máquinas tragaperras, quiniela...) fue de unos 26.000 millones; los ingresos totales del sector del textil y confección fueron de 13.200 millones; los ingresos de las cinco primeras empresas del sector del automóvil (Peugeout Citroën, Renault, Seat, Opel y Ford) fueron 18.500 millones.
No hace falta seguir.
Las cifras de la ANELA no hay quien se las crea, pero el periódico las reproduce sin comentario alguno. Me pregunto: ¿Basta con citar la fuente para reproducir cualquier tontería que alguien diga? ¿No se extiende la obligación de comprobar los datos a aquellos que vienen por escrito, con la firma de alguien?
Parece que todo aquello que alguien ha dicho en una rueda de prensa o ha publicado en una nota de prensa o en un "informe", es digno de ser difundido, aunque sea un solemne disparate.
La noticia en cuestión se refiere a que los locales de alterne (algunos) piden el ingreso en la CEOE y la regulación de su actividad y reproduce, sin comentario o reserva alguna, varias cifras aportadas por la Asociación Nacional de Locales de Alterne (ANELA), que agrupa a 285 de ellos.
Entre esas cifras hay dos especialmente increíbles. En primer lugar, se estima que en España hay 400.000 mujeres que se dedican a la prostitución, de las que unas 60.000 serían españolas, y 340.000 inmigrantes. Si el periodista no tiene otras fuentes de información, ¿por qué no ha de creerse ese número? Porque el periodista, medianamente instruido, con básicos conocimientos de la sociedad española y de las matemáticas elementales puede llegar fácilmente a la conclusión de que la cifra es imposible.
Veamos. En España hay unos 42.000.000 millones de habitantes, de los que, aproximadamente la mitad, unos 21.000.000 son hombres. Es decir, según la ANELA, cada 52 hombres "mantenemos" a una prostituta. Resulta un número alarmantemente bajo, si se tiene en cuenta que esa cifra incluye a los varones de todas las edades.
Calcular el número de varones en edad, más o menos, de ser potenciales clientes, es una tarea que ya le requiere al periodista un (pequeño) trabajo de documentación. Muy a bulto, con un vistazo a un gráfico de población en el Anuario El País de 2002 (pag. 136), se puede calcular que los varones menores de 14 años son unos 3 millones y los mayores de 65 otros 3 millones (aunque alguno de estos será cliente del más antiguo negocio del mundo). Es decir, que redondeando otra vez quedarían unos 15 millones de varones potenciales clientes de 400.000 prostitutas, o una por cada 38 hombres.
¿Alguien se puede creer esa cifra? ¿Cada 38 varones españoles, entre 15 y 64 años, gastan lo suficiente en prostitución, mes tras mes, año tras año, para mantener (aunque sea con ingresos muy bajos) a una prostituta? Yo diría que no.
Pero hablando de ingresos, el propio artículo nos cuenta la cantidad que, de nuevo según la ANELA, mueve el negocio de la prostitución en España: 18.000 millones de euros (unos 3 billones de pesetas), excluyendo todos los ingresos legales de los clubes. Otra número que un periódico debería poner en cuestión.
Apliquemos de nuevo unas matemáticas básicas: si dividimos por el número de prostitutas (que ya hemos visto que es seguramente muy hinchado), nos salen unos ingresos por prostituta de 45.000 euros (7,5 millones de pesetas). Puede que algunas de lujo obtengan esos ingresos, o más. Pero ¿puede ser esa la media? (Si el número de prostitutas fuera menor, la media de ingresos aún crecería más).
Y si miramos a los clientes, la media de gasto de los 15 millones de varones entre 16 y 64 años sería de 1.200 euros al año, o 100 al mes. ¿De verdad? ¿Cada varón español se gasta como media, al año, en prostitución, 200.000 pesetas?
Otro pequeño esfuerzo de documentación permitiría a un periodista cuidadoso poner aún más en duda esas cifras. Del Anuario El País 2004 obtengo algunas cifras de distintos sectores económicos, referidos al año 2002: el valor de la producción de todo el sector agrícola español (no ganadero) fue de unos 21.000 millones; el gasto total en todos los juegos de azar (lotería, ONCE, máquinas tragaperras, quiniela...) fue de unos 26.000 millones; los ingresos totales del sector del textil y confección fueron de 13.200 millones; los ingresos de las cinco primeras empresas del sector del automóvil (Peugeout Citroën, Renault, Seat, Opel y Ford) fueron 18.500 millones.
No hace falta seguir.
Las cifras de la ANELA no hay quien se las crea, pero el periódico las reproduce sin comentario alguno. Me pregunto: ¿Basta con citar la fuente para reproducir cualquier tontería que alguien diga? ¿No se extiende la obligación de comprobar los datos a aquellos que vienen por escrito, con la firma de alguien?
26.4.04
Palabras mal escogidas
En un dossier de El País sobre "La nueva familia" he encontrado un vínculo a una noticia publicada en la edición del País Vasco, el día 15 de abril, con el titular "La familia tradicional supone por vez primera menos de la mitad de uniones en Euskadi" (de pago).
La verdad es que el titular me ha llamado mucho la atención, porque aunque es obvio que están aumentando en toda España, y también en el País Vasco, las uniones no tradicionales (parejas que conviven sin casarse, parejas del mismo sexo que conviven, parejas con relaciones anteriores, que aportan a la familia hijos de anteriores relaciones...), no tenía en absoluto la impresión de que las familias tradicionales fueran ya una minoría de las uniones.
Bien, pues, leyendo la noticia, se ve que efectivamente no lo son, ya que el titular utiliza de manera claramente incorrecta el término "uniones" y seguramente también es equívoco el término "familias tradicionales".
Aceptando, por el momento, su definición de las familias tradicionales (que define como las formadas por padre, madre, e hijos), éstas representaban en 2001 menos de la mitad de los hogares del País Vasco. Pero entre esos hogares se encontraban muchos que no son "uniones" (término que lógicamente parece referirse a parejas): hogares unipersonales (viudos, separados y divorciados, solteros que viven solos), familias monoparentales (padre o madre con hijos), y hogares formados por personas que comparten casa sin vínculo familiar (la noticia incluye en este grupo principalmente a inmigrantes, pero pudiera ser que aquí hubiera encubiertas parejas del mismo sexo).
Si excluimos esos hogares que no constituyen "uniones", he calculado que las que el artículo llama "familias tradicionales" representaría el 69% de los hogares que sí tienen algún tipo de "unión", y que estaría formados por tres grupos: parejas con hijos, parejas sin hijos y hogares multifamiliares.
Por otra parte, el término de "familia tradicional" es equívoco, como anticipaba más arriba, al referirlo al conjunto de padre, madre e hijos, sin tener en cuenta el estado civil, ni la edad. Según esta definición, un matrimonio mayor cuyos hijos, ya emancipados, no vivan con ellos, no sería una familia tradicional. Tampoco lo sería una pareja joven, casada hace pocos años, que aún no tenga hijos. En cambio sí lo sería una pareja no casada que viviera con sus hijos.
En definitiva, un titular muy poco afortunado, que produce una impresión distorisonada de la dimensión de cambios sociales, que son sin duda extraordinarios, en las familias y los hogares vascos.
En un dossier de El País sobre "La nueva familia" he encontrado un vínculo a una noticia publicada en la edición del País Vasco, el día 15 de abril, con el titular "La familia tradicional supone por vez primera menos de la mitad de uniones en Euskadi" (de pago).
La verdad es que el titular me ha llamado mucho la atención, porque aunque es obvio que están aumentando en toda España, y también en el País Vasco, las uniones no tradicionales (parejas que conviven sin casarse, parejas del mismo sexo que conviven, parejas con relaciones anteriores, que aportan a la familia hijos de anteriores relaciones...), no tenía en absoluto la impresión de que las familias tradicionales fueran ya una minoría de las uniones.
Bien, pues, leyendo la noticia, se ve que efectivamente no lo son, ya que el titular utiliza de manera claramente incorrecta el término "uniones" y seguramente también es equívoco el término "familias tradicionales".
Aceptando, por el momento, su definición de las familias tradicionales (que define como las formadas por padre, madre, e hijos), éstas representaban en 2001 menos de la mitad de los hogares del País Vasco. Pero entre esos hogares se encontraban muchos que no son "uniones" (término que lógicamente parece referirse a parejas): hogares unipersonales (viudos, separados y divorciados, solteros que viven solos), familias monoparentales (padre o madre con hijos), y hogares formados por personas que comparten casa sin vínculo familiar (la noticia incluye en este grupo principalmente a inmigrantes, pero pudiera ser que aquí hubiera encubiertas parejas del mismo sexo).
Si excluimos esos hogares que no constituyen "uniones", he calculado que las que el artículo llama "familias tradicionales" representaría el 69% de los hogares que sí tienen algún tipo de "unión", y que estaría formados por tres grupos: parejas con hijos, parejas sin hijos y hogares multifamiliares.
Por otra parte, el término de "familia tradicional" es equívoco, como anticipaba más arriba, al referirlo al conjunto de padre, madre e hijos, sin tener en cuenta el estado civil, ni la edad. Según esta definición, un matrimonio mayor cuyos hijos, ya emancipados, no vivan con ellos, no sería una familia tradicional. Tampoco lo sería una pareja joven, casada hace pocos años, que aún no tenga hijos. En cambio sí lo sería una pareja no casada que viviera con sus hijos.
En definitiva, un titular muy poco afortunado, que produce una impresión distorisonada de la dimensión de cambios sociales, que son sin duda extraordinarios, en las familias y los hogares vascos.
25.4.04
Momentos estelares de la malaprensa
Los ejemplos llamativos de malaprensa son intemporales. Así que de vez en cuando recogeré noticias atrasadas que representen casos notables de los vicios a los que está dedicada esta página.
El 1 de abril, El País publicaba reseñas biográficas de todos los nuevos ministros. La de Cristina Narbona, nueva ministra de Medio Ambiente (de pago), tenía el título de "Curtida en mil batallas", y ocupaba 196 palabras.
Al día siguiente El País publicó esta carta al director, firmada por la propia Cristina Narbona (de pago):
"Leo con sorpresa y cierta preocupación (EL PAÍS, 1 de abril) una reseña biográfica de mi persona que contiene varias y graves inexactitudes. Soy doctora en Económicas por la Universidad de Roma (no licenciada), tengo un hijo (se dice "sin hijos"), he sido secretaria de Estado de Medio Ambiente y Vivienda en el entonces Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente (no en el "Ministerio de Fomento"), no destaqué en "una eficaz concertación de la política de transferencias con las comunidades", porque aquéllas se habían realizado hacía casi diez años (la actuación más significativa de mi gestión fue el Plan Nacional de Vivienda 1992-1995) y tampoco "desde hace cinco años" soy concejal del Ayuntamiento de Madrid, ya que dejé de serlo en junio de 2003.
Me preocupa, sinceramente, por el prestigio de EL PAÍS, que en tan pocas líneas se concentre tal cantidad de imprecisiones, por lo que le agradecería trasladase el contenido de esta carta al conocimiento de sus lectores."
Honra a El País publicar la rectificación, pero se hace uno preguntas sobre cómo se pudieron producir algunos de los errores.
Los ejemplos llamativos de malaprensa son intemporales. Así que de vez en cuando recogeré noticias atrasadas que representen casos notables de los vicios a los que está dedicada esta página.
El 1 de abril, El País publicaba reseñas biográficas de todos los nuevos ministros. La de Cristina Narbona, nueva ministra de Medio Ambiente (de pago), tenía el título de "Curtida en mil batallas", y ocupaba 196 palabras.
Al día siguiente El País publicó esta carta al director, firmada por la propia Cristina Narbona (de pago):
"Leo con sorpresa y cierta preocupación (EL PAÍS, 1 de abril) una reseña biográfica de mi persona que contiene varias y graves inexactitudes. Soy doctora en Económicas por la Universidad de Roma (no licenciada), tengo un hijo (se dice "sin hijos"), he sido secretaria de Estado de Medio Ambiente y Vivienda en el entonces Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente (no en el "Ministerio de Fomento"), no destaqué en "una eficaz concertación de la política de transferencias con las comunidades", porque aquéllas se habían realizado hacía casi diez años (la actuación más significativa de mi gestión fue el Plan Nacional de Vivienda 1992-1995) y tampoco "desde hace cinco años" soy concejal del Ayuntamiento de Madrid, ya que dejé de serlo en junio de 2003.
Me preocupa, sinceramente, por el prestigio de EL PAÍS, que en tan pocas líneas se concentre tal cantidad de imprecisiones, por lo que le agradecería trasladase el contenido de esta carta al conocimiento de sus lectores."
Honra a El País publicar la rectificación, pero se hace uno preguntas sobre cómo se pudieron producir algunos de los errores.
24.4.04
Encuestas no representativas
Titula El País de ayer (de pago) una noticia de sociedad "Cuatro de cada 10 sacerdotes brasileños admiten haber incumplido el celibato". Como el titular sugiere, los datos vienen de una encuesta. Pero en el segundo párrafo del texto descubrimos que "la encuesta, sin embargo, sólo fue respondida por 1.831 de los 16.600 sacerdotes a los que fue enviada por la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB)".
Todo periodista debería saber que cuando la muestra de personas que responde a una encuesta es auto-seleccionada, el valor de la misma es muy bajo, por no decir ninguno. Este es el caso, por ejemplo, de todas las encuestas colocadas en páginas web, a las que responden voluntariamente algunos de los lectores. Esas encuestas no representan nada, puesto que aquellos que responden son un grupo de población absolutamente peculiar: son usuarios de Internet (por tanto, más jóvenes, más formados, más ricos que el conjunto de la población), son lectores de una página concreta (por tanto, con un cierto sesgo ideológico, o de interés por un tema), y se interesan lo suficientemente por el tema de la encuesta como para perder su tiempo en responder. Es decir, que sus opiniones no nos dicen literalmente NADA de las de la población.
Sin llegar a algo tan extremo, cuando se distribuye un cuestionario (por correo o correo electrónico) a un grupo grande de gente (en este caso 16.600 sacerdotes, que a su vez deben ser una muestra de los que hay en Brasil) y sólo responde una pequeña parte (1.831 son el 11%), no podemos asumir que los que responden son representativos del total. Lo más probable es lo contrario: que los que hayan respondido tengan una motivación, interés o atención al tema de la encuesta diferente al de los que no responden. Es difícil, sin conocer la realidad brasileña, suponer en qué dirección puede ir el sesgo de los que responden (si son más o menos cumplidores de las reglas del celibato). Tampoco sabemos por la noticia detalles importantes sobre cómo se hizo la encuesta, sobre todo en lo relativo al anonimato.
En definitiva, dudas suficientes para preguntarse si una noticia así, sobre una realidad bastante remota (¿cuántas noticias sobre la iglesia brasileña se publican en España?) merece el espacio dedicado. O si, al menos, el periodista no debería advertir más al lector sobre lo poco fiable de los datos.
Algo mejor lo hizo la edición electrónica de El Mundo, (gratuito), puesto que anteponía al titular "El 41% de los curas brasileños confiesa que violó el celibato" el antetítulo "Sólo respondieron 1.800 de 16.600 encuestados". Y volvía a destacar el dato de la limitada respuesta en el cuerpo de la noticia remarcándolo con negrita. No explicaban bien por qué eso era importante, pero al menos llamaban la atención del lector sobre ello.
Titula El País de ayer (de pago) una noticia de sociedad "Cuatro de cada 10 sacerdotes brasileños admiten haber incumplido el celibato". Como el titular sugiere, los datos vienen de una encuesta. Pero en el segundo párrafo del texto descubrimos que "la encuesta, sin embargo, sólo fue respondida por 1.831 de los 16.600 sacerdotes a los que fue enviada por la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB)".
Todo periodista debería saber que cuando la muestra de personas que responde a una encuesta es auto-seleccionada, el valor de la misma es muy bajo, por no decir ninguno. Este es el caso, por ejemplo, de todas las encuestas colocadas en páginas web, a las que responden voluntariamente algunos de los lectores. Esas encuestas no representan nada, puesto que aquellos que responden son un grupo de población absolutamente peculiar: son usuarios de Internet (por tanto, más jóvenes, más formados, más ricos que el conjunto de la población), son lectores de una página concreta (por tanto, con un cierto sesgo ideológico, o de interés por un tema), y se interesan lo suficientemente por el tema de la encuesta como para perder su tiempo en responder. Es decir, que sus opiniones no nos dicen literalmente NADA de las de la población.
Sin llegar a algo tan extremo, cuando se distribuye un cuestionario (por correo o correo electrónico) a un grupo grande de gente (en este caso 16.600 sacerdotes, que a su vez deben ser una muestra de los que hay en Brasil) y sólo responde una pequeña parte (1.831 son el 11%), no podemos asumir que los que responden son representativos del total. Lo más probable es lo contrario: que los que hayan respondido tengan una motivación, interés o atención al tema de la encuesta diferente al de los que no responden. Es difícil, sin conocer la realidad brasileña, suponer en qué dirección puede ir el sesgo de los que responden (si son más o menos cumplidores de las reglas del celibato). Tampoco sabemos por la noticia detalles importantes sobre cómo se hizo la encuesta, sobre todo en lo relativo al anonimato.
En definitiva, dudas suficientes para preguntarse si una noticia así, sobre una realidad bastante remota (¿cuántas noticias sobre la iglesia brasileña se publican en España?) merece el espacio dedicado. O si, al menos, el periodista no debería advertir más al lector sobre lo poco fiable de los datos.
Algo mejor lo hizo la edición electrónica de El Mundo, (gratuito), puesto que anteponía al titular "El 41% de los curas brasileños confiesa que violó el celibato" el antetítulo "Sólo respondieron 1.800 de 16.600 encuestados". Y volvía a destacar el dato de la limitada respuesta en el cuerpo de la noticia remarcándolo con negrita. No explicaban bien por qué eso era importante, pero al menos llamaban la atención del lector sobre ello.
23.4.04
Asusta que algo queda
En El Mundo (acceso gratuito) y El País (de pago) de ayer, y supongo que en muchos otros medios, se recogía la noticia de la creación por Anesvad de una página web contra la pornografía infantil.
Como tantas otras veces, los dos medios han cometido un pecado típico de la malaprensa: repetir sin someter a jucio crítico datos aportados por organizaciones o instituciones.
Esto parece especialmente frecuente cuando ONGs bienintecionadas "engordan" los datos de algún problema social y ofrecen cifras llamativas sobre las dimensiones del mismo. La tentación parece ser demasiado grande como para que los medios se paren a pensar.
En concreto, el párrafo que los dos periódicos repiten, con idéntico texto (procede de EFE) es:
"Según el informe 2003 sobre pornografía infantil de Anesvad, se estima que hay más de cuatro millones de zonas en la red que contienen material de sexo con menores, cada día se crean 500 sitios nuevos y la cuota media de acceso a las web de pago gira en torno a los 40 euros mensuales."
El País además lleva a su subtítulo la frase, inspirada en ese párrafo: "Cada día se crean 500 sitios nuevos dedicados a la explotación de menores." La estimación de alguien se transforma en "dato".
Pero el párrafo en cuestión plantea varios problemas, que los deberían haber hecho pensar a los periodistas.
¿Son creíbles sus tres cifras? ¿Son coherentes entre sí? ¿Deben repetirlas los periódicos, independientemente de su credibilidad, simplemente porque provienen de una fuente "seria"?
Vayamos por partes: el concepto de "zonas" en la red no es de uso común. Habrá que suponer que no se refiere simplemente a páginas, que es un concepto sencillo, que todo el mundo entiende. Supongamos que quiere decir lo mismo que "sitios", es decir, conjuntos de páginas que dependen de una dirección de Internet común.
Si cada día se crean 500 sitios, para llegar a 4 millones harían falta 8.000 días, o casi 22 años. Como llevamos sólo unos 10 años con Internet funcionando, al menos uno de los dos datos es incorrecto (o bien "zonas" quiere decir simplemente páginas, pero entonces debería usarse la palabra más común).
Por otra parte, se nos dice que cada "web" (no sitios, ni zonas) cobra al mes unos 40 euros por usuario. De nuevo la variación terminológica confunde. Si "web" fuera equivalente a "zona", querría esto decir que, suponiendo, pongamos, diez usuarios de pago por cada por web, los ingresos de las páginas de pornografía con contenido infantil serían de 4 mill x 10 usuarios x 40 euros= 1600 millones de euros al mes, 19.200 millones al año, es decir 3 billones de las viejas pesetas. ¿Es mucho, no?
¿Es por otra parte posible realmente que haya cuatro millones de sitios con material relacionado con sexo con menores? Según algunas estimaciones, el total de sitios web pornográficos de todo tipo en el mundo era el año pasado de 4.2 millones.
En definitiva, tres cifras muy espectaculares, pero confusas por su significado, y poco coherentes. Habría que rascar un poco más. Y sobre todo, no convertir uno de sus contenidos en titular, sin el matiz de "Anesvad estima...".
No se trata, por supuesto de minusvalorar un problema tan grave. Se trata de que, incluso para denunciar los males más espantosos de nuestra sociedad, los periódicos deben procurar dar información veraz.
En El Mundo (acceso gratuito) y El País (de pago) de ayer, y supongo que en muchos otros medios, se recogía la noticia de la creación por Anesvad de una página web contra la pornografía infantil.
Como tantas otras veces, los dos medios han cometido un pecado típico de la malaprensa: repetir sin someter a jucio crítico datos aportados por organizaciones o instituciones.
Esto parece especialmente frecuente cuando ONGs bienintecionadas "engordan" los datos de algún problema social y ofrecen cifras llamativas sobre las dimensiones del mismo. La tentación parece ser demasiado grande como para que los medios se paren a pensar.
En concreto, el párrafo que los dos periódicos repiten, con idéntico texto (procede de EFE) es:
"Según el informe 2003 sobre pornografía infantil de Anesvad, se estima que hay más de cuatro millones de zonas en la red que contienen material de sexo con menores, cada día se crean 500 sitios nuevos y la cuota media de acceso a las web de pago gira en torno a los 40 euros mensuales."
El País además lleva a su subtítulo la frase, inspirada en ese párrafo: "Cada día se crean 500 sitios nuevos dedicados a la explotación de menores." La estimación de alguien se transforma en "dato".
Pero el párrafo en cuestión plantea varios problemas, que los deberían haber hecho pensar a los periodistas.
¿Son creíbles sus tres cifras? ¿Son coherentes entre sí? ¿Deben repetirlas los periódicos, independientemente de su credibilidad, simplemente porque provienen de una fuente "seria"?
Vayamos por partes: el concepto de "zonas" en la red no es de uso común. Habrá que suponer que no se refiere simplemente a páginas, que es un concepto sencillo, que todo el mundo entiende. Supongamos que quiere decir lo mismo que "sitios", es decir, conjuntos de páginas que dependen de una dirección de Internet común.
Si cada día se crean 500 sitios, para llegar a 4 millones harían falta 8.000 días, o casi 22 años. Como llevamos sólo unos 10 años con Internet funcionando, al menos uno de los dos datos es incorrecto (o bien "zonas" quiere decir simplemente páginas, pero entonces debería usarse la palabra más común).
Por otra parte, se nos dice que cada "web" (no sitios, ni zonas) cobra al mes unos 40 euros por usuario. De nuevo la variación terminológica confunde. Si "web" fuera equivalente a "zona", querría esto decir que, suponiendo, pongamos, diez usuarios de pago por cada por web, los ingresos de las páginas de pornografía con contenido infantil serían de 4 mill x 10 usuarios x 40 euros= 1600 millones de euros al mes, 19.200 millones al año, es decir 3 billones de las viejas pesetas. ¿Es mucho, no?
¿Es por otra parte posible realmente que haya cuatro millones de sitios con material relacionado con sexo con menores? Según algunas estimaciones, el total de sitios web pornográficos de todo tipo en el mundo era el año pasado de 4.2 millones.
En definitiva, tres cifras muy espectaculares, pero confusas por su significado, y poco coherentes. Habría que rascar un poco más. Y sobre todo, no convertir uno de sus contenidos en titular, sin el matiz de "Anesvad estima...".
No se trata, por supuesto de minusvalorar un problema tan grave. Se trata de que, incluso para denunciar los males más espantosos de nuestra sociedad, los periódicos deben procurar dar información veraz.
22.4.04
Sobre el editor
Josu Mezo es licenciado en Derecho (Deusto), Master en Ciencias Sociales (Instituto Juan March en Madrid) y Doctor en Ciencias Políticas (Universidad Autónoma de Madrid). Es profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha en Toledo.
Sus trabajos académicos están relacionados con temas de políticas públicas, especialmente políticas lingüísticas y medioambientales.
Ha publicado artículos en Expansión y en El País . Algunos de ellos, como los publicados en Expansión “El pobre d’Hondt” (30 de octubre de 1999, con Juan Carlos Rodríguez), y “Hermafroditas, calentamiento global y mujeres maltratadas” (25 de noviembre de 2000), y el publicado en El País “El recuento del 26-O. Poca magia y mucha demagogia” (31 de octubre de 2003, con Juan Carlos Rodríguez) tocan temas relacionados con los tratados en Malaprensa .
Sus trabajos académicos están relacionados con temas de políticas públicas, especialmente políticas lingüísticas y medioambientales.
Ha publicado artículos en Expansión y en El País . Algunos de ellos, como los publicados en Expansión “El pobre d’Hondt” (30 de octubre de 1999, con Juan Carlos Rodríguez), y “Hermafroditas, calentamiento global y mujeres maltratadas” (25 de noviembre de 2000), y el publicado en El País “El recuento del 26-O. Poca magia y mucha demagogia” (31 de octubre de 2003, con Juan Carlos Rodríguez) tocan temas relacionados con los tratados en Malaprensa .
Primer ejemplo de mala prensa.
El País de hoy titula en portada (versión web de edición impresa) "Justicia derogará la reforma del Código Penal que hizo el PP contra Ibarretxe y Atutxa" y en páginas interiores "El Gobierno derogará la reforma legal contra el referéndum del 'lehendakari'". Y empieza la noticia: "El Gobierno socialista derogará la parte de la reforma del Código Penal..."
Ambos titulares son incorrectos, como lo es el comienzo del texto, puesto que el gobierno sólo puede proponer proyectos de ley a las Cortes, que estas pueden o no aprobar.
El País tiene una larga tradición de hacer titulares como estos, ignorando la diferencia entre el poder ejecutivo y legislativo.
Quizá en tiempos de mayorías absolutas la diferencia era puramente formal. Pero ahora no lo es, como sin duda veremos pronto.
El País de hoy titula en portada (versión web de edición impresa) "Justicia derogará la reforma del Código Penal que hizo el PP contra Ibarretxe y Atutxa" y en páginas interiores "El Gobierno derogará la reforma legal contra el referéndum del 'lehendakari'". Y empieza la noticia: "El Gobierno socialista derogará la parte de la reforma del Código Penal..."
Ambos titulares son incorrectos, como lo es el comienzo del texto, puesto que el gobierno sólo puede proponer proyectos de ley a las Cortes, que estas pueden o no aprobar.
El País tiene una larga tradición de hacer titulares como estos, ignorando la diferencia entre el poder ejecutivo y legislativo.
Quizá en tiempos de mayorías absolutas la diferencia era puramente formal. Pero ahora no lo es, como sin duda veremos pronto.
Escríbeme
[Editado en junio de 2006]
Si quieres hacer un comentario a un artículo concreto, utiliza el enlace para comentarios que aparece al final de cada texto.
Si quieres hacer un comentario general sobre esta página web, escríbeme a
editor luego arroba malaprensa luego punto com (quita los luegos y sustituye la arroba y el punto por @ y . Perdón por la incomodidad, pero intento evitar que mi dirección sea capturada automáticamente para enviarme correos basura)
Si quieres proponer un ejemplo de malaprensa puedes hacer dos cosas:
1. Escribir un mensaje a la misma dirección anterior, contándome:
- la noticia que has visto (con enlace, por favor)
- por qué crees que es mala prensa
- si quieres que te menciones si hablo de la noticia, y cómo quieres que lo haga (nombre completo, sólo de pila, nick...)
2. Mejor aún, puedes colocar directamente la noticia "infractora" en del.icio.us, con la etiqueta (tag) de malaprensa.
Si no lo has hecho nunca puede darte pereza (hay que darse de alta) pero luego es muy rápido y fácil de hacer.
Todas las noticias que se coloquen en esa página con la etiqueta malaprensa se pueden leer aquí e incluso es posible leer automáticamente todas las que se vayan añadiendo con este feed de RSS (lo que usan Bloglines, Feedster, Rojo y otros programas).
Antes de enviar un ejemplo, recuerda que como norma general Malaprensa no incluye textos criticables solamente por su sesgo ideológico o sectarismo, por su sensacionalismo, por su carácter de prensa rosa sobre la vida privada de las personas, ni por contenter simples gazapos o erratas.
Mis objetivos son más bien noticias (no artículos de opinión) que son criticables por contener errores como los que aparecen en el encabezamiento de la página: "números equivocados, gráficos incorrectos, fallos lógicos, conceptos erróneos, mala interpretación de estadísticas o datos científicos..."
Puedes ver más información sobre los objetivos de mi página aquí
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- por qué crees que es mala prensa
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2. Mejor aún, puedes colocar directamente la noticia "infractora" en del.icio.us, con la etiqueta (tag) de malaprensa.
Si no lo has hecho nunca puede darte pereza (hay que darse de alta) pero luego es muy rápido y fácil de hacer.
Todas las noticias que se coloquen en esa página con la etiqueta malaprensa se pueden leer aquí e incluso es posible leer automáticamente todas las que se vayan añadiendo con este feed de RSS (lo que usan Bloglines, Feedster, Rojo y otros programas).
Antes de enviar un ejemplo, recuerda que como norma general Malaprensa no incluye textos criticables solamente por su sesgo ideológico o sectarismo, por su sensacionalismo, por su carácter de prensa rosa sobre la vida privada de las personas, ni por contenter simples gazapos o erratas.
Mis objetivos son más bien noticias (no artículos de opinión) que son criticables por contener errores como los que aparecen en el encabezamiento de la página: "números equivocados, gráficos incorrectos, fallos lógicos, conceptos erróneos, mala interpretación de estadísticas o datos científicos..."
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Por qué esta página
Esta página nace de una pequeña obsesión personal, que comparto con algunos amigos, sobre la la baja calidad de mucha parte de la prensa. Ahora bien, dentro de los variados aspectos de lo que puede llamarse "calidad" de la prensa, en esta página me voy a centrar en uno muy concreto, el referido a la atención (o falta de ella) al detalle, el rigor y la exactitud en los datos y en los conceptos.
Hay muchos otros problemas de la prensa, que atraen la atención de mucha gente. Por ejemplo, muchos se quejan en España de los sesgos ideológicos, confesos o no, de las diferentes radios, televisiones y periódicos. Es un problema común a muchos países, que aquí quizá esté agravado porque el sesgo ideológico se convierte a veces en puro partidismo o sectarismo, y porque se extiende a las televisiones públicas, que con dinero de todos se convierten demasiado a menudo en televisiones al servicio estrictamente partidista del gobierno de turno (nacional o autonómico).
Otro problema es el amarillismo o sensacionalismo, es decir, el uso de imágenes impactantes, provocadoras o morbosas, y de titulares exagerados, con el fin de atraer a la audiencia. Conectado con él está el problema de la prensa-basura: programas de cotilleo, de confesiones y revelaciones (muchas veces falsas) sobre la vida privada de personas conocidas o no, de sucesos... Es obvio que en los últimos años este fenómeno se ha expandido de manera insoportable, de nuevo con el agravante de que muchos de esos programas se realizan en televisiones públicas deficitarias, es decir, subvencionados con los impuestos de todos.
Sin embargo, en esta página no me voy a ocupar ni de sesgos ideológicos, ni de sensacionalismo, ni de contenidos basura. En el otro extremo, tampoco me ocuparé, en lo posible, de simples gazapos, erratas o despistes, obvios o intrascendentes.
Todas estas cosas son importantes, pero también son conocidas y discutidas sin cesar.
Mi objetivo es algo menos espectacular, y más humilde, en cierto sentido. Se trata, "sólo", de observar, y comentar cuántas veces los medios nos dan informaciones falsas o al menos no del todo ciertas, por falta de cuidado, por prisa o por ignorancia, que impiden al periodista comprender y transmitir correctamente la información. Y que, obviamente, pueden llevar también al lector, a muchos lectores, a hacerse ideas equivocadas.
Quizá a algunos les parezca esta una cuestión menor, comparada con las señaladas anteriormente. A mí no me lo parece en absoluto. La discusión pública sobre cualquier tema requiere, antes que nada, uso riguroso de la información. Si lo que los medios nos presentan como "datos", son incorrectos, mal entendidos o confusos, no podemos seguir avanzando.
Aunque tengo formación académica y soy profesor de universidad, no soy experto en medios de comunicación, ni hago esta página como profesor, sino como ciudadano preocupado, que pretende compartir con otros su interés por este tipo de problemas de la prensa española.
Mis anotaciones en el cuaderno son obviamente propuestas para la reflexión. Me gustaría que fueran motivo de discusión y debate entre los posibles lectores, y animo a todos a hacer sus comentarios.
También estaría encantado de incluir en el cuaderno textos escritos por otros autores, siempre que coincidan con los objetivos de la página.
Finalmente, una observación sobre los medios objeto de mis observaciones. La mayoría de los ejemplos procederán de unos pocos medios. Que nadie tome esto como indicio de antipatía hacia ellos. En cierto modo es lo contrario: si aparecen aquí es porque los leo, porque en líneas generales son los que encuentro mejores . Estaré encantado de ofrecer ejemplos de otros medios, que me sean suministrados por lectores.
De momento (abril de 2004) esto es sólo una propuesta que temporalmente pongo en marcha. Veremos a dónde nos lleva.
Hay muchos otros problemas de la prensa, que atraen la atención de mucha gente. Por ejemplo, muchos se quejan en España de los sesgos ideológicos, confesos o no, de las diferentes radios, televisiones y periódicos. Es un problema común a muchos países, que aquí quizá esté agravado porque el sesgo ideológico se convierte a veces en puro partidismo o sectarismo, y porque se extiende a las televisiones públicas, que con dinero de todos se convierten demasiado a menudo en televisiones al servicio estrictamente partidista del gobierno de turno (nacional o autonómico).
Otro problema es el amarillismo o sensacionalismo, es decir, el uso de imágenes impactantes, provocadoras o morbosas, y de titulares exagerados, con el fin de atraer a la audiencia. Conectado con él está el problema de la prensa-basura: programas de cotilleo, de confesiones y revelaciones (muchas veces falsas) sobre la vida privada de personas conocidas o no, de sucesos... Es obvio que en los últimos años este fenómeno se ha expandido de manera insoportable, de nuevo con el agravante de que muchos de esos programas se realizan en televisiones públicas deficitarias, es decir, subvencionados con los impuestos de todos.
Sin embargo, en esta página no me voy a ocupar ni de sesgos ideológicos, ni de sensacionalismo, ni de contenidos basura. En el otro extremo, tampoco me ocuparé, en lo posible, de simples gazapos, erratas o despistes, obvios o intrascendentes.
Todas estas cosas son importantes, pero también son conocidas y discutidas sin cesar.
Mi objetivo es algo menos espectacular, y más humilde, en cierto sentido. Se trata, "sólo", de observar, y comentar cuántas veces los medios nos dan informaciones falsas o al menos no del todo ciertas, por falta de cuidado, por prisa o por ignorancia, que impiden al periodista comprender y transmitir correctamente la información. Y que, obviamente, pueden llevar también al lector, a muchos lectores, a hacerse ideas equivocadas.
Quizá a algunos les parezca esta una cuestión menor, comparada con las señaladas anteriormente. A mí no me lo parece en absoluto. La discusión pública sobre cualquier tema requiere, antes que nada, uso riguroso de la información. Si lo que los medios nos presentan como "datos", son incorrectos, mal entendidos o confusos, no podemos seguir avanzando.
Aunque tengo formación académica y soy profesor de universidad, no soy experto en medios de comunicación, ni hago esta página como profesor, sino como ciudadano preocupado, que pretende compartir con otros su interés por este tipo de problemas de la prensa española.
Mis anotaciones en el cuaderno son obviamente propuestas para la reflexión. Me gustaría que fueran motivo de discusión y debate entre los posibles lectores, y animo a todos a hacer sus comentarios.
También estaría encantado de incluir en el cuaderno textos escritos por otros autores, siempre que coincidan con los objetivos de la página.
Finalmente, una observación sobre los medios objeto de mis observaciones. La mayoría de los ejemplos procederán de unos pocos medios. Que nadie tome esto como indicio de antipatía hacia ellos. En cierto modo es lo contrario: si aparecen aquí es porque los leo, porque en líneas generales son los que encuentro mejores . Estaré encantado de ofrecer ejemplos de otros medios, que me sean suministrados por lectores.
De momento (abril de 2004) esto es sólo una propuesta que temporalmente pongo en marcha. Veremos a dónde nos lleva.




