SECCIÓN DE BICICLETA DE MONTAÑA
ASOCIACION DE EMPLEADOS DE LA CAIXA, MADRID

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ES QUE PIERDO AIRE

En un lugar de Madrid de cuyo nombre no quiero acordarme apareció un caballero andante, de los de bomba en astillero, rocín flaco y buen corredor. Frixaba la edad de 30años, complexión recia, seco de carne, enjuto de rostro. Todo un campeón, nuestro caballero azul. Sus calzas dejaban entrever músculos suficientes para no enfrentarse a él salvo al precio de hacer el ridículo.

Sin apenas descabalgar de su rocín preguntole Goyum a nuestro hidalgo, a la entrada del puente que salvaba el foso que daba acceso a Peralejum,

-Vuesa merced sabrá indicarnos como se llega al Monasterio.

- Por supuesto, nobles caballeros. Al llegar al centro de la aldea hay una fuente, donde pueden abrevar con sus monturas. En dirección norte sale un camino, que sin dejarlo, bordeando este monte, -dijo señalándolo- les llevará sin pérdida a vuestro destino.

Siguió su camino y nosotros el nuestro. De entrada tuvimos que descabalgar de nuestras bestias porque no eran capaces de llevarnos por la fuerte pendiente. Pasada ésta y ya cabalgando nos encontramos con unos humildes peregrinos y por primera vez y última pudimos lucirnos, ya que el buen estado de la calzada y su suave pendiente hacía ponernos de pie sobre los estribos para amortiguar los saltos de nuestros caballos.

Pero craso error, caballeros....A partir de aquí desapareció el firme de la calzada y el angosto camino se convirtió en un barrizal contínuo, cuando no, auténticas simas cubiertas de agua obscura y cenagosa.

Quién esto relata sufrió el doble que los demás caballeros, puesto que su cabalgadura, una jaca llamada Zorrilla salía al campo por primera vez. Criada en cuadras francesas, no la gustó nada, ni el barro ni las piedras. Al final llegó hecha un cristo como las demás.

Antes de llegar en donde comienza este breve relato, decir que nuestra salida por tierras de Guadarrama había comenzado horas antes en las postas de El Escorial y que, después de pasar por las residencia de nuestro querido amado Príncipe Felipe cabalgamos duramente hasta llegar al paso del Malagón. Zorrilla, aunque se comportó bien, le falta un poquito de experiencia y llegamos los últimos, pero sobrados de fuerza, por lo que reanudamos el camino los primeros y volvimos a llegar los últimos al lugar donde reparamos nuestras fuerzas con nueces e higos, mientras nuestras monturas pastaban en la pradera.

A partir de este lugar un larga bajada . Todos al galope. Victorum, el primero, fue destacándose del grupo de caballeros hasta que su montura le descabalgó. Rozaduras sin importancia y a cabalgar de nuevo. En otro momento en que volvimos a parar para dar descanso a nuestras monturas, Goyum observó por las ancas traseras de su rocín que éste cojeaba, por lo que llegó a la conclusión de que perdía aire. Y cinco puntos. Entoncés sacó una especie de supositorio metálico que endilgó en la pata trasera que milagrosamente volvió a restituirse. Todos admirados de la capacidad de Goyum cuando vimos que aparecían por las pencas traseras, los entresijos de ésta. -Es que no la he metido bien, sentenció.

En el último tramo de camino se notó el cansancio de nuestras monturas. Alguna de ellas llegó con mucha dificultad, por culpa del caballero que no se alimentó correctamente. Otros caballeros tenían mucha prisa porque sus damas les estaban esperando en el castillo para salir de compras y no se despidieron de los demás. En lo que hemos quedao.

Luis López Carrillo