PRIMER MANIFlESTO DEL
CONSEJO GENERAL DE LA ASOCIACION INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES SOBRE LA GUERRA
FRANCO-PRUSIANA [15]
A LOS MIEMBROS DE LA ASOCIACION INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES EN EUROPA Y LOS ESTADOS UNIDOS
En el Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores, fechado en noviembre de 1864, decíamos: «Si la emancipación de la clase obrera exige su fraternal unión y colaboración, ¿cómo van a poder cumplir esta gran misión con una política exterior que persigue designios criminales, que pone en juego prejuicios nacionales y dilapida en guerras de piratería la sangre y las riquezas del pueblo?» Y definíamos la política exterior a que aspira la Internacional con estas palabras: «Reivindicar que las sencillas leyes de la moral y de la justicia, que deben presidir las relaciones entre los individuos, sean las leyes supremas de las relaciones entre las naciones» [*].
No puede asombrarnos que Luis Bonaparte, que
usurpó su poder explotando la lucha de clases en Francia y lo perpetuó mediante guerras
periódicas en el exterior, tratase desde el primer momento a la Internacional como a un
enemigo peligroso. En vísperas del plebiscito [16], ordenó que se diese una batida contra los
miembros de los Comités administrativos de la Asociación Internacional de los
Trabajadores de un extremo a otro de Francia: en París, en Lyón, en Ruán, en Marsella,
en Brest, etc., con el pretexto de que la Internacional era una sociedad secreta y de que
estaba complicada en un complot para asesinarle. Lo absurdo de este pretexto fue puesto de
manifiesto poco después en toda su plenitud, por sus propios jueces. ¿Que delito habían
cometido, en realidad, las secciones francesas de la Internacional? El de decir al pueblo
francés, pública y enérgicamente, que votar por el plebiscito era votar por el
despotismo en el interior y por la guerra en el exterior. Y fue obra suya, en realidad, el
que en todas las grandes ciudades, en todos los centros industriales de Francia, la clase
ohrera se levantase como un solo hombre para rechazar el plebiscito. Desgraciadamente, la
profunda ignorancia de los distritos rurales hizo inclinarse del lado contrario el
platillo de la balanza. Las Bolsas, los gobiernos, las clases dominantes y la prensa de
toda Europa celebraron el plebiscito como un triunfo memorable del emperador francés
sobre la clase obrera de Francia; en realidad, el plebiscito fue la señal para el
asesinato, no ya de un individuo, sino de naciones enteras.
El complot de guerra de julio de 1870 [17] no es más que una edición corregida y
aumentada del coup d'état de diciembre de 1851 [18]. A primera vista la cosa parecía tan
absurda que Francia no quería creer que aquello fuese realmente en serio. Se inclinaba
más bien a dar oídos al diputado [*] que denunciaba los discursos belicosos de
los ministros como una simple maniobra bursátil. Cuando. por fin, el 15 de julio, la
guerra fue oficialmente comunicada al Cuerpo legislativo, toda la oposición se negó a
votar los créditos preliminares; hasta el propio Thiers estigmatizó la guerra como
«detestable»; todos los periódicos independientes de París la condenaron y, cosa
extraña, la prensa de provincias se unió a ellos casi unánimemente.
Mientras tanto, los miembros parisinos de la
Internacional habían puesto de nuevo manos a la obra. En "Réveil" [19] del 12 de julio publicaron su manifiesto
"A los obreros de todas la naciones" del que tomamos las líneas siguientes:
«Una vez más» decían, «bajo
el pretexto del equilibrio europeo y del honor nacional, la paz del mundo se ve amenazada
por las ambiciones políticas. ¡Obreros de Francia, de Alemania, de España!
¡Unamos nuestras voces en un grito unánime
de reprobación contra la guerra!... ¡Guerrear por una cuestión de preponderancia o por
una dinastía tiene que ser forzosamente considerado por los obreros como un absurdo
criminal! ¡Contestando a las proclamas guerreras de quienes se eximen a sí mismos de la
contribución de sangre y hallan en las desventuras públicas una fuente de nuevas
especulaciones, nosotros, los que queremos paz, trabajo y libertad alzamos nuestra voz de
protesta!... ¡Hermanos de Alemania! ¡Nuestras disensiones no harían más que asegurar
el triunfo completo del despotismo en ambas orillas del Rin!... ¡Obreros de todos los
países! Cualquiera que sea por el momento el resultado de nuestros esfuerzos comunes,
nosotros, [203] miembros de la Asociación Internacional de los Trabajadores, que no
conoce fronteras, os enviamos, como prenda de una solidaridad indestructible, los buenos
deseos y los saludos de los trabajadores de Francia».
Este manifiesto de nuestras secciones
parisinas fue seguido por numerosos llamamientos parecidos de otras partes de Francia,
entre los cuales sólo podremos citar aquí la declaración de la sección de
Neuillysyr-Seine, publicada en la "Marseillaise" [20] del 22 de julio: «¿Es justa esta guerra?
¡No! ¿Es nacional esta guerra? ¡No! Es una guerra puramente dinástica. En nombre de la
justicia, de la democracia, de los verdaderos intereses de Francia, nos adherimos por
entero y con toda energía a la protesta de la Internacional contra la guerra».
Estas protestas expresaban, como pronto
había de probarlo un curioso incidente, los verdaderos sentimientos de los obreros
franceses. Como se lanzara a la calle la banda del 10 de diciembre [21] organizada primeramente bajo el
mandato presidencial de Luis Bonaparte, disfrazada con blusas de obreros, para
representar las contorsiones de la fiebre bélica, los obreros auténticos de los
suburbios se echaron también a la calle en manifestaciones públicas de paz, tan
arrolladoras, que Pietri, el prefecto de policía, creyó prudente poner término
inmediatamente a toda política callejera, alegando que el leal pueblo de París había
manifestado ya suficientemente su patriotismo retenido durante tanto tiempo y su
exuberante entusiasmo por la guerra.
Cualquiera que sea el desarrollo de la
guerra de Luis Bonaparte con Prusia, en París ya han doblado las campanas por el Segundo
Imperio. Acabará como empezó, con una parodia. Pero no olvidemos que fueron los
gobiernos y las clases dominantes de Europa quienes permitieron a Luis Bonaparte
representar durante diez y ocho años la cruel farsa del Imperio restaurado.
Por parte de Alemania, la guerra es
defensiva, pero ¿quién colocó a Alemania en el trance de tener que defenderse? ¿Quién
permitió a Luis Bonaparte guerrear contra ella? ¡Prusia! Fue Bismarck quien
conspiró con el mismísimo Luis Bonaparte, con el propósito de aplastar la oposicion
popular dentro de su país y anexionar Alemania a la dinastía de los Hohenzollern. Si la
batalla de Sadowa [22] se hubiese perdido en vez de ganarse, los
batallones franceses habrían invadido Alemania como aliados de Prusia.
Después de su triunfo, ¿pensó Prusia un
solo momento en oponer una Alemania libre a la Francia esclavizada? Todo lo contrario. Sin
dejar de conservar celosamente todos los encantos nativos de su antiguo sistema, les
añadía todas las mañas del Segundo Imperio: su despotismo efectivo y su democratismo
fingido, sus supercherías políticas y sus trapicheos financieros, [204] sus frases
grandilocuentes y sus artes vulgares de ratero. Al régimen bonapartista, que hasta ahora
sólo había florecido en una orilla del Rin, le salió un émulo al otro lado. Así las
cosas, ¿qué podía salir de aquí más que la guerra?
Si la clase obrera alemana permite que la
guerra actual pierda su carácter estrictamente defensivo y degenere en una guerra contra
el pueblo francés, el triunfo o la derrota serán igualmente desastrosos.
Todas las miserias que cayeron sobre
Alemania después de su guerra llamada de liberación, renacerán con redoblada
intensidad.
Pero los principios de la Internacional se
hallan demasiado difundidos y demasiado firmemente arraigados entre la clase obrera
alemana para que temamos tan lamentable desenlace. Las voces de los obreros franceses han
encontrado eco en Alemania. Una asamblea obrera de masas celebrada en Brunswick el 16 de
julio expresó su absoluta solidaridad con el manifiesto de París, rechazó con desprecio
toda idea de antagonismo nacional respecto a Francia y cerró sus resoluciones con estas
palabras:
«Somos enemigos de todas las guerras, pero
sobre todo de las guerras dinásticas... Con profunda pena y gran dolor, nos vemos
obligados a soportar una guerra defensiva como un mal inevitable; pero, al mismo tiempo,
apelamos a toda la clase obrera alemana para que haga imposible la repetición de una
desgracia social tan inmensa, reivindicando para los pueblos mismos la potestad de decidir
sobre la paz y la guerra y haciéndoles dueños de sus propios destinos».
En Chemnitz, una asamblea de delegados, que
representaban a 50.000 obreros de Sajonia, adoptó por unanimidad la siguiente
resolución:
«En nombre de la democracia alemana y
especialmente de los obreros que forman el Partido Socialdemócrata, declaramos que la
guerra actual es una guerra exclusivamente dinástica... Nos congratulamos en estrechar la
mano fraternal que nos tienden los obreros de Francia... Fieles a la consigna de la
Asociación Internacional de los Trabajadores: «¡Proletarios de todos los países,
uníos!», jamás olvidaremos que los obreros de todos los países son nuestros
amigos y los déspotas de todos los países, nuestros enemigos».
La sección berlinesa de la Internacional
contestó también al manifiesto de París: «Nos adherimos en cuerpo y alma a vuestra
protesta... Solemnemente prometemos que ni el toque del clarín ni el retumbar del
cañón, ni la victoria ni la derrota, nos desviarán de nuestra causa común, que es
laborar por la unión de los obreros de todos los países».
¡Así sea!
Al fondo de esta lucha suicida se alza la
figura siniestra de Rusia. Es un mal presagio que la señal para el desencadenamiento de
esta guerra se haya dado cuando el Gobierno ruso [205] acababa de terminar sus líneas estratégicas de ferrocarril y estaba ya
concentrando tropas en la dirección del Prut. Por muchas que sean las simpatías que los
alemanes puedan justamente reclamar en una guerra defensiva contra la agresión
bonapartista, las perderán de golpe si permiten que el Gobierno prusiano pida o acepte la
ayuda de los cosacos. Recuerden que, después de su guerra de independencia contra
Napoleón I, Alemania yació durante varias generaciones postrada a los pies del zar.
La clase obrera inglesa tiende su mano
fraternal a los obreros de Francia y de Alemania. Está firmemente convencida de que,
cualquiera que sea el giro que tome la horrenda guerra inminente, la alianza de los
obreros de todos los países acabará por liquidar las guerras. El simple hecho de que,
mientras la Francia y la Alemania oficiales se lanzan a una lucha fratricida, entre los
obreros de estos países se cruzan mensajes de paz y de amistad; ya tan sólo este hecho
grandioso, sin precedentes en la historia, abre la perspectiva de un porvenir más
luminoso. Demuestra que, frente a la vieja sociedad, con sus miserias económicas y sus
demencias políticas, está surgiendo una sociedad nueva, cuyo principio de política
internacional será la paz, porque el gobernante nacional será el mismo en todos
los países: el trabajo. La precursora de esta sociedad nueva es la Asociación
Internacional de los Trabajadores 256, High Holborn, London. W. C.. 23 de julio de 1870
Escrito por C. Marx entre el 19 Se publica
de acuerdo con el texto y el 23 de julio de 1870. de la octavilla. Publicado en forma de
octavilla Traducido del inglés. en inglés en julio de 1870, como también en octavillas
y en la prensa periódica en alemán, francés y ruso en agosto-septiembre de 1870.
NOTAS
[15] 130. El Primer Manifiesto sobre
la actitud de la Internacional respecto de la guerra franco-prusiana, escrito por Marx por
encargo del Consejo General nada más comenzar la contienda, así como el Segundo
Manifiesto, escrito por Marx en setiembre de 1870, reflejan la actitud de la clase
obrera respecto del militarismo y la guerra y muestran la lucha que sostenían Marx y
Engels contra las guerras anexionistas y por la aplicación práctica de los principios
del internacionalismo proletario. Marx muestra que con dichas conflagraciones se persigue
igualmente el fin de aplastar el movimiento revolucionario del proletariado. Marx subraya
con mayor fuerza la unidad de intereses de los obreros, alemanes y franceses y los llama a
la lucha conjunta contra la política anexionista de las clases gobernantes de ambos
países.- 201, 206
[*] Véase el presente tomo, págs.
12, 13 (N. de la Edit.)
[16] 131. El plebiscito fue
organizado por Napoleón III en mayo de 1870 para ver, según se decía, la actitud de las
masas populares hacia el Imperio. Las cuestiones sometidas a plebiscito estaban planteadas
de tal forma que era imposible desaprobar la política del Segundo Imperio sin
pronunciarse, al mismo tiempo, contra toda reforma democrática. Las secciones de la I
Internacional en Francia denunciaron esta maniobra demagógica y recomendaron a todos sus
miembros que se abstuviesen de votar. La víspera del plebiscito, los miembros de la
Federación de París fueron detenidos y acusados de participar en una conspiración que
se planteaba el asesinato de Napoleón III; el Gobierno se aprovechó de dicha acusación
para organizar una amplia campaña de persecuciones contra los miembros de la
Internacional en las diversas ciudades de Francia. En el proceso judicial contra los
miembros de la Federación de París, celebrado del 22 de junio al 5 de julio de 1870, se
puso al descubierto toda la falsedad de las acusaciones; sin embargo, varios miembros de
la Internacional fueron condenados a reclusión tan sólo por pertenecer a la Asociación
Internacional de Trabajadores. Las persecuciones contra la Internacional en Francia
suscitaron protestas masivas de la clase obrera.- 201, 277
[17] 132. El 19 de julio de 1870
comenzó la guerra franco-prusiana.- 202
[18] 126. Alusión al golpe de Estado
de Luis Bonaparte efectuado el 2 de diciembre de 1851, con el que comienza el régimen
bonapartista del Segundo Imperio.- 191, 202, 229.
[*] Julio Favre. (N. de la Edit.)
[19] 133. "Le Réveil" («El
Despertar»), periódico francés, órgano de los republicanos de izquierda, se publicó
bajo la redacción de C. Delécluse, en París, de julio de 1868 a enero de 1871.
Insertaba documentos de la Internacional y del movimiento obrero.- 202, 277
[20] 134. "La Marseillaise"
(«La Marsellesa»), diario francés, órgano de los republicanos de izquierda, se
publicó en París de diciembre de 1869 a setiembre de 1870. Insertaba documentos acerca
de la actividad de la Internacional y del movimiento obrero.- 203, 277
[21] 135. Se alude a la Sociedad del
10 de diciembre, sociedad bonapartista secreta, formada principalmente por elementos
desclasados, aventureros políticos, representantes de la camarilla militar, etc.; sus
componentes contribuyeron a la elección de Luis Bonaparte para la Presidencia de la
República Francesa el 10 de diciembre de 1848.- 203
[22] 104. La batalla de Sadowa tuvo
lugar el 3 de julio de 1866 en Bohemia y decidió el desenlace de la guerra austroprusiana
de 1866, en favor de Prusia.- 172, 175, 203