ASPECTOS GEOLÓGICOS E HISTÓRICOS DE LAS VILLUERCAS

Geología:
Las Villuercas, o Sierras de Guadalupe, son una de las comarcas naturales de Extremadura que se nos presenta como un núcleo montañoso aislado situado al este de la provincia de Cáceres.
Las Villuercas constituyen un macizo orográfico, limitado al norte por el río Tajo y al sur por el Guadiana, al este por la comarca toledana de La Jara y al oeste por los llanos de Logrosan y las tierras altas de Garciaz y Aldeacentenera. El pico culminante de este macizo se denomina precisamente “La Villuerca”, con 1600 metros de altitud, desde donde parten con dirección noroeste-sudeste una serie de sierras cuarcíticas plegadas durante la orogenia hercínica a mediados de la era primaria, arrasadas a lo largo de la era secundaria y rejuvenecidas durante la orogenia alpina a finales de la era terciaria.
Las sierras de Las Villuercas están, pues, definidas como una entidad geomorfológica de límites precisos, con profundos valles y agudas crestas orientados al noroeste que originan un relieve muy característico “tipo apalachiano”. Estructuralmente estas sierras constituyen la parte más profunda de un gran sinclinorio que estaba limitado por sendos anticlinorios, hoy totalmente arrasados en forma de extensas penillanuras.
El sinclinorio de Las Villuercas está formado por otras estructuras de plegamiento menores, anticlinales y sinclinales, entre las que destacan en un corte transversal oeste-este:
- Anticlinal de Logrosán.
- Sinclinal del Ruecas-Santa Lucía.
- Anticlinal de Navezuelas-Robledollano.
- Sinclinal del río Viejas.
- Anticlinal del Ibor-Guadalupe.
- Sinclinal del Guadarranque.
- Anticlinal de Valdelacasa.
Los materiales rocosos que conforman este macizo orográfico se originaron en un mar de la era primaria, hace aproximadamente unos 500 millones de años, se trata de pizarras y cuarcitas con abundante fauna marina: Trilobites, gusanos arenícolas, graptolites y braquiópodos, que encontramos fosilizados en numerosos lugares de estas sierras.
Nuestra comarca emergió de las aguas marinas como consecuencia de los plegamientos producidos por la orogenia hercínica hace unos 300 millones de años aproximadamente y desde entonces ha sufrido un proceso lento de destrucción originado por el encajamiento de la red fluvial. Hacia la vertiente del Tajo se orientan los valles de los rios Guadija, Ibor con su afluente el Viejas, el Cuernacabras y el Almonte con la Garganta de Santa Lucía. Hacia la vertiente del Guadiana se abren los valles del Guadarranque, Guadalupejo y Ruecas.
En las zonas circundantes de las sierras, se disponen un conjunto de capas horizontales de materiales arcillosos con abundantes cantos rodados de cuarcitas, que son conocidos con el nombre de “rañas”: “Mesas de las Rañas” al sur de Cañamero y Alía, “La Rañuela” al norte de Castañar de Ibor, “Las Rañas” de Robledollano, Deleitosa y Retamosa... y sobre las laderas, bajo los crestones culminantes, destacan las pedreras o pedrizas, más modernas, producto de la meteorización mecánica de las cuarcitas.
El conocimiento geológico de las Villuercas resulta imprescindible para el análisis del medio ambiente y la ordenación del territorio de esta comarca con vistas a la protección de su ecosistema y a la explotación racional de sus recursos naturales. En el desarrollo sostenible e integral de esta región extremeña, el patrimonio natural debe ser considerado como el principal recurso. La protección del paisaje, con inclusión de la flora y de la fauna autóctonas, así como la propuesta de creación en este área de un espacio natural protegido serán los principales objetivos a alcanzar en un futuro próximo.
Se considera imprescindible la elaboración de un catálogo
de áreas de interés geológico (yacimientos minerales y paleontológicos, cavidades
cársticas, desfiladeros, fuentes, rápidos y cascadas, etc.) para su utilización
pedagógica y científica. Al respecto, hemos de destacar los yacimientos de trilobites
del Sinclinal del Guadarranque y los de algas petrificadas en las
Rañas
de Cañamero. Tienen un especial interés las cuevas cársticas de Castañar de
Ibor y de la Calera (Alía), la cascada denominada “Salto del Moro” en el nacimiento
del río Ruecas, los picachos cuarcíticos donde se sitúa el castillo árabe de
Cabañas, refugio de una numerosa colonia de buitres. Así mismo, la cumbre más
alta de la región desde donde se divisa una amplia panorámica con el célebre
Monasterio de Guadalupe en sus inmediaciones. Por último, las innumerables covachas
y abrigos rupestres de las cuarcitas armoricanas donde encontramos las pinturas
esquemáticas de las Cuevas de los Caballos y los Morales y el Risquillo de Paulino
(Berzocana), Cancho del Reloj (Solana), Cueva del Escobar (Cabañas), Cueva de
Alvarez, Cancho de la Burra, Cueva de Rosa, etc... en Cañamero.
Historia:
Cronológicamente, de mas antiguo a mas moderna, la historia de Cañamero y pueblos de la comarca de Las Villuercas, podemos dividirla en las siguientes etapas cuya duración comprende varios miles o centenares de años según los conocimientos que de ellas tengamos:
- El Paleolítico: Industria lítica de las Rañas.
- Neolítico- Edad del Bronce: Las pinturas rupestres de las Villuercas, castros, minas, industria lítica y de bronce.
- Edad del Hierro: Castros prerromanos.
- Época romana: Explotación del territorio (vilas y poblados).
- Época visigoda: Los santos de Berzocana.
- Época árabe: Hizn Lukrusan, Cañamero, Cabañas y Zuferola
- La reconquista del territorio: El Concejo de Trujillo.
- La Puebla de Guadalupe y las Villas de Cañamero y Berzocana.
Paleolítico:
Las primeras huellas de los pobladores de Las Villuercas se han localizado en las rañas de Alía y de Cañamero, se trata de abundantes cantos de cuarcita tallados, posiblemente de edad paleolítica, superior a los 100.000 años de antigüedad. Estos útiles fueron trabajados por pueblos nómadas dedicados a la caza. El clima no era como el actual, media Europa estaba cubierta de hielo, y el hombre buscaba refugio en cuevas profundas como las localizadas junto al río Ibor y en La Calera, pero todavía no poseemos datos fehacientes de su estancia más o menos duradera en estas cuevas de Las Villuercas.
Neolítico-Bronce:
Hace unos 5.000 años el clima se hizo progresivamente más cálido y el hombre se sedentariza, conoce la agricultura y el pastoreo. Las Villuercas son visitadas durante el neolítico, y es en el periodo siguiente o calcolítico (hace unos 3.500 años) cuando muchos de sus montes son habitados, construyéndose poblados amurallados con numerosas viviendas donde aparecen utensilios domésticos, armas, grabados rupestres, etc. El hombre calcolítico coloniza por completo la comarca de Las Villuercas, pues hemos encontrado sus estilizadas pinturas rupestres prácticamente en todas las cuevas y abrigos de estas sierras: el Cerro del Castillo de Cañamero, Las Cuevas de la sierra del Pimpollar, Cueva de Alvarez, Cancho de la Burra, La Madrastra, Risquillo de Paulino, Cueva de los Caballos, Los Morales, Era del Gato, Cancho del Reloj...
Durante la edad del bronce muchos de estos poblados calcolíticos continúan habitados, nuestra tierra ofrece abundante caza, picos inexpugnables y covachas donde guarnecerse, y sobre todo cobre y estaño para fabricar y comerciar con utensilios de bronce. Con este fín comienzan a explotarse los yacimientos de estaño del Cerro de San Cristóbal, de Logrosán, donde D. Vicente Sos Baynat encontró, al realizar trabajos mineros en 1950-62, puntas de flechas, hachas y escoplos de bronce, escorias y moldes de fundición, etc...
A finales de la edad del bronce los habitantes de esta comarca comercian con Tartessos, sus reyezuelos atesoran lujosas y pesadas joyas de oro entre las que destacan los torques de Berzocana, encontrados con otros utensilios de bronce en una pedrera próxima al puerto, paso obligado desde la prehistoria. De esta misma época (siglo IX a.C.) es la famosa “piedra” o estela del guerrero encontrada por D. Mario Rosso de Luna en un monte próximo a Solana, en la que se representa uno de estos reyes provisto de su carro, lanza, espada, escudo y casco. En la Colonia de Cañamero fue localizada por D. Juan Maldonado Otero, con varios útiles mineros, una interesante inscripción con caracteres íbero-tartéssicos (tarira).
Estos hallazgos confirman los contactos comerciales y culturales que existieron entre los pobladores de nuestra comarca y el mítico reino de Tartessos, situado en la desembocadura del Guadalquivir, donde afluían los navegantes del Mediterráneo para adquirir el valioso estaño con el que elaboraban sus metalurgias de bronce.