SEXTA PARTE

EL MATERIALISMO DIALÉCTICO Y LAS IDEOLOGÍAS

 

CAPÍTULO ÚNICO

APLICACIÓN DEL MÉTODO DIALÉCTICO A LAS IDEOLOGÍAS

 

I. ¿Cuál es la importancia de las ideologías para el marxismo?

Frecuentemente se oye decir que el marxismo es una filosofía materialista que niega el papel de las ideas en la historia, que niega el papel del factor ideológico y que sólo quiere considerar las influencias económicas.

Esto es falso. El marxismo no niega el importante papel que el espíritu, el arte, las ideas, tienen en la vida. Por el contrario, atribuye una importancia particular a estas formas ideológicas, y terminaremos este estudio de los principios elementales del marxismo examinando cómo se aplica a las ideologías el método del materialismo dialéctico; vamos a ver cuál es el papel de las ideologías en la historia, la acción del factor ideológico y qué es la forma ideológica.

Esta parte del marxismo que vamos a estudiar es el punto peor conocido de esta filosofía. La razón es que, durante mucho tiempo, se ha tratado y difundido, sobre todo, la parte del marxismo que estudia la economía política. Procediendo así, se separaba arbitrariamente esta materia no sólo del gran "todo" que forma el marxismo, sino se la separaba de sus bases; porque lo que ha permitido hacer de la economía política una verdadera ciencia es el materialismo histórico, que es como lo hemos visto, una aplicación del materialismo dialéctico.

Se puede señalar de pasada que esta manera de proceder proviene, sin duda, del espíritu metafísico que conocemos y del que tanto nos cuesta deshacernos. Cometemos errores -repitámoslo- en la medida en que separamos las cosas, en que las estudiamos de una manera unilateral.

Las malas interpretaciones del marxismo provienen de que no se ha insistido suficientemente sobre el papel de las ideologías en la historia y en la vida. Se las ha separado del marxismo y, al hacerlo, se ha separado el marxismo del materialismo dialéctico, es decir, ¡de sí mismo!

Nos alegra ver que desde hace unos años, gracias en parte al trabajo de la Universidad Obrera de París, a la cual muchos miles de alumnos deben su conocimiento del marxismo; gracias también a la obra de algunos intelectuales que han contribuido a ello con sus trabajos y sus libros, el marxismo ha reconquistado su verdadera figura y el lugar al que tiene derecho.

 

II. ¿Qué es una ideología? (factor, formas ideológicas)

Vamos a abordar este capítulo consagrado al papel de las ideologías comenzando por algunas definiciones.

¿A qué llamamos una ideología? Quien dice ideología dice, ante todo, idea. La ideología es un conjunto de ideas que forman un todo, una teoría, un sistema o hasta a veces, simplemente, un estado de espíritu.

El marxismo es una ideología que forma un todo y que permite encontrar respuesta para todas las cuestiones. Una ideología republicana es el conjunto de ideas que encontramos en el espíritu de un republicano.

Pero una ideología no es sólo un conjunto de ideas puras, que se supondrían separadas de todo sentimiento (esta es una concepción metafísica); una ideología comporta necesariamente sentimientos, simpatías, antipatías, esperanzas, temores, etc. En la ideología proletaria encontramos los elementos ideales de la lucha de clases, pero encontramos también sentimientos de solidaridad hacia los explotados del régimen capitalista, los "oprimidos". Todo esto es lo que forma una ideología.

Veamos ahora lo que se llama el factor ideológico: es la ideología considerada como una causa o una fuerza que actúa, que es capaz de acción y, por eso, se habla de acción del factor ideológico. Las religiones, por ejemplo son un factor ideológico que debemos tener en cuenta. Tienen una fuerza moral que actúa de manera importante.

¿Qué se entiende por la forma ideológica? Se designa un conjunto de ideas particulares que forman una ideología en un dominio especializado. La religión, la moral, son formas de la ideología, lo mismo que la ciencia, la filosofía, la literatura, el arte, la poesía.

Por lo tanto, si queremos examinar cuál es el papel en historia de la ideología en general y de todas sus formas en particular, no haremos este estudio, separando la ideología de la historia, es decir, de la vida de las sociedades sino estudiando el papel de la ideología, de sus factores y de sus formas en y a partir de la sociedad.

 

III. Estructura económica y estructura ideológica

Hemos visto, al estudiar el materialismo histórico, que la historia de las sociedades se explica por el encadenamiento siguiente: los hombres hacen la historia por su acción, expresión de su voluntad. Esta es determinada por las ideas. Hemos visto que lo que explica las ideas de los hombres, es decir, su ideología, es el medio social donde se manifiestan las clases, que a su vez están determinadas por el factor económico, es decir, el modo de producción

Hemos visto también que entre el factor ideológico y el factor social se encuentra el factor político que se manifiesta en la lucha ideológica como expresión de la lucha social.

Si examinamos, pues, la estructura de la sociedad a la luz del materialismo histórico, vemos que en la base se encuentra la estructura económica; después, por encima de ella, la estructura social, que sostiene la estructura política, y, por último, la estructura ideológica.

Vemos que, para los materialistas, la estructura ideológica es la culminación, la cima del edificio social, mientras que, para los idealistas, la estructura ideológica está en la base.

en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independiente de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. (Marx)

Vemos, por consiguiente, que es la estructura económica la que está en la base de la sociedad. Se dice también que es su infraestructura (lo que quiere decir la base).

Después, la ideología que comprende todas las formas: la moral, la religión, la ciencia, la poesía, el arte, la literatura, constituye la supra o superestructura (que quiere decir, estructura que está en la cima).

Sabiendo, como lo demuestra la teoría materialista, que las ideas son el reñejo de las cosas, que es nuestro ser social el que determina la conciencia, diremos, pues, que la superestructura es el reflejo de la infraestructura.

He aquí un ejemplo de Engels que lo demuestra:

El dogma calvinista cuadraba a los más intrépidos burgueses de la época. Su doctrina de la predeterminación era la expresión religiosa del hecho de que en el mundo comercial, en el mundo de la competencia, el éxito o la bancarrota no depende de la actividad o de la aptitud del individuo, sino de circunstancias independientes de él. "Asinque no es del que quiere ni del que corre, sino de la misericordia" de fuerzas económicas superiores pero desconocidos. Y esto era más verdad que nunca en una época de revolución económica, en que todos los viejos centros y caminos comerciales eran desplazados por otros nuevos, en que se abría al mundo América y la India y en que vacilaban y se venían abajo hasta los artículos económicos de fe más sagrados: los valores del oro y de la plata.

En efecto, ¿qué ocurre en la vida económica para los comerciantes? La competencia. Los comerciantes, los burgueses han experimentado esta competencia en la que hay vencedores y vencidos. Muy a menudo los más vividores, los más inteligentes son vencidos por la competencia, por una crisis que sobreviene y los abate. Esta crisis es una cosa imprevisible, es una fatalidad, y esta idea de que -no sabe por qué- los menos malignos sobreviven a veces a la crisis, se ha transportado a la religión protestante. Esta comprobación, de que algunos triunfan por casualidad, proporciona la idea de la predestinación, según la cual los hombres deben experimentar una suerte fijada por Dios era toda la eternidad.

He aquí otro ejemplo: tomemos la mentalidad de dos obreros no afiliados a sindicatos, es decir, no desarrollados políticamente; uno trabaja en una gran fábrica donde el trabajo ésta racionalizado, otro trabaja con un pequeño artesano. Seguro que los dos tendrán una concepción diferente del patrón. Para uno, el patrón será el explotador feroz, característico del capitalismo; el otro verá al patrón como a un trabajador, acomodado, sin duda, pero trabajador y no tirano.

Es, pues, el reflejo de su vida de trabajador la que determinará su manera de comprender a los patrones.

Este ejemplo, que es importante, nos lleva, para ser precisos, a hacer algunas observaciones.

 

IV. Conciencia verdadera y conciencia falsa

Acabamos de decir que las ideologías son el reflejo de las condiciones materiales de la sociedad, que es el ser social el que determina la conciencia social. Se podría deducir de ello que un proletario debe tener, necesariamente, una ideología proletaria.

Pero tal suposición no corresponde a la realidad, porque hay obreros que no tienen conciencia de obreros.

Por lo tanto, hay que establecer una distinción: la gente puede vivir en condiciones determinadas, pero la conciencia que tienen de ellas puede no corresponder a la realidad. Es lo que Engels llama "conciencia verdadera y conciencia falsa".

Ejemplo: algunos obreros reciben la influencia de la doctrina del corporativismo, que es un retorno a la Edad Media, al artesanado. En ese caso, hay conciencia de la miseria de los obreros, pero no es una conciencia exacta y verdadera. La ideología sin duda, es ahí un reflejo de las condiciones de la vida social, pero no es un reflejo fiel, un reflejo exacto.

En la conciencia de la gente, el reflejo es a menudo un reflejo "a la inversa". Comprobar el hecho de la miseria es un reflejo de las condiciones sociales, pero este reflejo se falsea cuando se piensa que un retorno al artesanado será la solución del problema. Vemos aquí una conciencia en parte verdadera y en parte falsa.

El obrero que es monárquico tiene también una conciencia a la vez verdadera y falsa. Verdadera porque quiere suprimir la miseria que padece; falsa porque piensa que un rey puede hacerlo. Y simplemente porque ha razonado mal, porque ha elegido mal su ideología, este obrero puede transformarse para nosotros en un enemigo de clase, aunque sin embargo es de nuestra clase. Así, tener una conciencia falsa, es engañarse o ser engañado sobre su verdadera condición.

Por tanto, diremos, que la ideología es el reflejo de las condiciones de existencia, pero que no es un reflejo FATAL.

Por otra parte, necesitamos comprobar que todo se pone en juego para darnos una conciencia falsa y desarrollar la influencia de la ideología de las clases dirigentes sobre las clases explotadas. Los primeros elementos de una concepción de la vida que recibimos, nuestra educación, nuestra instrucción, nos dan una conciencia falsa. Nuestros vínculos en la vida, cierta ingenuidad en algunos, la propaganda, la prensa, la radio, falsean también, a veces, nuestra conciencia.

Por consiguiente, el trabajo ideológico tiene para nosotros, los marxistas, una extrema importancia. Hay que destruir la conciencia falsa para adquirir una conciencia verdadera, y sin el trabajo ideológico no puede realizarse esta transformación.

Los que consideran y dicen que el marxismo es una doctrina fatalista se equivocan, porque en realidad pensamos que las ideologías desempeñan un gran papel en la sociedad y debemos enseñar y aprender esta filosofía para desempeñar el papel de una herramienta y de un arma eficaces.

 

V. Acción y reacción de los factores ideológicos

Hemos visto, por los ejemplos de conciencia verdadera y de conciencia falsa, que no siempre es correcto querer explicar las ideas sólo por la economía y negar que las ideas tengan una acción. Hacerlo sería interpretar mal el marxismo.

Es verdad que las ideas se explican, en última instancia, por la economía, pero también tienen una acción que es propia. "Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, -las formas políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstos hasta convertirse en un sistema de dogmas- ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan predominantemente en muchos casos, su forma. Es un juego mutuo de acciones y reacciones entre todos estos factores, en el que, a través de toda la muchedumbre infinita de casualidades (es decir, de casos y acaecimientos cuya trabazón interna es tan remota o tan difícil de probar, que podemos considerarla como inexistente, no hacer caso de ella), acaba siempre imponiéndose como necesidad el movimiento económico".

Vemos, pues, que necesitamos examinar todo antes de buscar la economía, y si ésta es la causa en última instancia, siempre hay que pensar que no es la única causa.

Las ideologías son los reflejos y los efectos de las condiciones económicas, pero la relación no es simple, porque comprobamos también una acción recíproca de las ideologías sobre la infraestructura.

Si queremos estudiar el movimiento de masas que se ha desarrollado en Francia después del 6 de febrero de 1934, lo haremos por lo menos desde dos aspectos, para demostrar lo que acabamos de describir.

1. Algunos explican esta corriente diciendo que la causa de ello era la crisis económica. Esta es una explicación materialista pero unilateral. Tal explicación no tiene en cuenta más que un único factor: el económico, la crisis.

2. Por tanta, este razonamiento es exacto en parte, pero con la condición de que se le agregue, como factor de explicación, lo que piensa la gente: la ideología. Ahora bien, en esta corriente de masas, la gente es "antifascista"; he aquí el factor ideológico. Y si la gente es antifascista es gracias a la propaganda que ha dado nacimiento al Frente Popular. Pero para que esta propaganda fuera eficaz se necesitaba un terreno favorable, y lo que se pudo hacer en 1936 no era posible en 1932. En fin, sabemos cómo este movimiento de masas ha influido, a su vez, en la economía por la lucha social que ha desencadenado.

Comprobamos en este ejemplo, que la ideología, que es el reflejo de la sociedad, se transforma a su vez en causa de los acontecimientos.

El desarrollo político, jurídico, filosófico, religioso, literario, artístico, etc, descansa en el desarrollo económico. Pero todos ellos repercuten también los unos sobre los otros y sobre su base económica. No es que la situación económica sea la causa, lo único activo, y todo lo demás efectos puramente pasivos. Hay un juego de acciones y reacciones sobre la base de la necesidad económica, que se impone siempre, en última instancia. (F. Engels)

Así, por ejemplo.

La base del derecho de herencia, presuponiendo el mismo grado de evolución de la familia, es una base económica. A pesar de eso, será difícil demostrar que en Inglaterra, por ejemplo, la libertad absoluta de testar y en Francia sus grandes restricciones, responde en todos sus detalles a causas puramente económicas. Y ambos sistemas repercuten de modo muy considerable sobre la economía., puesto que influyen en el reparto de los bienes. (F. Engels)

Para tomar un ejemplo más actual, volvamos al de los impuestos. Los ricos quieren librarse de los gravámenes y partidarios de los impuestos indirectos; los trabajares y las clases medias quieren, por el contrario, que los impuestos fiscales sean directos y progresivos. De este modo, la idea que tenemos de los impuestos, y que es un factor ideológico, tiene su origen en nuestra situación económica creada, impuesta por el capitalismo. Los ricos quieren conservar sus privilegios y luchan para conservar el modo actual del sistema de impuestos y para reforzar las leyes en este sentido. Ahora bien, estas leyes, que proceden de las ideas, reaccionan sobre la economía porque matan el pequeño comercio y los artesanos y precipitan la concentración capitalista.

Vemos, por consiguiente, que las condiciones económicas engendran las ideas, pero las ideas engendran también las condiciones económicas, y bajo esta reciprocidad, de relaciones debemos examinar las ideologías, todas las ideologías; y sólo en última instancia, en la base, vemos: que las necesidades económicas siempre prevalecen.

Sabemos que son los escritores y los pensadores los que tienen la misión de propagar, si no de defender, las ideologías. Sus pensamientos y sus escritos, no siempre son muy caracterizados, y a menudo, en escritos que parecen, ser simples cuentos o relatos, encontramos, al analizarlos, una ideología. Hacer este análisis es una operación muy delicada y debemos hacerla con mucha prudencia. Vamos a indicar un método de análisis dialéctico que será de gran ayuda, pero hay que prestar atención para no ser mecanicista y no querer explicar lo que no es explicable.

 

VI. Método de análisis dialéctico

Para explicar bien el método dialéctico hay que conocer muchas cosas y, si se ignora su tema, debemos estudiar minuciosamente, sin lo cual sólo se llega a hacer caricaturas de juicio.

Para proceder al análisis dialéctico de un libro o de un cuento literario, vamos a indicar un método que se podrá aplicar a otros temas.

a) Primero hay que prestar atención al contenido del libro o del cuento que se analizará. Examinarlo independientemente de toda cuestión social, porque no todo procede de la lucha de clases y de las condiciones económicas.

Hay influencias literarias y debemos tenerlas en cuenta. Tratar de ver a qué "escuela literaria" pertenece la obra. Considerar el desarrollo interno de las ideologías. Prácticamente sería bueno hacer un resumen del tema que se analizará y anotar lo que ha llamado la atención.

b) Ver en seguida los tipos sociales que son los héroes de la intriga. Buscar la clase a la cual pertenecen, examinar la acción de los personajes y ver si se puede relacionar de algún modo lo que ocurre en la novela desde el punto de vista social.

Si no es posible, si razonablemente no se puede hacerlo, es mejor abandonar el análisis antes que inventar. No se debe inventar una explicación.

c) Cuando se ha descubierto cuál o cuáles son las clases en juego, hay que buscar lo económico, es decir, cuáles son los medios de producción y la manera de producir en el momento que ocurre la acción de la novela.

Si, por ejemplo, la acción se desarrolla en nuestros días, la economía es el capitalismo. Se ven actualmente numerosos cuentos y novelas que critican, combaten el capitalismo. Pero hay dos maneras de combatir el capitalismo: 1. Como revolucionario que marcha adelante. 2. Como reaccionario que quiere volver al pasado, y a menudo esta forma es la que se encuentra en las novelas modernas: se lamenta en ellas la desaparición de otros tiempos.

d) Una vez obtenido esto, podemos buscar la ideología, es decir, ver cuáles son las idea", los sentimientos, cuál es la manera de pensar del autor.

Buscando la ideología, pensaremos en el papel que desempeña, en su influencia sobre el espíritu de la gente que lee el libro.

e) Entonces, podremos dar la conclusión de nuestro análisis y decir por qué tal cuento o novela se ha escrito en tal momento.

Este método de análisis sólo puede ser bueno si se recuerda al aplicarlo todo lo que se ha dicho con anterioridad. Hay que pensar que la dialéctica, si nos proporciona la nueva manera de concebir las cosas, exige también conocerlas bien para hablar de ellas y para analizarlas.

Por consiguiente, nos es necesario, ahora que hemos visto en qué consiste nuestro método, tratar en nuestros estudios, en nuestra vida militante y personal, de ver las cosas en su movimiento, en su cambio y no en el estado estático, inmóvil; verlas y estudiarlas también desde todos sus aspectos y no de una manera unilateral. En una palabra, tratar de aplicar en todas partes y siempre el espíritu dialéctico.

 

VII Necesidad de la lucha ideológica

Ahora sabemos qué es el materialismo dialéctico, forma moderna del materialismo, fundado por Marx y Engels y desarrollado por Lenin. Para esta obra hemos consultado, sobre todo, los textos de Marx y Engels, pero no podemos terminar este curso sin señalar particularmente que la obra filosófica de Lenin es considerable. Por eso se habla hoy del marxismo-leninismo.

Marxismo-leninismo y materialismo dialéctico están indisolublemente unidos y sólo el conocimiento del materialismo dialéctico permite medir toda la extensión, todo el alcance, toda la riqueza del marxismo-leninismo. Esto nos lleva a decir que el militante no está verdaderamente armado en el sentido ideológico si no conoce el conjunto de esta doctrina.

La burguesía, que lo ha comprendido bien, se esfuerza por introducir por todos los medios su propia ideología en la conciencia de los trabajadores. Sabiendo perfectamente que, entre todos los aspectos del marxismo-leninismo, el materialismo dialéctico es el peor conocido, la burguesía ha organizado contra él una conspiración de silencio. Es penoso pensar que la enseñanza oficial rechace e ignore tal método y que se continúe enseñando en las escuelas y universidades del mismo modo que hace cien años.

Si antiguamente el método metafísico dominó sobre el método dialéctico fue, como hemos visto, a causa de la ignorancia de los hombres. Hoy la ciencia nos aporta los medios para demostrar que el método dialéctico es el que conviene aplicar en las investigaciones científicas, y es escandaloso que se continúe enseñando a nuestros niños a pensar, a estudiar, con el método surgido de la ignorancia.

Si los sabios en sus investigaciones científicas ya no pueden estudiar en su especialidad sin tener en cuenta la interpenetración de las ciencias, aplicando en eso e inconscientemente una parte de la dialéctica, aportan demasiado a menudo la formación de espíritu que recibieron y que es la de un espíritu metafísico. ¡Cuántos progresos habrían realizado o permitido realizar los grandes sabios que ya han dado grandes cosas a la humanidad -pensamos en Pasteur, Branly, que eran idealistas, creyentes- si hubieran tenido una formación de espíritu dialéctico!

Pero hay una forma de lucha contra el marxismo-leninismo todavía mas peligrosa que esta campaña de silencio: son las falsificaciones que la burguesía trata de organizar en el interior mismo del movimiento obrero. Vemos prosperar en este momento a numerosos "teóricos" que se presentan como "marxistas" y que pretenden "renovar", "rejuvenecer" el marxismo. Las campañas de esta clase eligen muy a menudo como punto de apoyo los aspectos del marxismo menos conocidos y muy particularmente, la filosofía materialista.

Así, hay gente que declara aceptar el marxismo como concepción de la acción revolucionaria, pero no como concepción general del mundo. Declaran que se puede ser perfectamente marxista sin aceptar la filosofía materialista. Conforme a esta actitud general, se desarrollan diversas tentativas de contrabando. Gente que se dice marxista quiere introducir en el marxismo concepciones que son incompatibles con la base misma del marxismo es decir, con la filosofía materialista.

En el pasado se han conocido tentativas de esta clase.

Contra ellas Lenin escribió su libro Materialismo y Empinocristianismo. Se asiste en el momento actual, en el período de difusión del marxismo, al renacimiento y a la multiplicación de estas tentativas. Pero ¿cómo reconocer, cómo desenmascarar las que precisamente impugnan el marxismo en su aspecto filosófico, si se ignora la filosofía verdadera del marxismo?

 

VIII. Conclusión

Felizmente, desde hace unos años se observa, en la clase obrera en particular, un formidable impulso hacia estudio del conjunto del marxismo y un interés creciente precisamente por el estudio de la filosofía materialista.

Este es un signo que indica, en la situación actual, que la clase obrera ha sentido particularmente la exactitud de las razones que hemos dado al principio en favor del estudio de la filosofía materialista Los trabajadores han aprendido, por propia experiencia, la necesidad de vincular práctica con la teoría y, al mismo tiempo, la necesidad de impulsar el estudio teórico en la medida de lo posible. El papel de cada militante debe consistir en reforzar esta corriente y darle una dirección y un contenido exactos. Nos es grato ver que gracias a la Universidad Obrera de París, muchos miles de hombres han aprendido qué es el materialismo dialéctico, y si esto ilustra de una manera sorprendente nuestra lucha contra la burguesía, mostrando de qué lado está la ciencia, también nos indica nuestro deber. Hay que estudiar. Hay que conocer y hacer conocer el marxismo en todos los medios. Paralelamente a la lucha en la calle y en el lugar de trabajo, los militantes deben conducir la lucha ideológica. Su deber es defender nuestra ideología contra todas las formas de ataque y, al mismo tiempo, guiar la contraofensiva para la destrucción de la ideología burguesa en la conciencia, de los trabajadores. Pero para dominar todos los aspectos de esta lucha hay que estar armado. El militante sólo lo será verdaderamente por el conocimiento del materialismo dialéctico.

En espera de la sociedad sin clases, donde nada trabará el desarrollo de las ciencias, tal es una parte esencial de nuestro deber.