INTRODUCCIÓN4

Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo pero de lo que se trata es de transformado.

MARX: Tesis sobre Feuerbach, núm. 11

 

¿Qué significa este paso de la interpretación del mundo a su transformación anunciado por Marx, en la tesis 11 sobre Feuerbach? ¿Necesidad de abandonar la teoría para pasar a la acción?, es decir, ¿necesidad de abandonar el escritorio y los libros para comprometerse en forma exclusiva en una acción política revolucionaria?

Muchos jóvenes latinoamericanos, cansados de la verborrea revolucionaria que jamás llega a producir ningún hecho político que transforme, realmente, las condiciones de miseria y explotación de las grandes masas de trabajadores de América Latina, caen en la tentación de interpretar esta frase como un paso de la teoría a la acción, como si toda teoría fuera sólo interpretación del mundo y como si toda acción implicara una transformación de éste.

Si así fuera, para ser consecuente, Marx debería haber abandonado los libros, el estudio, para dedicarse en forma exclusiva al trabajo político. Sin embargo, hasta su muerte, el trabajo intelectual ocupa gran parte de sus días, sin que por ello descuide la acción política inmediata.

La vida de Marx nos plantea, por lo tanto, una disyuntiva: o Marx no fue consecuente con su afirmación de la necesidad de pasar de la interpretación a la transformación del mundo, o considera que no puede existir transformación de éste sin un conocimiento previo de la realidad que se quiere transformar, sin un conocimiento previo de cómo ella está organizada, cuáles son sus leyes de funcionamiento y desarrollo, qué fuerzas sociales existen para realizar los cambios, es decir, sin un conocimiento científico de ella.

No cabe duda que esta última es la posición de Marx.

La tesis 11 sobre Feuerbach no anuncia la muerte de toda teoría, sino una ruptura con las teorías acerca del hombre, la sociedad y su historia, que hasta ese momento eran teorías filosóficas que se limitaban a contemplar e interpretar el mundo, siendo incapaces de transformado porque no conocían el mecanismo de funcionamiento de las sociedades.

Lo que hasta ese momento existía, en relación con la sociedad y su historia, eran: o bien teorías filosóficas acerca de la historia o filosofías de la historia, o bien narraciones históricas y análisis sociológicos que se limitaban a describir los hechos que ocurrían en las distintas sociedades. Lo que no existía era un conocimiento científico de las sociedades y de su historia.

La tesis 11 sobre Feuerbach indica, por lo tanto, una ruptura con todas las teorías filosóficas acerca del hombre y de la historia que no hacen sino interpretar el mundo, y anuncia la llegada de una teoría científica nueva, la teoría científica de la historia o materialismo histórico, que funda un campo científico nuevo: la ciencia de la historia, de la misma manera que la teoría científica de Galileo funda un nuevo campo científico, la ciencia física.

Detengámonos un momento a analizar el significado de esta palabra "teoría" tan empleada en el lenguaje científico.

De la misma manera que en el proceso de producción material se pretende transformar una materia prima determinada (por ejemplo el cobre) en un producto determinado (por ejemplo, cañerías, cables eléctricos, etc.) mediante la utilización por parte de los trabajadores de medios de trabajo especializados (máquinas e instrumentos, etc.), en el proceso de producción de conocimientos se pretende transformar una materia prima determinada (una percepción superficial, deformada, de la realidad) en un producto determinado (un conocimiento científico, riguroso, de ella). Esta transformación la realizan los trabajadores intelectuales utilizando instrumentos de trabajo intelectual determinados, fundamentalmente: la teoría y el método científicos. Se llama teoría al cuerpo de conceptos más o menos sistemáticos de una ciencia. Se llama método a la forma en que son utilizados estos conceptos.

Toda teoría científica, por lo tanto, tiene el carácter de instrumento de conocimiento; ella no nos da un conocimiento de una realidad concreta, pero nos da los medios o instrumentos de trabajo intelectual que nos permiten llegar a conocerla en forma rigurosa, científica.

Cuando se habla, entonces, de teoría marxista de la historia se está hablando de un cuerpo de conceptos abstractos que sirve a los trabajadores intelectuales como instrumento para analizar, en forma científica, las diferentes sociedades, sus leyes de funcionamiento y desarrollo.

Pero aquí es necesario hacer una aclaración. En la teoría marxista de la historia es necesario distinguir entre los conceptos más generales, que conforman lo que Marx denominó: el hilo conductor de sus investigaciones, y los conceptos específicos que conforman la teoría de cada modo de producción.

Los conceptos generales que permiten al autor de El capital abordar el estudio de la historia desde un punto de vista científico, es decir, materialista, son los siguientes: proceso de producción, fuerzas productivas, relaciones de producción, infraestructura, superestructura, estructura ideológica, estructura jurídico-política, modo de producción, formación social, coyuntura política, determinación en última instancia por la economía, autonomía relativa de los otros niveles, clases sociales y lucha de clases, revolución, etcétera.

Se trata de un cuerpo de conceptos que posee una organización interna, es decir, que está estructurado de una manera sistemática. Esta estructura sistemática típica que unifica todos los elementos esenciales que conforman el pensamiento de un autor es lo que de nominaremos "problemática".5

Los primeros fundamentos de este cuerpo de conceptos, aunque todavía muy frágiles, se encuentran en La ideología alemana (1845-1846). Por ello, se puede considerar que esta obra marca una verdadera revolución teórica en el pensamiento de sus autores. Marx y Engels, al abandonar la problemática antropológica de sus obras anteriores y crear una nueva problemática, inauguran una ciencia nueva allí donde antes reinaban las filosofías de la historia; allí donde no existían sino filosofías de la historia y narraciones de hechos históricos empíricos.

¿Cuál es la envergadura de este descubrimiento científico?

Para explicarlo utilicemos una imagen empleada por Louis Althusser. Si consideramos los grandes descubrimientos científicos de la historia humana, podríamos imaginamos las diferentes ciencias como formaciones regionales de grandes "continentes" teóricos. Podríamos afirmar que antes de Marx sólo habían sido descubiertos dos grandes continentes: el continente Matemáticas por los griegos (Tales o lo que el mito de este nombre así designa) y el continente Física por Galileo y sus sucesores. Una ciencia como la química fundada por Lavoisier es una ciencia regional del continente Física. Una ciencia como la biología, al integrarse a la química molecular, entra también en este mismo continente. La lógica en su forma moderna entra en el continente Matemáticas. Por el contrario, es muy posible que Freud haya descubierto un nuevo continente científico.6

Si esta metáfora es útil podría afirmarse que Marx abrió al conocimiento científico un nuevo continente: el continente de la Historia.

Esta nueva ciencia fundada por Marx es una ciencia "materialista" como toda ciencia, y por ello su teoría general tiene el nombre de materialismo histórico. La palabra materialismo indica simplemente la actitud estricta del sabio frente a la realidad de su objeto, que le permite captar, como dirá Engels, "la naturaleza sin ninguna adición desde fuera". Pero, la expresión "materialismo histórico" es, sin embargo, algo extraña, ya que las otras ciencias no emplean la palabra "materialismo" para definirse como tales. No se habla, por ejemplo, de materialismo químico, o de materialismo físico. El término materialismo, utilizado por Marx para designar la nueva ciencia de la historia, tiene por objeto establecer una línea de de marcación entre las concepciones idealistas anteriores y la nueva concepción materialista, es decir, científica de la historia.7

Hasta aquí hemos hablado del materialismo histórico y de la gran revolución teórica que su aparición provocó. Ahora debemos preguntamos: ¿la teoría marxista se reduce al materialismo histórico, es decir, a una teoría científica?

No, la teoría marxista está compuesta de una teoría científica: el materialismo histórico, y de una filosofía: el materialismo dialéctico, que no es objeto de este libro. Sólo queremos adelantar aquí que Marx no elaboró en forma sistemática la nueva filosofía por él fundada y que es en El capital donde podemos encontrar los elementos más avanzados para realizar este trabajo, ya que es en esta obra donde está genialmente empleada la dialéctica materialista en forma práctica.

Igual cosa ocurre casi siempre con los conceptos generales del materialismo histórico. Ni Marx ni Engels definen en forma metódica en lugar alguno de su extensa obra lo que entienden por fuerzas productivas, relaciones de producción, modo de producción, etc. Sin embargo, constantemente emplean estos conceptos generales para analizar el modo de producción capitalista y situaciones históricas concretas en las que domina este modo de producción. A través de El capital el proletariado internacional pudo conocer las razones de su miseria y los medios para acabar con ella de manera revolucionaria. Los prodigiosos descubrimientos de Marx y Engels permitieron a las masas obreras dar una orientación correcta a sus luchas. El régimen capitalista había sido puesto al desnudo. Se analizaban las condiciones de su nacimiento, de su desarrollo y de su destrucción.

Se señalaban así cuáles eran las condiciones objetivas de la revolución. La época de las utopías había terminado.

Este cuerpo de conceptos que no fue desarrollado en forma sistemática por sus creadores, ha sido elaborado en forma desigual por sus sucesores. Los conceptos pertenecientes a la infraestructura, por ejemplo, han sido mejor elaborados que los pertenecientes a la superestructura. Esto no se debe al azar, sino al hecho de que éstos son los conceptos utilizados más frecuentemente por Marx en el análisis de la estructura económica del modo de producción capitalista. Estudiando la forma en que Marx los emplea en El capital se ha podido llegar a una elaboración más sistemática de ellos, aunque todavía insuficiente en muchos aspectos. La mayor parte de los otros conceptos permanece, por el contrario, en estado de "conceptos prácticos" (más que procurar un conocimiento indican las líneas generales que deben guiar la investigación).

Ahora bien, el estado poco desarrollado de muchos aspectos de la teoría marxista no debe descorazonarnos, sino que, por el contrario, debe impulsamos a un estudio profundo y crítico de todo lo que ya existe y a una elaboración de los conceptos generales que son urgentes para el análisis de nuestras sociedades. Además, no debemos olvidar que los revolucionarios rusos, chinos, vietnamitas, cubanos, nicaragüenses, etc., no esperaron que la teoría marxista estuviera completamente desarrollada para comprometerse en la lucha revolucionaria. Y, por último, ha sido lo aprendido en la lucha misma lo que ha ayudado a desarrollar la teoría.

Tampoco debemos olvidar que la teoría marxista es sólo uno de los aspectos de la formación teórica de un militante revolucionario.

Si se nos pidiera señalar cuáles deberían ser las grandes líneas de una formación de este tipo diríamos que:

El primer aspecto de la formación de un militante revolucionario es el estudio de la teoría marxista. La historia nos muestra que es la unión de la teoría marxista y el movimiento obrero lo que dio a los hombres de nuestro tiempo la posibilidad de "transformar el mundo", de "hacer la revolución".

Ahora, para estudiar la teoría marxista no basta con detenerse en el examen riguroso de los conceptos generales que conforman la problemática materialista de la historia. Es necesario estudiar la teoría específica de cada modo de producción, y en particular la teoría del modo de producción capitalista, sin cuya comprensión es imposible comprender la sociedad en que vivimos.

Pero, aunque la teoría marxista es fundamental para la constitución de un movimiento revolucionario serio que pase del romanticismo y del voluntarismo revolucionario a una etapa de realismo y de preparación efectiva para la acción, ella, por sí sola, no basta.

El segundo aspecto que no debe olvidarse en la formación de un militante revolucionario es la aplicación creadora de la teoría marxista a la realidad concreta de su país.

No existen revoluciones en general, sólo existen revoluciones particulares, adaptadas a la situación de cada país.

Es necesario combatir el estudio que se hace frecuentemente del marxismo, no en función de las necesidades prácticas de la revolución, sino simplemente para adquirir un nuevo conocimiento.

Es necesario estudiar la historia de nuestros países, conocer las características específicas de nuestras formaciones sociales. Estudiar lo que define a nuestra estructura económica, la forma en que se combinan las diferentes relaciones de producción, cuál es la relación que domina, dónde está el punto fuerte y el punto débil de esta estructura. Estudiar la estructura ideológica, las ideas que dominan en las masas. Estudiar la estructura del poder, las contradicciones internas de ese poder, etcétera.

Este estudio de nuestras formaciones sociales concretas debe realizarse recogiendo el mayor número de datos acerca de esta realidad, criticándolos a la luz de los principios generales del marxismo-leninismo para poder obtener conclusiones correctas.

El tercer aspecto de la formación de un militante revolucionario es el estudio de la coyuntura política de su país y a nivel mundial. No basta conocer la historia de un país, conocer su etapa actual de desarrollo, es necesario pasar a un nivel más concreto, al estudio del "momento actual" de la lucha de clases en ese país y a nivel mundial, es decir, al estudio de la coyuntura política. Es fundamental determinar cuáles son los amigos y los enemigos de la revolución en cada etapa de su desarrollo, determinar el poder económico, político, militar y cultural de cada uno de los grupos que se enfrentan, etcétera.

Para evitar el teoricismo ineficaz y el practicismo sin sentido, es necesario que todo militante revolucionario llegue a formarse, de una manera más o menos profunda, en los tres aspectos que hemos señalado.

Ahora bien, el objetivo de este libro es ser útil a quienes se inician en el estudio del marxismo, proporcionándoles una exposición pedagógica de los conceptos generales del materialismo histórico. Si hemos hecho referencias a modos de producción específicos: servil, capitalista, comunista, ha sido únicamente para ayudar a la comprensión de los conceptos generales aquí desarrollados. De modo alguno hemos pretendido exponer pedagógicamente, con toda la rigurosidad y profundidad requeridas, las teorías específicas de los modos de producción anteriormente señalados, cuyo conocimiento es, por lo demás, absolutamente indispensable para llegar a dominar los instrumentos teóricos sin los cuales es imposible un análisis científico de la realidad concreta de cada país y de la actual situación mundial, tarea propia de cada movimiento revolucionario.

Los conceptos generales que conforman la problemática del materialismo histórico, desentrañados de los textos clásicos mediante el método de trabajo teórico y de lectura crítica que aprendimos estudiando las obras de Louis Althusser, principalmente, y de sus colaboradores, sirven a su vez para que nuestros lectores puedan ahondar en el estudio de la ciencia de la historia inaugurada por Marx y Engels y desarrollada creadoramente por Lenin.

Este libro no pretende ser una exposición enciclopédica de toda la producción marxista existente en torno a los temas tratados. Sólo pretende profundizar en la herencia teórica que nos han dejado los fundadores de la ciencia de la historia, cuya lectura unilateral y acrítica ha transformado muchas veces al marxismo en un dogma, en una doctrina fosilizada, en un antimarxismo, en lugar de presentarla como una ciencia viva, esencialmente dispuesta a renovarse frente a los nuevos desafíos teóricos y prácticos que le presente la historia.

Para cumplir nuestro objetivo hemos empezado por el concepto de producción ya que es el concepto-base de la teoría marxista: es la producción de bienes materiales lo que servirá de "hilo conductor" para explicar los otros aspectos de la sociedad. Luego hemos estudiado los conceptos de: relaciones de producción, fuerzas productivas, estructura económica, infraestructura y superestructura, estructura ideológica, estructura jurídicopolítica, modo de producción, formación social, coyuntura política, transición. Todos estos conceptos, que son fundamentales para el estudio científico de la estructura social, son estudiados en la primera parte de este libro.

Luego viene una segunda parte, que estudia los efectos de la estructura social sobre los individuos que la habitan y la acción que ellos pueden ejercer sobre esta estructura: las clases sociales y la lucha de clases. Por último, la tercera parte se refiere a la teoría marxista de la historia y nos da una visión de conjunto del aporte de Marx y Engels sobre este punto. Lo "normal" aparentemente hubiera sido empezar por esta visión de conjunto, como lo hacen todos los manuales; sin embargo, para formular esta visión de conjunto en forma científica y comprensible para el lector es necesario recorrer el arduo camino del estudio sistemático y riguroso de todos los conceptos anteriores.

El cuestionario que figura al término de cada capítulo tiene por objetivo principal evitar la repetición memorística de su contenido dirigiendo la mirada del lector hacia el análisis de su propia realidad. La asimilación crítica y creadora de estos conceptos generales sólo se pone a prueba cuando se aplica a la historia concreta, cuando sirven de instrumentos para conocer una realidad que no está contenida en dichos conceptos.

Hay preguntas que difícilmente pueden responderse sin un estudio de la teoría específica de cada modo de producción. Nuestra intención es impulsarlos a ese estudio; no deben quedar satisfechos con el material pedagógico que este libro les entrega.

La bibliografía que sigue a este cuestionario pretende facilitar el estudio crítico de su contenido, señalando las fuentes en las que se basó nuestro trabajo.

La bibliografía general que figura al final del libro señala los principales textos que deben ser leídos en una primera etapa de formación. Cada texto está acompañado por un comentario crítico cuyo fin es orientar la lectura. Al final de esta bibliografía, en la que los textos de cada autor figuran en un orden cronológico, se dan sugerencias concretas de la manera en que puede organizarse en forma más efectiva la lectura de ellos.

El contenido de este trabajo no debe ser considerado como un dogma sino como un esfuerzo de investigación y exposición pedagógica de un cierto número de instrumentos de trabajo teórico. Si alguno de estos instrumentos, en lugar de facilitar el conocimiento de una realidad social concreta, lo dificulta, no cabe duda que debe ser modificado, perfeccionado, o, en un caso extremo, abandonado.

Por último queremos agradecer muy especialmente a nuestro profesor y amigo Louis Althusser y a todos los que de una u otra manera han hecho posible la realización de este trabajo que ha sido el fruto de un verdadero trabajo colectivo y advertir a nuestros lectores que habrá sido absolutamente estéril si sólo se limitan a aumentar el campo de los conocimientos acerca de la teoría marxista. Recordemos que el objetivo último de Marx fue transformar el mundo.