SECCIÓN DE BICICLETA DE MONTAÑA
ASOCIACION DE EMPLEADOS DE LA CAIXA, MADRID

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Soldado que huye, sirve para otra guerra..

El día era inmejorable para la práctica del montanbai: solazo, viento en calma, temperatura levemente fría al principio, aunque agradable a medida que avanzaba el día. Inmejorable.

Partimos de la Plaza de Argés, pueblo situado a pocos kilómetros de Toledo capital, con la guía experta de Juanfrán y Alberto, ciclistas locales que conocen como la palma de la mano, todos los senderos, pistas, trialeras, y recovecos de la zona.

Arrancamos con paso, o más bien, con pedalada firme once aguerridos pedaleros, de la plaza del pueblo; bajando por pistas facilitas hasta el al pantano de Guajaraz, y una vez a la altura del mismo giramos hacia el Sur bordeándolo por unos caminos sin mayor complicación, en dirección, aunque sin entrar, a Layos. Más adelante hablaremos de Layos.

Seguimos por la rivera del pantanillo, cruzamos una carretera y después de pasar al lado de un grupo de rumanos, que nos miraban como si fuéramos marcianos, empieza una zona con trialeras de subida y de bajada, no muy difíciles pero que obligaban a estar fino a la hora de trazar. En un de estas subiditas, servidor de vdes., tuvo la única caída de la jornada, nada grave no os preocupéis, por no sacar el pie a tiempo del pedal. ¡Pareces nuevo Pablo!.

Poco después pinchó Paquete, -5 puntos*- lo que aprovechamos para tener las típicas conversaciones de bicis y de rutas, y donde empezó a tomar cuerpo la formación del Comando Bulgaria que seguramente dará mucho que hablar en las próximas semanas.

Alguna trialera más y llegamos al arroyo de Guajaraz, que según nuestros “sherpas” no habríamos podido pasar si hubiera llovido últimamente. Pero pudimos cruzar todos sin mojarnos demasiado, aunque eso sí, al que suscribe, el agua le limpio completamente el aceite de la transmisión con lo que para el resto de la ruta pude disfrutar de una “musiquita industrial” que ya la quisieran para sí los la Fura dels Baus.

Seguimos por un tramo de arenas movedizas, dignas de una película de Tarzán, y vamos llegando a Casasbuenas por unas pistas rápidas una vez pasadas las dificultades arenosas. El campo está bastante bonito, y pasamos entre el verde de los sembrados de cereales, los olivos, algún almendro en flor y, cuando pasamos cerca de algún establo, un intenso “olor a campo” que te da alas para pedalear como una centella.

Vamos llegando a Noez donde afrontaremos el único “puerto de montaña” de la jornada, la Sierra de Noez, una subida de 3 Km., moderadamente empinada, aunque nada que nuestros encallecidos traseros ciclistas no hayan “visto” en otras ocasiones.

He de decir que en este punto hubo algunas bajas en el grupo; no sé si al ver la imponente mole de 1030 metros de altura que se erguía frente a nosotros o ante la perspectiva de afrontar el desnivel de nada menos que 300 metros. Pero en fin, como dijo el sabio Herodoto en el siglo vigésimo séptimo antes de Cristo, “soldado que huye, sirve para otra guerra”. Los que coronamos el picacho nos tomamos un merecido tentempié en el mirador y disfrutamos unos minutos de la vista del llano castellano que se extendía ante nosotros.

Bajamos como locos (como dice mi padre “para bajar todos los santos ayudan”) por la misma pista hasta Noez, donde nos reagrupamos y abandonamos el villorrio con dirección a Polán por el mismo tipo de pistas rápidas; a buen ritmo, pues era todo en una leve pero constante bajada. Cruzamos Polán y al pasar la cresta de una lomita aparece en lontananza el castillo de Guadamur. Construido en el siglo XV, destruido y reconstruido en varias ocasiones; y con una historia interesantísima que amerita una visita detallada. Podéis hacer una visita internauta.

Pasado Guadamur , nos vamos acercando a Argés por la zona del pantano donde nos enfrentamos de nuevo a alguna que otra trialerilla de subida y vamos llegando a nuestro punto de partida sin mayores complicaciones. En resumen 50 Km. muy divertidos, a buen ritmo de pedal por los caminos y veredas de la comarca de Argés.

Y, como es obligado, en la plaza de Arges, nos tomamos, para recuperarnos del esfuerzo unas jarritas de bebida isotónica de cebada, junto con unas “tapitas” de migas y sardinas asadas, que no se las saltaba un rumano.

Pero, este relato se quedaría cojo, sin mencionar la mejor parte de la jornada: el cocido que nos metimos “entre pecho y espalda” en “El Mulato” de Layos.

Aunque, pensándolo bien, eso daría para una novela.....


 

Pablo Esteban Nuñez

 

 

 

* 5 puntos. Nota del transcriptor.