Capítulo IV
TERCERA LEY: LA CONTRADICCIÓN
Hemos visto que la dialéctica considera las cosas como en perpetuo cambio, evolucionando continuamente, en una palabra, experimentando un movimiento dialéctico (la ley).
Este movimiento dialéctico es posible porque todo no es más que el resultado, en un momento dado, del encadenamiento de procesos, es decir, de una continuidad de fase que surgen unas de otras. También, hemos visto que este encadenamiento de procesos se desarrolla necesariamente, inevitablemente, en el tiempo, en un movimiento progresivo "a pesar de los desvíos momentáneos".
Hemos llamado a este desarrollo "desarrollo histórico" o "en espiral", y sabemos que este desarrollo se produce él mismo por autodinamismo.
Pero ¿cuáles son ahora las leyes del autodinamismo? ¿Cuáles son las leyes que permiten el surgimiento y continuidad de unas fases a otras? Es lo que se llama las "leyes del movimiento dialéctico".
La dialéctica nos enseña que las cosas no son eternas tienen un comienzo, una madurez, una vejez que termina por un fin.
Todas las cosas pasan por esas fases: nacimiento, madurez, vejez, fin. ¿Por qué ocurre así? ¿Por qué las cosas no son eternas?
Es una vieja cuestión que siempre ha apasionado a la humanidad. ¿Por qué hay que morir? No se comprende esta necesidad, y los hombres, en el transcurso de la historia, han soñado con la vida eterna y con los medios de cambiar de estadio de hecho, por ejemplo, en la Edad Media, creando bebidas (elixires de juventud o de vida).
¿Por qué lo que nace obligatoriamente muere? Esta es una gran ley de la dialéctica que debemos confrontar, para comprenderla bien, con la metafísica.
I. La vida y la muerte
El punto de vista de la metafísica considera las cosas en forma aislada, como son en sí mismas. Al estudiarlas así, las considera desde un solo aspecto, de manera unilateral. Por eso se dice de las personas que ven solamente un aspecto de las, que son metafísicos. En resumen, cuando un metafísico examina la vida, lo hace sin vincular este fenómeno con otro. Ve la vida por ella y en ella misma, de una manera unilateral; ve en un solo aspecto. Si examina la muerte, hará lo mismo, Aplicará su punto de vista unilateral y sacará la conclusión de que la vida es la vida y la muerte es la muerte. Entre estos dos fenómenos nada comunes; no se puede estar a la vez vivo y muerto, porque son dos cosas opuestas, completamente contrarias una a la otra.
Ver las cosas de tal modo es verlas superficialmente. Si se las examina un poco más de cerca, se verá primero que no se puede oponer una a la otra, porque la muerte procede del ser vivo y, siendo así, no se puede separarlas tan brutalmente; porque la experiencia, la realidad, nos muestran que la muerte continúa la vida.
Y la vida ¿puede surgir de la muerte? Sí. Porque los elementos del cuerpo muerto se transforman para dar nacimiento a otras vidas, y servir de abono a la tierra, que será más fértil, por ejemplo. La muerte en muchos casos ayudará a la vida, la muerte permitirá que la vida surja, y ya hemos visto el ejemplo de los cuerpos vivos en los que la vida sólo es posible porque continuamente se reemplazan las células que mueren por otras que nacen.
Por tanto, la vida y la muerte se transforman continuamente, una en la otra, y si examinamos todas las cosas comprobamos la constancia de esta gran ley en todas partes: las cosas se transforman en su contrario.
II. Las cosas se transforman en su contrario
Si examinamos la verdad y el error pensamos: entre ellos no hay nada en común. La verdad es la verdad y el error es el error. Este es el argumento unilateral, que opone brutalmente los dos contrarios como se opondría la vida y la muerte.
Sin embargo, si decimos: "¡Mira cómo llueve!", ocurre a veces que no hemos terminado de decirlo cuando ya no llueve más. Esta frase era exacta cuando la comenzamos y se ha transformado en error (los griegos ya lo habían comprobado y decían que, para no engañarse, no había que decir nada).
Del mismo modo, volvamos al ejemplo de la manzana.
Se ve en el suelo una manzana madura y se dice: "He aquí una manzana madura". Sin embargo, está en el suelo desde hace un tiempo y ya comienza a descomponerse, de tal manera que la verdad se transforma en error.
Las ciencias nos dan numerosos ejemplos de leyes consideradas durante numerosos años como "verdades", que se revelan en cierto momento como "errores", debido a los progresos científicos.
Vemos pues, que la verdad se transforma en error, pero, ¿se transforma el error en verdad?
Al comienzo de la civilización, en Egipto, los hombres imaginan combates entre los dioses para explicar la salida y la puesta del Sol. Esto es un error en la medida en que se dice que los dioses impulsan o retiran el Sol; pero la ciencia nos explica ese razonamiento cuando nos habla de la existencia de fuerzas que hacen mover el Sol. Vemos, por tanto, que el error no se opone totalmente a la verdad.
¿Cómo es posible que las cosas se transformen en su contrario? ¿Cómo se transforma la vida en muerte?
Si la vida no fuera más que vida 100 por ciento, no podría nunca ser muerte, y si la muerte fuera siempre muerte 100 por ciento, sería imposible transformar la una en la otra. Pero hay muerte en la vida, y, por consiguiente, vida en la muerte.
Observando más detenidamente veremos que un ser vivo está compuesto de un sinnúmero de células que se renuevan, que desaparecen y reaparecen en el mismo lugar. Viven y mueren continuamente en un ser vivo, en el que hay vida y muerte.
Sabemos también que la barba de un muerto continúa creciendo. Lo mismo ocurre con las uñas y los cabellos. He aquí fenómenos netamente caracterizados que prueban que la vida continúa en la muerte.
En la Unión soviética se conserva, en condiciones especiales, sangre de cadáveres que sirve para hacer transfusiones de sangre: así, con sangre de un muerto, se repone un vivo. Podemos decir, en consecuencia, que la vida está en el seno de la muerte.
La vida no es pues, a su vez, más que una contradicción albergada en las cosas y en los fenómenos y que está produciendo y resolviendo incesantemente, al cesar la contradicción, cesa la vida y sobreviene la muerte.
Así, las cosas no sólo se transforman unas en otras, sino también una cosa no es sólo ella misma, sino otra que es su contrario, porque cada cosa contiene su contrario.
Cada cosa se contiene a la vez ella misma y su contrario.
Si se representa una cosa mediante un círculo, tendremos una fuerza que impulsará esta cosa hacia fuerzas de vida empujando desde el centro hacia el exterior, por ejemplo (extensión) pero tendremos también fuerzas que la impulsarán en dirección contraria, hacia fuerzas de muerte, empujando del exterior hacia el centro (compresión).
De este modo, en el interior de cada cosa, coexisten fuerzas opuestas, antagonismos.
¿Qué ocurre entre estas fuerzas? Luchan. Por consiguiente, una cosa no sólo es cambiada por una fuerza que actúa de un solo lado, sino que toda cosa es transformada realmente por dos fuerzas de direcciones opuestas. Hacia la afirmación y hacia la negación de las cosas, hacia la vida y hacia la muerte. ¿Qué quiere decir la afirmación y la negación de las cosas?
Hay en la vida fuerzas que mantienen la vida, que tienden hacia la afirmación de las fuerzas de la vida. Además hay también, en los organismos vivos, fuerzas que tienden hacia la negación. En todas las cosas hay fuerzas que tienden hacia la afirmación y otras que tienden hacia la negación, y entre la afirmación y la negación está la contradicción.
Por lo tanto, la dialéctica comprueba el cambio, pero ¿por qué cambian las cosas? Porque no están de acuerdo con ellas mismas, porque hay lucha entre las fuerzas, entre los antagonismos, porque hay contradicción. He aquí la tercera ley de la dialéctica: Las cosas cambian porque contienen la contradicción. Si a veces nos vemos obligados a emplear palabras más o menos complicadas como dialéctica, autodinamismo, etc., o términos que parecen contrarios a la lógica tradicional y difíciles de comprender, no es que nos guste complicar las cosas a nuestro capricho e imitar en ello a la burguesía. No. Pero este estudio, aunque elemental, pretende ser lo más completo posible para que se lean después más fácilmente las obras filosóficas de Marx, Engels y de Lenin que emplean estos términos.
III. Afirmación, negación, negación de la negación
Debemos hacer aquí una distinción entre lo que se llama contradicción verbal, que significa que cuando se dice "sí", se responde "no", y la contradicción que acabamos de ver y que se llama contradicción dialéctica, es decir, contradicción en los hechos, en las cosas.
Cuando hablamos de la contradicción que existe en la sociedad capitalista, no quiere decir que unos digan sí y los otros no en ciertas teorías; quiere decir que hay una contradicción en los hechos, que hay fuerzas reales que se combaten: primero una fuerza que tiende a afirmar, es la clase burguesa que tiende a mantener su clase; después, una segunda fuerza social que tiende a la negación de la clase burguesa, es el proletariado. La contradicción está, por consiguiente, en los hechos, porque la burguesía no, puede existir sin crear su contrario, el proletariado. Como lo dijo Marx:
"Ante todo, la burguesía produce sus propios sepultureros" {Manifiesto del Partido Comunista).
Para impedirlo, la burguesía tendría que renunciar a sí misma lo que sería absurdo. Por lo que, afirmándose, crea su propia negación.
Si tomamos el ejemplo de un huevo que una gallina pone e incuba, vemos que en el huevo se encuentra el germen que a cierta temperatura y en ciertas condiciones, se desarrolla. Este germen, al desarrollarse, dará un pollito: este germen ya es la negación del huevo. Vemos con claridad que en el huevo hay dos fuerzas: la que tiende a que continúe siendo huero y la que tiende a que se transforme en pollito. El huevo está, pues, en desacuerdo consigo mismo y todas las cosas están en desacuerdo con ellas mismas.
Esto puede parecer difícil de comprender, porque estamos habituados al razonamiento metafísico, y por eso debemos hacer un esfuerzo para habituarnos de nuevo a ver las cosas en su realidad.
Una cosa comienza por ser una afirmación que surgen de la negación. El pollito es una afirmación surgida de la negación del huevo. Esta es una fase del proceso. Pero la gallina será la transformación del pollito, y en esta transformación, habrá una contradicción entre las fuerzas que luchan para que el pollito se transforme en gallina. La gallina será, por tanto, la negación del pollito, que procedía a su vez de la negación del huevo.
Luego, la gallina es en ese caso, la negación de la negación. Y ésta es la marcha general de las fases de la dialéctica.
1. Afirmación, se llama también Tesis.
2. Negación o Antítesis.
3. Negación de la negación o Síntesis
En estas tres palabras está contenido el resumen del desarrollo dialéctico. Se las emplea para representar el encadenamiento de las fases, para indicar que cada fase es la destrucción de la precedente.
Si hay destrucción, decimos negación. El pollito es la negación del huevo, puesto que, al nacer, destruye el huevo. La espiga de trigo también es la negación del grano de trigo. El grano en tierra germinará; esta germinación es la negación del grano de trigo, que dará la planta y esta planta a su vez florecerá y dará una espiga; ésta será la negación de la planta o la negación de la negación.
Por consiguiente, vemos que la negación de que habla la dialéctica es una manera resumida de hablar de la destrucción. Hay negación de lo que desaparece, de lo que se destruye.
El socialismo será la negación del capitalismo.
El capitalismo es la negación del feudalismo.
El feudalismo fue la negación de la época esclavista
Lo mismo que para la contradicción, en la que hemos hecho una distinción entre contradicción verbal y lógica, debemos comprender bien qué es la negación verbal que dice "no" y la negación dialéctica que quiere decir "destrucción".
Pero si la negación quiere decir destrucción, no se trata de cualquier destrucción, sino de una destrucción dialéctica. Así, cuando aplastamos una pulga, ésta no muere por su propia destrucción, por negación dialéctica. Esta destrucción no es el resultado de fases autodinámicas: es el resultado de un cambio puramente mecánico.
La destrucción es una negación sólo si es un producto de la afirmación, si surge de ella.
Como el huevo incubado es la afirmación de lo que era el huevo, engendra su negación: se transforma en pollito y éste simboliza la destrucción, o la negación del huevo al picar la cáscara destruyéndola.
En el pollito notamos dos fuerzas adversas: "pollito" y "gallina"; en el transcurso de este desarrollo de procesos, la gallina pondrá huevos, de donde nueva negación de la negación. De estos huevos partirá entonces un nuevo encadenamiento de procesos.
Con respecto al trigo, vemos también una afirmación, después una negación y una negación de la negación.
Daremos, como otro ejemplo, el de la filosofía materialista.
Al principio, encontramos un materialismo primitivo, espontáneo, que por ser ignorante, crea su propia negación: el idealismo. Pero el idealismo que niega el antiguo materialismo, es negado por el materialismo moderno o dialéctico porque esta filosofía se desarrolla con las ciencias dando origen a la destrucción del idealismo. Por lo tanto, también aquí advertimos la afirmación, la negación y la negación de la negación.
Comprobamos, de igual modo, este ciclo en la evolución de la sociedad.
En la historia de la humanidad, tenemos como primera forma de sociedad el comunismo primitivo; sociedad sin clases, cuya base era el trabajo en común y la propiedad común de los rudimentarios instrumentos de trabajo. Pero esa primitiva forma de sociedad llega a convertirse en traba para un desarrollo más alto de la producción y por eso crea su propia negación; la sociedad con clases, basada en la propiedad privada y en la explotación del hombre por el hombre. Pero esta sociedad lleva también en sí misma su propia negación, porque el desarrollo superior de los medios de producción acarrea la necesidad de negar la división de la sociedad en clases, de negar la propiedad privada, y así volvemos al punto de partida: la necesidad de una sociedad comunista, pero en otro plano; al comienzo, carecíamos de productos, hoy tenemos una capacidad de producción muy elevada.
Observemos a este respecto que, con todos los ejemplos que hemos dado, volvemos al punto de partida, pero en otro plano (desarrollo en espiral), en un plano más elevado.
Vemos, pues, que la contradicción es una gran ley de la dialéctica. Que la evolución es una lucha de fuerzas antagónicas. Que las cosas no sólo se transforman unas en otras, sino también que todo se transforma en su contrario; las cosas no están de acuerdo con ellas mismas porque hay en ellas lucha entre fuerzas opuestas, porque hay contradicción interna.
Observación. Debemos prestar atención al hecho de que la afirmación, la negación, la negación de la negación no son más que un resumen de la evolución dialéctica y que no se trata de buscar o de ver en todas partes estas tres fases. Porque no las encontraremos siempre todas, sino a veces sólo la primera y la seguida, ya que la evolución no está terminada. No es correcto querer ver mecánicamente, en todas las cosas, estos cambios en la misma forma. Retengamos, sobre todo, que la contradicción es la gran ley de la dialéctica. Es lo esencial.
IV. Puntualicemos
Ya sabemos que la dialéctica es un método de pensar, de razonar, de analizar, que permite hacer buenas observaciones y estudiar bien, porque nos obliga a buscar la fuente de todo y a describir su historia.
Sin duda, el viejo método de pensar -lo hemos visto- ha sido necesario, a pesar de todo, en su época. Pero estudiar con el método dialéctico es comprobar -repitámoslo- que todas las cosas en apariencia inmóviles no son más que un encadenamiento de procesos en los que todo tiene un comienzo y un fin, y que en todas las cosas, pese a todo su aparente carácter fortuito y a todos los retroceso momentáneos, se acaba imponiendo siempre una trayectoria progresiva (F. Engels, L. Feuerbach).
Sólo la dialéctica nos permite comprender el desarrollo, la evolución de las cosas; sólo ella nos permite comprender la destrucción de las cosas viejas y el nacimiento de las nuevas. Sólo la dialéctica nos hace comprender todos los desarrollos en sus transformaciones conociéndolos como formados todos por contrarios. Porque, para la concepción dialéctica, el desarrollo natural de las cosas, la evolución, es una lucha continua de fuerzas y de principios opuestos.
Para la dialéctica, la primera ley es la comprobación del movimiento y el cambio: "Nada queda como es, nada queda donde está" (Engels), y esto es posible porque las cosas cambian no sólo transformándose unas en otras, sino transformándose en sus contrarios. La contradicción es, pues, una gran ley de la dialéctica. Hemos estudiado lo que es desde el punto de vista dialéctico la contradicción, pero tenemos que insistir aún para aportar ciertas precisiones y también para señalar ciertos errores que no deben cometerse.
Es muy cierto que, en primer lugar, debemos familiarizarnos con esta afirmación que está de acuerdo con la realidad: la transformación de las cosas en sus contrarios. Decirlo choca al entendimiento, nos asombra, porque estamos habituados a pensar con el viejo método metafísico. Pero hemos visto por qué es así; hemos visto de una manera detallada, por medio de ejemplos, que esto es así en la realidad y por qué las cosas se transforman en sus contrarios.
Por eso se puede decir y afirmar que, si las cosas se transforman, cambian, evolucionan, es porque están en contradicción con ellas mismas, porque llevan en sí su contrario, porque contienen en ellas la unidad de los contrarios.
V. La unidad de los contrarios
Cada cosa es una unidad de contrarios.
Afirmarlo parece al principio un absurdo. Una cosa y su contrario no tienen nada de común. Tal es lo que se piensa generalmente. Pero para la dialéctica, toda cosa es, al mismo tiempo, ella misma y su contrario, todas las cosas son una unidad de contrarios. Debemos explicarlo bien:
La unidad de los contrarios, para un metafísico, es impasible. Para él, las cosas son hechas de una sola pieza, de acuerdo con ellas mismas, y resulta que nosotros afirmamos lo contrario, es decir, que las cosas están hechas de dos piezas -ellas mismas y sus contrarios- y que en ellas hay dos fuerzas que se combaten porque las cosas no están de acuerdo con ellas mismas, porque se contradicen.
Si tomamos el ejemplo de la ignorancia y de la ciencia, es decir, del saber, establecemos que desde el punto de vista metafísico, hay dos cosas totalmente opuestas y contrarias una a la otra. El que es un ignorante no es un sabio y el que es un sabio no es un ignorante.
Sin embargo, si observamos los hechos, vemos que no dan lugar a una oposición tan rígida. Vemos que primero ha reinado la ignorancia; después llegó la ciencia; y verificamos que una cosa se transforma en su contrario: ignorancia se transforma en ciencia.
No hay ignorancia sin ciencia, no hay ignorancia 100%. Un individuo, por ignorante que sea, sabe reconocer, por lo menos, los objetos, su alimento; nunca hay ignorancia absoluta; siempre hay una parte de ciencia en la ignorancia. La ciencia está en la ignorancia; por consiguiente, es exacto afirmar que lo contrario de una cosa está en la cosa misma.
Veamos ahora la ciencia: ¿Puede haber en ella ciencia 100%? No. Lenin dice: "El objeto del conocimiento es inagotable"; lo que quiere decir que hay siempre algo qué aprender. No hay ciencia absoluta. Todo saber, toda ciencia, contiene una parte de ignorancia
Lo que existe en la realidad es una ignorancia y una ciencia relativas, una mezcla de ciencia y de ignorancia.
Lo que comprobamos en este ejemplo no es la transformación de las cosas en sus contrarios, sino la existencia, en la misma cosa, de los contrarios, o sea la unidad de contrarios.
Podríamos tomar nuevamente los ejemplos que ya hemos visto: la vida y la muerte, la verdad y el error, y comprobaremos que en uno y otro caso, como en todas las cosas, existe la unidad de los contrarios, es decir, que cada cosa contiene a la vez la cosa misma y su contrario. Por eso:
Si en nuestras investigaciones nos colocamos siempre en este punto de vista, daremos al traste de una vez para siempre con el postulado de soluciones definitivas y verdades eternas; tendremos en todo momento la conciencia de que todos los resultados que obtengamos serán forzosamente limitados y se hallarán condicionados por las circunstancias en las cuales los obtenemos; pero ya no nos infundirán respeto esas antítesis irreductibles para la vieja metafísica todavía en boga: de lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo, lo idéntico y lo distinto, lo necesario y lo fortuito; sabemos que estas antítesis sólo tienen un valor relativo, que lo que hoy refutamos como verdadero encierra, también un lado falso, ahora ocultos pero que saldrá a la luz más tarde del mismo modo que lo que ahora reconocemos como falso guarda al lado verdadero, gracias al cual fue acatado como verdadero anteriormente.
Este texto de Engels nos muestra cómo hay que comprender la dialéctica y el sentido verdadero de la unidad, los contrarios.
VI. Errores que deben evitarse
Hay que explicar bien esta gran ley de la dialéctica que es la contradicción, para no crear malentendidos.
Primero, no hay que comprenderla de una manera mecánica. No hay que pensar que en todo conocimiento hay verdad más error o lo verdadero más lo falso.
Si esta ley se aplicara así, se daría razón a los que dicen que en todas las opiniones hay una parte de verdad más una parte falsa y que "si retiramos lo que es falso, quedará lo que es verdadero, lo que es bueno". Se sostiene esto en ciertos medios pretendidamente marxistas en los que se piensa que el marxismo acierta mostrando que en el capitalismo hay fábricas, trusts, bancos, que controlan la vida económica; que acierta diciendo que esta vida económica marcha mal; pero lo que es falso en el marxismo -se agrega- es la lucha de clases; si dejáramos de lado la teoría de la lucha de clases, tendríamos una buena doctrina Se dice también que el marxismo aplicado al estudio de la sociedad es exacto, es verdadero, pero ¿por qué mezclar en ello la dialéctica? Este es el lado falso: quitemos la dialéctica y conservemos como verdadero el resto del marxismo.
Tales son las interpretaciones mecánicas de la unidad de los contrarios.
He aquí un ejemplo más: Proudhon creía, después de haber leído esta teoría de los contrarios, que en cada cosa hay un lado bueno y un lado malo. Comprobando que en la sociedad existen la burguesía y el proletariado, decía: quitemos lo que es malo: el proletariado. Y así creó su sistema de los créditos que debían establecer la propiedad parcelaria, es decir, permitir a los proletarios transformarse en propietarios; de esta manera no habría más que burgueses y la sociedad sería buena.
Sabemos perfectamente, sin embargo, que no hay proletariado sin burguesía y que la burguesía no existe más que por el proletariado: son los dos contrarios inseparables. Esta unidad de los contrarios es interna, verdadera; es una unión inseparable. Y no basta, para suprimir los contrarios, separarlos uno de otro. En una sociedad basada en la explotación del hombre por el hombre existen obligatoriamente dos clases antagónicas: burguesía y proletariado.
Para suprimir la sociedad capitalista, para hacer la sociedad sin clases, hay que suprimir la burguesía y el proletariado, lo que permitirá a los hombres liberados crear una sociedad más evolucionada material e intelectualmente para marchar hacia el comunismo en su forma superior y no para crear, como pretenden nuestros adversarios, un comunismo "igualitario en la miseria".
Por lo tanto, debemos prestar mucha atención cuando explicamos o aplicamos a un ejemplo o a un estudio la unidad de los contrarios. Debemos evitar el querer encontrar, por todas partes y siempre, y aplicarla mecánicamente, por ejemplo, la negación de la negación; querer encontrar, por todas partes y siempre, la unidad de los contrarios, porque en general, nuestros conocimientos son muy limitados y esto puede llevarnos a un atolladero.
Lo que importa es este principio: la dialéctica y sus leyes nos obligan a estudiar las cosas para descubrir en ellas la evolución, las fuerzas, los contrarios que determinan esta evolución. Debemos estudiar, pues, la unidad de los contrarios contenida en las cosas, y esta unidad de los contrarios equivale a decir que una formación nunca es una afirmación absoluta, porque contiene en si misma una parte de negación. Y esto es lo esencial: Las cosas se transforman porque contienen su propia negación. La negación es el "disolvente"; si no lo tuvieran, las cosas no cambiarían. Como de hecho, las cosas se transforman, es muy necesario que contengan un principio disolvente. Por anticipado, podemos afirmar que existe, puesto que vemos las cosas evolucionar; pero no podemos descubrir este principio sin un estudio minucioso de la cosa misma, porque este principio no tiene el mismo aspecto en todas las cosas.
VII. Consecuencias prácticas de la dialéctica
La dialéctica nos obliga prácticamente, a ver las cosas en todos sus aspectos; a considerar siempre no un solo lado de las cosas, sino sus dos lados: no considerar nunca la verdad sin el error, la ciencia sin la ignorancia. El gran error de la metafísica consiste, justamente, en considerar solamente un lado de las cosas, en juzgar de una manera es unilateral; y si cometemos muchos errores, es siempre en la medida en que no vemos más que un lado de las cosas, es porque tenemos a menudo razonamientos unilaterales.
Si la filosofía idealista afirma que el mundo no existe más que en las ideas de los hombres, hay que reconocer que hay cosas que no existen en efecto más que en nuestro pensamiento. Es verdad. Pero el idealismo es unilateral, no ve más que este aspecto. Sólo ve al hombre que inventa cosas que no están en la realidad y saca la conclusión de que nada existe fuera de nuestras ideas. El idealismo está en lo justo subrayando esta facultad del hombre; pero, aplicando sólo el criterio de la práctica, no ve más que eso.
El materialismo metafíisico se engaña también porque no ve más que un lado de los problemas. Ve el universo como una mecánica. ¿Existe la mecánica? ¡Sí! ¿Desempeña un gran papel? Sí. El materialismo metafísico está en lo justo al decirlo, pero es un error ver sólo el movimiento mecánico.
Naturalmente, nos inclinamos a no ver más que un solo lado de las cosas y de la gente. Si juzgamos a un cantarada, casi siempre sólo vemos su lado bueno o su lado malo. Hay que ver uno y otro, sin lo cual no sería posible tener cuadros y organizaciones. En la práctica política el método de juicio unilateral termina en el sectarismo. Si encontramos un adversario perteneciente a una organización fascista, lo juzgamos según sus jefes. Y sin embargo, tal vez sólo es un simple empleado agriado, descontento, y no debemos juzgarlo como a un gran patrón fascista. Del mismo modo, se puede aplicar este razonamiento a los patrones y comprender que, si nos parecen malos, a menudo es porque están dominados ellos también por la estructura de la sociedad y que, en otras condiciones sociales, serían diferentes.
Si pensamos en la unidad de los contrarios, consideraremos muchos lados de las cosas. Por consiguiente, veremos que este fascista es fascista por un lado, pero por el otro es un trabajador y que hay en él una contradicción. Se investigarán y descubrirán las causas que motivaron su adhesión a esa organización y también, por qué no debió adherirse a ella. Y entonces juzgaremos y discutiremos de una manera menos sectaria.
Conforme a la dialéctica, debemos considerar las cosas desde todos los ángulos que se puedan ver.
Para resumir y como conclusión teórica, diremos: las cosas cambian porque encierran su contradicción interna (ellas mismas y sus contrarios). Los contrarios están en lucha y los cambios se producen a causa de estas lucha; así, el cambio es la solución del conflicto.
El capitalismo contiene esta contradicción interna, este conflicto entre el proletariado y la burguesía: el cambio se explica por este conflicto y la transformación de la sociedad capitalista en sociedad socialista es la solución del conflicto.
Hay cambio, movimiento, allí donde hay contradicción. La contradicción es la negación de la afirmación, y cuando se obtiene el tercer término, la negación de la negación aparece la solución, porque en ese momento se ha eliminado la razón de la contradicción.
Por lo tanto, se puede decir que si las ciencias: la química, la física, la biología, etc., estudian las leyes del cambio que les son particulares, la dialéctica estudia las leyes del cambio que les son generales. Engels dice:
La dialéctica quedaba reducida a la ciencia de las leyes generales del movimiento, tanto el del mundo exterior como el del pensamiento humano.