CAPÍTULO III - LAS FUERZAS PRODUCTIVAS

1. Las fuerzas productivas.

2. Socialización de las fuerzas productivas.

3. Contradicción fuerzas productivas / relaciones de producción en el capitalismo.

4. Correspondencia y no correspondencia entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción.

5. El papel de la ciencia en el desarrollo de las fuerzas productivas.

 

1. LAS FUERZAS PRODUCTIVAS

En los capítulos anteriores hemos estudiado los elementos del proceso de trabajo y hemos visto que los medios de trabajo son los elementos determinantes de este proceso, aquellos que determinan la forma en que se va a producir y, por lo tanto, el tipo de relaciones técnicas que se pueden establecer entre los trabajadores y los medios de producción. Hemos visto, además, cómo estas relaciones técnicas están sobredeterminadas por las relaciones sociales de producción. Y todo esto nos ha servido para comprender uno de los conceptos fundamentales del marxismo, el concepto de relaciones de producción.

Ahora debemos examinar otro concepto fundamental: el concepto de fuerzas productivas.

Marx nos dice en el Prólogo a la contribución a la crítica de la economía política:

En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus FUERZAS PRODUCTIVAS materiales [...] En un estadio determinado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes [...]

¿Qué entender entonces por fuerzas productivas? Las fuerzas productivas no serían aparentemente sino los elementos del proceso de trabajo considerados desde el punto de vista de su potencialidad productiva, especialmente la fuerza de trabajo39 y el medio de trabajo.40

Sin embargo, para dar cuenta de las fuerzas productivas propiamente tales no es posible examinar los elementos del proceso de trabajo en forma aislada.

Cuando Marx estudia la manufactura, por ejemplo, nos muestra cómo la división técnica del trabajo dentro de ella y las formas de trabajo colectivo que allí se establecen no sólo aumentan las fuerzas productivas individuales, sino que producen fuerzas productivas nuevas que no se limitan a ser una simple suma de las fuerzas que allí se combinan.

El solo hecho de que los obreros trabajen en un local común, aunque sólo sea bajo formas de cooperación simple, aumenta la productividad de la fuerza de trabajo al desarrollar el espíritu de competencia entre los diferentes trabajadores. Luego, cuando se establecen formas de cooperación compleja, la especialización de los obreros en diferentes tareas y la coordinación del conjunto de ellas en un solo trabajador colectivo produce un aumento notable de las fuerzas productivas de ese grupo de trabajadores. La diferencia entre la suma de las fuerzas productivas individuales y la fuerza productiva del trabajador colectivo es cada vez mayor. Nace así una fuerza productiva nueva que, bajo las condiciones capitalistas de producción, pasa a ser propiedad del capitalista sin que éste tenga que pagar por ella la más mínima cantidad de dinero.

Después de lo dicho anteriormente, podemos comprender por qué sostenemos que para dar cuenta de las fuerzas productivas reales no podemos pensar en los elementos aislados unos de otros.

Ahora bien, el factor decisivo en hacer que los elementos potencialmente productivos pasen a tener una productividad real es la fuerza de trabajo del hombre. Él es el único que puede poner en acción los medios de producción. Sin el trabajo del hombre, los medios de producción sólo tienen un carácter potencialmente productivo. Por eso Marx, al pensar en el desarrollo de las fuerzas productivas, piensa en la forma en que la productividad del trabajo humano aumenta al utilizar talo cual medio de' producción.

Después de lo dicho anteriormente pensamos que deberíamos distinguir entre fuerzas productivas potenciales, que serían los elementos del proceso de trabajo considerados en forma aislada, y fuerzas productivas propiamente dichas, que serían aquellas que nacen de una combinación históricamente determinada de estos elementos.

Creemos que es en este sentido en el que puede interpretarse el siguiente texto de Marx:

Sean cuales fueren las formas sociales de la producción, sus factores son siempre los trabajadores y los medios de producción. Pero unos y otros sólo lo son potencialmente si están separados. Para que se produzca, en general, deben combinarse. La forma especial en que se lleva a cabo esta combinación distingue las diferentes épocas económicas de la estructura social.41

Ahora bien, estas distintas combinaciones producen diferentes resultados productivos, los que pueden medirse por el grado de productividad del trabajo.42

Las fuerzas productivas de una sociedad crecen, se desarrollan, se perfeccionan, en el transcurso de la historia. Y este desarrollo está determinado, fundamentalmente, por el grado de desarrollo de los medios de trabajo.

El paso de los instrumentos de piedra a los instrumentos de metal permite, por ejemplo, un aumento importante de la productividad del trabajo en los pueblos primitivos, aumentando así el desarrollo de las fuerzas productivas.

Lo mismo ocurre con la introducción de la máquina-herramienta en la producción capitalista. El grado de desarrollo de las fuerzas productivas crece, desde entonces, en una forma vertiginosa.

Ahora bien, es importante señalar que el ritmo y carácter que toma este desarrollo de las fuerzas productivas depende en forma directa de la naturaleza de las relaciones de producción bajo las cuales se desarrolla el proceso de trabajo.

Es la forma capitalista de acumulación propia de la etapa premonopolista la que produce la integración masiva de la máquina-herramienta en el proceso de producción, dando a través de ello un gran impulso al desarrollo de las fuerzas productivas en este modo de producción.

Sin embargo, este mismo proceso de acumulación es el que, posteriormente, en la etapa monopolista, tiende a frenar el desarrollo de las fuerzas productivas, como lo veremos más adelante.

El desarrollo de las fuerzas productivas no es, por lo tanto, un desarrollo lineal ni acumulativo: es un desarrollo que depende de la estructura del proceso de producción: de las relaciones de los agentes entre sí y de los agentes con el medio de producción, es decir, de las relaciones de producción.

Ahora bien, ¿cómo entender entonces las afirmaciones de Marx que dicen relación con el carácter determinante que las fuerzas productivas tienen sobre las relaciones de producción? ¿Acaso al decir que son estas relaciones las que determinan el ritmo y la forma de desarrollo de las fuerzas productivas estamos negando lo planteado por Marx?

Pensamos que no. Pensamos que cuando Marx, Engels y Lenin emplean las palabras: base, raíz, condiciones, condiciones sine qua non, soporte, etc., para explicar la relación que existe entre fuerzas productivas y relaciones de producción, lo que están haciendo es señalar el papel determinante que tiene el desarrollo del medio de trabajo en la creación de ciertas condiciones materiales que hacen posible el establecimiento de determinadas relaciones de producción.

Cada vez entendemos mejor entonces el texto de Marx que afirma que los instrumentos de trabajo indican por una parte el grado de desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre y, por otra, las condiciones sociales en que se trabaja.

Indican el grado de desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre porque la productividad de su trabajo depende fundamentalmente del tipo de medio de trabajo que utiliza. No se puede comparar el grado de productividad de un trabajo realizado con un tractor al de un trabajo realizado con una carreta de bueyes.

Indican las condiciones sociales en que se trabaja porque las características técnicas del instrumento de trabajo dan lugar a un determinado tipo de estructura del proceso de trabajo, sobre el cual se apoyan determinadas relaciones de producción. Ya hemos visto, en el capítulo anterior, cómo la introducción de la máquina-herramienta produce un cambio muy importante en la estructura del proceso de trabajo, que se caracteriza, por una parte, por convertir el proceso de trabajo en un proceso altamente socializado en que el trabajo colectivo responde a una necesidad técnica y, por otra, al estar los medios de producción en manos de los capitalistas, la máquina, en lugar de liberar al trabajador, lo esclaviza más. Sin las máquinas de operaciones combinadas no podría existir la explotación capitalista a gran escala, pero, a la vez, estas máquinas, bajo otras relaciones de producción, pueden transformarse en instrumentos para liberar al hombre en lugar de embrutecerlo.

Antes de estudiar qué se entiende por carácter cada vez más social de las fuerzas productivas, con lo cual podremos desarrollar más lo que se entiende por contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción, definamos algunos conceptos.

Llamaremos FUERZAS PRODUCTIVAS POTENCIALES a los elementos del proceso de trabajo cuando ellos son considerados, en forma aislada de éste, desde el punto de vista de su productividad potencial.

Llamaremos FUERZAS PRODUCTIVAS propiamente tales a las fuerzas que resultan de la combinación de los elementos del proceso de trabajo bajo relaciones de producción determinadas. Su resultado es una determinada productividad del trabajo.

Mediremos el grado de desarrollo de las fuerzas productivas por el grado de PRODUCTIVIDAD del trabajo.

 

2. SOCIALIZACIÓN DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS

Ahora, cuando Marx se refiere al desarrollo de las fuerzas productivas está, sin duda, pensando en el desarrollo y perfeccionamiento de los elementos que conforman el proceso de trabajo y que permiten al hombre hacer su trabajo cada vez más productivo.

Por una parte, se desarrolla la habilidad del trabajador para manipular su instrumento de trabajo; por otra parte, el hombre va perfeccionando estos instrumentos; por último, surgen formas de trabajo colectivo que aumentan el rendimiento del trabajo individual.

La producción artesanal que se caracteriza por ser un proceso de producción individual es superada por la producción industrial en la que el proceso de producción tiene un carácter social. Los medios de producción sólo pueden ser puestos en marcha por un conjunto de trabajadores y, por lo tanto, ninguno de ellos puede decir que el producto de su trabajo especializado es su producto. La producción se transforma de una serie de actos individuales en una serie de actos sociales, y los productos, de productos individuales en productos sociales.

Este carácter cada vez más social que van tomando las fuerzas productivas no debe ser reducido solamente a la socialización del proceso de trabajo dentro de la fábrica, como parecen plantear algunos textos marxistas.

La socialización de las fuerzas productivas desborda ampliamente el marco de la fábrica. Ella depende principalmente de dos factores: a] el origen cada vez más social de los medios de producción, y b] el destino cada vez más social del producto.

a] Origen cada vez más social de los medios de producción43

Por origen cada vez más social de los medios de producción debe entenderse el hecho de que estos medios de producción provengan de un número cada vez mayor de ramas de la producción económica. Así, la agricultura primitiva, por ejemplo, se basta a sí misma, es decir, el número de medios de producción de origen no agrícola que utiliza son muy limitados. Pero progresivamente la agricultura necesita para su propia producción medios de producción de origen cada vez más diverso: herramientas más complejas, desinfectantes, energía eléctrica, material eléctrico, etc. Lo mismo ocurre en cada rama de la industria, trátese de las industrias extractivas o, más aún, de las industrias de transformación.

La socialización creciente de las fuerzas productivas se manifiesta, por lo tanto, en el hecho de que cada rama de la producción necesita de medios de producción que tienen orígenes cada vez más diversos. Este proceso es una contrapartida de la mayor división del trabajo y de la especialización creciente de las actividades económicas.

b] Destino cada vez más social del producto44

Por destino cada vez más social del producto es necesario comprender el hecho de que los productos que son el resultado de un proceso de producción están destinados, generalmente, a un número creciente de utilizado res, sea directa o indirectamente.

Este fenómeno implica diversos aspectos, especialmente los siguientes:

1] Cada rama de la producción trabaja directa o indirectamente para un número creciente de otras ramas. Esto no es sino la otra cara de la creciente división del trabajo social. Así, por ejemplo, la industria química, que cuando aparece por primera vez como sector distinto de la producción no trabaja sino para un número pequeño de industrias, ve multiplicarse progresivamente el campo de la utilización de sus productos. En la actualidad el campo de utilización de la industria química es casi universal. Se extiende a la agricultura, a las industrias extractivas, a las industrias metalúrgicas (especialmente en el tratamiento de los metales), etc. Si se tiene en cuenta las utilizaciones indirectas, se ve que actualmente cada rama de la producción trabaja por todas las otras ramas y sufre, por lo tanto, también las repercusiones de todas las variaciones que pueden ocurrir en cualquier sector de la economía.

2] El destino cada vez más socia! del producto se manifiesta también bajo otra forma, si se examina la dimensión de la colectividad que es servida por una unidad de producto. Con el progreso de las fuerzas productivas esta dimensión va generalmente (aunque no necesariamente) creciendo. Así va pasando sucesivamente de local a microrregional, regional, nacional e internacional.

La necesidad de la propiedad del estado sobre ciertos medios de producción es tanto más fuerte cuanto más son utilizados estos medios en actividades (o unidades económicas) más fuertemente integradas en la división del trabajo social, sea por la naturaleza misma de los medios de producción que son puestos en acción en ella, sea por el destino de sus productos.

En resumen, la socialización de las fuerzas productivas no se limita sólo a lo que ocurre dentro de las fábricas, sido que se refiere fundamentalmente a la interdependencia creciente de los diversos sectores de la economía nacional y mundial.

Se llama SOCIALIZACIÓN DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS al carácter cada vez más socializado del proceso de trabajo en un proceso de producción determinado y a la interdependencia cada vez mayor que existe entre los diversos sectores de la producción social.45

Cada capitalista depende cada vez más de todos los capitalistas. Éste no era el caso de las pequeñas

industrias aisladas unas de otras y trabajando para un mercado muy reducido. Si una de ellas se paraba, no se provocaba sino una perturbación local. Por el contrario, una paralización en una gran empresa consagrada a una industria muy especializada, cuyos productos son utilizados en innumerables otras empresas, puede provocar un trastorno en toda la sociedad.

Por otra parte, es esta socialización creciente de las fuerzas productivas de la sociedad lo que ha llevado, aun a los países que se rigen por las leyes del sistema capitalista de producción, a reconocer la necesidad cada vez más urgente de planificar la economía y de transformar en propiedad del estado aquellos sectores que son fundamentales a la marcha de la economía global.

 

3. CONTRADICCIÓN FUERZAS PRODUCTIVAS / RELACIONES DE PRODUCCIÓN EN EL CAPITALISMO

Los pequeños productores independientes precapitalistas, por ejemplo: un pequeño campesino, un carpintero, etc., son personas que trabajan con sus propios medios de producción (son dueños de sus

instrumentos de trabajo; compran, si es necesario, la materia prima) y venden sus productos en el mercado. En estos casos nadie duda de que el fruto obtenido por la venta de sus productos les pertenezca: se trata del fruto de su propio trabajo personal.

Pero, posteriormente, surge la concentración de los medios de producción en los grandes talleres y fábricas.

Éstos ya no pueden ser puestos en acción por un individuo aislado: requieren del concurso de un gran número de trabajadores y el producto obtenido es el fruto del trabajo colectivo de todos ellos.

Sin embargo, quien se apropia de la mayor parte de este fruto no son los trabajadores que lo produjeron, como ocurre en el caso visto recientemente, sino el propietario de los medios de producción: el capitalista.

Los productos creados ahora socialmente no pasan a ser propiedad de aquellos que realmente ponen en acción los medios de producción, es decir, de los verdaderos productores, sino que pasan a manos del dueño de los medios de producción.

A medida que se desarrolla y expande el capitalismo esta contradicción entre el carácter social de la producción y la forma privada de apropiación capitalista se va agudizando.

Decimos que entra en contradicción cada vez más aguda, ya que, como hemos explicado, desde el comienzo del modo de producción capitalista ha existido una contradicción entre el carácter privado de la propiedad capitalista de los medios de producción y el carácter social que tuvo desde su inicio la fuerza de trabajo, contradicción que no existía en la producción artesanal. Ahora bien, ha sido justamente esta contradicción la que ha servido de mayor impulso al desarrollo de las fuerzas productivas en las primeras etapas del desarrollo capitalista. El capitalista, movido por el afán de ganancia, al reunir bajo su mando a un cierto número de trabajadores, estimuló enormemente el desarrollo de las fuerzas productivas: primero, especializando al máximo a los trabajadores; después, introduciendo la máquina.

Este desarrollo, impulsado por la competencia capitalista, implica, en una primera etapa, la desaparición de los pequeños productores independientes y, luego, la desaparición de los capitalistas más débiles, concentrándose la producción en un número cada vez más restringido de personas, las que por ser dueñas de los medios, de producción disponen también de la mayor parte de la riqueza social obtenida a través de ellos.

En un determinado momento del desarrollo del capitalismo, esto choca con la forma cada vez más social en que se produce esta riqueza y la necesidad de que ésta se reparta en beneficio de toda la sociedad.

Podemos entender ahora por qué Marx afirmó que la contradicción fundamental del capitalismo es la contradicción entre el carácter cada vez más social de las fuerzas productivas y la propiedad privada capitalista, cada vez más concentrada, de los medios de producción. Es esta contradicción la que explica el dinamismo con que se desarrolla el sistema.

Sin embargo, de verdadero motor del desarrollo capitalista se llega a transformar, en un momento determinado de su existencia, en un freno para su desarrollo. La propiedad privada de los medios de producción en el capitalismo, que en un comienzo era una camisa adecuada al grado de desarrollo de las fuerzas productivas, pasa, al crecer éstas, a transformarse en una camisa demasiado estrecha, de la que es necesario deshacerse para poder permitir la libertad de movimientos que requiere la planificación de la producción al servicio de la sociedad.

Al desarrollarse la contradicción fundamental del sistema capitalista se van generando a la vez las condiciones materiales y sociales que permiten su superación, van surgiendo otras contradicciones.

 

a] Contradicción entre la organización de la producción dentro de la fábrica y la anarquía de la producción en el seno de la sociedad

En la primera parte vimos de qué manera la interdependencia cada vez mayor de los distintos sectores de la producción hace necesaria la planificación social para que ésta pueda responder a las necesidades de la sociedad. Sin embargo, esta planificación y destino social de la producción no pueden realizarse porque chocan con la propiedad privada capitalista sobre los medios de producción.

Ella, al crear unidades independientes de producción, obliga a que éstas se relacionen a través del mercado, es decir, a través de las leyes ciegas de la oferta y la demanda. Pongamos un ejemplo: un fabricante de telas se relaciona, a través de la compraventa de las telas en el mercado; con los .industriales que necesitan telas como materia prima para sus industrias (confecciones de ropa, fábricas de sábanas, tapicerías, etc.). No existe un plan que le permita saber al industrial textil cuánto debe producir y cuánto debe dar a cada cliente, ya que existen otros industriales textiles que se pelean por vender a los mismos clientes.

Se produce así una gran anarquía de la producción a nivel social, lo que contrasta con la organización cada vez mayor de la producción dentro de cada empresa. En el interior de las fábricas, algunos capitalistas, movidos por la competencia, introducen todo tipo de medidas y adelantos técnicos para lograr extraer la mayor cantidad de trabajo en el menor tiempo posible de los obreros. Estos capitalistas consiguen así su objetivo de obtener mayores ganancias que sus competidores produciendo a costos menores y pagando iguales o mejores salarios que ellos. El resultado social de esta organización y control estricto dentro de la fábrica es un aumento generalizado de la producción, ya que todos los capitalistas terminan introduciendo estos adelantos. Sin embargo, como a nivel social no existe ningún control ni organización de la producción, rige la ley ciega de la oferta y la demanda. Ella hace variar los precios de los productos a espaldas de los capitalistas y puede echar por tierra, en cualquier momento, las ganancias que los capitalistas individuales se han esmerado tanto en lograr. Así, debido a leyes que nadie controla, unos pocos capitalistas pueden obtener grandes ganancias mientras los otros se arruinan.

La necesidad de planificar la producción social se plantea, entonces, como una necesidad para la propia clase capitalista, que se ve obligada a tomar en cuenta este carácter social de las fuerzas productivas. Los capitalistas tratan de afrontar esta anarquía de la producción social, en el grado que ello es posible, dentro de los marcos del sistema capitalista.

Los grandes productores de una misma rama de la producción se unen para formar un trust, es decir, una agrupación a través de la cual ellos determinan la cantidad total que debe producirse, la cuota que le corresponde a cada miembro y el precio común de la venta de los productos. En esta forma, los capitalistas logran una cierta regulación de la producción pero, como cada uno de ellos cuida ante todo su propia ganancia, estos trusts se desmoronan a la primera mala racha en los negocios. Los capitalistas se ven, entonces, obligados a dar un paso más en la socialización de cada rama: cada rama industrial tiende a convertirse en una gran sociedad anónima. Esto significa que no sólo los grandes capitalistas se asocian, sino que ahora la mayoría de los capitalistas de la rama se encuentran agrupados, lo que facilita la planificación de la producción dentro de ella.

Por último, el sistema va obligando al estado, que representa los intereses de la clase dominante capitalista, a hacerse cargo de aquellas empresas que, por su escasa rentabilidad o por su importancia estratégica para el resto de la producción, conviene que dejen de pertenecer a capitalistas privados y pasen a propiedad del estado.

Así, el estado capitalista entra a "orientar" al conjunto de la economía. Sin embargo, esta solución a la exigencia de organización y planificación de la economía falla constantemente porque ella sólo puede tener un carácter indicativo, es decir, un carácter de consejo. La propiedad privada hace que cada capitalista decida finalmente de acuerdo con sus propios intereses, pasando por encima de las políticas económicas de conjunto.

En todo caso, a pesar de estos límites y del hecho de que quien se beneficia es la minoría capitalista, esto permite a la mayoría vislumbrar la verdadera solución: que la sociedad entera tome posesión de los medios de producción a través del estado para hacerlos producir de acuerdo con una planificación y organización de la producción que beneficie a toda la sociedad.

 

b] Contradicción entre la producción y el consumo

Esta contradicción tiene dos aspectos: el primero es la contradicción entre el volumen de la producción y las posibilidades de consumo de la población.

En el régimen capitalista la producción crece con una enorme rapidez, mientras el consumo, si bien crece también, lo hace de una manera mucho más débil: la situación de pobreza en la que viven las grandes masas de la población no permite que el consumo individual aumente con rapidez.

El capitalismo tiende a producir cada vez más bienes, pero para sobrevivir debe pagar bajos salarios. Y estos bajos salarios crean una demanda limitada de productos. Ésta es una contradicción que no tiene salida dentro del marco del sistema capitalista, y tiende a provocar crisis periódicas de sobreproducción. En la sociedad se produce un exceso de productos que no se consumen porque ellos han rebasado la capacidad de compra de la población. Los productos se acumulan, baja su precio por la menor demanda hasta el punto de que muchos capitalistas quiebran al no poder recuperar el dinero invertido en la producción. Para evitar que los precios de todas las mercaderías se vengan al suelo, los capitalistas se lanzan desesperadamente a destruir las mercancías elaboradas, a quemar los productos, a paralizar la producción, a cerrar las fábricas, es decir, a destruir las fuerzas productivas.

Y ¿que repercusión tiene esto sobre los trabajadores?

Se producen el paro forzoso, el hambre, miseria. Y todo ello no porque escaseen las mercancías, sino precisamente porque se han producido en exceso, sin planificación.

Pero como el capitalismo no puede soportar estas crisis periódicas, ya que ellas lo van debilitando cada vez más, busca diferentes formas de superadas.

Una de ellas es la búsqueda de mercados externos que les permitan a los capitalistas de un país vender en otros países el excedente de producción que no puede circular en el mercado interno de su propio país. Otra es el desarrollo de la industria de guerra. Ella permite, por una parte, absorber una gran cantidad de mano de obra y de excedentes, y, por otra, crea las condiciones materiales que permiten a los capitalistas asegurarse por la fuerza los mercados externos.

Segundo: la contradicción entre el tipo de productos que se fabrica y las necesidades de los consumidores.

La producción se desarrolla no en aquellos sectores donde los productos son más necesarios y urgentes para la inmensa mayoría de la población, sino en aquellos donde los capitalistas pueden obtener más ganancias. Así, se invierte mucho más en productos como: cosméticos, bebidas alcohólicas, automóviles de gran tamaño, etc., que en ropa barata, alimentos, transporte popular, etc. De esta manera, se deforma la producción: se producen artículos de lujo que sólo pueden comprar las capas más acomodadas de la población, mientras el resto carece de los productos más necesarios.

Pero no sólo se deforma en este sentido la producción, sino que, al mismo tiempo, se deforma por la necesidad de la competencia entre capitalistas, entre monopolios. Así, por ejemplo, para poder competir con su rival una industria de pastas debe producir alrededor de cuarenta formas distintas con la misma materia prima, lo que implica una serie de gastos en máquinas especiales para darles estas distintas formas, envases distintos, etc. Mucho más racional sería sacar una variedad menor de formas, pero a un precio más conveniente para la masa de la población.

 

c] Contradicción entre el proletariado y la burguesía

El avance tecnológico, la división del trabajo, la masa de instrumentos de producción puestos en acción por la clase trabajadora producen un grado tal de desarrollo de las fuerzas productivas que éstas generan un excedente económico capaz de responder a las necesidades de toda la sociedad. Por primera vez en la historia se abre la posibilidad de un desarrollo pleno del hombre al liberado de sus necesidades más elementales. Sin embargo, el aumento de la productividad del trabajo, el aumento de la riqueza acumulada no han generado un aumento del bienestar general ni un aumento del tiempo libre para los productores directos de esta riqueza en el sistema capitalista. La introducción de las máquinas en la industria no tuvo por finalidad la liberación del trabajador, sino el aumento de su explotación; en lugar de disminuir la jornada de trabajo, ésta tendió a aumentar. Sólo la lucha organizada de los trabajadores fue logrando reducida a la jornada de ocho horas que hoy existe.

Por otra parte, la introducción masiva de las máquinas va echando al mercado de trabajo a un número creciente de mano de obra asalariada. Estos obreros cesantes forman el llamado ejército de reserva del capitalismo, ya que constituyen una fuerza de trabajo siempre disponible para ser empleada en las nuevas industrias que surjan o para remplazar a los obreros más combativos que son despedidos por sus patrones.

De esta manera, a medida que se desarrolla la contradicción entre la socialización de las fuerzas productivas y la propiedad privada capitalista de los medios de producción, se desarrolla también la contradicción entre el proletariado y la burguesía, es decir, entre los actores de la producción social y los acaparadores de sus frutos, debido a que son propietarios de los medios de producción. Además, esta contradicción entre el proletariado y la burguesía se agudiza por el hecho de que los productores directos no controlan la organización del proceso de producción. Están sometidos a las relaciones técnicas de producción que impone el capitalista (o sus representantes) para aumentar la explotación de los trabajadores. De esta manera, los trabajadores no pueden impedir que los adelantos técnicos que podrían liberados sirvan, por el contrario, para esclavizados a un trabajo mecánico y agotador que no les permite realizarse como individuos.

Ahora bien, la creciente concentración y centralización de la producción en un número cada vez más reducido de capitalistas aumenta, la masa de los desposeídos, de los que tienen que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, sometiéndose a las condiciones de trabajo que impone el capitalista.

Pero, con el desarrollo del sistema, la clase obrera no sólo crece, sino que va concentrándose en zonas industriales, lo que facilita la identificación de los obreros como una clase social explotada por el sistema: sometida al control capitalista dentro de la fábrica y creadora de riquezas que van a parar a manos de los capitalistas.

Por otra parte, la socialización del trabajo dentro de la fábrica crea hábitos de disciplina y solidaridad que ayudan a que esta clase logre darse una organización que le permita destruir el sistema de explotación al que se ve sometida.

Por eso Marx afirmó en el Manifiesto Comunista:

[...] el desarrollo de la gran industria socava bajo los pies de la burguesía las bases sobre las que ésta

produce y se apropia de lo producido. La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables.46

 

4. CORRESPONDENCIA Y NO CORRESPONDENCIA ENTRE FUERZAS PRODUCTIVAS Y RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN

El marxismo sostiene que las fuerzas productivas y las relaciones de producción se desarrollan en una forma desigual. En general, el desarrollo de las fuerzas productivas es un desarrollo constante (aunque pueden existir períodos de estancamiento). Por el contrario, las relaciones de producción no cambian cada día, y tienden, por lo tanto, a quedar retrasadas respecto al desarrollo de las fuerzas productivas. Poco a poco se produce una no correspondencia, las relaciones de producción empiezan a ser inadecuadas para la expansión de las fuerzas productivas, comienzan a obstaculizar, a frenar su desarrollo: un ejemplo de esta no correspondencia es el sistema capitalista monopolista, en el que las fuerzas productivas, que han alcanzado un alto grado de socialización, se ven frenadas por el carácter privado de las relaciones de propiedad.

Por otra parte, el desarrollo de las fuerzas productivas se ve favorecido y estimulado cuando las relaciones sociales de producción corresponden al grado de desarrollo de las fuerzas productivas. Ésta es la llamada LEY DE CORRESPONDENCIA entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Esta noción de "correspondencia" es empleada frecuentemente por Marx y Engels. En el Prólogo a la contribución…, Marx escribe:

En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales.

Es importante detenerse en esta noción de correspondencia, ya que ella impide establecer una relación en sentido único: fuerzas productivas à relaciones de producción. Es decir, impide pensar en las relaciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción como relaciones de causa-efecto.

Las relaciones de producción, como hemos visto, no son simple efecto de las fuerzas productivas. Por ejemplo, El capital nos hace ver que el establecimiento de la manufactura capitalista en el seno de la sociedad feudal no se produjo sólo como un simple efecto de la división del trabajo social ni del perfeccionamiento de los instrumentos de producción. También fue necesaria la participación de un elemento externo a las fuerzas productivas: la acumulación de una cierta cantidad de dinero en las manos de un cierto grupo de personas. El sistema de producción capitalista, para establecerse, requiere de lo que Marx llamó: una acumulación originaria. Ésta no se explica por el solo desarrollo de las fuerzas productivas. Las fuerzas productivas, por lo tanto, son sólo determinantes en última instancia. Es importante no olvidar el término "en última instancia" ya que sirve para establecer una línea de demarcación entre la determinación mecánica en la que el elemento determinado es un simple efecto del elemento determinante o causa, y este tipo diferente de determinación que se realiza dentro de una estructura compleja en la que los otros elementos de la estructura actúan, a su vez, sobre el elemento determinante en última instancia.

Ahora bien, la expresión: "determinación en última instancia" no resuelve el problema teórico. Tiene una utilidad negativa, sirve para descartar el determinismo mecanicista; pero ¿cuál es su contenido positivo? Éste parece ser el de indicar los límites materiales dentro de los cuales pueden establecerse determinadas relaciones de producción.

Antes de que exista un sobreproducto en un grupo social no puede establecerse ningún tipo de relación de explotación.

Antes de que exista un grado importante de socialización de las fuerzas productivas, no se pueden establecer las relaciones socialistas de producción.

Por lo tanto, al estudiar el tipo de determinación realizada por las fuerzas productivas es necesario evitar dos errores importantes: el determinismo mecanicista afirma, por ejemplo, que la socializción de las fuerzas productivas provocará como resultado inevitable el establecimiento de relaciones socialistas de producción, y que, por lo tanto, no queda sino esperar que ello ocurra en forma espontánea.

El segundo error consiste en el menosprecio de los límites mínimos necesarios para establecer las relaciones socialistas de producción. Si no se puede esperar que las condiciones estén absolutamente maduras para establecer las relaciones socialistas de producción, tampoco se pueden implantar estas relaciones por una decisión de tipo político. Obligar, por ejemplo, a los campesinos que están aferrados a sus tierras y que las cultivan en forma individual, con instrumentos muy rudimentarios, a trabajar en forma colectiva, es implantar una medida idealista que no se adecua a las condiciones materiales mínimas necesarias. En cambio, la introducción de tractores y otras máquinas en la agricultura hace que los campesinos comprendan, por las nuevas condiciones de trabajo, la necesidad de un trabajo colectivo y, así, las relaciones de producción socialista podrían establecerse sobre una base firme.

 

 5. PAPEL DE LA CIENCIA EN EL DESARROLLO DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS

Nos referimos, por último, al problema de la relación entre la ciencia y las fuerzas productivas, debido al papel cada vez más importante que ocupa la ciencia en el mundo actual.

Algunos teóricos de la II Internacional se esforzaron por buscar la causa determinante del desarrollo de las fuerzas productivas en el progreso del conocimiento, en los avances de la ciencia. Éste fue el punto de vista de Kaustsky, por ejemplo.

Es evidente que el progreso de la ciencia, especialmente de la ciencia de la naturaleza, ha ejercido una influencia importante sobre el desarrollo de las fuerzas productivas y en particular sobre el desarrollo de la técnica. La gran industria contemporánea sería imposible sin la aplicación de los descubrimientos científicos modernos en el campo de la mecánica, de la física, de la química. La gran agricultura de nuestro tiempo está basada en la aplicación de la química, de la agrobiología, etcétera.

Pero, aunque los conocimientos científicos desempeñan un papel muy importante en el desarrollo de las fuerzas productivas, es erróneo buscar en ellas la causa fundamental y determinante de su desarrollo.

En una carta a Borgius, el 25 de enero de 1894, Engels escribía:

Si, como usted dice, la técnica depende en gran medida del estado de la ciencia, ésta depende a su vez mucho más del estado y de las necesidades de la técnica. Cuando la sociedad tiene una necesidad técnica, esto impulsa más a la ciencia que diez universidades. Toda la hidrostática (Torricelli, etc.) surgió de la necesidad de regular los torrentes de las montañas en la Italia de los siglos XVI y XVII. En electricidad no se hizo nada importante hasta que no se descubrió su aplicabilidad técnica. Pero desgraciadamente en Alemania se ha tomado la costumbre de escribir la historia de las ciencias como si éstas hubiesen caído del cielo.47

Las condiciones económicas y sociales de la producción no determinan solamente la adquisición de ciertos descubrimientos científicos, sino también su aplicación.

Por ejemplo, la propiedad del vapor como fuerza motriz había sido descubierta ya en la antigua Grecia.

Pero, en ese momento, la existencia del sistema de esclavitud hacía innecesaria la utilización de ese descubrimiento, y se opta por el aprovechamiento de la gran cantidad de mano de obra existente.

Las leyes de la competencia capitalista representan, por el contrario, un gran estímulo para el desarrollo de la técnica y, como consecuencia de ello, de la ciencia. Se necesitan constantemente nuevas máquinas, capaces de un mayor rendimiento, para poder producir a costos más y más bajos, y poder ganarse, de esta manera, el mercado. La situación cambia cuando el capitalismo ha llegado a transformarse en capitalismo monopolista.

Los monopolios acaparan las patentes de los inventos para impedir que éstos lleguen a manos de sus

competidores. Una parte ínfima de ellos llega a ser aplicada.

Resumiendo, los descubrimientos científicos crean solamente la posibilidad del desarrollo de las fuerzas productivas, pero depende de las relaciones sociales de producción el que esta posibilidad llegue a convertirse en realidad, es decir, que los descubrimientos científicos se apliquen realmente a la producción.

 

RESUMEN

En este capítulo hemos definido qué entendemos por fuerzas productivas y de qué manera podemos entender que las fuerzas productivas sean determinantes en última instancia de las relaciones de producción, aunque sean estas últimas las que determinen el ritmo y naturaleza de su desarrollo.

Hemos explicado qué se debe entender por socialización de las fuerzas productivas y cómo esta socialización entra en contradicción con las relaciones de producción capitalistas. Hemos expuesto la forma en que los clásicos plantean la correspondencia y no correspondencia entre fuerzas productivas y relaciones de producción aplicando los alcances de los términos correspondencia y determinación en última instancia. Por último, hemos visto brevemente la relación que existe entre el desarrollo científico y el desarrollo de las fuerzas productivas.

En este capítulo hemos visto los siguientes conceptos: fuerzas productivas - socialización de las fuerzas productivas - determinación en última instancia.

 

CUESTIONARIO

l. ¿Sabe usted si las industrias de su país funcionan a plena capacidad instalada, es decir, si su maquinaria funciona al máximo de su rendimiento? Aplique los conceptos de fuerzas productivas potenciales y fuerzas productivas reales a este problema.

2. Los países de América Latina han pasado por crisis económicas ligadas a la crisis mundial del imperialismo en estos últimos años. ¿Cómo se manifiesta esta crisis en su país en relación con el desarrollo de las fuerzas productivas?

3. ¿Por qué en Cuba y en los países socialistas los efectos de esta crisis son mucho menores, y por qué, a pesar de ser menores, sin embargo afectan en alguna medida sus economías?

4. La baja productividad del trabajo de los países de escaso desarrollo, comparada con la alta productividad de los países desarrollados, ¿se debe a factores humanos o a factores técnicos? ¿Qué haría usted para aumentar la productividad del trabajo en su país? ¿Tiene algo que ver el sistema educacional en el mayor o menor rendimiento del trabajo?

5. ¿Se puede decir que el desarrollo de relaciones capitalistas en el campo en su país ha estimulado el desarrollo de las fuerzas productivas?

6. ¿Cuál es el papel que han desempeñado las empresas transnacionales en el desarrollo de las fuerzas productivas de su país?

7. ¿En qué sentido favorece la lucha de la clase obrera la creciente socialización de las fuerzas productivas?

8. Analizando el grado de socialización que estas fuerzas han alcanzado en, su país, ¿cuáles son los sectores estratégicos cuya paralización haría muy, difícil el funcionamiento del resto de la economía nacional?

9. ¿Cómo se manifiesta la contradicción fuerzas productivas / relaciones de producción en su país? ¿Cree usted que puede decirse que esta contradicción ha llegado a su fase antagónica?

10. ¿Puede colectivizarse completamente el agro en el caso de una revolución socialista en su país? ¿Decisiones de este tipo deben tener en cuenta el desarrollo de las fuerzas productivas o pueden prescindir de él?

11. ¿Cómo se manifiesta en los países de escaso desarrollo el problema de la correspondencia o no correspondencia entre fuerzas productivas y relaciones de producción? ¿Puede este problema resolverse sólo en el nivel, interno o hay que tener en cuenta el desarrollo capitalista mundial?

 

BIBLIOGRAFÍA

BETIELHEIM, CH., "Les cadres sociaux-économiques et l'organisation de la planification sociale", en Études de Planification Socialiste, núms. 1-2, pp. 23-25 (sobre la socialización...)

LENIN. V. I., ¿Quiénes son los "amigos del pueblo" y cómo luchan contra los Socialdemócratas?, en Escritos económicos (1893-1899), vol. 2, pp. 56-58 y en Obras completas t. 1, pp. 186-187 (sobre la socialización...)

MARX, K., El capital, t, 2, cap. XI, pp. 391-408; cap. XII, pp. 409-416; cap. XIII, pp. 451-480 (sobre el concepto de fuerzas productivas como resultado de la combinación de los elementos del proceso de trabajo bajo relaciones de producción determinadas); especialmente pp. 466-467 (sobre la socialización...)

MARX, K., carta a Annenkov del 28 de diciembre de 1846, en Obras escogidas en 3 tomos, t. 1, pp. 531- 542 (sobre correspondencia fuerzas productivas / relaciones de producción).

 

MODIFICACIONES INTRODUCIDAS EN ESTA EDICION

Este capítulo, uno de los que más reestructuraciones sufrió para la 6a. edición revisada, ahora no sufre ninguna transformación de fondo. Sólo se agrega el punto 4 para ilustrar la forma en que se manifiesta en el capitalismo la contradicción fuerzas productivas / relaciones de producción.