Capítulo III

¿DE DÓNDE PROCEDEN LAS CLASES Y LAS CONDICIONES ECONÓMICAS?

 

Hemos visto que las fuerzas motrices de la historia son, en última instancia, las clases y sus luchas determinadas por las condiciones económicas.

Esto ocurre por el encadenamiento siguiente: Los hombres tienen ideas que los hacen actuar. Estas ideas nacen de las condiciones de existencia material en las cuales viven. Estas condiciones de existencia material están determinadas por el lugar social que ocupan en la sociedad, es decir, que pertenecen a una clase, y las clases a su vez están determinadas por las condiciones económicas en las cuales evoluciona la sociedad.

Entonces debemos verificar que determina las condiciones económicas y las clases que crean. Es lo que vamos a estudiar.

 

I. La primera gran división del trabajo

Al estudiar la evolución de la sociedad, tomando los hechos del pasado, se comprueba primero que la división de la sociedad en clases no siempre ha existido. La dialéctica quiere que busquemos el origen de las cosas y comprobemos que en un pasado muy lejano no hubo clases. En El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, Engels dice:

En todos los estadios anteriores de la sociedad, la producción era esencialmente colectiva y el consumo se efectuaba también bajo un régimen de reparto directo de los productos, en el seno de pequeñas o grandes colectividades comunistas. Esa producción colectiva se realizaba dentro de los más estrechos límites, pero llevaba aparejado el dominio de los productores sobre el proceso de la producción y sobre su producto. Sabían qué era del producto:

lo consumían, no salía de sus manos. Y mientras la producción se efectuada sobre esa base, no pudo sobreponerse a los productores ni hacer surgir frente a ellos el espectro de poderes extraños cual sucede regular e inevitablemente en la civilización.

Todos los hombres participan en la producción; los rudimentarios instrumentos de trabajo que se usan en común pertenecen a la comunidad. La división del trabajo sino existe, en ese estado inferior, entre los sexos. El hombre caza, pesca, etc., la mujer cuida la casa. No hay intereses particulares o privados en juego.

Pero los hombres no permanecieron en ese período, y el primer hecho que establece un cambio en la vida de los hombres será la división del trabajo en la sociedad.

"Pero en este modo de producción se introdujo lentamente la división del trabajo. "(F. Engels)

Este primer hecho se produce donde los hombres "encontraron animales que se dejaron primero domesticar y después criar. Antes había que ir de caza para apoderarse de la hembra del búfalo salvaje; ahora, domesticada, esta hembra suministraba cada año una cría y, por añadidura, leche. Ciertas tribus de las más adelantadas -los arios, los semitas y hasta los turanios-, hicieron de la domesticación y después de la cría y cuidado del ganado su principal ocupación. Las tribus de pastores se destacaron del resto de la masa de los bárbaros. Esta fue la primera gran división social del trabajo.

Tenemos, pues, como primer modo de producción: caza, pesca; segundo modo de producción: cría de ganado que forma las tribus de pastores.

Esta primera división del trabajo se localiza en la

 

II. Primera división de la sociedad en clases

"A consecuencia del desarrollo de todos los ramos de la producción -ganadería, agricultura, oficios manuales domésticos- la fuerza de trabajo del hombre iba haciéndose capaz de crear más productos que los necesarios para su sostenimiento. También aumentó la suma de trabajo que correspondía diariamente a cada miembro de la gens, de la comunidad doméstica o de la familia aislada. Era ya conveniente conseguir más fuerza de trabajo, y la guerra la suministró: los prisioneros fueron transformados en esclavos. Dadas todas las condiciones históricas de aquel entonces, la primera gran división social del trabajo, al aumentar la productividad del trabajo, y por consiguiente la riqueza, y al extender el campo de la actividad productora, tenía que traer consigo necesariamente la esclavitud. De la primera gran división social del trabajo nació la primera gran escisión de la sociedad en dos clases: señores y esclavos, explotadores y explotados".(F. Engels)

"Henos ya en los umbrales de la civilización que se inicia por un nuevo progreso de la división del trabajo. En el estadio más inferior, los hombres no producían sino directamente para satisfacer sus propias necesidades; los pocos actos de cambio que se efectuaban eran aislados y sólo tenían por objeto excedentes obtenidos por casualidad. En el estadio medio de la barbarie, encontramos ya en los pueblos pastores una propiedad en forma de ganado, que, si los rebaños son suficientemente grandes, suministra con regularidad un excedente sobre el consumo propio; al mismo tiempo encontramos una división del trabajo entre los pueblos pastores y las tribus atrasadas, sin rebaños; y de ahí dos grados de producción diferentes y simultáneos uno junto a otro y, por tanto, las condiciones para un cambio regular". (F. Engels)

Tenemos, pues, en ese momento, dos clases en la sociedad: amos y esclavos. Después, la sociedad continuará viviendo y experimentando nuevos desarrollos. Una nueva clase nacerá y crecerá.

 

III. Segunda gran división del trabajo

"La riqueza aumentaba con rapidez, pero bajo la forma de riqueza individual; el arte de tejer, el labrado de los metales y los otros oficios, cada vez más especializados, dieron una variedad y una perfección creciente a la producción; la agricultura empezó a suministrar, además de grano, legumbres y frutas, aceite y vino, cuya preparación se había aprendido. Un trabajo tan variado no podía ser ya cumplido por un solo individuo y se produjo la segunda gran división del trabajo: los oficios se separaron de la agricultura. El constante crecimiento de la producción, y con ella de la productividad del trabajo, aumentó el valor de la fuerza de trabajo del hombre; la esclavitud, aun en estado naciente y esporádico en el anterior estadio, se convirtió en un elemento esencial del sistema social. Los esclavos dejaron de ser simples auxiliares y se los llevaba por decenas a trabajar en los campos o en los talleres. Al escindirse la producción en las dos ramas principales -la agricultura y los oficios manuales-, nació la producción directa para el cambio, la producción mercantil, y con ella el comercio.

 

IV. Segunda división de la sociedad en clases

De este modo, la primera gran división del trabajo aumenta el valor el trabajo humano, crea un crecimiento de riqueza que aumenta de nuevo el valor del trabajo y que obliga a una segunda división del trabajo: oficios y agricultura. En este momento, el crecimiento continúo de la producción y, paralelamente, del valor de la fuerza del trabajo humano hace "indispensables" a los esclavos, crea la producción mercantil y, con ella, una tercera clase: la de los comerciantes.

En este momento tenemos en la sociedad una triple división del trabajo, y tres clases: agricultores, artesanos y comerciantes. Por primera vez, vemos aparecer una clase que no participa en la producción y esta clase, la clase de los comerciantes, dominará a las otras dos.

"El Estadio superior de la barbarie introduce una división más grande aún del trabajo: entre la agricultura y los oficios manuales; y de ahí la producción cada vez mayor de objetos fabricados directamente para el cambio y la elevación del cambio entre productores individuales a la categoría de necesidad vital de la sociedad. La civilización consolida y aumenta todas estas divisiones del trabajo ya existentes, sobre todo acentuando el contraste entre la ciudad y el campo (lo cual permite a la ciudad dominar económicamente al campo, como en la antigüedad, o al campo dominar económicamente a la ciudad, como en la Edad Media), y añade una tercera división del trabajo, propia de ella y de capital importancia, creando una clase que no se ocupa de la producción, sino únicamente del cambio de los productos: los mercaderes. Hasta aquí sólo la producción había determinado los procesos de formación de clases nuevas; las personas que tomaban parte en ella se dividían en directores y ejecutores o en productores en grande y en pequeña escala. Ahora aparece por primera vez una clase que, sin tornar la menor parte en la producción, sabe conquistar su dirección general y avasallar económicamente a los productores; una clase que se convierte en el intermediario indispensable entre cada dos productores y los explota a ambos. Su pretexto de desembarazar a los productores de las fatigas y los riesgos del cambio, de extender la salida de sus productos hasta los mercados lejanos y llegar a ser así la clase más útil de la población, se forma una clase de parásitos, una clase de verdaderos gorrones de la sociedad, que como compensación por servicios en realidad muy mezquinos, se lleva la nata de la producción patria y extranjera, amasa rápidamente riquezas enormes y adquiere una influencia social proporcionada a éstas y, por eso mismo, durante el período de la civilización, va ocupando una posición más y más honorífica y logra un dominio cada vez mayor sobre la producción, hasta que acaba por dar a luz un producto propio: las crisis comerciales periódicas". (F. Engels)

 

Así, vemos el encadenamiento que partiendo del comunismo primitivo, nos lleva al capitalismo:

1. Comunismo primitivo.

2. División entre tribus salvajes y pastores (primera división del trabajo: amos, esclavos).

3. División entre agricultores y artesanos de oficios (segunda división del trabajo).

4. Nacimiento de la clase de comerciantes (tercera división del trabajo) que:

5. Engendra las crisis comerciales periódicas (capitalismo). Sabemos ahora de dónde proceden las clases y nos queda por ver

 

IV. Qué determina las condiciones económicas

Primero debemos pasar revista muy brevemente a las sociedades que nos han precedido.

Se carece de documentos para el estudio en detalle de la historia de las sociedades que han precedido a las sociedades antiguas; pero sabemos, por ejemplo, que entre los griegos existían amos y esclavos y que comenzaba a desarrollarse la clase de los comerciantes. Después, en la Edad Media, la sociedad feudal con señores y siervos permite a los comerciantes tomar cada vez mayor importancia. Se agrupan cerca de los castillos, en el seno de los burgos (de donde el nombre de burgueses); por otra parte, en la Edad Media, antes de la producción capitalista, no existía más que la pequeña producción, que tenía como condición primera que el productor fuera propietario de sus instrumentos de trabajo. Los medios de producción pertenecían al individuo y no estaban adaptados más que al uso individual. Por consiguiente, eran mezquinos, pequeños, limitados. Concentrar y ampliar estos medios de producción, transformarlos en poderosas palancas de la producción moderna, era el papel histórico de la producción capitalista y de la burguesía...

Este proceso, que viene desarrollando la burguesía desde el siglo XV y que pasa históricamente por las tres etapas de la cooperación simple, la manufactura y la gran industria, aparece minuciosamente expuesto por Marx en la sección cuarta de "El Capital". Pero la burguesía, como asimismo queda demostrado en dicha obra, no podía convertir aquellos primitivos medios de producción en poderosas fuerzas-productivas sin convertirlas de medios individuales de producción en medios sociales, sólo manejables por una colectividad de hombres.

Vemos que paralelamente a la evolución de las clases (amos y esclavos; señores y siervos) evolucionan las condiciones de producción, de circulación, de distribución de las riquezas, es decir, las condiciones económicas, y seguimos esta evolución paso a paso y paralelamente a la evolución de los modos de producción. Son, por lo tanto

 

V. Los modos de producción

los que determinan las condiciones económicas:

La rueca, el telar manual, el martillo del herrero fueron sustituidos por la máquina de hilar, por el telar mecánico, por el martillo movido a vapor, el taller individual cedió el puesto a la fábrica, que impone la cooperación de cientos y miles de obreros. Y, con los medios de producción, se transformó la producción misma, dejando de ser una cadena de actos individuales para convertirse en una cadena de actos sociales, y los productos se transformaron de productos individuales en productos sociales. El hilo, las telas, los artículos de metal que ahora salían de la fábrica eran producto del trabajo colectivo de un gran número de obreros, por cuyas manos tenía que pasar sucesivamente para su elaboración. (F. Engels)

Comprobamos que la evolución de los modos de producción ha transformado totalmente las fuerzas productivas. Las herramientas de trabajo se han hecho colectivas, pero el régimen de propiedad ha continuado siendo individual. Las máquinas que no pueden funcionar más que por obra de una colectividad han seguido siendo propiedad de un hombre solo, y hasta vemos que "Todo el mecanismo del modo capitalista de producción falla, agobiado por las fuerzas productivas que él mismo engendró. Ya no acierta a transformar en capital esta masa de medios de producción, que permanecen inactivos, y por esto precisamente debe permanecer también inactivo el ejército industrial de reserva. Medios de producción, medios de vida, obreros disponibles: todos los elementos de la producción y de la riqueza general existen con exceso. Pero "la superabundancia se convierte en fuente de miseria y de penuria (Fourier), ya que es ella, precisamente, la que impide la transformación de los medios de producción y de vida en capital, pues en la sociedad capitalista, los medios de producción no pueden ponerse en movimiento más que convirtiéndose previamente en capital, en medio de explotación de la fuerza humana de trabajo. Esta imprescindible calidad de capital de los medios de producción y de vida se alza como un espectro entre ellos y la clase obrera. Esta calidad es la que impide que se engranen la palanca material y la palanca personal de la producción; es la que no permite a los medios de producción funcionar ni a los obreros trabajar y vivir. De una parte, el modo capitalista de producción revela, pues, su propia incapacidad para seguir rigiendo sus fuerzas productivas. De otra parte, estas fuerzas productivas acucian con intensidad cada vez mayor a que se resuelva la tradición, a que se las redima de su condición de capital a que se reconozca de hecho su carácter de fuerzas productivas sociales.

Es esta rebelión de las fuerzas de producción, cada vez más imponentes, contra su calidad de capital, esta necesidad cada vez mas imperiosa de que se reconozca su carácter social, la que obliga a la propia clase capitalista a tratarlas cada vez más abiertamente como fuerzas productivas sociales, en el grado en que ello es posible dentro de las relaciones capitalistas. Lo mismo los períodos de alta presión industrial, con su desmedida expansión del crédito, que el crac mismo, con el desmoronamiento de grandes empresas capitalistas, impulsan esa forma de socialización de grandes masas de medios de producción con que nos encontramos en las diversas categorías de sociedades anónimas. Algunos de estos medios de producción y de comunicación son ya de por si tan gigantescos, que excluyen, como ocurre con los ferrocarriles, toda otra forma de explotación capitalista. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, ya no basta tampoco esta forma; los grandes productores nacionales de una rama industrial se unen para formar un trust, una agrupación encaminada a regular la producción; determinan la cantidad total que ha de producirse, se la reparten entre ellos e imponen de este modo un precio de venta fijado de antemano. Pero, como estos trusts se desmoronan al sobrevenir la primera racha mala en los negocios, empujan con ello a una socialización todavía más concentrada; toda la rama industrial se convierte en una sola gran sociedad anónima, y la competencia interior cede el puesto al monopolio interior de esta única sociedad.

En los trusts, la libre concurrencia se trueca en monopolio y la producción sin plan de la sociedad capitalista capitula ante la producción planeada y organizada de la naciente sociedad socialista. Claro está que, por el momento, en provecho y beneficio de los capitalistas. Pero aquí la explotación se hace tan patente, que tiene forzosamente que derrumbarse. Ningún pueblo toleraría una producción dirigida por los trusts, una explotación tan descarada de la colectividad por una pequeña cuadrilla de cortadores de cupones.

De un modo o de otro, con o sin trust, el representante oficial de la sociedad capitalista, el Estado, tiene que acabar haciéndose cargo del mando de la producción. La necesidad a que responde esta transformación de ciertas empresas en propiedad del Estado empieza manifestándose en las grandes empresas de transportes y comunicaciones, tales como el correo, el telégrafo y los ferrocarriles.

A la par que las crisis revelan la incapacidad de la burguesía para seguir rigiendo las fuerzas productivas modernas, la transformación de las grandes empresas de producción y transporte en sociedades anónimas, trust y en propiedad del Estado demuestra que la burguesía no es ya indispensable para el desempeño de esas funciones. Hoy las funciones sociales del capitalista corren todas a cargo de empleados a sueldo, y toda la actividad social de aquél se reduce a cobrar sus rentas, cortar sus cupones y jugar en la Bolsa, donde los capitalistas de toda clase se arrebatan unos a otros sus capitales.

Así aparecen las contradicciones del régimen capitalista:

De una parte, perfeccionamiento de la maquinaria, que la competencia convierte en precepto imperativo para cada fabricante y que equivale a un desplazamiento cada vez mayor de obreros: ejército industrial de reservas. De otra parte, extensión ilimitada de la producción, que la competencia impone también como norma coactiva a todos los fabricantes. Por ambos lados un desarrollo inaudito de las fuerzas productivas exceso de la oferta sobre la demanda, superproducción, abarrotamiento de los mercados, crisis cada diez años, círculo vicioso: superabundancia aquí de medios de producción y de productos, y allá de obreros sin trabajo y sin medios de vida. (F. Engels)

Hay contradicción entre el trabajo que se ha hecho social, colectivo, y la propiedad, que ha permanecido individual. Y entonces, con Marx, diremos:

De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas reíaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. (K. Marx)

 

VI. Observaciones

Antes de terminar este capítulo es necesario hacer algunas observaciones y subrayar que en este estudio hallamos todos los caracteres y las leyes de la dialéctica que acabamos de estudiar.

En efecto, acabamos de recorrer muy rápidamente la historia de las sociedades, de las clases, y de los modos de producción. Vemos que independientes son unas de otras cada parte de este estudio. Comprobamos que esta historia es esencialmente movida y que los cambios, que se producen en ella en cada estadio de los sociedades, son provocados por una lucha interna, lucha entre elementos de observación y de progreso, lucha que llega a la destrucción de cada sociedad y al nacimiento de una nueva. Cada una de ellas tiene un carácter, una estructura bien diferente de la precedente. Estas transformaciones radicales se operan después de una acumulación de hechos que por mismos parecen insignificantes; pero que, en cierto momento, crean por su acumulación una situación de hecho que provoca un cambio violento, revolucionario.

Volvemos a encontrar ahí, los caracteres y las grandes leyes generales de la dialéctica, es decir:

La interdependencia de las cosas y de los hechos.

El movimiento y el cambio dialécticos.

El autodinamismo.

La contradicción.

La acción recíproca.

Y la evolución por saltos (transformación de la cantidad en calidad).