F. Engels
EL ORIGEN DE LA FAMILIA, LA PROPIEDAD PRIVADA Y EL ESTADO
III -La Gens Iroquesa
Llegamos ahora a otro descubrimiento de Morgan que es, por lo menos, tan importante como
la reconstrucción de la forma primitiva de la familia basándose en los sistemas de
parentesco. La prueba de que los grupos de consanguíneos designados por medio de nombres
de animales en el seno de una tribu de indios americanos son esencialmente idénticos a
las "genea" de los griegos, a las "gentes" de los romanos; de que la
forma americana es la forma original de la gens, siendo la forma grecorromana una forma
posterior derivada; de que toda la organización social de los griegos y romanos de los
tiempos primitivos en gens, fatria y tribu, encuentra su paralelo fiel en la organización
indoamericana; de que la gens (en cuanto podemos juzgar por nuestras fuentes de
conocimiento) es una institución común a todos los bárbaros hasta su paso a la
civilización y después de él; esta prueba ha esclarecido de golpe las partes más
difíciles de la antigua historia griega y romana y nos ha revelado inesperadamente los
rasgos fundamentales del régimen social de la época primitiva anterior a la aparición
del Estado. Por muy sencilla que parezca la cosa una vez conocida, Morgan no la descubrió
hasta los últimos tiempos. En su anterior obra, dada a la luz en 1871, no había llegado
aún a penetrar ese secreto, cuyo descubrimiento ha hecho callar por algún tiempo a los
historiadores ingleses de la época primitiva, tan llenos de seguridad en sí mismos.
La palabra latina gens, que Morgan emplea para este grupo de consanguíneos, procede, como
la palabra griega del mismo significado, genos, de la raíz aria común gan (en alemán
-donde, según la regla, la g aria debe ser reemplazada por la k- kan), que significa
"engendrar". Las palabras gens en latín, genos en griego, dschanas en
sánscrito, kuni en gótico (según la regla anterior), kyn en antiguo escandinavo y
anglosajón, kin en inglés, y künns en medio-alto-alemán, significan de igual modo
linaje, descendencia. Pero gens en latín o genos en griego se emplean esencialmente para
designar ese grupo que se jacta de constituir una descendencia común (del padre común de
la tribu, en el presente caso) y que está unido por ciertas instituciones sociales y
religiosas, formando una comunidad particular, cuyo origen y cuya naturaleza han estado
oscuros hasta ahora, a pesar de todo, para nuestros historiadores. Ya hemos visto
anteriormente, en la familia punalúa, lo que es en su forma primitiva la gens. Compónese
de todas las personas que, por el matrimonio punalúa y según las concepciones que en él
dominan necesariamente, forman la descendencia reconocida de una antecesora determinada,
fundadora de la gens. Siendo incierta la paternidad en esta forma de familia, sólo cuenta
la filiación femenina. Como los hermanos no se pueden casar con sus hermanas, sino con
mujeres de otro origen, los hijos procreados con estas mujeres extrañas quedan fuera de
la gens, en virtud del derecho materno. Así, pues, no quedan dentro del grupo sino los
descendientes de las hijas de cada generación; los de los hijos pasan a las gens de sus
respectivas madres. ¿Qué sucede, pues, con este grupo consanguíneo, así que se
construye como grupo aparte, frente a grupos del mismo género en el seno de una misma
tribu?. Como forma clásica de esa gens primitiva, Morgan toma la de los iroqueses y
especialmente la de la tribu de los senekas. Hay en ésta ocho gens, que llevan nombres de
animales: 1ª, lobo; 2ª, oso; 3ª, tortuga; 4ª, castor; 5ª, ciervo; 6ª, becada; 7ª,
garza y 8ª, halcón. En cada gens hay las costumbres siguientes.
1. Elige el sachem (representante en tiempo de paz) y el caudillo (jefe militar). El
sachem debe elegirse en la misma gens y sus funciones son hereditarias en ella, en el
sentido de que deben ser ocupadas en seguida en caso de quedar vacantes. El jefe militar
puede elegirse fuera de la gens, y a veces su puesto puede permanecer vacante. Nunca se
elige sachem al hijo del anterior, por estar vigente entre los iroqueses el derecho
materno y pertenecer, por tanto, el hijo a otra gens, pero con frecuencia se elige al
hermano del sachem anterior o al hijo de su hermana. Todo el mundo, hombres y mujeres,
toman parte en la elección. Pero ésta debe ratificarse por las otras siete gens, y sólo
después de cumplida esta condición es el electo solemnemente instaurado en su puesto por
el consejo común de toda la generación iroquesa. Más adelante se verá la importancia
de este punto. El poder del sachem en el seno de la gens es paternal, de naturaleza
puramente moral. No dispone de ningún medio coercitivo. Además, ex oficio es miembro del
consejo de tribu de los senekas, así como del consejo de toda la federación iroquesa. El
jefe militar únicamente puede dar órdenes en las expediciones militares.
2. Depone a su discreción al sachem y al caudillo. También en este caso toman parte en
la votación hombres y mujeres juntos. Los dignatarios depuestos pasan a ser enseguida
simples guerreros como los demás, personas privadas. También el consejo de tribu puede
deponer a los sachem, hasta contra la voluntad de la gens.
3. Ningún miembro tiene derecho a casarse en el seno de la gens. Esta es la regla
fundamental de la gens, el vínculo que la mantiene unida; es la expresión negativa del
parentesco consanguíneo, muy positivo, en virtud del cual constituyen una gens los
individuos comprendidos en ella. Con el descubrimiento de este sencillo hecho, Morgan ha
puesto en claro, por primera vez, la naturaleza de la gens. Cuán poco se había
comprendido ésta hasta entonces nos lo prueban los relatos que se nos hacían
anteriormente respecto a los salvajes y a los bárbaros, relatos donde la diferentes
agrupaciones cuya reunión forman la organización gentilicia se confunden sin orden ni
concierto dándoles, si hacer diferencia alguna, los nombres de tribu, clan, thum, etc...
y de los cuales dícese de vez en cuando que el matrimonio está prohibido en el seno de
semejantes corporaciones. Tal es el origen de la irreparable confusión en la que
MacLennan, hecho un Napoleón, ha puesto orden con esta sentencia inapelable. Todas las
tribus se dividen en unas donde está prohibido el matrimonio entre los miembros de la
tribu (exógamas), y otras donde se permite (endógamas). Y después de haber embrollado
definitivamente las cosas, se ha lanzado a las más hondas disquisiciones para establecer
cuál de esas absurdas categorías creadas por él es la más antigua, si la exogamia o la
endogamia. Este absurdo ha concluído por sí solo al descubrirse la gens basada en el
parentesco consanguíneo y la resultante imposibilidad del matrimonio entre los miembros.
Es evidente que en el estadio en que hallamos a los iroqueses la prohibición del
matrimonio dentro de la gens se observa inviolablemente.
4. La propiedad de los difuntos pasaba a los demás miembros de la gens, pues no debía
salir de ésta. Dada la poca monta de lo que un iroqués podía dejar a su muerte, la
herencia se dividía entre los parientes gentiles más próximos, es decir, entre sus
hermanos y hermanas carnales y el hermano de su madre, si el difunto era varón, y si era
hembra, entre sus hijos y hermanas carnales, quedando excluidos sus hermanos. Por el mismo
motivo, el marido y la mujer no podían ser herederos uno del otro, ni los hijos serlo del
padre.
5. Los miembros de la gens se debían entre sí ayuda y protección, y sobre todo auxilio
mutuo para vengar las injurias hechas por extraños. Cada individuo confiaba su seguridad
a la protección de la gens, y podía hacerlo; todo el que lo injuriaba, injuriaba a la
gens entera. De ahí, de los lazos de sangre en la gens, nació la obligación de la
venganza, que fue reconocida en absoluto por los iroqueses. Si un extraño a la gens
mataba a uno de sus miembros, la gens entera de la víctima estaba obligada a vengarlo.
Primero se trataba de arreglar el asunto; la gens del matador celebraba consejo y hacía
proposiciones de arreglo pacífico a la de la víctima, ofreciendo casi siempre la
expresión de su sentimiento por lo acaecido y regalos de importancia; si se aceptaban
éstos, el asunto quedaba zanjado. En el caso contrario, la gens ofendida designaba a uno
o a varios vengadores obligados a perseguir y matar al matador. Si así sucedía, la gens
de este último no tenía ningún derecho a quejarse; quedaban saldadas las cuentas.
6. La gens tiene nombres determinados, o una serie de nombres que sólo ella tiene derecho
a llevar en toda la tribu, de suerte que el nombre de un individuo indica inmediatamente a
qué gens pertenece. Un nombre gentil lleva vinculados, indisolublemente, derechos
gentiles.
7. La gens puede adoptar extraños en su seno, admitiéndoles, así, en la tribu. Los
prisioneros de guerra a quienes no se condenaba a muerte, se hacían de este modo, al ser
adoptados por una de las gens, miembros de la tribu de los senekas, y con ello entraban en
posesión de todos los derechos de la gens y de la tribu. La adopción se hacía a
propuesta individual de algún miembro de la gens, de algún hombre, que aceptaba al
extranjero como hermano o como hermana, o de alguna mujer que lo aceptaba como hijo; la
admisión solemne en la gens era necesaria en concepto de ratificación. A menudo, gens
muy reducidas en número por causas excepcionales se reforzaban de nuevo así, adoptando
en masa a miembros de otra gens con el consentimiento de esta última. Entre los
iroqueses, la admisión solemne en la gens verificábase en sesión pública del consejo
de tribu, lo que hacía prácticamente de esta solemnidad una ceremonia religiosa.
8. Es difícil probar en las gens indias la existencia de solemnidades religiosas
especiales; pero las ceremonias religiosas de los indios están, más o menos,
relacionadas con las gens. En las seis fiestas anuales de los iroqueses, los sachem y los
caudillos, en atención a sus cargos, contábanse entre los "guardianes de la
fe" y ejercían funciones sacerdotales.
9. La gens tiene un lugar común de inhumación. Este ha desaparecido ya entre los
iroqueses del Estado de Nueva York, que hoy viven apretados en medio de los blancos, pero
ha existido en otros tiempos. Todavía subsiste entre otros indios, por ejemplo entre los
tuscaroras, próximos parientes de los iroqueses. Aun cuando son cristianos, los
tuscaroras tienen en el cementerio una determinada fila de sepulturas para cada gens, de
tal suerte que la madre está enterrada allí en la misma hilera que los hijos, pero no el
padre. Y entre los iroqueses también la gens entera asiste al entierro de un muerto, se
ocupa de la tumba, de los discursos fúnebres, etc...
10. La gens tiene un consejo, la asamblea democrática de los miembros adultos, hombres y
mujeres, todos ellos con el mismo derecho de voto. Este consejo elige y depone a los
sachem y a los caudillos, así como a los demás "guardianes de la fe"; decide
el precio de la sangre ("Wergeld") o la venganza por el homicidio de un miembro
de la gens; adopta a los extranjeros en la gens. En resumen, es el poder soberano en la
gens.
Tales son las atribuciones de una gens india típica. "Todos sus miembros son
individuos libres, obligados a proteger cada uno la libertad de los otros; son iguales en
derechos personales, ni los sachem ni los caudillos pretenden tener ninguna especie de
preeminencia; todos forman una comunidad fraternal, unida por los vínculos de la sangre.
Libertad, igualdad y fraternidad; ésos son, aunque nunca formulados, los principios
cardinales de la gens, y esta última es, a su vez, la unidad de todo un sistema social,
la base de la sociedad india organizada. Eso explica el indomable espíritu de
independencia y la dignidad que todo el mundo nota en los indios".
En la época del descubrimiento, los indios de toda la América del Norte estaban
organizados en gens con arreglo al derecho materno. Sólo en algunas tribus, como entre
los dacotas, la gens estaba en decadencia y en otras, como entre los ojibwas y los omahas,
estaba organizada con arreglo al derecho paterno.
En numerosísimas tribus indias que comprenden más de cinco o seis gens encontramos cada
tres, cuatro o más de éstas reunidas en un grupo particular, que Morgan, traduciendo
fielmente el nombre indio, llama fratria (hermandad), como su correspondiente griego.
Así, los senekas tienen dos fratrias: la primera comprende las gens 1-4, y la segunda las
gens 5-8. Un estudio más profundo muestra que estas fratrias representan casi siempre las
gens primitivas en que se escindió al principio la tribu; porque dada la prohibición del
matrimonio en el seno de la gens, cada tribu debía necesariamente comprender por lo menos
dos gens para tener una existencia independiente. A medida que la tribu aumentaba en
número, cada gens volvía a escindirse en dos o más, que desde entonces aparecían cada
una de ellas como una gens particualr; al paso que la gens primitiva, que comprende todas
las gens hijas, continúa existiendo como fratria. Entre los Senekas y la mayor parte de
los indios, las gens de una de las fratrias son hermanas entre sí, al paso que las de la
otra son primas suyas, nombres que, como hemos visto, tienen en el sistema de parentesco
americano un significado muy real y muy expresivo. Originariamente ningún seneka podía
casarse en el seno de su fratria; sin embargo, esta usanza desapareció muy pronto,
quedando limitada a la gens. Según una tradición que circula entre los senekas, el
"oso" y el "ciervo" fueron las dos gens primitivas, de las que se
desprendieron con el tiempo las demás. Una vez arraigada, esa nueva organización fue
modificándose con arreglo a las necesidades; si se extinguían las gens de una fratria,
hacíase pasar a veces a ella gens enteras de otras fratrias. Por eso encontramos en
diferentes tribus gens del mismo nombre agrupadas en distintas fratrias.
Las funciones de la fratria entre los iroqueses son en parte sociales, en parte
religiosas. 1) Las fratrias juegan a la pelota una contra otra; cada una designa a sus
mejores jugadores; los demás indios, formando grupos por fratrias, observan el juego y
apuestan por la victoria de los suyos. 2) En el consejo de tribu se sientan juntos los
sachem y los caudillos de cada fratria, colocándose frente a frente los dos grupos; cada
orador habla a los representantes de cada fratria como a una corporación particular. 3)
Si en la tribu se cometía un homicidio, sin pertenecer a la misma fratria el matador y la
víctima, la gens ofendida apelaba a menudo a sus gens hermanas, que celebraban un consejo
de fratria y se dirigían a la otra fratria como corporación con el fin de que ésta
convocase igualmente un consejo para arreglar pacíficamente el asunto. En este caso, la
fratria aparece de nuevo como la gens primitiva, y con muchas más probabilidades de buen
éxito que la gens individual, más débil, hija suya. 4) En caso de defunción de
personajes importantes, la fratria opuesta se encargaba de organizar y dirigir las
ceremonias de los funerales, mientras la fratria de los difuntos participaba en ellas como
parientes en duelo. Si moría un sachem, la fratria opuesta anunciaba la vacante de su
cargo en el consejo de los iroqueses. 5) Cuando se elegía sachem, intervenía igualmente
el consejo de la fratria. Solía considerarse como casi segura la ratificación del electo
por las gens hermanas; pero las gens de la otra fratria podían oponerse a ella. En tal
caso reuníase el consejo de esta fratria, si la oposición era mantenida, la elección se
declaraba nula. 6) Al principio, tenían los iroqueses misterios religiosos particulares,
llamados por los blancos "medicine lodges". Celebrábanse estos misterios entre
cada una de las fratrias, que tenían un ritual especialmente establecido para la
iniciación de nuevos miembros. 7) Si, como es casi seguro, los cuatro linajes (gens) que
habitaban por el tiempo de la conquista en los cuatro barrios de Tlaxcala eran cuatro
fratrias, esto prueba que las fratrias constituían también unidades militares, lo mismo
que entre los griegos y en otras uniones gentilicias análogas entre los germanos; cada
uno de esos cuatro linajes iba a la guerra como ejército independiente, con su uniforme y
su bandera particulares, y al mando de su propio jefe.
Así como varias gens forman una fratria, de igual modo, en la forma clásica, varias
fratrias constituyen una tribu; en algunos casos, en las tribus muy débiles falta el
eslabón intermedio, la fratria. ¿Qué es, pues, lo que caracteriza a una tribu india de
América?.
1. Un territorio propio y un nombre particular. Fuera del sitio donde estaba asentada
verdaderamente. Cada tribu poseía además un extenso territorio para la caza y la pesca.
Detrás de éste se extendía una ancha zona neutral, que llegaba hasta el territorio de
la tribu más próxima, zona que era más estrecha entre las tribus de la misma lengua, y
más ancha entre las que no tenían el mismo idioma. Esta zona venía a ser lo que el
bosque limítrofe de los germanos, el desierto que los suevos César creaban alrededor de
su territorio, el "ísarnholt" (en dinamarqués "jarnved", limes
Danicus") entre daneses y alemanes, el "sachsenwald" y el
"branibor" (eslavo: bosque protector), que dio su nombre al Brandeburgo, entre
alemanes y eslavos. Este territorio, comprendido dentro de fronteras tan inciertas, era el
país común de la tribu, reconocido como tal por las tribus vecinas y que ella misma
defendía contra los invasores. En la mayoría de los casos, la imprecisión de las
fronteras no suscitó en la práctica inconvenientes, sino cuando la población hubo
crecido de modo considerable. Los nombres de las tribus parecen debidos a la casualidad
más que a una elección razonada; con el tiempo sucedió a menudo que una tribu era
conocida entre sus vecinas con un nombre distinto del que ella misma se daba, como
ocurrió con los alemanes, a quienes los celtas llamaron "germanos", siendo
éste su primer nombre histórico colectivo.
2. Un dialecto particular propio de esta sola tribu. De hecho, la tribu y el dialecto son
substancialmente una y la misma cosa. La formación de nuevas tribus y nuevos dialectos, a
consecuencia de una escisión, acontecía hace aún poco en América, y todavía no debe
haber cesado por completo. Allí donde dos tribus debilitadas se funden en una sola,
ocurre, excepcionalmente, que en la misma tribu se hallan dos dialectos muy próximos. La
fuerza numérica media de las tribus americanas es de unas dos mil almas; sin embargo, los
cheroquees son veinteséis mil, el mayor número de indios de los Estados Unidos que
hablan un mismo dialecto.
3. El derecho de dar solemnemente posesión a su cargo a los sachem y los caudillos
elegidos por las gens.
4. El derecho de exonerarlos hasta contra la voluntad de sus respectivas gens. Como los
sachem y los jefes militares son miembros del consejo de tribu, estos derechos de la tribu
respecto a ellos se explican de por sí. Allí donde se ha formado una federación de
tribus y donde el conjunto de éstas se halla representado por un consejo federal, esos
derechos pasan a este último.
5. Ideas religiosas (mitología) y ceremonias del culto comunes. "Los indios eran, a
su manera bárbara, un pueblo religioso". Su mitología no ha sido aún objeto de
investigaciones críticas. Personificaban ya sus ideas religiosas -espíritus de todas
clases-, pero el estadio inferior de la barbarie en el cual estaban no conoce aún
representaciones plásticas, lo que se llama ídolos. Es el de ellos un culto de la
naturaleza y de los elementos que tiende al politeismo. Las diferentes tribus tenían sus
fiestas regulares, con formas de culto determinadas, principalmente el baile y los juegos.
La danza, sobre todo, era una parte esencial de todas las solemnidades religiosas. Cada
tribu celebraba en particular sus propias fiestas.
6. Un consejo de tribu para los asuntos comunes. Componíase de lso sachem y los caudillos
de todas las gens, sus representantes reales, puesto que eran siempre revocables. El
consejo deliberaba públicamente, en medio de los demás miembros de la tribu, quienes
tenían derecho a tomar la palabra y hacer oir su opinión; el consejo decidía. Por regla
general, todo asistente al acto era oído a petición suya; también las mujeres podían
expresar su parecer mediante un orador elegido por ellas. Entre los iroqueses, las
resoluciones definitivas debían ser tomadas por unanimidad, como se requería para
ciertas decisiones en las comunidades de las marcas alemanas. El consejo de tribu estaba
encargado, particularmente, de regular las relaciones con las tribus extrañas. Recibía y
mandaba las embajadas, declaraba la guerra y concertaba la paz. Si llegaba a estallar la
guerra, solía hacerse casi siempre valiéndose de voluntarios. En principio, cada tribu
considerábase en estado de guerra con toda otra tribu con quien expresamente no hubiera
convenido un tratado de paz. Las expediciones contra esta clase de enemigos eran
organizadas en la mayoría de los casos por unos cuantos notables guerreros. Estos
ejecutaban una danza guerrera y todo el que les acompañaba en ella declaraba de ese modo
su deseo de participar en la campaña. Formábase en seguida un destacamento y se ponía
en marcha. De igual manera, grupos de voluntarios solían encargarse de la defensa del
territorio de la tribu atacada. La salida y el regreso de estos grupos de guerreros daban
siempre lugar a festividades públicas. Para esas expediciones no era necesaria la
aprobación del consejo de tribu, y ni se pedía ni se daba. Eran éstas exactamente como
las expediciones particulares de las mesnadas germanas según las describe Tácito, con la
sola diferencia de que los grupos de guerreros tienen ya entre los germanos un carácter
más fijo y constituyen un sólido núcleo, organizado en tiempos de paz, en torno al cual
se agrupan los demás voluntarios en caso de guerra. Los destacamentos de esta especie
rara vez eran numerosos; las más importantes expediciones de los indios, aun a grandes
distancias, realizábanse con fuerzas insignificantes. Cuando se juntaban varios de estos
destacamentos para acometer una gran empresa, cada uno de ellos obedecía a su propio
jefe; la unidad del plan de campaña asegurábase, bien o mal, por medio de un consejo de
estos jefes. Esta es la manera cómo hacían la guerra los alemanes del alto Rin en el
siglo IV, según la vemos descrita por Amiano Marcelino.
7. En algunas tribus encontramos un jefe supremo (Oberhäuptling), cuyas atribuciones son
siempre muy escasas. Es uno de los sachem, que, cuando se requiere una acción rápida,
debe tomar medidas provisionales hasta que pueda reunirse el consejo y tomar las
resoluciones finales. Es un débil germen de poder ejecutivo, germen, que casi siempre
queda estéril en el transcurso de la evolución ulterior; este poder, como veremos, sale
en la mayoría de los casos, si no en todos, del jefe militar supremo (obersten
Heerführer).
La gran mayoría de los indios americanos no fue más allá de la unión en tribus. Estas,
poco numerosas, separadas unas de otras por vastas zonas fronterizas y debilitadas a causa
de continuas guerras, ocupaban inmensos territorios muy poco poblados. Acá y allá
formábanse alianzas entre tribus consanguíneas por efecto de necesidades momentáneas,
con las cuales tenían término. Pero en ciertas comarcas, tribus parientes en su origen y
separadas después, se reunieron de nuevo en federaciones permanentes, dando así el
primer paso hacia la formación de naciones. En los Estados Unidos encontramos la forma
más desarrollada de una federación de esa especie entre los iroqueses. Abandonando sus
residencias del Oeste del Misisipí, donde probablemente habían formado una rama de la
gran familia de los dacotas, se establecieron después en largas peregrinaciones en el
actual Estado de Nueva York, divididos en cinco tribus: los senekas, los cayugas, los
onondagas, los oneidas y los mohawks. Vivían de la pesca, la caza y una horticultura
rudimentaria y habitaban en aldeas, fortificadas en su mayoría con estacadas. No
excedieron nunca de veinte mil; tenían muchas gens comunales en las cinco tribus,
hablaban dialectos parecidísimos de la misma lengua y ocupaban a la sazón un territorio
compacto repartido entre las cinco tribus. Siendo de conquista reciente ese territorio,
caía de su propio peso la necesidad de la unión habitual de esas tribus frente a las que
ellas habían desposeído. En los primeros años del siglo XV, a más tardar, se
convirtió en una "liga eterna", en una confederación que, comprendiendo su
nueva fuerza, no tardó en tomar un carácter agresivo; y al llegar a su apogeo, hacia
1675, había conquistado en torno suyo vastos territorios, a cuyos habitantes había en
parte expulsado, en parte hecho tributarios. La confederación iroquesa presenta la
organización social más desarrollada a que llegaron los indios antes de salir del
estadio inferior de la barbarie, excluyendo, por consiguiente, a los mexicanos, a los
neomexicanos y a los peruanos. Los rasgos principales de la confederación eran los
siguientes:
1. Liga eterna de las cinco tribus consanguíneas basada en su plena igualdad y en la
independencia en todos sus asuntos interiores. Esta consanguinidad formaba el verdadero
fundamento de la liga. De las cinco tribus, tres llevaban el nombre de tribus madres y
eran hermanas entre sí, como lo eran igualmente las otras dos, que se llamaban tribus
hijas. Tres gens -las más antiguas- tenían aún representantes vivos en todas las cinco
tribus, y otras tres gens, en tres tribus. Los miembros de cada una de estas gens eran
hermanos entre sí en todas las cinco tribus. La lengua común, sin más diferencias que
dialectales, era la expresión y la prueba de la comunidad de origen.
2. El órgano de la liga era un consejo federal de cincuenta sachem, todos de igual rango
y dignidad; este consejo decidía en última instancia todos los asuntos de la liga.
3. Estos cincuenta títulos de sachem, cuando se fundó la liga, se distribuyeron entre
las tribus y las gens, y eran sus portadores los representantes de los nuevos cargos
expresamente instituídos para las necesidades de la confederación. A cada vacante eran
elegidos de nuevo por las gens interesadas y podían ser depuestos por ellas en todo
tiempo, pero el derecho de darles posesión de su cargo correspondía al consejo federal.
4. Estos sachem federales lo eran también en sus tribus respectivas, y tenían voz y voto
en el consejo de tribu.
5. Todos los acuerdos del consejo federal debían tomarse por unanimidad.
6. El voto se daba por tribu, de tal suerte que todas las tribus, y en cada una de ellas
todos los miembros del consejo, debían votar unánimemente para que se pudiese tomar un
acuerdo válido.
7. Cada uno de los cinco consejos de tribu podía convocar al consejo federal, pero éste
no podía convocarse a sí mismo.
8. Las sesiones se celebraban delante del pueblo reunido; cada iroqués podía tomar la
palabra; sólo el consejo decidía.
9. La confederación no tenía ninguna cabeza visible personal, ningún jefe con poder
ejecutivo.
10. Por el contrario, tenía dos jefes de guerra supremos, con iguales atribuciones y
poderes (los dos "reyes" de Esparta, los dos cónsules de Roma).
Tal es toda la constitución social bajo la que han vivido y viven aún los iroqueses
desde hace más de cuatrocientos años. La he descrito con detalle, siguiendo a Morgan,
porque aquí podemos estudiar la organización de una sociedad que no conocía aún el
Estado. El Estado presupone un poder público particular, separado del conjunto de los
respectivos ciudadanos que lo componen. Y Maurer reconoce con fiel con fiel instinto la
constitución de la Marca alemana como una institución puramente social diferente por
esencia del Estado, aun cuando más tarde le sirvió en gran parte de base. En todos sus
trabajos Maurer observa que el poder público nace gradualmente tanto a partir de las
constituciones primitivas de las marcas, las aldeas, los señoríos y las ciudades, como
al margen de ellas. Entre los indios de la América del Norte vemos cómo una tribu unida
en un principio se extiende poco a poco por un continente inmenso; cómo, escindiéndose,
las tribus se convierten en pueblos, en grupos enteros de tribus; cómo se modifican las
lenguas, no sólo hasta llegar a ser incomprensibles unas para otras, sino hasta el punto
de desaparecer todo vestigio de la prístina unidad; cómo en el seno de las tribus se
escinden en varias gens individuales y las viejas gens madres se mantienen bajo la forma
de fratrias; y cómo los nombres de estas gens más antiguas se perpetúan en las tribus
más distantes y separadas más largo tiempo (el lobo y el oso son aún nombres
gentilicios en la mayoría de las tribus indias). Y a todas estas tribus corresponde, en
general, la constitución antes descrita, con la única excepción de que muchas de ellas
no llegan a la liga entre tribus parientes.
Pero dada la gens como unidad social, vemos también con qué necesidad casi ineludible,
por ser natural, se deduce de esa unidad toda la constitución de la gens, de la fratria y
de la tribu. Todos los tres grupos son diferentes gradaciones de consanguinidad, encerrado
cada uno en sí mismo y ordenando sus propios asuntos, pero completando también a los
otros. Y el círculo de los asuntos que les compete abarca el conjunto de los negocios
sociales de los bárbaros del estado inferior. Así, pues, siempre que en un pueblo
hallemos la gens como unidad social, debemos también buscar una organización de la tribu
semejante a la que hemos descrito; y allí donde, como entre los griegos y los romanos, no
faltan las fuentes de conocimiento, no sólo la encontraremos, sino que además nos
convenceremos de que en todas partes donde esas fuentes son deficientes para nosotros, la
comparación con la institución social americana nos ayuda a despejar las mayores dudas y
a adivinar los más difíciles enigmas.
¡Admirable constitución ésta de la gens, con toda su ingenua sencillez! Sin soldados,
gendarmes ni policía, sin nobleza, sin reyes, gobernadores, prefectos o jueces, sin
cárceles ni procesos, todo marcha con regularidad. Todas las querellas y todos los
conflictos los zanja la colectividad a quien conciernen, la gens o la tribu, o las
diversas gens entre sí; sólo como último recurso, rara vez empleado, aparece la
venganza, de la cual no es más que una forma civilizada nuestra pena de muerte, con todas
las ventajas y todos los inconvenientes de la civilización. No hace falta ni siquiera una
parte mínima del actual aparato administrativo, tan vasto y complicado, aun cuando son
muchos más que en nuestros días los asuntos comunes, pues la economía doméstica es
común para una serie de familias y es comunista; el suelo es propiedad de la tribu, y los
hogares sólo disponen, con carácter temporal, de pequeñas huertas. Los propios
interesados son quienes resuelven las cuestiones, y en la mayoría de los casos una usanza
secular lo ha regulado ya todo. No puede haber pobres ni necesitados: la familia comunista
y la gens conocen sus obligaciones para con los ancianos, los enfermos y los inválidos de
guerra. Todos son iguales y libres, incluídas las mujeres. No hay aún esclavos, y, por
regla general, tampoco se da el sojuzgamiento de tribus extrañas. Cuando los iroqueses
hubieron vencido en 1651 a los erios y a la "nación neutral", les propusieron
entrar en la confederación con iguales derechos; sólo al rechazar los vencidos esta
proposición, fueron desalojados de su territorio. Qué hombres y qué mujeres ha
producido semejante sociedad, nos lo prueba la admiración de todos los blancos que han
tratado con indios no degenerados ante la dignidad personal, la rectitud, la energía de
carácter y la intrepidez de estos bárbaros.
Recientemente hemos visto en Africa ejemplos de esa intrepidez. Los cafres de Zululandia
hace algunos años y los nubios[1] hace pocos meses (dos tribus en las cuales no se han
extinguido aún las instituciones gentiles) han hecho lo que no sabría hacer ninguna
tropa europea. Armados nada más que con lanzas y venablos, sin armas de fuego, bajo la
lluvia de balas de los fusiles de repetición de la infantería inglesa (reconocida como
la primera del mundo para el combate en orden cerrado), se echaron encima de sus
ballonetas, sembraron más de una vez el pánico entre ella y concluyeron por derrotarla,
a pesar de la colosal desproporción entre las armas y aun cuando no tienen ninguna
especie de servicio militar ni saben lo que es hacer la instrucción. Lo que pueden hacer
y soportar lo sabemos por las lamentaciones de los ingleses, según los cuales un cafre
recorre en veinticuatro horas más trayecto, y a mayor velocidad, que un caballo:
"Hasta su más pequeño músculo sobresale, acerado, duro, como una tralla de
látigo", decía un pintor inglés.
Tal era el aspecto de los hombres y de la sociedad humana antes de que se produjese la
escisión en clases sociales. Y si comparamos su situación con la de la inmensa mayoría
de los hombres civilizados de hoy, veremos que la diferencia entre el proletario o el
campesino de nuestros días y el antiguo libre gentilis es enorme.
Este es un aspecto de la cuestión. Pero no olvidemos que esa organización estaba llamada
a perecer. No fue más allá de la tribu; la federación de las tribus indica ya el
comienzo de su decadencia, como lo veremos y como ya lo hemos visto en las tentativas
hechas por los iroqueses para someter a otras tribus. Lo que estaba fuera de la tribu,
estaba fuera de la ley. Allí donde no existía expresamente un tratado de paz, la guerra
reinaba entre las tribus y se hacía con la crueldad que distingue al ser humano del resto
de los animales, y que sólo más adelante quedó suavizada por el interés. El régimen
de la gens en pleno florecimiento, como lo hemos visto en América, suponía una
producción en extremo rudimentaria y, por consiguiente, una población muy diseminada en
un vasto territorio, y, por lo tanto, una sujeción casi completa del hombre a la
naturaleza exterior, incomprensible y ajena para el hombre, lo que se refleja en sus
pueriles ideas religiosas. La tribu era la frontera del hombre, lo mismo contra los
extraños que para sí mismo: la tribu, la gens, y sus instituciones eran sagradas e
inviolables, constituían un poder superior dado por la naturaleza, al cual cada individuo
quedaba sometido sin reserva en sus sentimientos, ideas y actos. Por más imponentes que
nos parecen los hombres de esta épóca, apenas si se diferenciaban unos de otros, estaban
aún sujetos, como dice Marx, al cordón umbilical de la comunidad primitiva. El poderío
de esas comunidades primitivas tenía que quebrantarse, y se quebrantó. Pero se deshizo
por influencias que desde un principio se nos parecen como una degradación , como una
caída desde la sencilla altura moral ade la antigua sociedad de las gens. Los intereses
más viles -la baja codicia, la brutal avidez por los goces, la sórdida avaricia, el robo
egoísta de la propiedad común- inauguran la nueva sociedad civilizada, la sociedad de
clases; los medios más vergonzosos -el robo, la violencia, la perfidia, la traición-,
minana la antigua sociedad de las gens, sociedad sin clases, y la conducen a su
perdición. Y la misma nueva sociedad, a través de los dos mil quinientos años de su
existencia, no ha sido nunca más que el desarrollo de una ínfima minoría a expensas de
uan inmensa mayoría de explotados y oprimidos; y esto es hoy más que nunca.
NOTAS
[1] Se hace referencia a la guerra entre los ingleses y los zulús en 1879 y entre los
ingleses y los nubios en 1883. (N. de la Red.).