004. La organización de la izquierda

1. El Partido Comunista

La historia del movimiento obrero ha demostrado que cuando la clase obrera sólo cuenta con sus propias fuerzas, tiende a limitarse a una lucha por mejores condiciones de vida y de trabajo. Esta lucha no pasa más allá de la agrupación de los obreros en sindicatos, de su resistencia contra los patrones, de peticiones al Gobierno para que dicte leyes que favorecen a los obreros, etc.

Para hacer la Revolución hace falta un Partido que lleve a los trabajadores a la victoria. El 'nuevo partido' de Lenin fue una extraordinaria innovación de la ingeniería social del siglo XX, que hacía posible que incluso las organizaciones pequeñas hicieran gala de una extraordinaria eficacia, porque el partido obtenía de sus miembros una gran dosis de entrega y sacrificio, además de una disciplina militar y una concentración total en la tarea de llevar a buen puerto las decisiones del partido.

 

1.2 La organización del Partido

En líneas generales, el partido del proletariado debe contar con organismos de base en los centros de trabajo y en los barrios; con organismos intermedios, que reúnan a varios organismos de base de un sector o zona y los conecten con los organismos centrales que dirigen a todo el partido. Esta estructura piramidal permite la comunicación permanente entre todos estos organismos: desde la base a la cúspide y de arriba hacia abajo. Ella hace posible la movilización del partido como un solo hombre en la lucha constante contra sus enemigos.

 

a) Organismos de base: las células.

Las células son la organización básica del partido. Desde ellas los militantes desarrollan su actividad política y profundizan, educándose en la práctica del marxismo-leninismo.

La célula es el organismo donde los militantes participan en la vida del partido y contribuyen a su desarrollo.

Es necesario que las células sean creadas en todos los lugares, desde los centros de trabajo a los barrios populares, en los pueblos, en los institutos o en la universidad y en cualquier sitio donde estén las masas populares.

La célula es el organismo de contacto directo entre el partido y las masas. Es a través de ella como se detecta el grado que éstas tienen de lucha y de conciencia, lo cual permite al partido saber si es correcta o no la aplicación de su política.

 

b) Organismos intermedios.

Tanto los organismos de base a nivel de fábrica, como en los restantes niveles que hemos analizado en el apartado a), deben estar agrupados y coordinados bajo la conducción de órganos de dirección intermedios. Estos nuevos organismos son los llamados comités de zona o de comarca y deben abarcar a un determinado sector de la ciudad o de la provincia, que gocen de una unidad sociológica o geográfica, una rama industrial etc.

Como hemos dichos, los comités son órganos de dirección y organización y deben servir para dirigir a todo el conjunto del partido en la zona o sector que les corresponde.

A su vez, estos organismos zonales deben estar coordinados y dirigidos a nivel provincial, regional y de las distintas nacionalidades, a través de los comités provinciales, regionales Y nacionales, los cuales establecen la dirección política a partir de las directrices provinientes del órgano supremo del partido que es el comité central.

 

c) Organismo central.

Este organismo central -el COMITE CENTRAL- debe estar formado por los mejores cuadros del partido, tendiendo a que en él participe el mayor número posible de cuadros obreros. Es el máximo organismo de dirección del partido y en él se concretan la unidad ideológica y política del mismo. Para poder desarrollar las diversas tareas de dirección, el Comité Central divide el trabajo entre sus miembros, que forman distintas comisiones o frentes de trabajo: propaganda, organización, cultura, educación política, finanzas, sindical, agraria, etc.

Además de él, es necesario que exista un organismo más reducido y más ejecutivo que resuelva cómo enfrentar los problemas políticos que surgen a diario. Este organismo suele recibir el nombre de "comisión política", o "secretaría política", "buró político", "comité ejecutivo", etc.

El partido debe establecer mecanismos que aseguren la discusión amplia de los problemas para lograr su unidad de pensamientos y de dirección. Los Congresos son reuniones periódicas en las que se discute y se decide la línea política del partido y se eligen los dirigentes encargados de conducirlo, poniendo en práctica esta línea. El Congreso es el órgano máximo de decisión del partido. Es, a su vez, el punto de culminación del desarrollo del proceso democrático dentro de aquel.

Cuando, más adelante, hablemos del significado del CENTRALISMO DEMOCRATICO se comprenderá más fácilmente esto último que decimos. La relación entre la necesidad de ejercer la democracia como forma de alcanzar la unidad y la homogeneidad en torno a la línea política y, por otra parte, el centralismo como exigencia de plasmar dicha unidad y coherencia a la hora de desarrollar la línea política, adquiere su más amplio sentido democrático en el Congreso.

 

 

1.3 El sistema de prensa y publicaciones.

Además de mantener su organización y desarrollarla, una de las funciones fundamentales del partido proletario es llevar la teoría marxista al movimiento obrero y conducir sus luchas en una orientación revolucionaria. Para llevar a cabo estas funciones es fundamental que el partido cuente con un sistema de prensa que sea capaz de hacer llegar a cada militante, en el menor tiempo posible, las tareas generales del partido en tal o cual momento, las ideas generales de organización, las verdades teóricas que es importante difundir y las formas tácticas de actuar.

Se debe empezar por tener un periódico del partido, cuya tarea más importante sea colaborar en la consolidación de la organización del partido y de su unidad ideológica interna. El periódico debe contribuir también a orientar la lucha de las masas, recogiendo sus inquietudes, planteando sus problemas e impulsando su acción y organización. El partido debe tener publicaciones de distinto nivel teórico y para distintos frentes: sindical, juvenil, femenino, etc.

 

1.4. El principio del centralismo democrático.

El partido del proletariado es, como veíamos, una organización para dirigir la lucha de clases, y por ello es fundamental que tenga una conducción única que defina las actuaciones inmediatas que el partido debe realizar en los distintos momentos de la lucha. Esta conducción única se hace posible porque ella refleja una línea general de acción que ha sido discutida por todos los miembros y acordada por la mayoría. Aquellos cuyas posiciones han quedado en minoría deben someterse en la acción a la línea que triunfa, desarrollando junto a los demás miembros las tareas que se desprenden de ella. Es entonces la existencia de esta línea de acción clara y su acatamiento por los militantes lo que permite la unidad de acción del partido y una conducción única centralizada.

Ahora bien; para poner en práctica esta línea general, es necesario definir en cada organismo del partido las acciones concretas que tienen que realizar los militantes. Para lograr esta definición es necesario que se dé una discusión amplia en el grupo correspondiente, que todos opinen y que finalmente se adopten acuerdos que todos deben cumplir. Para lograr una acción coordinada de todo el partido, los organismos inferiores deben tomar en cuenta en sus decisiones las indicaciones que hagan los organismos superiores.

Esta combinación de dirección central única y discusión democrática en los distintos niveles del partido es lo que se llama "centralismo democrático".

Otro aspecto del centralismo es que los organismos superiores deben exigir a los organismos inferiores que cada cierto tiempo rindan cuenta de su acción, para revisar cómo ha funcionado el trabajo y cómo ha respondido cada militante a las tareas asignadas y a las indicaciones que han dado los organismos superiores para llevarlas a cabo. El principio del centralismo, por lo tanto, exige el sometimiento de las minorías a las mayorías y de los organismos inferiores a los superiores.

Pero, entonces, ¿no se pueden tener opiniones distintas de la mayoría en el partido?

Sin duda que ello es posible, y es importante que las minorías luchen, desde el punto de vista ideológico, por imponer sus opiniones. Pero todo tiene su tiempo y su momento. Hay momentos en el partido que son de amplia discusión, pero, cuando ésta se termina, y se toman acuerdos para impulsar determinadas acciones, entonces sólo queda un camino: actuar de acuerdo a las resoluciones tomadas por la mayoría del partido. La lucha ideológica interna sólo es posible en la medida en que no ponga dificultades para la unidad de acción.

Vemos entonces, cómo ambos principios: el centralismo y la democracia, se complementan armónicamente.

Ahora bien; la relación entre ambos principios, el peso que uno de ellos puede tener con respecto al otro, depende en gran medida del momento político concreto que se esté viviendo. En momentos de crisis, de persecución política, es el principio de la dirección central el que pasa a tomar el papel más destacado. Por el contrario, en épocas de relativa paz, cuando se está en la etapa de discusión de la línea del partido y de sus tareas, el elemento dominante pasa a ser el principio de la democracia interna. Pero no cabe duda de que puede existir el peligro de que un partido del proletariado caiga en desviaciones de tipo centralista, que restringen la democracia interna hasta el punto de transformar a sus militantes en simples ejecutores de órdenes que vienen de los organismos superiores. Y también puede caer en desviaciones de ultrademocratismo, hasta el punto de ser incapaz de dar una conducción única a un partido que gasta su tiempo en discusiones internas que esterilizan toda acción concreta. Una correcta combinación del centralismo y la democracia debe estimular la iniciativa de los dirigentes y de todos los militantes del partido. Sólo la acción creadora en todos los niveles del partido es capaz de asegurar el triunfo en la lucha de clases. En la práctica esta iniciativa se manifiesta en energía creadora, en sentido de responsabilidad, en orden en el trabajo, en coraje y aptitud para resolver problemas, para expresar opiniones, para criticar defectos, así como en el control ejercido, con esmero de camarada, sobre los organismos superiores.

 

1.5. El principio de la dirección colectiva.

Otra cuestión que está íntimamente ligada al partido es el principio de la dirección colectiva. El partido del proletariado es la vanguardia de la clase obrera, es la organización de los mejores elementos de la clase para dirigir la lucha por la liberación de toda la clase obrera y las masas trabajadoras. No es un grupo que se forma en torno a un caudillo para proporcionarle el apoyo de masas que éste necesita para realizar sus ambiciones políticas. Por eso, lo que importa en un partido proletario no son los dirigentes como personas; lo que importa es que exista una dirección política capaz de hacer frente a las duras tareas que el partido debe cumplir en la lucha por la liberación de la clase obrera, y para cumplir estas múltiples tareas es fundamental que exista una dirección colectiva en la cual cada uno de sus miembros aporta su visión y su preparación para resolver los problemas y tareas del momento. Sólo una dirección colectiva de este tipo es capaz de evitar que se caiga en posiciones individualistas.

Esta dirección colectiva debe darse en los distintos niveles de organización del partido.

Desde su dirección máxima hasta sus organismos de base.

Ahora bien; es necesario señalar que esta dirección colectiva debe ir siempre unida al principio de la responsabilidad individual. Esto quiere decir que la posibilidad de discutir y .tomar acuerdos colectivamente no deja libres a los dirigentes o militantes del cumplimiento de las tareas y los acuerdos que les toca realizar. Deberán responder en forma individual de las responsabilidades que se les hayan encomendado.

Es importante no olvidar, después de cada reunión de discusión colectiva, asignar tareas concretas a cada participante. Si no se cae en el vicio del "reunionismo", que impide pasar de las palabras a la acción, y sin acción concreta es muy poco lo que los militantes pueden aportar a la discusión.

La dirección colectiva tiene también otras ventajas para la organización. Una de ellas es que ayuda a desarrollar la iniciativa de los militantes y cuadros, ya que éstos participan en todas las decisiones. Además, se garantizan la educación y el desarrollo de los cuadros de dirección por las mismas razones.

 

1.6. El principio de la crítica y autocrítica.

La crítica y la autocrítica son armas muy buenas para desarrollar un trabajo eficiente, para librar de errores a nuestras actividades, para poner al descubierto las fallas y lograr su eliminación, para fortalecer la disciplina y obligarnos a ser más exigentes con nosotros mismos, para educar a los militantes y cuadros.

 

-la crítica.

Una verdadera actitud crítica dentro del partido exige de los dirigentes y militantes una lucha tenaz contra la tendencia a ver sólo los aspectos positivos de las cosas, a ver solamente los éxitos.

La crítica debe ser permanente, objetiva y hecha desde una posición de clase. Esto significa que debemos criticar todo aquello que va en contra de los objetivos revolucionarios que persigue el partido, todo aquello que dificulta el desarrollo del trabajo y que aleja o desvía al partido del cumplimiento de las tareas que se ha planteado. Pero la crítica debe ser, en primer lugar, resultado de un análisis pensado, madurado. El derecho a criticar impone a los militantes la responsabilidad de evitar los pronunciamientos superficiales y generales. ¿Por qué decimos esto? Porque la crítica no es una simple enumeración de errores o deficiencias: lo fundamental es el análisis de las causas que originan estos errores o deficiencias. Y es difícil encontrar las causas sin un buen conocimiento del desarrollo del trabajo de las luchas ocurridas, sin un análisis acabado de la situación. Y ¿Por qué es tan importante conocer las causas? Porque sólo si logramos conocerlas podremos señalar las medidas que deben adoptarse para no repetir los errores. Si esto no se hace así, la crítica se transforma en un acto destructivo que desintegra al movimiento en lugar de levantarlo. Los errores se vuelven a cometer, porque no se examinó cuál era su raíz.

La crítica puede dirigirse tanto a un militante como al funcionamiento mismo de los organismos del partido.

Ahora bien; es fundamental que esta crítica se haga en el seno de la organización y a partir de sus intereses y principios. Los comentarios y opiniones vertidos en los pasillos, fuera de las reuniones y canales normales del partido, se transforman en chismes y en nada ayuda a la solución de los problemas. Dentro del partido es posible examinar si las tareas fueron bien distribuidas, si al compañero se le asignó aquella que realmente podía cumplir. Difícilmente podemos criticar a un compañero que apenas sabe escribir por haber hecho un cartel ilegible, o a un compañero muy tímido por no haber hecho un discurso brillante. En este caso la crítica debe ir dirigida más bien a los responsables de haber asignado esas tareas. Otras veces podemos descubrir que las tareas no se cumplen porque no se explicó bien en qué consistían.

Hay algo que debemos cuidar siempre cuando hagamos una crítica: la influencia que puede tener en nosotros nuestra simpatía o antipatía por determinados compañeros, Debemos hacer un gran esfuerzo de objetividad, ajustándonos siempre a los hechos y no a suposiciones o prejuicios. Debemos criticar con sinceridad, directamente, sin hacer concesiones, pero siempre con el propósito de ayudar al compañero, de educarlo, tratando de solucionar las debilidades que encontremos en su trabajo o en su actitud.

La siguiente imagen ilustra muy bien el sentido que tiene la crítica de un militante revolucionario: "hay que tratar la enfermedad para salvar al paciente", es decir, hay que criticar no para hundir al compañero o destruir a los organismos del partido, sino para ayudar a superar los problemas y lograr mejores militantes, una mejor organización partidaria y un mejor trabajo colectivo en el futuro.

 

- la autocrítica.

La autocrítica es la forma en que se demuestra si tenemos conciencia de nuestros errores y si hemos entendido y asimilado una crítica que se nos ha hecho.

A través de ella señalamos nuestras fallas, pero no sólo eso, sino que además tratamos de determinar su origen, ya que es así como podremos superarlas en el futuro. La autocrítica debe hacerse, por lo tanto, sólo cuando creamos sinceramente haber cometido un error y estar dispuestos a corregirlo. Ella es un acto serio de autoanálisis y no debe usarse, entonces, para hacer concesiones oportunistas o para salir del paso.

Es muy saludable que todos los dirigentes del partido se sientan permanentemente bajo el control de la crítica de los militantes. Eso ayuda mucho a desarrollar un trabajo eficiente.

Podemos concluir que donde no hay crítica el trabajo se encamina el fracaso, se tiende al relajamiento y a la desorganización. Sin el ejercicio de la crítica no se pueden educar los cuadros y militantes, no se impulsa su desarrollo. La crítica y la autocrítica son instrumentos que aseguran las verdaderas relaciones comunistas de trabajo: relaciones fraternales y amistosas en las que, señalando los errores, se ayuda a los compañeros a desarrollar sus mejores cualidades para la acción colectiva.

Lenin era el mayor partidario de la necesidad de la crítica y la autocrítica, y señalaba lo siguiente: "La actitud de un partido político ante sus errores es una de las pruebas importantes y más fieles de la seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente los errores, poner al descubierto sus causas, analizar la situación que los ha producido y examinar los medios de corregirnos; esto es lo que caracteriza a un partido serio, en esto es lo que consiste el cumplimiento de sus deberes, esto es, educar e instruir a la clase primero y después a las masas".

 

1.6. La disciplina consciente

El principio de la disciplina está muy relacionado con los principios que ya hemos analizado. La disciplina de una organización de vanguardia es totalmente diferente de la disciplina que impone la burguesía en sus instituciones: en los centros productivos, en el sistema escolar, en el ejército regular, etc. la disciplina burguesa es impuesta por una autoridad que no admite críticas y cuyas órdenes deben cumplirse en forma ciega. La burguesía sólo tiene interés en que sus instituciones funcionen: no tiene interés en que sus subordinados entiendan el mecanismo de funcionamiento de ellas ni los fines a los cuales ellas están destinadas, ya que en el fondo, todas las instituciones burguesas sirven los intereses de esta clase. En estas condiciones, la disciplina sólo se mantiene por la amenaza al castigo, por el respeto del orden por el orden, y no porque el subordinado considere que ella es necesaria. La disciplina de una organización revolucionaria, en cambio, está basada en la comprensión y acuerdo por parte de sus miembros de los fines que el partido persigue. Es una disciplina consciente, admitida por todos, convencidos de que ella es necesaria para vencer en la lucha en la que están comprometidos sus intereses de clase.

De esta manera, cada militante llega a sentirse responsable de mantenerla por su propio compromiso revolucionario. Es por ello que esta disciplina está relacionada con la democracia dentro del partido y con el ejercicio de la crítica y la autocrítica.

Sin embargo, es importante señalar que para un militante que acaba de ingresar en el partido y que está acostumbrado a la disciplina burguesa, no es fácil comprender y desarrollar de un día para otro la disciplina revolucionaria. Ello requiere todo un proceso de aprendizaje que se realiza junto con su capacitación política. Los dirigentes del partido tienen una gran responsabilidad en este sentido. En la discusión con los militantes acerca de sus tareas y responsabilidades, el método tiene que ser el de la persuasión. Los compañeros se ganan para una tarea o responsabilidad mediante la explicación, la discusión amplia, mediante su comprensión de que es necesario que tomen responsablemente las tareas que les toca desarrollar. Por otra parte, es necesario lograr decisiones correctas, comprensibles, justas, y para ello es importante que ellas sean elaboradas por todos los militantes. Si éstos no participan, no comprenden o no están convencidos, no se tendrá una disciplina consciente. De allí la importancia de mantener el principio de la dirección colectiva. Como vemos, entonces, para lograr una disciplina consciente, para que ésta no se quiebre, es necesario mantener vivos dentro del partido todos los principios de dirección política y de trabajo partidario. Contra el abandono de estos principios hay que luchar permanentemente, porque ello acarrea graves trastornos a la organización del partido, impidiéndoles cumplir su misión de vanguardia de la clase obrera.

Dentro de las grandes líneas de la división del trabajo entre los militantes del partido, debemos distinguir las siguientes tareas:

a) tareas de elaboración y discusión teórica.

b) tareas de propaganda.

c) tareas de agitación.

d) tareas de organización.

 

1.7. Tareas de elaboración y discusión teórica

Ella es fundamental, ya que todo partido revolucionario debe elaborar la teoría de su propia revolución. ¿Qué queremos decir con esto?. Que para hacer la revolución en un país determinado, para hacer la revolución en España, por ejemplo, no se pueden aplicar los principios del marxismo en forma mecánica, como una receta que ya contiene todas las indicaciones que son necesarias para curar la enfermedad del capitalismo y llegar al socialismo en nuestro país. El marxismo es la teoría general de la sociedad, y por lo tanto no nos dice cómo es España y cómo debemos actuar nosotros para transformarla. Pero el marxismo es el instrumento que tenemos que usar para conocer nuestra realidad. Nos permite primero hacer un diagnóstico de la realidad que vive nuestro país y luego señalar las grandes líneas por las que debe encaminarse nuestra acción para transformar esa realidad.

El marxismo nos indica qué es lo que tenemos que estudiar de nuestro país para conocerlo y transformarlo. Tenemos que conocer en primer lugar su economía: estudiar las diversas formas en que se producen los bienes materiales, determinar cuál de estas relaciones de producción es la dominante, y cómo se combina con las demás; debemos descubrir él punto fuerte y el punto débil de nuestra economía, qué contradicciones son las más agudas, etc. En segundo lugar, tenemos que saber cómo repercute esta situación de la economía, de la infraestructura de nuestro país, en el nivel de las ideas y de las leyes, las formas de gobierno, los aparatos represivos del Estado, etc. es decir, el nivel de la superestructura ideológica y política. Por último, tenemos que estudiar la correlación de fuerzas: es decir, el número y el estado de preparación de las masas que están por la transformación de la sociedad, en comparación con las fuerzas de aquéllos que defienden el actual estado de cosas. Esto significa saber quiénes son nuestros enemigos y quiénes son nuestros amigos, sus puntos fuertes y sus puntos débiles.

Por otra parte, el marxismo nos señala la importancia de la historia para comprender la realidad. Es por ello que este estudio de la realidad de un país debe comprender la historia de sus transformaciones económicas, de su vida política, y fundamentalmente, la historia del movimiento obrero, de su tradición de lucha, del desarrollo de sus organizaciones y de su nivel de conciencia política.

Sólo mediante un conocimiento muy acabado de la realidad concreta del país se puede elaborar una teoría revolucionaria que corresponda a esta realidad concreta y no a otra. Hacer "la teoría de la propia revolución" consiste, entonces, en señalar cuál es el camino que debe seguir un determinado proceso revolucionario de acuerdo a las características propias de ese país.

Esta "teoría de la propia revolución" se manifiesta en lo que se llama: "la línea política del partido revolucionario de ese país". Esta línea política debe contener orientaciones a largo plazo y orientaciones a corto plazo.

Es importante insistir en que toda revolución ha sido, es y seguirá siendo un proceso único para cada país. No se ha repetido nunca de la misma manera, en todo lo que tiene de original, la experiencia rusa, china, cubana o vietnamita.

¿Quiere decir, entonces, que los revolucionarios no sacan nada con conocer esas experiencias, que no hay que tomarlas en cuenta para nada?.

Por el contrario, los aciertos y los errores que se han producido en la conducción de otros movimientos revolucionarios deben ser aprovechados por los revolucionarios de otros países para ir perfeccionando su lucha. Pero para ello es necesario estudiar estos procesos en forma crítica y así saber qué corresponde a la situación particular de otros países y qué constituye una experiencia que puede ser aprovechada en el propio país.

Por último, la tarea de elaboración y discusión teórica dentro del partido es necesaria para encarar las divergencias que se producen en la vida interna de todo partido y con otras fuerzas de izquierda. Ellas se refieren fundamentalmente a la forma como se deben conducir la lucha de clases y el proceso revolucionario. Esta es una lucha ideológica que el partido debe ser capaz de desarrollar en la forma más amplia posible. Ello permite educar políticamente a los militantes. De esta manera el partido puede plantear a las masas una línea de acción clara y unitaria, que sus miembros sabrán defender y llevar adelante porque han participado en elaborarla y discutirla. Por todas estas razones, el partido del proletariado debe contar con cuadros preparados para desarrollar esta labor teórica.

 

1.8. Tareas de propaganda

El partido debe desarrollar una amplia labor de propaganda. Esto significa una labor constante de denuncia y explicación de los grandes problemas que aquejan a nuestro país. Por ejemplo, frente a la carestía o inflación, explicar cómo estas situaciones son el resultado del régimen capitalista, de su funcionamiento mismo. Demostrar que ellos son la forma en que aparecen las contradicciones internas del sistema y que, por lo tanto, estos problemas sólo tendrán solución cuando se destruya totalmente la sociedad capitalista y se establezca una nueva sociedad.

Esta es una tarea educativa que proporciona instrumentos teóricos para la discusión y acción política de los militantes con las masas, los arma ideológicamente para llevar adelante la lucha hasta sus últimas consecuencias.

Esta tarea se realiza, fundamentalmente, por medio de informes escritos, de boletines, o por medio de seminarios o charlas periódicas. Para ello el partido debe contar con cuadros propagandistas encargados de llevar adelante esta tarea y destinar los recursos necesarios para ello.

Los propagandistas deben ser cuadros con una buena preparación teórica, y, sobre todo, con una gran capacidad pedagógica para poner en palabras sencillas, al alcance de todos, las materias que tienen que desarrollar. Es conveniente, al mismo tiempo, que puedan trasladarse de un lugar a otro para colaborar en tareas de propaganda allí donde sean más necesarias.

 

1.9. Tareas de agitación

Pero no basta con este análisis de los problemas más generales de la sociedad capitalista. Es necesario desarrollar en forma constante la labor de agitación frente a cada situación de conflicto diario con que se enfrentan las masas. En cada frente de trabajo, en la población en la escuela, surgen a diario conflictos que es necesario analizar y señalar a qué se deben. La ideología dominante tiende a imponer a la masa una actitud pasiva frente a ellos, a que los acepten como un mal necesario y sin importancia.

El deber del partido, de sus militantes, es llamar la atención sobre cada conflicto y denunciar cuál es la verdadera causa que lo produce. Así, por ejemplo, frente a la mala situación en que se encuentra la familia de un compañero que ha quedado en paro porque ya es muy viejo, es necesario hacer ver que el trabajo de toda la vida del obrero ha enriquecido al patrón y no al obrero; que quien lo ha explotado no se preocupa para nada de la situación en que queda el obrero, que, a pesar de las leyes sociales que los obreros han conquistado, el patrón se las arregla para burlarlas. Se trata en este caso de hacer ver la injusticia del sistema, crear una reacción de indignación frente a ella e indicar que la situación de los obreros sólo cambiará con un sistema social distinto.

La agitación sólo toma un problema, explica su causa y saca de allí una conclusión política. No hace una explicación del paro en general, como en el caso anterior, ya que su objetivo no es hacer una educación política acabada a la masa, sino sólo llamar su atención sobre cada problema para producir su reacción de rebeldía y señalar cuáles son sus verdaderos intereses de clase. A la vez debe impulsar a la masa a la acción para solucionar el problema en particular. En el ejemplo dado, presionar al patrón para que cumpla con las leyes sociales de la industria. Para desarrollar esta tarea el partido debe preparar a determinados militantes que sean verdaderos cuadros agitadores frente a la masa. El agitador debe tener condiciones de buen orador y debe ser profundo conocedor de la masa a quien se dirige. Por ello, a diferencia del propagandista, debe dedicarse a hacer un trabajo político en un sector determinado de la población. No necesita una gran formación teórica. Basta que posea una visión general de las cosas.

La cualidad más importante en un agitador es su capacidad de comunicarse emocionalmente con el grupo a quien dirige la palabra. El agitador debe estar presente en todas las manifestaciones espontáneas de la lucha de la clase obrera. Debe ayudar a los obreros a orientarse en las diversas cuestiones, a formular sus reivindicaciones. Debe organizar denuncias políticas en todos los terrenos, no sólo en el terreno económico. Debe hacer que las masas reaccionen contra los abusos que sufren todas las clases de la sociedad.

 

1.10. Tareas de organización

Estas tareas son fundamentales para que el partido cumpla sus funciones de vanguardia de la clase obrera. Ellas son de dos tipos: tareas internas, dirigidas al mantenimiento y desarrollo de la organización del partido, y tareas externas, dirigidas a conocer y fortalecer las organizaciones de masas.

 

a) Tareas internas.

El partido debe mantener su organización, vigilando el buen funcionamiento de los organismos a los distintos niveles. Esto significa cuidar que los organismos de base tengan vida propia, que desarrollen la iniciativa, sin esperarlo todo de los organismos regionales o centrales. Pero a la vez éstos deben informar constantemente de su labor y exigir información y controlar a los organismos superiores. Los organismos superiores deben coordinar las acciones de los organismos de base, repartir las tareas para evitar la dispersión de los esfuerzos, establecer mecanismos de comunicación rápida y permanente con ellos, que permitan al partido movilizarse como un todo. Pero también es necesario desarrollar la organización incorporando al partido a los mejores elementos de la masa. Para que su ingreso pueda ser controlado, sometido a prueba, el nuevo integrante debe ser informado de los principios de organización y disciplina del partido. Sólo así podrá demostrar que los respeta y que puede pasar a formar parte de la vanguardia del proletariado.

 

b) Tareas externas.

Nada saca un partido revolucionario con estar muy bien organizado internamente, con tener ideas muy claras, con tener propagandistas y agitadores, si no logra organizar a la masa para que ella tome iniciativas que impulsen el proceso revolucionario hacía adelante. El partido debe impulsar la creación y el desarrollo de las organizaciones de masas tanto en los centros de trabajo como en las poblaciones, en los barrios, en el campo, etc. Los militantes deben participar activamente en sindicatos, asociaciones de vecinos, asociaciones de amas de casa, clubs juveniles, centros culturales, etc. En ellos los militantes deben destacarse por su trabajo serio, su dedícación, su responsabilidad, pero no deben pretender ser los únicos integrantes o acaparar los puestos de dirección. Muy por el contrario, deben lograr que en estas organizaciones de masas participe la mayoría del pueblo y que se destaquen cuadros dirigentes salidos de la masa misma.

Hay militantes especialmente dotados para estas tareas de organización: militantes con iniciativa ejecutiva, capacidad de mando, capaces de tornar en cuenta todos los detalles para poner en práctica determinadas tareas, dotados de imaginación para establecer los mecanismos que ayuden a mantener y desarrollar la organización. Concluiremos diciendo que la tarea del partido es muy grande y que hay que aprovechar las fuerzas de que dispone de la mejor forma posible. Por ello el partido debe tener en cuenta las características de cada militante para asignarle las tareas que, de acuerdo a sus aptitudes, va a poder realizar mejor. Es necesario además que cada vez que se planifique y se acuerde una tarea, se controle su cumplimiento. No basta que el militante acepte cumplirla: debe informar al organismo correspondiente de cómo lo está realizando, de las dificultades y los éxitos que va obteniendo. El resto de los militantes deben ayudar a este control, pidiendo cuenta a los encargados acerca de su gestión, y estar dispuestos a colaborar con él o a reemplazarlo si no es capaz de cumplir.

En un organismo en el que se divide el trabajo, el no cumplimiento de las tareas que cada uno debe llevar a cabo puede acarrear graves trastornos en el trabajo colectivo y poner en peligro el partido y los objetivos que éste se ha trazado.

 

 

2. Los militantes del Partido.

¿Qué condiciones deben reunir los militantes del partido para cumplir su papel de vanguardia?.

1. Ser los mejores elementos de la clase;

2. Tener una buena formación política;

3. Tener una línea de masas.

1. Ser los mejores elementos de la clase. Si el partido Proletario debe dirigir a toda la clase obrera, sus cuadros deben tener un gran prestigio frente a las masas. Deben ser los elementos con más espíritu de trabajo, con mayor iniciativa, con mayor claridad para analizar las cosas, dispuestos a dedicar la mayor parte de su tiempo libre a las tareas revolucionarias y, muy especialmente, tener una honestidad a toda prueba.

2. Tener una buena formación teórico-política. Si no hay proceso revolucionario sin teoría revolucionario y si el partido es el órgano de fusión dé la teoría revolucionaria y el movimiento obrero, es fundamental que los militantes del partido, y especialmente sus cuadros superiores, tengan una muy buena formación teórico-política.

¿En qué debe consistir esta formación?

Ella debe darse a tres niveles:

a) Los militantes deben estudiar la teoría marxista-leninista, que proporciona los principales instrumentos teóricos para hacer una análisis científico de la sociedad, es decir, conocer su realidad económica, política y social.

b) Deben estudiar y conocer la historia del país, y especialmente la historia del movimiento obrero. Ello es necesario porque todo partido revolucionario para tener éxito debe ser capaz de conducir en forma creadora el proceso de lucha de clases en su propio país. Para hacerlo, debe tener en cuenta las características propias que presentan las clases en ese país, sus tradiciones y costumbres.

c) Debe conocer muy bien la situación concreta de las fuerzas sociales en cada momento, y para ello es fundamental estar bien informado de todo lo que pasa en el país. La lectura de los diarios, tanto de izquierda como de derecha, debe ser una tarea diaria del militante revolucionario.

3. Tener una línea de masas.

Cada militante debe aprender a organizar el trabajo de las masas teniendo en cuenta que el ideal más elevado no le vale de nada si no se sabe fundirlo íntimamente con los intereses de las masas, con los problemas que ellas enfrentan diariamente. Las masas encierran grandes fuerzas creadoras. Todo militante debe ir a ellas, pero debe ir dispuesto a aprender, a recoger su experiencia para elaborar a partir de allí nuevos y mejores principios y métodos de lucha.

RESPETAR A LAS MASAS. Respetar sus intereses espontáneos inmediatos y sus intereses a largo plazo. Esto significa proponer tareas que partan siempre de sus intereses espontáneos inmediatos, pero que vayan dirigidas a lograr sus verdaderos intereses de clase. Por lo tanto, partir por los intereses espontáneos, pero no quedarse en ellos.

CONSULTAR A LAS MASAS. Recoger sus ideas, sus opiniones frente a los hechos, no pretender nunca que se puede movilizar a las masas dándoles todo cocinado desde arriba. Averiguar constantemente si las consignas que se plantean tienen un eco real entre ellas. Cuán justa parece ser en este sentido la afirmación de Mao: "El militante que no ha investigado no tiene derecho a hablar".

INFORMAR A LAS MASAS. Informarlas sobre la situación histórica que vive el país, del estado de su frente de lucha en particular, y su relación que tiene con otros frentes. Informarlas de las tareas que se proponen y de la forma de realizarlas. Informarlas de manera veraz, tanto de los aspectos positivos como negativos de las cosas. "La verdad es siempre revolucionaria", porque sólo si las masas conocen la realidad de las cosas podrán actuar sobre ellas para transformarlas.

ORGANIZAR A LAS MASAS. Buscar mecanismos que permitan la máxima participación. Para ello es importante determinar cuál es el sector más activo de ellas y preocuparse especialmente de organizarlo para que éste logre arrastrar tras de sí a los sectores más pasivos y atrasados.

MOVILIZAR A LAS MASAS. Lanzar consignas adecuadas a cada nueva coyuntura que surja. Estas consignas serán justas y harán avanzar el movimiento revolucionario en la medida en que no sean consignas en el aire, sino consignas que partan del estado actual de conciencia de las masas. Consignas de tipo antiimperialista o de lucha armada, por ejemplo, puede que no movilicen a las masas si éstas no están suficientemente maduras para comprenderlas. El partido debe recoger permanentemente el estado de ánimo, la voluntad de las masas de emprender las acciones revolucionarias definitivas. Ello permite que el partido, en el momento dado, concentre y dirija todas las fuerzas a la conquista final del poder político, para que el proletariado inicie la construcción de la nueva sociedad en la que no existirán ni las clases ni la explotación.

 

3. Desviaciones del marxismo: El revisionismo y el izquierdismo

a) revisionismo

El revisionismo y el izquierdismo son dos desviaciones muy graves en el desarrollo del partido del proletariado.

Las dos desviaciones que siempre amenazan al Movimiento Obrero en su camino son el revisionismo y el izquierdismo. Contra ellos ya luchó el mismo Marx y también Lenin realizó un tremendo esfuerzo por desenmascarar las ideologías burguesas que intentaban penetrar y dominar en el seno del proletariado.

El revisionismo se llama así porque "revisa", es decir, altera y cambia los principios fundamentales en los que se basa la teoría revolucionaria marxista. Rechaza la lucha de clases, o la deja reducida a algo asimilable por la burguesía: la lucha económica.

La clase obrera, bajo el influjo del revisionismo, se ve sometida a un camino reformista, sin comprender la esencia dictatorial del Estado de la burguesía y, en consecuencia, sin comprender la necesidad de la destrucción de dicho Estado y la puesta en marcha de la DICTADURA DEL PROLETARIADO, es decir, de su dominio político de clase, como condición necesaria para conducir la construcción del socialismo y llegar a la desaparición final de toda división de clase.

La introducción del revisionismo se realiza bajo frases y argumentos floridos acerca de que "el desarrollo de la sociedad ha cambiado las circunstancias" y de que "hay que hacer progresar la ciencia marxista, rompiendo los dogmatismos".

Todo este ropaje demagógico no hace sino ocultar la adulteración sustancial del marxismo y, apoyándose especialmente en las capas superiores de la clase (obreros cualificados, técnicos, los "obreros de corbata" etc.) es decir, lo que Lenin definió como ARISTOCRACIA OBRERA, termina por dominar al conjunto del proletariado.

El revisionismo moderno, con un lenguaje actualizado, está repitiendo los viejos tópicos de siempre: El progreso de la sociedad y de las fuerzas productivas, el desarrollo "democrático de la burguesía" etc., permiten construir el socialismo desde el propio Estado burgués, sin necesidad de tener que hacer la revolución. Intenta convencer a la clase obrera de que es posible expropiar a la burguesía utilizando para ello tus propios aparatos de explotación: el Estado y la burocracia estatal, bajo la mirada respetuosa de unas fuerzas armadas "democráticas".

 

b) Izquierdismo

Así como el revisionismo es una desviación por la derecha de la concepción del marxismo y, por tanto, en la tarea de la construcción del partido del proletariado y de la marcha general del Movimiento Obrero, el izquierdismo consiste en un error "voluntarista", que, olvidando las condiciones objetivas de todo tipo que configuran cada formación social concreta, se plantea el camino revolucionario como si estuviera ya en su recta final.

Para los izquierdistas, cualquier planteamiento táctico, en función de la "coyuntura política" variable es un error reformista y burocrático que traiciona al proletariado y la vanguardia no debe "engañar a las masas rebajando objetivos" sino que debe lanzarlas siempre a la conquista de sus objetivos estratégicos.

Esta desviación de la teoría marxista, trae como consecuencia la separación entre la vanguardia y las masas, las cuales no pueden seguir el ritmo que intenta introducir aquélla y en los casos en que lo hace, el resultado es una auténtica catástrofe que se deshace en derrotas debidas a la política aventurera de los izquierdistas.

 

4. Lo que NO hay que hacer

Plantear la formación hoy de un partido comunista clásico no es viable, puesto que falta sistematizar la teoría revolucionaria que acompañe a la organización revolucionaria. Después de la caída del bloque soviético y de los retrocesos del movimiento revolucionario a nivel mundial, la experiencia nos ha demostrado que un partido comunista nos aísla de las masas. Hay un largo camino a recorrer: La recomposición de la izquierda pasa por formas organizativas amplias, previas a la refundación del Partido.

He aquí algunos elementos de reflexión:

* Los partidos de izquierda se encuentran hoy en una evidente crisis, no sólo desde el punto de vista de las insuficiencias o carencias de proyectos y programas, sino también, y no en menor medida, en lo relativo a su naturaleza orgánica, relaciones con la sociedad civil, e identificación de sus actuales funciones y de las formas de llevarlas a cabo.

* Es fundamental que la organización que construyamos encarne los valores de la honestidad y de la transparencia. En este terreno no puede permitirse el más leve comportamiento que pueda empañar su imagen. Debe crear condiciones para mantener una estricta vigilancia en cuanto a la honestidad de sus cuadros y mandatarios.

* Además de las banderas enarboladas por la revolución francesa: libertad, igualdad y fraternidad, que conservan toda su vigencia, habría que agregar una cuarta bandera: la de la sobriedad. Y no por un sentido ascético cristiano, sino para oponerse al consumismo suicida y alienante.

Para definir el nuevo modelo organizativo es más didáctico hacerlo insistiendo en aquello en que la izquierda se ha equivocado y que, por consiguiente, no hay que hacer:

 

El reformismo

Utilizando el lenguaje marxista clásico, diríamos que el reformismo es una plasmación del revisionismo. Se caracteriza:

Primero: tendencia a moderar los programas e iniciativas sin acompañarlos con la formulación de propuestas políticas alternativas al presente orden de cosas, usando el argumento de que la política es el arte de lo posible.

Segundo, apelación constante a la "responsabilidad" y la "madurez" de los dirigentes sindicales y del movimiento obrero en lugar de invertir fuerza y tiempo en fomentar la rebeldía y el espíritu de lucha. Tratar de encauzar siempre su accionar hacia el terreno de las negociaciones y componendas en las cúpulas, evitando las movilizaciones combativas con el pretexto de no trabar el funcionamiento de los aparatos del Estado ni hacer peligrar la democracia tan duramente reconquistada.

Lejos de impulsar a una búsqueda creativa de alternativas, actúa más bien para bloquearla y adaptar el contenido y los alcances de los proyectos de cambio al espacio tolerado por el sistema institucional.

Tercero: tendencia a ocupar pasivamente las instituciones existentes, sin luchar por modificarlas y cambiar las reglas del juego.

¿Cuántas veces no hemos escuchado quejas de la izquierda contra las condiciones adversas en las que tuvo que dar la contienda electoral, luego de constatar que no ha logrado en las urnas los resultados electorales esperados? Sin embargo, esa misma izquierda muy pocas veces denuncia en su campaña electoral las reglas del juego que se le imponen y plantea como parte de esa campaña una propuesta de reforma electoral. Por el contrario, suele ocurrir que en búsqueda de los votos -en lugar de hacer una campaña educativa, pedagógica, que sirva para que el pueblo crezca en organización y conciencia- utilice las mismas técnicas para vender sus candidatos que las que usan las clases dominantes.

Y esto determina que, en caso de un fracaso electoral, además de la frustración, el desgaste y el endeudamiento productos de la campaña, el esfuerzo electoral no se traduzca en un crecimiento político de quienes fueron receptores y actores, dejando la amarga sensación de que todo ha sido en vano. Muy distinta sería la situación si la campaña se pensase fundamentalmente desde el ángulo pedagógico, usando el espacio electoral para fortalecer la conciencia y la organización popular. Entonces, aunque los resultados en las urnas no fuesen los mejores, el tiempo y los esfuerzos invertidos en la campaña no serían algo perdido.

 

El electoralismo

El electoralismo es otra plasmación del revisionismo. Por la importancia del tema, vamos a darle un apartado propio:

El gran desafío de la izquierda en este terreno es la de ser capaz de combatir la desviación electoralista que se traduce en rasgos como los siguientes: a) la tendencia a transformar el acceso a un cargo representativo en un fin en sí mismo y no considerarlo como un medio para servir a un proyecto de transformación social, de ahí que esos cuadros se aferren a sus mandatos y consideren una humillación volver a ser simples militantes de base; b) la vinculación con los movimientos populares sólo en momentos electorales y por objetivos electorales; c) el individualismo en las campañas: se busca fondos y apoyo para sí y no para el partido

Una de las razones que ha tenido la izquierda para aceptar ingresar en las instituciones burguesas ha sido siempre el espacio que éstas creaban para difundir desde ellas en forma mucho más abarcadora los planteamientos de la izquierda y hacerlos llegar a los sectores más atrasados, es decir, hacer del parlamento una caja de resonancia, una plataforma de denuncia de los atropellos, abusos e injusticias de un régimen basado en la opresión. Hoy, sin embargo, el control muchas veces monopólico que ejercen las clases dominantes sobre los medios de comunicación, constituye una verdadera barrera de silencio que impide conseguir esos objetivos y que es muy difícil traspasar cuando la izquierda no ha logrado ser una fuerza con una significativa representación parlamentaria.

Cómo obligar a los medios de comunicación a dar cuenta de su accionar es otro gran desafío de la izquierda, que sólo puede enfrentarse exitosamente con gran creatividad --como lo han hecho los zapatistas o Green Peace -- o crear situaciones políticas que no puedan ser ignoradas, como la importante marcha del MST hacia la capital de Brasil a mediados de 1997, o la realización de murales por niños con mensajes democráticos como se hizo durante el gobierno de Aristóbulo Istúriz en la Alcaldía de Caracas.

En este sentido son muy interesantes los logros del FMLN de El Salvador en cuanto a difundir su actividad parlamentaria en sesiones abiertas en las plazas públicas.

 

Vanguardismo

El vanguardismo es una plasmación de lo que el lenguaje marxista entendemos por izquierdismo. Una de las actitudes más negativas de la izquierda marxista fue la de autoproclamarse "la vanguardia" del proceso revolucionario y muchas de ellas "la vanguardia de la clase obrera". Aceptar que las otras organizaciones eran tan o más revolucionarias que ellos y aceptar la posibilidad de una conducción compartida era algo casi impensable durante mucho tiempo.

Por otra parte, no entendieron que el carácter de vanguardia de un proceso no es algo que se autoproclama sino algo que se conquista en la lucha.

Seguramente no conocían la distinción que establecía Lenin entre el momento de la formación del partido u organización revolucionaria, es decir, aquél en que se preparan los cuadros de conducción y el momento en que se llega a obtener la capacidad real de la dirección de la lucha de clases.

 

El basismo

El basismo es otra plasmación del izquierdismo. Es necesario rechazar de dos tesis extremas: la vanguardia "iluminada" y el basismo. La primera concibe a la instancia política como la única capaz de conocer la verdad: el partido es la conciencia, la sabiduría, y la masa un sector atrasado. La tesis opuesta es el basismo. Este valora en exceso las potencialidades de los movimientos sociales. Piensa que esos movimientos son autosuficientes. Rechaza indiscriminadamente la intervención de cualquier instancia política y con ello contribuye, muchas veces, a echar agua al molino de la división del movimiento popular.

Para llevar adelante el proceso de transformación social profunda se necesita, por lo tanto, una organización en la que el análisis político se asuma como una síntesis de un proceso colectivo de construcción de conocimiento, que integre tanto la experiencia directa como el examen de la realidad global a partir de la teoría. Y una tarea así sólo la puede orquestar una organización política concebida como un auténtico "intelectual colectivo"

 

El reunionismo

No se trata de meter a la gente en la organización partidaria y a la sociedad en el proyecto partidario, sino de meter a la política en la vida de la gente y a la organización partidaria en la sociedad. La identidad militante debe legitimarse hacia afuera, más que hacia adentro. Eso significa que el militante de la nueva organización debería ocupar la mayor parte de su tiempo en vincular el partido con la sociedad. Las actividades internas deberían reducirse a lo estrictamente necesario, evitando el reunionismo. Entre estas actividades las fundamentales son las destinadas a la educación política de los militantes, actividades que hoy han dejado de lado muchas organizaciones de izquierda, con nefastas consecuencias para el futuro de dichas organizaciones.

Crear espacios para el debate

Para que una organización tenga una vida interna democrática es fundamental que ésta cree espacios para el debate, la construcción de posiciones, el enriquecimiento mutuo mediante el intercambio de opiniones.

Hasta ahora, salvo raras excepciones, se ha privilegiado a las células o núcleos como espacio organizativo donde se realiza la vida democrática del partido. Sin embargo, es evidente que para profundizar determinados debates, especialmente los que tienen que ver con la construcción de la línea política general del partido y las líneas sectoriales, se trata de un espacio muy limitado.

Parecen mucho más enriquecedoras las reuniones más amplias, donde puede lograrse la confluencia de expositores de calidad que debatan a fondo sus diferencias, lo que permite a los demás asistentes el irse formando un criterio propio. Esa es una forma de ir construyendo pensamiento.

 

Dominar NO, dirigir SI

Todavía existe en la izquierda partidaria una dificultad para trabajar con las diferencias. La tendencia, especialmente de los partidos de clase, fue siempre tender a homogeneizar la base social en la que actuaban. Si eso se justificó alguna vez dada la identidad y homogeneidad de la propia clase obrera con la que trabajaban prioritariamente, en este momento es anacrónico frente a actores sociales tan diversos. Hoy se trata más de la unidad en la diversidad, del respeto a las diferencias étnicas, culturales, de género, y de sentimiento de pertenencia a colectivos específicos. Se hace necesario realizar un esfuerzo por encauzar los compromisos militantes partiendo de las potencialidades propias de cada sector o persona , sin buscar homogeneizar a los actores. De ahí la idea de que grupos que ya se reúnen movidos por intereses y actividades afines puedan desarrollar su militancia a partir de esos mismos grupos. Es importante tener una especial sensibilidad para percibir también todos aquellos puntos de encuentro que puedan permitir levantar, a partir de la consideración de las diferencias, una plataforma de lucha común.

La izquierda, para ser capaces de articular a todas las fuerzas que se oponen al neoliberalismo, debe abandonar toda actitud hegemonista.

Debo aclarar aquí que no se debe confundir hegemonismo con hegemonía. Ésta última es lo opuesto al hegemonismo. Nada tiene que ver con la política de aplanadora que algunas organizaciones revolucionarias, aprovechándose de ser las más fuertes, han pretendido emplear para sumar fuerzas a su política. Ni con pretender imponer la dirección desde arriba, acaparando cargos e instrumentalizando a los demás. Ni con la actitud de pretender cobrar derechos de autor a las organizaciones que osan levantar sus banderas.

Lograr la hegemonía es lograr que los demás hagan suyas o acepten como propias las propuestas que un grupo, frente político o movimiento levanta.

No se trata de instrumentalizar, sino, por el contrario, de sumar a todos los que estén convencidos y atraídos por el proyecto que se pretende realizar. Y sólo se suma si se respeta a los demás, si se es capaz de compartir responsabilidades con otras fuerzas.

Por supuesto que esto es más fácil de decir que de practicar. Suele ocurrir que cuando una organización es fuerte se tienda a minusvalorar el aporte que puedan hacer otras organizaciones. Esto es algo que hay que combatir.

Una actitud hegemonista en lugar de sumar fuerzas produce el efecto contrario. Por una parte, crea malestar en las otras organizaciones de izquierda que se sienten manipuladas y obligadas a aceptar decisiones en las que no han tenido participación alguna, y por otra, reduce el campo de los aliados, ya que una organización que asume una posición de este tipo es incapaz de captar los reales intereses de todos los sectores populares y crea en muchos de ellos desconfianza y escepticismo.

 

Los medios de comunicación de siempre

Los mensajes de la izquierda de hoy, la izquierda de la era de la televisión, no pueden ser los mismos que los de la década del sesenta; no son los de la época de Gutenberg-, estamos en la época de la imagen y de la telenovela. La cultura del libro, la cultura de la palabra escrita es hoy una cultura de élite, ya no es una cultura de masas. La gente hoy lee muy poco o no lee. Para poder comunicarnos con el pueblo debemos dominar el lenguaje audiovisual. Y la izquierda tiene el gran desafío de buscar cómo hacerlo cuando los principales medios audiovisuales están absolutamente controlados por grandes empresas monopólicas nacionales y transnacionales.

Muchas veces se quiere competir con los grandes canales de televisión y eso es evidentemente imposible, no sólo por los recursos financieros que se necesitarían para ello, sino también porque, aunque se dispusiese de estos, los grupos económicos que monopolizan esos medios impiden cualquier tipo de incursión de la izquierda en ellos.

Pero hay otras formas alternativas de comunicación que no han sido suficientemente trabajadas por la izquierda como: las radios comunitarias, los periódicos barriales, los canales municipales de televisión, y más accesibles aún a cualquier grupo que trabaja en el ámbito comunitario: el uso de los DVD para llevar a pequeños grupos de personas experiencias de interés que les permitan aprender y formarse una conciencia crítica frente a los mensajes e informaciones que trasmiten las grandes transnacionales de la información.

Aquí también está el desafío de crear videos pedagógicos que permitan intercambiar experiencias y aprender de otras experiencias populares.

Y en este intercambio de experiencias, empiezan a jugar hoy un papel importante las radios populares conectadas a redes que transmiten por satélite y permiten que los actores populares se comuniquen entre sí de un país a otro y puedan dialogar sobre sus experiencias.

 

Los planteamientos estrictos de nación o Estado

En un mundo en que el ejercicio de la dominación se realiza a escala global, parece aún más necesario que ayer establecer coordinaciones y estrategias de lucha a nivel regional y suprarregional. Los foros sociales mundiales y otros encuentros de carácter internacional han permitido notables avances en este sentido, aunque todavía queda mucho por hacer.

Debemos buscar una articulación de los excluidos, postergados, dominados y explotados a escala mundial, incluyendo a los que viven en los países desarrollados; una coordinación, cooperación y alianzas entre los sujetos políticos y sociales que participan en las luchas emancipadoras buscando la construcción de identidades mundiales. Es necesario que elaboremos una estrategia que incluya la articulación con fuerzas que operan en los tres grandes bloques de poder mundiales, y establecer relaciones multilaterales con cada uno de ellos como una manera de dislocar el reparto político de zonas de influencia entre los mismos.

Es preciso jaquear al capitalismo desde lo político, estatal o no estatal, militante o no militante, partidario o no partidario, desde los movimientos sociales, desde los complejos científico-técnicos, desde los centros culturales y comunicacionales en los cuales se moldean, de modo decisivo, las formas de sensibilidad, y desde las organizaciones autogestionarias. Para decirlo en una forma un poco esquemática y quizá chocante, la revolución será internacional, democrática, múltiple y profunda, o no será.

 

 

5. La revolución bolivariana ¿una revolución?

Como ejemplo de organizaciones populares que luchan por el Socialismo, presentamos dos escritos de Marta Harnecker sobre Venezuela. Hay que recalcar que este proceso es paralelo a la fundación del PSUV, un partido que engloba y liquida a todas las formaciones políticas de izquierda que hasta el momento estaban apoyando la Revolución Bolivariana, y que aparece como instrumento imprescindible de la misma, en la línea de la refundación del partido comunista que señalábamos más arriba.

Hugo Chávez, ex militar que asume la presidencia de ese país a finales de 1998 pretende hacer una verdadera revolución llevando a cabo cambios estructurales en lo político, en lo social, en lo cultural, en lo moral y en lo económico, pero pretende hacerla en paz y democracia para darle viabilidad pacífica al tránsito y la transformación profunda y necesaria. Luego de transcurridos 9 años y medio de pronunciadas estas palabras ¿puede afirmarse que existe un proceso revolucionario en este país cuando no se ha destruido violentamente el aparato de Estado burgués y no ha habido transformaciones económicas profundas? ¿No será más bien un proceso reformista?

 

1) CAMBIO DE LAS REGLAS DEL JUEGO Y CREACIÓN ESPACIOS DE PARTICIPACIÓN A PARTIR DEL ESTADO

A diferencia de otros gobiernos de izquierda en la región, el presidente Chávez tuvo claro desde antes del triunfo electoral que no podía realizar las profundas transformaciones socioeconómicas que el país urgentemente necesitaba si no cambiaban las reglas del juego institucional. Por ello, su primera iniciativa revolucionaria fue convocar a una Asamblea Constituyente para elaborar una Nueva Constitución que permitiese crear el marco jurídico de la nueva sociedad humanista y solidaria que se había propuesto construir.

 

2) PARTICIPACIÓN Y DESARROLLO HUMANO EN LA CONSTITUCIÓN BOLIVARIANA

Lo que más llama la atención en la Constitución Bolivariana es el énfasis que allí se pone en la participación popular en los asuntos públicos y cómo este protagonismo es el que va a garantizar el pleno desarrollo, tanto de la persona como del colectivo. En el Artículo 20 se afirma que "todos y todas tienen el derecho al libre desarrollo de su personalidad"; en el Artículo 102 se hace referencia a la necesidad de "desarrollar el potencial creativo de cada ser humano y el ejercicio pleno de su personalidad en una sociedad democrática", mientras en el artículo 299 se habla de "asegurar un completo desarrollo humano." Y el artículo 62 se señala la forma en que este desarrollo se logra. Allí se dice que la participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo, señalando a continuación que es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la generación de las condiciones más favorables para su práctica.. Además, en el artículo 70 señala otras formas que permiten al pueblo desarrollar "sus capacidades y habilidades": "la autogestión, cooperativas de todas formas, la planificación democrática, los presupuestos participativos en todos niveles de la sociedad."

El presidente Chávez y su gobierno han tomado muy en serio este mandato constitucional y se han esforzado por estimular la participación popular a todos los niveles. Es probable que Venezuela sea el único país que tiene un ministerio dedicado al tema de la participación: el Ministerio de Participación Popular y Desarrollo Social creado a mediados del año 2005, que tiene como uno de sus principales objetivos remover los obstáculos y facilitar la participación popular desde abajo en todo el país.

 

3) LOS CONSEJOS COMUNALES: ESPACIO TERRITORIAL IDEAL PARA LA PARTICIPACIÓN DE TODOS

En el terreno de la participación territorial local se ha insistido en el diagnóstico participativo, el presupuesto participativo, la contraloría social. Se creó inicialmente la figura de los consejos locales de planificación pública (CLPP) a nivel municipal, con representación institucional (alcaldes, concejales, miembros de las juntas parroquiales) y representantes de las comunidades para llevar adelante estas tareas. Es importante hacer notar que la representación de las comunidades tiene más peso que la institucional (51% contra 49%) reflejando la clara voluntad política de estimular el protagonismo de aquellas. La práctica demostró, sin embargo, que para alcanzar el verdadero protagonismo de la gente había que buscar la participación en espacios mucho más pequeños. Surgió así la idea de los consejos comunales.

Lo primero que tenía que resolverse era el tema de cuál era el espacio ideal de participación cuando se trata de poder local.

a) Familias que componen la comunidad

Luego de mucho debate y de examinar las experiencias exitosas de organización comunitaria -los comités de tierra urbanos (CTU), unas 200 familias que se organizan para luchar por la regularización de la propiedad de la tierra, y los comités de salud que agrupan a unas 150 familias con el objetivo de apoyar la experiencia del médico en las comunidades más desvalidas- se llegó a concluir que por comunidad había que entender aquel conjunto de familias que viven en un espacio geográfico específico, que se conocen entre sí y pueden relacionarse fácilmente, que pueden reunirse sin depender del transporte y que, por supuesto, comparten una historia común, usan los mismos servicios públicos y comparten problemas similares tanto económico como sociales y urbanísticos.

El número de personas que forman parte de una comunidad varía mucho de una realidad a otra. En un área urbana densamente poblada donde existen urbanizaciones y barrios con decenas de miles de habitantes, se llegó a concluir que el número debía oscilar entre mil y dos habitantes, en cambio en una zona rural alejada, donde las comunidades conforman pequeños caseríos, puede oscilar entre 100 y 250 personas.

Estimando un cálculo aproximativo, en Venezuela, que tiene alrededor de 26 millones de habitantes, podrían existir alrededor de 52 mil comunidades.

Cada una de estas comunidades debía elegir una instancia que hiciera las veces de gobierno comunitario. A esta instancia se le llamó consejo comunal.

b) Articulando todos los esfuerzos comunitarios en un plan único

Cuando se conforman los consejos comunales debe tenerse muy en cuenta las características específicas de cada comunidad. Hay algunas que cuentan con importantes tradiciones organizativas y de lucha y que por lo tanto tienen varias organizaciones comunitarias en su territorio. Hay otras que cuentan con una o dos y otras que quizás no cuentan con ninguna. Entre las organizaciones que podemos encontrar en una comunidad de Venezuela están: el comité de tierra urbana, el comité de protección, el comité de salud y la organización comunitaria de salud; los grupos culturales, el club deportivo, la asociación de vecinos, las misiones educativas, la mesa técnica de agua, la mesa de energía; el círculo bolivariano; los grupos ambientalistas; los comités de alimentación, el club de abuelos y abuelas; la organización comunitaria de vivienda, la unidad de defensa popular, las cooperativas, microempresas, el consejo de economía popular y otras. Suele ocurrir que cada una de estas organizaciones ande por su cuenta.

Una de las principales funciones del consejo comunal es articular las organizaciones ya existentes para elaborar un plan único de trabajo destinado a resolver los problemas más sentidos de la comunidad. Para ellos se crearán tantas áreas de trabajo como problemas exista en dicha comunidad, entre ellas, por ejemplo: economía popular, desarrollo social integral; vivienda, infraestructura y hábitat; educación y deportes, cultura, comunicación, información y formación (medios alternativos comunitarios y otros), seguridad y defensa (unidad de defensa).

Las tareas de cada área de trabajo deben ser asumidas en forma colectiva por las diversas organizaciones que se identifican con ese determinado tema. el colectivo de desarrollo social integral, por ejemplo, debe reunir en su seno al comité de protección social, al comité de salud, a las mesas de alimentación que existan en la comunidad, y a otras expresiones organizativas que pueden apoyar la lucha por garantizar la salud y calidad de vida a todas las personas, y especialmente a la población en pobreza extrema.

No se trata, por lo tanto, de hacer borrón y cuenta nueva allí donde la comunidad esté organizada; por el contrario, se trata de articular todas las iniciativas existentes en un plan único de trabajo. Trabajar como un todo y no sectorialmente, como antes se hacía, permite lograr mucho mejores resultados y ahorra esfuerzos.

Elaborar ese plan único es otra de las tareas fundamentales del consejo comunal. Para ello debe partir de un diagnóstico participativo que permita priorizar aquellos problemas que la comunidad puede resolver con sus propios recursos materiales y humanos. Fijarse metas posibles de alcanzar con el concurso activo del máximo de miembros de la comunidad, permite ver pronto resultados, aumentando la autoestima de la comunidad y motivando más a la gente a participar. Si el diagnóstico no se hace con este criterio suele ocurrir que, en lugar de estimular la participación, la comunidad se queda con las manos cruzadas esperando que el Estado le resuelva los problemas detectados.

Y en el caso en que el costo o complejidad de la solución no esté al alcance de la comunidad, el consejo comunal debe elaborar proyectos para presentar al presupuesto participativo o a otras instancias de financiamiento y crear condiciones para recibir los recursos financieros que le otorguen. El proceso del presupuesto participativo se enriquece enormemente al existir los consejos comunales, porque éstos hacen el diagnóstico y priorizan sus problemas en asambleas mucho más pequeñas, donde la participación de los ciudadanos es plena. La idea es que los voceros de los consejos comunales y los propios vecinos y vecinas de esas comunidades tengan una participación activa en las asambleas del presupuesto participativo.

Por último, y señalando sólo las principales funciones, el consejo comunal debe promover el control social en todas las actividades que se desarrollan en la comunidad, sean éstas de orden estatal, comunitario o privado (alimentación, educación, salud, cultura, deportes, infraestructura, cooperativas, misiones, y otras); así como también debe gestionar los recursos que le son otorgados o que reúne por su propia iniciativa constituyendo para esos fines una especie de banco comunitario.

c) Los voceros y voceras y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas

Para cumplir con estas funciones se consideró que el consejo comunal debería estar conformado por un ente ejecutivo, un ente contralor y un ente financiero.

Una vez detectados los problemas, definidas las áreas de trabajo, se debe elegir a los vecinos y vecinas que, por su liderazgo, conocimiento del área, espíritu de trabajo comunitario, disposición al trabajo en colectivo, honradez, dinamismo, puedan ser las personas más indicadas para representarlos en el consejo comunal.

Se deben elegir voceros y voceras por cada área de trabajo, para la contraloría social y para el ente financiero.

Quienes analizan, discuten, deciden y eligen son las personas que habitan en esa área geográfica, reunidas en asamblea de ciudadanos y ciudadanas. Se debe hacer un esfuerzo para que a esas reuniones asista al menos un miembro de cada familia. La Ley de los consejos comunales, aprobada el 9 de abril del 2006 luego de un debate nacional, fijó el quórum en el 10 % de la población mayor de 15 años de dicha comunidad. Hubo muchas opiniones que planteaban bajar la edad mínima a 12 años, ya que los niños de alrededor de esa edad suelen ser los más predispuestos a colaborar en tareas de índole comunitaria. En ellos no pesa la apatía que produce en los mayores las promesas incumplidas del pasado. Por otra parte, es el sector social que más vida comunitaria hace al llegar de la escuela. Además, dar un contenido de trabajo de este tipo a su tiempo de ocio puede ser un buen antídoto contra el peligro de las drogas y malas compañías.

La asamblea de ciudadanos y ciudadanas es la máxima autoridad de la comunidad. Sus decisiones tienen carácter vinculante para el consejo comunal. Es allí donde radica la soberanía y el poder del pueblo.

Las personas electas para formar parte del consejo comunal se denominan voceras o voceros porque son la voz de la comunidad. Por eso, cuando pierden la confianza de sus vecinas y vecinos porque han dejado de transmitir al consejo comunal lo que la comunidad piensa, decide, etcétera, esas personas deben ser revocadas, ya no pueden ser más la voz de su comunidad. Los militantes venezolanos se niegan a utilizar el término de representante por las connotaciones negativas que este término ha adquirido en el sistema representativo burgués. Los candidatos sólo se acercan a las comunidades en tiempo de elecciones, prometen "todo el oro del mundo" y luego de electos nunca más se les ve.

d) Respetar el proceso de maduración de la comunidad

Por otra parte, debe quedar claro que la conformación del consejo comunal no se hace de un día para otro. Requiere de un proceso de maduración de la comunidad. Por ello se propone formar un equipo promotor provisional, electo en asamblea por la comunidad, que tendrá como principal tarea crear las condiciones para que sus habitantes elijan a los miembros del consejo comunal con pleno conocimiento de causa. Este equipo deberá realizar un estudio socioeconómico de la comunidad visitando a las familias casa por casa y deberá propiciar un diagnóstico participativo comunitario para detectar sus principales problemas. Encargándolos de estas tareas lo que se busca es que los posibles futuros miembros del consejo comunal tengan un nítido trabajo de base, conozcan a fondo los problemas de su comunidad, hayan probado en la práctica su dedicación a ella y su constancia en el trabajo. Según su desempeño, todos los miembros del equipo promotor o sólo alguno de ellos serán electos voceras o voceros del consejo comunal.

Se ha insistido mucho en que es necesario evitar toda manipulación política o de otra índole en la conformación de los consejos comunales. No se trata de conformar consejos comunales sólo con los partidarios de Chávez; estas instituciones comunitarias deben estar abiertas a todos los ciudadanos y ciudadanas, sean del color político que sean. No sería extraño que, luchando por resolver los problemas comunitarios y constatando en la práctica el apoyo que reciben del gobierno, muchas de estas personas engañadas por los medios descubran el verdadero proyecto revolucionario bolivariano.

No me cabe duda de que los consejos comunales son uno de los espacios privilegiados donde la persona puede desarrollarse plenamente y son la sólida base sobre la que se puede edificar el socialismo del Siglo XXI.

 

4) FOMENTANDO LA PARTICIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES

El papel del estado venezolano en manos del gobierno bolivariano ha sido crucial tanto para el desarrollo participativo territorial como para el proceso participativo que se da en el ámbito de la producción. Se ha fomentado la creación masiva de cooperativas. En marzo de 2004 se dio inicio a un ambicioso programa que se denominó "Misión Vuelvan Caras." Empezó reclutando a un millón de personas de las misiones educativas. La idea no era solo darles trabajo sino lograr la transformación económica, política y cultural de Venezuela, mediante un enfoque de desarrollo endógeno.

Vuelvan Caras no sólo otorgó créditos sino que puso un especial acento en preparar a la gente para la nuevas relaciones de producción mediante clases de cooperación y autogestión. Mientras sólo existían 762 cooperativas cuando Chávez fue electo por primera vez en 1998, en agosto de 2005 ya existían casi 84 mil cooperativas y casi un millón de cooperativistas.

Más recientemente se ha impulsado la creación de empresas de producción social que se orientan, no por la lógica del capital, sino por una lógica humanista y solidaria. Y ha habido intentos, aunque tímidos según mi criterio, de impulsar la cogestión en algunas empresas estratégicas del Estado.

Cada vez que reflexiono sobre una economía alternativa al capitalismo recuerdo haber oído decir a Fidel Castro, hace ya varios años, en una Asamblea Nacional del Poder Popular, que el socialismo todavía no había logrado encontrar cómo reemplazar el látigo capitalista para motivar la producción.

Darío Machado, un investigador cubano, platea, por su parte, que en las experiencias socialistas de Europa del Este "los trabajadores nunca llegaron a sentirse dueños de los medios de producción y los servicios", eran "jurídicamente propietarios" pero eso no se acompañó de "un ejercicio participativo". Mientras ellos trabajaban otros decidían desde arriba "qué producir y cómo hacerlo."

Al leer esta reflexión me preguntaba si no estaba allí la respuesta a la cuestión planteada por Fidel Castro.

En Venezuela, mucho antes de que Hugo Chávez planteara que la revolución bolivariana debía transitar el camino al socialismo, y sin que jurídicamente nadie les haya atribuido la propiedad de la empresa, ya un grupo de trabajadores de un área estratégica de la economía había logrado sentirse dueño de su empresa. Era el momento del paro y sabotaje petrolero, la oposición pensó que el retiro del trabajo de unos 18 mil gerentes y trabajadores especializados de la empresa estatal PDVSA iba a detener el pulmón productivo del país provocando una situación de caos que le permitiría deshacerse de Chávez. Los trabajadores petroleros de base se presentaron masivamente a trabajar y muchos técnicos ya jubilados ofrecieron sus servicios a la empresa. Trabajaron sin descanso, muchas veces sin jefes, movidos por su conciencia patriótica, se sentían orgullosos y responsables de lo que allí pasaba; usaron sus conocimiento adquiridos en la práctica cotidiana e inventaron soluciones innovadoras. En esa coyuntura se empezaron a formar colectivos de trabajo en el que participaban todos los estratos de trabajadores de la empresa. Allí estaba desde el ingeniero jefe, el capataz, hasta los trabajadores de base. Su objetivo, una vez lograda la normalización de la producción, era repensar la empresa, reestructurarla, eliminar los focos de corrupción; eliminar los privilegios, entregar la producción a contratar a cooperativas en lugar de a empresas privadas.

Igual sensación de pertenencia, de compromiso, se dio entre los trabajadores de la electricidad. Sabiendo que la Empresa Eléctrica Cadafe era otro objetivo de la oposición, los trabajadores de la electricidad se organizaron para impedir cualquier intento de sabotaje en ella. Producto de una larga lucha contra la privatización de la empresa que habían promovido gobiernos anteriores, antes del golpe militar y para luchar por recuperar la empresa que había sido prácticamente desmantelada por la gerencia para tener motivos para su privatización, los trabajadores de Cadafe habían comenzando a plantear el tema de la cogestión.

Como forma de reconocer esta noble y patriótica actitud de los trabajadores durante el intento de paro opositor, el presidente Chávez ordenó incluir en la Junta Directiva de ambas empresas a dos dirigentes sindicales. Esta medida se tomó sin consultarla con los trabajadores de dichas empresas.

Desgraciadamente algunos de estos dirigentes sindicales mantuvieron prácticas del pasado: corporativismo, cobro de una comisión por conseguir puestos de trabajo, y otras. Esto, junto a la amenaza que significaba para muchos gerentes enfrentarse a un grupo de trabajadores organizados exigiendo transparencia y cuestionando sus mandatos dieron argumentos para que en un sector del gobierno, incluido el presidente Chávez, fuese adquiriendo fuerza la idea, de que en las empresas estratégicas no podía existir cogestión. Una empresa estratégica debía servir a todo el país. No podía arriesgarse que los trabajadores, debido a su insuficiente desarrollo político, orientasen la empresa a satisfacer sus intereses corporativos olvidando la sociedad.

A primera vista este aparece como un argumento convincente. Sin embargo, más convincente nos parece el argumento dado por Carlos Sánchez, presidente de Cadela, filial de Cadafe en la zona andina, quien plantea que "para que la cogestión en una empresa tan estratégica como la eléctrica, cumpla los nobles objetivos de servir al país, y no se desvíe a servir intereses mezquinos personales, de partidos políticos, de grupos sindicales o grupos sociales, es fundamental que entre los actores de la cogestión, además de los trabajadores de la empresa, esté integrada la comunidad organizada, porque al fin y al cabo, la empresa eléctrica no pertenece a los trabajadores eléctricos, pertenece a todos los venezolanos y la voz de esos venezolanos debe ser transmitida a la empresa a través de las comunidades que son las que reciben el servicio y éstas deberían tener voz para señalar sus deficiencias, sugerir soluciones y colaborar en su puesta en práctica."

En el Estado Mérida se ha llevado adelante una cogestión de este tipo con excelentes resultados. Ha mejorado notablemente el servicio. Los trabajadores eléctricos, antes repudiados por la comunidad por el mal servicio que la empresa les prestaba, hoy son recibidos con cariño; la recaudación ha aumentado enormemente, han disminuidos los hogares que consiguen ilegalmente el servicio. Un gerente de zona propuesto por los trabajadores, un gerente general que supo apoyar esta decisión, una dirigente sindical compenetrada con los trabajadores y trabajando en armonía con el gerente, reuniones con los trabajadores y las comunidades para discutir cómo hacer mejor el trabajo, explican estos resultados.

Se trata de que exista corresponsabilidad entre todas las partes, pero, para que esto sea viable el trabajador debe confiar en quienes dirigen la empresa, porque, como dice el presidente de la Federación Eléctrica, Ángel Navas, si esa confianza no existe, el trabajador no se va a comprometer: "¡Cómo vamos a aceptar compartir la responsabilidad si estamos viendo todo lo malo que ocurre y no tenemos medios para evitarlo!"

Navas explica luego lo que la cogestión significa para el trabajador: Le permite empezar a informarse, poder participar. En 19 años nunca bajaron aquí a preguntarme ¿qué opinaba yo de cómo era que se tenía que hacer el trabajo? Los ejecutivos de la empresa me mandaban unas comunicaciones donde me decían: "Mire, usted debe hacerse esto, esto y esto." Si las opiniones empiezan a ser tomadas en cuenta, el trabajador crece; trasciende a través del trabajo. El hombre es creador, es transformador. Si un hombre está ahí anulado se está muriendo. Si un trabajador se siente inútil, si no le permiten que su creatividad se exprese. Si constantemente se le dice: "¡No, eso no se puede hacer!", sino que se va al choque antagónico todo el tiempo, al final lo que se tiene es un gentío frustrado. Es diferente cuando el trabajador siente que su opinión está siendo tomada en cuenta, cuando hay una comunicación. Es ahí donde está la cogestión.

Cuando hablamos de cogestión estamos hablando de una cohesión de todos para hacer la empresa más eficiente y más productiva, para socializar la empresa hacia el país.

Tenemos que luchar por esto, y quien debería estar más interesado en todo esto es el propio Estado, porque los trabajadores, lo que hacemos con este mecanismo, si nos ponemos a ver, es que nos auto explotamos más, ¿o no? ¡Ah! pero ahora con gozo. ¡Yo tengo años que trabajo el triple o a veces cuatro veces lo que trabajaba antes!, pero lo hago con satisfacción. Antes trabajaba por la mercancía, me pagaban por algo que hacía, ahora lo estoy haciendo de corazón. Esa es la transformación que se da en el trabajador: espiritualmente cambia, se preocupa menos por lo material que por sentirse útil, su satisfacción es sentir que está haciendo algo por su comunidad.

Este testimonio de Ángel Navas muestra el papel fundamental que puede jugar la cogestión no sólo en beneficio del trabajador sino de la propia empresa. Señala cómo el hecho de ser escuchados, de poder participar en la toma de decisiones acerca de lo que hay que hacer en la empresa, es el principal estímulo que tiene el trabajador para dar lo mejor de sí mismo en su actividad laboral, libera las fuerzas productivas. El trabajo deja de ser enajenador, transforma espiritualmente al trabajador, lo hace sentirse útil y formando parte de una familia mucho más grande que su propia empresa, le permite alcanzar un mayor desarrollo de sí mismo.

 

5) EL ESTADO EN UNA PERSPECTIVA REVOLUCIONARIA

Las informaciones y reflexiones anteriores nos demuestran cuán importante es que las fuerzas de izquierda luchen por conquistar el poder del Estado para orientar el aparato de Estado en una perspectiva revolucionaria. Aunque parezca contradictorio para algunos, desde arriba se puede fomentar la construcción democrática del poder desde abajo. Lo que no se puede hacer desde arriba es decretar la democracia, porque esta requiere de una transformación cultural de la gente. Pero sí se puede y se debe ir creando cada vez más espacios para la participación protagónica del pueblo, porque será esa práctica la que producirá la transformación cultural requerida.

Luchar por una democracia desde abajo en las comunidades y en los centros de trabajo debe ser tarea de todos los que están comprometidos en la lucha por una sociedad alternativa, socialista, si tenemos claro que, como dice Michael Lebowitz, el socialismo es sólo el camino, el fin por el que luchamos es el pleno desarrollo de los seres humanos.

 

6) ACERCA DEL INSTRUMENTO POLÍTICO QUE PUEDA IMPULSAR ESTAS IDEAS

Pero ¿cuál es instrumento político que puede llevar adelante estas ideas? Quizá se puedan extraer algunas enseñanzas al respecto de la forma de organización que permitió el categórico triunfo del No en el referendo de agosto del 2005 que la oposición planteó para terminar con el mandato del presidente Chávez.

 

1) Un salto adelante en lo organizativo

Conociendo las debilidades de los partidos políticos que lo apoyaban, Chávez no podía confiar en su conducción para triunfar en esa decisiva batalla electoral, donde se ponía en juego el futuro del proyecto revolucionario. El líder bolivariano tuvo que inventar un mecanismo para organizar la campaña electoral apoyándose directamente en sus seguidores. Surgió así la idea de crear pequeños núcleos de militantes o patrullas electorales a lo largo y ancho del país. Estas unidades estaban conformadas por grupos de 10 activistas políticos o sociales (militantes) y su principal tarea era trabajar a 10 personas más cada uno, haciendo visitas casa por casa, tratando de comprometer el voto contra el revocatorio, es decir, el voto por el NO, de la mayor cantidad posible de esas personas. Cada patrulla, por lo tanto, era responsable de trabajar a 100 electores y si la circunscripción electoral tenía 2 mil inscritos, por ejemplo, había que conformar, 20 patrullas, es decir, organizar a 200 patrulleros que debían repartirse entre ellos el trabajo sobre los 2 mil electores. La idea original de Chávez era que no quedase una familia sin ser visitada.

Aunque muchas de ellas no cumplieron a cabalidad los requisitos planteados por Chávez, esta forma de organización permitió que cientos de miles de simpatizantes se incorporasen a una tarea política concreta independientemente de la existencia o no de una conducción partidaria en dicha área geográfica. Mucha gente emocionalmente comprometida con el proceso pero hasta entonces inactiva pasó a tener su primera experiencia organizativa y política. Miles de seres anónimos pusieron su granito de arena. Y también lo hicieron los dirigentes que fueron capaces de dejar a un lado sus proyectos sectoriales y personales y decidieron trabajar muy ligados a las bases en función de un solo objetivo: que el NO ganara.

El pueblo venezolano salió muy fortalecido de la experiencia práctica vivida. Creció en autoestima, creció humanamente. Más que una victoria electoral, cuantitativa, fue una victoria moral, cualitativa.

Esta experiencia demostró que era posible superar la dispersión orgánica del inmenso potencial militante existente en el país creando un espacio de encuentro para todas aquellas personas dispuestas a luchar por un objetivo común: mantener a su presidente al mando de la nación, fuesen éstas militantes o no de una determinada organización política o social. Se creó un tipo de organización que fue mucho más allá de la suma de partidos políticos y organizaciones sociales populares y que permitió desplegar las más variadas iniciativas para cumplir el objetivo buscado: unos trabajaban al regresar del trabajo, otros durante el día; unos llevaban propaganda, para otras personas la mejor propaganda era su propia historia personal: la alegría de aprender a leer, el hijo salvado por un médico cubano.

 

5.1. Once ideas sobre el socialismo y el autogobierno del pueblo, por M. Harnecker

PONENCIA EN EL FORO "LA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO SOCIALISTA DESDE LA BASE DEL PODER POPULAR" EN VENEZUELA

índice

1) El punto de partida: el hombre como ser social

2) El punto de llegada: el pleno desarrollo humano.

3) No dar contenido social a la democracia, sino transformar la forma de la democracia misma.

4) Gobernar con la gente para que la gente llegue a gobernarse a sí misma.

5) Buscar los espacios adecuados para la participación.

6) Un largo proceso de transformación cultural es necesario.

7) Desarrollar una cultura del trabajo productivo.

8) Necesidad de apertrecharnos de conocimientos para la guerra ideológica.

9) Los límites de la participación directa: Un sistema diferente de representación política.

10) Los consejos comunales no deben sólo resolver problemas materiales.

11) Solidaridad con los más desvalidos y con otras comunidades.

NOTA: Ponencia presentada en el foro: "La construcción del estado socialista desde la base del poder popular" organizado por la Dirección General de Investigación y Desarrollo Legislativo de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, el 25 de junio 2007

 

1) El punto de partida: el hombre como ser social

La concepción socialista de la sociedad no parte, como lo hace el capitalismo del hombre como ser individual, del hombre aislado, separado de los demás, sino del hombre como ser social, del hombre que no puede desarrollarse a sí mismo si no se desarrolla con otros.

No existe el ciudadano abstracto, como dice el filósofo francés, Henry Lefebvre: alguien que está por encima de todo, que no es ni rico ni pobre, ni viejo ni joven, ni macho ni hembra o lo es todo a la vez. Y como es "absolutamente libre, obedece sólo a normas morales de hermandad, igualdad y democracia."

Lo que existe son personas concretas que viven y depnden de otras personas, que se asocian y organizan de diferentes maneras con otras personas en comunidades y organizaciones en las cuales y por medio de las cuales realiza sus intereses, sus derechos y sus deberes.

 

2) El punto de llegada: el pleno desarrollo humano

La sociedad que queremos construir tiene como meta el pleno desarrollo humano.

Este pleno desarrollo humano no se decreta desde arriba, no cae del cielo, sólo se logra cuando al transformar las circunstancias las personas se transforma así misma.

Es la participación, el protagonismo en todos los espacios lo que permite al hombre, crecer, ganar en autoconfianza, es decir, desarrollarse humanamente.

La Constitución bolivariana insiste en esta idea en varios artículos.

 

3) No dar contenido social a la democracia, sino transformar la forma de la democracia misma

Por eso, no se trata sólo de otorgar un contenido social a la democracia, de resolver problemas sociales del pueblo: alimentación, salud, educación, etcétera, sino -como decía Alfredo Maneiro- de transformar la forma misma de la democracia creando espacios que permitan que las personas, al luchar por el cambio de las circunstancias, se vayan transformando a sí mismas.

No es lo mismo, decía el dirigente político venezolano que una comunidad conquiste una pasarela por lo cual se ha organizado y ha luchado, a que reciba la pasarela como un regalo del estado paternalista.

El paternalismo de estado es incompatible con el protagonismo popular. Conduce a transformar a la gente en mendigo.

Hay que pasar de la cultura del ciudadano/a que mendiga a la cultura del ciudadano/a que conquista, que toma decisiones; que ejecuta y controla; que autogestiona, que autogobierna. Hay que pasar -como dice Aristóbulo Istúriz- del gobierno para el pueblo al auto gobierno del pueblo, a que el pueblo asuma el poder.

 

4) Gobernar con la gente para que la gente llegue a gobernarse a sí misma

Pero para lograr ese autogobierno del pueblo es necesaria una etapa de transición en que en que los alcaldes, los equipos de participación de las alcaldías, los facilitadores, gobiernen con la gente, para que tanto la gente como ellos aprendan a gobernar.

Creo que uno de los errores de la Ley de los consejos comunales fue haber eliminado los equipos promotores externos.

La participación no se decreta desde arriba, ni nace de un día para otro. Se requiere de un largo proceso Y ese proceso podrá ser más breve si la gente recibe un apoyo externo.

Apoyo que no suplanta, sino facilita, que descubre las potencialidades de la gente y las encamina, ahorrando el proceso de aprendizaje por ensayo y error.

 

5) Buscar los espacios adecuados para la participación

Pero no basta con valorar positivamente la participación en abstracto, no basta con estar dispuestos a gobernar con el pueblo, a que el pueblo asuma el poder. Esto puede quedarse en meras palabras si no se crean los espacios adecuados para que puedan darse lo más plenamente posible los procesos participativos, tanto en los lugares donde las personas habitan como en los lugares donde las personas trabajan o estudian.

Sólo si se crea un sistema social basado en la autogestión de los trabajadores en sus centros de trabajo y en las comunidades donde habitan, el estado dejará de ser un instrumento por encima del pueblo al servicio de unas elites, para transformarse en un estado conformado por las mejores mujeres y hombres del pueblo trabajador.

Por eso es tan importante la iniciativa del gobierno bolivariano de crear los consejos comunales. Y urge avanzar en la creación de espacios de participación en los centros de trabajo, teniendo claro que la plena participación de los trabajadores sólo se logrará allí donde exista la propiedad social .La idea de crear consejos de trabajadores y consejos estudiantiles va en este sentido.

 

6) Un largo proceso de transformación cultural es necesario

No es fácil luchar contra la cultura heredada egoísta, del sálvense quien pueda.

Contra la cultura paternalista que nos hace esperar del estado las soluciones en lugar de organizarnos para conseguir la solución de nuestros problemas.

Luchar contra el consumismo que nos lleva a pensar en que si tenemos más somos mejores, en lugar de sentirnos mal por tener cosas superfluas mientras hay quienes muy cerca de nosotros no tienen lo mínimo para vivir dignamente.

Y lo más grave es que el afán de consumo lleva a muchos a buscar los trabajos mejor remunerados aunque en ellos no pueda realizarse como ser humano, o a trabajar 16 horas para poder tener más dinero para comprar, con lo que queda poco o nada de tiempo para participar

Es necesario reemplazar la ética del tener por la ética del ser.

 

7) Desarrollar una cultura del trabajo productivo

Por otra parte, en sociedades como las nuestras, en que el neoliberalismo arrasó con el incipiente desarrollo industrial y transformó a la mitad de la población en edad de trabajar en trabajador informal, dedicado fundamentalmente a actividades comerciales, en que se trata de convencer a la gente de que con los juegos de azar podrá conseguir el dinero que necesita; debemos luchar por crear un cultura del trabajo productivo, estimulando iniciativas productivas autogestionarias en nuestras comunidades y municipios. Relacionando el trabajo productivo con el pleno desarrollo humano y con la soberanía de Venezuela.

 

8) Necesidad de apertrecharnos de conocimientos para la guerra ideológica

Pero ese cambio cultural sólo se logrará si además de la voluntad de emprenderlo nos apertrecharnos de conocimientos para poder lograr tener un distanciamiento crítico de los mensajes que a diario nos trasmiten los medios de comunicación, para poder construir una visión del mundo a partir de nuestras raíces y no de los valores que difunde la globalización cultural actual.

Es cierto que estamos en la época de la imagen y no de la imprenta, pero tenemos que ser capaces de combinar la lectura con la imagen. Hacernos un tiempo a la semana para leer, para estudiar.

Por eso es tan importante que participemos activamente en el motor Moral y Luces.

 

9) Los límites de la participación directa: Un sistema diferente de representación política

Pero no basta con que se ejerza la participación directa en las comunidades, en lugares de trabajo o de estudio.

Estos espacios si bien son ideales para que las personas se sientan dispuestas a participar, para que nada las inhiba, son sólo eslabones de una trama que debe ir desde lo pequeño hasta la nación entera.

Hay problemas, soluciones y iniciativas que son competencia del consejo comunal, pero hay otras que trasciende ese espacio hacia el barrio o urbanización, la parroquia, el municipio, el estado y el país como un todo.

En esos espacios mayores es imposible la democracia directa, es necesario establecer algún tipo de representación o delegación.

Como sabemos la democracia directa surgió en Atenas, una ciudad que entonces tenía alrededor de 300 mil habitantes donde sólo una décima parte eran considerados ciudadanos, es decir, unas 30 mil personas. Las mujeres y los esclavos eran excluidos de la participación democrática.

En ese contexto era posible realizar asambleas en las que todos los asistentes podían participar discutiendo y aprobando diferentes asuntos de la ciudad.

La democracia directa es viable a nivel local, en comunidades pequeñas, pero no lo es a nivel nacional, o en las grandes ciudades, salvo en casos muy excepcionales (plebiscito, referendo).

Hay que complementar la participación directa o democracia directa con un sistema político basado en el principio de la delegación. Nos parece que es en esto en lo que está pensando el Presidente cuando habla de federaciones y confederaciones de consejo comunales.

 

10) Los consejos comunales no deben sólo resolver problemas materiales

No se trata sólo resolver problemas materiales sino también de realizar nuestros sueños. Es importante que nos preguntemos cómo nos gustaría que fuera nuestra comunidad y, si así lo hacemos, surgirán muchas ideas que nos ayudarán a ser más felices. Podrá surgir, por ejemplo, una sugerencia de cómo embellecer nuestras calles; de cómo crear una guardia nocturna de vecinos que tengan carro para llevar a los enfermos al hospital o policlínico en caso de emergencia y tantas otras ideas.

Y no sólo debe limitarse a de resolver nuestros problemas y plasmar nuestros sueños, sino también debe ir desde el consejos más allá del consejo, participando a través de sus voceros en la discusión y definición de políticas correspondientes a niveles superiores.

Nuestros consejos comunales deberían, por ejemplo, estar discutiendo sobre los cinco motores.

 

11) Solidaridad con los más desvalidos y con otras comunidades

Por último, nuestros consejos comunales deberían estar preocupados y ocupados de contribuir a la resolución de los problemas de la pobreza en su territorio y a buscar formas de solidarizarse con otras comunidades más abandonadas si ese fuera el caso.

Estas son algunas ideas que quizá puedan ayudar a ir avanzando hacia la sociedad socialista que queremos construir, hacia ese autogobierno del pueblo.