Los
cadáveres mutilados de varias adolescentes aparecen abandonados en
lugares apartados de Vizcaya. Natalia Egaña, una joven forense que acaba
de ingresar en la Ertzantza, es asignada al caso como colaboradora del
inspector de homicidios Carlos Vega. Nadie puede hablarles del misterioso
asaltante, las pistas son inexistentes y las victimas siempre eran jóvenes
que no se relacionaban con nadie. Consumidos por la angustia de saber que
los crímenes seguirán sucediéndose, descubren que éste contacta con
sus victimas a través de un programa de chat de Internet, en el cual las
enamora hasta conseguir una cita usando para ello el sobrenombre de
Caronte.
Siguiendo estas pistas
detienen a un joven estudiante de informática, llamado Gus, que resulta
ser inocente. Los tres juntos formarán un equipo de investigación
independiente en un intento de evitar las interferencias de otros miembros
de la Ertzantza y las presiones políticas y mediáticas del caso.
Utilizando los conocimientos combinados de los tres en materias como la
investigación policial, la psicología criminal o las más modernas técnicas
de piratería informática, intentarán acercarse a la personalidad y
motivaciones del asesino. La alta carga de tensión emocional y frustración
aumenta con cada nuevo asesinato, minando su entereza a medida que el caso
se convierte en algo más personal y doloroso.
Todas sus líneas de
investigación acaban siendo infructuosas hasta que su único camino es
hacerse pasar por una de esas adolescentes para conseguir una cita. Este
proceso pondrá a prueba la resistencia psicológica de los personajes
que, a través de las relaciones interpersonales y la exploración de sus
miedos y deseos, recorrerán un camino en el que cambiaran su personalidad
y su manera de entender el mundo y a los demás.