V. I.
Lenin
ACERCA
DE ALGUNAS PARTICULARIDADES DEL DESARROLLO HISTORICO DEL MARXISMO
Se publica de acuerdo con el texto del periódico.
De las Obras Completas, t. XVII.
De la colección:
V. I. Lenin, Marx Engels Marxismo
EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS- PEKIN
Primera edición 1980
NOTA DEL EDITOR
La presente versión ha sido realizada sobre la base de diversas ediciones en lengua
castellana y confrontada con el original ruso.
ACERCA DE ALGUNAS PARTICULARIDADES DEL DESARROLLO HISTORICO DEL MARXISMO
Nuestra doctrina -- dijo Engels en su nombre y en el de su ilustre amigo -- no es un dogma, sino una guía para la acción[248]. Esta tesis clásica subraya con notable vigor y fuerza de expresión un aspecto del marxismo que se pierde de vista con mucha frecuencia. Y al perderlo de vista, hacemos del marxismo algo unilateral, deforme, muerta, le arrancamos su alma viva, socavamos sus bases teóricas cardinales: la dialéctica, la doctrina del desarrollo histórico multilateral y pleno de contradicciones; quebrantamos su ligazón con las tareas prácticas determinadas de la época, que pueden cambiar con cada nuevo viraje de la historia.
Y precisamente en nuestros tiempos, entre quienes se interesan por los destinos del marxismo en Rusia se encuentran muy a menudo gentes que pierden de vista justamente ese aspecto del marxismo. Ahora bien, todos ven claro que en estos últimos años Rusia ha tenido cambios muy bruscos, que han modificado con rapidez y fuerza extraordinarias la situación, la situación política y social, que es lo que determina de manera directa e inmediata las condiciones de la acción y, por consiguiente, las tareas de la acción. No me refiero, claro, a las tareas generales y fundamentales, que no cambian con los virajes de la historia si no cambia la correlación fundamental entre las clases. Es de una evidencia absoluta que esa tendencia general de la evolución económica (y no sólo económica) de Rusia no ha cambiado, supongamos, en estos seis años últimos, como no ha cambiado la correlación fundamental entre las distintas clases de la sociedad rusa.
Pero las tareas de la acción inmediata y directa han experimentado en este período un cambio muy profundo, por cuanto ha cambiado la situación política y social concreta; por consiguiente, también en el marxismo, como doctrina viva, no podían por menos de pasar a primer plano diversos aspectos suyos.
Para aclarar esta idea, observemos cuáles han sido los cambios concretos de la situación política y social en los últimos seis años. Ante nosotros se destacan en seguida los dos trienios en que se divide este período: uno, que termina hacia el verano de 1907; el otro, en el verano de 1910. El primer trienio se distingue, desde el punto de vista puramente teórico, por rápidos cambios en los rasgos fundamentales del régimen político de Rusia, con la particularidad de que la marcha de estos cambios fue muy desigual, la amplitud de las oscilaciones fue en ambos lados muy grande. La base económica y social de estos cambios de la "superestructura" fue la acción de todas las clases de la sociedad rusa en los terrenos más diversos (actividad en la Duma y fuera de la Duma, prensa, asociaciones, reuniones, etc.), una acción tan abierta, imponente y masiva como pocas veces registra la historia.
Por el contrario, el segundo trienio se distingue -- repetimos que esta vez nos limitamos al punto de vista puramente teórico, "sociológico" -- por una evolución tan lenta, que casi equivale al estancamiento. Ningún cambio más o menos apreciable en el régimen político. Ninguna o casi ninguna acción abierta y amplia de las clases en la mayoría de los "campos" en que durante el período precedente se desarrollaron esas acciones.
La semejanza de ambos períodos reside en que la evolución de Rusia ha sido en el curso del uno y del otro, como lo era anteriormente, una evolución capitalista. La contradicción que representa dicha evolución económica y la existencia de numerosas instituciones feudales, medievales, no desapareció, seguía en pie sin atenuarse, más bien, agudizada por la inyección parcial de cierto contenido burgués a unas u otras instituciones.
La diferencia entre ambos períodos reside en que, durante el primero, en el proscenio de la acción histórica figuraba el problema de cuál iba a ser el resultado de los cambios rápidos y desiguales de que antes hablábamos. El contenido de esos cambios, en virtud del carácter capitalista de la evolución de Rusia, había de ser, necesariamente, burgués. Pero hay burguesía y burguesía. La burguesía media y grande, situada en una posición de un liberalismo más o menos moderado, temía, por su propia posición de clase, los cambios bruscos y trataba de conservar restos considerables de las viejas instituciones, tanto en el régimen agrario como en la "superestructura" política. La pequeña burguesía rural, entrelazada con el campesinado que vive "del trabajo de sus manos", debía aspirar forzosamente a otro género de transformaciones burguesas, en las que quedase mucho menos sitio a las supervivencias medievales. Los obreros asalariados, en tanto mantenían conscientemente una actitud ante lo que ocurría a su alrededor, no podían por menos de adoptar una posición definida respecto a este choque de dos tendencias distintas, que, enmarcadas ambas en el régimen burgués, determinaban formas totalmente distintas de dicho régimen, una rapidez totalmente distinta en su desarrollo y una amplitud distinta de la esfera de sus influencias progresivas.
Así, pues, la época del trienio pasado destacó a un primer plano en el marxismo no por casualidad, sino necesariamente, las cuestiones que se suelen llamar cuestiones de táctica. No hay nada más erróneo que la opinión de que las discusiones y divergencias en torno de ellas eran polémicas "de intelectuales", una "lucha por la influencia sobre el proletariado no maduro", que expresaban la "adaptación de los intelectuales al proletariado", como piensan los de Veji de toda laya. Al contrario, precisamente porque esta clase había adquirido ma durez, no pudo ver con indiferencia el choque de las dos tendencias distintas de todo el desarrollo burgués de Rusia, y los ideólogos de esta clase no pudieron por menos de exponer las fórmulas teóricas correspondientes (de manera directa o indirecta, como reflejo directo o inverso) a estas tendencias distintas.
En el segundo trienio, el choque de las tendencias distintas del desarrollo burgués de Rusia no figuraba a la orden del día, ya que ambas fueron aplastadas por los ultrarreaccionarios, llevadas atrás, empujadas hacia adentro, acalladas durante cierto tiempo. Los ultrarreaccionarios medievales no sólo han invadido por completo el proscenio, sino que han llenado los corazones de las más amplias capas de la sociedad burguesa de los sentimientos propagados por los de Veji, de
un espíritu de abatimiento, de defección. Subió a flote no el choque de los dos métodos de transformación de lo viejo, sino la pérdida de la fe en toda transformación, el espíritu de "sumisión", de "arrepentimiento", la pasión por las doctrinas antisociales, la moda del misticismo, etc.
Y este cambio sorprendentemente brusco no obedece a la casualidad ni es resultado de la sola presión "exterior". La época anterior había agitado tan profundamente a capas de la población apartadas de las cuestiones políticas, ajenas a ellas durante generaciones enteras, durante siglos, que se hizo natural e inevitable la "revisión de todos los valores", el nuevo estudio de los problemas fundamentales, el nuevo interés por la teoría, por su abecé, por su estudio desde las primeras nociones. Millones de seres, despertados de pronto de un largo sueño, colocados de súbito ante problemas importantísimos, no podían mantenerse mucho tiempo a esa altura, no podían avanzar sin interrupciones, sin retornar a las cuestiones elementales, sin una nueva preparación que les ayudara a "digerir" las enseñanzas, sin precedente por su valor, y a poner a una masa incomparablemente más amplia en condiciones de avanzar de nuevo, pero ya de un modo mucho más seguro, mas consciente, con mayor confianza y con mayor consecuencia.
La dialéctica del desarrollo histórico ha sido tal, que en el primer período estaba a la orden del día la realización de transformaciones inmediatas en todos los aspectos de la vida del país, y, en el segundo, el estudio de la experiencia adquirida, su asimilación por capas más amplias, su penetración, si se puede expresar así, en el subsuelo, en las filas atrasadas de las diferentes clases.
Precisamente porque el marxismo no es un dogma muerto, no es una doctrina acabada, terminada, inmutable, sino una guía viva para la acción, no podía por menos de reflejar en sí el cambio asombrosamente brusco de las condiciones de la vida social. El reflejo de ese cambio ha sido una profunda disgregación, la dispersión, vacilaciones de todo género, en una palabra, una crisis interna sumamente grave del marxismo. La resistencia decidida a esa disgregación, la lucha resuelta y tenaz en pro de los fundamentos del marxismo se ha puesto de nuevo a la orden del día. Capas extraordinariamente amplias de las clases que no pueden prescindir del marxismo al formular sus tareas, lo habían asimilado en la época precedente de un modo extremadamente unilateral, deforme, apren diéndose de memoria unas u otras "consignas", unas u otras soluciones a los problemas tácticos y sin comprender los criterios marxistas que permiten valorar esas soluciones. La "revisión de todos los valores" en las diversas esferas de la vida social ha conducido a la "revisión" de los fundamentos filosóficos más abstractos y generales del marxismo. La influencia de la filosofía burguesa en sus más diversos matices idealistas se deja sentir entre los marxistas en forma de epidemia machista. La repetición de "consignas" aprendidas de memoria, pero no comprendidas ni meditadas, ha conducido a una amplia difusión de la fraseología huera, concretada de hecho en tendencias que no tienen nada de marxistas, en tendencias pequeñoburguesas como el "otzovismo"[249) abierto o tímido, o como el reconocimiento del "otzovismo" en calidad de "matiz legítimo" del marxismo.
Por otra parte, el espíritu de los de Veji, el espiritu de defección, que abarcaba a las más amplias capas de la burguesía, ha penetrado también en la tendencia que trata de encuadrar la teoría y la labor práctica marxistas en el cauce de "la moderación y la escrupulosidad". Del marxismo no queda ya más que la fraseología con que se revisten esas consideraciones acerca de la "jerarquía", la "hegemonía", etc., impregnadas por completo de espíritu liberal.
Este artículo no tiene como propósito analizar esos razonamientos. Basta con mencionarlas para ilustrar la profundidad de la crisis por que atraviesa el marxismo, de que antes hablábamos, y su relación con toda la situación económica y social del período por el que atravesamos. No es posible sustraerse a los problemas que esta crisis plantea. No hay nada más nocivo, más falto de principios que tratar de eludirlos valiéndose de frases. No hay nada más importante que la cohesión de todos los marxistas conscientes de la profundidad de la crisis y de la necesidad de combatirla para salvaguardar los fundamentos teóricos del marxismo y sus tesis básicas, desfiguradas desde los lados más opuestos al extenderse la influencia burguesa entre los diversos "compañeros de ruta" del marxismo.
El trienio precedente ha elevado a la participación consciente en la vida social a capas tan amplias, que son muchos los que, por vez primera, empiezan ahora a conocer debidamente el marxismo. La prensa burguesa fomenta en este sentido mucho más que antes los errores y los difunde mucho más ampliamente. La disgregación en el marxismo es particularmente peligrosa en estas condiciones. Por eso, comprender los motivos que hacen inevitable esa disgregación en los tiempos que atravesamos y aglutinarnos para combatirla consecuentemente, es, para los marxistas, en el sentido más directo y exacto de la palabra, la tarea de la época.
NOTAS
[248] Véase la carta de F. Engels a F. Sorge del 29 de noviembre de
1886. [pág. 321]
[249] 0tzovismo: se trata de una corriente oportunista surgida entre los bolcheviques
(Bogdánov, Pokrovski, Lunacharski, Bubnov y otros), después de la derrota de la
revolución de 1905-1907. Los otzovistas luchaban contra la utilización de las formas
legales de lucha, exigian la retirada de los diputados socialdemócratas de la III Duma de
Estado, y renunciaban al trabajo en las organizaciones legales. El otzovismo fue la
directa continuación del boicotismo -- corriente oportunista dentro del bolchevismo en
1907, encabezado por Bogdánov y Kamenev. Organizando un grupo independiente en 1908, los
otzovistas combatian a Lenin; se negaban resueltamente a participar en la Duma, en los
sindicatos, cooperativas, así como en otras organizaciones masivas legales o semilegales,
y consideraban necesario concentrar todo el trabajo en la organización ilegal. Bajo el
rótulo de las palabras "revolucionarias", los otzovistas practicaban en
realidad la línea del liquidacionismo. Su política llevaba al partido a divorciarse de
las masas sin partido, a que se trasformara en una organización incapaz de realizar una
lucha legal sufriendo así ataques de los reaccionarios. Lenin calificó a los otzovistas
de "liquidacionistas de nuevo tipo" y de "mencheviques disfrazados".
[pág. 326]
V. I. Lenin
DESTINO HISTORICO DE LA DOCTRINA DE CARLOS MARX
Pravda, núm. 50,1 de
marzo de 1913. Firmado: V. I.
Se publica de acuerdo conel texto original de Pravda. De las Obras Completas,t. XVIII.
De la colección:
V. I. Lenin, Marx Engels Marxismo
EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS- PEKIN
Primera edición 1980
NOTA DEL EDITOR
La presente versión ha sido realizada sobre la base de diversas ediciones en lengua
castellana y confrontada con el original ruso.
DESTINO HISTORICO DE LA DOCTRINA DE CARLOS MARX
Lo fundamental en la doctrina de Marx es que destaca el papel internacional histórico del proletariado como constructor de la sociedad socialista. El curso de los acontecimientos en el mundo entero, ¿confirmó esta doctrina desde que Marx la expuso?
Marx la formuló por primera vez en 1844. El Manifiesto Comunista de Marx y Engels, publicado en 1848, ofrecía una exposición integral y sistemática de esta doctrina, exposición que hasta la fecha sigue siendo la mejor. Desde entonces la historia mundial se divide con claridad en tres grandes períodos: I) desde la revolución de 1848 hasta la Comuna de París (1871); 2) desde la Comuna de París hasta la revolución rusa (1905); 3) desde la revolución rusa.
Veamos cuál ha sido el destino de la doctrina de Marx en cada uno de estos períodos.
I
Al comienzo del primer período, la doctrina de Marx no era, ni mucho menos, la imperante. Era sólo una de las muy numerosas fracciones o tendencias del socialismo. Las formas de socialismo que dominaban eran, en el fondo, afines a nuestro populismo: incomprensión de la base materialista del movimiento histórico, incapacidad de discernir el papel y la importancia de cada clase en la sociedad capitalista, ocultamiento de la naturaleza burguesa de las reformas democráticas bajo frases diversas casi socialistas sobre el "pueblo", la "justicia", el "derecho", etc.
La revolución de 1848 asestó un golpe mortal a todas estas formas ruidosas, abigarradas y pomposas del socialismo premarxista. La revolución mostró en todos los países a las distintas clases de la sociedad en acción. La matanza de obreros por la burguesía republicana en París, en las jornadas de junio de 1848[61], demostró definitivamente que sólo el proletariado es socialista por naturaleza. La burguesía liberal temía cien veces más la independencia de esta clase que a cualquier reacción. El cobarde liberalismo se arrastró a sus pies. El campesinado se conformó con la abolición de los restos del feudalismo y se unió a los partidarios del orden, y sólo de vez en cuando vaciló entre la democracia obrera y el liberalismo burgués. Todas las doctrinas del socialismo que no sea de clase y de la política que no sea de clase, demostraron ser un simple absurdo.
La Comuna de París (1871) completó este desarrollo de las trasformaciones burguesas; sólo al heroísmo del proletariado debió su consolidación la república, es decir, la forma de organización estatal en que las relaciones de clase se manifiestan de un modo menos disimulado.
En todos los demás países europeos, una evolución más confusa y menos completa condujo al mismo resultado: una sociedad burguesa que había adoptado formas definidas. A fines del primer período (1848-1871), un período de tormentas y revoluciones, murió el socialismo premarxista. Nacieron los partidos proletarios independientes: la I Internacional (1864-1872) y el Partido Socialdemócrata Alemán.
II
El segundo período (1872-1904) se distinguió del primero por su carácter "pacífico", por la ausencia de revoluciones. Occidente había terminado con las revoluciones burguesas El Oriente aún no había madurado.
Occidente entró en una fase de preparación "pacífica" para una época de futuras trasformaciones. Se formaron en todas partes partidos socialistas, básicamente proletarios, que aprendieron a utilizar el parlamentarismo burgués, a crear su prensa cliaria, sus instituciones culturales, sus sindicatos y cooperativas. La doctrina de Marx obtuvo una victoria total y comenzó a difundirse. Lenta pero firmemente continuó progresando la selección y concentración de las fuerzas del proletariado, y su preparación para las futuras batallas.
La dialéctica de la historia era tal, que el triunfo teórico del marxismo obligó a sus enemigos a disfrazarse de marxistas. El liberalismo, podrido por dentro, intentó renacer en forma de oportunismo socialista. Interpretaron el período de preparación de las fuerzas para las grandes batallas como una renuncia a esas batallas. El mejoramiento de la situación de los esclavos para luchar contra la esclavitud asalariada lo interpretaron en el sentido de que los esclavos vendían por unos céntimos su derecho a la libertad. Predicaban cobardemente la "paz social" (esto es, la paz con los esclavistas), la renuncia a la lucha de clases, etc. Tenían muchísimos partidarios entre los miembros socialistas del Parlamento, diversos funcionarios del movimiento obrero y la intelectualidad "simpatizante" .
III
Apenas los oportunistas se habían congratulado por la "paz social" y por que no eran necesarias las tormentas bajo la "democracia", cuando se abrió en Asia una nueva fuente de grandes tormentas mundiales. A la revolución rusa siguieron las revoluciones turca, persa y china. Hoy vivimos la época de esas tormentas y de sus "repercusiones" en Europa. Cualquiera sea la suerte reservada a la gran República China, contra la cual afilan hoy los colmillos las distintas hienas "civilizadas", no habrá en el mundo fuerza alguna que pueda restablecer en Asia la vieja servidumbre, ni barrer de la faz de la tierra la heroica democracia de las masas populares en los países asiáticos y semiasiáticos.
Algunas personas, no atentas a las condiciones de preparación y desarrollo de la lucha de las masas, fueron llevadas a la desesperación y el anarquismo por el largo aplazamiento de la lucha decisiva contra el capitalismo en Europa. Hoy vemos cuán miope y pusilánime fue esa desesperación anarquista.
No desesperación, sino ánimo debe inspirarnos el hecho de que ochocientos millones de hombres de Asia se hayan incorporado a la lucha por esos mismos ideales europeos.
Las revoluciones asiáticas nos han mostrado el mismo servilismo y bajeza del liberalismo, la misma importancia excepcional de la independencia de las masas democráticas, la misma pronunciada diferenciación entre el proletariado y la burguesía de todo tipo. Quien después de la experiencia
de Europa y de Asia hable de una política que no sea de clase y de un socialismo que no sea de clase, merece simplemente que se lo meta en una jaula y se lo exhiba junto a un canguro australiano o algo por el estilo.
Después de Asia, también Europa ha comenzado a agitarse, pero no a la manera asiática. El período "pacífico" de 1872-1904 ha pasado para no volver. La carestía de la vida y la opresión de los trusts provocan la agudización sin precedentes de la lucha económica, que ha puesto en movimiento inclusive a los obreros ingleses, los más corrompidos por el liberalismo. Ante nuestros ojos madura la crisis política aun en Alemania, el más "intransigente" país de los burgueses y los junkers. La furiosa carrera armamentista del imperialismo y su política hacen que la Europa actual entre en una "paz social" que se parece más bien a un barril de pólvora. Mientras tanto, la descomposición de todos los partidos burgueses y la maduración del proletariado sigue firmemente adelante.
Desde la aparición del marxismo, cada uno de los tres grandes períodos de la historia mundial le ha traído nuevas confirmaciones y nuevos triunfos. Pero al marxismo aún le espera una victoria mayor, como doctrina del proletariado, en el próximo período histórico.
NOTAS
V. I. Lenin
EN
TORNO A LA CUESTION DE LA DIALECTICA
Escrito: En 1915.
Primera publicación: En 1925 en la revista Bolchevik, núms. 5-6.
El desdoblamiento de la unidad y el conocimiento de sus partes
contradictorias (véase la cita de Filón sobre Heráclito, al principio de la parte III
"Del conocimiento", del libro de Lassalle sobre Heráclito*), es la esencia (una
de las "substancias", uno de los principales, si no el principal rasgo o
particularidad) de la dialéctica. Es así precisamente como Hegel plantea también esta
cuestión (Aristóteles en su Metafísica g i r a siempre en torno a esta cuestión y
combate a Heráclito, es decir, a sus ideas).
La justeza de este aspecto del contenido de la dialéctica debe ser
comprobada por la historia de la ciencia. Generalmente, no se presta a este aspecto de la
dialéctica (como, por ejemplo, Plejánov) la suficiente atención: la identidad de los
contrarios se considera como un conjunto d e e j e m p l o s ["por ejemplo, el
grano", "por ejemplo, el comunismo primitivo". También lo hace Engels.
Pero lo hace "con fines de divulgación". . .], y no como ley del conocimiento
(ni como ley del mundo objetivo).
En matemáticas, los signos + y ó. Diferencial e integral.
En mecánica, la acción y la reacción.
En física, la electricidad positiva y negativa.
En química, la combinación y la disociación de los átomos.
En ciencias sociales, la lucha de clases.
La identidad de los contrarios (¿no sería más justo decir su
"unidad"?, aunque la diferencia de los términos identidad y unidad no tiene, en
este caso, una importancia esencial. Ambos términos son justos en cierto sentido),
constituye el reconocimiento (el descubrimiento) de la existencia de tendencias
contradictorias, que se excluyen mutuamente y antagónicas en t o d o s los fenómenos y
procesos de la naturaleza (entre ellos también los del espíritu y los de la sociedad).
La conditión para conocer todos los procesos del mundo en su "auto-movimiento
", en su desarrollo espontáneo, en su vida real, es conocerlos como una unidad de
contrarios. El desarrollo es "la lucha" de los contrarios. Las dos concepciones
fundamentales (¿o las dos posibles?, ¿o las dos que se observan en la historia?) del
desarrollo (de la evolución) son: el desarrollo en el sentido de disminución y aumento,
como repetición, y el desarrollo en el sentido de la unidad de los contrarios (el
desdoblamiento de la unidad en dos polos que se excluyen mutuamente y la relación entre
ambos).
En la primera concepción del movimiento queda en la sombra el
auto-movimiento, su fuerza motriz, su fuente su motivo (o bien se atribuye su fuente a
algo externo: a Dios, al sujeto, etc.). En la segunda concepción la atención fundamental
se concentra, precisamente, en el conocimiento de la fuente del
"auto"-movimiento.
La primera concepción es muerta, pobre, pálida y seca. La segunda
tiene vitalidad. Unicamente la segunda da la clave del "auto-movimiento" de todo
lo existente; sólo ella da la clave de los "saltos", de la "interrupción
de la continuidad del desarrollo", de la "transformación en contrario", de
la destrucción de lo viejo y del surgimiento de lo nuevo.
La unidad (coincidencia, identidad, equivalencia) de los contrarios es
condicional, temporal, transitoria, relativa. La lucha de los contrarios, que se excluyen
mutuamente, es absoluta, como es absoluto el desarrollo, el movimiento
Marx, en El Capital, analiza al principio la relación más sencilla,
corriente, fundamental, masiva y común, que se encuentra miles de millones de veces en la
sociedad burguesa (mercantil): el intercambio de mercancías. En este fenómeno tan
sencillísimo (en esta "célula" de la sociedad burguesa) el análisis descubre
todas las contradicciones (es decir, el germen de todas las contradicciones) de la
sociedad contemporánea. La exposición que sigue nos muestra el desarrollo (tanto el
crecimiento como el movimiento) de estas contra dicciones y de esta sociedad en la suma de
sus partes aisladas, desde su principio hasta su fin.
Igual ha de ser el método de exposición (respectivamente, de
estudio) de la dialéctica en general (pues, para Marx, la dialéctica de la sociedad
burguesa es solamente un caso particular de la dialéctica). Empezando por una locución
cualquiera, de las más sencillas, corrientes y de mayor empleo, etc.: las hojas del
árbol están verdes; Iván es un hombre; Zhuchka es un perro, etc. Ya aquí (como lo
señalaba genialmente Hegel) hay dialéctica : lo particular e s lo g e n e r a l
(compárese Metaphysik de Aristóteles, trad. de Schwegler, t. II, pág 40, 3a parte, IV
cap., 8-9: "denn naturlich kann man nicht der Meinung sein, daß es ein Haus -- una
casa abstracta -- gebe außer den sichtbaren Häusern ". **) Por consiguiente, los
contrarios (lo particular es contrario de lo general) son idénticos: lo particular no
existe más que en su relación con lo general. Lo general existe únicamente en lo
particular, a través de lo particular. Todo lo particular es (de un modo u otro) general.
Todo lo general es (partícula o aspecto, o esencia) de lo particular. Todo lo general
abarca sólo de un modo aproximado, todos los objetos aislados. Todo lo particular forma
parte incompleta de lo general, etc., etc. Todo lo particular está ligado, por medio de
millares de transiciones, a lo particular de otro género (objetos, fenómenos, procesos),
etc. Ya a q u í hay elementos, gérmenes, conceptos de la necesidad, de la relación
objetiva en la naturaleza, etc. Lo casual y lo necesario, el fenómeno y la esencia están
ya aquí, puesto que al decir: Iván es un hombre, Zhuchka *** es un perro, esto es una
hoja de árbol, etc., rechazamos una serie de rasgos como casuales, separamos lo esencial
de lo aparente y oponemos lo uno a lo otro.
De modo que es posible (y se debe) descubrir en cual quier locución,
como en una "célula", los gérmenes de todos los elementos de la dialéctica,
demostrando así que la dialéctica es, en general, inherente a todo el conocimiento del
hombre. Y las ciencias naturales nos muestran (y esto debe ser demostrado también con
cualquier ejemplo de los más sencillos) la naturaleza objetiva, que posee estas mismas
cualidades: la transformacion de lo particular en general, de lo casual en necesario, las
transiciones, los matices, la relación mutua de los contrarios. La dialéctica esprecisa
m e n t e la teoría del conocimiento (de Hegel y) del marxismo: he aquí en qué
"aspecto" de la cuestión (y esto no es un "aspecto" de la cuestión,
sino la esencia de la cuestión) no fijó su atención Plejánov, sin hablar ya de otros
marxistas.
__________
NB: La diferencia existente entre el subjetivismo (es cepticismo y
las doctrinas sofistas, etc.) y la dialéctica, re side, entre otras cosas, en que en la
dialéctica (objetiva) también la diferencia entre lo relativo y absoluto es relativa.
Para la dialéctica objetiva lo absoluto se contiene también en lo relativo. Para el
subjetivismo y las doctrinas sofistas lo relativo sólo es relativo y excluye lo absoluto.
___________
El conocimiento, en forma de una serie de círculos, lo representa
también Hegel (véase Lógica) y el "gnoseólogo" moderno de las
ciencias naturales, ecléctico y enemigo de la hegeliada (¡a la que no comprendió!),
Paul Volkmann (véase su Erkenntnistheoretische Grundzüge der Naturwissenschaften
****.
Los
"círculos" en filosofía: [¿es obligatoria la cronología |
La dialéctica como conocimiento vivo, multilateral (con el número de
aspectos siempre en aumento), de innumerables matices en el modo de abordar, de
aproximarse a la realidad (con un sistema filosófico qué, de cada matiz, se desarrolla
en un todo): he aquí el contenido inconmensurablemente rico, en comparación con el
materialismo "metafísico", cuya desgracia principal es la de no ser capaz de
aplicar la dialéctica a la Bildertheorie******, al proceso y
desarrollo del conocimiento.
El idealismo filosófico, desde el punto de vista del materialismo
grosero, simple, metafísico, es sólo un absurdo. Por el contrario, desde el punto de
vista del materialismo dialéctico, el idealismo filosófico es un desarrollo (inflación,
hinchazón) unilateral, exagerado, überschwengliches (según Dietzgen) *******, de uno de
los rasgos, de uno de los aspectos, de uno de los lados del conocimiento en algo absoluto,
separado de la materia, de la naturaleza, divinizado.
NB: |
El
idealismo es clericalismo. Esto es justo. |
El conocimiento del hombre no es (respectivamente, no sigue) una
línea recta, sino una línea curva, que se aproxima infinitamente a una serie de
círculos, a una espiral. Cualquier segmento, trozo, fragmento de esta línea curva puede
ser transformado (transformado unilateralmente) en una línea recta, independiente,
íntegra, que conduce (si tras los árboles no se ve el bosque) en tal caso al pantano, al
oscurantismo clerical (donde l o s u j e t a el interés de clase de las clases
dominantes). El pensamiento rectilíneo y unilateral, la rigidez y la fosilización, el
subjetivismo y la ceguera subjetiva, voila las raíces gnoseológicas del idealismo. Y el
oscurantismo clerical (= idealismo filosófico), naturalmente, tiene sus raíces
gnoseológicas, no carece de terreno, es una flor estéril, indiscutiblemente, pero una
flor estéril que crece en el árbol vivo, fértil, auténtico, poderoso, omnipotente,
objetivo, absoluto del conocimiento humano.
NOTAS
* Véase V. I. Lenin, "Resumen del libro de Lassalle La filosofía de Heráclito El
Oscuro de Efeso ", Obras Completas, t. XXXVIII.
** "Pues, naturalmente, no es posible imaginarse que exista una casa abstracta aparte
de las casas visibles". (N. de la Ed.)
*** Perro faldero.
**** P. Volkmann. La teoría del conocimiento de las ciencias naturales, Leipzig-Berlín,
1910, . (N. de la Ed.)
***** Contra. (N. de la Ed.)
****** Teoría del reflejo. (N. de la Ed.)
******* Se refiere al uso dado por J. Dietzgen al término Überschwenglich que
significa exagerado, excesivo, infinito; por ejemplo, en el libro Kleinere
Philosophische Schriften (Escritos filosóficos menores), Stuttgart, 1903, Dietzgen
utiliza el término como sigue: "Lo absoluto y lo relativo no están infinitamente
separados". Véase también J. Dietzgen, La esencia del trabajo de le cabeza del
hombre, cap. 4, sección 2, sobre el grado de diferencia entre el mundo espiritual y el
mundo sensorial.
Prosveschenie núm. 3,
marzo de 1913.
Firmado: V. I.
Se publica de acuerdo con e texto original de Posveschenie
De las Obras Completas, t XIX.
De la colección:
V. I. Lenin, Marx Engels Marxismo
EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS
PEKIN
Primera edición 1980
NOTA DEL EDITOR
La presente versión ha sido realizada sobre la base de diversas ediciones en lengua
castellana y confrontada con el original ruso.
La doctrina de Marx suscita en todo el mundo civilizado la mayor hostilidad y el odio de
toda la ciencia burguesa (tanto la oficial como la liberal), que ve en el marxismo algo
así como una "secta perniciosa". Y no puede esperarse otra actitud, pues en una
sociedad que tiene como base la lucha de clases no puede existir una ciencia social
"imparcial". De uno u otro modo, toda la ciencia oficial y liberal defiende la
esclavitud asalariada, mientras que el marxismo ha declarado una guerra implacable a esa
esclavitud. Esperar que la ciencia sea imparcial en una sociedad de esclavitud asalariada,
sería la misma absurda ingenuidad que esperar imparcialidad por parte de los fabricantes
en lo que se refiere al problema de si deben aumentarse los salarios de los obreros
disminuyendo los beneficios del capital.
Pero hay más. La historia de la filosofía y la historia de la ciencia social muestran
con diáfana claridad que en el marxismo nada hay que se parezca al
"sectarismo", en el sentido de que sea una doctrina fanática, petrificada,
surgida al margen de la vía principal que ha seguido el desarrollo de la civilización
mundial. Por el contrario, lo genial en Marx es, precisamente, que dio respuesta a los
problemas que el pensamiento de avanzada de la humanidad había planteado ya. Su doctrina
surgió como la continuación directa e inmediata de las doctrinas de los más grandes
representantes de la filosofía, la economía política y el socialismo.
La doctrina de Marx es omnipotente porque es verdadera. Es completa y armónica, y brinda
a los hombres una concepción integral del mundo, intransigente con toda superstición,
con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa. El marxismo es el heredero
legítimo de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la
economía política inglesa y el socialismo francés.
Nos detendremos brevemente en estas tres fuentes del marxismo, que constituyen, a la vez,
sus partes integrantes.
I
La filosofía del marxismo es el materialismo. A lo largo de toda la historia moderna de
Europa, y en especial en Francia a fines del siglo XVIII, donde se desarrolló la batalla
decisiva contra toda la escoria medieval, contra el feudalismo en las instituciones y en
las ideas, el materialismo se mostró como la única filosofía consecuente, fiel a todo
lo que enseñan las ciencias naturales, hostil a la superstición, a la mojigata
hipocresía, etc. Por eso, los enemigos de la democracia empeñaron todos sus esfuerzos
para tratar de "refutar", minar, difamar el materialismo y salieron en defensa
de las diversas formas del idealismo filosófico, que se reduce siempre, de una u otra
forma, a la defensa o al apoyo de la religión.
Marx y Engels defendieron del modo más enérgico el materialismo filosófico y explicaron
reiteradas veces el profundo error que significaba toda desviación de esa base. En las
obras de Engels Ludwig Feuerbach y Anti-Dühring, que -- al igual que el Manifiesto
Comunista -- son los libros de cabecera de todo obrero con conciencia de clase, es donde
aparecen expuestas con mayor claridad y detalle sus opiniones.
Pero Marx no se detuvo en el materialismo del siglo XVIII, sino que desarrolló la
filosofía llevándola a un nivel superior. La enriqueció con los logros de la filosofía
clásica alemana, en especial con el sistema de Hegel, el que, a su vez, había conducido
al materialismo de Feuerbach. El principal de estos logros es la dialéctica, es decir, la
doctrina del desarrollo en su forma más completa, profunda y libre de unilateralidad, la
doctrina acerca de lo relativo del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la
materia en perpetuo desarrollo. Los novísimos descubrimientos de las ciencias naturales
-- el radio, los electrones, la trasformación de los elementos -- son una admirable
confirmación del materialismo dialéctico de Marx, quiéranlo o no las doctrinas de los
filósofos burgueses, y sus "nuevos" retornos al viejo y decadente idealismo.
Marx profundizó y desarrolló totalmente el materialismo filosófico, e hizo extensivo el
conocimiento de la naturaleza al conocimiento de la sociedad humana. El materialismo
histórico de Marx es una enorme conquista del pensamiento científico. Al caos y la
arbitrariedad que imperan hasta entonces en los puntos de vista sobre historia y
política, sucedió una teoría científica asombrosamente completa y armónica, que
muestra cómo, en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas, de un sistema de vida
social surge otro más elevado; cómo del feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo.
Así como el conocimiento del hombre refleja la naturaleza (es decir, la materia en
desarrollo), que existe independientemente de él, así el conocimiento social del hombre
(es decir, las diversas concepciones y doctrinas filosóficas, religiosas, políticas,
etc.), refleja el régimen económico de la sociedad. Las instituciones políticas son la
superestructura que se alza sobre la base económica. Así vemos, por ejemplo, que las
diversas formas políticas de los Estados europeos modernos sirven para reforzar la
dominación de la burguesía sobre el proletariado.
La filosofía de Marx es un materialismo filosófico acabado, que ha proporcionado a la
humanidad, y sobre todo a la clase obrera, la poderosa arma del saber.
II
Después de haber comprendido que el régimen económico es la base sobre la cual se erige
la superestructura política, Marx se entregó sobre todo al estudio atento de ese sistema
económico. La obra principal de Marx, El Capital, está con sagrada al estudio del
régimen económico de la sociedad moderna, es decir, la capitalista.
La economía política clásica anterior a Marx surgió en Inglaterra, el país
capitalista más desarrollado. Adam Smith y David Ricardo, en sus investigaciones del
régimen económico, sentaron las bases de la teoría del valor por el trabajo Marx
prosiguió su obra; demostró estrictamente esa teoría y la desarrolló consecuentemente;
mostró que el valor de toda mercancía está determinado por la cantidad de tiempo de
trabajo socialmente necesario invertido en su producción.
Allí donde los economistas burgueses veían relaciones entre objetos (cambio de una
mercancía por otra), Marx descubrió relaciones entre personas. El cambio de mercancías
expresa el vínculo establecido a través del mercado entre los productores aislados. El
dinero, al unir indisolublemente en un todo único la vida económica íntegra de los
productores aislados, significa que este vínculo se hace cada vez más estrecho. El
capital significa un desarrollo ulterior de este vínculo: la fuerza de trabajo del hombre
se trasforma en mercancía. El obrero asalariado vende su fuerza de trabajo al propietario
de la tierra, de las fábricas, de los instrumentos de trabajo. El obrero emplea una parte
de la jornada de trabajo en cubrir el costo de su sustento y el de su familia (salario);
durante la otra parte de la jornada trabaja gratis, creando para el capitalista la
plusvalía, fuente de las ganancias, fuente de la riqueza de la clase capitalista.
La teoría de la plusvalía es la piedra angular de la teoría económica de Marx.
El capital, creado por el trabajo del obrero, oprime al obrero, arruina a los pequeños
propietarios y crea un ejército de desocupados. En la industria, el triunfo de la gran
producción se advierte en seguida, pero también en la agricultura se observa ese mismo
fenómeno, donde la superioridad de la gran agricultura capitalista es acrecentada,
aumenta el empleo de maquinaria, y la economía campesina, atrapada por el capital
monetario, languidece y se arruina bajo el peso de su técnica atrasada. En la agricultura
la decadencia de la pequeña producción asume otras formas, pero es un hecho
indiscutible.
Al azotar la pequeña producción, el capital lleva al aumento de la productividad del
trabajo y a la creación de una situación de monopolio para los consorcios de los grandes
capitalistas. La misma producción va adquiriendo cada vez más un carácter social --
cientos de miles y millones de obreros ligados entre sí en un organismo económico
sistemático --, mientras que un puñado de capitalistas se apropia del producto de este
trabajo colectivo. Se intensifican la anarquía de la producción, las crisis, la carrera
desesperada en busca de mercados, y se vuelve más insegura la vida de las masas de la
población.
Al aumentar la dependencia de los obreros hacia el capital, el sistema capitalista crea la
gran fuerza del trabajo conjunto.
Marx sigue el desarrollo del capitalismo desde los primeros gérmenes de la economía
mercantil, desde el simple trueque, hasta sus formas más elevadas, hasta la gran
producción.
Y la experiencia de todos los países capitalistas, viejos y nuevos, demuestra claramente,
año tras año, a un número cada vez mayor de obreros, la veracidad de esta doctrina de
Marx.
El capitalismo ha triunfado en el mundo entero, pero este triunfo no es más que el
preludio del triunfo del trabajo sobre el capital.
III
Cuando fue derrocado el feudalismo y surgió en el mundo la "libre" sociedad
capitalista, en seguida se puso de manifiesto que esa libertad representaba un nuevo
sistema de opresión y explotación del pueblo trabajador. Como reflejo de esa opresión y
como protesta contra ella, aparecieron inmediatamente diversas doctrinas socialistas. Sin
embargo, el socialismo primitivo era un socialismo utópico. Criticaba la sociedad
capitalista, la condenaba, la maldecía, soñaba con su destrucción, imaginaba un
régimen superior, y se esforzaba por hacer que los ricos se convencieran de la
inmoralidad de la explotación.
Pero el socialismo utópico no podía indicar una solución real. No podía explicar la
verdadera naturaleza de la esclavitud asalariada bajo el capitalismo, no podía descubrir
las leyes del desarrollo capitalista, ni señalar qué fuerza social está en condiciones
de convertirse en creadora de una nueva sociedad.
Entretanto, las tormentosas revoluciones que en toda Europa, y especialmente en Francia,
acompañaron la caída del feudalismo, de la servidumbre, revelaban en forma cada vez más
palpable que la base de todo desarrollo y su fuerza motriz era la lucha de clases.
Ni una sola victoria de la libertad política sobre la clase feudal se logró sin una
desesperada resistencia. Ni un solo país capitalista se formó sobre una base más o
menos libre o democrática, sin una lucha a muerte entre las diversas clases de la
sociedad capitalista.
El genio de Marx consiste en haber sido el primero en deducir de ello la conclusión que
enseña la historia del mundo y en aplicar consecuentemente esas lecciones. La conclusión
a que llegó es la doctrina de la lucha de clases.
Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y
lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases,
declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una
u otra clase. Los que abogan por reformas y mejoras se verán siempre burlados por los
defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y
podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de determinadas clases dominantes. Y para
vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad
que nos rodea, las fuerzas que pueden -- y, por su situación social, deben -- constituir
la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo, y educar y organizar a esas fuerzas
para la lucha.
Sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al proletariado la salida de la
esclavitud espiritual en que se han consumido hasta hoy todas las clases oprimidas. Sólo
la teoría económica de Marx explicó la situación real del proíetariado en el régimen
general del capitalismo.
En el mundo entero, desde Norteamérica hasta el Japón y desde Suecia hasta el Africa del
Sur, se multiplican organizaciones independientes del proletariado. Este se instruye y
educa al librar su lucha de clase, se despoja de los prejuicios de la sociedad burguesa,
está adquiriendo una cohesión cada vez mayor y aprendiendo a medir el alcance de sus
éxitos, templa sus fuerzas y crece irresistiblemente.