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Índice

Esquema

Introducción

I PARTE:

EL PARTIDO: SU ORGANIZACIÓN INTERNA

1. los distintos niveles de organización

a) Organismos de base: las células

b) Organismos intermedios

c) Organismo central

2. los Congresos

3. El sistema de prensa y publicaciones

II PARTE:

PRINCIPIOS DE DIRECCIÓN POLÍTICA Y DE TRABAJO PARTIDARIO

1. El principio del centralismo democrático

2. El principio de la dirección colectiva

3. El principio de la crítica y la autocrítica

4. La disciplina consciente

III PARTE:

LA DIVISIÓN DEL TRABAJO EN EL PARTIDO

1. Tareas de elaboración y discusión teórica

2. Tareas de propaganda

3. Tareas de agitación

4. Tareas de organización

a) Tareas internas

b) Tareas externas

Resumen del texto

Apéndice:

La organización de los obreros y al organización de los revolucionarios

 

I PARTE:

El partido: su organización interna

La lucha de clases y la organización que ella hace necesaria.

1. Los distintos niveles de organización:

a) Organismos de base: las células.

- en los centros de trabajo.

- en los barrios.

- en el campo.

b) Organismos intermedios.

c) Organismo central.

2. Los Congresos.

3. El sistema de prensa y publicaciones.

 

II PARTE:

principios de dirección política y de trabajo partidario

1. El principio del centralismo democrático.

Combina el ejercicio de la democracia con la dirección ejecutiva, garantizando la unidad ideológica y de acción. La necesidad de la libertad de opinión y discusión, del sometimiento de las minorías a las mayorías, del control recíproco entre los organismos superiores e inferiores. El momento de la democracia y el momento del centralismo.

2. El principio de la dirección colectiva.

Implica el compromiso de cada militante en la marcha del partido: en la toma de resoluciones, en la responsabilidad de realizar las tareas. Se opone a las desviaciones individualistas.

 

3. El principio de la crítica y la autocrítica.

Representa la necesidad de una actitud vigilante en todo militante para descubrir la causa de los errores personales y colectivos, y corregirlos.

4. La disciplina consciente.

Su diferencia con la disciplina burguesa. El modo cómo se obtiene la disciplina revolucionaria.

 

III PARTE:

la división del trabajo en el partido

Necesidad de la división del trabajo para aprovechar y desarrollar las fuerzas. Especialización de los militantes para realizar las siguientes tareas fundamentales:

1. Tareas de elaboración y discusión teórica.

Hacer la teoría de la propia revolución para definir la línea política del partido. La necesidad de la discusión teórica para armar ideológicamente a los militantes.

2. Tareas de propaganda.

Criticar y analizar permanentemente los grandes problemas de la situación actual que reflejan las contradicciones del sistema capitalista. Su relación con la línea política del partido. La importancia que éste tiene para elevar la conciencia de los militantes. Características del propagandista.

 

3. Tareas de agitación.

Denunciar los problemas diarios con que se enfrentan las masas. Provocar su descontento, indicar su verdadera solución, organizar su respuesta inmediata. Características del agitador.

4. Tareas de organización:

a) tareas internas, destinadas a mantener y desarrollar la organización del partido.

b) tareas externas, dirigidas a las organizaciones de masas.

 

 

Introducción

En el Cuaderno anterior vimo s cómo nacía el partido de la clase obrera y cómo este partido es el organismo que introduce la teoría marxista en el movimiento obrero y orienta sus luchas hacia los verdaderos intereses de clase del proletariado. Destacamos la necesidad de apoderarse del poder político para realizar estos objetivos de la clase obrera que reflejan las aspiraciones de todo el pueblo. Vimos también cómo, siendo un partido de la clase obrera, sólo forman parte de él los elementos más consecuentes del proletariado, ya que el papel del partido es ser el organismo conductor de la clase: su vanguardia.

En este Cuaderno estudiamos la manera cómo debe organizarse el partido de la clase obrera para poder cumplir sus objetivos políticos.

Estos consisten en llevar a cabo los verdaderos intereses de clase del proletariado: destruir el sistema capitalista y construir una sociedad sin clases y sin explotación.

Ahora bien; para lograr esta meta es necesario dar una lucha muy dura contra quienes defienden el sistema capitalista de explotación.

Este es un grupo muy minoritario, pero muy poderoso, porque controla el poder político, económico e ideológico de la sociedad y lo usa para oponerse y mantenerse como clase dominante. Por eso, para poder cumplir con su objetivo, el proletariado debe contar con un instrumento político capaz de vencer a enemigos tan fuertes que están dispuestos a jugarse el todo por el todo por mantener su situación de privilegio. Esto es lo que hace necesario que el partido tenga una organización férrea y disciplinada.

Pero esta organización férrea y disciplinada no es una organización cualquiera. Es la organización que se da la clase obrera para cumplir sus intereses, los que, aunque reflejan los intereses de amplios sectores de la sociedad, sólo esta clase está dispuesta a llevar a cabo hasta el fin. Por ello esta organización debe funcionar con métodos proletarios de trabajo colectivo y no con métodos individualistas.

Son estas características generales de la lucha de clases del proletariado contra la burguesía las que determinan los principios o normas generales que rigen la organización del partido obrero. Y por ello hablamos de él como un partido obrero revolucionario marxistaleninista.

Sin embargo, como todo principio o norma general, los principios de organización marxista-leninista son sólo guías para enfrentar situaciones concretas. La organización del partido toma formas bastante distintas según la situación concreta del país en que debe actuar. Por ejemplo, el partido marxista-leninista en Vietnam del Sur, donde la lucha de clases tiene la forma de una guerra de liberación nacional, no puede tener la misma organización que la de un partido en un país donde ya ha triunfado la revolución. De la misma manera, la organización del partido de la clase obrera en un país donde existe un régimen de libertades democráticas no puede ser la misma que allí donde existe una dictadura fascista anticomunista. Según la realidad histórica de cada país, la lucha de clases puede tomar diferentes formas: legales o ilegales, pacíficas o violentas, y la organización del partido debe adaptarse a ellas.

Es importante insistir en esto, para no aplicar de manera mecánica a la realidad actual de nuestro país formas de organización que caracterizaron a los partidos obreros de otros países en épocas históricas y situaciones políticas muy diferentes a las nuestras. Sin embargo, rechazar la aplicación mecánica de formas de organización no significa desconocer los principios generales que se desprenden de la misión Política fundamental que deben cumplir todos los partidos revolucionarios de la clase obrera.

De lo que se trata es de aplicar los principios de organización marxista- leninista a las condiciones concretas de cada país concreto, buscando en forma creadora la mejor organización para cumplir los objetivos estratégicos y tácticos que el partido se propone en cada etapa de la lucha.

 

I PARTE:

El partido: su organización interna

Para ejercer la dirección política de la lucha de clases, el partido debe contar con una estructura que se extienda a todo el Estado y que le permita llegar a los diversos sectores del pueblo desde una dirección centralizada y única. Debe establecer mecanismos que aseguren la discusión amplia de los problemas para acordar una línea común de acción y elegir al grupo que va a dirigirlo. Debe contar con medios de difusión que sirvan para orientar, educar y organizar a los militantes y a las masas.

 

Tema primero

Los distintos niveles de organización.

En líneas generales, el partido del proletariado debe contar con organismos de base en los centros de trabajo y en los barrios; con organismos intermedios, que reúnan a varios organismos de base de un sector o zona y los conecten con los organismos centrales que dirigen a todo el partido. Esta estructura piramidal permite la comunicación permanente entre todos estos organismos: desde la base a la cúspide y de arriba hacia abajo. Ella hace posible la movilización del partido como un solo hombre en la lucha constante contra sus enemigos.

a) Organismos de base: las células.

Las células son la organización básica del partido. Desde ellas los militantes desarrollan su actividad política y profundizan, educándose en la práctica del marxismo-leninismo. La célula es el organismo donde los militantes participan en la vida del partido y contribuyen a su desarrollo.

Es necesario que las células sean creadas en todos los lugares, desde los centros de trabajo a los barrios populares, en los pueblos, en los institutos o en la universidad y en cualquier sitio donde estén las masas populares.

La célula es el organismo de contacto directo entre el partido y las masas. Es a través de ella como se detecta el grado que éstas tienen de lucha y de conciencia, lo cual permite al partido saber si es correcta o no la aplicación de su política.

Ahora bien, ¿de qué manera debe estar presente el partido en los distintos sectores del pueblo?.

-en los centros de trabajo.

El partido proletario debe encontrar su fuerza principal en la organización de los obreros de los grandes centros industriales, ya que ellos ocupan lugares estratégicos en la marcha del sistema de producción capitalista. Además, reúnen no sólo la mayor cantidad de obreros, sino también al grupo más influyente y combativo del proletariado.

Cada fábrica, cada tajo, deben ser considerados como una fortaleza para el Movimiento Obrero. Allí el partido debe llegar a los mejores compañeros, a los más combativos, a los más trabajadores, a los más honestos, a los que tienen más iniciativa, para convidarlos a formar parte de la organización del partido en la industria.

-en los barrios.

Pero además de estos organismos del partido principalmente dentro de las fábricas, también es importante crear células a nivel de barrio, vecindario o población. Estas deben tener, como una de las funciones fundamentales, la de organizar a las masas populares para la lucha por la defensa de sus intereses y orientar esta lucha, en unión de la clase obrera, hacia la destrucción de los monopolios, que son los causantes principales de la explotación del pueblo, y hacia el socialismo.

Las organizaciones del partido en los barrios deben saber unificar el Movimiento Obrero y el Movimiento Popular de manera que la clase obrera encuentre en el resto del pueblo un aliado firme en su camino contra la explotación burguesa Y por la construcción del socialismo.

Así pues, la tarea de los núcleos de base del partido -las células- en los barrios es doble. Por un lado, tienen que ponerse al frente de la justa lucha popular contra el poder de los monopolios.

Tienen que impulsar la organización del pueblo y orientar su lucha.

Por otro lado, tienen que saber unificar esta lucha con la que realiza el proletariado en su enfrentamiento con el capital. Es preciso que todo el pueblo se una y se solidarice con los obreros en las fábricas y en los tajos y que estos en los barrios sepan conducir correctamente la lucha del pueblo, sus ansias de liberación.

No debe haber ni un solo motivo de protesta popular -lucha contra la carestía de la vida, contra la explotación urbanística, por el desarrollo de los medios de cultura, por una sanidad mejor, etc.- que no encuentre el apoyo decidido de la clase obrera y de su partido de vanguardia, pues es ésta, precisamente, la clase que más sufre la explotación del gran capital, dentro y fuera de la fábrica.

-en el campo.

De la misma manera, en el campo, entre los campesinos, en todos los pueblos de España, el partido del proletariado debe extender sus organizaciones de base, sus células, para impulsar la lucha de los campesinos contra la explotación y unificar esta lucha con toda la que realiza el conjunto del pueblo: pequeños comerciantes, pequeños industriales, y talleres artesanales, amas de casa, profesionales, estudiantes, etc.

Por medio de estas células, los militantes del partido se preparan para actuar en el seno de las masas. Los militantes deben participar activamente en las diversas organizaciones que se dan las masas, en los centros de trabajo en los barrios y en los campos, tales como: sindicatos obreros y campesinos, asociaciones de vecinos, de amas de casa, clubs juveniles, centros culturales, asociaciones de pequeños comerciantes, etc.

Debe preocuparse de desarrollar y fortalecer, estas organizaciones de masas. A través de estas organizaciones, en las que participa todo el pueblo, el partido debe captar permanentemente el sentir de las masas, para orientar concretamente sus luchas.

Cada organismo de base, cada célula, ya sea en el frente de trabajo, en el barrio o en el campo, no debe agrupar a un número muy grande camaradas. Si son muchos los compañeros que quieren militar, es preferible hacer varios grupos pequeños en la misma industria o vecindario, ya que para que los militantes se sientan responsables en la organización, deben participar en la discusión de los problemas y en la distribución de tareas. De esta manera se consigue que cada miembro sepa que tiene cosas muy concretas que hacer.

b) Organismos intermedios.

Tanto los organismos de base a nivel de fábrica, como en los restantes niveles que hemos analizado en el apartado a), deben estar agrupados y coordinados bajo la conducción de órganos de dirección intermedios. Estos nuevos organismos son los llamados comités de zona o de comarca y deben abarcar a un determinado sector de la ciudad o de la provincia, que gocen de una unidad sociológica o geográfica, una rama industrial etc.

Como hemos dichos, los comités son órganos de dirección y organización y deben servir para dirigir a todo el conjunto del partido en la zona o sector que les corresponde.

A su vez, estos organismos zonales deben estar coordinados y dirigidos a nivel provincial, regional y de las distintas nacionalidades, a través de los comités provinciales, regionales Y nacionales, los cuales establecen la dirección política a partir de las directrices provinientes del órgano supremo del partido que es el comité central.

c) Organismo central.

Este organismo central -el COMITE CENTRAL- debe estar formado por los mejores cuadros del partido, tendiendo a que en él participe el mayor número posible de cuadros obreros.

Es el máximo organismo de dirección del partido y en él se concretan la unidad ideológica y política del mismo.

Para poder desarrollar las diversas tareas de dirección, el Comité Central divide el trabajo entre sus miembros, que forman distintas comisiones o frentes de trabajo: propaganda, organización, cultura, educación política, finanzas, sindical, agraria, etc.

Además de él, es necesario que exista un organismo más reducido y más ejecutivo que resuelva cómo enfrentar los problemas políticos que surgen a diario. Este organismo suele recibir el nombre de "comisión política", o "secretaría política", "buró político", "comité ejecutivo", etc.

Así pues, esta es en grandes líneas, y sin, entrar en los detalles, la estructura orgánica del partido de la clase obrera: pequeños destacamentos a nivel de los centros de trabajo, barrios, pueblos, etc., coordinados y dirigidos a nivel zonal, comarcal, provincial, nacional y estatal. De este modo, cada uno de ellos y el conjunto del partido pueden actuar como un solo hombre en la lucha de clases.

El modo como se elijan los militantes, la cantidad de personas que puedan integrarse a un organismo de base, la forma orgánica que se dé cada partido, dependerán de la situación histórica concreta por la que pasa la lucha de clases en su país. No hay para ello esquemas rígidos. Por ejemplo, no cabe duda de que el partido proletario de Vietnam del Sur debía organizarse en grupos muy pequeños, con una gran movilidad y capacidad de respuesta para enfrentar la guerra en su propio territorio. Esto no ocurría necesariamente así en Vietnam del Norte o en China.

Las situaciones de legalidad o ilegalidad influyen mucho en la forma orgánica que se dé el partido. En los países capitalistas éste debe estar siempre preparado para pasar rápidamente de la legalidad a la ilegalidad.

 

Tema segundo

Los congresos

El partido debe establecer mecanismos que aseguren la discusión amplia de los problemas para lograr su unidad de pensamientos y de dirección.

Los Congresos son reuniones periódicas en las que se discute y se decide la línea política del partido y se eligen los dirigentes encargados de conducirlo, poniendo en práctica esta línea.

El Congreso es el órgano máximo de decisión del partido. Es, a su vez, el punto de culminación del desarrollo del proceso democrático dentro de aquel.

Cuando, más adelante, hablemos del significado del CENTRALISMO DEMOCRATICO se comprenderá más fácilmente esto último que decimos.

La relación entre la necesidad de ejercer la democracia como forma de alcanzar la unidad y la homogeneidad en torno a la línea política y, por otra parte, el centralismo como exigencia de plasmar dicha unidad y coherencia a la hora de desarrollar la línea política, adquiere su más amplio sentido democrático en el Congreso.

Es el Congreso el que sanciona o rectifica las directrices generales de la línea política a seguir y es él quien elige a los componentes del Comité Central para que garanticen, entre Congreso y Congreso, que dicha política sea puesta en marcha justamente.

Al Congreso asisten representantes elegidos por todas las organizaciones del partido, previa discusión en sus propias bases de los puntos que se van a tratar en. A veces, se realizan primero Congresos Regionales, para terminar luego en un Congreso General, en el que esté representado todo el partido.

Tema tercero

El sistema de prensa y publicaciones.

Además de mantener su organización y desarrollarla, una de las funciones fundamentales del partido proletario es llevar la teoría marxista al movimiento obrero y conducir sus luchas en una orientación revolucionaria. Para llevar a cabo estas funciones es funda mental que el partido cuente con un sistema de prensa que sea capaz de hacer llegar a cada militante, en el menor tiempo posible, las tareas generales del partido en tal o cual momento, las ideas generales de organización, las verdades teóricas que es importante difundir y las formas tácticas de actuar.

Se debe empezar por tener un periódico del partido, cuya tarea más importante sea colaborar en la consolidación de la organización del partido y de su unidad ideológica interna. El periódico debe contribuir también a orientar la lucha de las masas, recogiendo sus inquietudes, planteando sus problemas e impulsando su acción y organización. El partido debe tener publicaciones de distinto nivel teórico y para distintos frentes: sindical, juvenil, femenino, etc.

Cuestiones sobre la I parte

1. ¿Cuales son los distintos niveles de organización del partido del proletariado?.

2. ¿Qué importancia tiene la célula, como organismo de base del partido? ¿por qué?.

3. ¿Cuales son los organismos de dirección? ¿a qué niveles se deben organizar?.

4. ¿Qué es el Comité Central?.

5. ¿Vale siempre la misma organización del partido, o debe cambiar según las circunstancias históricas? ¿qué aspectos son los variables y cuales los invariables?.

6. ¿Por qué es tan importante el Congreso del partido?.

7. ¿Qué objetivos debe cubrir la prensa, dentro de la actividad general del partido?.

Temas de reflexión

1. Analizar las razones que determinan los principios o normas generales que rigen la organización del partido obrero.

 

II Parte

Principios de dirección política y de trabajo partidario

Tema primero

El principio del centralismo democrático.

El partido del proletariado es, como veíamos, una organización para dirigir, la lucha de clases, y por ello es fundamental que tenga una conducción única que defina las actuaciones inmediatas que el partido debe realizar en los distintos momentos de la lucha. Esta conducción única se hace posible porque ella refleja una línea general de acción que ha sido discutida por todos los miembros y acordada por la mayoría. Aquellos cuyas posiciones han quedado en minoría deben someterse en la acción a la línea que triunfa, desarrollando junto a los demás miembros las tareas que se desprenden de ella. Es entonces la existencia de esta línea de acción clara y su acatamiento por los militantes lo que permite la unidad de acción del partido y una conducción única centralizada.

Ahora bien; para poner en práctica esta línea general, es necesario definir en cada organismo del partido las acciones concretas que tienen que realizar los militantes. Para lograr esta definición es necesario que se dé una discusión amplia en el grupo correspondiente, que todos opinen y que finalmente se adopten acuerdos que todos deben cumplir. Para lograr una acción coordinada de todo el partido, los organismos inferiores deben tomar en cuenta en sus decisiones las indicaciones que hagan los organismos superiores.

Esta combinación de dirección central única y discusión democrática en los distintos niveles del partido es lo que se llama "centralismo democrático".

Veamos más detalladamente en qué consiste.

La democracia en el partido del proletariado se manifiesta primeramente en la elaboración y discusión de la línea política del partido y la elección de los dirigentes. Esta es una discusión en la que participan todos los militantes del partido. Ella comienza en la base y se transmite a través de representantes que toman las decisiones en un encuentro final. Este mecanismo de discusión se denomina Congreso del partido, como habíamos visto. El permite un libre enfrentamiento de diferentes puntos de vista, ya que es la aplicación del principio de la democracia lo que hace que se llegue a los mejores acuerdos. Así, todos pueden aportar algo, todos pueden participar en la elaboración y posterior decisión de la línea política del partido. Sólo esta discusión democrática asegura la dirección única, la disciplina consciente y la unidad de acción.

Pero no sólo existe democracia en los períodos de Congreso. Ella se manifiesta en toda la vida del partido, ya que, para poner en práctica esta línea, para tomar determinadas decisiones políticas, debe darse siempre una discusión amplia de los problemas, para recoger todas las opiniones, aprovechar las iniciativas, solucionar las dudas y, en lo posible, las divergencias, etc. Mientras más importantes sean las decisiones que deben tomarse, más amplia debe ser la discusión en la base.* Pero no sólo debe discutirse en la base, sino que también es fundamental crear los mecanismos para que en forma permanente lleguen a los organismos superiores los resultados de la discusión. Así, respetando la línea política en la acción se mantiene viva la discusión ideológica dentro del partido, enriqueciendo las decisiones que se toman democráticamente.

Como vemos, la democracia hace posible la integración plena de los militantes a todas las tareas, su participación creadora en la discusión y solución de los problemas fundamentales: el militante elige, puede ser elegido, toma decisiones, controla a los organismos superiores. Pero el principio de la democracia no podría ser un principio eficaz para la organización de la vanguardia de la clase obrera si no existiera otro principio capaz de asegurar que se cumplan los acuerdos tomados de manera democrática. Este es precisamente el principio de la dirección central o "centralismo".

* Es importante que puedan llevar a toda la base del partido las diferentes tesis o posiciones que se defiendan dentro de él. La mejor manera de lograrlo es a través de una publicación interna del partido.

En relación a esto, es importante señalar que no siempre los acuerdos se toman por unanimidad, aunque haya existido una amplia discusión. Hay militantes que no están de acuerdo con las posiciones mayoritarias. Pero, una vez tomadas las decisiones, estas minorías deben someterse en ¡a acción a la decisión mayoritaria. Esta es una de las formas en que se manifiesta el centralismo, y sólo si se pone en práctica se logra la unidad de acción: es decir, que toda la organización actúe en un mismo sentido, con un mismo propósito. Sólo así se aseguran las mejores condiciones para el cumplimiento de los acuerdos y se puede evitar la existencia de fracciones.*

La acción de estos grupos perjudica gravemente al partido, ya que mientras el partido decido cumplir determinados tareas, ellos tornan otras decisiones y se dedican a realizar otras tareas. Un partido del proletariado, empeñado en ganar la lucha de clases, no puede darse el lujo de tener en su seno elementos indisciplinados que rompan la unidad de acción, sin la cual no hay conducción revolucionaria posible.

Otro aspecto del centralismo es que los organismos superiores deben exigir a los organismos inferiores que cada cierto tiempo rindan cuenta de su acción, para revisar cómo ha funcionado el trabajo y cómo ha respondido cada militante a las tareas asignadas y a las indicaciones que han dado los organismos superiores para llevarlas a cabo.

El principio del centralismo, por lo tanto, exige el sometimiento de las minorías a las mayorías y de los organismos inferiores a los superiores.

Pero, entonces, ¿no se pueden tener opiniones distintas de la mayoría en el partido?

Sin duda que ello es posible, y es importante que las minorías luchen, desde el punto de vista ideológico, por imponer sus opiniones.

Pero todo tiene su tiempo y su momento. Hay momentos en el partido que son de amplia discusión, pero, cuando ésta se termina, y se toman acuerdos para impulsar determinadas acciones, entonces sólo queda un camino: actuar de acuerdo a las resoluciones tomadas por la mayoría del partido. La lucha ideológica interna sólo es posible en la medida en que no ponga dificultades para la unidad de acción.

Vemos entonces, cómo ambos principios: el centralismo y la democracia, se complementan armónicamente.

Ahora bien; la relación entre ambos principios, el peso que uno de ellos puede tener con respecto al otro, depende en gran medida del momento político concreto que se esté viviendo. En momentos de crisis, de persecución política, es el principio de la dirección central el que pasa a tomar el papel más destacado. Por el contrario, en épocas de relativa paz, cuando se está en la etapa de discusión de la línea del partido y de sus tareas, el elemento dominante pasa a ser el principio de la democracia interna. Pero no cabe duda de que puede existir el peligro de que un partido del proletariado caiga en desviaciones de tipo centralista, que restringen la democracia interna hasta el punto de transformar a sus militantes en simples ejecutores de órdenes que vienen de los organismos superiores. Y también puede caer en desviaciones de ultrademocratismo, hasta el punto de ser incapaz de dar una conducción única a un partido que gasta su tiempo en discusiones internas que esterilizan toda acción concreta. Una correcta combinación del centralismo y la democracia debe estimular la iniciativa de los dirigentes y de todos los militantes del partido.

Sólo la acción creadora en todos los niveles del partido es capaz de asegurar el triunfo en la lucha de clases. En la práctica esta iniciativa se manifiesta en energía creadora, en sentido de responsabilidad, en orden en el trabajo, en coraje y aptitud para resolver problemas, para expresar opiniones, para criticar defectos, así como en el control ejercido, con esmero de camarada, sobre los organismos superiores.

Si esto no es así, el partido como organización dejaría de tener sentido al no cumplir con el principio de la democracia interna. Una vida democrática insuficiente impide desplegar toda la iniciativa creadora de los militantes, con la consiguiente baja de su rendimiento político.

* Se llama fracciones a tos grupos que, estando en desacuerdo con las decisiones políticas que toma la dirección de partido, no se limitan a llevar adelante una lucha ideológica contra ellas, sino que se organizan en forma paralela para actuar siguiendo otras consignas.

 

Tema segundo

El principio de la dirección colectiva.

Otra cuestión que está íntimamente ligada al partido es el principio de la dirección colectiva.

El partido del proletariado es la vanguardia de la clase obrera, es la organización de los mejores elementos de la clase para dirigir la lucha por la liberación de toda la clase obrera y las masas trabajadoras. No es un grupo que se forma en torno a un caudillo para proporcionarle el apoyo de masas que éste necesita para realizar sus ambiciones políticas. Por eso, lo que importa en un partido proletario no son los dirigentes como personas; lo que importa es que exista una dirección política capaz de hacer frente a las duras tareas que el partido debe cumplir en la lucha por la liberación de la clase obrera, y para cumplir estas múltiples tareas es fundamental que exista una dirección colectiva en la cual cada uno de sus miembros aporta su visión y su preparación para resolver los problemas y tareas del momento. Sólo una dirección colectiva de este tipo es capaz de evitar que se caiga en posiciones individualistas.

Esta dirección colectiva debe darse en los distintos niveles de organización del partido.

Desde su dirección máxima hasta sus organismos de base.

Ahora bien; es necesario señalar que esta dirección colectiva debe ir siempre unida al principio de la responsabilidad individual. Esto quiere decir que la posibilidad de discutir y .tomar acuerdos colectivamente no deja libres a los dirigentes o militantes del cumplimiento de las tareas y los acuerdos que les toca realizar. Deberán responder en forma individual de las responsabilidades que se les hayan encomendado.

Es importante no olvidar, después de cada reunión de discusión colectiva, asignar tareas concretas a cada participante. Si no se cae en el vicio del "reunionismo", que impide pasar de las palabras a la acción, y sin acción concreta es muy poco lo que los militantes pueden aportar a la discusión.

La dirección colectiva tiene también otras ventajas para la organización.

Una de ellas es que ayuda a desarrollar la iniciativa de los militantes y cuadros, ya que éstos participan en todas las decisiones. Además, se garantizan la educación y el desarrollo de los cuadros de dirección por las mismas razones.

 

Tema tercero

El principio de la crítica y autocrítica.

La crítica y la autocrítica son armas muy buenas para desarrollar un trabajo eficiente, para librar de errores a nuestras actividades, para poner al descubierto las fallas y lograr su eliminación, para fortalecer la disciplina y obligarnos a ser más exigentes con nosotros mismos, para educar a los militantes y cuadros.

-la crítica.

Una verdadera actitud crítica dentro del partido exige de los dirigentes y militantes una lucha tenaz contra la tendencia a ver sólo los aspectos positivos de las cosas, a ver solamente los éxitos.

La crítica debe ser permanente, objetiva y hecha desde una posición de clase. Esto significa que debemos criticar todo aquello que va en contra de los objetivos revolucionarios que persigue el partido, todo aquello que dificulta el desarrollo del trabajo y que aleja o desvía al partido del cumplimiento de las tareas que se ha planteado. Pero la crítica debe ser, en primer lugar, resultado de un análisis pensado, madurado. El derecho a criticar impone a los militantes la responsabilidad de evitar los pronunciamientos superficiales y generales.

¿Por qué decimos esto? Porque la crítica no es una simple enumeración de errores o deficiencias: lo fundamental es el análisis de las causas que originan estos errores o deficiencias. Y es difícil encontrar las causas sin un buen conocimiento del desarrollo del trabajo de las luchas ocurridas, sin un análisis acabado de la situación.

Y ¿Por qué es tan importante conocer las causas? Porque sólo si logramos conocerlas podremos señalar las medidas que deben adoptarse para no repetir los errores. Si esto no se hace así, la crítica se transforma en un acto destructivo que desintegra al movimiento en lugar de levantarlo. Los errores se vuelven a cometer, porque no se examinó cuál era su raíz.

La crítica puede dirigirse tanto a un militante como al funcionamiento mismo de los organismos del partido.

Ahora bien; es fundamental que esta crítica se haga en el seno de la organización y a partir de sus intereses y principios. Los comentarios y opiniones vertidos en los pasillos, fuera de las reuniones y canales normales del partido, se transforman en chismes y en nada ayuda a la solución de los problemas. Dentro del partido es posible examinar si las tareas fueron bien distribuidas, si al compañero se le asignó aquella que realmente podía cumplir. Difícilmente podemos criticar a un compañero que apenas sabe escribir por haber hecho un cartel ilegible, o a un compañero muy tímido por no haber hecho un discurso brillante. En este caso la crítica debe ir dirigida más bien a los responsables de haber asignado esas tareas. Otras veces podemos descubrir que las tareas no se cumplen porque no se explicó bien en qué consistían.

Hay algo que debemos cuidar siempre cuando hagamos una crítica: la influencia que puede tener en nosotros nuestra simpatía o anti- patía por determinados compañeros, Debemos hacer un gran esfuer- zo de objetividad, ajustándonos siempre a los hechos y no a supo- siciones o prejuicios. Debemos criticar con sinceridad, directamente, sin hacer concesiones, pero siempre con el propósito de ayudar al compañero, de educarlo, tratando de solucionar las debilidades que encontremos en su trabajo o en su actitud.

La siguiente imagen ilustra muy bien el sentido que tiene la crítica de un militante revolucionario: "hay que tratar la enfermedad para salvar al paciente", es decir, hay que criticar no para hundir al compañero o destruir a los organismos del partido, sino para ayudar a superar los problemas y lograr mejores militantes, una mejor organización partidaria y un mejor trabajo colectivo en el futuro.

- la autocrítica.

La autocrítica es la forma en que se demuestra si tenemos conciencia de nuestros errores y si hemos entendido y asimilado una crítica que se nos ha hecho.

A través de ella señalamos nuestras fallas, pero no sólo eso, sino que además tratamos de determinar su origen, ya que es así como podremos superarlas en el futuro. La autocrítica debe hacerse, por lo tanto, sólo cuando creamos sinceramente haber cometido un error y estar dispuestos a corregirlo. Ella es un acto serio de autoanálisis y no debe usarse, entonces, para hacer concesiones oportunistas o para salir del paso.

Es muy saludable que todos los dirigentes del partido se sientan permanentemente bajo el control de la crítica de los militantes. Eso ayuda mucho a desarrollar un trabajo eficiente.

Podemos concluir que donde no hay crítica el trabajo se encamina el fracaso, se tiende al relajamiento y a la desorganización. Sin el ejercicio de la crítica no se pueden educar los cuadros y militantes, no se impulsa su desarrollo. La crítica y la autocrítica son instrumentos que aseguran las verdaderas relaciones comunistas de trabajo: relaciones fraternales y amistosas en las que, señalando los errores, se ayuda a los compañeros a desarrollar sus mejores cualidades para la acción colectiva.

Lenin era el mayor partidario de la necesidad de la crítica y la autocrítica, y señalaba lo siguiente:

"La actitud de un partido político ante sus errores es una de las pruebas importantes y más fieles de la seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente los errores, poner al descubierto sus causas, analizar la situación que los ha producido y examinar los medios de corregirnos; esto es lo que caracteriza a un partido serio, en esto es lo que consiste el cumplimiento de sus deberes, esto es, educar e instruir a la clase primero y después a las masas".

 

 

Tema cuarto

La disciplina consciente.

El principio de la disciplina está muy relacionado con los principios que ya hemos analizado.

La disciplina de una organización de vanguardia es totalmente diferente de la disciplina que impone la burguesía en sus instituciones: en los centros productivos, en el sistema escolar, en el ejército regular, etc. la disciplina burguesa es impuesta por una autoridad que no admite críticas y cuyas órdenes deben cumplirse en forma ciega. La burguesía sólo tiene interés en que sus instituciones funcionen: no tiene interés en que sus subordinados entiendan el mecanismo de funcionamiento de ellas ni los fines a los cuales ellas están destinadas, ya que en el fondo, todas las instituciones burguesas sirven los intereses de esta clase. En estas condiciones, la disciplina sólo se mantiene por la amenaza al castigo, por el respeto del orden por el orden, y no porque el subordinado considere que ella es necesaria.

La disciplina de una organización revolucionaria, en cambio, está basada en la comprensión y acuerdo por parte de sus miembros de los fines que el partido persigue. Es una disciplina consciente, admitida por todos, convencidos de que ella es necesaria para vencer en la lucha en la que están comprometidos sus intereses de clase. De esta manera, cada militante llega a sentirse responsable de mantenerla por su propio compromiso revolucionario. Es por ello que esta disciplina está relacionada con la democracia dentro del partido y con el ejercicio de la crítica y la autocrítica.

Sin embargo, es importante señalar que para un militante que acaba de ingresar en el partido y que está acostumbrado a la disciplina burguesa, no es fácil comprender y desarrollar de un día para otro la disciplina revolucionaria. Ello requiere todo un proceso de aprendizaje que se realiza junto con su capacitación política. los dirigentes del partido tienen una gran responsabilidad en este

sentido. En la discusión con los militantes acerca de sus tareas y responsabilidades, el método tiene que ser el de la persuasión. Los compañeros se ganan para una tarea o responsabilidad mediante la explicación, la discusión amplia, mediante su comprensión de que es necesario que tomen responsablemente las tareas que les toca desarrollar. Por otra parte, es necesario lograr decisiones correctas, comprensibles, justas, y para ello es importante que ellas sean elaboradas por todos los militantes. Si éstos no participan, no comprenden o no están convencidos, no se tendrá una disciplina consciente. De allí la importancia de mantener el principio de la dirección colectiva. Como vemos, entonces, para lograr una disciplina consciente, para que ésta no se quiebre, es necesario mantener vivos dentro del partido todos los principios de dirección política y de trabajo partidario.

Contra el abandono de estos principios hay que luchar permanentemente, porque ello acarrea graves trastornos a la organización del partido, impidiéndoles cumplir su misión de vanguardia de la clase obrera.

Cuestiones sobre la II parte

1. ¿Bajo qué situaciones y en función de qué factores, cambia la relación entre la democracia y el centralismo dentro del principio del Centralismo Democrático?.

2. ¿Por qué es importante el principio de la dirección colectiva?.

3. ¿Qué relación tiene el principio del Centralismo Democrático con la necesidad de la crítica y la autocrítica?.

4. ¿Qué diferencia hay entre la disciplina burguesa y el principio de la disciplina proletaria?.

 

Temas de reflexión

1. Reflexionar sobre cómo la puesta en marcha de los principios marxistas-leninistas, permiten al proletariado construir un partido que es esencialmente distinto de los partidos burgueses.

2. Analizar cómo los partidos que se dicen obreros, pero que han caído en el revisionismo, van abandonando poco a poco, los principios del marxismo-leninismo sobre la organización, y evolucionan hacia estructuras típicamente burgueses, las cuales, llamándose democráticas, están dominadas burocráticamente por grupos o camarillas reformistas y electoralistas.

 

III Parte

La división del trabajo en el Partido

El partido de la clase obrera debe ser un partido que se organiza de acuerdo a métodos científicos de trabajo.

No puede usar métodos artesanales donde todos hacen de todo, sin que exista una especialización en las funciones.

Métodos de trabajo de este tipo lo único que hacen es, por una parte, derrochar las fuerzas que existen, y, por otra, no aprovechar una gran cantidad de fuerzas que puedan ponerse en acción.

La división del trabajo dentro de la propia organización permite aprovechar mejor las fuerzas y los recursos con que se cuenta. Pero no sólo eso, sino que mientras más diversas son las labores dentro de la obra común, más fácil será encontrar las personas capaces de ejecutar cada una de ellas. Lo importante es que cada militante sea capaz de desarrollar su trabajo parcial dentro del gran trabajador colectivo* que es el partido obrero. Es decir, debe saber integrar su tarea parcial al trabajo de conjunto del partido.

Por otra parte, existen innumerables tareas parciales que las pueden desempeñar representantes de las clases más diversas, que, aunque jamás van a ser militantes del partido obrero, están dispuestos a realizar tareas de apoyo a la organización que son muy importantes.

Pero no sólo es conveniente la especialización de funciones dentro de los propios militantes y simpatizantes de la organización. Es importante que los comités locales se encarguen también de tareas específicas, logrando especializarse en alguna función práctica. Por ejemplo: si en un sector hay obreros gráficos que tienen una imprenta, ese comité local podrá encargarse de imprimir la propaganda del partido.

La única forma en que la dirección central puede dejar de ser un organismo donde sólo se discute, se aconseja y se convence, para pasar a ser efectivamente quien dirige la orquesta, es necesario que sepa exactamente quién toca cada instrumento, en qué lugar, quién enseñó y aprendió a usarlo, dónde y cómo lo hace, quién es el responsable y a quién hay que reemplazar cuando la orquesta comienza a sonar mal.

Dentro de las grandes líneas de la división del trabajo entre los militantes del partido, debemos distinguir las siguientes tareas:

a) tareas de elaboración y discusión teórica.

b) tareas de propaganda.

c) tareas de agitación.

d) tareas de organización.

e) Tareas de elaboración y discusión teórica.

* Se llama trabajador colectivo al conjunto de trabajadores de la empresa moderna que realiza distintas funciones parciales dentro del proceso de producción. Ver CEP N. 4: lucha de Clases, p. 33. El partido puede compararse con un gran trabajador colectivo, ya que dentro de él los militantes realizan diversas tareas que se coordinan entre sí para lograr un objetivo común.

Tema primero

Tareas de elaboración y discusión teórica.

Ella es fundamental, ya que todo partido revolucionario debe elaborar la teoría de su propia revolución. ¿Qué queremos decir con esto?. Que para hacer la revolución en un país determinado, para hacer la revolución en España, por ejemplo, no se pueden aplicar los principios del marxismo en forma mecánica, como una receta que ya contiene todas las indicaciones que son necesarias para curar la enfermedad del capitalismo y llegar al socialismo en nuestro país. El marxismo es la teoría general de la sociedad, y por lo tanto no nos dice cómo es España y cómo debemos actuar nosotros para transformarla. Pero el marxismo es el instrumento que tenemos que usar para conocer nuestra realidad. Nos permite primero hacer un diagnóstico de la realidad que vive nuestro país y luego señalar las grandes líneas por las que debe encaminarse nuestra acción para transformar esa realidad.

El marxismo nos indica qué es lo que tenemos que estudiar de nuestro país para conocerlo y transformarlo. Tenemos que conocer en primer lugar su economía: estudiar las diversas formas en que se producen los bienes materiales, determinar cuál de estas relaciones de producción es la dominante, y cómo se combina con las demás; debemos descubrir él punto fuerte y el punto débil de nuestra economía, qué contradicciones son las más agudas, etc. En segundo lugar, tenemos que saber cómo repercute esta situación de la economía, de la infraestructura de nuestro país, en el nivel de las ideas y de las leyes, las formas de gobierno, los aparatos represivos del Estado, etc. es decir, el nivel de la superestructura ideológica y política.

Por último, tenemos que estudiar la correlación de fuerzas: es decir, el número y el estado de preparación de las masas que están por la transformación de la sociedad, en comparación con las fuerzas de aquéllos que defienden el actual estado de cosas. Esto significa saber quiénes son nuestros enemigos y quiénes son nuestros amigos, sus puntos fuertes y sus puntos débiles.

Por otra parte, el marxismo nos señala la importancia de la historia para comprender la realidad. Es por ello que este estudio de la realidad de un país debe comprender la historia de sus transformaciones económicas, de su vida política, y fundamentalmente, la historia del movimiento obrero, de su tradición de lucha, del desarrollo de sus organizaciones y de su nivel de conciencia política.

Sólo mediante un conocimiento muy acabado de la realidad concreta del país se puede elaborar una teoría revolucionaria que corresponda a esta realidad concreta y no a otra. Hacer "la teoría de la propia revolución" consiste, entonces, en señalar cuál es el camino que debe seguir un determinado proceso revolucionario de acuerdo a las características propias de ese país.

Esta "teoría de la propia revolución" se manifiesta en lo que se llama: "la línea política del partido revolucionario de ese país". Esta línea política debe contener orientaciones a largo plazo y orientaciones a corto plazo. *

Es importante insistir en que toda revolución ha sido, es y seguirá siendo un proceso único para cada país. No se ha repetido nunca de la misma manera, en todo lo que tiene de original, la experiencia rusa, china, cubana o vietnamita.

¿Quiere decir, entonces, que los revolucionarios no sacan nada con conocer esas experiencias, que no hay que tomarlas en cuenta para nada?.

Por el contrario, los aciertos y los errores que se han producido en la conducción de otros movimientos revolucionarios deben ser aprovechados por los revolucionarios de otros países para ir perfeccionando su lucha. Pero para ello es necesario estudiar estos procesos en forma crítica y así saber qué corresponde a la situación particular de otros países y qué constituye una experiencia que puede ser aprovechada en el propio país.

Por último, la tarea de elaboración y discusión teórica dentro del partido es necesaria para encarar las divergencias que se producen en la vida interna de todo partido y con otras fuerzas de izquierda. Ellas se refieren fundamentalmente a la forma como se deben conducir la lucha de clases y el proceso revolucionario. Esta es una lucha ideológica que el partido debe ser capaz de desarrollar en la forma más amplia posible. Ello permite educar políticamente a los militantes. De esta manera el partido puede plantear a las masas una línea de acción clara y unitaria, que sus miembros sabrán defender y llevar adelante porque han participado en elaborarla y discutirla.

Por todas estas razones, el partido del proletariado debe contar con cuadros preparados para desarrollar esta labor teórica.

* En el Cuaderno, N. 11, Estrategia y táctica, desarrollaremos más este punto.

Tema segundo

Tareas de propaganda.

El partido debe desarrollar una amplia labor de propaganda. Esto significa una labor constante de denuncia y explicación de los grandes problemas que aquejan a nuestro país. Por ejemplo, frente a la carestía o inflación, explicar cómo estas situaciones son el resultado del régimen capitalista, de su funcionamiento mismo. Demostrar que ellos son la forma en que aparecen las contradicciones internas del sistema y que, por lo tanto, estos problemas sólo tendrán solución cuando se destruya totalmente la sociedad capitalista y se establezca una nueva sociedad.

Esta es una tarea educativa que proporciona instrumentos teóricos para la discusión y acción política de los militantes con las masas, los arma ideológicamente para llevar adelante la lucha hasta sus últimas consecuencias.

Esta tarea se realiza, fundamentalmente, por medio de informes escritos, de boletines, o por medio de seminarios o charlas periódicas. Para ello el partido debe contar con cuadros propagandistas encargados de llevar adelante esta tarea y destinar los recursos necesarios para ello.

Los propagandistas deben ser cuadros con una buena preparación teórica, y, sobre todo, con una gran capacidad pedagógica para poner en palabras sencillas, al alcance de todos, las materias que tienen que desarrollar. Es conveniente, al mismo tiempo, que puedan trasladarse de un lugar a otro para colaborar en tareas de propaganda allí donde sean más necesarias.

Tema tercero

Tareas de agitación.

Pero no basta con este análisis de los problemas más generales de la sociedad capitalista. Es necesario desarrollar en forma constante la labor de agitación frente a cada situación de conflicto diario con que se enfrentan las masas. En cada frente de trabajo, en la población en la escuela, surgen a diario conflictos que es necesario analizar y señalar a qué se deben. La ideología dominante tiende a imponer a la masa una actitud Pasiva frente a ellos, a que los acepten como un mal necesario y sin importancia.

El deber de¡ partido, de sus militantes, es llamar la atención sobre cada conflicto y denunciar cuál es la verdadera causa que lo produce. Así, por ejemplo, frente a la mala situación en que se encuentra la familia de un compañero que ha quedado en paro porque ya es muy viejo, es necesario hacer ver que el trabajo de toda la vida del obrero ha enriquecido al patrón y no al obrero; que quien lo ha explotado no se preocupa para nada de la situación en que queda el obrero, que, a pesar de las leyes sociales que los obreros han conquistado, el patrón se las arregla para burlarlas. Se trata en este caso de hacer ver la injusticia del sistema, crear una reacción de indignación frente a ella e indicar que la situación de los obreros sólo cambiará con un sistema social distinto.

La agitación sólo toma un problema, explica su causa y saca de allí una conclusión política. No hace una explicación del paro en general, como en el caso anterior, ya que su objetivo no es hacer una educación política acabada a la masa, sino sólo llamar su atención sobre cada problema para producir su reacción de rebeldía y señalar cuáles son sus verdaderos intereses de clase. A la vez debe impulsar a la masa a la acción para solucionar el problema en particular. En el ejemplo dado, presionar al patrón para que cumpla con las leyes sociales de la industria.

Para desarrollar esta tarea el partido debe preparar a determinados militantes que sean verdaderos cuadros agitadores frente a la masa. El agitador debe tener condiciones de buen orador y debe ser profundo conocedor de la masa a quien se dirige. Por ello, a diferencia del propagandista, debe dedicarse a hacer un trabajo político en un sector determinado de la población. No necesita una gran formación teórica.

Basta que posea una visión general de las cosas. La cualidad más importante en un agitador es su capacidad de comunicarse emocionalmente con el grupo a quien dirige la palabra.

El agitador debe estar presente en todas las manifestaciones espontáneas de la lucha de la clase obrera. Debe ayudar a los obreros a orientarse en las diversas cuestiones, a formular sus reivindicaciones.

Debe organizar denuncias políticas en todos los terrenos, no sólo en el terreno económico. Debe hacer que las masas reaccionen contra los abusos que sufren todas las clases de la sociedad.

Tema cuarto

Tareas de organización.

Estas tareas son fundamentales para que el partido cumpla sus funciones de vanguardia de la clase obrera. Ellas son de dos tipos: tareas internas, dirigidas al mantenimiento y desarrollo de la organización del partido, y tareas externas, dirigidas a conocer y fortalecer las organizaciones de masas.

a) Tareas internas.

El partido debe mantener su organización, vigilando el buen funcionamiento de los organismos a los distintos niveles. Esto significa cuidar que los organismos de base tengan vida propia, que desarrollen la iniciativa, sin esperarlo todo de los organismos regionales o centrales.

Pero a la vez éstos deben informar constantemente de su labor y exigir información y controlar a los organismos superiores.

Los organismos superiores deben coordinar las acciones de los organismos de base, repartir las tareas para evitar la dispersión de los esfuerzos, establecer mecanismos de comunicación rápida y permanente con ellos, que permitan al partido movilizarse como un todo.

Pero también es necesario desarrollar la organización incorporando al partido a los mejores elementos de la masa. Para que su ingreso pueda ser controlado, sometido a prueba, el nuevo integrante debe ser informado de los principios de organización y disciplina del partido.

Sólo así podrá demostrar que los respeta y que puede pasar a formar parte de la vanguardia del proletariado.

b) Tareas externas.

Nada saca un partido revolucionario con estar muy bien organizado internamente, con tener ideas muy claras, con tener propagandistas y agitadores, si no logra organizar a la masa para que ella tome iniciativas que impulsen el proceso revolucionario hacía adelante.

El partido debe impulsar la creación y el desarrollo de las organizaciones de masas tanto en los centros de trabajo como en las poblaciones, en los barrios, en el campo, etc. Los militantes deben participar activamente en sindicatos, asociaciones de vecinos, asociaciones de amas de casa, clubs juveniles, centros culturales, etc. En ellos los militantes deben destacarse por su trabajo serio, su dedícac16n, su responsabilidad, pero no deben pretender ser los únicos integrantes o acaparar los puestos de dirección Muy por el contrario, deben lograr que en estas organizaciones de masas participe la mayoría de¡ pueblo y que se destaquen cuadros dirigentes salidos de la masa misma.

Hay militantes especialmente dotados para estas tareas de organización: militantes con iniciativa ejecutiva, capacidad de mando, capaces de tornar en cuenta todos los detalles para poner en práctica determinadas tareas, dotados de imaginación para establecer los mecanismos que ayuden a mantener y desarrollar la organización.

Concluiremos diciendo que la tarea del partido es muy grande y que hay que aprovecharlas fuerzas de que dispone de la mejor forma posible. Por ello el partido debe tener en cuenta las características de cada militante para asignarle las tareas que, de acuerdo a sus aptitudes, va a poder realizar mejor. Es necesario además que cada vez que se planifique y se acuerde una tarea, se controle su cumplimiento.

No basta que el militante acepte cumplirla: debe informar al organismo correspondiente de cómo lo está realizando, de las dificultades y los éxitos que va obteniendo. El resto de los militantes deben ayudar a este control, pidiendo cuenta a los encargados acerca de su gestión, y estar dispuestos a colaborar con él o a reemplazarlo si no es capaz de cumplir.

En un organismo en el que se divide el trabajo, el no cumplimiento de las tareas que cada uno debe llevar a cabo puede acarrear graves trastornos en el trabajo colectivo y poner en peligro el partido y los objetivos que éste se ha trazado.

 

Cuestiones sobre la III parte

1. ¿ En qué consisten los métodos artesanales de trabajo en el partido y por qué hay que esforzarse en desecharlos?.

2. ¿Por qué tiene tanta importancia la tarea de elaboración y discusión teórica?.

3. ¿En qué consiste la tarea de propaganda?

4. ¿Qué es lo que diferencia la tarea de propaganda y la tarea de agitación?.

5. ¿Qué es la tarea de organización interna?.

6. ¿Qué características requiere un militante dedicado a la labor de masas?.

Temas de reflexión

1. Estudiar la importancia que tiene la división de trabajo en el partido, de acuerdo con métodos científicos, de cara a un funcionamiento ordenado y eficaz de todo el partido.

 

Resumen del texto

En este segundo Cuaderno acerca del partido, hemos analizado su organización y cómo ella está en estrecha relación con la lucha de clases que el partido conduce. En primer lugar, nos detuvimos a analizar los diversos organismos del partido, su estructura piramidal que permite la comunicación permanente y organizada de todos sus miembros, Destacamos además, el papel que cumplen los Congresos y el sistema de prensa y publicaciones. En seguida vimos los principios de dirección política y de trabajo partidario que hacen posible su unidad ideológica y de acción. Señalamos aquí: el principio del centralismo democrático y cómo éste garantiza la libertad de opinión y discusión, pero, a la vez, el cumplimiento unitario de los acuerdos; el principio de la dirección colectiva, que impide las desviaciones y vicios individualistas; el principio de la crítica y la autocrítica, que permite corregir los errores; el principio de la disciplina consciente y su diferencia con la disciplina-burguesa.

Por último, vimos la importancia que tiene adoptar métodos científicos de trabajo, como es la división del trabajo dentro del partido, para realizar en forma eficiente las grandes tareas que éste debe desarrollar. Nos detuvimos a analizar las tareas de elaboración y discusión teórica, que permiten al partido definir una línea política Y armar ideológicamente a los militantes; las tareas de propaganda, que hacen un análisis permanente de la situación actual en la perspectiva revolucionaria; las tareas de agitación, que mantienen la movilización permanente de las masas junto a los problemas diarios; las tareas de organización, que van consolidando al partido como e¡ instrumento de lucha fundamental del proletariado. Concluimos que la organización del partido debe ser una organización férrea y disciplinada para ganar la lucha de clases contra enemigos muy poderosos, que se oponen a que la clase obrera realice sus intereses de clase: destruir el sistema capitalista de explotación y construir una sociedad sin clases y sin explotación: la sociedad comunista.

 

Apéndice

Los dos siguientes textos de Lenin nos muestran cómo aquel gran dirigente revolucionario supo desarrollar con flexibilidad la teoría marxista sobre la construcción del partido en dos circunstancias bien diferentes, y que nos recuerdan nuestra propia situación española: durante la época de la dictadura (la autocracia zarista) y en la fase de transición hacia la democracia.

LA ORGANIZACION DE LOS OBREROS Y LA ORGANIZACION DE LOS REVOLUCIONARIOS

La lucha política de la socialdemocracia es mucho más amplia y más compleja que la lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno. Del mismo modo (y como consecuencia de ello), la organización de un partido socialdemócrata revolucionario debe ser inevitablemente de un género distinto" que la organización de los obreros para la lucha económica. La organización de los obreros debe ser, en primer lugar, sindical; en segundo lugar-, debe ser lo más extensa posible: en tercer lugar, debe ser lo menos clandestina posible (aquí y en lo que sigue me refiero, claro está, sólo a la Rusia autocrática). Por el contrario, la organización de los revolucionarios debe englobar ante todo y sobre todo a gentes cuya profesión sea la actividad revolucionaria (por eso. yo hablo de una organización de revolucionarios, teniendo en cuenta a los revolucionarios socialdemócratas).

Ante esta característica general de los miembros de una tal organización debe desaparecer en absoluto toda distinción entre obreros e intelectuales, por no hablar ya de la distinción entre las diversas profesiones de unos y otros. Esta organización, necesariamente, no debe ser muy extensa, y es preciso que sea lo más clandestina posible ( ... ).

En los países que gozan de libertades políticas, la diferencia entre la organización sindical y la organización política es completamente clara ( ... ). En Rusia, en cambio, el yugo de la autocracia borra, a primera vista, toda distinción entre la organización socialdemócrata y el sindicato obrero, pues todo sindicato obrero y todo círculo están prohibidos, y la huelga, principal manifestación y arma de la lucha económica de los obreros, se considera en general crimen de derecho común (¡y, a veces, incluso delito político!) (...).

Las organizaciones obreras para la lucha económica deben ser organizaciones sindicales (...). Pero, en una organización amplia, la clandestinidad rigurosa es imposible (pues exige mucha más preparación que la que es necesaria para la participación en la lucha económica). ¿Cómo conciliar esta contradicción entre la necesidad de contar con efectivos numerosos y el régimen clandestino riguroso,

¿Cómo conseguir que las organizaciones gremiales sean lo menos clandestinas posible? En general, no puede haber más que dos vías: o bien la legalización de las asociaciones gremiales (que en algunas países ha precedido a la legalización de las asociaciones socialistas y políticas), o bien el mantenimiento de la organización secreta, pero tan "libre", tan poco reglamentada, tan lose, como dicen los alemanes, que para la masa de los afiliados el régimen clandestino quede reducido casi a la nada (...).

Un pequeño núcleo bien unido, compuesto por los obreros más seguros, más experimentados y mejor templados, con delegados en los principales barrios y en rigurosa conexión clandestina con la organización de revolucionarlos, podrá perfectamente, con el más amplio concurso de la masa y sin reglamentación alguno, realizar todas las funciones que competen a una organización sindical, y realizarlas, además, de la manera deseable para la socialdemocracia. Sólo así se podrá consolidar y desarrollar, a pesar de todos los gendarmes, el movimiento sindical socialdemócrata. (Lenin: ¿Qué hacer?)

Las condiciones en que se desarrolla la actividad de nuestro partido están cambiando radicalmente. Se ha conquistado la libertad de reunión, asociación y prensa. Naturalmente, estos derechos son en grado sumo endebles, y confiar en las libertades actuales sería una locura, si no un crimen, la lucha decisiva está por venir. y la preparación para ella debe encontrarse en primer plano. El aparato clandestino del partido debe ser conservado. Pero, al mismo tiempo, es del todo necesario aprovechar con la mayor amplitud el actual campo de acción, relativamente más vasto. Es absolutamente necesario crear al lado del aparato clandestino nuevas y nuevas organizaciones legales y semilegales del partido (y cercanas a él). Sin desplegar esta última labor es inconcebible adaptar nuestras actividades a las nuevas condiciones y estar en situación de resolver las nuevas tareas (...).

Podría verse un peligro en que entraran de golpe en nuestro partido masas de gente no socialdemócrata. En tal caso, el partido se diluiría en la masa, dejaría de ser la vanguardia consciente de la clase, quedaría reducido al papel de un apéndice (...). No, camaradas, no exageremos ese peligro. La socialdemocracia ha adquirido renombre, ha trazado una dirección, ha forjado cuadros de obreros socialdemócratas (...).

Sería por demás ridículo dudar de que los obreros que ingresan en nuestro partido y los que mañana ingresarán en él, invitados por el CC, no serán socialdemócratas en el 99% de los casos. La clase obrera es socialdemócrata por instinto (...). La clandestinidad se desmorona. ¡Adelante, con mayor audacia, empuñad las nuevas armas, entregadlas a gente nueva, ampliad vuestras bases de apoyo, llamad a todos los obreros socialdemócratas. Incorporadlos por centenares y por miles a las filas de las organizaciones del partido! ¡Que sus delegados animen las filas de nuestros centros, aportando el aire fresco de la joven Rusia revolucionaria! (...).

Para que este buen deseo se vea realmente cumplido, no basta con "invitar" simplemente a los obreros, no basta con aumentar simplemente el número de organizaciones del viejo tipo. No: para ello es necesario que todos los camaradas colaboren conjuntamente y con espíritu creador nuevas formas de organización. Aquí no se puede señalar de antemano normas determinadas, porque se trata de una cosa nueva: aquí se debe hallar aplicación al conocimiento de las condiciones locales y, sobre todo, la iniciativa de todos los miembros del partido. La nueva forma de organización, mejor dicho, la nueva forma de la célula orgánica básica del partido obrero debe ser, sin duda, más amplia que los viejos círculos. Es probable, además, que la nueva célula deba ser una organización de estructura menos rigurosa, más "libre", "lose". (Lenin: Sobre la reorganización del Partido)

Veamos ahora un texto de Mao Tse-Tung

En todo el trabajo práctico de nuestro Partido, toda dirección correcta está basada necesariamente en el principio: "de las masas, a las masas". Esto significa recoger las ideas (dispersas y no sistemáticas) de las masas y sintetizarlas (transformarlas. mediante el estudio, en ideas sintetizadas y sistematizadas) para fuego llevarías a las masas, difundirlas y explicarlas, de modo que las masas las hagan suyas, perseveren en ellas y las traduzcan en acción, y comprobar en la acción de las masas la justeza de esas ideas. Luego, hay que volver a recoger y sintetizar las ideas de las masas y llevarlas a las masas para que perseveren en ellas, y así indefinidamente, de modo que las ideas se tornan cada vez más justas, más vivas y más ricas de contenido. Tal es la teoría marxista del conocimiento ( ... ).

Cuanto más dura es la lucha, tanto más indispensable será para los comunistas ligar estrechamente su dirección con las exigencias de las amplias masas y combinar estrechamente su llamamiento general con su orientación particular, a fin de liquidar de manera definitiva los métodos de dirección subjetivistas y burocráticos. Todos los camaradas de nuestro Partido que se ocupan del trabajo de dirección, deben contraponer siempre los métodos de dirección científicos marxistas a los métodos subjetivistas y burocráticos, y eliminar éstos valiéndose de los primeros. Los subjetivistas y los burócratas no comprenden el principio de ligar la dirección con las masas ni el de combinar lo general con lo particular, y obstaculizan enormemente la marcha del trabajo del Partido. Para combatir los métodos de dirección subjetivistas y burocráticos, es necesario generalizar y hacer arraigar los métodos de dirección científicos marxistas. (Mao Tsé-tung: Algunas cuestiones sobre los métodos de dirección)