Capítulo III
SEGUNDA LEY: LA LEY DE LA ACCIÓN RECÍPROCA
I. El encadenamiento de los procesos
Acabamos de ver, a propósito de la historia de la manzana, lo que es el proceso. Volvamos a ese ejemplo. Hemos investigado de dónde procede la manzana y, para nuestras investigaciones, hemos tenido que remontamos hasta el árbol. Pero este problema de investigación se plantea también para el árbol. El estudio de la manzana nos conduce al estudio de los orígenes y de los destinos del árbol. ¿De dónde procede el árbol? De la manzana. Procede de una manzana que ha caído, que se ha podrido en la tierra para dar nacimiento a un retoño, y esto nos lleva a estudiar el terreno, las condiciones en las cuales las semillas de la manzana han podido dar un retoño, las influencias del aire, del Sol, etc. Así, partiendo del estudio de la manzana hemos llegado al examen del suelo, pasando del proceso de la manzana al del árbol, proceso que se encadena a su vez al del suelo. Tenemos lo que se llama "un encadenamiento de procesos". Lo cual nos permitirá enunciar y estudiar esta segunda ley de la dialéctica: la ley de la acción recíproca. Tomemos como ejemplo de encadenamiento de procesos, después del ejemplo de la manzana, el de la Universidad Obrera de París.
Si estudiamos esta escuela desde el punto de vista dialéctico investigaremos de dónde procede y tendremos, en primer lugar, una respuesta: en el año de 1932, los camaradas reunidos han decidido fundar en París una Universidad Obrera para estudiar el marxismo.
Pero ¿cómo ha tenido la idea de hacer estudiar el marxismo ese comité? Evidentemente porque el marxismo existe. Pero entonces, ¿de dónde procede el marxismo?
Vemos que la investigación de encadenamiento de procesos nos lleva a estudios minuciosos y completos. Buscando de dónde procede el marxismo, vemos que esta doctrina es la conciencia misma del proletariado: vemos (esté uno por o contra del marxismo) que el proletariado existe, y entonces planteamos de nuevo esta cuestión: ¿de dónde procede el proletariado?
Sabemos que procede de un sistema económico, el capitalismo. Sabemos que la división de la sociedad en clases, de la lucha de clases no han nacido del marxismo, como lo pretenden nuestros adversarios; sino, por el contrario, que el marxismo, en la parte que trata de cosas sociales" comprueba la existencia de esta lucha de clases y extrae su fuerza del proletariado.
Luego, de proceso en proceso, llegamos al examen de las condiciones de existencia del capitalismo y tenemos así un encadenamiento de procesos que nos demuestra que todo influye sobre todo. Es la ley de acción recíproca.
En conclusión, con estos dos ejemplos, el de la manzana y el de la Universidad Obrera de París, veamos cómo habría procedido un metafísico.
En el ejemplo de la manzana, no habría podido menos que pensar: "¿de dónde procede la manzana?" Y habría quedado satisfecho con la respuesta: "la manzana procede del árbol". No habría investigado más lejos.
Con respecto a la Universidad Obrera, se habría conformado con decir, acerca de su origen, que fue fundada por un grupo de hombres que quieren corromper al pueblo francés.
Pero el dialéctico ve todos los encadenamientos de procesos que culminan, por una parte, a la manzana, y por otra, a la Universidad Obrera.
El dialéctico relaciona el hecho particular, el detalle con el conjunto. Relaciona la manzana con el árbol y se interna más lejos, hasta la naturaleza.
La manzana es no sólo el fruto del manzano, sino también el fruto de toda la naturaleza.
La Universidad Obrera no es sólo el "fruto" del proletariado sino también el "fruto" de toda la sociedad capitalista.
Por tanto, vemos que, contrariamente al metafísico, que concibe el mundo como un conjunto de cosas fijas, el dialéctico verá el mundo como un conjunto de procesos, y si el punto de vista dialéctico es verdadero para la naturaleza y para las ciencias, también es verdadero para la sociedad.
El viejo método de investigación y depuramiento que Hegel llama "metafísico", método que se ocupaba preferentemente de la investigación de los objetos como algo hecho y fijo, y cuyos residuos embrollan todavía con bastante fuerza las cabezas, tenía en su tiempo una gran razón histórica de ser. (F. Engels)
Por consiguiente, en aquella época se estudiaban todas las cosas y la sociedad como conjuntos de "objetos fijos dados" que no sólo no cambian, sino que, particularmente para la sociedad, no están destinados a desaparecer.
Engels señala:
La gran idea cardinal de que el mundo no puede concebirse como un conjunto de objetos terminados, sino como un conjunto de procesos, en el que las cosas que parecen estables al igual que sus reflejos mentales en nuestras cabezas, los conceptos, pasan por una serie ininterrumpida de cambios, por un proceso de génesis y caducidad, a través de los cuales, pese a todo su aparente carácter fortuito y a todos los retrocesos momentáneos se acaba imponiendo siempre una trayectoria progresiva.
La sociedad capitalista no debe considerarse tampoco como un "complejo de cosas acabadas", sino, por el contrario, debe estudiarse, también, como un complejo de procesos.
Los metafísicos se dan cuenta que la sociedad capitalista no ha existido siempre y dicen que tiene una historia, pero creen que, con su aparición, la sociedad ha terminado de evolucionar y permanecerá en adelante "fija". Consideran todas las cosas como acabadas y no como el comienzo de un mero proceso. El relato de la creación del mundo por Dios es una explicación del mundo como complejo de cosas acabadas. Dios ha realizado cada día una tarea acabada. Ha hecho las plantas, los animales, el hombre, una vez por todas; de ahí la historia del fijismo. La dialéctica juzga de una manera opuesta. No considera las cosas como "objetos fijos", sino en "movimiento".
Para ella, nada está acabado, es siempre el fin de un proceso y el comienzo de otro proceso, siempre en vías de transformación, de desarrollo. Por eso estamos tan seguros de la transformación de la sociedad capitalista en sociedad socialista, porque nada está definitivamente acabado. La sociedad capitalista es el fin de un proceso al cual sucederá la sociedad socialista, después la sociedad comunista, y así sucesivamente; habrá un continuo desarrollo.
Pero aquí hay que prestar atención para no considerar la dialéctica como algo fatal, de donde se podría sacar la conclusión que: "Puesto que estáis tan seguros del cambio que deseáis, ¿por qué lucháis?" Porque, como dice Marx, "para el parto de la sociedad socialista se necesitará un "partero", de donde la necesidad de la revolución.
Es que las cosas no son tan simples. No hay que olvidar el papel de los hombres que pueden hacer avanzar o retrasar esta transformación. (Veremos tal cuestión en el capítulo V de esta parte cuando hablemos del "materialismo histórico").
Lo que comprobamos actualmente, es la existencia en todas las cosas, de encadenamiento de los procesos que se producen por la fuerza interna de ellas mismas (el auto dinamismo). Es que, para la dialéctica -insistimos en ello-, nada está acabado. Hay que considerar el movimiento del desarrollo de las cosas como si nunca tuvieran escena final. Cuando termina una obra de teatro del mundo, comienza el primer acto de otra pieza.
II. Los grandes descubrimientos del siglo XIX
Sabemos que lo que ha determinado el abandono del espíritu metafísico y que ha obligado a los sabios, desde Marx y Engels, a considerar las cosas en su movimiento dialéctico, son los descubrimientos hechos en el siglo XIX. Sobre todo tres grandes descubrimientos señalados por Engels en su libro Ludwig Feuerbach, han hecho progresar la dialéctica.
1. El descubrimiento de la célula viva y de su desarrollo
Antes de este descubrimiento se había tomado como base de razonamiento el "fijismo". Se consideraban las especies como extrañas unas a las otras. Además se distinguían categóricamente, por una parte, el reino animal, por la otra, el reino vegetal.
Después se produce el descubrimiento que permite precisar la idea de la "evolución", de la que los pensadores y los sabios del siglo XVIII ya habían hablado. Permite comprender que la vida es una sucesión de muertes y nacimientos y que todo ser vivo es una asociación de células. Esta comprobación no deja entonces ninguna frontera entre los animales y las plantas y rechaza de este modo la concepción metafísica.
2. La transformación de la energía
Antiguamente la ciencia creía que el sonido, el calor, la luz, por ejemplo, eran completamente extraños unos a otros. Se descubre que todos estos fenómenos pueden transformarse unos en otros, que hay un encadenamiento de procesos tanto en la materia inerte como en la naturaleza viva. Esta revelación es otra derrota del espíritu metafísico.
3. El descubrimiento de la evolución en el hombre y en los animales
Darwin -dice Engels- demuestra que todos los productos de la naturaleza son un largo proceso de desarrollo de pequeños gérmenes unicelulares originariamente: todo es el producto y un largo proceso que tiene su base en la célula.
Y Engels saca la conclusión de que, gracias a esos tres grandes descubrimientos, podemos seguir el encadenamiento entre los fenómenos de la naturaleza, no sólo en el interior de los diferentes dominios, sino también entre los diferentes dominios.
Son las ciencias, pues, las que han permitido el enunciado de esta segunda ley de la acción recíproca.
Entre los reinos vegetal, animal, mineral, no hay un corte, sino sólo procesos; todo se encadena. Y esto también se aplica a la sociedad. Las diferentes sociedades que han sucedido en la historia de los hombres deben considerarse como una serie de encadenamientos de procesos en los que uno surge necesariamente del que lo ha precedido.
Por tanto, debemos recordar esta observación: la ciencia, la naturaleza, la sociedad deben verse como un encadenamiento de procesos, y el motor que actúa para crear este encadenamiento es el auto dinamismo.
III. El desarrollo histórico o en espiral
Si examinamos un poco más de cerca el proceso que comenzamos a conocer, vemos que la manzana es el resultado de un encadenamiento de procesos. ¿De dónde procede la manzana? La manzana procede del árbol. ¿De dónde procede el árbol? De la manzana. Podemos pensar, por tanto, que estamos en presencia de un círculo vicioso en el cual giramos para volver siempre al mismo punto. Árbol, manzana. Manzana, árbol. Lo mismo si tomamos el ejemplo del huevo y de la gallina. ¿De dónde procede el huevo? De la gallina ¿De dónde procede la gallina? Del huevó.
Si consideramos las cosas así, no se trataría de un proceso sino de un círculo, y esta apariencia ha dado, por otra parte, la idea del "retorno eterno". Es decir, que volveríamos siempre al mismo punto, al punto de partida.
Pero veamos exactamente cómo se plantea el problema:
1. Tenemos la manzana
2. Ésta, al descomponerse, da un árbol o varios árboles.
3. Cada árbol no da una manzana, sino muchas manzanas. No volvemos al mismo punto de partida, volvemos a la manzana, pero desde otro plano.
Del mismo modo, si partimos del árbol tendremos:
1. Un árbol que da:
2. Manzanas, y estas manzanas darán:
3. Muchos árboles.
Así también volvemos al árbol, pero desde otro plano. El punto de vista se ha extendido.
No tenemos, por consiguiente, un círculo, como las apariencias tendían a hacer creer, sino un proceso de desarrollo histórico. La historia demuestra que el tiempo no pasa sin dejar huella. El tiempo pasa pero no vuelven los mismos desarrollos. El mundo, la naturaleza, la sociedad constituyen un desarrollo que es histórico, un desarrollo que, en lenguaje filosófico, se llama "en espiral".
Se usa esta imagen para fijar las ideas. Es una comparación que ilustra el hecho de que las cosas evolucionan según un proceso circular, pero no vuelven al punto de partida, vuelven un poco por encima, en otro plano; y, así sucesivamente, lo que da una espiral.
E1 mundo, la naturaleza, la sociedad, tienen un desarrollo histórico (en espiral), y lo que mueve este desarrollo es -no lo olvidemos- el autodinamismo.
IV. Conclusión
Acabamos de estudiar, en estos primeros capítulos sobre la dialéctica, las dos primeras leyes, la del cambio y la de la acción recíproca. Esto era indispensable para poder abordar el estudio de la ley de contradicción, porque ésta es la que va a permitirnos comprender la fuerza que mueve "el cambio dialéctico", la fuerza que impulsa el autodinamismo.
En el primer capítulo relativo al estudio de la dialéctica hemos visto por qué esta teoría durante mucho tiempo fue dominada por la concepción metafísica y por qué el materialismo del siglo XVIII era metafísico. Ahora comprendemos mejor, después de haber visto rápidamente los tres descubrimientos del siglo XIX que han permitido el desarrollo del materialismo para transformarse en dialéctico, por eso era necesario que la historia de esta filosofía atravesara por esos tres grandes períodos que conocemos: 1. materialismo de la antigüedad (teoría de los átomos); 2. materialismo del siglo XVIII (mecanicista y metafísico), para llegar, por último, 3. al materialismo dialéctico.
Habíamos afirmado que el materialismo nació de las ciencias y vinculado con ellas. Después de estos tres capítulos, podemos comprobar hasta qué punto es verdad. Hemos visto en este estudio del movimiento y del cambio dialécticos, después de esta ley de la acción recíproca, que todos nuestros razonamientos están basados en las ciencias.
Hoy que los estudios científicos están extremadamente especializados y que los sabios (ignorando en general el materialismo dialéctico) no pueden comprender a veces la importancia de sus descubrimientos particulares con relación al conjunto de las ciencias, el papel de la filosofía, cuya misión -lo hemos dicho-Consiste en dar una explicación del mundo y de los problemas más generales, es la misión, en particular del materialismo dialéctico, de reunir todos los descubrimientos particulares de cada ciencia para hacer su síntesis y dar así una teoría que nos hace cada vez más "amos y poseedores de la naturaleza", como decía Descartes.