¿TE SUENA?, CARLOS
La verdad que cuando suena el despertador un sábado a las siete de la mañana y después de una semana más o menos dura, pues como que no hace mucha gracia enfundarte el maillot, llenar de agua la botella y ponerse en marcha para enfrentarte a los “ligeros ascensos” que nos propone semanalmente Luis.
Como siempre y para no variar, tempranito para que no cojamos malas costumbres. A las nueve de la mañana nos citamos en Canto Cochino unos cuantos locos por esto de subir con la bici por la montaña, con el único fin de acabar lo más rápido posible para hacer lo que más nos gusta: tomarnos las cervezas en el bar de turno.
Pero hasta que el que famoso y tan bien querido zumo de cebada acabara en nuestras sedientas gargantas pasaron unas cuantas horas.
Como para mi era la primera vez que subía por estos caminos, nuestro amigo Luis se ofreció a quedarse en la cola del pelotón para explicarme con todo detalle todo y cada uno de los rincones de nuestra subida (no penséis que nos quedamos los últimos por que íbamos justitos……).
Adelante pues como casi siempre; nuestro amigo Israel al que todavía le duraba la gasolina de la noche anterior, se permitía el “lujo” de luchar por el gran premio de la montaña en un largo sprint en la cima de la primera parada. Parada para afrontar la subida a La Nava, con unas rampas bastante cómodas al principio pero que os puedo asegurar que el final solo lo salva lo espectacular del paisaje. El avituallamiento no fue del todo malo, aunque se hecho en falta el hornazo de “Paquete” o el tocinito que nos trajo una vez José Luis del Valle.
El descenso de La Nava, marcaba uno de los momentos más relajantes del día, ya que un poco de descanso no nos vino mal para poder afrontar los otros tantos kilómetros que nos quedaban por subir. Aquí nuestro amigo Luis decidió que su trabajo como guia turístico había finalizado y nos abandonó en el olvido a los que nos quedamos “observando” el paisaje. No sabemos si la bici nueva tiene un motor escondido o el viernes por la noche se fue con Israel y tomo de la misma “gasolina”, pero la subida de Luis Induraín fue más que reseñable.
Una vez arriba y tras beber agua del río Manzanares (le dijimos que no bajara a Madrid que se pondría sucio y lleno de escombros…), nos hicimos las pertinentes fotos de rigor y preparados para el descenso final. Los más valientes decidieron utilizar un pequeño camino para, y el grupo de los “abuelos” (Luis, Antonio y el que escribe) pues como todavía nos queda hipoteca que pagar y esto del Euribor está muy feo, pues por el caminito que todos llegan a Roma.
En total unos 42 km. con un desnivel “majete” que nos dejo bien preparados para una buena siesta a casi todos, y digo a casi todos, ya que alguno no contento con los kilómetros realizados, decidió sumar más metros a sus piernas “cogiendo” algún que otro atajo (¿Te suena, Carlos?).
Y claro las cervezas no nos faltaron con nuestras patatas fritas, al sol en una pequeña terracita con vistas a la montaña.
Vamos que mereció la pena poner el despertador el viernes por la noche.

Cesar Redrejo
SECCIÓN DE BICICLETA DE MONTAÑA 
