Capítulo III

EL MATERIALISMO

 

I. ¿Por qué debemos estudiar el materialismo?

Hemos visto que, para responder a este problema: ¿Cuáles son las relaciones entre el ser y el pensamiento?", no puede haber más que dos respuestas opuestas y contradictorias.

Hemos estudiado en el capítulo precedente la respuesta idealista y hemos visto los argumentos presentados para defender esta filosofía.

Nos falta, pues, examinar la segunda respuesta a este problema fundamental (problema -repetimos, - que se encuentra en la base de toda filosofía) y ver cuáles son los argumentos que el materialismo aporta en su defensa. Tanto más, cuanto que sabemos que el materialismo es, para nosotros, una filosofía muy importante, porque es la del marxismo.

Así, pues, es indispensable, en consecuencia, conocer muy bien el materialismo. Debemos hacerlo, sobre todo porque las concepciones de esta filosofía son muy mal conocidas y han sido falsificadas. Debemos hacerlo también porque por nuestra educación, por la instrucción que hemos recibido -sea primaria o desarrollada-, por nuestros hábitos de vivir y de razonar, todos, más o menos, sin darnos cuenta, estamos impregnados de concepciones idealistas. (Veremos, por otra parte, [en otros capítulos, muchos ejemplos que explican esta afirmación).

Es de una necesidad absoluta, pues, para aquellos que quieren estudiar el marxismo, conocer su base: el materialismo.

 

II. ¿De dónde procede el materialismo?

Hemos definido la filosofía, de manera general, como un esfuerzo para explicar el mundo, el universo. Pero sabemos; que, según el estado de los conocimientos humanos, sus explicaciones han cambiado y que, en el transcurso de la historia de la humanidad, dos actitudes han tratado de explicar el mundo: una, anticientífica, que recurre a uno o varios espíritus superiores, a fuerzas sobrenaturales; otra, científica, que se funda en hechos y en experiencias.

Una de esas concepciones es defendida por los filósofos idealistas; la otra, por los materialistas.

Por eso, desde el comienzo de este libro, hemos dicho que la primera idea que debía tenerse del materialismo es que esta filosofía representa la "explicación científica del universo".

Si el idealismo ha nacido de la ignorancia de los hombres -y veremos cómo se mantuvo la ignorancia, sostenida en la historia de las sociedades por fuerzas que compartían las concepciones idealistas-, el materialismo ha nacido de la lucha de las ciencias contra la ignorancia o el oscurantismo.

Por eso esta filosofía fue tan combatida y, aún en nuestros días, en su forma moderna (el materialismo dialéctico), es poco conocida si no ignorada o negada, por el mundo, universitario oficial.

 

III. ¿Cómo y por qué ha evolucionado el materialismo?

Contrariamente a lo que pretenden los que combaten esta filosofía y que dicen que esta doctrina no ha evolucionado desde hace veinte siglos, la historia del materialismo nos muestra esta filósofos como algo vivo y siempre en movimiento.

En el transcurso de los siglos los conocimientos científicos de los hombres han progresado. En los comienzos de la historia del pensamiento, en la antigüedad griega, los conocimientos científicos eran casi nulos y los primeros sabios eran al mismo tiempo filósofos idealistas, surgió un antagonismo entre la filosofía y las ciencias.

Como las ciencias estaban en contradicción con la filosofía oficial de esa época, fue necesario que se separaran. Así pues:

nada es más apremiante para ellas que desembarazarse del fárrago filosófico y dejar a los filósofos las vastas hipótesis para tomar contacto con problemas restringidos, aquéllos que están maduros, para una cercana solución. Entonces se produce esa distinción entre las ciencias... y la filosofía.

Pero el materialismo ha nacido con las ciencias, ligado a ellas y dependiente de ellas ha progresado, evolucionado con ellas, para llegar, con el materialismo moderno, el de Marx y Engels, a reunir de nuevo la ciencia y la filosofía en el materialismo dialéctico.

Estudiaremos esta historia y esta evolución que están vinculadas a los progresos de la civilización, pero desde ahora comprobamos, y es lo más importante de recordar, que el materialismo y las ciencias están ligados uno a las otras y que el materialismo depende en absoluto de la ciencia.

Nos queda por establecer y por definir las bases del materialismo que son comunes a todas las filosofías que, con diferentes aspectos, derivan del materialismo.

 

IV. ¿Cuáles son los principios y los argumentos de los materialistas?

Para responder, hay que volver a la cuestión fundamental de la filosofía, la de las relaciones entre el ser y el pensamiento: ¿cuál de los dos es el principal?

Los materialistas afirman primero que hay una relación determinada entre el ser y el pensamiento, entre la materia y el espíritu. Para ellos, el ser, la materia, es el elemento primordial, la cosa primera, y el espíritu es la cosa secundaria posterior, dependiente de la materia.

Así, pues, para los materialistas, no es el espíritu o Dios quienes han creado el mundo y la materia, sino el mundo, la materia, la naturaleza son los que han creado el espíritu:

El espíritu mismo no es más que el producto superior de la materia.

Por eso, si volvemos sobre la cuestión que hemos planteado en el segundo capítulo: "¿Por qué piensa el hombre?", los materialistas responden que el hombre piensa porque tiene cerebro y que el pensamiento es el producto del cerebro para ellos no puede haber pensamiento sin materia, sin cuerpo.

Nuestra conciencia y nuestro pensamiento, por muy trascendentes que parezcan, sólo son productos de un órgano material, corporal, el cerebro.

Por consiguiente para los materialistas la materia, el ser, son algo real, existe fuera de nuestro pensamiento y no necesitan del pensamiento del espíritu para existir. Sin materia no hay alma inmortal e independiente del cuerpo.

Contrariamente a lo que dicen los idealistas, las cosas que nos rodean existen independientemente de nosotros son ellas las que no dan nuestros pensamientos; y nuestras ideas no son más que el reflejo de las cosas en nuestro cerebro.

Por eso, ante el segundo aspecto de la cuestión de las relaciones del ser y del pensamiento:

¿Qué relación hay entre nuestras ideas sobre el mundo que nos rodea y ese mismo mundo? ¿Está nuestro pensamiento en condiciones de conocer el mundo real? ¿Podemos reproducir, en nuestras concepciones del mundo real, una imagen fiel de la realidad?

Esta cuestión se llama, en lenguaje filosófico, la cuestión de la identidad del pensamiento y del ser.

Los materialistas afirman: ¡Sí!, podemos conocer el mundo, y las ideas que nos hacemos de este mundo son cada vez más exactas, puesto que podemos estudiarlo con ayuda de las ciencias, puesto que éstas nos prueban continuamente, por la experiencia, que las cosas que nos rodean tienen sin duda una vida que les es propia, independiente de nosotros, y que los hombres ya pueden reproducir estas cosas en parte.

Para resumir, diremos, pues, que los materialistas, ante el problema fundamental de la filosofía, afirman:

 

1. Que la materia es la que produce el espíritu, y que científicamente, nunca se ha visto espíritu sin materia.

2. Que la materia exista fuera de todo espíritu, y que no necesita espíritu para existir, pues tiene una existencia que le es particular, y que, por consiguiente, contrariamente a lo que dicen los idealistas, no son nuestras ideas las que crean las cosas, sino, por el contrario, son las cosas las que nos dan las ideas.

3. Que somos capaces de conocer el mundo, que las ideas que nos hacemos de la materia y del mundo son cada vez más exactas, puesto que, con ayuda de las ciencias, podemos determinar lo que ya conocemos y descubrir lo que ignoramos.